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domingo, 4 de agosto de 2024

Ida Gramcko, Stella Díaz Varín y Yolanda Westphalen: Tres Poetas silenciadas y convidadas invisibles

 

Poetas latinoamericanas  Ida Gramcko, la chilena Stella Díaz Varín y la peruana Yolanda Westphalen


Las convidadas invisibles, historia de tres poetas silenciadas


La venezolana Ida Gramcko (1924-1994), la chilena Stella Díaz Varín (1926-2006) y la peruana Yolanda Westphalen (1925-2011) ejemplifican el olvido al que se ha sometido la vida, obra y trayectoria de muchas autoras latinoamericanas



MARÍA ALCANTARILLA

19 JUL 2021 - 11:34 VET

Mucho se ha hablado de la necesidad de revisitar aquello que se dio en llamar el boom latinoamericano, que, por una parte, se ha terminado asimilando como un fenómeno incompleto (debido a la llamativa ausencia de representación femenina. Rosario Castellanos, María Luisa Bombal, Nélida Piñón o Clarice Lispector —por citar solo a algunas de las excluidas entonces— dan buena muestra de ello) y que, por otra, ha mostrado sus costuras, más como un fenómeno mercadotécnico (otra forma de “vender” América Latina) que como un movimiento exclusivamente literario. Sin embargo, la historia en ocasiones “imparte justicia” y, hoy en día, narradoras como Samanta Schewblin, Guadalupe Nettel, Margarita García Robayo, Vera Giaconi o Mónica Ojeda no solo están rompiendo con las propuestas estéticas asimiladas como puramente latinoamericanas (hasta ahora en su mayoría masculinas) sino que han abierto una nueva puerta de comunicación con el mundo y, en cierta medida, están llevando a cabo un ejercicio de disolución de las fronteras —físicas y mentales—.


Con todo, en la actual tesitura, aún sigue presente un escalón que parece insalvable: el hecho de que se siga considerando a la poesía un género de segunda. En este sentido no son pocas las poetas nacidas en los años veinte que, como en una línea paralela, hubiesen debido brillar con la misma luminosidad con que lo hicieron, y aún lo hacen, figuras tan conocidas como Eugenio Montejo, Nicanor Parra, Pablo Neruda, César Vallejo, Drummond de Andrade o Lezama Lima. Silenciar de forma deliberada una gran parte del imaginario femenino aumenta nuestra deuda con la historia. Lo dejó dicho Machado cuando nos advertía de que solo existe la desesperanza cuando aparecen los tres símbolos de la nada: el silencio, la muerte y el olvido. La venezolana Ida Gramcko (1924-1994), la chilena Stella Díaz Varín (1926-2006) o la peruana Yolanda Westphalen (1925-2011) ejemplifican el olvido al que se han sometido, no solo sus vidas, sino sus obras y sus trayectorias profesionales.


Elizabeth Shön


Fe en el destino

“Vivía escribiendo, encerrada dentro de un cuarto —escribe Elizabeth Shön en su Relato sentimental sobre Ida Gramcko—. Le pregunté qué escribía y me dijo que eran poemas, y que los escribía desde siempre. ¿Cómo que desde siempre, Ida? Su mamá me contó entonces que cuando ella tenía cuatro o tres años y medio, empezaba a llamarla, le decía que corriera para dictarle una cosa, «una cosa que tengo aquí arriba en la cabeza». Eso era un poema”. Además de su sensibilidad precoz, Gramcko fue una de las primeras reporteras de periodismo policial en El Nacional y, en torno a 1948 —encomendada por el presidente Rómulo Gallegos—, ejercerá labores diplomáticas como encargada cultural (en realidad se desempeñó como encargada de negocios. Nota del editor) en la Unión Soviética. Nueve años después sufre un doloroso episodio de psicosis que se alargó más de lo esperable pero del que sigue manando una gran obra. No en vano, su propuesta podría emparentarse con la de Rilke, Santa Teresa de Ávila o William Blake. “No eres lo que se piensa —leemos en Poemas de una psicótica—. Eres lo que se ama. No eres conocimiento sino solo estupor. No eres el perfil sino el asombro. No eres la piedra sino lo inaudito. No eres la razón sino el amor”.

Voluntad de paso

“Quise estudiar en la universidad pero el jefe de la familia, que era mi hermano mayor, dijo que estudiar era una tontería, que la mujer debía estar en casa, casarse, tener hijos y mantener su hogar. […] Fue la primera vez que lloré, me acuerdo, sola, con un llanto que exprimía todo mi ser, porque al instante sentí mi vida completamente fracasada”, contaba Westphalen en 2006 para Gaceta Cultural del Perú. Y no se conformó a pesar de que, para ello, tuvo que pagar ciertos peajes (ser esposa y madre era más una imposición que una cuestión de libre albedrío). Terminó doctorándose en literatura en la Universidad Mayor de San Marcos, en 1976, con la tesis Interpretación y análisis de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. La emotividad de lo cotidiano, lo que habitualmente pasa desapercibido y que podría resultarnos incluso baladí a ciertos ojos poco experimentados, funda una obra en sintonía con lo que Chantal Maillard refiere: “¿Qué fue de aquella inocencia en la que la percepción, lo percibido y quien percibe era uno y lo mismo?” Westphalen escribe en Palabra fugitiva: “Desde tu infancia quieta llega a sepultarse / en la brisa / tu primera sonrisa. / Héme aquí sola / entre la niebla que presagia un viento interminable”.

Nihilismo rabioso

Hija de un padre relojero anarquista y de una madre descendiente de una familia francesa de alto abolengo, Stella Díaz Varín “La colorina” es una poeta controvertida que supo desenredarse de etiquetas generacionales para regalarle a su sociedad una voz comprometida con su firma. Y, aunque llegó a Santiago en el 47 para estudiar medicina y especializarse en psiquiatría —propósito que abandonó—, terminó por integrarse activamente en la Alianza de Intelectuales. Sin embargo, al tiempo, ese mismo grupo la expulsó alegando traición. Porque, si algo derramaba Díaz Varín era personalidad y voz propia. Al igual que Gramcko, su relación con la poesía es prematura, con un especial ensalce de la figura de su padre, que falleció cuando ella solo tenía siete años, razón por la cual, más tarde, advertimos su interés por las abandonadas, las viudas, las mujeres que han de desenvolverse en solitario. “De ella, la tentadora de la muerte durante ocho siglos, / la que en sus manos tiene dos trigales y en sus sienes de niña / una rama florecida de lágrimas, / de ella la novio que tendió sus velos por sobre los abismos / de ella la vencedora, la cercana / de esa mujer soy hija”.


