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miércoles, 28 de octubre de 2026

Manuel Terrín, escritor español y concursante profesional en el 2012: Ahora los premios son más pequeños, a veces no te pagan y no te dan los viáticos

 


El poeta cordobés Manuel Terrín Benavides muestra algunos de sus premios. EDP 


Estimados Liponautas

Hoy compartimos con ustedes esta vieja entrevista donde Manuel Terrín, concursante literario profesional se queja frente a los bajos montos de los premios en en año 2012. No estamos al tanto de la situación en este 2026 en España pero si de la situación que padecemos en Venezuela donde el salario mínimo es de 130 bolívares, frente al dólar que hoy 28 de octubre tiene un valor de 888,12 bolívares que viene a ser como el 14,64% de un dólar. Supuestamente cuando José Napoleón Oropeza recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela correspondiente al lapso 2021- 2022 el monto otorgado fue el equivalente al valor de dos pensiones mensuales (es decir dos salarios mínimos) por dos años.


Quizá le pidanos ayuda a nuestro amigo By PacoMan para que nos aclare la situación con cursiva y económica de la España actual.

Esperamos que disfruten de la entrada.

Atentamente

La Gerencia.


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ENTREVISTA:


"Tengo más premios que obras"


Manuel Terrín ha ganado 1.769 certámenes de literatura.- El poeta lamenta que los recortes hayan afectado a su remuneración


Albacete - 10 ENE. 2012 - 02:49 VET

Esta entrevista forma parte del proyecto final de la asignatura de Digital de los alumnos de la 25ª promoción de la Escuela de Periodismo UAM / EL PAÍS 2011


Año, certamen, lugar, obra, premio. Por este orden y todo rigurosamente apuntado con una antigua máquina de escribir, Manuel Terrín Benavides (Montoro, Córdoba, 1931) toma nota de los certámenes literarios que ha ganado. Asegura que son 1.769 hasta hoy, aunque en el momento en que se publique este artículo puede que sean más.


El propio Terrín dice que un periódico de Los Ángeles le definió como el escritor que más premios literarios ha ganado en el mundo. "No me interesa aparecer en el Guinness de los Récords al lado del que más chorizo come", contesta el poeta, de 80 años, sentado entre medallas, placas y estatuas en el salón de su piso de Albacete.


Llegó a esta ciudad de joven para trabajar de técnico en el Ejército del Aire. A los 20 años no pensaba en la poesía ni mucho menos, por eso estudió electrónica aeronáutica. Terrín descubrió su segundo amor más tarde. Con 32 años acabó el Bachillerato de letras, pero tuvo que pasar otra década antes de que empezara a participar en certámenes. Corría el año 1969. Fue un amigo el que le animó a concursar y, cuando recibió su primer premio, el poeta no daba crédito a lo ocurrido.


El autor no dispone de ordenador y para estar al tanto de las convocatorias de los concursos confía en un grupo de amigos

El 2008 fue su año récord: ganó 81 premios


En las paredes del pasillo y del salón de su casa se alternan cuadros bucólicos y diplomas, mientras los muebles cobijan fotos de familia, pequeñas columnas y otros premios en forma de pantera, caballo o ciervo. Un Quijote dorado luce encima de una mesilla de cristal y una placa conmemorativa evita que los libros de una estantería pierdan el equilibrio. En realidad, la mayoría de sus trofeos yace en el archivo municipal de su ciudad natal, donde hasta le han dedicado una calle. "Ya no cabían todos esos premios en casa... Necesitábamos espacio", se excusa la musa inspiradora, su mujer. Joaquina se sienta en otro sofá, con la televisión de fondo, pero no se pierde ni una palabra de su esposo. Se limita a asentir con la cabeza, sin esconder el profundo orgullo que se filtra por sus ojos.


