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viernes, 29 de abril de 2022

Lin Yutang: "El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato...".

El placer de la lectura.


Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto de Lin Yutang, sobre la lectura, un escritor que frecuentemente habitaba con frecuencia nuestras bibliotecas. Si nos acompañase en estos momentos seguramente nos diría muchas cosas interesantes sobre la actual esclavitud a la que gustosamente nos sometemos con ese grillete que llamamos smartphone o teléfono "inteligente" .

Disfruten de la entrada.


Atentamente

La gerencia.


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El placer de la lectura.


La lectura, o el goce de los libros, ha sido considerada siempre entre los encantos de una vida culta y es respetada y envidiada por quienes se conceden rara vez ese privilegio. Es fácil comprenderlo cuando comparamos la diferencia entre la vida de un hombre que no lee y la de uno que lee. El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato, con respecto al tiempo y al espacio. Su vida cae en una rutina fija; está limitado al contacto y la conversación con unos pocos amigos y conocidos, y sólo ve lo que ocurre en su vecindad inmediata. No hay forma de escapar de esa prisión. Pero en cuanto toma en sus manos un libro entra en un mundo diferente, y si el libro es bueno se ve inmediatamente en contacto con uno de los mejores conversadores del mundo. Este conversador lo conduce y lo transporta a un país diferente o una época diferente, o descarga en él algunos de sus pesares personales, o discute con él una forma especial o un aspecto de la vida de que el lector nada sabe. Un autor antiguo le pone en comunión con su espíritu muerto largo tiempo ha, y a medida que lee comienza a imaginar qué parecería ese autor antiguo y qué clase de persona sería. Tanto Mencio como Ssema Ch'ien, el más grande historiador chino, han expresado la misma idea. Poder vivir dos horas, sobre doce, en un mundo diferente, y restar los pensamientos al reclamo del presente inmediato es, claro está, un privilegio que deben envidiar las personas que están encerradas en su prisión corporal. Tal cambio de ambiente es en verdad similar a un viaje, en su efecto psicológico.

Sasha Grey leyendo  El elogio a la Locura



La mejor fórmula sobre el objeto de la lectura, a mi juicio, fue dada por Huang Shanku, un poeta Sung y amigo de Su Tungp'o, que dijo: "Un sabio que no ha leído nada durante tres días, siente que su conversación no tiene sabor (que se hace insípida), y su cara se hace odiosa al mirarla (en el espejo)". Lo que quiso decir es que la lectura da al hombre cierto encanto y sabor, que es el objeto de la lectura, y sólo puede llamarse arte a la lectura con este objeto. No se lee "para mejorar el espíritu", porque cuando se comienza a pensar en mejorar el espíritu o la mente, desaparece todo el placer de la lectura. Estas son las personas que se dicen: "Debo leer Shakespeare, y debo leer Sófocles, y debo leer Cervantes, para poder ser un hombre culto". Estoy seguro de que un hombre así no será culto jamás., Una noche se forzará a leer Hamlet de Shakespeare, y saldrá de ello como de un mal sueño, con el único beneficio de poder decir que ha "leído" Hamlet. Todo el que lea un libro con sentido de obligación es porque no comprende el arte de la lectura.

Este tipo de lectura con fines de negocios es igual a la lectura de los archivos y antecedentes, por un político, antes de pronunciar un discurso. Es apenas pedir consejo e información de negocios, y no leer.

Leer para cultivar el encanto personal del aspecto físico y del sabor en la palabra, es pues, según Huang, la única especie de lectura que se puede admitir. Este encanto del aspecto debe ser interpretado, evidentemente, como algo más que la belleza física. Huang no se refiere a la fealdad física en su frase. Hay caras feas que tienen un encanto fascinador y caras hermosas que son insípidas para quien las mira. Entre mis amigos chinos hay uno cuya cabeza tiene forma de una bomba y, sin embargo, verle es siempre un placer. En cuanto al sabor del discurso, todo depende de la forma de leer. Que uno tenga sabor o no cuando habla, depende de su método de lectura. Si un lector obtiene el sabor de los libros, demostrará ese sabor en sus conversaciones, y si tiene sabor en sus conversaciones no podrá menos que tener sabor en lo que escribe.

Por ende, considero el sabor, o el gusto, como la llave de toda lectura. Sigue necesariamente de ello que el gusto es selectivo e individual, como el gusto en la comida. La forma más higiénica de comer, es, al fin y al cabo, la de comer lo que gusta, porque entonces tiene uno seguridad de la digestión. Cuando se lee, como cuando se come, lo que hace bien a uno puede matar a otro.