“El poeta se aferra a las palabras como a un vientre”, nos dejó escrito Gramcko en Poemas de una psicótica. Pero las tres representan esta idea. ¿De qué otra manera podrían haberse emancipado de su tiempo si no fuese por esa férrea convicción en el oficio que las ha hecho, no solo universales, sino voces perennes en la historia? Desde el olvido de sus obras, desde un canon que, a sabiendas, omite su memoria, estas tres poetas siguen hablándonos en presente.


Tomado de El País




lunes, 29 de julio de 2024

Ida Gramcko en el Programa "Entrelíneas": Yo ya no creo en la inspiración, ni en el inconsciente. El poema es un trabajo consciente

 


Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes esta entrevista realizada a Ida Gramcko (1924-1994) por el programa televisivo Entrelíneas, conducido por Antonio López Ortega. En el programa podrán disfrutar del respaldo a una exposición homenaje al Premio Nacional de Literatura 1977 Ida Gramcko hecha por la Biblioteca Nacional. Esta exposición homenaje fue hecha en 1990, por lo que deducimos que el programa fue transmitido en septiembre de 1990. 


Entrelíneas, fue un programa producido por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y hecho en el Centro Au.diovisual de la Universidad Nacional Abierta. Fue transmitido por VTV y la Televisora Nacional Canal 5 de 1988 a 1992. Semanalmente se emitía un episodio (aproximadamente 216 episodios totales) y era un programa dedicado al mundo del libro.

Ahora copiaremos la manía de otro portal cultural venezolano que  colocan hasta el nombre de la fotocopiadora que usaron.  Y nos haremos autobombo por la magnífica labor que venimos haciendo desde hace años.Toda la labor de transcripción, montaje y selección de fotogramas ha sido hecha, como siempre se ha hecho, por nosotros. Y no podemos negar que somos muy buenos haciendo lo que hacemos...


Entrelíneas. Plantilla:


Instituto autónomo Biblioteca Nacional


Conducción:

Antonio López Ortega.


Producción ejecutiva:

Mercedes Coello

Luna Benitez


Consejo asesor:

Virginia Betancourt

Gustavo Luis Carrera


Consejo de programación:

Antonio López Ortega.

Francisco Pereira

Norma Arocha

Mercedes Coello


Dirección general:

Annabella Maso


Dirección de arte:

Nela Ochoa


Dirección de Campo:

Carlos Camacho

Carlos Rojas


Dirección de estudio:

Carlos Rojas


Dirección técnica: 

Castillo Rizo



Producción:

Alberto Márquez


Asistente de arte:

Oscar Ikatti


Post-produccion:

Alberto Cova


Cámara:

Salvador García

Vinicio Morales

Federico Roig


Asistentes de cámara:

Harold Barreto

Bernardo Caripe


Iluminación:

Eduardo Alvarado

Víctor Echeverría

Jaime Hermoso


Sonido:

Néstor Díaz

Héctor Márquez

Orlando Márquez


Música original de Miguel Noya


El programa fue hecho  en el Centro Audiovisual de la Universidad Nacional Abierta.


Disfruten de la grabación.


Atentamente


La gerencia


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Programa Entrelíneas ~ Homenaje a Ida Gramcko





Muy buenas noches amigos de entre líneas la Biblioteca nacional viene desarrollando desde hace ya bastante tiempo un programa de celebración a los Premios Nacionales de literatura. Ya van en lo que serían los dos últimos años aproximadamente 10 entregas de este interesante premio. En este mes de octubre y con con una inauguración a partir del mes de septiembre se dedicó la exposición a Ida Gramcko, una de nuestras escritoras más sobresalientes y también diría yo, más desconocidas, más periféricas . 

A través de una presentación del poeta Alfredo Chacón y también de Víctor Pereira, se compiló un excelente catálogo con una cronología, con una bibliografía y también con documentos iconográficos de Ida.


Con motivo pues de este nuevo evento, nos desplazamos hasta su casa, hasta su estudio, hasta su lugar habitual, su lugar íntimo. El lugar de una escritora perseverante, tenaz que no ha cesado de escribir y que se ha desenvuelto con igual Libertad en el campo de la poesía, del ensayo, del teatro e incluso de la reflexión del pensamiento. Veamos pues los de Ida, en su estricta intimidad, en su casa, sobre la poesía y sobre el acontecer poético.



En primer término yo, agradezco enormemente este homenaje a la gran creadora de la Biblioteca Nacional Virginia Betancoutr, a Eduardo Liendo y a los que hicieron la presentación como Alfredo Chacón y Víctor Pereira. Pero siento que este homenaje principalmente o esencialmente me compromete más no solo con mi propio oficio que es la creación, sino precisamente con la receptividad de los lectores, de los que me han leído y tendrán la paciencia de seguirme leyendo. En ese sentido pues me compromete el homenaje que me hace la Biblioteca 

Básicamente es otorgar sentido a la vida y otorgar sensibilidad a la vida. Porque fíjate bien, Hablando nosotros diariamente hemos ido degradando el vocabulario. Yo me acuerdo que el profesor Rosenblat, decía que nuestro lenguaje cotidiano era una degradación del canto.

