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miércoles, 12 de agosto de 2026

Un Diario de Nueva York, 2009 por Emilcen Rivero


Imagen tomada de aquí.


Estimados Liponautas


Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una crónica vivencial y literaria de la estadía durante once días del escritor venezolano Emilcen Rivero en la ciudad de Nueva York en el año 2009.


Esperamos que la entrada sea de su agrado


Atentamente



La Gerencia.


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UN DIARIO DE NUEVA YORK, 2009

Por Emilcen Rivero

Jueves, 2 de abril 2009


El avión arribó al aeropuerto de Queen, NYC, como a las tres de la tarde. Compré el tiquete para el taxis por 50 dólares, en el camino había que pasar el puente de Manhattan, y aunque el costo del peaje, 5 dólares,  estaba incluido en el tiquete de los 50 dólares, el taxista de Bangladés, se puso  problemático para que yo pagara. Iba discutir pero me di cuenta que era mejor  pagar eso 5 dólares, el viaje y cierto cansancio me lo  indicaba. No problen p cuando se está en desventaja o cansado y abruma lo desconocido. Pero al llegar al Hotel Belleclaire, en  la calle 77 con avenida Broodway, me bajé y dejé al taxista casi rogando por un tip,(propina) lo deje solo gritando tip,tip… Ahora la ventaja era mía al caminar hacia la entrada del hotel.

Leopoldo López Mendoza


Cuando veía hacia Miami, donde debía trocar avión para seguir a NY, tenía como compañero de asiento al exalcalde Leopoldo López Mendoza. Conversamos un poco de la situación política de Venezuela, diferí  cuando me dijo que era correcto que el alcalde opositor de Maracaibo Manuel Rosales pasará a la clandestinidad, entregando la alcaldía. Recordé a los Zulúes: ”Si avanzar es morir y retroceder es morir, más vale avanzar y morir” Chávez el Intergaláctico, usando a su antojo las leyes y los tribunales y las amenazas, quiere ir desapareciendo los líderes de la oposición. Todo por la ineficacia del gobierno, la corrupción y la pérdida de apoyo popular que va creciendo. Descabezando los partidos de oposición los incita a huir y así la caldera de rechazos no estallará, porque va alejando los que tocarían la válvula de las manifestaciones en su contra. Pero hay que enfrentarlo, no importa la cárcel. El exalcalde López; volvió a Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez, la novela de  Ramón J. Velásquez; iba hacia Boston a dar una conferencia en una universidad. Conversamos algo sobre El Tirano Gómez y más sobre Bolívar, López es descendiente de esa familia por de una de las hijas de Juana Bolívar la hermana del Libertador. 


Juan Vicente Gómez

En Miami cambiamos de avión y en el trayecto hacia New York leí 140 páginas  de la novela Brooklyn Follies, de Paul Auster; interesante la galería de personajes perdedores como vidas fallidas que presenta la obra, entre ellas Nathan Glass que después de recibir la noticia que tiene un cáncer de pulmón se retira del trabajo y se va a vivir a Brooklyn y ahora es que comienza a tener vida, disfrutar detalles, desprenderse de la acumulación de dinero, a veces solo una cárcel que disfrutan los mediocres, los que no creen que van a morir y acumulan, aún pasando necesidades. El ahorro es bueno si no sacrificas la felicidad y la vocación, es bueno si sabes también llegar a los límites, el ahorro no es un Dios, apenas una forma inteligente de no caer en la desesperación de no tener dinero, hay que hacerlo pero con sus límites. Nathan, ahora disfruta de su enamoramiento, de sus familiares, de vivir la vida con ternura, de escribir: El Libro del desvarío humano. Tiene buenas reflexiones, excelente conocimiento de la literatura americana y todo esto lo va dejando ver en la trama y mediante una narración genial que sirve para darle diversidad, altura y delirio a la ficción, un delirio y belleza en la prosa que se disfruta y se agradece. Construye identidades y soledades, personajes con esmero, entre ruinas humanas. Interesante obra porque la multiplicidad de voces van acompañadas con la destreza de la escritura y el equilibrio de las ideas que va dando el autor con la ternura y el cuidado del artista

 

Juana Bolívar. Imagen tomada de aquí.

