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lunes, 20 de abril de 2026

Alberto Hernández: En el "El habla secreta" segunda parte, José Napoleón Oropeza hace un arqueo de los poetas venezolanos que han mantenido una propuesta individual y coherente

 




CRÓNICAS DEL OLVIDO


El habla secreta (segunda parte), de José Napoleón Oropeza


Alberto Hernández lunes 24 de mayo de 2021


El habla secreta (segunda parte), de José Napoleón Oropeza (CoberGroup / Seguros Caracas / Ipapedi, 2020).


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En el prólogo de la primera parte de El habla secreta, publicado por la Dirección de Medios y Publicaciones del Departamento de Producción Editorial de la Universidad de Carabobo en julio de 2011, su autor, José Napoleón Oropeza, escribió:


Cuando los filósofos o poetas presocráticos nos propusieron la síntesis e indagación del universo tomando como centro cosmogónico la imagen del agua, de la tierra, del fuego o del aire, abrieron la puerta del conocimiento a una especulación de la materia que admitía, en el proceso, la derivación de esas imágenes —tierra-aire-fuego-agua— en otros signos equivalentes a su fuerza centrípeta...


Sin descanso, Oropeza se concentró en estos elementos en compañía del silencio y la soledad, mientras el río de Heráclito sustanciaba la vida y las palabras y se resumían en líneas arteriales para dar a conocer la circulación espiritual del hombre: la poesía.


Así, los elementos, ataviados de voces, se hicieron ecos, resonancias, tiempo y espacio. La poesía le añadió a la vida otra vida. Le insufló aliento eterno. La de nuestro país encuentra en José Napoleón Oropeza a un buceador, a un investigador que entra y sale de los poemas como entra y sale del imaginario de sus reflejos.



El que estudia este oficio, el de escribir, soñar, vivir o morir, es también parte de los sueños.

Aire, agua, fuego, tierra: amasados en el ojo que lee. Revelados en la extensión de las horas, en la historia personal de cada creador.


En ese primer volumen, ganador del Premio I Bienal Nacional de Literatura Orlando Araujo 2001, nuestro ensayista ha estudiado a poetas venezolanos del siglo XX. Largo sería enumerarlos al comienzo de este escrito dedicado al segundo volumen, razón por la cual al final serán dados a conocer los nombres de los autores estudiados por José Napoleón Oropeza.


 


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La segunda parte El habla secreta, rostros y perfiles en la poesía venezolana de los siglos XX y XXI, editado esta vez por CoberGroup, Seguros Caracas y el Instituto de Previsión Social del Personal Docente y de Investigación de la Universidad de Carabobo (Ipapedi), en Valencia, 2020, recoge estudios de autores de poesía de relevancia nacional e internacional de distintos rostros y perfiles, como ha sido la intención del autor en todos los estudios, tanto en el primero como en el segundo y los venideros.


La continuación es una permanente porfía. El que estudia este oficio, el de escribir, soñar, vivir o morir, es también parte de los sueños: escribe para saberse parte del poema, porque la poesía es de quien lee y es leído. De esta manera, Oropeza cuando analiza disfruta; cuando escribe respira, y con él todos los poemas y los autores tratados en estas páginas.


Para darle inicio a este libro, José Napoleón Oropeza se vale de la metáfora del arca de Noé, su construcción, su espacio donde caben todos los milagros, todos los silencios, todos los miedos, todas las esperanzas, todas las palabras.

Miguel Ramón Utrera. Fotografía de Sandra Bracho.



Esa imagen revelada da cuenta entonces de un ensayo en el que Oropeza se embarca para trabajar con denuedo y densidad el trabajo poético de Miguel Ramón Utrera desde “Los nombres de la noche y el paisaje”; de María Calcaño con el título de “Los árboles salvajes de su poesía”; “Ceremoniales y cantos a la muerte”, en Miyó Vestrini; “Relámpagos y puertas”, en Antonia Palacios; “El cielo sin aldabas”, en Martha Kornblith; “Múltiples mares y un mismo caracol”, en Edda Armas; “La palabra como piedra y nube”, en Belkys Arredondo Olivo; “Espejos y caminos para nombrar a un árbol”, en María Clara Salas, y “La luz transmutada en un fulgor de piedra”, en Lázaro Álvarez.


