Mostrando entradas con la etiqueta Octavio Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Octavio Paz. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de noviembre de 2025

El Surrealismo de Remedios Varo contra el paludismo en Venezuela

 



Estimados Liponautas


Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto hecho por el escritor venezolano José Pulido, acerca de la pintora surrealista Remedios Varo, su estadía en Venezuela y su participación en el Instituto de Malariología regentado por el legendario Arnoldo Gabaldón


Con anterioridad en este blog publicamos Remedios Varo, Pedro Berroeta y las fuentes del Orinoco.


El escrito de José Pulido fue tomado de la página Crear en Salamanca y como es la norma en este espacio fue mejorado, en el aspecto del montaje y en la contextualización del contenido. Aspectos que en la mayoría de las páginas culturales venezolanas no le dan el peso que le corresponde debido a que  no entienden que existen en un entorno digital. No son más que ladrillos digitales que no dejan de ser pesadamente contundentes a pesar de su naturaleza virtual. Por eso decimos, tomando en cuenta las limitaciones que poseemos, que somos la página cultural más atractiva y debidamente contextualizada en el mundo digital venezolano.

Para cerrar la entrada insertamos el poema "Metamorfosis de la hechicera" de la escritora mexicana Rosario Castellanos, un texto que la poetisa escribió y dedicó a Remedios Varo, al enterarse de su muerte en 1963.

Esperemos disfruten de la entrada



Atentamente



La Gerencia.



*******




Apariciones y desapariciones de Remedios Varo



Por Octavio Paz


Con la misma violencia invisible del viento al dispersar las nubes pero con mayor delicadeza, como si pintase con la mirada y no con las manos, Remedios despeja la tela y sobre su superficie transparente acumula claridades.


En su lucha con la realidad, algunos pintores la violan o la cubren de signos, la hacen estallar o la entierran, la desuellan, la adoran o la niegan. Remedios la volatiliza: por su cuerpo ya no circula sangre sino luz.


Pinta lentamente las rápidas apariciones.


Las apariencias son las sombras de los arquetipos: Remedios no inventa, recuerda. Sólo que esas apariencias no se parecen a nada ni a nadie.


Navegaciones en el interior de una piedra preciosa.


Pintura especulativa, pintura espejeante: no el mundo al revés, el revés del mundo.


El arte de la levitación: pérdida de la gravedad, pérdida de la seriedad. Remedios ríe, pero su risa resuena en otro mundo.


El espacio no es una extensión sino el imán de las Apariciones.


Cabellos de la mujer ––cuerdas del harpa–– cabellos del sol –– cuerdas de la guitarra. El mundo visto como música: oíd las líneas de Remedios.


El tema secreto de su obra: la consonancia ––la paridad perdida.


Pinta, en la Aparición, la Desaparición.


Raíces, follajes, rayos astrales, cabellos, pelos de la barba, espirales del sonido: hilos de muerte, hilos de vida, hilos de tiempo. La trama se teje y desteje: irreal lo que llamamos vida, irreal lo que llamamos muerte ––sólo es real la tela.


Remedios antiparca.


Máquinas de la fantasía contra el furor mecánico, la fantasía maquinal.


No pinta el tiempo sino los instantes en que el tiempo reposa.


En su mundo de relojes parados oímos el fluir de las sustancias, la circulación de la sombra y la luz: el tiempo madura.


Nos sorprende porque pinta sorprendida.


Las formas buscan su forma, la forma busca su disolución.


—Extraído de Corriente alterna, Ciudad de México: Siglo XXI Editores, 1967.



LA BELLA REMEDIOS ESTUVO AQUÍ Y NO LA VIMOS


 


Aún después de aplastado el mosquito, yo podía describirlo perfectamente.



Cuando era niño de la escuela primaria, uno de mis grandes poderes consistía en detallar un mosquito de manera completa, como si estuviera mirando un elefante. Aplastaba un zancudo en mi brazo o en una pierna, en la pared o en cualquier parte, y esa mancha sangrienta que se convertía en un guiñapo, era fácilmente reconstruida en toda su estructura de mosquito por mi mente.


 

Arnaldo y su hermano José Pulido.



Tal prodigio científico no era una particularidad mía: mis amigos y demás compañeros de escuela podían hacer lo mismo. Y si alguien se hubiese preocupado por descifrar ese fenómeno hoy seríamos más sensibles, más cultos y saludablemente más cercanos al desarrollo del arte y sus peripecias universales.


 

La Despedida (1958)


Es, exactamente, así como lo digo: si una persona o una institución se hubiesen dignado desentrañar lo que verdaderamente ocurría con nosotros, habrían descubierto que no solo parecíamos un país surrealista, sino que lo éramos y estábamos inmersos en el surrealismo nada menos que con sus creadores André Bretón y Benjamín Péret.