Viernes 3 de abril de 2009


A las siete de mañana caminé desde la av. Broodway hasta el Central Park y después continué el recorrido durante una hora y media, tomando fotos a las aves y disfrutando de la naturaleza encajada como un rayo de vida  en el corazón de Manhattan, entre altos edificios y un cielo con neblina y algunas lluvias. Hay trotadores por todas partes y mujeres bellas que en otros sitios todos las verían, aquí es algo común, a veces veía la gente con sus mascotas que pululaban, alegres. Lo de pasear perros aquí es una profesión más o menos bien pagada. Es un parque grande, hermoso, fluyen muchas corrientes de aire, aúnque los árboles no tienen muchas hojas por la temporada, no obstante la grama es muy verde. Camine desde el museo de Historia Natural hasta el reservorio Jacqueline Kennedy, la antigua dama de exótica belleza y ambiciones desmedidas de eternidad, poder y riquezas. Como diosa de los nuevos tiempos moderno término en una isla griega casada por el dinero del multimillonario Onassis.


Ramón J. Velásquez.


En el parque hay múltiples y grandes rocas que brotaron salvajemente de la tierra como arrecifes que perdieron su mar, algún día el cambio climático les traerá su mar y su soledad. Aunque siempre hay la posibilidad de cambiar y saltar sobre la tragedia.

Regresé al hotel, leí un rato y luego caminé desde la calle 77 hasta la calle 51, entre frío, y una lluvia que era a veces más fuerte que el paraguas. Vi la catedral de San Patricio con su fachada que invita a disfrutar su belleza y su Dios desconocido en sus intenciones más allá de predicar el amor. De regreso cruce el Central Park por la calle 65, de este a oeste. Entre llovizna, viento y alegría. Almorcé en un restaurante de la av. Ámsterdam, me gusto más su nombre: Utopía.

Barnes& Noble Bookseller


En el atardecer fui a la librería Barnes& Noble Bookseller, tan grande que de fachada tenía más de una cuadra  sobre  Broodway y varios pisos y un sótano. Compre Romantic Dogs, del amigo fallecido Roberto Bolaños, edición bilingüe. En estos momentos la difusión de la obra de Bolaños es abundante. Premios, reconocimientos y múltiples estudios en varias lenguas. Me alegro por ese reconocimiento. Recuerdo cuando hace 8 años lo conocí en Caracas, me dijo que el primer dossier sobre su obra se lo habíamos hecho nosotros en la revista literaria Ateneo que  dirijo. Tengo una carpeta con varios correos electrónicos de él. En aquella época era un desesperado que le corría a la muerte, esta le tocaba la espalda o mejor el hígado, de lo que al final termino muriendo, aunque él nunca se rendía corría sobre el alfabeto en su computadora para terminar 2666, que ahora es un éxito total. Su obra es una lección de estos tiempos y él fue un atrevido que supero al tiempo (contra el que realmente corremos) con exceso de talento y buena fe. Sus ficciones de buen ritmo e intrépidas reflexiones se abren paso para sorprender hasta los ya sorprendidos por el Boom de la literatura latinoamericano, él ha llegado a esa altura. Toda su escritura me gusta y al volver a leer estos poemas siento la profundidad y la pasión con la que vivió su vida. Murió en su esplendor. Copió algunos versos:

¨Back then, I’d reached the age of twenty

 And I was crazy

 I’ lost a country

 But won a dream¨


El final del poema es magnífico, pero en español los sueños son mejores por la alegría:

¨Estoy aquí, dije, con los perros románticos

Y aquí me voy a quedar¨

Siento que mi amigo no se quedó sino que partió a la gloria tan merecida por la dulzura y maravilloso esplendor de su escritura.

Roberto Bolaño por MarcoVillar


También compré en la inmensa librería el bestseller de Julia Álvarez: De Como las muchachas García perdieron el acento. Recuerdo que en  Ateneo publicamos un texto de esta escritora descendiente de dominicanos, y una carta de agradecimiento y una postal de ella. Y me remito a lo que salió en Los Ángeles Times: ¨Sencillamente magnifica¨ Aun recuerdo con cariño la lectura de sus anteriores novelas, En el nombre de Salomé y en el Tiempo de las mariposas. En fin una muy buena escritora.

Mi tercera compra fue  Doña Bárbara, su última edición, en ese momento, por Vitaje, 2008. Es para mi colección de novelas, una edición preciosa y saber que tengo la edición Príncipe, de 1929. Todo lo de Gallegos me alegra.


...

Pueden leer la crónica completa más abajo después de la biografía del autor


Manhattan (1979) - official US rerelease trailer (HD)








Fame • Theme Song • Irene Cara






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Emilcen Rivero y su hijo Iván Rivero



Emilcen Rivero

(Venezuela)


Nació el 9 de julio de 1954. Estudió primaria en el colegio "Cecilio Acosta" y a secundaria en el liceo  "Francisco de Miranda" ambos en los Teques.

Se graduó de ingeniero químico en la universidad "Simón Bolivar".

