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martes, 30 de septiembre de 2025

La liríca cotidianidad en la obra de José Pulido

 






Ramón Ordaz: José Pulido, lo lírico cotidiano


RAMÓN ORDAZ




Cuando José Pulido señala que el poema es un “rezo” uno pudiera pasar de largo, pero algo nos detiene. Rezo es oración, ecuménica misa del espíritu en busca de absolución; éxtasis interior que se impone un diálogo con lo desconocido, esa respuesta inédita que reclama Hans- Georg Gadamer en su ensayo “Poema y diálogo”.


En ello parece coincidir Pulido cuando a su pregunta por el poema, “¿qué quieres de mí?”, y este le contesta: “Lo que no has podido decir”; en pocas palabras, la tarea de Sísifo del escritor. Sin pretensiones de contradecir, el “poema”, eso creemos, es un objeto vacío, un pre-concepto, un a priori de la conciencia del poeta, que solo su voluntad de estilo podrá concretar. El poema tiene el sello particular de cada autor, su huella de identidad que no es otra que su escritura. Buena parte de sus poemas Nicanor Parra los llamó “Artefactos”, nada gratuita su visión del poema, lo que bien podría suscribir cualquier autor de la modernidad literaria.



En “artefactos” está sugerida esa intención del poeta, el arte de hecho, esa pluralidad de su oficio que llamó también antipoemas. A todas estas el poema no existe, no es lo que el lector lee en la página, lo que apenas es un puente para llegar a él. De manera que el poema está en el afuera de la página, pertenece más al lector que al poeta que lo ha “escrito”; es él quien da cuenta del poema. De allí esa imposibilidad, el poeta no podrá decir nunca lo no dicho, porque, como el horizonte que vemos, cada vez que nos acercamos a él, más se aleja, solo que para entendernos acudimos a los términos que acuña esa cofradía de críticos, académicos e historiadores de la literatura. Con las definiciones del poema y de la poesía tenemos para vivir eternamente confundidos, cuando no cabe definición posible en ellos. El poema lo invoca y lo convoca el lector, se lo apropia. La Poesía pertenece a los fundamentos de la expresión escrita, su ámbito es universal y obra sobre todos los géneros literarios conocidos.


LO LÍRICO COTIDIANO. La expresión nos remite a la música, a la armonía, al credo de una paz y una belleza orquestadas por el acontecer de las cosas que siempre tienden a su estabilidad, al reposo, al remanso donde las aguas corren imperturbables, calladas. No hay más que imaginarse una lira y una zampoña expresando ese concierto de la naturaleza, dándole forma a esa intimidad que se sustrae a lo oculto en el mundo de la apariencia, y solo el artista sensible puede traer a la luz esas esencias veladas al común de los seres. Lo lírico es un estado: su vibración llega o no llega, se siente o no se siente. Lo lírico está allí, no todos lo miramos, no todos lo sentimos, pero está allí, imponente con sus enigmas y misterios, signado siempre por lo inesperado.

Augusto Mijares 


Como todo, lo lírico también cambia de estado. Nada cuesta entender que lo lírico en el mundo contemporáneo acontece de distinto modo al locus amoenus de la literatura del pasado. La sociedad que nació con el industrialismo y el acelerado urbanismo instauró una segunda naturaleza, a la que románticos como Baudelaire empezaron a dar respuesta en sus obras. En pleno siglo XXI, cuando las guerras del pasado y las del presente, con unas economías  y políticas derivadas de esa errancia –o aberrancia- han construido sociedades pobladas de artificios, de tecnologías sofisticadas, de prótesis para lo orgánico y lo inorgánico en medio de una opulencia estéril, superpobladas, con terribles detonantes a su alrededor: como nunca, masas de migrantes de un país a otro, bastas poblaciones en estado de precariedad e indigencia, desnutridas y sin nicho posible para la sobrevivencia, sin duda que lo lírico se ha instalado en cada descomposición, en el detritus social y anda también entre tantos arsenales de armas y desperdicios de una cultura en crisis, en brutal decadencia. Lo lírico se conecta con lo estético, solo que las obras que surgen de esa omnipresencia constituyen respuestas disímiles: lo feo, lo grotesco, lo absurdo, los abstruso, lo obsoleto, lo errático, lo apocalíptico, en los que la sombra de la muerte compite con lo sublime, con la belleza en igualdad de énfasis y propiedad como estatus literario. Este breve cuadro no es más que la antesala donde ubicaría la Poesía en verso de José Pulido, la que se alinea en lo que su coterráneo Augusto Mijares llamó “Lo lírico cotidiano”.



