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domingo, 7 de junio de 2026

Diego Rojas Ajmad: He sido jurado en concursos literarios y he procurado no truncar injustamente las aspiraciones de los escritores en ciernes

 




Los concursos literarios

Los concursos literarios tienen una importancia capital en el fomento de la escritura y la lectura. También esconden inusuales anécdotas que, reunidas, podrían llenar enormes bibliotecas.



Por Diego Rojas Ajmad

10 Jul, 2022 - 2:41 PM


 

@diegorojasajmad


Los concursos literarios cumplen una valiosa función: son una oportunidad para que los nuevos escritores muestren sus obras al mundo, estimulan la creación, tejen y refuerzan redes entre los distintos sectores de la industria del libro y, además, con cada veredicto, se va construyendo una radiografía, una instantánea de esa oruga que pronto llegará a ser literatura.


Son, entre otras cosas, una estrategia eficaz que contribuye a mantener encendida la chispa de la escritura y de la lectura.


Sin embargo, poco se sabe aún de las batallas emocionales y de los conflictos interpersonales y de poder que se libran tanto en concursantes como entre quienes integran los jurados. Al respecto, he oído anécdotas de todo tipo, como concursantes que acosan a los jurados para que les otorguen el premio (sí, eso ocurre), o como las que hablan de escritores “cazapremios” cuyo único objetivo es vivir del dinero obtenido tras cada certamen. Se afirma, sobre este tema, que el escritor que ostenta el mayor número de premios es el español Manuel Terrín, nacido en 1931, y quien para el año 2012 había acumulado ya 1.769 galardones. Luego de diez años esa cifra de seguro habrá aumentado.


También he leído sobre las censuras, las presiones y los sinsabores que dejan algunos premios literarios. Es conocido el caso de un concurso literario que ofrecía un sustancioso premio en metálico y que estuvo organizado por el gobierno de Guzmán Blanco, en la Venezuela del siglo XIX. Los participantes debían presentar un poema que desarrollase el tema “el poder de la idea”. Muchas obras participaron y, al final, el jurado decidió por unanimidad elegir como ganador el poema enviado por Francisco Guaicaipuro Pardo. En su poema, Pardo elogia a los grandes pensadores de la historia, entre ellos al científico Galileo Galilei. El presidente Guzmán Blanco, luego de leer la obra ganadora, y al darse cuenta de que no se le mencionaba en ninguno de los versos, ordenó airadamente a su secretario: “Díganle a Pardo que le cobre el premio a Galileo. Eso es para que tenga idea del poder, ya que tan bien enterado está del poder de la idea”.

Guzmán Blanco. Imagen tomada de aquí.


La vida me ha llevado a estar a ambos lados de los concursos. He sufrido la angustia del escritor que envía su manuscrito, que simula indiferencia y no sabe qué hacer para que pasen rápido los días hasta que llegue la fecha del veredicto. También he sido jurado, y como tal me he esforzado para conciliar opiniones y no truncar injustamente la aspiración que pudiera tener alguna persona por convivir con la escritura y ser reconocido por ello.


De esa doble experiencia he aprendido que los concursos, sea cual sea el resultado, representan un hecho significativo, vital, que en ocasiones puede sellar definitivamente el destino de los concursantes.

Miguel de Unamuno. Imagen tomada de aquí


Miguel de Unamuno supo esto a los 28 años.


Antes de dedicarse a la filosofía y a la literatura, Unamuno tenía como pasión la filología y en especial la lingüística. Había invertido varios años en su formación y su meta era convertirse en referencia de esa disciplina.


Para ello, Unamuno decidió participar en un concurso organizado por la Real Academia Española, en 1893, sobre la gramática del Poema del Cid. El premio consistía en 2.500 pesetas, medalla de oro y publicación de 500 ejemplares.