El hombre empezó por cantar, por danzar a sus ídolos en lo primitivo. Es decir hay que renovar, limpiar, despejar de nuevo el idioma. Y en este sentido yo, digo también que es el lenguaje original del Hombre porque lo primero que hubo en esto que llamamos mundo fue el canto y la danza y los ritos primitivos. Entonces lo primero que hizo el hombre fue cantar. Entonces en ese sentido yo creo que tenemos que renovar un poco retomar la actitud original y volver a fundar las cosas, volver a crear el mundo. Claro que no en un sentido geográfico. Crear el mundo como diálogo, como comunicación. Crear el mundo significativo. Precisamente yo creo que ocupa el lugar de La Rebeldía, de la subversión. Aquel lugar al que no convence lo tecnológico. Yo no tengo nada contra la técnica y creo que debe utilizarse pero la poesía vuelve por los fueros de la de la humanidad, de la sensibilidad, de la imaginación. Yo, por ejemplo soy una gran lectora de buena ciencia ficción y todo lo que es tecnológico. En ese sentido me atrae mucho pero creo que la posición del hombre básicamente es de humanización, de rescate de los valores más profundos. Porque fíjate que hoy en día con lo tecnológico el consumidor es el que está en primer lugar. Cualquier cosita nueva que aparece que sea muy curiosa y muy divertida y muy juguetona dispara el deseo de comprar, el afán de comprar es completamente casi neurótico. Entonces claro habría que retomar la la la las ideas del hombre, las sensaciones del hombre ante objetos más más generales o más frescos o más o menos en ese sentido menos maquinales, menos mecánicos. Entonces sí creo que la poesía y todo el arte en general tiene digamos indirectamente la función de revivir un mundo como el primer mundo, como el jardín del Edén en donde todo se nombraba por primera vez.


Claro que no lo podemos hacer exactamente como lo hacían los primitivos, porque somos personas que usamos teléfonos, tenemos televisor pero puede el artista retomar en un momento dado esa actitud primigenia de descubrimiento, de asombro ante las cosas. 




Después de estos interesantes comentarios es importante ver la mención, oír mejor dicho la mención de los organizadores de esta exposición. Veamos pues la intervención de Eduardo Liendo, escritor y novelista reconocido quien fue el responsable por Biblioteca Nacional de la Organización de esta exposición 



Hay materiales muy diversos. En primer lugar están expuestos todos sus libros, algunos son prácticamente curiosidades porque no se han reeditados desde hace algunos años.

Esta es una muestra hemerográfica muy interesante porque están trabajos periodísticos de Ida Gramcko desde la década del 40. Ida además de ser una extraordinaria poeta tiene la calificación de ser una de las primeras reporteras que ha tenido este país. Y algunos de esos reportajes como el que ella hizo sobre Teresa de la Parra, la gran escritora nuestra. A Juan Liscano le hizo un extraordinario reportaje, a Manuel Segundo Sánchez, a Aquiles Nazoa. Como les decía no son cosas recientes sino trabajos, artículos de la década del 40 y del 50. Esa labor en ella ha sido ininterrumpida. Después hay un registro fotográfico muy amplio de la vida, de la existencia de la poeta Ida Gramcko que es una mujer excepcional. Porque Ida Gramckco es uno de esos seres humanos que tienen un proceso muy interesante de autoconstrucción.

Ida Gramcko es una mujer que no fue tempranamente a la escuela. Ella confiesa que prácticamente aprendió a leer leyendo los avisos de los letreros en las calles de la ciudad. Ella es una autodidacta, fundamentalmente, hasta cierto momento de su vida. Es posteriormente, después de su su juventud cuando ella hace la libre escolaridad de la escuela y del bachillerato, se inscribe en la universidad, adquiere la licenciatura en filosofía, pasa a ser docente de la universidad. Creo que da filosofía del arte y mitología en la Universidad Central y entonces es como otra parte de su vida 


Yo me di cuenta de que en muchos aspectos la gente cree que la obra de arte es una improvisación y creen todavía en la inspiración, en el trance y en el rapto. Yo creo que un creador es básicamente, no un Bohemio, sino un obrero y tiene por lo tanto que trabajar y que luchar mucho. Entonces haber estudiado desde el sexto grado, estudié en libre escolaridad y luego filosofía bueno fue una vía para entrar en conocimiento de una serie de autores que yo, en esa época conocía pero no muy a fondo. Entonces me preparé pues en ese sentido y creo que cada día estoy en el mismo temple preparándome, creo que básicamente el artista debe ser una persona enterada no solo de los de los libros o de los filósofos y de los pensadores. Sino de todos los problemas que hay en el mundo. 




Habría que agregar a esto que Ida fue también una de las primeras diplomáticas  mujeres. Incluso no solamente en Venezuela sino en el Continente. Fue agregado de negocios de Venezuela en Moscú en los años 40 y además es una escritora polígrafa, tiene obra teatral, tiene obra ensayística, todo su trabajo periodístico que es sumamente interesante y su obra poética que según la crítica es la que más la califica como creadora 



Tuve la gran oportunidad de conocer era al poeta venezolano francés Roberto Ganzo, que es considerado en Francia como un gran poeta y él en verdad me abrió muchos Horizontes en ese sentido poético. Él tradujo mi libro La Vara mágica al francés. Luego en Moscú, el que era el jefe de la editorial del estado que se llamaba Fedor Kelin, que era un Ruso blanco que se quedó con la revolución. Era un visitante asiduo a mi apartamento, a mi hotel y él también me tradujo al ruso La vara mágica y me pidió una obra de teatro para títeres o muñecos para niños  y yo se la hice. No sé qué pasó con eso porque vino La dictadura, yo me vine apresuradamente y las cosas quedaron. Así no que volví a saber de él. Era un tipo cultísimo que hablaba español perfectamente. Esas dos experiencias fueron muy positivas Pero además el contacto con lo que eran los bailes populares, las danzas populares soviéticas, el teatro para niños, el teatro para títeres donde montaban cuentos de hadas de una manera extraordinaria. Todo eso me sirvió de acicate también para escribir lo que hice posteriormente.