No sé si Pulido acude con su obra al llamado de Mijares, lo cierto es que da la impresión de que fuera un saldo de cuentas con quienes nos han antecedido en esta batalla de la cultura. “Llamo lírico -a punta Mijares- a lo no vulgar, a todo lo que representa belleza, fuerza, ambiciones superiores y también verdadero placer”. Augusto Mijares, a quien Luis Enrique Mármol en la década del veinte dedicó su emblemático poema “Todos iban desorientados” (en realidad el poema se titula Todos iban. Todos iban desorientados es una novela de Antonio Arraiz de 1951. Nota del editor), fue un ensayista muy vinculado a los poetas de su tiempo, por lo mismo que exigía de estos trascender cierto poetizar adormecido, quietista, viviendo como de espaldas a un tiempo que les exigía otra coartada literaria.


Poema: «Todos iban». – La locura del otro.


A Augusto Mijares


Todos iban desorientados:

perseguían un objeto próximo;

unos iban a su trabajo,

otros al trabajo de otros…


Los ojos errantes y vagos,

hacia la mancha de los pinos

cruzó indolente un enlutado…

—¿A dónde vas?

—No sé —me dijo.

¡Todos iban desorientados,

y el enlutado hacia sí mismo!


1919



Grupo literario Tráfico. De izquierda a derecha: Rafael Castillo Zapata, Alberto Márquez, Igor BarretoYolanda Pantin, Armando Rojas Guardia y Miguel Márquez. Foto: Vasco Szinetar.
Imagen tomada de Pinterest.


En su propuesta de “lo lírico cotidiano” hará declaraciones más contundentes: “La poesía, ante el riesgo de quedarse sin auditorio, tiene pues que adaptarse al margen precario que se le deja: ha desistido de conmover a su público o de entusiasmarlo, y se conforma con desafiarlo y sorprenderlo por medio de la cabriola audaz, la abundancia de metáforas inconexas, todos los recursos de lo imprevisto; hasta de lo imprevisto tipográfico se ha echado mano. Poesía ingeniosa, intelectualista y drolática, lo menos poética posible”. Era una crítica a los poetas de mediados del siglo XX, pero era también una advertencia con respecto a lo que imperaba en ese momento; estaban en boga las experiencias de las vanguardias todavía, arreaban sus banderas nuevos credos poéticos que rompían con ejercicios anteriores de la poesía (la tradicional), poesía que, al tiempo que se liberaba de las viejas preceptivas, se volvía inocua, artificiosa, trivial a veces, lo que luego llegarían a superar los poetas de Sardio en adelante. Esa poesía de frente con su público, que trasciende su intimismo/esencialismo empezará a ser más frecuente en los escritores de la década del sesenta hasta que en los 80 los poetas del grupo “Tráfico con su “Si, Manifiesto” se empeñaron en invertir los valores de la poesía nocturna, sintetizada en la obra de Vicente Gerbasi, para volcarse a una poesía de la calle, de la vida urbana, en una vagarosa transgresión que se diluyó en espectáculos y recitales mediáticos.