 

De izquierda a derecha: Victor Serge, Benjamin Péret, Remedios Varo y André Breton in frente a la Villa Air-Bel (c.1940-41). Imagen tomada de aquí.


Hubieran entendido que ahí mismo, en el Instituto de Malariología (mal aria, dicen los italianos al mal aire), una bella y misteriosa mujer había estado observando a través de un microscopio todos los anopheles que le llevaban y los había dibujado armoniosa y fantásticamente adornados con cada uno de sus detalles de mosquitos hembras que los científicos denominaban Aedes aegypti. Zancudos solazados en láminas y afiches con toda perfección y donosura.

 



Y esa mujer, una pintora llamada Remedios Varo y Uranga, había mostrado sus cuadros en las exposiciones surrealistas de los agonizantes años treinta en París. Los mosquitos que aparecían en las láminas de Malariología en Venezuela eran obra de su talento y su observación. Y en nuestro país realizó unas cuantas piezas hermosas y extrañas.


 

Insomnio. 1947


Los expertos en artes plásticas y demás yerbas afirman que esos trabajos microscópicos retratando el transmisor del paludismo y los dibujos que hizo para la farmacéutica Bayer, influyeron de manera determinante en su obra posterior. Se volvió más concentrada y personal. Inclusive, nosotros, los muchachos de la época en que el paludismo comenzó a ceder ante el DDT y la quinina, no solo sabíamos de zancudos gracias a ella: también nos hicimos fanáticos seguidores de las aspirinas Bayer. Porque vimos las enfermedades y dolencias a través de los ojos de Remedios Varo.


Paludismo

 

Sin saber quién era. Ni siquiera sabíamos que una mujer había pintado esas impresionantes escenas.


 


Esto también forma parte de la clave para comprender por qué dejamos pasar por nuestra casa, sin pena ni gloria, a una artista inolvidable. Sí: han debido averiguar más quien retrató a los mosquitos en toda su poderosa catadura de transmisores del paludismo y husmeando un poco, echarle una ojeada a las ilustraciones que Remedios Varo hizo para Bayer: habrían entendido que el arte también es una poderosa medicina.



Paludismo


 

VINO Y SE FUE


 

Arnoldo Gabaldón



Su hermano Rodrigo formaba parte del equipo especial que había organizado el doctor Arnoldo Gabaldón para combatir la malaria y fue él quien logró que Remedios entrara a realizar trabajos técnicos en el Instituto de Malariología venezolano. La artista estuvo en Venezuela desde 1947 hasta 1949 cuando retornó a México, donde se unió con el austríaco Walter Gruen, quien creía mucho en ella y la apoyó para que se dedicara de lleno a la pintura. Ella lo hizo y se apegó mucho más a su gran amiga Leonora Carrington. Remedios, española, y Leonora, inglesa, hicieron historia en México.

 

Jean Nicolle, Remedios Varo, Norah Horna, José Horna. Foto de Kati Horna, ca. 1949.

Su llegada a Venezuela se debió a que su madre y su hermano Rodrigo se hallaban residenciados en este país, como exiliados del antifranquismo. Rodrigo la entusiasmó con la batalla que libraba Gabaldón contra la malaria. Remedios andaba de amores con el piloto francés Jean Nicolle, quien la acompañó durante un tiempo. Pero ella, de todas maneras, lo abandonó.



Remedios Varo y Jean Nicolle en su exploración en Venezuela, 1949.


 


ANTES DE LLEGAR A VENEZUELA


 


Estando en España, metido en la guerra civil como buen subversivo, el poeta Benjamín Péret le escribió a Bretón diciéndole que se había enamorado. No lo dijo así, pero se dejaba entrever. La muchacha no era otra que Remedios Varo, quien se había fascinado con la inteligencia y la pasión de Péret y no le importaba que sus zapatos y su ropa parecieran las de un hombre en la miseria, porque la situación de España había acabado con cualquier elegancia.




Remedios se fue a París con Péret, atraída por las cosas más anormales del surrealismo, que ya es mucho decir. Ella era un ser humano de particular talento no solo para dibujar o inventar más allá de lo cotidiano: también escribía con la misma imaginación que convertía sus pinturas en una suerte de narración fantástica.

 



El poeta Benjamín Péret influyó en poetas como Octavio Paz y también en algunos integrantes del inimitable movimiento beat. Péret fue el más fiel de los surrealistas, que acompañaron a Bretón.


 

Descubrimiento de un geólogo Mutante (1961)



A Remedios le gustaba del surrealismo la creencia de que solo lo maravilloso es bello. Aupada por Péret y Breton, Remedios Varo entró de lleno al movimiento surrealista parisino en el año 1937, aunque mucho tiempo después ella diría que en realidad participó en algunas de sus exposiciones y eventos pero no se consideró surrealista. Recordando esa etapa de su vida, comentó: “mi posición era la tímida y humilde del oyente, no tenía ni la edad ni el aplomo para enfrentarme a ellos, a un Paul Eluard, un Benjamín Péret, o un André Breton. Yo estaba con la boca abierta dentro de ese grupo de personas brillantes y dotadas”.