Por último a manera de complemento final, vamos a vamos a ver qué dice la crítica. Alfredo Chacón reconocido poeta e investigador literario y quien conociera a Ida Gramcko en su juventud. Un conocimiento que fue aparentemente determinante. Igualmente una de sus contemporáneas Elizabeth Shön quien compartió con ella los primeros albores de esta vocación. Veamos sus comentarios:



 Es verdad yo la conozco muy íntimamente y tan íntimamente que La tempestad (durante la filamación de la participación de Shön se desató un aguacero. Nota del editor)nos ha ayudado de fondo porque a ida uno de los músicos que más la conmueve es Wagner, y cuando usted público escuche los truenos piense que es la tempestad de Wagner, que no es otra cosa. Porque las dos, los dos son muy afines y no solamente en el sentido de que ella le gusta. Sino que Ida en su poesía es muy wagneriana porque ella es muy fuerte, muy cargada, muy exuberante como es Wagner. Así que no les asuste que esto ocurra. 


Richard Wagner - Ride of The Valkyries


Yo conocí a Ida desde muy niña y a mí una de las cosas que más me gustaba era verla caminar. Porque cuando ella iba por la calle, ella no caminaba, ella flotaba. Ella iba así como que la llevara el viento y indudablemente que es un fenómeno como poeta. Es un fenómeno y creo que es un fenómeno mundial, porque no es nada más que en América, es en el mundo entero. Ella nació siendo poeta y eso le trae como consecuencia que se diferencie tanto de los demás poetas. Porque los demás poetas buscan el lenguaje, luchan con el lenguaje, a veces hasta tienen un brollo, vamos a decirlo en estas palabras, con el lenguaje, Ida no.  Ida cuando tenía 4 años, ella se sentaba en su cama y llamaba a su mamá y le decía mamá, mamá búscame un lápiz porque tengo una cosa aquí, en la cabeza que quiero decir, que quiero decir, que quiero decir. Entonces su mamá venía y ella le dictaba el poema porque ella no sabía escribir. Quiere decir que para ella el lenguaje vino con ella. No fue adquirido, no fue buscado sino está en ella y como yo no he visto en ningún otro poeta 



Yo empecé a aprender a leer en los letreros de las calles. O sea que cuando llegué a un colegio de monjas donde no estuve sino un año, que ya fui muy pequeña ya yo sabía leer y escribir. Y hay una anécdota muy hermosa Que muchísimos años después yo estaba en Caracas, una mujer, una persona me dijo que yo había escrito en el pizarrón del colegio uno de mis primeros poemas, el poema decía: 

en esa mata de verdosas hojas 

como un alma blanca surge 

un lirio encantador 

es como tu niña y guirnalda 

donde en el monte que floreció 


Eso era poemas además escritos con letra manuscritas. Entonces yo estoy escribiendo desde que tengo prácticamente 3 años y claro ya mi desenvolvimiento posterior porque no tuve sino un año en ese colegio fue completamente de autodidacta, hasta que vine a estudiar ya entrada en años 




Y lo más asombroso de su obra es que lleva una unidad interior increíble. Es como un solo río y de ese río se desbordan cascadas, se desbordan arroyos, se desbordan piedras, se desbordan sombras, es algo verdaderamente único. Por ejemplo en Umbral, ella creo que umbral lo hizo cuando tenía 13 años de edad 12 años de edad, una especie de Mozart. Ella dice así:


No, no no puede ser ni puedo tampoco ser 

yo misma hasta que no haya saboreado toda,

toda la hiel amarga y el alcíbar


esto en una criatura de 12 años en Puerto Cabello es un fenómeno. Porque Puerto Cabello en aquella época, era una cosa de ignorancia sobre lo que era la poética, sobre incluso sobre lo que eran los problemas humanos. Y ya esa edad Ida lo estaba dando. Después en  La vara mágica que es un libro bellísimo. (Truenos) no no se preocupen que este es Wagner que nos está acompañando Hay un poema que se llama La Cenicienta ella dice algo que la Define totalmente,Define totalmente su obra y al definir su obra se define ella también, porque nunca el escritor o el artista está separada de su obra 


porque la vida siempre es ser algo

ser la rosa o la Fuente ser la casa o el árbol


 y asombra que después que ella hace cantidades de libros entre los cuales se cuenta a "Poemas" que uno de los libros fundamentales de la literatura universal ella dice que: el alma es un poético proyecto.  Es decir, ella tiene la sensación de que para ser poeta no se requiere de eso que llamamos inspiración, sino que hay un desarrollo, hay incluso una voluntad, hay una incluso también una predisposición para llevar a cabo todo lo que está por dentro y por eso es que ella pone: Es un poético proyecto.



Si, se trata pues de lo paradojal que pudiera haber entre lo reflexivo y lo sensible. Es decir yo, no creo que lo que básicamente importe en un ensayo sea lo racional sino lo consciente. Hay que diferenciar razón de consciencia. Hay una toma de conciencia de ciertos problemas de arte o una toma de conciencia de una visión del mundo determinada que uno va a dar. Entonces eso que podríamos llamar lucidez o conciencia también yo creo que es necesario para la poesía. Porque si la poesía es básicamente sensibilidad, imaginación e intuición también creo que ya es el momento en que el autor tome conciencia de lo que está haciendo. Yo no creo ya en inspiración, ni en raptos y ahora ni en eso que está tan de moda que es el inconsciente. Todo el mundo dice: Yo no tuve la culpa porque eso fue el inconsciente. Evidentemente que el inconsciente aportó material, pero el trabajo posterior, que es el del poema es un trabajo consciente 


Por una parte Ida fue desde muy joven una reportera, fue una reportera fundadora del diario El Nacional. Ycomo tal rindió una labor enorme no solamente sobre figuras de la vida literaria y cultural sino sobre figuras de la vida nacional en general. Cuya relectura a través de una edición suficientemente bien concebida y realizada sería espléndida. Ida ha sido desde siempre desde ese momento una brillante articulista en varias secciones de la prensa venezolana sobre todo del Nacional durante largos y continuos años. Allí hay un seguimiento atento, demorado y realmente inteligente. Además volcado en una escritura de una espléndida calidad estilística todo lo que ha sido la cultura venezolana desde los años desde los fines de los años 40 en adelante, sobre todo los años 50, sobre todo fines de los años 40 y años 50.

Además Ida es una pensadora de la poesía como decía, cuya obra en ese sentido debe ser también reunida para que pueda ser vista como tal. 