Se dice y confirma un esfuerzo intelectual que merece la atención de los lectores del país, porque no se trata de dos volúmenes que revisan las voces de nuestra poesía. Son cinco los volúmenes que poco a poco se irán integrando a las bibliotecas de los lectores venezolanos.


En el prólogo de esta segunda aventura verbal, el autor expresa:


Tras la meta propuesta, hemos realizado un arqueo e inventario de nombres de algunos poetas venezolanos que, a través de dos o más obras, han mantenido un discurso coherente y sólido en la novedosa indagación formal de un determinado tema. Ello nos permite —al mismo tiempo, quizá— intuir los hallazgos individuales en cada uno de los creadores, el “atisbo” de luz mantenido y desarrollado en sus indagaciones, ofreciendo la posibilidad de fijar un itinerario de las tendencias formales de la poesía venezolana de la actualidad y el aporte de una propuesta individual en el proceso del devenir histórico de nuestra poesía.


Martha Kornblith

 

Seguirán apareciendo volúmenes, porque aún quedan muchos autores que ya José Napoleón Oropeza ha estudiado.

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La primera parte, un poco más voluminosa, acerca al lector a autores como Salustio González Rincones, José Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo, Vicente Gerbasi, Enrique Arvelo Larriva, Luz Machado, Ida Gramcko, Ana Enriqueta Terán, Juan Liscano, Juan Sánchez Peláez, Rafael Cadenas, Rafael José Muñoz, Ramón Palomares, Alfredo Silva Estrada, Víctor Valera Mora, Gustavo Pereira, Rafael Ángel Insausti, Eugenio Montejo, Luis Alberto Crespo, Teófilo Tortolero, José Barroeta, Reinaldo Pérez So, Hanni Ossott, Alejandro Oliveros, Rafael Arráiz Lucca, Armando Rojas Guardia, Yolanda Pantin y Harry Almela.


Una obra que ha mantenido al profesor y académico valenciano inmerso en el mundo de tantos poetas durante varios años. Madrugadas para saber de las sombras y luces de autores que han hecho de sus existencias sonidos y música, ávidos de voces que alimenten la imaginación y provean a los lectores de belleza y pensamientos.


Seguirán apareciendo volúmenes, porque aún quedan muchos autores que ya José Napoleón Oropeza ha estudiado. Ya están escritos esos tomos que serán dados a la luz cuando también se sepa que nuestro país se sostiene anímicamente sobre ecos, revelaciones, secretos, misterios, amores y odios, sobresaltos y quietudes.


Habrá tiempo para trabajar cada uno de los ya publicados tomos de esta necesaria aventura.


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José Napoleón Oropeza

Puerto Nutrias, 1950 – Valencia, 2024. Narrador y ensayista. Licenciado en Educación egresado de la Universidad de Carabobo (1972). Doctor en Literatura por el King’s College London (1982). Fue profesor de la Universidad de Carabobo en la Cátedra de Teoría y Análisis Literario de la Maestría de Literatura Venezolana. Como gestor cultural, presidió el ateneo de Valencia (1991-2007) y la Federación de Ateneos de Venezuela (1991-1994).