Caballero de otro tiempo


Pese a su abrigo negro y la expresión seria en las fotos, Terrín es un caballero al que le encanta hablar tanto de literatura como de cocina manchega. Con tono tranquilo discurre de las obras de Manrique a Machado, algunos de sus autores favoritos, y confiesa que ninguno de sus dos hijos se dedica a la escritura. Mientras habla, suena el teléfono. Le llaman desde la Universidad de Málaga para anunciarle la transferencia del último premio ganado apenas un día antes. "Hoy invito yo", afirma con una sonrisa de oreja a oreja. Terrín no va a recogerlos todos. Para hacerlo, tendría que desplazarse de un lado a otro del país -y en alguna ocasión, incluso en el extranjero- casi cada semana.


Cuando se le pregunta por la cantidad de dinero que gana anualmente con su arte, el poeta y escritor minimiza. "Claro, no son premios importantes como el Planeta... si le quitas los impuestos [aunque muchos premios estén exentos de retenciones, para la mayoría de las remuneraciones suelen rondar el 19%), los gastos de desplazamiento para las ceremonias de entrega... se trata apenas de una ayuda para la economía familiar". Para demostrarlo, desaparece unos segundos detrás del umbral de la puerta y vuelve con unas hojas amarillentas entre las manos. Es ahí donde apunta en una tabla el resumen de su éxito desde 1971. Durante los primeros años se mantuvo en una modesta media de 12-14 certámenes ganados, pero la década de los ochenta marcó el cambio. Al prejubilarse con 55 años, el poeta pudo dedicarse enteramente a la escritura, y eso se refleja de manera muy clara en las estadísticas. Entre las líneas de la tabla trazada a mano, el total de premios recibidos empieza a superar los 50, hasta llegar a 81 en el año récord, 2008.


Las ganancias también fluctúan. El año pasado acumuló unos 28.000 euros brutos. Sin embargo, los recortes han llegado también a los certámenes de literatura y el escritor afirma que no es posible vivir de eso. "Los premios son mucho más reducidos y a veces incluso no pagan", denuncia, pero declina especificar quien. "Además, ya no costean el viaje y las ceremonias de entrega son mucho más austeras".


Profesión: concursante


¿Dónde encuentra el tiempo para escribir tanto? Terrín admite que siempre ha tenido facilidad con los versos, pero todos los días intenta sentarse, aunque sea un rato, delante de su máquina de escribir ("una pieza de museo", como la define). "No me pongo una plumita en el cuello, ni madrugo para trabajar", destaca. Lo que más le gusta componer son los sonetos sobre su tierra natal y "las cosas de la vida", pero a veces incluso se atreve con relatos. Eso sí, siempre textos breves. "Intenté escribir una novela, pero me aburría como una ostra... Al fin y al cabo, entre componer poemas, buscar los concursos, preparar la documentación, las fotocopias, ir a correos para enviar la inscripción... es como un trabajo de oficina", bromea, pero admite que tiene "más premios que obras". Si un texto no sale ganador de una competición, Terrín suele enviarlo a otros concursos. A veces esta estrategia le ha causado problemas. "En alguna ocasión me han acusado de autoplagio. El jurado puede fallar con retraso y ha ocurrido que he enviado un poema a un certamen sin saber que ya había ganado otro con el mismo texto", explica.


El autor cuenta con 24 libros de poesía y seis de prosa publicados. Sin embargo, dice que no tiene ni idea de cuántas copias se han vendido. Y la emoción de ganar un nuevo concurso tras haber triunfado en más de 1.000 certámenes ("¡1.769!", corrige) ya no es la misma que al principio, aunque siempre es "una gran alegría". En ocasiones, incluso ha repetido victorias.


Terrín no tiene ni ordenador y para estar al tanto de las convocatorias de los concursos confía en un grupo de amigos aficionados a la literatura. Cada sábado desde hace más de 25 años los 15 miembros de la asociación cultural Alcandora se reúnen en Albacete para intercambiar opiniones y noticias de competiciones, a pesar de no contar con subvenciones públicas para organizar actividades relacionadas con la escritura.


No todo es tan fácil como ganar premios en la vida del poeta cordobés. La Asociación Damnificados por Terrín (ADT), un grupo de escritores anónimos que se dedica a criticarle en foros literarios en Internet, se encarga de complicarlo. Denuncian supuestas irregularidades en los fallos de los jurados e incluso le desean la muerte para poder obtener algún que otro premio. A los que le acusan de ser cazapremios el escritor contesta orgulloso: "Sí, lo soy. ¿Y qué hay de malo?".