Fue directos fundador de la revista Lanterios y Crosogramas y actualmente dirige la colección Ateneo de los Teques.

Ha publicado los libros de cuentos Cuando la soledad no termina y Fantasías como historias y es coautor de Los poetas de los Teques.





 

Diario de Nueva York, 2009 por Emilcen Rivero by Anonymous jv6D4X





Enlaces relacionados:


BANDERAS SOBRE EL ESEQUIBO

La sentida Crónica de una "Invasión" por Emilcen Rivero



L'homme au combat" y "Le peintre", dos cuentos de Emilcen Rivero







martes, 21 de abril de 2026

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Rafael Victorino Muñoz, escritor venezolano: Los políticos opositores tienen el síndrome de Sebastián, el de Casa Muertas, sueñan despiertos entrar en Caracas en un brioso caballo blanco después de derrocar la "tiranía."

 


Imagen tomada de aquí.



El político quemado


"Para mí que todos esos mentecatos de la política venezolana no tienen ninguna idea y están haciendo tiempo a ver si les llega algo por la vía de la inspiración o vaya usted a saber qué."


"dígame si nunca hubiera existido Chávez… ellos tampoco"






10 abril, 2018 


Rafael Victorino Muñoz 


Si escucháramos a una persona decir que su principal proyecto en la vida es divorciarse de su pareja, con seguridad nos sentiríamos extrañados y le preguntaríamos a esa persona si no habrá algo más en su vida, qué va a hacer después, cosas así. Quizás a muchos de ustedes les pasará lo mismo que a mí con respecto al discurso que mantienen la mayoría de los líderes políticos de la oposición cuando plantean, como única meta dentro de su promesa política, salir del actual gobierno. Nos preguntamos: ¿y después qué? Porque sea lo que sea, siempre hay un después.



Pero hasta los momentos poco han hablado de eso. Quién sabe, a lo mejor piensan que no importa. Quizás tienen el síndrome de Sebastián. Sebastián, ustedes saben, el eterno novio de Carmen Rosa en la novela Casas muertas, el que soñaba despierto que entraría a Caracas en un brioso caballo blanco después de derrocar a Gómez. Pero cuando se ponía a pensar en cómo iba a gobernar y lo que tenía que hacer para reconstruir el país… hasta allí le duraba el ensueño.



No sólo es que los principales líderes de la oposición no explican su proyecto de país, sino que no están muy seguros de cómo es que se va a materializar su única propuesta: la de salir de este gobierno. No se ponen de acuerdo. Comienzan algo y lo dejan a medias. Llaman a marchas y salen corriendo. Cualquiera diría que no están demasiado interesados en ser gobierno porque sólo saben ser oposición (otro día volveremos sobre este punto).


A menudo he escuchado a personas decir que estos personajes de la política no pueden sacar todavía a la calle un proyecto de país, que según y que tienen, porque se les queda frío. Muchos dicen que todavía no es el momento, como si con eso quisieran hacernos creer que son unos grandes clarividentes en la política que saben qué hacer, cuándo hacer y cómo hacer en todo momento; pero… Vuelvo a ejemplos sobre los que anteriormente hemos discurrido en estas líneas: Gandhi y Mandela. Ni esperaron a que llegara ningún momento en particular (el momento lo iniciaron ellos) ni se quemaron porque pasaran mucho tiempo en la misma lucha y con la misma bandera. Averigüen ustedes cuántos años lucharon los mencionados.


Juan Vicente Gómez


Para mí que todos esos mentecatos de la política venezolana no tienen ninguna idea y están haciendo tiempo a ver si les llega algo por la vía de la inspiración o vaya usted a saber qué. Porque, si a ver vamos, lo que nosotros recibimos en el día a día, a través de los medios, es el discurso de unas personas que se han constituido en figura política porque, primero, tienen acceso a los medios; segundo, su único argumento es oponerse a lo que hay (dígame si nunca hubiera existido Chávez… ellos tampoco); tercero, sólo son eso, una figura, en el sentido primigenio de la palabra: la apariencia o el aspecto externo de un cuerpo u objeto, algo que sólo aparece, o está allí, representa pero no es nada en sí mismo.



Y en este caso me permito hacer una diferenciación tajante entre lo que es una figura y lo que es una idea. Reto a quien sea, a quien quiera que no esté de acuerdo conmigo, a que nos explique cuál es el sistema político de María Corina Machado, de Henry Ramos Allup, de Henrique Capriles o de Leopoldo López, cuáles son sus ideas, sus planteamientos. Aunque sea un pequeño artículo como éste, una síntesis de su pensamiento, una idea que sea de ellos. Algo que se pueda sintetizar en torno a un postulado, como ese de la tercera vía; que es una tesis con nombre y apellido.



