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sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuando Chávez leyó más que Miranda. Por Mariajosé Escobar

 



Estimados Liponautas

Hurgando en la red conseguimos este texto titulado Yo Conocí al Chávez Lector perteneciente a la escritora Mariajosé Escobar que fue publicado en el año 2013 en El Correo del Orinoco. La búsqueda no fue sencilla ya que el portal de El Correo del Orinoco no tiene colgada esta colaboración o la eliminó.  En ese texto Escobar nos presenta una imagen, que consideramos  sumamente alejada de la realidad, la de Chávez como un Lector profundo y consumado. 





Uno de los recursos utilizados es la de nombrar ciertos autores y ciertos títulos para presentarnos al finado Comandante intergaláctico como un lector estudioso y dedicado que se valía del manido recurso del subrayado en los libros. Afirma que en la biblioteca del comandante había autores tales como Marx, Ho Chi Min, Lenin, Galeano, Aquiles Nazoa y Franz Fanon. También menciona los libros que tenia dedicados por Fidel Castro. Lo que nos pareció curioso es que no mencionara a El oraculo del Guerrero, libro que le fue regalado a Hugo Chávez por la que era su esposa en ese momento María Isabel de Chávez y  que se convirtió en una espesa y pegajosa influencia para Hugo Chávez que no dejaba de recomendarlo. 



Hugo Chávez Remix 2 El oráculo del guerrero



Obviamente el texto se convirtió en un fenómeno de ventas; así que todo miembro serio del Movimiento Quinta República fue raudo y veloz a la librería o buhonero más  cercano a comprar el sucedaneo del libro rojo. Y la gente no recuerda que antes de recomendar a los libros de Noam Chomsky, Eduardo Galeano o Victor Hugo recomendó este portable libro.




El amor incondicional de Hugo por Lucas Estrella duró hasta que el periodista Venezolano Boris Izaguirre afirmó que El Oráculo del Guerrero era un libro de homoerotismo. Incluso en una entrevista televisiva llego a interpretar algunas máximas del libro de manera homoerótica. Bastó esta afirmación del escritor venezolano para que Chávez abandonará al libro y su promoción indiscriminada. 



Con posterioridad a este desliz se dio inicio a la creacion de la leyenda urbana, debidamente apoyada por los medios de comunicación oficiales,  de Chávez como megaléctor. En el año 2013, después de la muerte del presidente, Maríajosé Escobar publica un artículo en El Correo del Orinóco titulado: Yo conocí al Chávez lector donde afirma que la biblioteca personal de Chávez constaba de unos 15 mil libros. Se conoce que la biblioteca personal de Francisco de Miranda estaba formada por unos 2.613 títulos y unos 6 000 volúmenes. Pero quizá podamos confirmar ese dato preguntándole al psiquiatra y escritor Pedro Téllez.


General Francisco de Miranda por Martín Tovar y Tovar


Pero ya es el momento de dejar de atosigarlos con datos y dejarlos con Mariajosé Escobar y su Chávez, el que leyó más que Miranda, ups!... y su Yo Conocí al Chávez Lector

Disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.




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Yo Conocí al Chávez Lector




30 abril, 2014




Mariajosé Escobar Gámez


A finales de 2011, trabajaba yo en el Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia, inicialmente como editora en la División de Publicaciones de la Dirección General de Gestión Comunicacional (luego pasaría a ser Directora de Archivo y Publicaciones, pero esa es otra historia). A finales de ese año, estaba ya el Comandante enfermo. Una esperanza se crecía en medio de tanto dolor que significaba verlo batallando contra un mal que, no me cabe duda, le fue inoculado por el malevo imperialismo que un día derrotaremos.