Su obra narrativa comprende diversos títulos: Parte de la noche (Cuentos. Universidad del Zulia, Maracaibo, 1971), La muerte se mueve con la tierra encima (Cuentos. Monte Avila Editores, Caracas, 1972), Las redes de siempre (Novela. Monte Ávila Editores, Caracas, 1976), Ningún espacio para muerte próxima. Cuentos 1969-1976  (Cuentos. Monte Ávila Editores, Caracas, 1979), Las hojas más ásperas (Novela. Monte Ávila Editores, 1980), El bosque de los elegidos (Novela. Fundarte, Caracas, 1986) Entre el oro y la carne (Novela. Editorial Planeta Venezolana, Caracas, 1990), La guerra de los caracoles (Cuentos.  Monte Ávila Editores, Caracas, 1991), Testamento de un pájaro (Novela. S.d., 1992 – Universidad de Carabobo, 1999), La carta que contenía arena (Cuentos. Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2002) Entre la cuna y el dinosaurio. Cuentos completos 1972-2002 (Cuentos. El otro, el mismo, 2006)), Las puertas ocultas (Novela. Bid&Co Editor. 2011), El cielo invertido (UCAB – Bid & Co Editor, Caracas, 2016), La lluvia inconclusa (novela. Rubiano Ediciones, 2022) y El huésped invisible. Cuentos. 2002-2015 (Monte Ávila Editores, Caracas, 2023). Su obra literaria abarcó también la poesía, el ensayo y la crítica destacándose con títulos como: Para fijar un rostro y El habla secreta.


Premio de Poesía Alberto Arvelo Torrealba (s.d., 1970). Premio Único de Cuentos de la Universidad del Zulia (s.d., 1971 y 1972). Premio Único del Concurso Anual de Cuentos del diario El Nacional con su cuento La muerte se mueve con la tierra encima (1971). Premio de Prosa de la Universidad de Carabobo (s.d., 1971). Premio de Novela Guillermo Meneses por su novela Las redes de siempre (1975). Premio Municipal de Prosa Manuel Díaz Rodríguez (s.d., 1983). Premio CONAC Narrativa (s.d., 1987). Premio Cuarenta años de la Universidad de Carabobo (s.d., 1999). Premio Bienal de Literatura Orlando Araujo por el libro El habla secreta. Rostros y perfiles de la poesía venezolana del siglo XX y XXI (primera parte. 2001). Premio de Cuentos de El Nacional por el texto Entre la cuna y el dinosaurio (2002). Doctorado Honoris Causa en Educación, otorgado por la Universidad de Carabobo (2007). Premio de la Crítica a la Novela por su novela Las puertas ocultas  (2011). Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua (2015). Premio Nacional de Cultura Mención Literatura por su trayectoria literaria (2021-2022).  Premio Nacional de Literatura por su obra El habla secreta. Rostros y perfiles de la poesía venezolana del siglo XX y XXI (segunda parte. 2023). ​


Su obra ha sido incluida en diversas antologías y muestras de narrativa venezolana.



https://ficcionbreve.org/autor/jose-napoleon-oropeza/


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Dirigió el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (Maracay), donde también ejerció como director, secretario de redacción y redactor de la fuente política. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. En 2020 fue designado miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Aragua.  Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000) y Relatos fascistas (2012),; cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Además ha publicado los libros de ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981) y Notas a la liebre (1999); la novela La única hora (2016) y los libros de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999) y Cambio de sombras (2001). 

Publica regularmente en Crear en Salamanca (España), en Cervantes@MileHighCity (Denver, Estados Unidos) y en diferentes blogs de Venezuela y otros países. Sus ensayos y escritos literarios han sido publicados en los diarios El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Carabobeño, entre otros. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al portugués y al árabe. Con la novela El nervio poético ganó el XVII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2018).

Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

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lunes, 25 de octubre de 2021

MARTHA KORNBLITH a Rafael Arráiz Lucca: Los jóvenes poetas venezolanos buscan la posición antes que el talento y les gustan demasiado los premios

 



Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes esta vieja entrevista al escritora venezolana MARTHA KORNBLITH, realizada por el  poeta e historiador Rafael Arráiz Lucca en 1994. La entrevista fue extraída del libro Conversaciones bajo techo.


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 El título  original de esta entrevista es muy agradable y motivador: "un poema tan solo sirve para ser feliz" pero sumamente irónico debido a como fue el desenlace de  la vida de MARTHA KORNBLITH, el 29 de mayo de 1997 se arrojó al vacío desde un quinto piso. 

La poesía no la salvó...


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MARTHA KORNBLITH: Los jóvenes poetas venezolanos buscan la posición antes que el talento y les gustan demasiado los premios.

Una entrevista de Rafael Arráiz Lucca.




MARTHA KORNBLITH : la poesía no salva a nadie. 


