lunes, 15 de octubre de 2012

"El mandarín perdido" por Lin Yutang



Mandarín de la  dinastía Qing , la ultima de China.Tomada de wikipedia


El mandarín perdido 



   
Lin Yutang fue un ensayista, novelista y traductor chino. Su escritura ensayística se caracterizaba por un estilo suelto, irónico y refinado. Presentamos un fragmento de la colección Amor e ironía, donde lamenta la desaparición del antiguo mandarín.

Lin Yutang
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Una de las mayores calamidades de la República China, es la desaparición del antiguo mandarín. He estado buscando especímenes de ese caballero entre las ruinas actuales del Imperio Manchú. Pues es, creo, uno de los frutos más delicados de la cultura china. 

Les retamos a conseguir el sombrero de este mandarín.

Es, quizás, tan vano intentar definir al mandarín, como lo es intentar definir al caballero. Está ahí, como un hecho incontrovertible del universo, provocando y desafiando constantemente una definición. Pero se conoce al mandarín cuando se le oye hablar, como se puede señalar a un caballero según la forma en que está partido su cabello. En el caballero, hay algo en la resonancia de su voz y el porte de sus hombros, que alegra y excita el corazón femenino. ¡Y a cuántos extranjeros encantó la barba de Li Hugchang, o los de Yuanshikai! ¡Cuántos lamentan que tales seres ya no existan! 

Lin Yutang

A fin de conocer a un verdadero mandarín bastaba oirle hablar. Por supuesto, hablaba mandarín. Hubo un tiempo en que hablar mandarín era un arte, un arte de que podía gozarse por sí mismo y que cultivar a la perfección insumía la mitad de una vida. No es que todo fuese cuestión de acento como el balbuceo de Oxford, que cualquier chico medianamente inteligente puede adquirir en tres meses. Es verdad que el acento representaba un papel importante. En algún lugar de mi memoria oigo la voz profunda, resonante, de su lenguaje, el ritmo bellamente ondulante de su acento pekinés*, puntuado por risas bien acompasadas e igualmente rítmicas. ¡Daría la vida por escuchar de nuevo tan perfecto discurso mandarín! Porque los mandarines robaban al pueblo, lo hacían agradable y pulidamente, y hacían que todo el procedimiento pareciese agradable y refinado tanto para la víctima como para ellos. Ahora, las cosas son diferentes. Nuestros funcionarios modernos saben solo mentir, y mentir del modo más grosero, impúdico, incompetente e inmoral. Si debemos ser despojados, al menos que se nos haga posible el disfrutar de ello. Pero ni siquiera podemos lograr eso. Por eso es una calamidad tan grande la desaparición del mandarín (...)

Astérisco: Lenguaje elevado que hablaba la corte de Pekín.



Amor e ironía
Lin Yutang
Buenos Aires: Biblioteca Nueva
1943, 333 páginas


Tomado de  La Gran Garabaña.




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