Así apareció María Corina Machado desde el balcón del Gran Hotel en Oslo, Noruega: cantó el himno

https://m.youtube.com/watch?v=V-57QQUHywE&pp=ygUgbWFyaWEgY29yaW5hIG1hY2hhZG8gYmFsY29uIG9zbG8%3D



Yo no lo he intentado con los precitados líderes de la oposición, porque sé que no hay nada allí.  Son como esas pompas de jabón que se desvanecen en el aire. No tienen ni han tenido una idea propia en sus vidas. Sólo hablan en respuesta a algo, su discurso es circunstancial, responde a la emoción del momento, no es trascendente ni profundo. Por eso entiendo el temor de estos personajes y su preocupación de quemarse en los procesos electorales. Por eso también, cada cierto tiempo, tienen que inventar a ver qué sacan, a quién más ponen (una vez fue Stalin Rivas, después inventaron a Chúo), porque saben que las caras de algunos y sus palabras huecas ya cansan. Ahora no hay nadie, no batean ni de foul.


Pero cuando hay ideas es lo contrario; la idea permanece en el tiempo, aún cuando no esté la persona. Vean, al respecto, lo que ha sucedido con los planteamientos de grandes pensadores, como Rousseau (este incluso expuso sus ideas y fue muchos años después que se materializaron). Y estas ideas trascendentes siguen vivas, porque no dependían ni dependen de la personas que las enuncian ni del momento ni de lo que las mismas eran en el momento (del cargo que ocupaban, se entiende), ni de su presencia en los medios, ni de que fuera el momento adecuado cuando las expusieron. Largo etcétera.

Desde que el Chavismo se instaló en el país, Venezuela vive en las páginas rojas.


Son las ideas las que convencen, las que mueven, y el momento de éstas no es uno en particular, sino que es siempre. Eso de que estos políticos no quieren quemarse me suena a que ya están quemados, por lo menos el cerebro lo tienen así. No han tenido una idea distinta a “tenemos que salir de este gobierno”. Ser figura política es lo que han hecho; aparecer, dejarse ver. Pero pensar, lo que se dice pensar, parece un arte perdido en lo que a la política se refiere.



https://verdadesrelativas.com/el-politico-quemado/



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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox


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Enlaces relacionados:


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Rafael Victorino Muñoz: Los políticos opositores tienen el síndrome de Sebastián, el de Casa Muertas, sueñan despiertos entrar en Caracas en un brioso caballo blanco después de derrocar a la "tiranía."




RAMÓN ORDAZ: AQUÍ (En Venezuela) NO HA PASADO NADA, POETAS




Poesía venezolana contra la opresión



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Fray José Pulido: caballero poeta




RAFAEL VICTORINO MUÑOZ en el 2009: Ante la avalancha de textos publicados por el Estado venezolano el lector común necesita una orientación acerca de qué leer de ahí la existencia del plan nacional de la lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y el Plan Revolucionario de Lectura




La enemistad secreta de bosques y bibliotecas en el Elogio del Libro







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POEMA PARA EUGENIO

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viernes, 17 de abril de 2026

EL GRAN ESCRITOR VENEZOLANO ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ CON BETANCOURT EN EL PALACIO DE MIRAFLORES




Reunión en el Palacio de Miraflores. Rómulo Betancourt y Enrique Bernardo Núñez, circa 1960: Autor desconocido. Foto coloreada ©Archivo Fotografía Urbana




EL GRAN ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ EN EL PALACIO DE MIRAFLORES


Milagros Socorro


Fecha de publicación: octubre 4, 2015




El 30 de septiembre de 1940, Rómulo Betancourt le envió una carta a Enrique Bernardo Núñez, desde Santiago de Chile, donde se había instalado con su familia después de haber sido apresado por la policía política. Allí le dice que quiere reanudar a distancia el diálogo epistolar que habían iniciado cuando Betancourt estaba todavía en la clandestinidad. “Sigo atentamente lo que escribes”, le dice el exiliado al gran escritor a quien va a admirar por décadas. “Y veo que casi siempre coincides con el Partido, ojalá que estés cada día más cerca de él, más al lado nuestro”.


El propósito de la misiva era, pues, conquistar al autor de “Cubagua” para que se uniera al Partido Democrático Nacional (PDN), fundado por Betancourt, que, al funcionar entre 1937 y 1941) es uno de los antecedentes de Acción Democrática.