Por esas fechas fui convocada, junto con un equipo, a la hermosa, titánica e histórica tarea de arreglar y clasificar, nada más y nada menos, que la biblioteca de Chávez. Tal tarea nos fue encomendada desde septiembre de 2011 y se extendió hasta diciembre del mismo año. Fueron días en los que no dejaba que mi cuerpo sintiera fatiga. Vivía yo entregada, maravillada ante cada hallazgo del Chávez lector. Tenía más de 15.000 libros, entre los cuales recuerdo especialmente El Manifiesto Comunista, porque tenía una inscripción en la primera página, en rojo, con la letra que le conocimos a Chávez cuando nos dijo que él no había renunciado. Aquella impresión quedó por siempre grabada en mi retina y en mi corazón, y se me viene a la mente cuando la esperanza flaquea: “Es un río, son muchos ríos, es un gran río invisible” decía en unos versos sencillos, porque el comunismo en nuestro milenio ya no es un fantasma sino un río, como el Orinoco, como el Arauca, como el Caroní, como ese gran río al que se fue Chávez hecho pura energía y desde donde cada mañana nos rocía de amor y de espíritu de lucha.


Recuerdo claramente El libro Verde, de Gadaffi dedicado a nuestro Comandante por el líder Libio, dolorosamente asesinado ese mismo año. La noticia del homicidio de Gadaffi la recibí por cierto mientras tenía en mis manos un ejemplar, subrayado y comentado por Chávez del libro Los condenados de la tierra de Franz Fanon, y que minutos antes de la noticia estaba leyendo y curioseando las notas del gigante. Las lágrimas acudieron a mis ojos al ver la grotesca escena que circuló por los medios del momento en el cual las esperanzas de Libia estaban siendo truncadas. Compartí el dolor con mis compañeros, varios de ellos militares, sargentos, tenientes de esa nueva fuerza armada bolivariana que Chávez formó. Seguimos la labor. Porque la lucha es indetenible.


Por cierto qué, conforme avanzábamos en el trabajo, del personal civil sólo quedé yo y una camarada querida cuya amistad aún conservo, que me vivía regañando porque no hacía altos en la labor y me metía entre los libros de Chávez, como hipnotizada por su fuerza telúrica, como si él mismo me hablara desde sus libros. Ambas compartimos la ardua tarea con un grupo de sargentos y tenientes muy sensibilizados acerca de la gran importancia histórica de lo que estábamos haciendo.


Algunos de los libros que recuerdo son varios del filósofo Enrique Dussel y Noam Chomsky, dedicados por los autores, un ejemplar del Popol Vuh, todo viejito él, uno de Cien Años de Soledad del gran Gabo (por cierto que Chávez tenía toda la bibliografía del escritor colombiano) y otro de Don Quijote de la Mancha del que Chávez tenía varias ediciones y, sin embargo, había un ejemplar subrayado por él que era su favorito, y había que buscarlo siempre que lo pedía. Uno piensa entonces en Chávez como en un atesorador de libros, como uno, y eso lo hace tan noble, tan cercano.


Tenía también, en cuanto a literatura, la amplia bibliografía de poetas como Miguel Hernández, Pablo Neruda y Mario Benedetti, entre muchos otros. Por ello siempre pienso, que tuvimos y tenemos por siempre en nuestros corazones a un Presidente poeta, sensible, noble, alma buena a quien imagino, como nosotros, aprendiéndose versos sencillos, humanos, plenos de ternura.


El Comandante de los sueños leía sobre los temas más variados: ciencia, literatura, política, filosofía, religión. A veces encontraba hallazgos que quedaran siempre haciéndome eco en la memoria, alguna carta a algún amor, alguna carta de sus hijas, alguna que otra foto como marcalibros. Y es que nuestro amado Chávez era tan pueblo, tan nosotros. Sus libros estaban acuciosamente subrayados y trabajados. Era el tipo de lector estudioso, detallista, de cierta manera obsesivo, de los que marcamos cada detalle que nos interese del texto, encerramos en óvalos las palabras que no entendemos, ponemos el clásico simbolito de “ojo” en las ideas resaltantes, hacemos flechitas y establecemos, mediante comentarios marginales un diálogo cercano, casi de tú a tú con el autor, sin importar que el mismo sea Carlitos Marx o Simón Bolívar, Luis Brito García o Gustavo Pereira.