La Creación de las Aves (1957)


Cuando pensaba que Francia sería una felicidad, los nazis entraron en París el 14 de junio de 1940, y Remedios se asustó mucho: podía ser deportada a su país en donde el franquismo fusilaba a los opositores independientemente de que fueran surrealistas, comunistas, anarquistas, gitanos o poetas. Péret era comunista, poeta y surrealista. Lo arrestaron y lo recluyeron en una prisión militar, en Rennes. También Remedios fue detenida, pero su encierro se ha mantenido en un limbo oscuro. Solo se sabe que estuvo varios meses presa y cuando salió la ayudó una amiga, Georgette Dupin (hermana de la pintora Alice Rahon), quien la alojó en su casa unas cuantas semanas. Remedios estaba muy traumatizada, según comentó Dupin en alguna ocasión.


 

La villa Air-Bel. Imagen tomada de aquí.


En esos días Remedios Varo viajó al pueblo pesquero llamado Canet-Plage, donde el surrealista Jacques Hérold tenía un refugio. Desde ese lugar pudo viajar hacia Marsella a reunirse con Péret, quien al parecer había salido en libertad sobornando a unos alemanes. En la villa Air-Bel, funcionaba el Comité de Salvamento de Urgencia, puesto en marcha desde Nueva York para salvar la mayor cantidad de intelectuales y artistas de Europa. Allí también estaban, entre otros, André Bretón, Wilfredo Lam, Max Ernst, André Masson, Marcel Duchamp, Peggy Guggenheim y Helena Rubinstein. El 20 de noviembre de 1941 salió de Marsella hacia Veracruz, el trasatlántico portugués Serpa Pinto, que haría escalas breves en Casablanca y La Habana. Allí viajaron con un centenar más de personas, el crítico alemán Paul Westheim, difusor del expresionismo en México y la pareja formada por Péret y Remedios Varo. Sus pasajes fueron un regalo de Peggy Guggenheim por petición de André Bretón y Helena Rubinstein.


 

El trasatlántico portugués Serpa Pinto. Imagen tomada de aquí


Tiempo después Remedios contó en una carta el comienzo de su peripecia: “Una vez que me vi embarcada, respiré, pero el viajecito era de los de órdago también; como el barco llevaba unas cuatro veces más viajeros de los que cabían normalmente, nos aglomeraron en las bodegas. Para qué os voy a contar lo que es estar en una bodega con otras cien personas y con unas temperaturas tropicales, sin contar el mareo, yo no lo pude aguantar y agarré mi colchoneta y me subí a cubierta, donde hice todo el viaje”.


El labrador (1958)


En esa ocasión, Remedios Varo especificó su llegada a México: “Llegué a Veracruz en los huesos y desde allí trepé a la ciudad de México, que está nada menos que a 2.400 metros de altura, y como se te ocurra andar deprisa se te sube el corazón a la garganta”.


Instalación de muestra en el LACMA. ​​Chagall Fantasies for the Stage. Julio 31, 2017–Enero 7, 2018 | Fredrik Nilsen



 


Remedios Varo trabajó con Marc Chagall en el diseño de tocados y sombreros para Aleko, el ballet de Léonid Massine, escenificado en México.


 

José Emilio Pacheco


José Emilio Pacheco escribió sobre el tema: “En los cuarentas, la ciudad de México se convierte en un centro surrealista gracias a la presencia de poetas como Benjamin Péret y César Moro, cineastas como Luis Buñuel, pintores como Leonora Carrington, Remedios Varo y Wolfgang Paalen”. Péret regresó a París en 1947 a continuar con Bretón el movimiento surrealista. Siempre al borde de la miseria, pero con la voluntad de seguir en su lucha que se extendía más allá del arte. Benjamin Péret fue el primer traductor al francés que tuvo la obra Piedra de sol de Octavio Paz. Cuando Péret se hallaba muy enfermo en París, Octavio Paz fue a verlo y a llevarle un dinero que le había enviado Remedios. Paz escribió al respecto esta misiva: “Luego de varios años de ausencia volví a verlo, poco antes de su muerte. Su rostro, marcado por los años, la pobreza y la lucha cotidiana, no había perdido nada de su inocencia. El cansancio y la enfermedad lo habían apagado, pero cuando reía empezaba a resplandecer con toda su antigua luz solar: rostro de poeta, si por poesía se entiende no un talento o una vocación sino una disposición del alma a maravillar y maravillarse”.