Unamuno envió un manuscrito de 687 páginas, sin firma, identificado con un lema y titulado Gramática y glosario del Poema del Cid. Contribución al estudio de los orígenes de la lengua española. El trabajo incluía análisis fonético, morfológico, sintáctico y un glosario. Unamuno fue el primero en enviar una obra al concurso y, en total, solo se presentaron cuatro trabajos.


La angustia y la impaciencia carcomían el alma de Unamuno por la larga espera: el veredicto no se hizo público sino en febrero de 1895, casi dos años después.

Ramón Menéndez Pidal. Imagen tomada de aquí


Finalmente ganó un muchacho cinco años más joven que él, llamado Ramón Menéndez Pidal, quien tiempo después, en 1925, sería director de la misma Real Academia Española y destacado filólogo.


La decepción de Unamuno fue tal que nunca más quiso saber de la lingüística y ni siquiera fue a retirar su obra concursante.


82 años después, en 1975, alguien descubrió el olvidado manuscrito… 


Otras páginas 

– Concursos de aquí: Ciudad Guayana ha tenido una larga tradición de concursos literarios. Diversas instituciones, tanto públicas como privadas, entendieron la importancia de los certámenes y durante décadas, desde los setenta y ochenta en adelante, se llevaron a cabo varias actividades de este tipo en la ciudad. Entre esas instituciones se encuentran: Casa de la Cultura de Ciudad Guayana, Fundación La Salle, Ateneo de Ciudad Guayana, Unexpo, UNEG, UCAB, Ferrominera Orinoco, el Centro de Formación Permanente Luis Beltrán Prieto Figueroa, Alcaldía del Municipio Caroní y muchas otras. Esta tradición es hoy casi inexistente y solo subsisten los concursos de poesía de la Fundación Abraham Salloum Bitar y de Buscadores de Libros. La historia de todos estos concursos, de sus jurados y ganadores, espera para ser contada. 


– Un estado: “Cuando el médico te prescribió quince días de reposo y sobre todo, no escriba”, recordaste de golpe la definición de Musil pero habría sido inútil decirle: Mire, doctor, escribir no es una actividad sino un estado. Y él no habría podido entender que ese estado es de mayor tensión cuando no escribes, o sea que en lugar de hacer caso de sus pendejadas, tú te recetas: “y, sobre todo, escribe”. Jorge Enrique Adoum



https://correodelcaroni.com/opinion/los-concursos-literarios/

 

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DIEGO ROJAS AJMAD (Venezuela, 1974). Doctor en Letras. Profesor de la Universidad de Guayana y de la Universidad Católica Andrés Bello (Guayana). Es autor de varios libros y artículos relacionados con la historia, la teoría y la crítica literarias. Entre sus libros se cuentan: Mundos de tinta y papel. La cultura del libro en la Venezuela colonial (USB, Editorial Equinoccio, 2007), Estampitas merideñas (Instituto Merideño de la Cultura, 2010), Revista Válvula: edición facsimilar (ULA, 2011), Estampitas guayanesas (UNEG, 2016), Para una historia literaria desde la complejidad. La historiografía de la literatura venezolana y sus tramas (Editorial Académica Española, 2017) y Posciudades. Manual de uso para ciudadanos nostálgicos y esquizofrénicos (UCV, 2017), entre otros. En el 2006 ganó el premio único de la Bienal Latinoamericana de Ensayo Enrique Bernardo Núñez. En el 2007, el concurso “Cuentos sobre rieles” y en el 2017 obtuvo el primer lugar en el premio de ensayo “Caracas 1567-2017”.

Es columnista de Prodavinci y del Correo del Caroní.


Agulha Revista de Cultura



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martes, 7 de abril de 2026

Marisol Marrero Higuera, novelista, a Maritza Jiménez: Guayana es una "casa de agua", un refugio del cielo donde se encuentran los sueños y las decepciones.