Chávez tenía volúmenes y volúmenes sobre Bolívar. Libros contentivos de sus cartas y proclamas y numerosas biografías y estudios sobre su obra y pensamiento. A veces me pregunto en qué momento leía todo lo que vi, todo lo que supe que leía porque estaba trabajado por él. Me gusta imaginarlo como yo. Leyendo mientras desayuna, mientras descansa el almuerzo, al filo de la madrugada en la que una mente en permanente ebullición como la suya no le dejaba dormir, esperando en los aeropuertos, en el avión. Me gusta pensar que alguna manchita que pudieran tener sus libros, era de tanto que los trajinaba o gotitas de ese café tan Chávez que siempre le caracterizó. Me gusta imaginar llevando sus libros a cada país al que iba a predicar “la buena nueva” del Socialismo del Siglo XXI, ese que él se inventó, ese que nos legó la apoteósica tarea de terminar, de construir, pensar y formular.


Yo conocí al Chávez lector, a ese que subrayaba y comentaba sus libros en rojo. Yo ordené su biblioteca. Aprendí a utilizar el sistema de cotas DIUU y lo enseñé al resto del equipo que se incorporó después. Fueron 4 meses de absoluta maravilla. Fueron 4 meses de resplandores de páginas. A veces salía a las 9, 11, 12 pm. A veces no salía, y me quedaba a dormir en Miraflores. Digo a dormir por decir algo, pues el trabajo era arduo y las horas de sueño eran 2 o 3 luego de las cuáles seguíamos entre sus páginas, clasificando sus libros por materia, por país, por año de publicación, por autor, por editorial, por si tenía o no comentarios marginales, por si estaba o no dedicado, por si tenía alguna cosa personal del Comandante dentro, por si era necesario mandarlo a restaurar.


Yo recorrí kilómetros de páginas de los libros de Chávez, que fue casi como recorrer kilómetros con él. Fue conocerlo desde algo tan personal, tan cercano como su biblioteca, como sus tesoros personales ya que son eso los libros para todo amante de ellos. Vi dedicatorias de familiares, amigos, grandes filósofos y políticos y desconocidos, anónimos amorosos que regalaban libros al Presidente cuando tenían la oportunidad de verlo en un mitin, en un acto, de penetrar los anillos de seguridad, abrazarlo y entregarle fervorosamente un libro “Pa que lo lea”. Puedo decirle a esos, los sin nombre, los fervorosos, los pueblo que Chávez sí leyó muchos de los libros que le entregaron en medio de la marea roja y bajo el sol. Que los que no leyó fue porque la vida no le alcanzó, pero que los atesoraba, y los guardaba con la misma devoción con que un niño guarda sus juguetes.

Entre los libros de Chávez conseguí Catalino Bocachica de mi admirado y querido amigo el poeta colombo-venezolano Luis Darío Bernal Pinilla y di la buena nueva a su autor que con su mirada de duende casi saltó de la silla.


Entre los libros de mi Comandante lector, dejé el libro de mi abuelo de 92 años Andrés Escobar Muñoz Antología de poemas revolucionarios. No sé si Chávez lo encontró. No sé si pudo leerlos, pero ahí están para la historia los versos rebeldes de mi viejito, ese viejito campesino y obrero, que no fue a la escuela, pero que dedicó su vida a la siembra, al trabajo duro y al tejido del verso.


Por esas fechas Chávez estaba enfermo e iba de viaje a curarse a Cuba. Por esas fechas se acercaba navidad, y todos orábamos por su salud. Yo todos los días dedicaba 12 horas o más de jornada laboral a arreglarle su biblioteca. Y lo hacía por amor. Lo hacía elevando de tanto en tanto una plegaria por el primer Presidente lector, poeta, promotor de lectura.