Vicente Gerbasi


Siempre quedó pendiente esa búsqueda de “lo lírico cotidiano” planteado por Mijares. Instaurará Pulido su propia poética (prosa y verso); con sarcasmo, con ahínco de juglar, con estudiados desplantes, rebelde, desacralizador, sin complejos a la hora de juzgar lo más íntimo y privado, desprejuiciado con la palabra al sentenciar la esfera de lo público, sin anestesia su singular modo de versificar con la más absoluta libertad, versos explayados y libres, hará incisiones en el cuerpo enfermo de la sociedad que pesa como rémora a la hora del viaje.

Luis Enrique Mármol


Su obra cabalga sobre una contemporaneidad conflictiva, sin horizontes precisos, donde el desvanecimiento del espacio y del tiempo conocidos parecieran haber llegado a su límite, donde el escapismo de unos y otros es lo usual; todo es aleatorio, arbitrario; no hay razones para el optimismo; no hay estado de gracia, el desahucio de todo lo que se tuvo como certeza de vida arruina la vitalidad de la palabra misma. Por eso sus versos dan coletazos de aquí para allá como buscando atrapar el oxígeno que le falta; una poética que hurga en los bajos fondos de lo cotidiano, pero también se eleva sobre las miserias para poner de pie los valores culturales que han nutrido y fortalecido su paso por este mundo, así como darle cuerpo a la luz del interior familiar, a los femeninos cuerpos que van desde la esposa, amada amante, hasta esas mujeres de perfiles eternos que persisten con sus voces de mermelada en las puertas de la noble e inolvidable provincia, esas Beatrices, esas Lauras eternas dejadas atrás, en las que ronda también la juerga de los amigos.



Nek- Laura no está

https://m.youtube.com/watch?v=DAIxrSvq6bo&pp=ygURbGF1cmEgbm8gZXN0YSBuZWs%3D


Heridas espaciales y mermeladas caseras es un poemario que da cuenta del caos en que se mueve lo lírico cotidiano, en el que se poetiza y se narra, versos en expansión como una galaxia, complejas circunstancias de vida donde no faltan la ironía, el recurso de la sorpresa, lo imprevisto, la intencionada divagación, la brusca ruptura de lo que bien podría ser también un reportaje poético, palabras que transan un contrato con el lector, el que debe estar atento porque el fuelle del oculto periodista, inseparable del poeta, cambia su juego porque lo seduce el contraste.


"Toda ideología es una guillotina que corta cabezas buscando el poder”, señala José Pulido / Foto: Cortesía Gabriela Pulido.


Construye el poeta un diorama de reportes líricos en el que la vastedad de la palabra exhibe sus urgencias, sus gritos, sus amores en los andenes de una historia perdida, en los complejos relatos testimoniales donde todos pareciéramos estar de tránsito, en esas ciudades que hemos perdido a fuerza de haberlas vivido con la intensidad y holgura que demanda la existencia, vida como el crisol donde se macera esa explosión de sentidos que tienen como vertedero los textos poéticos que como devoción y devolución de un amor nos entrega José Pulido: “que la sed tenga instintos para fundar el agua”, “Tienes que levantar tu casa con huesos de suspiros”, “Está bien todo, digo alucinado, para no desplumar mi poca fe”, son muestras de esa urgencia del que vive cautivo en un mundo de cosas sin salida posible; un mundo alterado que conduce a la alucinación del condenado, de allí la inhóspita exclamación “Está bien todo”, para no perder la fe, la última reserva de sentido que es la vida; Stanno tutti bene, como en la película de Giuseppe Tornatore. Y en ese “estar bien” tiene sus ríspidas aristas buena parte de su poesía.



Stanno tutti bene (film 1990) TRAILER ITALIANO

https://m.youtube.com/watch?v=3q5rKseSkss



El horror cotidiano paseándose tranquilo

estrenando su bolso militar

su camisa de seda del Japón o su reloj de selva destruida

sin renunciar al mismo balbuceo de periódico anímico

parecía comentar que los viejos horrores ya no asustan.