Los concursantes compulsivos



A Ana C. Gómez, redactora de contenidos de la web Premios Literarios, no le gusta nada la palabra cazapremios. "Existen escritores que participan de forma habitual en concursos literarios, a veces de forma profesional, como único medio de vida, al igual que concursan con sus obras los arquitectos o los diseñadores y nadie les llama así", sostiene. Vivir del certamen, asegura, es posible: "Conozco a más gente que a partir de una determinada edad -de jóvenes es más raro- vive exclusivamente de los premios, y que además lo hace de forma siempre limpia".


Para ella, solo pueden definirse cazapremios los que recurren a la trampa. "Hay autores que participan con obras ya premiadas en otros concursos o prácticamente iguales -algo que las bases normalmente prohiben- a las que simplemente les cambian un par de versos o escriben con distintas palabras una idea de otro, etc", explica. De todas formas, es cada vez más fácil descubrir el plagio, gracias a Internet.


Las nuevas tecnologías han facilitado mucho la vida de los concursantes. "Enterarse de las bases no es hoy día difícil, gracias a Internet", afirma Gómez. "Y luego es cuestión de llevar un cuadro claro donde apuntar cada premio, la obra enviada, con qué seudónimo, fecha de fin de plazo, fecha de fallo y algunos detalles más, como quién ha ganado cada año para así ver qué tipo de cosas se premian en un concurso determinado y adaptarse a ellas. Sobre esta tabla van tachando, coloreando y eliminando cada cual a su manera".


La redactora conoce muy bien el nombre de Manuel Terrín: "Escribe bien, según los entendidos. Poco arriesgado o innovador, pero bien". Sería imposible no hacerlo, puesto que el poeta cordobés a menudo se convierte en protagonista de las discusiones del foro de la página web, casi siempre como diana de criticas.


En otro foro literario el escritor Luís Vea García comenta: "Yo he sido uno de los que le he sufrido. Y lo digo con la sonrisa en los labios porque en muchas ocasiones en las que he quedado segundo o tercero, él ha sido el vencedor. Aunque también he tenido el gusto de ganar y luego ver cómo su nombre era pronunciado como uno de los participantes, lo cual ha añadido mérito a mi premio".


Vea llegó a ganar un centenar de premios entre 1999 y 2003. Más que vivir del certamen, cree que se puede "sobrevivir" de ello, aunque no sea fácil. "Dejé de presentarme en concursos cuando cuando me di cuenta de que el premio ya no era un medio para darme a conocer, sino se había convertido en el fin de mi escritura", admite el autor.



https://elpais.com/cultura/2012/01/10/actualidad/1326150003_850215.html



Enlaces relacionados:












 




































domingo, 7 de junio de 2026

Diego Rojas Ajmad: He sido jurado en concursos literarios y he procurado no truncar injustamente las aspiraciones de los escritores en ciernes

 




Los concursos literarios

Los concursos literarios tienen una importancia capital en el fomento de la escritura y la lectura. También esconden inusuales anécdotas que, reunidas, podrían llenar enormes bibliotecas.



Por Diego Rojas Ajmad

10 Jul, 2022 - 2:41 PM


 

@diegorojasajmad


Los concursos literarios cumplen una valiosa función: son una oportunidad para que los nuevos escritores muestren sus obras al mundo, estimulan la creación, tejen y refuerzan redes entre los distintos sectores de la industria del libro y, además, con cada veredicto, se va construyendo una radiografía, una instantánea de esa oruga que pronto llegará a ser literatura.


Son, entre otras cosas, una estrategia eficaz que contribuye a mantener encendida la chispa de la escritura y de la lectura.