“El trabajo por equipo alrededor de un programa concreto y de una disciplina colectiva conscientemente aceptada, aumenta la capacidad creadora del escritor  y le da una proyección más seria a su obra. Pareciera ser más cómoda y más ‘libre’ la postura del francotirador. Pero no es así. Las fuerzas que combatimos están coaligadas, vertebradas por lazos que aún en países como el nuestro, sin aparente estructuración política, de los reaccionarios, son muy sólidos. El instinto de defensa de las comodidades y privilegios hace el papel del cemento. Los aglutina. Nosotros no podremos derrotarlos sino oponiendo a su bloque antivenezolano otro de base nacional y seriamente organizado. No otra cosa es el Partido, con todo y sus grandes deficiencias, nacidas de las condiciones mismas en que se ha forjado. Estoy seguro de que cuando llegues a sus filas, en ellas te encontrarás bien y sentirás cómo tu admirable labor de columnista, así como también la otra tan valiosa de escritor y artista, se enriquecerán de matices nuevos. Para mí personalmente, que tanto he llegado a estimarte como intelectual y como ciudadano, será un momento de honda satisfacción aquel en que te sepa ya actuando en la fervorosas filas pedenistas”.


Pero Enrique Bernardo Núñez nunca se integró a esas filas ni a ningunas otras de carácter partidista. Está escarmentado de haber servido al gomecismo y, una vez muerto Gómez, no quiso oír hablar de alineamientos con poderes o con aspirantes a serlo.


En su libro Hombres y villanos, publicado en 1975, Rómulo Betancourt consigna que esa carta “no obtuvo respuesta”. Agrega que ya de regreso a Venezuela, en 1941, habló personalmente con Enrique Bernardo Núñez, quien le dijo que el grupo político le merecía confianza, pero “su individualismo incurable —según expresión textual— lo inhabilitaba para someterse a una disciplina de partido”.


—Y como francotirador murió—, acota Betancourt en 1975, citando la expresión que él mismo había empleado en la carta de 1940, en un día de 1964, pero dejándole al país el ejemplo limpio de una inteligencia y de una pluma que siempre estuvieron al servicio de Venezuela, de la libertad, de la justicia. De la democracia.


Un día en Miraflores

Esta fotografía, propiedad de la Fundación Fotografía Urbana, fue tomada alrededor del año 1960, por autor desconocido. Capta una reunión en el Palacio de Miraflores. El centro de la imagen lo ocupa el abrazo que reúne a Rómulo Betancourt, entonces Presidente de la República (1959-1964) y a Enrique Bernardo Núñez (Caracas, 1895 – 1964), quien se había iniciado en la escritura desde su juventud y no había parado ni un día de su vida, que dedicó a cincelar una prodigiosa pronunciación.


–Enrique Bernardo Núñez se hizo a sí mismo, —dice Betancourt en el perfil de su amigo, incluido en “Hombres y villanos”— en ese duro esfuerzo del autodidacta, nacido y criado en casa pobre. Y qué pobre se era en la Venezuela estancada, aletargada, muerta en vida, pudriéndose en vida, en los días de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez.

Juan Vicente Gómez y Cipriano Castro


Y, ciertamente, EBN, como, por cierto, solía firmar sus notas periodísticas, había sido pobre, pero no propiamente autodidacta. En Valencia, donde creció, hizo la primaria y el bachillerato, y luego marchó a Caracas en cuya Universidad Central se matriculó para estudiar Medicina y asistir como oyente a las clases de Derecho.


En 1918, Núñez recibe una mención en los Juegos Florales con el título “Bolívar Orador”, y publica su primera novela: Sol interior. Dos años más tarde aparece, Después de Ayacucho. Para entonces ya es periodista, una labor que nunca va a abandonar y que incrusta su portentosa voz en las más importantes publicaciones de Venezuela: El Imparcial, El Universal, El Heraldo, El Nuevo Diario, las revistas Élite y Billiken, Heraldo de Margarita —del que fue fundador y director—, y El Nacional, entre otras.


Como era bastante habitual en la época, cuando los escritores eran miembros asiduos del servicio diplomático, desempeñó cargos en las legaciones Colombia, Cuba (fue en La Habana donde empezó a escribir Cubagua, en 1929), Panamá (donde terminó la novela, en 1930, y empezó a trabajar  en La galera de Tiberio, una crónica sobre el Canal, que finalizó ya de regreso a Venezuela, en 1932. Seis años después, muerto ya Gómez, partió a Baltimore como cónsul de Venezuela.