Ese diálogo que entabla con Rilke en el texto “No entenderán la esencia” llega como advertencia, como el lastimero recurso de quien lee a otro poeta queriendo entenderlo, penetrar las honduras y trashumancias de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, mientras en su exterior el mundo transcurre indiferente. Como en el Cántico de San Juan de la CruzY todos cuantos vagan/ de ti me van mil gracias refiriendo,/ y todos más me llagan,/ y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo”. Ese pausado y sobado dolor aliterado de lo incierto, de lo imponderable, que nos deja como en inesperado abandono, y que, guardando las distancias de la lira de San Juan de la Cruz ante la tensión “libertina” de los versos de Pulido, la situación de estado es la misma, por lo mismo que la angustia de ayer sigue siendo la nuestra. “El horror cotidiano” pareciera una sentencia bíblica, como el horror de Kurtz, el horror de Auschwitz, y todos los horrores que se puedan vivir, pero que el peso de esa cotidianidad quisiera banalizar, sustraer su tragedia y continuar su eterno carnaval “estrenando su bolso militar”. ¿No arrastramos acaso nuestros diarios horrores? Lo irónico está en que “ya no asustan” para mayor perplejidad y la presencia virtual de “maese Rilke” da para pensarse a sí mismo y atravesar el cuerpo como “el corazón de un tren descarrilado”.


No es poco lo que hay que abordar en la poesía de Pulido. Llaman la atención esos microrrelatos al final de cada texto poético: abiertos quedan esos otros diálogos ficticios que establecen otras voces, otras instancias de un contrapunto de ángeles como parece sugerirlo el poeta. Cualquiera de los textos de este libro es digno de un comentario, pero si uno deseo destacar por su artística composición es el titulado “Porque el verbo es la esencia de los desconocido”. Pulido describe con soberano dominio los intersticios de una imagen que nada tiene de gratuita, la mirada penetra espacios inverosímiles y desde la entraña de lo más oculto se hace testigo de las metamorfosis de las cosas. Su arte de miniaturista se presta para el puro goce estético:


En la corteza estriada mueve sus alas tenues,

el ser mimetizado

sé que también mis labios agitados se esconden

en un cuerpo leñoso

la mariposa existe y le doy su lugar

de bello silencio estructurado en polvo

aunque no conozca mi lenguaje

yo vivo para nombrarla

y ella existe para no escuchar


Luminosa condensación lírica ese “bello silencio estructurado en polvo” con el que nos da cuenta de la mariposa. En los versos siguientes el poeta sigue con su entreverado estilo de oposiciones para continuar con el murmullo de su “rezo”:


Puedes rezar sin palabras un sentimiento mudo

pero se vestirá de sílabas

si se rompe el columpio de la niña

y recuerdas el nombre de la piedra






Es ese decir desenfadado que nos advierte de lo que potencialmente está ahí aunque no se manifieste, porque son las sombras que arrojan las palabras y que solo el poeta con agudeza e ingenio registra esas criaturas de lo cotidiano, con su personalísima visión, para que sintamos el acto de la creación como advenimiento de la primera vez. Así se estila y se destila la poética de José Pulido.


Igual sentimiento despierta en nuestra lectura su antología “Nunca es un artificio el nuevo exilio”, el mismo desparpajo, el mismo tono satírico porque la vida es un eterno despecho y la errancia parece estar, en el hado de cada ser humano, en ese nuevo éxodo cuya tierra prometida para los migrantes es algo etéreo como el cielo.