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MARTHA KORNBLITH:

un poema tan solo sirve para ser feliz


Los ojos de Martha Kornblith cuando miran hablan. Pocas miradas delatan con tanta claridad el dialogo tenso que provocan las contrariedades del mundo, pero pocos ojos como estos anuncian las mieles de la victoria. -Si las batallas son arduas, las ganancias son definitivas. Así como es de duro aprender a caminar, así también puede llegar hasta la página la luz de un poema memorable.

Marta Kornblith es la autora de Dime Jessy Jones.


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DIME JESSY JONES


¿no crees que mi odio sea analizable?




Me citan.


Me controlan.


Me dosifican.




Dime Jessy Jones,


cuáles son los caminos que conducen a Bridge Town,


Cinamon City, Orson Gate.


donde caigo de bruces frente a la palabra,


que en definitiva es él,


y entonces la rabia cede.




Así soy yo:


la rabia regresa junto con el aburrimiento.


¿Sería mi aburrimiento mi histeria?, dijo Barthes,


para eludirlo, disfruto una ceniza quemándome el centro


[del cuello,


la nada, el detalle sin fuerza.




Así soy yo:


busco tu nombre en la guía telefónica,


llamo y cuelgo.




Perdóname, reconociste el sonido de los grillos en mi cuarto,


sabías que era yo (era la una de la madrugada),


solté un brinco, tomé una ducha y exclamé frente al espejo:


estoy en él, vivo en él,


dormí suavemente, con voluntad.


Esta es mi lógica interna:


suicidarme se ha convertido en mi divertimiento, mi


[vocación:


hace días, tomé quince fármacos y lo llamé para decirle


que era la única forma de lograr que me atendiera.




Así soy yo (manipuladora):


invento nombres de ciudades, no porque signifiquen, sino


para darle un ritmo al poema.


Vamos Jessy Jones a Bridge Town, Cinamon City, Orson Gate,


allí donde la rabia cede y yo voy con botas, un abrigo y un


blue jean a un café citadino. En él, varios poetas se interesan


por el suicidio como una elección personal de la muerte.


Esos bares, paradójicamente, son tremendamente insomnes,


insuflados de vida.


En definitiva, nadie es capaz de decidirse.




Dime Jessy Jones,


¿no crees que mi odio sea analizable?




Por favor, culpa al contexto,


rompe el límite.




Así es mi rabia:


me persigue, me hace ir del vértice del bien al mal.


Odio,


manipulo,


me autodigo puta loca, loca puta,


llamo y cuelgo,


cuando desaparece


digo gracias.




Dime Jessy Jones,


¿no crees que los verdaderos limitados son los médicos?




Este poema tiene su historia secreta:


nace de un sueño


muy personal,


un sueño-libro.


Trama, desenlace, paradoja


concluye (como nunca me suele ocurrir).


¿Eras tú, Jessy Jones, quien me decía que llevara más dinero [al colegio?


De niña desarrollé una gran habilidad para robarlo de mis


compañeritas.


Colegio, casa, parque.


¿Eras tú, Jessy Jones, o el espectro de la rabia, o del amor,


o de la madre?




Ella:


buscó amor en los conciliábulos médicos,


intercambió roles, rompió los límites para idear una relación


formal amorosa imposible.




Ella:


no tiene criterio de realidad,


desea más allá de lo deseado,


no tolera las frustraciones.




Ella:


se enamoró primero de su jefe (lugar común),


la apedrearon por loca,


ese fue el antecedente de la primera consulta


deprimida.


Ellos levantaron el telón,


el síntoma: su fracaso para realizar la expectativa.




Ella no tolera que le nieguen algo,


le dieron un mundo de confort, mármol y oro,


forma berrinches,


tira las puertas,


odia que la ignoren,


aunque a veces busca brillar por su ausencia y cuando


se suicida


olvida que no hay nada más olvidado que un muerto.


La gente, comentaba Chaplin, me pregunta cómo se me [ocurren


las ideas. Ellas nacen de un deseo incesante de tenerlas.