Otra fase importantísima de la vida literaria de Ida es la de dramaturgo. Ida Gramcko fue uno de los autores que irrumpió en el teatro venezolano en los años 50 y además a través de una forma muy poco usual del teatro hispánico en general contemporáneo como es el teatro en verso 



Yo empecé, es decir ya desde que Fedor Kelin me pidió la obra yo usé un cuento de Hadas, "La hija de Juan Palomo" un cuento español para hacerlo en teatro. No sé si lo hicieron en títeres o lo hicieron teatro para niños.  Y luego yo cuando vine a Venezuela empecé a tomar en cuenta leyendas venezolanas: Belén Silvera, posteriormente María Lionza, La mujer del catei, La Rubiera que también es una leyenda e hice obras de teatro basadas en el mito pues venezolano y claro todo eso contribuyó no a despertarme porque a mí ya me interesaba mucho ese aspecto que llaman popular porque arte es arte en cualquier aspecto pero en verdad fue un incentivo muy grande 



Lo que ocurre con Ida, es que hoy en día me da la impresión que este tipo de poesía, que es una poesía que tiende a buscar y a ahondar en lo que es la vida, en lo que es el pensamiento, en lo que es el amor, en lo que es la muerte sobre todo. Es una poesía que pareciera no llegarle a a las personas y yo creo que verdaderamente lo que necesita hoy el hombre en este día,  es casualmente investigar, indagar esos temas. Porque son los temas fundamentales de él mismo, no son abstracciones, son fundamentos de él mismo.   Ida funda en el mundo un un universo poético, quizás uno de los más grandes universos poéticos que tiene nuestra América y lo que a mí  me duele, es que hoy en día Ida no tenga el mismo lugar que que tiene un Vicente Huidrobo, un Pablo Neruda, un César Vallejo porque ella está dentro de esa categoría



En cada uno de los géneros sí se encuentran necesidades distintas de expresión. Porque. por ejemplo. a mí me parece que la poesía es un fenómeno mucho más sintético, mucho más condensado que la prosa que se extiende y se despliega. Es decir, en el teatro tú puedes utilizar, es lo que se utiliza personajes y los personajes con su drama particular singular. O sea hay un despliegue un desarrollo digamos de vida más figurativa y lo mismo sucede con la prosa. Claro que un ensayo también hay pensarlo mucho meditarlo y condensarlo Pero no es lo mismo trabajar en poesía, que en un artículo o que en un teatro, no. Hay un elemento humano que se da menos, más desplegado, menos sintetizado en esos otros géneros 



Recordemos pues una vez más la exposición dedicada a Ida Gramcko, nuestro premio Nacional de literatura 1976, dentro de la serie de exposiciones bibliográficas, hemerográficas, sonoras y fotográficas  de premios nacionales de literatura. Esta exposición, estará abierta a público durante todo el mes de octubre en la propia sede de Biblioteca Nacional, de bolsa a San Francisco.

Y ya que estamos situados en el campo de la poesía y del ensayo hagamos algunos comentarios editoriales de las últimas novedad que hemos recibido. Monte Ávila Editores dentro de su colección pensamiento filosófico ha editado dos libros uno de Heidegger, Martin Heidegger, poeta y mejor dicho filósofo fundamental de este siglo: Shelen y la libertad humana y por otro lado también en esta colección pensamiento filosófico Dieter Henrich Hegel en su contexto, otra traducción en este caso llevada por Jorge Díaz. 

Las uvas del racimo de Javier Sologuren, el poeta peruano en esta hermosa colección Tierra Firme. Sologuren establece acá toda su obra de traducción de poetas algunos bastante desconocidos. Como su mismo nombre lo indica Las uvas del racimo viene a ser una Selección rigurosa del trabajo de traducción llevado a cabo por Sologuren desde muchísimos años, otro poeta fundamental de Perú. 

La edición en Fondo de Cultura, también en la colección Tierra Firme, del Alfabeto del mundo de Eugenio Montejo, uno de nuestros poetas más fundamentales. Cabe decir que Montejo José Balza y algunos otros más son de los pocos autores y que habría mencionar también a Juan Nuño son de los pocos autores venezolanos publicados por la editorial mexicana.

También la Antología de la poesía hispanoamericana, la contraparte podemos decir del libro de Julio Ortega, esta vez abordada por Juan Gustavo Cobo Borda con una selección, un prólogo Y por supuesto las notas bibliográficas.

La muerte del estratega compendio de narraciones, prosas y ensayos de Álvaro Mutis en Fondo de Cultura económica uno de los poetas colombianos fundamentales residenciados ya desde hace un tiempo en México y de los más importantes también  en España, donde Mutis ha tenido una resonancia tremenda en los últimos años

Vamos a darles pues las gracias a ustedes por su asistencia y e los esperamos muy cordialmente el próximo viernes en este mismo espacio Entrelíneas a esta misma hora y por este mismo canal. Muchísimas gracias por su atención, muy buenas noches y hasta la semana que viene




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jueves, 5 de enero de 2023

Carlos Ayesta, fotógrafo venezolano, a José Pulido: La fotografía es la síntesis emocional de una situación vista a través de una cámara

 

Carlos Ayesta, fotógrafo venezolano: La fotografía es la síntesis emocional de una situación vista a través de una cámara

Una entrevista de José Pulido




Cuando la fotografía no es sólo el producto de una cámara:

El tiempo sutil retratado por Carlos Ayesta

José Pulido. Domingo 24 de octubre de 2021


 Carlos Ayesta: “Toda foto siempre revela al que la toma”. 
Fotografía: Carlos Ayesta



Carlos Ayesta me mira desde la pantalla y me pregunta si estoy listo. Todos los jueves hablamos a las once de la mañana de Caracas, que son las cinco de la tarde en Génova. Él habla comenzando el día y yo atardeciendo. Es un encuentro especial porque sigo conociendo más fotografías suyas. Y muchos aspectos de su vida que son como trayectos de águila. Quizás porque sus ojos escudriñan fijamente todo lo que hay. Ojos que “cazan” imágenes en el limbo compartido por la realidad y su reino sentimental.