Se queda en pelotas el poeta cuando advierte que declina la recta humanidad que lo antecede; observa, menudea su espíritu ante lo que la vida puso en baja en un desfalleciente, fallido país, “país kamikaze”, en el que la vejez no tiene cabida y morirse tampoco. “Épica mínima” llamó la poeta Márgara Russotto uno de su libros de poesía, conseguimos aquí los mismos acontecimientos de los habitantes en ese espacio íntimo de la casa. Dice Márgara: “La miseria/ es también/ esta hilera de libros/ como en pánico abrazados/ entre letras de polvo./ Alucinadas sus tapas/ por el hongo del tiempo/ nada es discernible/ y cúbrense de espanto ante el grito del vendedor/ degollado/ con su cesta de flores,/ Que se caigan y floten/ estas tiránicas páginas/ a los pies aquellos de tanto camino torcido/ mezclándose en el lodo” (“Épica mínima” ‘Pensamientos de bibliotecaria’, Caracas, Edición Cultura Universitaria, 1996).


Márgara Russotto

 Ya podemos advertir cómo los viejos y magnos eventos de la épica se han desplazado a lo lírico cotidiano, al acontecer de nuestras ciudades, de nuestros hogares. La épica es el “género poético primordial” nos señala Jorge Luis Borges: “En la épica está el tiempo, en la épica hay un antes, un mientras y un después; todo eso está en la poesía”. (“Siete noches”. ‘La Divina Comedia’. México: Fondo de Cultura Económica 1995). Con la poesía de José Pulido esa épica, lo lírico cotidiano, alcanza su punto álgido entre la celebración, la errancia y el desencanto. “Se necesita un diccionario del olvido”, escribe el poeta; así nos hablará de “metáforas lisiadas”, “Si quieres suicidarte en la amada Caracas sal a buscar cebollas”; “Siento que mi cuerpo foráneo inverosímil/ nada tiene que ver con el muchacho que mira desde adentro”. Majadero y burlón, echará por delante su propia condición de ciudadano en caída libre:


Comencé a sentir las desventajas de la tercera edad

cuando en el fragor del Metro una muchacha abandonó su puesto

y me dijo ignorando mis fuerzas literarias

—siéntese, abuelito—

el escote de su vestido surgió como un avión

sobre esta isla emergida en 1945

y mis ojos no tuvieron tiempo de rasgarse


Para cerrar cito aquí su velado epitafio, por aquello de que uno nunca sabe y en el carro del implacable tiempo vamos todos:


No podría saltar un charco de agua

sin fracturarme un fémur

cuando muera no digan “vuela alto”

porque no podré hacerlo

aunque me salgan alas de ángel o de cuervo

no podré volar alto

siempre he sido muy torpe con las alas

sé que me golpearé con postes y azoteas

Tengan piedad de mí



FAIM ! Session du 3 mai - José Pulido

20 Visualizaciones desde el 22 jun de 2020 hasta la fecha de publicación de esta entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=F2ZJiBGXsTk&pp=ygUdam9zw6kgcHVsaWRvIHBvZXRhIHZlbmV6b2xhbm8%3D


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Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.



Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.


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Ramón Ordaz (El Tigre, 1948). Poeta y ensayista venezolano. Licenciado en Educación por la Universidad de Oriente (UDO), tiene una maestría en Literatura Iberoamericana por la Universidad de Los Andes (ULA). Autor de los libros Esta ciudad, mi sangre (1975), Potestades de Zinnia (1979), Entreveros (1985), Antología del otro (1990), Diario de derrota (1993), Kuma (1997), En los jardines de Colón (1998), El pícaro en la literatura iberoamericana (2000), Profanaciones (2002), Albacea (2003) y El mar es nuestra sed (2007). Ganador del Premio Conac de Poesía (1991) y del Premio de Poesía Bienal Literaria «Teófilo Tortolero» (1996). En 1992, publicó su experiencia con la poesía gráfica bajo el título de Grafopoemas. Fue el editor de la revista En Ancas. Dirigió el Centro de Estudios Literarios «José Antonio Ramos Sucre».



https://tiberiades.org/?p=6202



Enlaces relacionados:


Las escaleras del poeta Pulido, la de Jacob, y la de Led Zeppelin





José Pulido: Blade Runner, Es un filme cuya posmodernidad solo es superada en belleza por Cien años de soledad.