Chávez tenía entre sus libros los más diversos: los de Ho Chi Min, los de Lenin, los de Vo Nguyên Giáp, los del Che. Qué decir de tanto libro que encontré dedicado por Fidel, ese padre de Chávez, ese amigo, ese hermano que recomendaba siempre a Chávez libros que lo nutrían y le hacían crecer dentro la semilla revolucionaria.

Libros de Galeano y de Aquiles Nazoa, libros de Juan Calzadilla y Simón Rodríguez, libros de Paulo Freire y de Gramsci, libros de Trotski y de Retamar.


Libros sobre Hostos, San Martín, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Allende, el Che, Fidel Castro, Marx, Bolívar, Simón Rodríguez, Antonio José de Sucre, Zamora, sobre los mambises, Martí, sobre el Frente Farabundo Martí, los Sandinistas, el subcomandante Marcos, era Chávez un ávido lector y conocedor de todos los movimientos insurgentes de América Latina desde la colonia hasta nuestros días. Y no sólo eso: libros sobre Vietnam, la Guerra del Golfo, La I y II Guerras Mundiales, la guerra de Irak, el conflicto entre Isrrael y Palestina, la Guerra de Angola, La Guerra Fría, La Guerra de los Cien días, La Guerra del Golfo Pérsico, Chávez estaba muy bien documentado acerca de los conflictos generados por el imperialismo en su afán expansionista y los estudiaba constantemente, junto a las diversas respuestas de resistencia de los pueblos del mundo.


Libros sobre agroecología, filosofía, comunas, poder popular, guerra de cuarta generación, economía, informática, guerra mediática, construcción de casas ecológicas –libros de Fruto Vivas-, libros sobre arte, arquitectura, avances científicos, temas indígenas y afros, multiculturalidad, libros sobre la historia de diferentes países del mundo y sus líderes, y muchos otros, Chávez poseía una vasta cultura, manejaba muchos temas diversos.


Ese es nuestro Chávez lector, yo tuve la dicha, el honor, el sueño cumplido de conocerlo, de organizar sus libros. Yo supe de sus desvelos frente a un libro abierto y no una, sino muchas tazas de café. Vivirá siempre en nuestros corazones ese Chávez sencillo, amable, ese Chávez promotor de lectura, que siempre mostraba más de 10 libros en sus alocuciones –libros que estaba leyendo y me consta- ese Chávez lector, que tenía sus libros trajinados, y que era poseedor de una biblioteca muy basta y completa, ese Chávez poeta, que en los márgenes de sus libros ensayaba versos como ese hermoso que me aprendí de memoria y que siempre que pienso en él se me viene, caudaloso, desafiante, bravío como el Orinoco al que se fue Chávez multiplicado, Chávez llovizna nuestra, Chávez tan fuerza Caribe: “Es un río, son muchos ríos, es un gran río invisible”.


Mariajosé Escobar Gámez


https://cultureandoenbarinas.wordpress.com/2014/04/30/yo-conoci-al-chavez-lector/





Mariajosé Escobar (Caracas,​​ 1986).​​ MSc. en Literatura Comparada (UCV, 2023) Lic. en Letras (UCV, 2011). Diplomado en Edición (UNEARTE y Editorial El Perro y la Rana, 2020).​​ Ha publicado​​ Poemas de Insomnio y Lluvia​​ (El Perro y la Rana, 2011);​​ Versos Diversos. Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana, Zambrano y Escobar Comp. (El Perro y la Rana, 2011);​​ Gestación​​ gana el Concurso Metro Relatos (2014), auspiciado por Monte Ávila Editores y el Metro de Caracas;​​ La Casa en el Espejo​​ (Casa de las Letras Andrés Bello, 2015),​​ Mención Honorífica del Premio Municipal de Poesía, Luis Britto García, 2016;​​ Verbeldía, Locura del verbo​​ (El Perro y la Rana, 2019);​​ Liquen​​ (Fundarte, 2022);​​ Desde el Vagón,​​ Mención Honorífica del Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2022).