Hacia la torre (1960)


SOBRE MUSAS


ELO - I'm Alive (from Xanadu) (1980)

https://m.youtube.com/watch?v=J9YIfEzXSHA

 

Como todos los hombres capaces de apreciar la belleza femenina, los artistas y escritores que se juntaban en el movimiento surrealista consideraban importante festejar y celebrar a la Mujer-Musa. Esa costumbre no solo venía desde las nueve musas de los griegos, que cumplían con sus funciones y ayudaron a su manera, qué duda cabe. Aunque los surrealistas apoyaron la participación de las mujeres en su movimiento, ellas seguían marcadas como fuentes de inspiración.


 

Leonora Carrington, Max Ernst (sentado), André Malraux y Marcel Duchamp, en la casa de la pareja. Francia. Imagen tomada de aquí.


La belleza de las mujeres parecía el único mérito, la única función y el único requisito exigido para hacer acto de presencia. Quizás tal asunto se había originado en el fulano paraíso donde la mujer figuraba en un segundo plano o desde la pelea de las diosas por la manzana de oro, cuando un joven llamado Paris las hizo enfurecer al aceptar la belleza como soborno.  Aunque la verdad sea dicha, las mujeres han destacado en todas las épocas y en cualquier disciplina. Es un poco injusto generalizar las actitudes machistas, porque muchos hombres promovieron y consolidaron el trabajo creador de las mujeres, pero lo cierto es que hubo un momento histórico en el que ellas comenzaron a rechazar el papel de musas. “Yo no te quiero inspirar canciones, yo quiero hacerlas y cantarlas”. Esa era más o menos la circunstancia y la respuesta.


 

Dora Maar. Fotografía de Man Ray


Según José Luis Antequera Lucas, doctor en Historia del Arte, “A partir de los años veinte, las mujeres llegan al surrealismo a través de sus vínculos personales afectivos con miembros del grupo: Dora Maar, amiga de Eluard y Man Ray; Leonora Carrington, con Max Ernst; Remedios Varo, con Benjamín Péret. Lo que prevalece en la concepción de la mujer del grupo surrealista es la «idea» de la mujer, no la «mujer real». Es la mujer la que viene a «completar» al varón y es guiada en la vida por él. La mujer artista es la musa, en tanto en cuanto es una invención creada por el hombre surrealista. A pesar de esta concepción, el surrealismo ofrecerá a sus mujeres la posibilidad de entrever, por vez primera, un mundo en el que pueden coexistir sus actividades creadoras, con su deseo de liberarse de las presiones sociales y familiares”.


El flautista (1955)


LAS BRUJAS DE MÉXICO


 

Boda de Leonora Carrington con Chiki Weiz en México en 1946. De Izquierda a derecha: Gerardo Lizarraga,Chiki Weiz, José Horna, Leonora Carrington,Remedios Varo, Gunther Gerzso, Benjamin Peret y Miriam Wolf. Fotografía de Kati Horna.


Remedios Varo y Leonora Carrington jugaban con la idea de los hechizos, de la brujería y se imaginaban un universo de mujeres que podían conducir los destinos del ser humano y entender los designios de la naturaleza. No en balde, doscientos ángeles rebeldes habían enseñado magia a las mujeres en una lejanísima y olvidada era de la humanidad. Los sueños de esos tiempos se integraban a los juegos de imaginación que sostenían estas solitarias y carismáticas artistas.


 



La corneta acústica, la novela de Leonora Carrington, tiene como protagonistas a Remedios Varo, a la misma Leonora y a otras amigas que aparecen en el rol de hechiceras. Octavio Paz dijo de Remedios Varo y de Leonora Carrington lo siguiente: “Hay en México dos artistas admirables, dos hechiceras hechizadas: jamás han oído las voces del elogio o reprobación de escuelas y partidos… Insensibles a la moral social, a la estética y al precio, Leonora Carrington y Remedios Varo atraviesan nuestra ciudad con un aire de indecible distracción. ¿Adónde van? Adonde las llaman imaginación y pasión”.


 

Octavio Paz en 1954. Imagen tomada de aquí.


Octavio Paz definió la pintura y el arte de Remedios Varo escribiendo un poema que dice así en sus primeros versos: “Con la misma violencia invisible del viento al dispersar las nubes  pero con mayor delicadeza, como si pintase con la mirada y no con las manos, Remedios despeja la tela y sobre su superficie transparente acumula claridades. En su lucha con la realidad, algunos pintores la violan o la cubren de signos, la hacen estallar o la entierran, la desuellan, la adoran o la niegan. Remedios la volatiliza: por su cuerpo ya no circula sangre sino luz. Pinta lentamente las rápidas apariciones. Las apariencias son las sombras de los arquetipos: Remedios no inventa, recuerda. Sólo que esas apariencias no se parecen a nada ni a nadie. Navegaciones en el interior de una piedra preciosa”.



La huida (1961)


Octavio Paz escribió varias veces sobre Leonora Carrington y Remedios Varo. El poema de Octavio fue publicado en 1967. Ya Remedios Varo había fallecido a los 55 años de edad. Ese poema ha sido un reconocimiento justo, grandioso, inimitable.