Por lo tanto, no puede haber libros que uno debe leer. Porque nuestros intereses intelectuales crecen como un árbol o fluyen como un río. Mientras haya savia adecuada ha de crecer de algún modo el árbol, y mientras haya agua del manantial el río seguirá corriendo. Cuando el agua choca con un escollo de granito no hace más que girar a su alrededor; cuando encuentra un valle bajo y placentero se detiene y se extiende por un rato; cuando se encuentra en un hondo estanque de la montaña está contenta de quedar allí; cuando se encuentra en unos rápidos, corre adelante. Así, sin esfuerzo alguno, sin propósito determinado, llegará seguramente un día al mar. No hay en el mundo libros que se deban leer, sino solamente libros que una persona debe leer en cierto momento, en un lugar dado, dentro de circunstancias dadas y en un período dado de su vida.
 

Llego a creer que la lectura, como el matrimonio, está determinada por el destino o autores. Aunque haya cierto libro que todos deben leer, como la Biblia, hay un momento para hacerlo.Cuando los pensamientos y la experiencia de una persona no han llegado a cierto punto para leer una obra maestra, la obra maestra sólo le dejará mal sabor en el paladar. Confucio dijo:"Cuando se tienen cincuenta años se puede leer el libro de los cambios", lo que significa que no se debe leer a los cuarenta y cinco años. El sabor extremadamente suave de las frases del mismo Confucio en las Analectas, y su madura sabiduría, no pueden ser apreciados hasta que el lector ha madurado.La lectura, pues, no es un acto simple; tiene dos caras: el autor y el lector. La ganancia neta proviene tanto de la contribución del lector, por medio de su propia visión íntima y su experiencia, como del autor mismo. Con respecto a las Analectas de Confucio, el confucianista Ch'eng Yich'uan, de la época de Sung, dijo: "Hay lectores y lectores. Algunos leen las Analectas y sienten que nada ha ocurrido; a algunos nos complace uno o dos renglones, y otros comienzan a sacudir las manos y a danzar inconscientemente." Considero que el descubrimiento del autor favorito es para cada uno el acontecimiento más crítico en el desarrollo intelectual.
Hay algo que se llama afinidad de espíritus, y entre los autores de los tiempos antiguos y modernos debe tratar uno de encontrar a aquel cuyo espíritu sea semejante al suyo. Sólo de esta manera se puede obtener algo realmente bueno de la lectura, Hay que ser independiente y buscar a los maestros. Nadie puede decir quién será el autor favorito de cada uno; quizá no lo pueda decir el mismo lector. Es como el amor a primera vista. No se puede decir al lector que ame a este o aquel autor; pero cuando ha encontrado el autor que ama, lo sabe por una especie de instinto. Conocemos casos famosos de descubrimientos de autores. Hay sabios que han vivido en edades diferentes, separados por muchos siglos, pero con modos de pensar y de sentir tan semejantes que al reunirse en las páginas de un libro parecían ser una sola persona que encontraba su propia imagen. En la fraseología china decimos de estos espíritus semejantes que son reencarnaciones de la misma alma, como se decía de Su Tungp'o que era una reencarnación de Tschuangtsé o de T'ao Yuanming1, y de Yuan Chunglang, que era una reencarnación de Su Tungp'o dijo que cuando por primera vez leyó a Tschuangtsé tuvo la sensación de que desde la niñez había estado pensando las mismas cosas y asumiendo los mismos puntos de vista. Cuando Yuan Chunglang descubrió una noche a Hsu Wench'ang, un autor contemporáneo a quien no conocía, en un librito de poemas, saltó de la cama y llamó a gritos a su amigo, y su amigo empezó a leer y gritó a su vez, y luego ambos leyeron y gritaron de tal modo que el sirviente quedó muy intrigado. George Eliot dice que su primera lectura de Rousseau fue un choque eléctrico. Nietzsche sintió lo mismo acerca de Schopenhauer, pero Schopenhauer era un maestro enojadizo y Nietzsche un discípulo de mal talante, y era natural que el alumno se rebelara más adelante contra el maestro.