 

Redes: IG: @marijo_escobarg ​​ X: Escobar_Marijo ​​ Facebook: Mariajosé Escobar.



https://circulodepoesia.com/2024/04/poesia-venezolana-mariajose-escobar/




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miércoles, 17 de agosto de 2016

Gustavo Pereira a Miyó Vestrini: Me vine a París huyéndole a los adecos...





El encuentro se acordó en un restaurante parisino. Entonces el poeta Gustavo Pereira estaba becado por la Universidad de Oriente en la capital francesa. Miyó Vestrini lo abordó para hablar de muchos asuntos.

Al filo de la medianoche, aunque no fue a esas horas cuando se realizó la entrevista. Ambos personajes, periodista y entrevistado, pidieron un café, un vino o un helado, y comenzaron a destejer la historia del autor de Preparativos de viaje.


Miyó Vestrini por Vasco Szinetar

Salieron a relucir temas que hoy son muy conocidos. Pequeños detalles que forman parte de leyendas urbanas y rurales, pero que han adquirido un carácter colectivo en esta hora menguada, toda vez que quien contó sigue contando su vida a través de acciones públicas harto conocidas.

Gustavo Pereira, celebrado poeta venezolano tanto en el pasado como en el presente, corrió el velo de su vocación stalinista y favoreció a quien ha sido considerado uno de los protagonistas más terribles de la política mundial.


Drummond de Andrade

En su recorrido se inclinó por la poesía de Drummond de Andrade y dejó en un segundo plano la de Neruda. Aunque después dijo que de estar vivos ambos serían los mejores poetas de América Latina. Vallejo quedó desechado.


César Vallejo

Las preguntas y repreguntas de Miyó Vestrini, veterana reportera cultural y política de aquellos años del bipartidismo y de una república en la que era posible desarrollar disentimientos, dejaron ver el carácter de un hombre que si bien sostiene un carácter apacible es capaz de apoyar políticas como la soviética y como la actual que agita a una Venezuela estremecida por tantos desmanes de un poder omnímodo, calificado de humanista y justiciero.

La lectura de este documento deja ver en consecuencia la vida de uno de los protagonistas intelectuales de este estado de cosas que agobia a un país que no termina de encontrar una salida democrática.

La poesía, mientras tanto, sigue su curso. Y Gustavo Pereira en sus cuarteles de verano oriental.



-Alberto Hernández-

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La becas adecas o una Cena en París
Una entrevista de Miyó Vestrini a Gustavo Pereira


UNA FICHA EN UN GRAN DAMERO

18 de enero de 1981

(Miyó Vestrini en entrevista con Gustavo Pereira)

A la espera de dos nuevos libros del poeta Gustavo Pereira: -una antología de los Somaris (Fundarte) y Tiempos oscuros, tiempos de sol (Universidad de Oriente) – este filo de la medianoche, dedicado a él, se había detenido. Hace pocos días, entraron en circulación y la noche se puso en movimiento: regresó a París, donde el poeta vive desde hace varios meses, atento siempre al rumor del mar, que va y viene, bajo el balcón de su casa, en Puerto La Cruz.

Ser amigo de Gustavo Pereira, saborear su humor, compartir su entereza, contagiarse con sus irresistibles carcajadas, respetar sus posiciones más duras, es fácil y gozoso. Pero entrevistarlo, resulta arduo, porque significa violentar puertas, que el poeta prefiere mantener cerradas.
Todo transcurrió en una tarde y un pedazo de noche. Un grabador a cuestas, un restaurante acogedor, un tránsito por casas y calles, varios amigos cercanos y un perro peludo y simpático, Olafo, que no llegó nunca a entenderse bien con el poeta.