 

En el mismo año 1967, cuando aparece la maravillosa novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, los lectores se dan cuenta de que el Gabo también le ha rendido homenaje a la mujer creadora: en el ámbito mágico de Macondo surge con gran fuerza un personaje, Remedios la bella, inspirado en la pintora. 



 

Esa artista impresionante, pasó por Maracay, por Caracas, por Ciudad Bolívar, por todas partes donde había zancudos, mosquitos. Y como no se percataron de su grandeza, ella nos dejó una muestra que podemos seguir como un hilo de Ariadna para entender la fuerza del arte.


Exploración de las fuentes del río Orinoco (1959)


Cada vez que aplasto un mosquito intuyo algo más. La muerte de millones a causa del paludismo, lo sé. Pero también la belleza salvadora que generaba el talento de Remedios Varo. Y cuando siento deseos de expresar que ella me inspira profundamente con sus obras, me detengo en seco, porque recuerdo que Remedios Varo y Leonora Carrington, amigas por siempre, replicaban invariablemente, si les alborotaban la lengua: “nosotras no somos musas de nadie”.



Remedios Varo en Venezuela (no hemos podido comprobarlo). Imagen tomada de aquí.



Metamorfosis de la hechicera

A Remedios Varo

Nacer, salir de madre como el río
que se despeña, arrastra materias extrañas, precipita
su caudal hasta el fin, sin ver el cielo
ni el árbol de las márgenes
ni pulir con amor la piedra de su entraña.

Así a nuestro vivir llamamos vértigo,
remolino que a veces devora, algo que enreda
lo que quiere ascender hasta la superficie.
Y no hay, entre el estruendo y su extinción,
más que la turbiedad
del limo, el pez oscuro y el pulso sin descanso.

Así todos los que desembocamos
en el mar antes de haber logrado un nombre.

Así todos. No ella. Hecha también de agua
se detuvo en remansos pensativos.

¡Qué figuras nos deja entrever su transparencia!
Galerías sin fin, palacios desolados,
complejas maquinarias
donde se transformaba el universo
en belleza y en orden y en ley resplandeciente.
Mujer, hilaba copos de luz; tejía redes
para apresar estrellas.

Mujer, tuvo sus máscaras y jugaba a engañarse
y a engañar a los otros
mas cuando contemplaba su rostro verdadero
era una flor de pétalos
pálidos y marchitos: amor, ausencia y muerte.
Y en su corola había
alguna cicatriz casi borrada.

Por todo lo que supo era obediente y triste
y cuando se marchó por esa calle
-que tan bien conocía- de los adioses,
fueron a despedirla criaturas de hermosura,
ésas que rescató del caos, de la sombra,
de la contradicción, y las hizo vivir
en la atmósfera mágica creada por su aliento.

1963.




*******


José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.







domingo, 5 de octubre de 2025

Elena Garro: En la única libertad que creo es en un espacio abierto dentro de nosotros mismos, que nos permita soñar, pensar y crear



 





Elena Garro sin censura. Obra inédita, de Patricia Rosas Lopátegui



Por Alfredo Cabildo el 20 abril, 2024


En las páginas de Elena Garro sin censura. Obra inédita encontramos un avance muy amplio de lo que estaba destinado a convertirse en una obra magna, en la que la autora hace gala de su enorme habilidad para mantener la atención del lector, por medio del dramatismo y los giros sorprendentes en la trama.




En la única libertad que creo es en un espacio abierto dentro de nosotros mismos, el único espacio libre que nos queda para soñar, pensar y crear, aunque tu obra quede secreta y ese espacio a fuerza de tener miedo se estreche cada día un poco más.

—Elena Garro




En años recientes se ha formado una mancuerna sumamente fructífera entre la investigadora y catedrática Patricia Rosas Lopátegui y la editorial Gedisa, que ha dado algunos frutos editoriales muy relevantes, entre ellos, los primeros cuatro títulos de una colección de diez volúmenes dedicados a diez escritoras mexicanas y que lleva el título de Insurrectas. Se trata de un esfuerzo enorme e imprescindible para un cabal conocimiento de la literatura escrita por mujeres en México durante el siglo XX. Más cercanos al libro que ahora comentamos son los dos sendos tomos de Diálogos con Elena Garro (2020), entre ambos incluyen prácticamente la totalidad de las entrevistas que dio la escritora. El resultado más nuevo de esta colaboración es Elena Garro sin censura. Obra inédita.