Tal concepto del arte de leer destruye por completo la idea de la lectura como deber y obligación. En China, se alienta a menudo a los estudiantes a que "estudien amargamente". Hubo un famoso sabio que estudiaba amargamente y quien se clavaba un punzón en la pantorrilla cuando se dormía de noche mientras estudiaba, Hubo otro que hacía que una sirvienta estuviera a su lado mientras él estudiaba, de noche, para despertarle cada vez que se dormía. Esto es una insensatez. Si alguien tiene un libro ante los ojos y queda dormido mientras un sabio autor antiguo le está hablando, hace bien en irse a la cama. Ni el pinchazo de un punzón en la pantorrilla ni las sacudidas de la sirvienta le harán bien alguno. Un hombre así ha perdido todo sentido del placer de la lectura. Los sabios que valen algo no saben qué quiere decir "estudiar con empeño". Aman los libros y los leen porque no pueden evitarlo, nada más.

¿Qué es, pues, el verdadero arte de la lectura? La respuesta, muy sencilla, consiste en tomar un libro y leer cuando se tiene ánimo. Para gozarla cabalmente, la lectura debe ser del todo espontánea. Toma uno un volumen de Lisao o de Omar Khayyam, y se va de la mano de su amor a leer a la orilla de un río. Si hay buenas nubes en el cielo, se puede leer las nubes y olvidar los libros, o leer los libros y las nubes a la vez. A ratos, una buena pipa o una buena taza de té hace el momento más perfecto. O acaso en una noche nevosa, sentado ante el fuego, cuando canta una marmita de agua en el hogar y hay una buena bolsa de tabaco al alcance de la mano, uno reúne diez o doce libros de filosofía, economía, poesía, biografía, y los apila en el diván, y después, holgazanamente, los hojea y se enfrasca suavemente en aquel que más atrae su atención en ese momento. 


Chin Shengt'an considera que uno de los más grandes placeres de la vida es leer un libro prohibido tras puertas cerradas y en una noche de nieve. El ánimo para leer ha sido perfectamente descrito por Ch'en Chiju (Meikug): 

"La gente antigua llamaba `volúmenes suaves' a los libros y pinturas; por lo tanto, el mejor estilo para leer un libro o abrir un álbum es el estilo holgazán! Con este ánimo, se tiene paciencia para todo." Ya lo dice el mismo autor: "El verdadero maestro tolera errores de impresión cuando lee historia, tal como un buen viajero tolera los malos caminos al trepar una montaña, o quien va a contemplar la nieve tolera un puente muy frágil, o quien elige vivir en el campo tolera la gente vulgar, o quien se decida a mirar las flores tolera el mal vino."

La mejor descripción del placer de la lectura la he encontrado en la autobiografía de la más grande poetisa de China, Li Chi'ingchao (Yi-an, 1081-1141). Ella y su marido solían ir al templo, donde se vendían libros de segunda mano y copias de inscripciones en piedra, el día que él recibía su estipendio mensual como estudiante en la Academia Imperial. Entonces compraba un poco de fruta, al regreso, y una vez en casa empezaban a pelar la fruta, y a examinar juntos las otras compras, o a beber té y comparar las variaciones en ediciones diferentes.

En su esbozo autobiográfico conocido como Posdata de Chinshihlu (libro sobre inscripciones en bronce y en piedra), la poetisa dice:

"Yo tengo mucha memoria y, sentados a solas después de comer en el Salón del Regreso a Casa, solíamos hacer un pote de té y, señalando a las pilas de libros en los estantes, decíamos en qué línea de qué página de qué volumen de cierta obra se presentaba un pasaje determinado, para ver quién acertaba, y el que ganaba tenía el privilegio de beber primero su taza de té.

 Cuando uno de los dos adivinaba, alzábamos muy alto la taza y rompíamos en carcajadas, tanto que a veces se derramaba el té sobre nuestros vestidos y no lo podíamos beber. ¡Qué contentos estábamos de vivir y envejecer en un mundo así! Por eso teníamos alta la cabeza, aunque vivíamos en la pobreza y el pesar... Con el tiempo nuestra colección aumentó, y los libros y objetos de arte se apilaron en mesas y escritorios y camas, y los gozábamos con los ojos y con la mente, y proyectábamos y discutíamos sobre ello, saboreando una felicidad muy superior a quienes gozan de los perros y los caballos y la música y las danzas..."

Li escribió esto en sus últimos años, muerto ya su marido, cuando era una anciana solitaria que huía de un lugar a otro, durante la invasión del Norte de China por las tribus Chin



Tomado de la Revista de Artes


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Y TRES POEMAS MÁS DEL POETA CHINO LI PO DE LA DINASTÍA TANG .

Traducción de Luis Gregorich.


lunes, 3 de diciembre de 2012

La casa en Taiwan de Lin Yutang, el hombre que acercó China al Occidente





El entorno espacial cotidiano y las emociones que retroalimenta...


Spinoza decía sencillamente que un entorno agradable y armonioso -tanto físico como emocional- constibuye a la alegría.

Baruch Spinoza


La medicina Ayurveda considera fundamental un ambiente limpio, luminoso y en contacto con la Naturaleza para equilibrar las doshas.


Los orientales nos han precedido sabiamente reconociendo su importancia.


Esta hermosa nota sobre la casa del escritor chino Lin Yutang en Taiwan es una muestra de los vínculos que se pueden establecer entre un entorno elegido y las condiciones de productividad del escritor. Quizás también remita a la fuente de su escritura (spinozianamenrte alegre), y que me atrajo apenas empezé a leerla.

5 de diciembre de 2014

 Vivina Salvetti

 

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La residencia de Lin Yutang refleja la grandeza y la popularidad 

 

Una visita a la casa del hombre que con su ingenio acercó China al Occidente

Por Matthew Robertson – La Gran Época

 
Mie, 14 Ene 2009 

TAIPEI - Cualquier persona que hable mandarín acabará utilizando al menos una de las palabras inventadas por el gigante de la cultura, Lin Yutang. En la casa de la montaña, se pueden ver aspectos que dan juego a revelaciones interiores de la vida del hombre que se dice que ha hecho más que nadie para acercar China a Occidente.


Al ser de diseño propio, la casa es una agradable mezcla de arquitectura china y española, con un patio de columnas de estilo español y un estanque de estilo chino compuesto de piedras y bambú. Se dice que Lin fue muy cuidadoso en la disposición y colocación de las rocas, bambúes, helechos y peces, y que a menudo, pasaba horas en el estanque mirándolo y reflexionando. La casa está ubicada cerca de la montaña Yangming, una reserva natural en las afueras de la ciudad de Taipei. Actualmente, se encuentra allí su tumba debajo del balcón de su antiguo salón convertido ahora en una Cafetería.





Numerosos visitantes, tanto locales como extranjeros, se pasean ahora por la antigua casa que se sigue manteniendo intacta como hace treinta años. El jardinero, Wang Jinmu, ya cumplió los 72 y al igual que entonces, continúa trepando los árboles y cortando las ramas rebeldes. Su afición al tabaco también ha perdurado en el tiempo; Lin, se sentiría satisfecho al verlo.



Lin fue un infame e inveterado consumidor de tabaco, hasta su muerte. En la casa hay detalles que inmediatamente hacen percatar al visitante del hábito de fumar de Lin. Así por ejemplo, en la habitación sólo hay una cama individual. En sus últimos años, él y su esposa dormían separados pero no porque hubiera una discordia matrimonial, sino por el insaciable apetito de Lin por la nicotina, y su abrupta manera de despertarse a medianoche y tomar un lápiz y una libreta y apuntar sus pensamientos o bromas, mientras echaba bocanadas a una pesada pipa.




En el cuarto de estar, se pueden ver las reliquias de su hábito a través de una vitrina donde se expone su recolección de latas de tabaco y ceniceros. En su escritorio, el cenicero ocupa un lugar destacado, que más tarde, también lo utilizaría para los cacahuetes, dulces y carne seca. Se dice, que a menudo se reclinaba en su silla de cuero, abría el segundo cajón de su escritorio y ponía allí sus pies para descansar, mientras se comía un dulce o saboreaba el humo de su tabaco, contemplando así nuevas ideas para sus libros o invenciones.


Aunque menos conocido esto último, sus invenciones, en particular la máquina de escribir china, tuvieron un gran impacto en su vida. Vitrinas en su estudio muestran imágenes, giros, recortes de periódicos y un modelo de esta invención.



Su idea de la máquina de escribir obsesionó a Lin durante décadas. Se encontró casi en bancarrota después de haber invertido más de $100.000 e incontables horas en el proyecto; el orador terminó finalmente su obra en 1946. Para llevarlo a cabo, Lin tuvo que inventar una forma completamente nueva de la categorización de los caracteres chinos, para realizar una máquina de escribir con el método tradicional de la utilización de cualquiera de los “radicales” (pequeños componentes que forman los caracteres), o trazo, hubiera sido imposible.