Sin embargo, poco se sabe aún de las batallas emocionales y de los conflictos interpersonales y de poder que se libran tanto en concursantes como entre quienes integran los jurados. Al respecto, he oído anécdotas de todo tipo, como concursantes que acosan a los jurados para que les otorguen el premio (sí, eso ocurre), o como las que hablan de escritores “cazapremios” cuyo único objetivo es vivir del dinero obtenido tras cada certamen. Se afirma, sobre este tema, que el escritor que ostenta el mayor número de premios es el español Manuel Terrín, nacido en 1931, y quien para el año 2012 había acumulado ya 1.769 galardones. Luego de diez años esa cifra de seguro habrá aumentado.


También he leído sobre las censuras, las presiones y los sinsabores que dejan algunos premios literarios. Es conocido el caso de un concurso literario que ofrecía un sustancioso premio en metálico y que estuvo organizado por el gobierno de Guzmán Blanco, en la Venezuela del siglo XIX. Los participantes debían presentar un poema que desarrollase el tema “el poder de la idea”. Muchas obras participaron y, al final, el jurado decidió por unanimidad elegir como ganador el poema enviado por Francisco Guaicaipuro Pardo. En su poema, Pardo elogia a los grandes pensadores de la historia, entre ellos al científico Galileo Galilei. El presidente Guzmán Blanco, luego de leer la obra ganadora, y al darse cuenta de que no se le mencionaba en ninguno de los versos, ordenó airadamente a su secretario: “Díganle a Pardo que le cobre el premio a Galileo. Eso es para que tenga idea del poder, ya que tan bien enterado está del poder de la idea”.

Guzmán Blanco. Imagen tomada de aquí.


La vida me ha llevado a estar a ambos lados de los concursos. He sufrido la angustia del escritor que envía su manuscrito, que simula indiferencia y no sabe qué hacer para que pasen rápido los días hasta que llegue la fecha del veredicto. También he sido jurado, y como tal me he esforzado para conciliar opiniones y no truncar injustamente la aspiración que pudiera tener alguna persona por convivir con la escritura y ser reconocido por ello.


De esa doble experiencia he aprendido que los concursos, sea cual sea el resultado, representan un hecho significativo, vital, que en ocasiones puede sellar definitivamente el destino de los concursantes.

Miguel de Unamuno. Imagen tomada de aquí


Miguel de Unamuno supo esto a los 28 años.


Antes de dedicarse a la filosofía y a la literatura, Unamuno tenía como pasión la filología y en especial la lingüística. Había invertido varios años en su formación y su meta era convertirse en referencia de esa disciplina.


Para ello, Unamuno decidió participar en un concurso organizado por la Real Academia Española, en 1893, sobre la gramática del Poema del Cid. El premio consistía en 2.500 pesetas, medalla de oro y publicación de 500 ejemplares.


Unamuno envió un manuscrito de 687 páginas, sin firma, identificado con un lema y titulado Gramática y glosario del Poema del Cid. Contribución al estudio de los orígenes de la lengua española. El trabajo incluía análisis fonético, morfológico, sintáctico y un glosario. Unamuno fue el primero en enviar una obra al concurso y, en total, solo se presentaron cuatro trabajos.


La angustia y la impaciencia carcomían el alma de Unamuno por la larga espera: el veredicto no se hizo público sino en febrero de 1895, casi dos años después.

Ramón Menéndez Pidal. Imagen tomada de aquí


Finalmente ganó un muchacho cinco años más joven que él, llamado Ramón Menéndez Pidal, quien tiempo después, en 1925, sería director de la misma Real Academia Española y destacado filólogo.


La decepción de Unamuno fue tal que nunca más quiso saber de la lingüística y ni siquiera fue a retirar su obra concursante.


82 años después, en 1975, alguien descubrió el olvidado manuscrito… 


Otras páginas 

– Concursos de aquí: Ciudad Guayana ha tenido una larga tradición de concursos literarios. Diversas instituciones, tanto públicas como privadas, entendieron la importancia de los certámenes y durante décadas, desde los setenta y ochenta en adelante, se llevaron a cabo varias actividades de este tipo en la ciudad. Entre esas instituciones se encuentran: Casa de la Cultura de Ciudad Guayana, Fundación La Salle, Ateneo de Ciudad Guayana, Unexpo, UNEG, UCAB, Ferrominera Orinoco, el Centro de Formación Permanente Luis Beltrán Prieto Figueroa, Alcaldía del Municipio Caroní y muchas otras. Esta tradición es hoy casi inexistente y solo subsisten los concursos de poesía de la Fundación Abraham Salloum Bitar y de Buscadores de Libros. La historia de todos estos concursos, de sus jurados y ganadores, espera para ser contada. 