Como puede notarse al recorrer las páginas de este libro, Garro utilizaba constantemente sus vivencias para plasmarlas en su literatura, la escritora seguía como poética la máxima de Ortega y Gasset: “Lo que no es vivencia es academia” y las posturas de Dostoievski y Balzac respecto a que “La novela es vida”. Sin embargo, como ella misma lo aclara al crítico Emmanuel Carballo en una carta aquí incluida: “…eso no quiere decir que lo que cuento (…) sea una simple calca de mi vida al papel”. En este sentido, el nombre de Octavio Paz aparece frecuentemente en Elena Garro sin censura. Obra inédita; la presencia del poeta recorre sus páginas, pues se trata de alguien que estuvo casado con la escritora durante más de veinte años y tuvo una hija con ella. Lo encontramos desde su juventud, descrito en los “Diarios de adolescencia” incluidos en este volumen, como un joven celoso que entra al rol del machismo y que mantiene con ella una relación conflictiva, llena de rencores y revanchas.



De hecho, la mención en sus obras de algunas situaciones vividas al lado del poeta dificultó a Garro el poder dar a conocer su literatura en su momento y la hizo sufrir muchas veces la censura y también la autocensura, pues tanto los editores como la misma escritora tenían cuidado de no agraviar a un personaje que ostentaba un enorme poder cultural. Sin embargo, finalmente, gracias a un libro como éste, la verdad sobre esta relación se está conociendo, como la misma Garro lo vaticina en una carta dirigida al escritor argentino José Bianco —también incluida en este compendio— con las siguientes palabras:


Pero para qué quejarse. Además, nadie creería, Paz es un hombre ¡tan sobresaliente!, como me han dicho algunos tontos. Yo… Yo sé las verdades y sé que él es sobresaliente y yo… ¡No lo digo! ¡Pero me admiro!, me admiro sin límites. No por lo que he hecho, sino por lo que no he hecho después de la persecución sistemática e indigna de Octavio Paz. Yo sé que al final se sabrá la verdadera historia y él estará en el otro mundo muy muy mortificado.

En el género dramático, una de las obras que más resalta en este libro es “El cono de tinieblas”. Ésta sucede en la casa de la familia de su esposo en Mixcoac, donde Elena Garro, recién casada, fue llevada a la fuerza y sufrió un calvario. Ahí se suscita una serie de eventos en los que se da una mezcla de elementos realistas y fantásticos, que tienen que ver con personas, algunas vivas y otras muertas, del clan Paz, convertidas en personajes de la obra.

Octavio Paz Solórzano


En el momento de la acción la protagonista Hebe (Elena Garro) está atrapada en medio de la relación enfermiza e incestuosa entre Josefa (Josefina Lozano) y su hijo Horacio (Octavio Paz), seres crueles y truculentos, que la maltratan e insultan. Al quedar presa en este lugar, arrancada de su casa paterna siendo apenas una muchacha ingenua, sufre su primer encuentro con el mal y descubre el sufrimiento, lo que la lleva incluso a abrigar pensamientos suicidas.

Octavio Paz posa junto su madre, Josefina Lozano de Paz (ca. 1931).


Madre e hijo son carcomidos por rencores del pasado y están llenos de secretos íntimos que tienen que ver con el destino trágico que rodea a esta prole. El padre de Horacio (Octavio Paz Solórzano), alcohólico y golpeado por su hijo, se suicidó tirándose a las vías de un tren, mientras que su tía Amelia (Amalia Paz Solórzano), murió de manera sospechosa, aparentemente envenenada por Josefa. Estos personajes que aparecen como fantasmas, convierten la obra también, de alguna manera, en una trama gótica. El título de la obra remite, además, al infierno de Dante en La Divina Comedia, que era representado bajo la forma de un cono invertido. Además, las culpas y los vicios familiares hacen de la casa un espacio tenebroso, habitado por sombras encerradas en sus historias que recuerdan el inframundo dantesco.

Amalia Paz Solórzano


Ante el divorcio inminente, cuando la escritora tuvo que salir por primera vez exiliada de México en 1959, después de defender a un grupo de indígenas morelenses, Paz se quedó con su casa y llevó a cabo un trámite de divorcio, igualmente al vapor y subrepticio en Ciudad Juárez.

Octavio Paz y Elena Garro, recién casados. Barcelona 1937.
  



Además, en Elena Garro sin censura. Obra inédita conocemos diversos momentos del complicado matrimonio entre los escritores, por ejemplo, aquél en que la autora cuenta que se casó por medio de engaños y sin estar plenamente consciente de lo que hacía, en una boda al vapor y subrepticia. Desde el principio sufrió insultos y descalificaciones por parte de su marido, además, la escritora tuvo que enfrentarse a la homosexualidad encubierta de Paz, quien sostenía una relación oculta con Carlos Pellicer. Ante las dificultades económicas, ella le daba dinero y lo ayudó a conseguir trabajo como diplomático, incluso llegó a financiar sus proyectos literarios como la revista Taller, aunque esta información no fuera conocida. Ante el divorcio inminente, cuando la escritora tuvo que salir por primera vez exiliada de México en 1959, después de defender a un grupo de indígenas morelenses, Paz se quedó con su casa y llevó a cabo un trámite de divorcio, igualmente al vapor y subrepticio en Ciudad Juárez. Aunque el poeta nunca fue fiel en su matrimonio, siempre sintió rencor y no perdonó las relaciones que tuvo Garro con Archibaldo Burns y Adolfo Bioy Casares.