JOSÉ PULIDO Y LA VELOCIDAD INVISIBLE.




martes, 17 de diciembre de 2024

COMPAÑERA de Adhely Rivero

 



COMPAÑERA

POR ALBERTO HERNÁNDEZ

 

                                                                  Yo no lo sé de cierto, pero su pongo

                                                                  que una mujer y un hombre

                                                                  algún día se quieren,

                                                                  se van quedando solos poco a poco,

                                                                 algo en su corazón les dice que están solos,

                                                                 solos sobre la tierra se penetran,

                                                                 se van matando el uno al otro.

                                                                              Jaime Sabines

 

Con este poemario Adhely Rivero arriba a un espacio que había visitado en tono menor o con otra mirada. No quiere esto decir que no haya estado en sus accidentes, meandros, alturas y profundidades, pliegues, luces y sombras, en sus habitantes animados por afectos o desafectos. Compañera (Ediciones A, Valencia 2012) es el libro de un segundo aliento, el que atañe al amor, a la mujer: la que llegó después de una primera y larga experiencia cuya ruptura lo dejó un tiempo trastornado. Es el libro donde da con María, personaje de carne y hueso que en estas páginas representa la idealización de un reciente propósito existencial.

El poeta de Arismendi, quien siempre ha porfiado por su tierra y sus labores, es hoy parte de otro paisaje, el que lo confina a una hacienda con los animales de su diario devenir. No está en la tierra siempre cantada, sino en una casa de campo próxima al mar, ese otro llano como decía Lazo Martí:  El llano es una ola que ha caído. Esta escritura fue formulada en la costa con una mujer al lado, correlato afectivo que tiene sus antecedentes en una dolorosa separación que se advierte en muchos de los versos que en este libro moran.

Con un dejo en el que Sabines levita, el autor de Los poemas del viejo desnuda su intimidad y menciona con nombre y apellido a la compañera del alma, quien como el texto del mexicano es motivo de incendios, de penetraciones sobre la tierra, la misma que menciona Rivero en el epígrafe en el que recurre a Rafael Cadenas (Vivo /como la tierra de donde vine / la tierra que recorrí con mi padre). Y esta instancia, el autor deja ver al lector que Arismendi sigue estando en la memoria: con una amante / enfermera a la que “me dan ganas de decirte /que no vayas al trabajo, / que te quedes en la finca viendo los animales”. Es la misma mujer que debe atender sus labores en un hospital y a la que el poeta sugiere dejar que Dios cuide sus criaturas.

Un tema que llama la atención en esta ¿nueva etapa? de Adhely Rivero tiene que ver con la presencia de Dios en muchos de estos poemas. Se trata de versos / plegarias en los que el autor clama e invoca al Ser Supremo: Me voy a la biblioteca a pedirle a Dios / que se acaben los enfermos / y me dé ánimo para rezar y oírlos cantar. Los mismos enfermos que María atiende en el hospital donde trabaja. En otro poema, inicia el texto un Señor que convence más al lector de que cierta feliz espiritualidad ha acudido a la vida de quien escribe sin ningún temor, sin tapujo alguno sobre un tema tan delicado. Así: Eres la compañera más bella / y completa / que he tenido en mi vida. / Ahora vivo solo. / De una orilla a la otra el agua / del mar es salobre. / A Dios le quedan días / para los dos en la eternidad. / A nosotros nos atajará la casa, / ese lugar de amor en la tierra.