– Un estado: “Cuando el médico te prescribió quince días de reposo y sobre todo, no escriba”, recordaste de golpe la definición de Musil pero habría sido inútil decirle: Mire, doctor, escribir no es una actividad sino un estado. Y él no habría podido entender que ese estado es de mayor tensión cuando no escribes, o sea que en lugar de hacer caso de sus pendejadas, tú te recetas: “y, sobre todo, escribe”. Jorge Enrique Adoum



https://correodelcaroni.com/opinion/los-concursos-literarios/

 

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DIEGO ROJAS AJMAD (Venezuela, 1974). Doctor en Letras. Profesor de la Universidad de Guayana y de la Universidad Católica Andrés Bello (Guayana). Es autor de varios libros y artículos relacionados con la historia, la teoría y la crítica literarias. Entre sus libros se cuentan: Mundos de tinta y papel. La cultura del libro en la Venezuela colonial (USB, Editorial Equinoccio, 2007), Estampitas merideñas (Instituto Merideño de la Cultura, 2010), Revista Válvula: edición facsimilar (ULA, 2011), Estampitas guayanesas (UNEG, 2016), Para una historia literaria desde la complejidad. La historiografía de la literatura venezolana y sus tramas (Editorial Académica Española, 2017) y Posciudades. Manual de uso para ciudadanos nostálgicos y esquizofrénicos (UCV, 2017), entre otros. En el 2006 ganó el premio único de la Bienal Latinoamericana de Ensayo Enrique Bernardo Núñez. En el 2007, el concurso “Cuentos sobre rieles” y en el 2017 obtuvo el primer lugar en el premio de ensayo “Caracas 1567-2017”.

Es columnista de Prodavinci y del Correo del Caroní.


Agulha Revista de Cultura



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martes, 26 de mayo de 2026

ARGENIS RODRÍGUEZ: En Venezuela para obtener un premio literario solo se necesita ser amigo del del jurado.

 



ARGENIS RODRÍGUEZ: En Venezuela para obtener un premio literario no se necesita que la obra sea buena, sino ser amigo del del jurado. 



La farsa de los premios literarios…



ARGENIS RODRÍGUEZ..


Es claro que los premios literarios se han desprestigiado a niveles vergonzosos. Para obtener un premio no se necesita que la obra se presente a un concurso, sea buena, sino que participante sea amigo de los miembros del jurado. El único que verdaderamente premia las obras de arte es el tiempo. El tiempo es el que dice en definitiva si una obra vale o no.


Son muchas las obras premiadas en el pasado que hoy no le dicen nada a nadie. Y más aquí en Venezuela que, como se sabe, primero los interesados en premiar se ponen de acuerdo en qué obra se debe premiar, y luego se busca a unos sujetos que llaman jurado para que premien la obra (o la persona) escogida.


Recuerdo que una vez envié una novelita a un concurso nacional de prosa y le pregunté a uno de los miembros del jurado que si la habían leído y me respondió:


¡Ay, mi hijo, se han mandado tantas obras que no hay tiempo para leerlas todas!

AUGUSTO MIJARES


¿Qué dicen ustedes? ¿Cómo puede un hombre sopesar el valor de varias obras si no las lee todas? De lo que se piensa que ni siquiera leyó la obra que se le impuso premiar. Y para que no crean que lo que digo es mentira pondré aquí el nombre de tan bella personalidad: AUGUSTO MIJARES. Lo encontré por esos días en una fiesta del Ministerio de Justicia y me respondió eso cuando le pregunté lo que le pregunté. La verdad que fue mucha necedad mía.


Pero que ya se había señalado, con meses de anticipación, la obra que debía ser premiada. Ese año, la obra premiada fue un libro sobre preceptiva literaria que se llama o se llamaba “LAZO MARTÍ, VIGENCIA EN LA LEJANÍA.