A los ocho años de edad andaba de un lado a otro con una cámara fotográfica y es probable que desde un principio ese artefacto formara parte de su mente y de sus ojos. La cámara como algo atornillado en su cerebro, en su cabeza, en sus sueños. Porque su mente deseaba todo el tiempo saber, profundizar, comprender las imágenes y describir esa pasión por la luz con sombras, la luz sin sombras, el sol como presencia imperturbable.


—Desde niño cargabas una cámara.


—La primera vez fue un niño Jesús: le pedí al niño Jesús una cámara.


—¿Y qué te trajo? ¿Una Agfa?


—Sí.


—¿Cuándo la usaste por primera vez?


—Lo de mi primera cámara, ahora lo veo mezclado con la relojería, porque yo tenía fascinación por la cámara de papá, una cámara de esas que se abren, un fuelle que se abre así. Más adelante papá me la dio o me la prestó y después terminé yo desarmándola, como hacía con todas las cosas, que desarmaba para saber cómo funcionaban. Yo siempre prefería hacer mis juguetes; cuando me caía uno en las manos lo desarmaba inmediatamente, y así también hice con los relojes hasta que llegué al punto en que desarmé uno, lo armé y funcionó.

Esquina. Fotografía: Carlos Ayesta


Carlos necesita explicar y ambientar. Se queda un instante en silencio y prosigue:


—Mi padre es de Curiepe, íbamos a Higuerote en vacaciones. Se llegaba por un camino de tierra y había que esperar el mes de julio para ir de vacaciones a Higuerote. Siempre fui buen nadador, fascinado por el mundo submarino. Cuando se me dio la oportunidad le pedí al niño Jesús una cámara. Pero mi idea era tomar fotos submarinas.


El comercio. Fotografía: Carlos Ayesta


—Esa es la parte científica tuya.                        


—Sí, para mí las fotos eran submarinas. Las fotos de gente me parecían aburridas en ese momento, las fotos familiares… No me gustaban las piñatas, no me gustaba que me pusieran unas velas, las piñatas me parecían horrendas. Entonces me pregunté cómo hago para tomar una foto submarina. Eso fue en diciembre. Tenía seis meses para hacer mi proyecto. Un día se me ocurrió: ¿y si meto la cámara en un frasco? Pero el frasco tiene que ser cuadrado, no puede ser redondo. Me di cuenta de que mamá tenía unos frascos grandes de boca ancha donde guardaba harina. Pero no me iba a dar uno porque todo costaba, era difícil la vida, la familia se levantó con esfuerzo. Bueno: conseguí un frasco de mayonesa, se lo pedí a mamá y empecé por ahí. Entonces se me ocurrió una idea, y la vi tan infalible, que me sentí como un genio: era agarrar un guante de hule, volteado, para meter la mano y tomar la foto.


—Era más fácil conseguir un guante de beisbol que uno de hule, ¿no?


—Exacto. Me pregunté: ¿dónde consigo un guante de goma? En aquella época no era fácil, mamá tenía unos que cuidaba mucho. Bueno: era una cosa insólita tener unos guantes de hule. ¿Quién podía tener unos guantes de hule? Y por eso pensé: “Mamá no me va a dar los guantes ni de vaina”. Probé con un guante y funcionaba. Y ahí viene la parte maliciosa —mamá no se acordaba de esto—, y es que le hice un piquete a uno de los guantes y lo dejé ahí.


—Entiendo el plan…


—Y aquel lío que se formó en la casa porque el guante se había roto. Eran esos guantes negros de antes. Y entonces me regalaron el guante de la otra mano y empecé a hacer mi prueba, acomodé la cámara ahí, la amarré, me metí en la regadera a ver si funcionaba. Todo esto sin tomar una sola foto.


Elizabeth Schön en Higuerote. 1955. Fotografía de Alfredo Cortina.



—La fotografía submarina debe tener varias historias de dificultades como la tuya —digo para que Carlos siga contando. No es amigo de hablar mucho.


—Finalmente llegamos a Higuerote, nos instalamos y esperamos por la lancha que nos iba a llevar a Carenero, donde uno de los sitios dilectos era Buche, una playa preciosa. Allá llego con mi bojote misterioso, me pongo mi máscara y me tiro al agua, contento. Pero cuando trato de sumergirme lo que hago es flotar porque aquello que hice era como una boya. No me pude sumergir. De todas maneras, me senté sobre la cámara en la playa y tomé fotos. Sólo quería regresar para que me revelaran el rollo, que era pura arena.


(Imagino su carta: “Querido Niño Jesús, necesito que me traigas una cámara de tomar fotos como la de mi papá, no importa que sea más chiquita” y después destapando la caja Agfa en la mañana del 25 de diciembre y a continuación el rápido aprendizaje de poner los rollos y cerrar un ojo mientras el otro permanece pegado al visor.


También trato de visualizar el instante en que subrepticiamente entra a la cocina, busca en una gaveta, saca los preciados guantes de su madre y corta la punta de uno de los dedos. Años después, cuando vea un guante o una tijera se reirá de su travesura, que en realidad era sólo una aventura a favor de la ciencia y del arte. Todo al mismo tiempo.


¿Y el frasco bocón? Para otros niños era símbolo de chucherías, de caramelos guardados, de galletas, para el niño que fue Carlos, aquel frasco era como un proyecto de submarino estilo Julio Verne).


Los tres fotógrafos

En la Universidad Central de Venezuela, tres fotógrafos han hecho méritos para que el mundo observe con atención y emoción el arte que han desplegado con pasión y ciencia, con espíritu y laboratorio.


Carlos Herrera. Imagen tomada de Multisápidas


No es posible pasar por alto que han sido tres Carlos en un mismo lugar y con una preciada vocación: Carlos Herrera, Carlos Puche y Carlos Ayesta.


El profesor Carlos Ayesta es el jefe del Laboratorio de Fotografía de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. Ese laboratorio fue fundado por el maestro de la fotografía venezolana Carlos Herrera. Dos destacados fotógrafos venezolanos fueron alumnos de Herrera: Carlos Eduardo Puche y Carlos Ayesta. Los tres tuvieron la fotografía como amor común.