Quien no conoce a Gustavo Pereira, debe imaginarlo como un niño crecido a duras penas, cuya capacidad para movilizarse ante todo, está aún intacta. Fascinado por la sabiduría y la filosofía oriental (entre muchas frases, me citó esta: “Interrumpe tu canción te lo ruego, y escucha la mía”, de Han Yu, Dinastía Tang) esto no le impide profesar una devoradora pasión, por las cosas elementales de la tierra, el amor y la gente.

El poeta siente a París como una ciudad hostigante. Su esposa Maureen, y los hijos, Maurita, Gustavo y David, aminoran su ira contra franceses malhumorados, que no entienden de niños ruidosos y alegres, y aplacan su desasosiego, cuando el cielo se pone muy gris.

En realidad, la nota triste la pongo yo. Gustavo es un marino y los marinos no son iracundos, ni nostálgicos. De vez en cuando, escudriñan el cielo para ver si Orión está en su lugar, hueles a ojos cerrados aromas de algas y ballenatos, sienten el calor devorante de los mediodías, buen bagaje para recorrer el mundo y hacer, sin dificultad, lo que hay que hacer. La conversación fue larga y colectiva. Intervinieron poetas, amigos, y esto parecía una tapia.




Gustavo, ¿es verdad que tú sabes quién inventó la cerveza?

-Fue una monjita, mitad francesa, mitad alemana, llamada Hildegarde, a quien con justa razón, canonizaron. Ella inventó echarle el lupo a la cerveza. Tenía fama de mujer con muchas iluminaciones y es histórico, absolutamente, que los jefes de Estado iban a visitarla en su abadía. En sus grandes rascas de cervezas, se le ocurrían genialidades. Pero cuando le conté eso a un cura amigo mío, me dijo que Hildegarde tomaba cerveza sin alcohol…

¿Siempre tomas cerveza?

-Mira, yo tengo más bien fama de zanahoria. Nunca he sido borracho. La cerveza es una bebida de adolescente, y yo todavía estoy en la adolescencia. Creo que lo primero que tomé fue sangría Chamberry y no me morí de vaina. Pero me gustaba tomarla, porque me ponía a recitar La Leyenda del Horcón.


¿Es cierto que tú eres de los que creen en las premoniciones mortales de la poesía?

-Muchos poetas creen en los muertos y dicen que jalan por los pies. Luis Alberto Crespo, Luis Camilo Guevara, el Chino Valera…Yo no creo en los muertos, pero sí en las premoniciones poéticas. Antes, escribía todos los días. Era como un oficio. Y cada año, revisaba y seleccionaba lo menos bueno. Mi cuñado murió en 1972, de una caída por las escaleras de cemento, que hay en mi casa de la playa. Y al revisar los poemas de 1971, descubrí uno que hablaba de esa muerte y hablaba incluso de las escaleras. Había escrito su muerte, un año antes. A partir de allí, reivindiqué a nuestro amigo Jonathan Swift: puro humor, pero no tan negro.

Premoniciones poéticas…es extraño…

-Algo en el cerebro regula esas funciones que uno llama mágicas. ¿Por qué unos las tienen tan desarrolladas y otros no? ¿Sabías que los zurdos piensan al revés? 

¿Tú eres zurdo?

-Soy zurdo, pero algunas cosas las hago con la derecha. Y creo que los poetas que escriben con la derecha son poetas líricos. Los que escriben con la izquierda, son épicos. Caupolicán Ovalles, por ejemplo, es zurdo.


Caupolicán Ovalles

¿Zurdo, Caupolicán? Digamos más bien que usa ambas manos.

-Oye, Miyó, ese señor que está sentado allí, comiéndose un helado, ¿no es Ionesco?

No sé. ¿Por qué no vas y se lo preguntas?

Lo que era simple reto afectuoso, se convirtió en algo singular: el poeta tímido y retraído, se levantó y fue hacia la mesa. El señor dejó a un lado su crema helada, para darle la mano, muy sonriente.

¿Qué le dijiste?