 




Marisol Marrero Higuera, una escritora embrujada por Guayana



“No me ha bastado una sola novela para describir este asombro”

La autora anuncia que ya está en preparación el segundo tomo de "Caroní, polvo de oro"

 

 


MARITZA JIMÉNEZ
29/03/2026 01:00 am

“No me ha bastado una sola novela para describir este asombro. Ya estoy escribiendo un segundo tomo, guiada por los fuegos que centellean en las aguas y las piedras talladas por los hombres del principio de los tiempos. Me embrujó Guayana y, sinceramente, creo que necesitaría un exorcismo para salir de ella”.


Con estas palabras, se refiere Marisol Marrero Higuera a la experiencia de la escritura de su novela Caroní, polvo de oro, un viaje sensorial por la Guayana venezolana que mezcla la rudeza de la minería con un erotismo místico.



Narradora, poeta y ensayista, socióloga y psicólogo social por la UCV, Marrero Higuera ha desarrollado una obra literaria en la que la libertad poética y el rigor de la investigación se unen, conformando una referencia ineludible en nuestras letras. Nacida en Islas Canarias, y formada en Venezuela desde su infancia, su obra abreva en esos dos mundos como una exploración permanente de sus orígenes y la realidad tropical que la ha rodeado.




-¿Cómo fue el proceso de transformar la hazaña del aviador Jimmy Marull en ficción?

-Realidad y ficción se reunieron, casi de forma providencial, en un almuerzo al cual fui invitada en la casa de Jimmy Marull, ese notable piloto que tuvo la osadía de atravesar la cueva del tepuy Autana con su ultraliviano. Allí le hablé de mi proyecto: quería escribir una novela sobre Guayana, específicamente sobre esa zona mágica donde se abrazan el Orinoco y el Caronicuar, alias indígena del Caroní.

“Al escucharme, Jimmy se quedó sorprendido -prosigue-. Yo le había contado que la protagonista de mi novela anterior, Buitres en la sabana, era una piloto llamada Valentina.

“Eso activó su memoria y recordó a su gran amiga Yolanda Carbonell, una mujer de armas tomar que piloteaba una pequeña avioneta suministrando servicios a los mineros e incluso trasladando a periodistas de la BBC de Londres. Quedé cautivada por sus hazañas y decidí que ella sería mi protagonista. Sin embargo, al pedir permiso a sus familiares, ellos prefirieron que descansara en paz. Así fue como regresé a mi Valentina, pero incorporándole las anécdotas vitales de Yolanda.


“En ese proceso de adentrarme en el mundo guayanés, conté con un colaborador excepcional: Zenón Prusza Voilan, quien fue gerente de proyectos de Guri. Él me narró la épica de la modernización de Venezuela y sus vivencias en la construcción de esa obra monumental. Así, la tecnología de avanzada y la literatura se conjugaron; esos dos personajes reales están hoy incorporados en la novela como colaboradores y protagonistas de una hazaña que es tanto técnica como espiritual”.

-Se ha dicho que su mundo creativo es una síntesis entre América y Canarias.

-Siempre he tenido en mi corazón esos dos mundos, unidos por la magia de una niña que veía fantasmas bajando a la playa de la Candelaria en Tenerife y mujeres etéreas subir por la escalera de su casa. Esa niña se vio marcada por la migración; descubrió un nuevo continente en los brillantes pisos del barco que la traía y se dejó envolver por el sol que brillaba en las escamas de los peces voladores.

“Ese asombro constante ante el verde intenso de las costas de La Guaira es el mismo que volqué en Caroní, polvo de oro. Los recuerdos de la infancia viven, respiran y se dejan escribir como una piel tatuada en la imaginación. En esta novela me di toda: la niña que veía fantasmas en Canarias alucinó de nuevo ante la naturaleza de Guayana, sus tepuyes y sus leyendas”, agrega.

-¿Cómo logró equilibrar la crudeza del sórdido ambiente de los burdeles en las zonas mineras con el lenguaje poético que caracteriza su escritura?

-En ese ambiente, los burdeles son algo natural. Donde hay oro, hay riqueza rápida, y donde hay hombres enriquecidos, llegan mujeres buscando participar de ese flujo que surge de la tierra y de las cascadas. Guayana es una "casa de agua", un refugio del cielo donde se encuentran los sueños y las decepciones.

“Muchas de estas mujeres venían de una Europa diezmada por la guerra, buscando esperanza. Personajes como la ‘Casi Casi’ representan esa desilusión: ella fue estafada con diamantes falsos, que llaman así por su similitud con el real. Su furia la llevó a intentar un asesinato, huir a Europa y regresar al Caroní para fundar el burdel El Polvo de Oro y fraguar su venganza. A veces no sé si la cosa fue así o si estoy inventando otra novela en este momento; vivo en un mundo paralelo donde la imaginación me juega estas pasadas y lo real se desdibuja", agrega.




-¿Cuál fue el mayor reto a la hora de abordar los diálogos?

-No me preocupo mucho por el lenguaje porque creo que todos llevamos un poeta en el subconsciente. Solo hay que saber escuchar. Para mí, erotismo y poesía van juntos en la vida y en la narrativa. La poesía es una forma de andar por el mundo entregándose al sentimiento de contemplar, de hacerse una con la naturaleza y con el otro.

-¿Cómo define el papel del erotismo de esta obra en comparación con sus novelas anteriores?

-Incluso la física cuántica lo explica con la «relación fantasmal a distancia» de Einstein: cuando dos partículas se unen, jamás dejan de tener relación, aunque se alejen. Los seres humanos hemos olvidado esa conexión mágica. En la novela, el erotismo explota porque la región es lujuriosa por definición. Allí todo se desborda: los ríos, las aguas turbulentas y esas cascadas que parecen correr hacia el cielo. ¿Cómo no desbordarse también el deseo en la tierra del principio de la humanidad?

@weykapu


















Video de la presentación de la novela CARONÍ, POLVO DE ORO, de Marisol Marrero en la Filuc 2023.



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Marisol Marrero Higuera

Nació en Tenerife, España, desde niña vive en Venezuela. Es socióloga y psicologa social, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Tiene una maestría en Psicología social.Se ha desempeñado como profesora universitaria. Tiene varios libros publicados en poesía,novela y ensayos.En narrativa destacan: Las brujas modernas vuelan en la red (Editorial universitaria Tropykos,2001). Llote von Indien. La coloniera de Tovar (Caracas, Fundación Ludovico Silva, 2001); Segunda edición, 2003. Alonso e Isabel (2006). Niebla de pasiones Editorial Planeta, Autores Españoles e Iberoamericanos (2007). Rosas y duraznos (2011). Buitres en la sabana (2015). Chichiriviche ¿Primer pueblo fundado en Tierra firme? (Mérida, Editorial La Escarcha azul,2000).Tributo  de sangre. Saga Familiar (Ayuntamiento de Candelaria. Culturalias. Santa Cruz de Tenerife)





Maritza Jiménez.

Nació en Caracas, en 1956. Es poeta, periodista y promotora cultural venezolana. Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. Magister en Literatura Latinoamericana egresada de la Universidad Simón Bolívar (Caracas, Venezuela).

Se inició en el diario El Universal siendo estudiante, cuando Sofía Imber la contrató en las Páginas Culturales.

Fue Directora de Literatura y de Información en el Consejo Nacional de la Cultura (1993-95). Directora General del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (2002.2004). Docente en Comunicación Social y talleres de Escritura Creativa.

Fundadora de revistas literarias y programas radiales. la revista Literal de Arte, Literatura e Ideas, de Sidor y del programa radial El Libro que vendrá. (1990-1992)

Ganó por concurso para realizar un proyecto de la OEA sobre los ancianos de la etnia indígena pemón, del sur de Venezuela.

Es curadora editorial, editora y correctora de textos.

Poemarios publicados: Hago la muerte (1987) y Amor constante más allá de la muerte (1993).

Actualmente ocupa el cargo de Asistente a la Editoría de Arte y Entretenimiento de El Universal.





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