Al final, la patente nunca fue sometida a la producción comercial. Su culminación llegó en plena guerra civil china y eran tiempos de incertidumbre que dificultaban e impedían encontrar un mercado para la invención. 

Una anécdota con su hijo resume el enfoque de Lin sobre el proyecto. Ellos estaban sentados en un taxi y Lin jugaba con una maqueta de cartón del teclado. Comentó que el quid del problema estaba allí, y que los problemas técnicos eran en gran parte insignificantes. Su hijo le preguntó si al final había alguna necesidad de pasar por tantos problemas en la construcción del modelo. Después de una pausa, Lin susurró de nuevo, "Supongo que podría haber... pero no me puedo contener a mí mismo. Tengo que hacer una verdadera máquina de escribir. Nunca soñé que costaría tanto”.


Si bien la búsqueda tenaz de su máquina de escribir era una de las más conocidas excentricidades de Lin, no era en sí la única. En la esquina de la habitación cuelga un traje chino de una sola pieza hecho a mano, donde cuelga una nota que dice: "El atuendo preferido del maestro era el largo vestido chino con un par de zapatos de cuero estilo occidental. No le gustaban los trajes occidentales, que a su juicio eran incómodos e inhumanos”.



Profundamente en deuda después del proyecto de la máquina de escribir, Lin y su esposa emigraron a Francia, donde escribió una vez más para sobrevivir. A lo largo de los treinta años de carrera como escritor, Lin publicó decenas de libros; varios de ellos pasaron a engrosar directamente las listas de best-seller de la prensa occidental. Innumerables lectores se han deleitado con sus escritos y han aprendido no sólo acerca de la psicología china, sino también, de la filosofía y el estilo de vida, con reflexiones sobre su amplia experiencia en el Occidente.



Chen Yi-yen, actual representante de la Colección en la Casa de Lin Yutang, en una entrevista telefónica con La Gran Época, explicó algunos aspectos del carácter de Lin: "Su inglés es claro, lúdico y humorístico. Sus trabajos son excelentes para que la gente de Taiwán pueda estudiar inglés, porque su inglés es excelente, su significado es siempre claro, y los lectores no se encontrarán con dificultades de comprensión. Lin Yutang, no sólo fue un escritor, sino también filósofo, artista, lingüista e inventor. La humildad era un rasgo de su personalidad. Como cristiano, Lin solía decir: "Si hay algo en el mundo humano a lo que debemos dar especial atención, no es a la religión, ni al aprendizaje, sino a la comida!". Esta simple mezcla de ingenio y de filosofía, dice Chen, es un ejemplo clásico del carácter de Lin Yutang.



En el caso de que esto traiga una sonrisa a su cara, piense en la palabra china para el humor, la transliteración de Lin pronunciado you mo (幽默), la que aún se utiliza hoy en día. 


 Tomado de La Gran Época.



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Vivina Perla Salvetti, es antropóloga sociocultural con interés en ciencias cognitivas. Nació en la isla de Margarita en Venezuela y aunque hace años que vive en la Argentina su corazón pertenece a la patria de su infancia.

Su blog es Fronteras de la Antropología



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lunes, 15 de octubre de 2012

"El mandarín perdido" por Lin Yutang



Mandarín de la  dinastía Qing , la ultima de China.Tomada de wikipedia


El mandarín perdido 



   
Lin Yutang fue un ensayista, novelista y traductor chino. Su escritura ensayística se caracterizaba por un estilo suelto, irónico y refinado. Presentamos un fragmento de la colección Amor e ironía, donde lamenta la desaparición del antiguo mandarín.

Lin Yutang


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Una de las mayores calamidades de la República China, es la desaparición del antiguo mandarín. He estado buscando especímenes de ese caballero entre las ruinas actuales del Imperio Manchú. Pues es, creo, uno de los frutos más delicados de la cultura china. 

Les retamos a conseguir el sombrero de este mandarín.

Es, quizás, tan vano intentar definir al mandarín, como lo es intentar definir al caballero. Está ahí, como un hecho incontrovertible del universo, provocando y desafiando constantemente una definición. Pero se conoce al mandarín cuando se le oye hablar, como se puede señalar a un caballero según la forma en que está partido su cabello. En el caballero, hay algo en la resonancia de su voz y el porte de sus hombros, que alegra y excita el corazón femenino. ¡Y a cuántos extranjeros encantó la barba de Li Hugchang, o los de Yuanshikai! ¡Cuántos lamentan que tales seres ya no existan! 

Lin Yutang

A fin de conocer a un verdadero mandarín bastaba oirle hablar. Por supuesto, hablaba mandarín. Hubo un tiempo en que hablar mandarín era un arte, un arte de que podía gozarse por sí mismo y que cultivar a la perfección insumía la mitad de una vida. No es que todo fuese cuestión de acento como el balbuceo de Oxford, que cualquier chico medianamente inteligente puede adquirir en tres meses. Es verdad que el acento representaba un papel importante. En algún lugar de mi memoria oigo la voz profunda, resonante, de su lenguaje, el ritmo bellamente ondulante de su acento pekinés*, puntuado por risas bien acompasadas e igualmente rítmicas. ¡Daría la vida por escuchar de nuevo tan perfecto discurso mandarín! Porque los mandarines robaban al pueblo, lo hacían agradable y pulidamente, y hacían que todo el procedimiento pareciese agradable y refinado tanto para la víctima como para ellos. Ahora, las cosas son diferentes. Nuestros funcionarios modernos saben solo mentir, y mentir del modo más grosero, impúdico, incompetente e inmoral. Si debemos ser despojados, al menos que se nos haga posible el disfrutar de ello. Pero ni siquiera podemos lograr eso. Por eso es una calamidad tan grande la desaparición del mandarín (...)

Astérisco: Lenguaje elevado que hablaba la corte de Pekín.



Amor e ironía
Lin Yutang
Buenos Aires: Biblioteca Nueva
1943, 333 páginas


Tomado de  La Gran Garabaña.



domingo, 12 de agosto de 2012

CÓMO CELEBRÉ EL FIN DE AÑO LUNAR

por Lin Yutang




Estimados amigos

Hoy compartimos con ustedes este bello texto del escritor chino Lin Yutang, con seguridad el autor que logró mas por el acercamiento entre el Occidente y China. Durante muchísimo tiempo fue muy común hallar las obras de Lin Yutang en las casas de nuestro país. Pero con el pasar del tiempo muchos de esos libros fueron olvidados o desplazados por literatura más de moda. Sin embargo la dulzura de la prosa de Lin Yutang permanece y el tiempo no hace mas que mejorarla.

Deseamos disfruten de la entrada.




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CÓMO CELEBRÉ EL FIN DE AÑO LUNAR

 

 

A  consecuencia de la revolución de Xinhai en 1911, que provocó la abdicación del último emperador, Puyi, y condujo a la proclamación de la República de China al año siguiente, muchas cosas empezaron a cambiar en la vida de los chinos. Una de ellas fue que se abolió el calendario lunar con semanas de diez días y se implantó el calendario gregoriano occidental. 


Lin Yutang

Lin Yutang (Fujian, 1895 - Taiwan, 1976) fue un prolífico escritor, un gran divulgador de la cultura china en Occidente, traductor de sus clásicos e inventor de un sistema de indexación y romanización del chino, de una máquina de escribir en este idioma y de un cepillo de dientes con dispensador de pasta, entre otras cosas. Probablemente escribió poco después de la abolición del calendario tradicional chino este entrañable artículo costumbrista que posteriormente se recogió en la antología With Love and Irony, publicada en 1940.


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El antiguo Año Nuevo del calendario lunar era la festividad más importante del año para los chinos. En comparación, todas las demás fiestas palidecían como si carecieran por completo del espíritu de la celebración. Durante cinco días la nación entera vestía sus mejores galas, cerraba los negocios, holgazaneaba, jugaba, aporreaba gongs, tiraba petardos, hacía visitas y asistía a representaciones teatrales. Era el gran día de la buena suerte, en el que todo el mundo imaginaba con ilusión un nuevo año, mejor y más próspero; en el que todos añadían con placer un año más a su edad y a nadie faltaba un comentario auspicioso para sus vecinos.



Hasta la criada más humilde tenía derecho a no ser reprendida el día de Año Nuevo; y lo que es más extraño, incluso la más industriosa de las mujeres de China se dedicaba a holgar y a comer pipas de melón y se negaba a lavar o a preparar comida alguna, y ni siquiera consentía tocar un cuchillo de cocina. La justificación de tal ociosidad era que cortar carne el día de Año Nuevo equivalía a cortar la buena suerte; y que verter agua en un fregadero era derramar la buena suerte; y que lavar cualquier cosa era desvaír la buena suerte. En todas las puertas se pegaba rollos rojos con las palabras: Suerte, Felicidad, Paz, Prosperidad, Primavera. Porque era la celebración del regreso de la primavera, de la vida, la fertilidad y la prosperidad.



Y por todas partes, en los patios de las casas y en las calles resonaba el estruendo de petardos y cohetes y el olor del azufre flotaba en el aire. Los padres perdían su dignidad, los abuelos eran más afables que nunca, y los niños tocaban silbatos, se ponían máscaras y jugaban con muñecos de barro. Las mujeres del campo, vestidas con sus mejores atavíos, caminaban varios kilómetros hasta una aldea vecina para asistir a una representación teatral y med1los galanes de pueblo se atrevían a ir más lejos de lo habitual en sus requiebros. Era el día de la emancipación para las mujeres, emancipación de la monotonía de la cocina y la colada. Y si los hombres tenían hambre, podían freír nienkao1- o hacerse un bol de tallarines con salsa preparada, o ir a la cocina y robar un trozo de pollo frío.

El Gobierno Nacional de China ha abolido oficialmente el Año Nuevo lunar, pero el Año Nuevo lunar sigue con nosotros, y se niega a ser abolido.

Yo soy ultramoderno. Nadie podrá acusarme de ser conservador. No solo estoy a favor del calendario gregoriano, sino que incluso soy partidario del calendario de trece meses, en el que todos los meses tienen exactamente cuatro semanas o veintiocho días. En otras palabras, soy muy científico en mis puntos de vista y muy lógico en mis razonamientos. Y fue este orgullo científico mío el que resultó malherido con el rotundo fracaso de mi celebración del Año Nuevo oficial, como cualquiera que haya pretendido celebrarlo con auténtico sentimiento habrá descubierto por sí mismo.

Yo no quería el Viejo Año Nuevo. Pero el Viejo Año Nuevo vino. Vino el cuatro de febrero. Mi gran Mente Científica me dijo que no hiciera caso al Viejo Año Nuevo, y yo le prometí que no se lo haría.

—No voy a defraudarte —le dije, con más buena voluntad que convencimiento.

Porque ya había sentido el rumor de la proximidad del Viejo Año Nuevo desde principios de enero, cuando una mañana me sirvieron como desayuno un bol de lapacho, o congee2- con semillas de loto y ojo de dragón3, que repentinamente me recordó que era el octavo día del doceavo mes. Una semana después, mi criado vino a pedirme que le adelantara la paga extra, que le correspondía cobrar el día de fin de año. Me pidió la tarde libre y me enseñó el paquete con el corte de paño azul que iba a enviar a su esposa. Los días primero y segundo de febrero tuve que dar aguinaldo al cartero, al lechero, al cochero, a los repartidores de las editoriales, etcétera. Desde el principio supe lo que se avecinaba.

Llegó el tres de febrero. Con todo me dije, "No voy a celebrar el Viejo Año Nuevo". Aquella misma mañana, mi esposa me dijo que me cambiara de ropa interior.

—¿Para qué? —le pregunté.

Chouma te va a lavar hoy la ropa interior. No va a lavar mañana, ni pasado mañana, ni al otro.

Siendo humano, no pude negarme. Y ese fue el principio de mi caída. Después del desayuno mi familia iba a ir al banco, ya que se había desatado un leve pánico bancario, a pesar de que según la orden ministerial el Viejo Año Nuevo no existía.

Yutang —me dijo mi esposa—, vamos a alquilar un coche. Podrías venir con nosotros y cortarte el pelo.

No me apetecía cortarme el pelo, pero el coche era una gran tentación. Nunca me ha gustado hacer el tonto en los bancos, pero me encantan los coches. Pensé que podía aprovechar para ir al mercado del Templo de los Dioses y ver qué podía comprar para los niños. Sabía que en esta época habría faroles, y quería que mi hija pequeña viera cómo eran los faroles giratorios. 

med2En primer lugar, no debería haber ido al mercado del Templo de los Dioses. Cuando te metes allí en esta época del año ya sabes lo que va a pasar. En el camino de vuelta a casa me di cuenta de que no solo llevaba faroles giratorios y faroles con forma de conejo y varios paquetes de juguetes chinos, sino también varias ramas con flores de ciruelo. Al llegar a casa me encontré con que alguien de mi tierra natal me había llevado una maceta de narcisos, los narcisos por los que era famosa en todo el país mi tierra natal y que tan esplendorosamente florecían y tan sutilmente perfumaban los días de Año Nuevo de mi niñez. No podía cerrar los ojos sin que mi infancia reapareciera ante mí con todo detalle. Cada vez que olía los narcisos, mi pensamiento regresaba a los rollos rojos, el banquete de fin de año, los petardos, las velas rojas y las naranjas de Fukien, las visitas de buena mañana y aquella túnica de satén negro que sólo me permitían ponerme una vez al año.