El amor, se alcanza a creer, atiza el fuego que la anterior poesía de Adhely Rivero trataba por otros medios, a través de otros motivos. Ya no es el sitio, el lugar físico. La mujer –espacio en el que coinciden todos los sonidos– concita una revelación: apuesta a la creencia de que Dios siempre ha sido el responsable de la escogencia de la mujer de hoy. Entonces asume el hábito, pero no deja de recordar que ha sido quebrantado, que ha ganado mucho / pero he perdido todo. La soledad que le dejó el pasado se dibuja en el perfil de los animales de crianza en las lecturas y trazos que hace con las palabras, contemplando el desamor y cómo pasan mis días / a la espera de la última mujer en mi vida. Con este mismo tono afirma que La mujer que tengo me va a incinerar. Añade sin ningún enmascaramiento que quien con él vive lo esconde de todos para estar ellos dos. Y a ese paso, desliza: Y yo en vida pienso que no tendré / una muerte justa, bella, a mi gusto. / Quiero pasar mi muerte / en la sombra de un árbol frondoso. Vie ja ambición de quien nació en plena sabana. Y así el otro deseo: No dejes María que me pierda, / aprendo tanto cuando sueño.

Es un libro de un hombre que viene del desarraigo, de una separación de las miradas / y las comidas. Pero no se trata, como podrían creer muchos, de un despecho lacrimógeno. Se trata de una mudanza a la soledad: Uno se va solo en el viaje del amor / con la mirada de Dios. Para luego entrar en una situación diferente: ...para proponerte María vivir conmigo la belleza / del mundo en esta casa. Y más adelante escribir: solo me llenan el terreno / mi compañera del alma y avatares.


El sobresalto de la ruptura quedó plasmado claramente en La casa no se pelea / les pertenece a los hijos, / a la mujer. / Tengo visto un terreno / junto al mar, / se ve el cielo. / Uno debe tener animales pastando / si tiene casa para su familia. / Voy a vender las vacas lecheras / los caballos de paso / y los toros / para comprarme una casa. / refundaré la finca, / después de haber salvado el amor. / Veré crecer animales en los pastizales / sin temor a la vejez, / hasta que Dios tenga la última palabra. Y comienza de nuevo otra etapa vital, con otro cuerpo, en otro tiempo.


Una clave de este libro /otro de Adhely Rivero la encontramos en las más de diez veces que nombra a Dios. Las doce que menciona la palabra casa y le agregamos cinco de finca, siete veces mujer. Cinco aparece la palabra amor y catorce mar o lugares relacionados con el mar. Es decir, el poeta, hasta ahora, ha encontrado el mundo en otro paisaje. Ya volverá a sus andanzas, de nuevo a la tierra prometida, como ya ha anunciado al margen de este libro.

Madera perdurable la que arde en el aire.


Compañera by Dimitri Lipo


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Adhely Rivero nació en Arismendiestado Barinas,  Venezuela en 1954. Está residenciado en Valencia desde 1970. Licenciado en Educación mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Fue Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirigió la Revista Poesía y coordinó el Encuentro Internacional Poesía de Universidad de Carabobo. Ha obtenido varios premios por su trabajo poético, entre ellos el Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación (dos años consecutivos) U. C. Premio ‘Miguel José Sanz’ de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía Universidad ‘Rómulo Gallegos’. Premio de Poesía ‘Cecilio Chío Zubillaga’ de Carora. Premio Único de Poesía 40 Aniversarios de la Reapertura de la Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: 15 Poemas (1984); En sol de sed (1990); Los poemas de Arismendi (1996); Tierras de Gadín (1999); Los Poemas del Viejo (2002); Antología Poética (2003); Medio Siglo, La Vida Entera (2005); Half a Century, The Entire Life, (2009): versión al Inglés de Sam Hamill y Esteban Moore. Poemas (Antología editada en Costa Rica) (2009): Compañera (2012). Poesíe Caré, Poemas queridos (2016), Versión al italiano de Emilio Coco, publicado en Colombia. Está representado en varias antologías nacionales y en la antología italiana La Flor de la Poesía Latinoamericana de hoy, tomo I, II, editada en Italia, 2016. Ha participado en diversos e importantes Festivales de poesía a nivel nacional e internacional, entre ellos, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, en 2007 y 2016. Festival Internacional de Poesía Al-Mutanabi en Suiza. 2008. Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Festival Internacional de Poesía del Mundo Latino, México. Festival Internacional de Poesía de los llanos Colombo-Venezolano en Yopal, Colombia. Feria Internacional del Libro de Bogotá, Colombia, Feria Internacional del Libro de Caracas, Venezuela. Festival Internacional de Poesía de Venezuela. Festival Internacional de poesía de los llanos colombo-venezolano en Arauca, Colombia. Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo, Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. Bienal Internacional de Literatura “Mariano Picón Salas”, Mérida, Venezuela. Sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués, italiano, alemán, francés y árabe. La revista POESIA le rindió homenaje en su número 156.

 


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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».


Enlaces relacionados:


SIMÓN PETTIT: En las palabras de Adhely Rivero se siente el llano, esa sabiduría que nos llena a través de las cosas más sencillas.


En SABANAS EN EL CIELO está el mismo Adhely con sus versos traídos en la chácara del corazón



COMPAÑERA de Adhely Rivero



ADHELY RIVERO ENTRE LA LÍNEA Y LA SOMBRA





Invitación al "Recital de Poesía" con los escritores Carlos Ochoa, Adhely Rivero y Carlos Villaverde este 29 de noviembre a las 10 am en la Galería Braulio Salazar




ADHELY RIVERO Y SU ÉNFASIS DEL AGUA EN “TIERRAS DE GADÍN”




ADHELY RIVERO Y EL PAISAJE DE ARISMENDI




GENTE ÍNGRIMA: LA SOLEDAD COMO ENCUENTRO



ADHELY RIVERO EN SOL DE SED





GENTE INGRIMA, DE ADHELY RIVERO





Invitación a la presentación del libro "Sabanas en el cielo" de Adhely Rivero este jueves 24 de octubre en la FILUC 2024





LOS POEMAS DEL VIEJO: IMAGEN Y MEMORIA





A CIELO ABIERTO, EL OTRO PAISAJE DE ADHELY RIVERO




Las SABANAS EN EL CIELO de Adhely Rivero





Teófilo Tortolero, caliéntame con fiebre de tu buena compañía en Nirgua




LA VIDA ENTERA (THE ENTIRE LIFE) DE ADHELY RIVERO




JOSÉ PULIDO: LA VOZ DE ADHELY RIVERO VIENE CON MÚSICA SOLEMNE




LA POESÍA DE ADHELY RIVERO: ROSTROS Y FULGORES DE UN PAISAJE





POESIE CARE – POEMAS QUERIDOS de Adhely Rivero




El sutil hilo de la memoria poética de ADHELY RIVERO. 





Los 53 años de la Revista Poesía: Cauce y camino de los ríos encontrados



El poeta Adhely Rivero estará hoy, 28/06/2024, a las 11 AM en el programa radial "Mejor Vivir" de Arnaldo Rojas



Adhely Rivero: Cumplir 70 años... venirme a poner viejo ahora que me está gustando habitar bajo este cielo.




DAS SEELENFEL - CAMPO DEL ALMA. Un poemario bilingue Aleman-Español de Adhely Rivero




DAVID CORTÉS CABÁN: EL LIBRO DE CANOABO, DE ADHELY RIVERO proclama mediante la palabra bondadosa un sentido más lúcido y humano de la vida




UN HOMBRE SILBA CON LA BOCA SECA EN LA FRONTERA INVISIBLE DE ADHELY RIVERO



Disfruten el video del "Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero



"Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero el 7 de diciembre




La honda gratitud de Adhely Rivero hacia el entorno natural en su Mundo Poético



El poeta Adhely Rivero será homenajeado en la Filuc 2023



Los Poemas Queridos de Adhely Rivero



III Concurso literario de la Facultad de Derecho “Miguel José Sanz” en 1980



SEPARADOS EN EL TIEMPO Y EN EL ESPACIO (3)