En 1945, Núñez fue nombrado cronista de Caracas, tarea que ejerció en dos oportunidades, la segunda entre 1953 y 1964. De manera que, en el momento del que somos testigos, el jefe del Estado está zarandeando afectuosamente al cronista de la ciudad. Tienen mucho en común. Ambos han credido en lugar distinto a Caracas; leen y escriben con pasión; dejaron los estudios universitarios antes de llegar a graduarse; se iniciaron en la escritura con cuentos cortos; cultivan una apasionada afición por la Historia; y son perfeccionistas y obsesivos, Núñez hasta el punto de corregir una novela, ya publicada, durante 36 años. Es fama que nada más salida de la imprenta la novela La galera de Tiberio, la arrojó al río Hudson, en Nueva York (por suerte, se salvaron algunos ejemplares que permitieron su posterior reedición en Cuba).


“Núñez era un obsesivo”, dice Alejandro Bruzual, quien hizo una edición crítica-genética de Cubagua, que incluye un segundo final. “Era un tipo descontento con lo que hacía. Corregía y corregía. Llegaba hasta la autodestrucción. Todas sus obras sufrieron eso”.


Escritor y jardinero

La bibliografía de Enrique Bernardo Núñez consta de una decena de títulos (entre novelas, ensayos y compilaciones de artículos periodísticos); y fue cuentista, ensayista, novelista, cronista e historiador, faceta ésta por la que ingresó a la Academia Nacional de la Historia, en 1948. En su discurso de incorporación comenzó hablando de notables historiadores para luego precisar: “Yo, en cambio, vengo de las legiones de la prensa. Mis trabajos de historia tienen más bien carácter periodístico, informativos para los de mi generación. Sería, pues, del caso, hablar aquí del papel que ha desempeñado esta maestra de los pueblos. La prensa, si no abandona su misión, si no la mixtifica, es el más eficaz instrumento en la creación de un país.  Por lo mismo, la mejor forjadora de historia. Típicos ejemplos pueden hallarse en el Correo del Orinoco y la Gaceta de Caracas, dirigida por José Domingo Díaz. El primero hace historia, la segunda se propone detenerla o desconocerla. Pero el tema de este discurso es la historia de Venezuela, o mejor dicho, será un reportaje en torno de esa historia”.


He aquí otro punto que comparten los dos que con afecto visible se palmean. Ambos vienen de las legiones de la prensa y encontraron en ella una manera de comunicar sus percepciones de la historia a su generación.


Se echa de ver que su intercambio es muy jovial. Parecen compartir vivencias gratas al recuerdo y, quién quita, ciertos destellos de picardía. Luis Cubillán Fonseca ha contado que, cuando Betancourt era presidente, vio pasar por la Plaza Bolívar de Caracas a Enrique Bernardo Núñez, quien estaba vigilando que sembraran unas matas de rosa. “Rómulo le mandó un policía para que impidiera la siembra. Cuando Enrique Bernardo estaba más caliente, discutiendo con el policía, se bajó Rómulo del carro y se acercó:  “¡Rómulo! ¿qué te parece?, este policía no me deja sembrar las matas, y dice que fue orden tuya. Y Rómulo le soltó la carcajada”.


“Combatir tercamente el derrotismo…”

Se habían conocido en 1936, “inicio del nuevo tiempo venezolano”, apunta Betancourt, quien sería, sin embargo, expulsado del país en 1937. Pero, igual que otros 36 dirigentes de partidos fundados tras la muerte de Gómez, decidió quedarse clandestinamente en el país porque consideró que aquel era el tiempo “de echar las bases de una organización democrática popular”. Tres años estaría haciendo “vida de topo”. En esos 36 meses mantuvo un activo contacto por escrito con Enrique Bernardo Núñez, intercambio que Betancourt alude en la carta que le envió desde Santiago de Chile, en 1941, donde expresa su voluntad de “reanudar, a distancia, el diálogo epistolar” iniciado cuando el de Guatire estaba enconchado.


Aquella extensa comunicación se pierde por galerías de reflexión política, pero vuelve constantemente al ánimo que la inspiró. Betancourt quiere una fotografía con Enrique Bernardo Núñez que demuestre el apoyo de éste a sus afanes partidistas.


—Tienta —le dice Betancourt a EBN en la carta de Chile— la empresa de forjar una gran nación donde sólo existe ahora un vasto y rico espacio geográfico, poblado por escasos cuatro millones de habitantes a los que necesitamos despertarle el apetito de hacer historia. Nuestro pueblo guarda en el subconsciente, como una formidable fuerza latente, el recuerdo de aquellos días en que fuimos vanguardia de América y lo que se requiere es la acción de encendida de fe de un equipo de hombres entregados a la gran cruzada, para que el venezolano de hoy vuelva a ser el mismo de los mejores días. Creo que una manera de ir logrando ese renacer de la confianza nacional en las posibilidades creadoras de Venezuela consiste en combatir tercamente el derrotismo, la falta de entusiasmo la abulia, el “pata-de-palismo”. Tú en tu sección puedes y debes hacer mucho en ese sentido. Lo que escribes se lee y se medita. Tienes ya ámbito para tu palabra en todo el país.