Salir a verte sin que nadie sepa

que tu belleza sólo me redime.

Tu alegría es minero de palabras

que me ordena las pula y las apile.


Toda tu lozanía

es el regalo de las frutas vivas

que en cerámica fuerza da tu vida.


Cuando tu mano al saludar me toca,

en la frugalidad dese momento

tengo todo el placer de tu persona.

En tu risa la piña paladea

un aire naranjal y en dos aromas

tu adolescencia tropical vocea.


Eres el agua nueva que se baña

en la muelle espiral de mi remanso

que saltea las sombras de las cañas.


Caña y piña en un orbe anaranjado

crucen el nombre junto al agua en vidrio

que en la mesa del sueño he dejado.


Toda la lozanía

que en octavos de tono -paz intensa-

cifro en sangre poema y poesía.


México, 31 de julio de 1931

Carlos Pellicer

Patricia Rosas Lopátegui .


Incluso ya divorciados su relación continuó siendo complicada, cuando la escritora salió huyendo de México por segunda vez en 1972 y posteriormente llegó a vivir a Madrid, Octavio Paz contaba en esta ciudad con una gran autoridad literaria y, debido a ello, Elena Garro sufrió un boicot editorial y no la publicaban. Además, sus vidas no podían ser más distintas, Garro era presentada en el mejor de los casos tan sólo como la exesposa de Paz, sufría el ostracismo y su obra era desconocida en México y España, mientras su exmarido, supuesto disidente del PRI, estaba en la cúspide, ella estaba derrotada. El escritor encarnaba la figura del “gran chingón” de la que habla en el ensayo “Los hijos de la Malinche”: era el más laureado en México y un gran caudillo cultural, representante del patriarcado, principal capo de la mafia literaria en los setenta, un equivalente de la omnipotente figura presidencial en el ámbito intelectual, era una estatua formada desde el gobierno y Garro su principal opositora, aunque no la única. Por otro lado, la escritora tenía que mantener contacto con Octavio Paz, pues por órdenes del poeta le negaban trabajo y estaba sin dinero para mantener a su hija enferma, hacían una comida al día y tenían que realizarle varias operaciones; su situación era tan desesperada que hace sentir pena por ellas. Por todo esto se veía obligada a solicitar la ayuda económica del padre de Helena Paz, aunque esa ayuda llegaba retrasada o muchas veces no llegaba. Por otro lado, la relación del escritor con su hija cuando ésta era adulta tampoco fue la mejor, tenían constantes diferencias políticas, además de que la ninguneaba y no la consideraba verdaderamente una escritora, nunca le comentaba nada sobre los textos que publicaba, aunque en ocasiones plagiaba versos de sus poemas.


La escritora critica la contracultura de los años sesenta que condujo, desde su punto de vista, a una falsificación de la filosofía oriental y a la pérdida de una verdadera espiritualidad debido a la masiva persecución de los ideales hedonistas del hippismo y a la influencia de los filósofos de la “nueva izquierda”.




Aunque no hay un apartado dedicado especialmente al ensayo, entre los textos que componen este libro encontramos ejemplos de escritura muy cercana a la ensayística, como en el titulado “Notas sobre el zarismo, la revolución rusa, el gobierno de Stalin, México y otros temas”, las cuales son sumamente importantes, pues en ellas Garro realiza un análisis profundo de las condiciones que rodearon el estallido estudiantil del 68 en México, a través de argumentos profundos y sólidos, en los que se presenta como una pensadora original, con ideas propias, que ha fundamentado mediante el estudio y la lectura. A través de sus posturas filosóficas y opiniones estéticas y artísticas vertidas en estos textos la escritora critica la contracultura de los años sesenta que condujo, desde su punto de vista, a una falsificación de la filosofía oriental y a la pérdida de una verdadera espiritualidad debido a la masiva persecución de los ideales hedonistas del hippismo y a la influencia de los filósofos de la “nueva izquierda” que mezclaban sexualidad, existencialismo y comunismo.

Octavio Paz, Elena Garro y su hija Laura Helena Paz Garro, en París.