-Monsieur, ¿Vous etes Ionesco? Me dijo oui y me dio la mano…

Así de sencillo…Al rato, Ionesco se marchó y nos saludó amistosamente. Creo que Gustavo debe reír aún, al recordar su hazaña de tímido.


Ionesco


¿Has estado en la Unión Soviética?

-Sí. Estuve en un viaje de escritores con José Balza y Luis Britto. Y fíjate la contradicción; allá, los stalinistas eran bellos. ¡Estaban encantados! Y yo en cambio protesté. Muchos Cadillacs, muchos privilegios, películas para ser vistas solamente por escritores y periodistas. ¿Quién determina esos niveles? Protesté contra eso,. Pero no contra lo demás, por supuesto. Dirás que hablo mucho de los rusos, pero en realidad, le tengo una profunda admiración a la Unión Soviética como pueblo, como gente.

¿Y puede protestar en la URSS un stalinista como tú?

-Lo que pasa es en que en la Unión Soviética hay leninismo, y Lenin era como fastidioso, ¿no crees?

¡Qué afirmación insólita! ¿No será que tu rollo es porque Lenin no quería a Mayakovsky, tu pasión como poeta?

-Lenin no quería a Mayakovsky y Trotsky odiaba a Mayakosvky. En cambio, el poeta favorito de Stalin era Mayakovsky. Tenía gustos más avanzados que todos ellos.
Pero en general, se piensa en Lenin como un hombre más refinado, más culto. Recuerda su trabajo sobre Tolstoi…

-No olvides que Tolstoi era un escrito muy político. Un escritor de masas, profundamente ruso. Mayakovsky era un escritor de masas, pero no profundamente ruso.


Trotsky

Y un solitario. Y un rebelde.

-Claro. El último poema que escribió fue una especie de extracto de una gran carta de amor a su mujer. Un poema de gran tristeza, de gran melancolía. Tú sabes, aquello de la barca del amor se ha estrellado contra la corriente de la vida.

¿Por qué no volvemos a la poesía latinoamericana?

-Para mí, Drummond es el más grande poeta latinoamericano vivo.

¿Y Neruda?

-Vivo, te digo, vivo.

Perdón, siempre pienso que Neruda aún está vivo.

-Yo me atrevería a decir que Drummond y Neruda son los más grandes poetas latinoamericanos de este siglo. Y mira que uno conoce…y mira que no estoy incluyendo a Vallejo.

¿Y la poesía venezolana?

-Se puede hablar de una gran poesía venezolana y no de un gran poeta venezolano. Cada quien es una ficha en un gran damero. Cada quien cumple simplemente con su deber. La poesía colectiva es una gran poesía, en la que el vedetismo publicitario pasa a segundo plano.

Sí, pero desaparece el poeta como individuo.

-¡Al contrario! El poeta se afirma como individuo. Tanto y más, cuando sabe que pertenece a un grupo de hombres que están haciendo lo mismo que él. Lo que hay entonces es una competencia afectiva, de ser un buen poeta. No importa la gran cumbre o no sé qué cosa. Lo que se puede hablar, es de una gran poesía venezolana. Por eso creo que el socialismo en este país va a ser algo formidable…

La tesis en la que trabajas actualmente no es sobre poesía. Sino sobre narrativa del caribe, ¿verdad?

-No precisamente. Es más bien sobre eso que se ha dado en llamar realismo mágico. No creo que ese sea el término apropiado. Prefiero hablar sobre cotidianidad latinoamericana desenterrada. El poeta Pepe Barroeta le puso el título a mi tesis: Diario de la memoria perdida. Y justamente, la narrativa latinoamericana del Caribe, no es sino la memoria enterrada, perdida. Las historias maravillosas de Carpentier, son la cotidianidad en el tiempo. La gesta maya de Asturias, es una gesta absolutamente histórica. Enrique Bernardo Núñez con Cubagua, no hace sino desenterrar lo que ha podido ser un prodigio. Y García Márquez, en sus Cien años de soledad y en la mayor parte de su obra, desentierra también un pasado virginal, que ahora es presente y que uno ve como mágico.