Espero estar muy pronto de regreso. Entonces podremos hablar largamente sobre estas y sobre tantas otras cuestiones. mientras tanto te va desde aquí un abrazo afectuoso y una palabra de fraternal estímulo.


Firma: Roca.


La espina del pasado gomero

Como ya quedó dicho, ni siquiera esta inflamada prosa alcanzó a entusiasmar a EBN para apuntarse a los proyectos de Betancourt, quien poco después de franqueado el sobre desde la capital chilena, fundaría Acción Democrática, el 13 de septiembre de 1941. Es así como en el acto inaugural del partido, en la Plaza Nuevo Circo de Caracas, estaban Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Luis Augusto Dubuc, Tomas Pino, Juan Oropeza Riera, Gonzalo Barrios, Leonardo Ruiz Pineda, Jesús Ángel Paz Galarraga, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Carlos “Chicho” Herrera, entre otros, pero no estaba el autor de La galera de Tiberio.


Betancourt no se molestaba. Sabía cuál era la razón profunda de esta terca inhibición. “Ese paso suyo por el elenco gomero, en cargos subalternos y de ínfimas pagas le dejó una huella imborrable de desagrado con él mismo.” Consignó Betancourt en el libro citado. “Alguna vez, conversando en la plaza de La Misericordia, entonces umbroso rincón caraqueño, me volcó la confidencia ingenua. ‘Toda mi vida purgaré, en desdén de mí mismo, no haber compartido con ustedes, los del 28, un par de grillos, en el castillo de Puerto Cabello’. Le dije, con sinceridad al afirmarlo, que la nuestra había sido una acción de grupo, un proceder de muchos, actuando bajo el acicate de condiciones nuevas creadas en el país. Estoy seguro de no haberlo convencido. Siempre lo acompañó, compañera incómoda, la espina clavada de haberle cobrado estipendios, aún cuando fuera de escasos centenares de bolívares mensuales, a un despotismo cuya acción destructiva y corruptora del país apreciaba con toda lucidez”.


En su libro Rómulo Betancourt y el Partido del Pueblo (1937-1941), Arturo Sosa Abascal se refiere a esta amistad y las divergencias políticas que la puntuaron. “Con Enrique Bernardo Núñez, mayor que Betancourt y de una posición más centrista desde el punto de vista política, estableció un tono de conversación en el que se notaba al mismo tiempo, confianza y respeto. Tras demostrar el interés por lo que hacía, le reconocía su labor como escritor y la importancia de su posición para combatir al derrotismo y “pata-de-palismo” extendido entre los venezolanos de todos los sectores”.


Pérez, antes del regaño del médico

En la esquina izquierda de la fotografía vemos, de perfil, al músico José Antonio Calcaño, quien igual que Enrique Bernardo Núñez alterna su trabajo creativo con el de diplomático y  por esos días es su compañero en las páginas de El Nacional, donde ambos son colaboradores. Calcaño, entonces de 60 años y con una destacada carrera como compositor, arreglista e intérprete, es crítico musical de El Nacional en la época que capta la imagen.


Entre Calcaño y Betancourt, hacia el fondo, está Carlos Andrés Pérez, entonces ministro de Interior y Justicia. Pérez había regresado a Venezuela en 1958, tras su exilio en Costa Rica, país al que marchó luego de salir de la cárcel Modelo, —donde lo había tenido el régimen de Pérez Jiménez por más de un año. Nada más llegar fue nombrado Secretario General de Acción Democrática en el Táchira. Y a los pocos meses de iniciado el gobierno de Betancourt fue designado Ministro del Interior para enfrentar las insurrecciones militares de Carúpano y Puerto Cabello, y las constantes acciones subversivas de inspiración castrista, que no dieron tregua a la naciente democracia venezolana consagrada en las urnas de votación.

Pérez Jiménez


Para este momento, alrededor de 1960, Pérez luce más grueso de lo que estaría en décadas posteriores, cuando fue candidato a la Presidencia y mandatario nacional. Y está fumando, cosa que también dejaría de hacer. “Dejó el cigarrillo cuando era ministro”, dice su hija Sonia Pérez, “y no por un asunto de cálculo para mejorar su imagen de cara a la campaña. Mi papá fumó desde muy joven y muchísimo… hasta que un día, cuando juzgó que el malestar que venía experimentando se había prolongado demasiado, fue al médico. Tenía el principio de un enfisema pulmonar. El médico le advirtió que si no cambiaba de hábitos inmediatamente, su condición se agravaría. Ese mismo día dejó de fumar, comenzó un programa de ejercicios para recuperar la capacidad pulmonar y cambió su forma de alimentarse”.