Carlos Eduardo Puche.

Fotografía: Carlos Ayesta.


En el año 1959, Carlos Eduardo Puche comenzó a estudiar fotografía y microfotografía en ese laboratorio y se convirtió en alumno de Carlos Herrera. En 1961 Puche fue nombrado director del Laboratorio de Fotografía y Fotomicrografía de Cuerpos Opacos en la Escuela de Ingeniería Metalúrgica de la Universidad Central de Venezuela. Carlos Ayesta y Carlos Puche se hicieron amigos inseparables. Ayesta es biólogo celular, pero su oficio es la fotografía y su actividad es profesoral. Ayesta es uno de los imprescindibles y ejemplares fotógrafos venezolanos.


 

Fotografía: Carlos Ayesta.


Y ha dicho esto: “La fotografía es, para mí, síntesis emocional de una situación vista afuera a través de una cámara, y siempre reflejo de una cierta disposición interior. Toda foto siempre revela al que la toma; en un instante se concreta una imagen del infinito que hace eco en las profundidades de nuestros complejos psíquicos”.


Imagen tomada de Arte Informado.



—¿Cómo llegaste al Laboratorio de Fotografía de la Universidad Central de Venezuela?


—Visité la universidad buscando una carrera, algo que tuviera que ver con fotografía todo el tiempo, y llegué al laboratorio de Carlos Herrera aun sin haber terminado los estudios. Sólo recorría la universidad para ver. No quería estudiar Arquitectura. Medicina tampoco: ya yo era biomédico por así decir. Había estado en el terremoto de Caracas y el Grupo de Rescate Venezuela actuaba en accidentes e incendios, salvando gente. Para esa época hacía paracaidismo, era rescatista.


Fotografía de Carlos Herrera. Imagen tomada de Multisápidas



—Y descubriste el laboratorio.


—Entré en el laboratorio de Herrera. No lo vi a él. Vi el laboratorio y dije: esto es lo mío. En esa época conocí a la poeta Elizabeth Schön por la entrevista que me hizo en el Grupo de Rescate Venezuela. En ese período de 1968 a 1972, ya había agarrado el primer curso con Carlos Herrera. Fue lo primero que hice cuando terminé la matemática, la física y la química, y ahí quedé fascinado. En el laboratorio conocí a Carlos Puche y mi afinidad por la microscopia, después fui profesor de microscopia por años; además era fotógrafo de microbiología. Eso me llevó a lo que Herrera llamaba fotobiólogo. Te imaginarás los problemas que hay que resolver con fotografía.


https://www.youtube.com/watch?v=wBMDNqY53io

Ciencia Contigo - Carlos Herrera


Herrera era un caso particular. Llegué a ver como él, me conecté con Herrera: las atmósferas, las sutilezas, la riqueza expresiva de la luz.


—¿Qué fue lo más valioso que aprendiste de Herrera y de Puche?


—Lo más importante son cosas relacionadas a un vínculo humano, un vínculo de amistad. No la parte técnica, porque la parte técnica eran retos que yo estaba constantemente asumiendo. Yo aprendí historia contemporánea a través de las fotos. El reto de Herrera para mí fue siempre la luz. Él decía lo que siempre yo he escrito por ahí: no hay niños prodigio de la fotografía, hay viejos prodigios y el proceso de captar la luz es un proceso de no menos de diez años. Empecé a realizar trabajos de investigación en biología y en cardiología y me dediqué a hacer cine en serio, cine 16, de cosas científicas. Herrera tenía la cámara e hicimos una película juntos, de revelado en el laboratorio, todo esto afortunadamente sin la retórica del cine, sin la retórica del montaje; por intuición, por decir las cosas como uno las quiere decir. Herrera era un caso particular. Llegué a ver como él, me conecté con Herrera: las atmósferas, las sutilezas, la riqueza expresiva de la luz, la luz como elemento compositivo, la luz como esencia y la individualidad de la imagen; es decir, la potencia de una imagen como imagen propia.


En cierta ocasión, Carlos Ayesta le comentó a la poeta María Elena Huizi (1940-2019) lo siguiente: “Detrás de la puerta de su laboratorio en Metalurgia, en un papelito pegado, Puche tenía escrito el primer versículo del Tao Te Ching: ‘El Tao que pueda ser nombrado no es el verdadero Tao’. Esto revela en cierta forma el espíritu y conexión de Puche con sus imágenes”.


Elizabeth Schön y Elsa Gramcko. 1948.

Dos notas puntuales


María Elena Huizi. (1940-2019)

María Elena Huizi escribió esto sobre Carlos Herrera:


Desde joven Carlos Herrera fue apasionado del cine y de la música, y especialmente de la música académica. En una conversación con dos amigos, siendo ya un hombre maduro, a la pregunta de si recomienda algún esfuerzo psicológico en el desarrollo de la fotografía pictórica, responde: “Oír mucha música de Juan Sebastian Bach, y cuando digo Bach quiero decir mucha música buena”. Y les explica que, en el ritmo y composición de su obra fotográ­fica, se siente in­fluenciado por los cánones de la música, aunque —añade— a veces le gusta cometer adrede algún disparate o pequeñas imperfecciones y que si alguien las busca en sus fotos las encuentra.


Elizabeth Schön


Elizabeth Schön escribió esto sobre Carlos Puche:


Carlos Eduardo Puche es el gran artista de la fotografía. Mirar su obra es acercarse a un lenguaje propio, homogéneo, en su abierto planteamiento, en el que prevalecen la naturaleza, objetos abandonados, la propia materia interna que sostiene las formas preceptivas de las realidades primordiales para el mundo tangible de los humanos. ¿Qué significado tiene decir que este fotógrafo es un gran artista? Y si es cierto, ¿cómo obtuvo ese lugar de tan alto privilegio? La obra por sí misma lo confirma.