Tú eres la palabra:


mientras más me rechaza más la busco,


cuando la encuentro, puede que me acaricie o me maltrate,


se queda por tan sólo un instante, y luego se va con otra.


Tú eres la palabra:


me apedreas por grosera,


te saco provecho literario,


te quiero joder.


KORNBLITH, MARTHA


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“Yo soy una persona común y corriente, pero tengo una firme convicción en la poesía. Quizás esto venga de mi infancia feliz, de las riquezas que tuve, de la gente buena que me rodeo. A uno lo hace su infancia. Yo viví en torno a una casa, una cuadra en San Isidro. Mi niñez en esa ciudad en donde nací es algo que siempre recuerdo.

Luego estuve dos años en Rio de Janeiro, pero allí la vida era más dura que en Lima, aunque la belleza de Rio es incomparable, Lima era el sitio de mi felicidad.

Nunca fui a la playa en Rio. Me sentía incomoda, desarraigada. Creo que de aquel desasosiego nace mi poesía, de aquel mundo fantasioso y solitario, de mis paseos a la orilla del mar vienen mis textos. Como toda adolescente yo soñaba con ser alguien importante. Quería ser actriz de telenovelas brasileñas. Soñaba, pues. De esos años es un verso mío que dice: Suelo volar como

una paloma herida/ por una playa interminable.‘

 

A los once años llegué a San Bernardino y comenzaron mis años más terribles. Me tocó convivir con un medio competitivo, sifrino, muy valorativo del dinero y muy desconsiderado con los valores interiores. Todo aquello fue muy duro”.

Y fue este carnaval implacable el que contribuyo a la gestación de la palabra poética: Ese fue un poema que hice para salvarme, para mostrarselo a mucha gente y decirle; lee esto y deja de perturbarme. Pero después de que lo hice me di  cuenta de que la poesía no salva a nadie. Lo que puedes lograr con un poema es que alguien te lance una gran risotada en la cara. Con la poesía no puedes comprarte un apartamento en Nueva York, ni viajar todos los años a Europa. La poesía solo sirve para que nos reunamos en un taller, para divertirnos y estar en contacto con lo bello. Nadie se salva con la poesía. Tan solo  sirve para ser feliz.

"Yo no tengo esa visión trágica de la poesía. Para mi es un gran placer escribir. Si, por ejemplo, me levanto un sábado deprimida, aburrida, sin saber qué hacer con mi vida y, de pronto, logro escribir un texto. Pues ese día ya es otra cosa, es un día que floreció. Yo odio a esa gente desgarrada que anda con un poema en la mano sufriendo. No me gusta, me choca porque el poema es mi yo feliz”. '

El azar o las leyes ocultas muchas veces construyen situaciones que no tienen una explicación ceñida a las normas de la razón. Marta Kornblith comenzó a escribir poemas sin saber, exactamente, que eso era lo que hacía. Buscaba salvarse de los demás y de si misma y, en verdad lo que hacía era escribir un texto. Desvertirse: Quien se despoja de todo, quien está dispuesto para la pérdida, también está listo para la ganancia. Rafael Cadenas lo ha perdido todo y lo ha ganado todo Es como si la depresión se convirtiese en otra cosa Es como si la tristeza y el despojamiento abonaran el terreno de la vida espiritual. Pero lo que fue una disposición oculta en el trazado del azar, termina por ser un oficio (un placer) para hacer frente a las vicisitudes del mundo. Es un terrible destino vivir en Caracas. Me gustaría vivir en una ciudad linda pero no podría irme de aquí Me da mucho miedo comenzar de nuevo Sin embargo, la otra tarde iba por la Cota Mil el cielo estaba precioso y, súbitamente, pensé que a mis treinta y tres años a veces se me olvida que estamos cubiertos por un cielo y el cielo es inexplicable. El cielo es el azar, es Dios. Todo esto, mientras iba en el carro, me hizo recordar unos versos de Yolanda Pantin que expresaban mi sentimiento:

Estoy cerca del mundo fuera de mi

el que este cielo exista es un milagro.