¿Por qué, dentro de este presente, odias tanto la ciudad y la atacas tanto en tu poesía?

-Tú sabes que yo compartía la tesis de los chinos, una tesis contra la ciudad, sostenida por el mismo Partido Comunista Chino. La ciudad envilece al ser humano, decían. Yo no sé hasta qué punto lo envilece o lo desnaturaliza o lo entristece o lo descompone o lo melancoliza o lo nostalgia…pero hay algo de todo eso. Te confieso que adoro Caracas. Pero Caracas es como París. Vives en un apartamento, cualquier ruido que haces te lo reclaman. Vas por la calle, te atropella un carro y nadie te auxilia.

Y de Caracas, decidiste irte un día al interior…

-Desde el primer momento, llegué a Caracas como transeúnte.

Bueno, pero tomaste la decisión. Y justamente ahora, cuando vives en una hermosa casa cerca de la playa y llevas una vida apacible, lejos de la ruidosa ciudad, escoges París. ¿Por qué?

-Eso que te voy a decir es una petulancia, pero en fin…Una vez escribí algo que se llamaba Somaris del comportamiento del perro. Y era un perro que decía, sí está aquí, quiere estar allá, si está allá, quiere estar más allá. Si le ponen música, quiere que le hagan silencio. Y si usted tiene una mujer y dice ¡ay, Dios mío, qué pesada carga tengo arriba!, cuando no la tiene, dice ¡ay, Dios mío, por qué ni vendrá mi mujer…! ¿Qué quiere que te diga?

Eso: ¿por qué viniste a París?

-Huyéndole a los adecos.

¿No será a los copeyanos que están en el poder?

-Fíjate, hay muchos tipos de adecos. Los de la Universidad de Oriente, allá en Puerto La Cruz, hacen salir a cualquiera. Eso lo puedes poner literalmente. Es más, dudo que me acepten cuando regrese, y hasta me pueden quitar la beca. Entre ellos mismos, hay problemas severos. Me pude venir, porque inclusive, un adeco distinto a esos, dijo: “Aquí se está cometiendo una injusticia” y otorgó la beca. Hay gente racional y gente irracional. Yo nunca he tenido altercados con los copeyanos, porque siempre cuando están mandando, uno está alejado del país, de alguna manera. Durante el gobierno de Caldera, yo estaba en la mesa de Guanipa.

¿Es cierto que tú dijiste a tus amigos, que después de los cuarenta años no se puede ser poeta?

-Es cierto, y desde que los cumplí dejé de escribir. Pero volveré a hacerlo, porque me di cuenta que era una estupidez.


¿En qué pensabas cuando tomaste esa decisión?

-Mira, antes de los cuarenta años, uno tiene mucho que decir, pero no tiene técnica. Y después que se adquiere la técnica, ya no se tiene nada que decir. Y si tienes técnica y nada que decir, ¿para qué vas a escribir?

En Preparativos de viaje, un libro de joven, hay técnica…

-Pero copiada. Uno se la pasa copiando. Lo que pasa es que en Venezuela son tan ignorantes que no saben de quién se copia uno…

La solución es copiar con lucidez…

-Claro, copiarse de quien valga la pena. Es un signo de lucidez, copiarse de la gente lúcida.

Bueno, pero tomaste la decisión. Y justamente ahora, cuando vives en una hermosa casa cerca de la playa y llevas una vida apacible, lejos de la ruidosa ciudad, escoges París. ¿Por qué?

-Sí, es una bodega en pleno centro de Puerto La Cruz. Y es de un primo mío. Una muy bella bodega, típica de pueblo. Allí escribió el Chino Valera los Setenta poemas stalinistas esos…

Lo que pasa es que ese bandido no lo quiere reconocer.





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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».


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16/05/2024