Desde esa vez me hice el propósito de no enviar más mis libros a concurso literario alguno que se imponga en Venezuela. Porque si no es el partido en el poder el que premia, es el grupito, la asociación o los cerveceros tales.

Alberto Arvelo Torrealba (1905-1971), poeta y diplomático venezolano, autor de Florentino y el Diablo, símbolo del llano y la identidad cultural.   Imagen tomada de aquí.


Según veo ahora, muchos escritores están poniendo en práctica el incómodo desoficio de retirar sus libros de sus concursos. Lo que no es ni mala idea. Tal vez esto ayude a sanear ese mal vicio de premiar por interés y no lo que realmente vale. Y lo que realmente vale, como digo, sólo el tiempo lo dictamina.

https://www.ensartaos.com.ve/la-farsa-de-los-premios-literarios/






Santa María de Ipire, 1935- San Juan de los Morros, 2000)

Desde joven, se trasladó a Caracas, donde realizó diversas labores y al par que empezó a mostrar interés por la escritura. Fue miembro del partido comunista de Venezuela. En la década de los 60 se unió a la guerrilla; sin embargo, abandonó la lucha armada, convirtiéndose en crítico de sus dirigentes. Se suicidó en el año 2000.​


Obras: El tumulto (1961); Sin cielo y otros relatos (1962); Entre las breñas (1964); Donde los ríos se bifurcan (1964); La fiesta del Embajador (1968); Bajos del cielo sin tiempo (1970); Memorias (1970); Gritando su agonía (1970); La muerte como un caballo blanco (1971); Los caminos nocturnos (1975); El muchacho, el viejo y la vaca (1976); La ciudad desnuda (1978); El viento y la lluvia (1979, cuentos); La vez que nos perdimos (1979, cuentos); Relajo con energía (1980); La amante del Presidente (1980); El juicio final (1980); El ángel del pozo sin fondo (1984); El vuelo de los gavilanes (1985); Como hierba es el pueblo (1988); Cruz de silencio (1990); Febrero (1990); Poder (1992); La soledad del guerrillero (s.f.); La caída de un presidente (1994); Palabras de mujer (1998).


https://eldienteroto.org/wp49/argenis-rodriguez/




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viernes, 8 de mayo de 2026

El Dantismo literario y la Sociedad del elogio mutuo de Rafael "Victorino" Muñoz


María Lionza cabalgando su danta. Escultura de Alejandro Colina



Estimados Liponautas

Cuando publicamos las entradas Armando Rojas Guardia, novicio, rebelde y beatnick: Los "carnets" de un poeta sin carnet y la Distribución mundial de las visitas que tuvo el blog del Grupo Li Po en el lapso entre 30 de noviembre al 30 diciembre 30 de 2025. En las entradillas, es decir en las introducciones que hacemos algunas veces a las entradas, creamos un término para identificar a una actitud común en el mundo literario y cultural venezolano: El Dantismo Literario, aunque más de uno llegaría a pensar que con esta etiqueta hablábamos de los seguidores de Dante Alighieri, en realidad con este nombre solo identificamos la costumbre de muchos escritores venezolanos en reunirse como una manada de dantas o tapires para sobarse o acariciarse los lomos mutuamente, es decir arrojarse loas mutuas en un entorno como el que padecen todos los venezolanos actualmente. En otras palabras que se dedican a exaltar sus virtudes mientras el gobierno disfruta el destruir y someter al escarnio a la población. En momentos como estos uno se pregunta para que sirven los "intelectuales" en Venezuela. Cuando publicamos esas entradas algunas personas nos dijeron: ¿Y por que no le hacen una entrada aparte al Dantismo Literario?. Hoy le hicimos caso y les presentamos a todos ustedes nuestros queridos lectores la entrada de hoy donde 

Hurgando en la red conseguimos un texto de Rafael Victorino Muñoz que creemos que va en la misma onda de criticar al deporte nacional venezolanos y lo adosamos a esta entrada. Esta entrada no es un texto orgánico sino simplemente un corta y pega de las entradillas de las entradas mencionadas al inicio junto con el texto de Muñoz que servirá de cierre . Por cierto un aspecto que no tocamos es como la entrega de premios en Venezuela es un apartado más en las caraterísticas del Dantismo Literario pero ese apartado sera tocado en otras entradas