 

Pero una mujer que puede mirar al ciclo y recordar las palabras de otra que también vio hacia arriba, también mira a su alrededor y se forma los juicios menos complacientes. Le preocupa la actitud de muchos de sus compañeros de generación: Buscan la posición antes que el talento; les gusta ir a los bautizos de libros para que los reconozcan. Les gustan demasiado los premios y esto me tiene fastidiadísima porque, en verdad, yo creo que los premios deterioran y alienan. Pero el daño más grande que hacen es que crean personajes. Parece que estuviéramos rodeados de personajes y no de gentes.

También hay muchos que todavía creen que ser poeta es meterse en un bar a emborracharse, pero así termina por perderse la sensibilidad para apreciar un buen poema. Y después lees en la prensa unos grandes elogios por unos libros que son una porquería.

Estos amigos quizás sean los mismos que no hablan  con Martha Kornblith porque es muy callada, es  silenciosa. Son los mismos -sostiene Martha- que por una parte no hablan con ella y por la otra escriben en sus poemas las palabras palabra silencio, desasosiego y se las dan de desamparados. Son los mlsmos —dice Martha- que leen a

Pound y Elliot y blanden una suerte de desasosiego importado. Si bien hay versos verosímiles e inteligentes, también muchas voces son falsas y me  molesta. A veces compro diez revistas literarias y no encuentro un solo poema Pasan los meses y no encuentro el  poema que yo hubiera querido escribir.

Mis poetas son de  aquí

A los nueve años Marta Kornblith a había leído Las mil y una noches pero su padre no lo sabía. Un buen dia se lo trajo de regalo y Marta, para no decepcionarlo, le dio las gracias y callo. Años después retomo su lectura y ya no pudo dejarla. Quizás todo comenzó allí.

Luego llego Julio  Verne y su oferta de otras peripecias y más adelante un poeta y sacerdote que en los años setenta entusiasmó a más de uno: Ernesto Cardenal. Yo estaba enamorada del poema de Monroe y lo leía y lo leía hasta que me lo aprendí de memoria.

Pero en estos días signados por la incertidumbre Marta prefiere las voces de sus vecinos más cercanos: yo no voy a buscar influencias anglosajonas. Si quiero enriquecerme busco una lectura cotidiana  de los poetas de Trafico. Busco un texto de Rojas Guardia, de Osuna, de Yolanda Pantin o de Blanca Strepponi. Muchos poetas jóvenes buscan autores lejanísimos, incluso algunos dicen en sus poemas que están cansados de tanto viajar y, en verdad, nunca han salido del país


Rafael Arráiz Lucca

 




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Imagen tomada de "Dijo un día"




Rafael Arráiz Lucca
Caracas, 3 de enero de 1959.

Elegido en noviembre de 2005 para ocupar el sillón V.

Vicepresidente (2015-2018). Ha sido vocal y tesorero (2019-2011).

Abogado y doctor en Historia por la Universidad Católica Andrés Bello, Rafael Arraiz Lucca es profesor titular de la Universidad Metropolitana (Caracas).

Ensayista y poeta, en su larga trayectoria ha sido jefe de redacción de la revista Imagen (1985-1989), subdirector de la Galería de Arte Nacional (1989), presidente de Monte Ávila Editores Latinoamericana (1989-1994), director general del Consejo Nacional de la Cultura (1994-1995) y presidente de la Fundación para la Cultura Urbana (2000-2010). Desde 1997 hasta 2010, Arraiz Lucca escribió semanalmente una columna de opinión en el diario El Nacional.

Ejerció como investigador en el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA); visiting fellow en la Universidad de Warwick (1996) y titular de la cátedra Andrés Bello del Saint Antony’s College de la Universidad de Oxford (1999-2000). Fue decano-director del Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri de la Universidad Metropolitana (2006-2010).

Ha recibido, entre otros, el Premio de Poesía de Fundarte (1987), el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1993), el Premio Monseñor Pellín al mejor articulista de opinión del año (1999) y el Premio Henrique Otero Vizcarrondo del diario El Nacional al mejor artículo de opinión del año (2001). En 2007, el Gobierno de España le otorgó la Orden de Isabel La Católica.