Sonia Pérez recuerda que en la habitación de sus padres se instaló una polea del techo. En la soga que pendía del artilugio debía colgarse el entonces Ministro del Interior para ejercitar los músculos del pecho y aliviar los maltratados pulmones. “Hasta ese día llegó la costumbre de poner, en la mesa de noche de mi  papá, un platico con dulce de leche. Como solía llegar a las diez de la noche, le guardaban ese postre, su favorito, para que lo comiera antes de dormir. Nunca más volvió a probarlo”.

Carlos Andrés Pérez. Imagen tomada de aqui


Antonio Ledezma, quien contesta la consulta periodística desde el presidio político que cumple en su casa, dice que nunca vio a Carlos Andrés Pérez fumando. “Era un hombre de un gran autocontrol. De hecho, también se dispuso a dejar el café, que le encantaba. Y no lo dejó del todo porque decía que no podía hacer un desprecio a la gente humilde en cuya casa le ofrecían una tacita, pero se limitaba a saborearlo. En el despacho tomaba manzanilla, naturalmente sin azúcar. Sólo se reservó un hábito que no guardaba relación con la sobria alimentación que observaba: el whisky, que gustaba tomar con una sola piedra de hielo y mucho agua”.

Reunión en el Palacio de Miraflores. Rómulo Betancourt y Enrique Bernardo Núñez, circa 1960: Autor desconocido ©Archivo Fotografía Urbana



Angustia por lo venezolano

Enrique Bernardo Núñez va a morir de cáncer el 1 de octubre de 1964. Ese hombre que sonríe con gesto de conejo y mira a los ojos al amigo que lo abraza, al tiempo que lo sujeta con fuerza por las espalda, no tiene más de cuatro años de vida por delante. Los suficientes, no obstante, para escribir tres grandes libros Codazzi o la pasión geográfica (1961), Figura y estampas de la antigua Caracas (1962) y La estatua de El Venezolano: Guzmán o el destino frustrado (1963).


—Tenía premonición de su próxima muerte –escribe Betancourt en una columna periodística de noviembre de 1964—. Me lo encontré una noche en la Plaza Bolívar. Iba yo de Miraflores a mi casa y sentí deseos de estirar las piernas y de ver las estrellas en un lugar tan vinculado a mis recuerdos de caraqueño asimilado. Hablamos con la misma mutua estimación de siempre. Le propuse que se fuera Washington, con un contrato de trabajo del gobierno, a seguir escudriñando en los documentos accesible a la Cancillería de EE.UU. La respuesta me la envió con Marcos Falcón Briceño. “Dígale al Presidente que no puedo aceptar su ofrecimiento. Ya yo me voy. Estoy recogiendo mis papeles”.


En 1975, Betancourt volvería a recordarlo: “Fueron siempre cordiales y amistosas mis relaciones con Enrique Bernardo Núñez. Era hombre introvertido, poco o nada expansivo y persona de escasos amigos. Trabajaba con tenacidad de hormiga. Entre papeles y sueños discurrió su vida. Hay una constante en su obra: la angustia por lo venezolano”.


Betancourt terminó su periodo de gobierno el 13 de marzo de 1964. Murió en Nueva York casi dos décadas después, el 28 de septiembre de 1981.



https://elarchivo.org/el-gran-enrique-bernardo-nunez-en-el-palacio-de-miraflores/




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Fotografía coloreada de Vasco Szinetar






Periodista y escritora venezolana nacida en Maracaibo en 1960. Trabaja como periodista independiente en diversos medios impresos, como la revista Exceso, el diario El Nacional y la revista Bigott. Ha publicado Una atmósfera de viaje (cuentos, 1989), Catia, tres voces (testimonio, 1994), Alfonso "Chico" Carrasquel. Con la V en el pecho (testimonio, 1994) y Actos de salvajismo (cuentos, 1999) con el que obtuvo el premio de narrativa de la Bienal José Antonio Ramos Sucre (Cumaná), en 1997. Sus textos se pueden leer en La BitBlioteca.
Ganadora del premio Nacional de Periodismo en el año 1999 y del premio La Haya el Premio Oxfam Novib/PEN por su interminable labor a favor de la libertad de expresión.

Fotografía original de Vasco Szinetar
 Tomada de Prodavinci

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