 Entrando en el ruedo el deporte nacional de Venezuela, el nunca debidamente ponderado dantismo literario: Yo te publico, tu me publicas, hablamos maravillas mutuas y nos invitamos a festivales o ferias librescas donde nos mostramos cuales héroes homéricos hechos de bits. Estos eventos funcionan como normalizadores de la situación presente de Venezuela ( de manera que ellos esperan que cómodamente olvidemos a los presos políticos, la falta de electricidad, de agua potable, de salud pública, de libertad y de que la gran mayoría venezolana vive en la pobreza) donde se presentan libros publicados en plataformas estadounidenses que tercerizan el trabajo de sus empleados y donde las autoridades universitarias dan la mano a los  opresores locales de turno y cortan cintas de inauguración junto a esos. Más de un lector horrorizado dirá por qué tocamos este tema siendo un blog cultural y nosotros respondemos: Porque la la libertad y la cultura por causa de esas condiciones  están heridas de muerte en Venezuela.


La Casa que acoge a las Sombras. El gobernador Lacava de saco colorado y a un costado la rectora de la UC, Jessy Divo de Romero.

Quizá sea bueno que recordemos que esos bits lo podemos reducir a ceros y unos, una curiosa entidad jánica que mira hacia un pasado y un porvenir que solo toca nuestra realidad muy tangencialmente. Aún no sabemos a que sabe un bit...










En Venezuela el registro histórico en cualquier aspecto siempre es dejado de lado tanto por las individualidades del mundillo cultural, generalmente más abocados a la promoción personal, como por las instituciones culturales en Venezuela. Y mientras tanto nosotros venimos dando nuestro grano de arena cada vez que es posible para favorecer la difusión de la memoria cultural nacional, sin alharaca pero de forma contundente. Con verdadero espíritu crítico y tratando de alejarnos de las reuniones típicas de dantas literarias que suelen abocarse a la periódica labor de rubricarse loas recíprocas y para sobarse los lomos. Creemos que ya hemos ubicado el termino adecuado para denominar esa tierna e inmarcesible actividad criolla: el Dantismo Literario, mote inspirado en el dandismo, aunque se podría reducirse a una sola palabra para aumentar su contundencia verbal y simbólica: Dantismo. 

En Venezuela usualmente labores (recopilación, transcripción y divulgación) como las que nosotros venimos  realizando calladamente se convierten en moneda de cambio para ganar reconocimiento y ser invitados a eventos "culturales" tales como las Ferias del Libro, eventos generalmente patrocinados por el régimen venezolano para dar la sensación de que no pasaba nada en Venezuela. Siempre nos hemos preguntado cual es la pertinencia de estas Ferias en Venezuela, eventos donde los escritores presentan libros impresos en el extranjero (generalmente tercerizando en una plataforma que defiende los derechos fundamentales de los trabajadores como Amazon) porque para la gran mayoría de los escritores es imposible costear una impresión en Venezuela. Y también porque en ningún de estos eventos se menciona la terrible situación en que vivimos los venezolanos. Porque mientras a la mayoría de los venezolanos los machaca una realidad filosa y horadante, muchos escritores sumergen la cabeza en un mundo lleno de virtudes y algunas autoridades universitarias compran apartamentos en Europa y mandan a sus hijos a estudiar en universidades privadas en esa península asiática mientras destruyen las bibliotecas de las universidades que regentan:

 Queremos dejar claro que no criticamos la edición de libros en Venezuela. A pesar de que  el gobierno actual venezolano tiene capacidades asombrosas como:

a) Hacer morir de mengua los pacientes en los hospitales porque entre otras cosas fue incapaz voluntariamente de sostener el sistema de salud convirtiéndose en el privatizador máximo de este rubro.

b) Producir  un inmenso número de presos políticos, como bledo en el campo, que existen en el país.

c) Provocar un soslayamiento intelectual voluntario de una realidad que anula nuestros derechos fundamentales en los trabajadores culturales más diversos. 


d) El empeño de romper records como medida propagandística que no mejoran la realidad de mayoría de la población venezolana. Los venezolanos saben de que tipos de records estamos hablando.