Alfredo Cortina y Carlos Herrera. Fotografía: Carlos Ayesta


Los Rosales

La desaparecida poeta, investigadora de arte y ensayista María Elena Huizi hizo notar que en la obra de Carlos Puche “está la resonancia del espíritu de un grupo de creadores y amigos. Vivían en la urbanización Los Rosales, en Caracas, en casas vecinas, y se reunían con frecuencia en la casa de la poeta Elizabeth Schön, de origen alemán, y su esposo Alfredo Cortina. La poeta sostuvo una larga amistad desde la infancia, en Puerto Cabello, con las dos hermanas Gramcko, Ida y Elsa, también de origen alemán. Ida, poeta, ensayista, dramaturga, cuentista y periodista; Elsa, pintora y escultora, y quien fue la esposa de Carlos Puche. A la vida de estas jóvenes se vincula el multifacético Alfredo Cortina, tío de las hermanas Gramcko, pionero de la radio en Venezuela, libretista, afi­cionado de la relojería, también fotógrafo, quien se enamora y se casa con Elizabeth Schön”.

Elizabeth Schön y Alfredo Cortina


A ese grupo se vinculó muy pronto Carlos Ayesta, cuya actividad intelectual y artística fue también muy importante en la cohesión fraterna de ese grupo.


Carlos Ayesta, Nelson Garrido y Luis Brito.


Rescate y fotografía

El gran amor de Carlos Ayesta es la fotografía. Sus amigos constantes han sido Luis Brito, Nelson Garrido, Carlos Herrera, Carlos Puche, Alfredo Cortina, Joaquín Cortés y Ricardo Armas, entre otros fotógrafos. Pero cuando era rescatista y socorrista nunca llevaba la cámara. Aunque se presentaban imágenes contundentes, estremecedoras. Prefería perderlas porque sólo deseaba ayudar, buscar sobrevivientes.

La Nube. Fotografía: Carlos Ayesta


Siendo integrante del Grupo de Rescate Venezuela, Carlos Ayesta nunca pudo llevar una cámara fotográfica. Detestaba esa posibilidad. Aunque amaba y ama la fotografía, consideraba absurdo tomar fotografías de un siniestro en vez de ayudar.


En una ocasión, cuando un avión de pasajeros se estrelló en una montaña, Carlos y su grupo fueron al rescate. Carlos comenzó a moverse entre restos humanos y fragmentos de la nave. De repente levantó un trozo de metal y ahí estaba una mano blanquísima, limpísima.


Un brazo de mujer, de blancura tersa, con dedos finos, de uñas bien cuidadas y pintadas, y luciendo un anillo de diamante que lanzaba destellos. Era sólo un brazo lo que había quedado, pero se erguía como una escultura. Se elevaba intacto, como si proyectara a una mujer despidiéndose de alguien en un aeropuerto.


—Esa imagen dolorosa, insólita, nunca se me olvida… —murmura Carlos.


“Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Fotografía: Carlos Ayesta.


Cuando tenía ocho años de edad Carlos Ayesta ya había incorporado una pequeña cámara Agfa a los ojos de su espíritu. Fotografiaba todo lo que deseaba descubrir.

Fotografía: Carlos Ayesta.


Jamás dejó de usar la cámara. Sólo cuando creó el Grupo de Rescate Venezuela, junto con otros jóvenes arriesgados y románticos, hizo un alto en la fotografía. Pero después de eso, nunca más se apartó de su cámara. Aunque ya no es la misma que le trajo el Niño Jesús.


Fotografía: Carlos Ayesta.


Las protestas

Cuando las protestas políticas en Venezuela, Carlos estuvo muy activo en las calles. Y se mantuvo tomando fotografías completamente aterrorizado. Sin embargo, registró esos momentos consiguiendo unas fotografías que serán parte imborrable de una memoria que resulta dramática y bella simultáneamente. Cruda y hermosa memoria.

Fotografía: Carlos Ayesta.


Le recuerdo algo que escribió al respecto:


Aterrorizado, no por las bombas lacrimógenas, empujones y maltratos, ni siquiera por la detonación de las armas. Me aterrorizan las imágenes. Las imágenes de la locura.

Fotografía: Carlos Ayesta.


El clic de la cámara nos provee la imagen de nuestra locura, mi locura. Viendo y sintiendo centenares de imágenes fotográficas que he tomado en estos tiempos, como miradas al espejo, hoy reconozco mi locura. No sé si el simple hecho de aceptarlo me ayudará en algo… quizás a tener menos miedo. Tampoco sé si decir que estoy loco pueda ayudar a otro. En cualquier caso, ofrezco mis imágenes a quien quiera reconocerse en ellas.

Fotografía: Carlos Ayesta.



Así es su obra

Las fotografías de Carlos Ayesta equivalen a estar de repente en medio de una acción. Porque hasta la imagen de una nube flotando sobre un árbol solitario, logra que quien observa se sienta formando parte de lo que sucedió en ese espacio, cuando el fotógrafo consiguió retener para siempre lo mirado.

Fotografía: Carlos Ayesta.


Como hacedor de imágenes o hallador de imágenes, es sutil y al mismo tiempo en cada fotografía acentúa la fuerza de lo que ha visto y sentido. No hay detalle al descuido, se trata de una carrera hacia la perfección inmediata, la perfección efímera. Es un lenguaje que necesita sensibilidad para ser íntegramente apreciado. Cada foto suya es como una maravilla revelada en lo cotidiano.

Fotografía: Carlos Ayesta.


Para Carlos Ayesta la fotografía es un mundo interior, “como cosa del alma”. Él dice que el momento fotográfico se esconde en el tiempo, es siempre un instante. Y quiere explicarlo para que yo lo entienda perfectamente:

Fotografía: Carlos Ayesta.


—Hay una nubecita que pasa y abajo hay un árbol que es igual a la nube: un milagro, pero después volteas y desaparece. Fue una sintonía con el alma del momento.


Fotografía: Carlos Ayesta.


—Está bien, Carlos —es todo lo que le digo antes de despedirnos, porque ya he visto esa fotografía. Y no he podido explicarla ni describirla.


El pueblo venezolano esperando Justicia. Fotografía: Carlos Ayesta.


Tomada de Letralia.



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

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El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores

22/05/2024