A la hora del almuerzo, el perfume de los narcisos me hizo pensar en unos budines de arroz con nabo que hacen en Fukien.

—Este año nadie nos ha enviado budines de nabo —dije apenado.

—Es porque no ha venido nadie de Amoy. Si hubieran venido nos los habrían mandado —dijo mi esposa.

—Recuerdo que una vez compré unos budines exactamente iguales en una tienda cantonesa de Wuchang Road. Seguro que puedo volver a encontrarla.

—No lo creo —me desafió mi esposa.

—Pues claro que sí —insistí aceptando el desafío.

A las tres de la tarde estaba en un autobús de vuelta a casa desde North Szechuan Road con una gran cesta de nienkao de un kilo y medio.

A las cinco de la tarde nos comimos los nienkao fritos, y con la sutil fragancia de los narcisos flotando en la habitación, me sentí terriblemente mal, como un pecador.

—No voy a celebrar el fin de año —dije con firmeza—. Esta noche pienso ir a ver una película.

—¿Cómo vas a irte? —me reconvino mi esposa—. Hemos invitado al señor Ts___ a cenar esta noche.

Todo iba de mal en peor. A las cinco y media mi hija menor apareció con su nuevo vestido rojo.

—¿Quién le ha puesto el vestido nuevo? —exclamé, visiblemente alterado pero guardando a duras penas la compostura.

—Ha sido Huangma —fue la respuesta.

A las seis de la tarde encontré velas rojas encendidas sobre la repisa de la chimenea, y sus vibrantes llamas proyectaban un irónico resplandor triunfal sobre mi Conciencia Científica. Mi Conciencia Científica, por cierto, estaba ya muy baja, y cada vez parecía más vaga e irreal.

—¿Quién ha encendido las velas? —pregunté en tono desafiante.

—Ha sido Chouma —fue la respuesta.

—¿Y quién ha comprado las velas? —exigí saber.

—Vamos, las has comprado tú esta mañana.

—Oh, ¿de verdad?

No podía haber sido mi Conciencia Científica. Tenía que haber sido mi Otra Conciencia.



Mi expresión debió ser bastante ridícula, y no tanto por haber olvidado lo que había hecho aquella misma mañana como por el conflicto que enfrentaba a mi cabeza y mi corazón en aquel momento. Pero no tardó en sacarme de mi conflicto mental el estruendo de los petardos que resonaban en el vecindario. Uno a uno, aquellos estampidos fueron asentándose en mi conciencia más profunda, pues tienen la cualidad de hacer vibrar el corazón de un chino como ningún europeo imagina. El desafío de mi vecino del este fue aceptado por mi vecino del oeste, creciendo hasta convertirse en una descarga cerrada de fusilería.

No iba a permitir que mis vecinos me avasallaran. Sacando un billete le dije a mi chico:

-Ah Ching, toma esto y ve a comprarme unos petardos cielo y tierra y unas cuantas tracas, tan grandes y ruidosas como sea posible. ¡Recuerda, cuanto más grandes y ruidosas, mejor!

En medio del estruendo de los petardos me senté a la mesa para la cena de fin de año. Y a mi pesar, me sentí muy feliz.


Lin Yutang

Caligrafías de Año Nuevo de Xu Guoliang (estilo Kaishu):

"Cuando canta el gallo dorado el alba es hermosa.
Y cuando resuenan los petardos,
el sabor de la primavera se hace aún más intenso".

Traducción del inglés de Luis Soldevila


NOTAS:
1) Nienkao. Pastelillos de arroz que se preparan por Año Nuevo.
2) Congee. Sopa espesa de arroz similar a las gachas.
3) "Ojo de dragón", o longan, fruto de un árbol tropical del sur de China, parecido al lichi.





Amor e ironía
Lin Yutang
Buenos Aires: Biblioteca Nueva
1943, 333 páginas


 Tomado de Tai Chi Chuan


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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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13/03/2026