Creemos que los escritores pueden construir su torre de marfil particular que les permita conformar mundos alternos donde su creatividad tenga un libre juego pero eso no los exime de convertirse en voceros críticos de una realidad asfixiante que machaca a los venezolanos. Sabemos que nuestra postura ha tenido consecuencias para nosotros en el mundillo cultural venezolano que el mejor de los casos, obviaremos los peores, se ha manifestado como el distanciamiento de entes privados o de individuos manteniéndose con una vinculación que podría llamarse "políticamente correcta". Pero de lo que nunca nos podrán acusar de que hemos sidos zalameros del régimen o de sus extensiones que en Venezuela suelen llamarse enchufados.

Como es usual compartiremos esta entrada en Facebook y etiquetaremos a personas relacionadas con el mundo cultural venezolano. Y ustedes mismos, asiduos y queridos lectores, podrán comprobar el grado de complacencia o de contrariedad con lo aquí expresado de muchos personajes culturales o intelectuales de la realidad nacional sólo por el numero de veces que esta entrada sea compartida o comentada en esta plataforma. Y cada uno de ustedes podrán medir directamente en que medida nosotros estamos cerca de describir la verdad circundante que hace tiempo tomó nuestra casa.





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Sociedad del mutuo elogio,
por Victorino Muñoz
December 13, 2024

primer premio Atril press


“Es el sempiterno principio de la rosca: beneficios disponibles solo para amigos y familiares…”
Hace muchos años, hablando en broma y en serio con una querida amiga, decíamos que íbamos a inventar la sociedad del mutuo elogio; aunque ella prefería la denominación “sociedad de la mutua sobadera de barriga”.

Se trataba de un grupo o cenáculo que formaríamos ella, yo y algunos agregados más. Nos dedicaríamos a escribir elogios los unos de los otros, los cuales publicaríamos en revistas creadas por nosotros; también convocaríamos a concursos y por supuesto los premios serían para los miembros de nuestro selecto grupo.

Pero con el tiempo me he dado cuenta de que la gran mayoría de organizaciones funciona más o menos así, casi sin excepciones. La mejor prueba son los Oscars, que se los dan entre ellos mismos. Si bien la producción en el mundo es de 100 películas no norteamericanas por cada una de esa nación, los Oscars son todos para los gringos, menos el que es para película extranjera.

Los Nobel de literatura, ya saqué la cuenta y lo escribí en otra ocasión, son en su mayoría europeos o norteamericanos, franco o angloparlantes. Y aunque la tercera parte del mundo vive entre China e India, hasta ahora llevan un premio Nobel cada una de estas naciones. (Hay otro escritor, pero curiosamente está nacionalizado francés).

La avalancha de concursos que hay en España es el mejor (o peor) ejemplo en este sentido. Hacen convocatorias abiertas para todos los hispanohablantes y reciben manuscritos de diferentes partes del mundo.

Sin embargo, siempre gana alguien nacido en España (los jurados también suelen ser de la península). A veces dan un premio a un hispanoamericano, para despistar y para que las grandes editoriales sigan vendiendo sus libros en nuestro continente.

Es el sempiterno principio de la rosca: beneficios disponibles solo para amigos y familiares, míos o de mis amigos; abstenerse entes ajenos… Esa rosca de la que se habla y que se crítica cuando la vemos aplicada en los ámbitos de la administración pública, es la misma que impera en el mundo de las artes y las letras.

Lo triste es que uno pensaría que, por ser artistas, creadores, pensadores, y trabajar con la materia más sublime (sea lo que sea que eso signifique), todo sería distinto, más correcto, más puro, más moral…

Pero no. Somos iguales o tal vez peores. Cuando se trata de repartir premios, accésits y ediciones, nos olvidamos de lo sublime y nos volvemos humanos, demasiado humanos.




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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox


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