En estas reflexiones, además, podemos constatar que la escritora abrigaba un anhelo de espiritualidad que provenía de la influencia de sus lecturas de los poetas del romanticismo alemán y sus ideas sobre los sueños, la belleza, el arte y su relación con el origen de la ciencia moderna y, por otra parte, de la Iglesia católica, ambas fuentes indispensables dentro de su formación. A contracorriente de la mayor parte de los intelectuales de su época que eran ateos y comunistas, Garro siempre defendió su filiación cristiana. En estos textos con visos ensayísticos aborda el tema del catolicismo, religión que aparece constantemente mencionada en su literatura, y demuestra que su fe en ella no proviene de la ingenuidad o del fanatismo, sino que es pensada y meditada. Cabe decir que, de la moral cristiana de Garro, proviene también en gran parte su actitud como defensora de los animales, los débiles, los desposeídos, los rechazados, los indefensos. Garro confronta a los intelectuales de la “nueva izquierda” con los padres de la Iglesia católica y establece la incompatibilidad de la idea de un cristianismo comunista, además, también formula con claridad sus diferencias con el pensamiento marxista y crítica el materialismo histórico, el socialismo y los horrores cometidos por sus dirigentes. Estas ideas resultan reveladoras en el contexto de su supuesta participación en el movimiento estudiantil del 68 y se constituyen como una respuesta argumentada e inteligente, ante una de las acusaciones más absurdas de su momento: que la escritora y Carlos Madrazo pretendían implantar el comunismo en México por medio de la manipulación de los estudiantes.


Elena Poniatowska y Elena Garro

Elena Garro también abordó temas que estaban fuera de su ámbito personal. Uno de los trabajos que la ocupó constantemente fue el que dedicó a investigar y fundamentar una idea original que tomó la forma de una hipótesis, verosímil y novelesca al mismo tiempo: la de que la gran duquesa María Romanov, una de las posibles sobrevivientes de la última familia de la realeza rusa en funciones, y Greta Garbo, diva de la época dorada del cine en Hollywood, eran la misma persona.

Greta Garbo.


En sus diversos acercamientos al tema presenta las historias de las dos mujeres de manera paralela y hace que sus biografías se conviertan en una sola, y al hacerlo demuestra su erudición tanto sobre Rusia, su cultura y su historia, como sobre el cine clásico de Hollywood y sus protagonistas, logrando que ambos registros confluyan en uno solo.


En las páginas de Elena Garro sin censura. Obra inédita encontramos un avance muy amplio de lo que estaba destinado a convertirse en una obra magna, en la que la autora hace gala de su enorme habilidad para mantener la atención del lector, por medio del dramatismo y los giros sorprendentes en la trama. En sus diversos acercamientos al tema presenta las historias de las dos mujeres de manera paralela y hace que sus biografías se conviertan en una sola, y al hacerlo demuestra su erudición tanto sobre Rusia, su cultura y su historia, como sobre el cine clásico de Hollywood y sus protagonistas, logrando que ambos registros confluyan en uno solo. De esta conjunción resulta un conjunto de textos que se basan en una acuciosa investigación histórica, similar a la utilizada por la autora al escribir su obra de teatro Felipe Ángeles. De tal forma, Garro escribe sobre la literatura de grandes escritores como Dostoievski y Tolstoi, así como también sobre los momentos definitorios de la historia rusa, el papel que desempeñó este país en el contexto de la Primera Guerra Mundial, la injerencia de Alemania y el nazismo en el triunfo del comunismo soviético, y conjunta todo esto con el retrato de uno de los momentos de mayor esplendor en Hollywood, con referencias a películas clásicas y directores con los que trabajó la actriz sueca, como Mauritz Stiller y Victor Sjöström.


En la época que le tocó vivir a Elena Garro la información se monopolizaba desde el poder, desde ahí se construía una realidad en la que quienes eran señalados o acusados por los medios de comunicación, controlados en su totalidad por el Estado, no tenían siquiera la posibilidad del derecho de réplica; era un momento anterior a la expansión de las redes sociales y las reivindicaciones feministas de los últimos años que, posiblemente, le hubiesen otorgado a la escritora una plataforma desde la cual pudiera expresarse y defenderse de los ataques de sus detractores en el gobierno y entre los intelectuales; sin embargo, no pudo ser así, por el contrario, padeció una persecución constante y no tuvo la posibilidad para ofrecer su propia versión de lo que había vivido. Esta situación la marginó de la vida cultural y literaria y afectó enormemente las posibilidades de publicación de su obra, por lo que todavía quedaba pendiente hasta hace muy poco la publicación de muchas de sus obras, pero ahora, gracias a la perseverancia de Rosas Lopátegui y su incansable labor de rescate y edición, al fin, su palabra indómita logró vencer la censura. ®


Rosas Lopátegui, Patricia (Ed.), Elena Garro sin censura. Obra inédita, Gedisa, México, 2023, 808 pp.


https://revistareplicante.com/elena-garro-vence-la-censura/


Presentación Editorial: Elena Garro sin censura. Obra inédita, edición Patricia Rosas Lopátegui

https://m.youtube.com/watch?v=acdblwFnME8






Ya nadie lee a Elena Garro?

https://m.youtube.com/watch?v=BisWKfiNqfo&pp=ugUEEgJlcw%3D%3D



Enlaces relacionados: