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viernes, 18 de septiembre de 2015

Miquel Barceló,escritor español de CF: Nunca conquistaremos el espacio, y eso es algo terrible.





Yo de mayor siempre he querido ser Miquel Barceló García, no confundir con el pintor Miquel Barceló  del que no es familia, como tampoco lo es de la escritora Elia Barceló a la que ha editado tanto de forma amateur como profesional. Lo que no sabemos es si está emparentado con los hermanos mallorquines Julián y Andrés Barceló  fundadores de Barceló & Cia en República Dominicana y que desde 1930 comercializa Ron Barceló . Nuestro Miquel es catedrático (informática) en la UPC de Barcelona,  fue editor de la colección Nova en Ediciones B, faneditó Kandama, ensayista, escritor, divulgador y autor de Ciencia ficción: Guía de lectura (1990) más influyente en lengua española, alma mater del premiode UPC y un referente del fandom… lo dejo aquí, en la entrevista que le realizan Juan José Gómez y Ángel Fernández y publicado en la más que interesante web  http://www.jotdown.es/,  hacen un exhaustivo repaso de sus logros académicos y en la ciencia ficción. 



Puedo añadir que tuve el placer de compartir mantel con él y unos cuantos aficionados más durante la Hispacon de Mataró en 1997 por lo que puedo añadir que es un grato conversador, de conocimientos enciclopédicos y verbo ágil.
No recuerdo ningún escrito, entrevista o comentario de Miquel que no me haya generado interés. Ratifico su buen gusto literario, cinematográfico y la sensatez con la que opina de los más variados temas. Gracias a sus comentarios he descubierto magníficos autores, novelas, películas y tebeos.  Muchas de sus divagaciones me han disparado febrilmente la imaginación e incluso me han inspirado creativamente. Alguna vez he disentido, como es lógico, pero incluso esa diferencia de opinión me dio para un atribulado artículo. 


De esta extensa y magnífica entrevista, que lo repasa todo lo habido y por haber, he sacado una lista de nuevas lecturas de libros e historietas, temas a profundizar, frases a recordar (por ejemplo: “la divulgación científica, que es un poco la docencia para la gente que no la espera”) y dos posibles artículos: “¿Teoría de juegos en la obra de Isaac Asimov?”  y “El papel del dinero en El precio del mañana (In time, 2011) de Andrew Niccol”. 


Seguro que usted, apreciado lector, encontrará varias cuestiones que le cautivarán…. 

El Precio del Mañana (Trailer)


Para terminar una pequeña anécdota, este artículo me descubrió la existencia de La ciencia ficción (2008) de Miquel Barceló que citan los entrevistadores. A pesar de la potencia de internet para buscar cualquier cosa, me costó Dios y ayuda encontrarla.  Afortunadamente ya la tengo en casa, su dificultad estribaba en que se publicó conjuntamente con otra obra: El big bang de Manuel Sanromà en un libro de la Editorial UOC, en la colección Dúo: 2 libros en 1. Información que espero sea útil a algún lector que desee adquirir esta obra. 




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Nunca conquistaremos el espacio, y eso es algo terrible.
Entrevista al escritor español Miquel Barceló


A mis 20 años todos eran antifranquistas.

Publicado por Juan José Gómez Cadenas y Ángel L. Fernández Recuero

Miquel Barceló García

Es probable que la monumental “Introducción a la Ciencia” de Asimov nos llevara a muchos a las aulas de las facultades de física. Es posible que el Cosmos de Sagan nos dejara para siempre estrella-heridos. Y no nos cabe duda que las novelas de Clarke, Heinlein, Dick, Pohl, Brown, Herbert o Robinson, por citar sólo unos pocos de los grandes maestros han enamorado a generaciones enteras de lectores de CF. Pero no es menos cierto que todos esos grandes tratados y novelas ocupan la misma estantería que el libro que nos ayudó a descubrirlos, sobre todo en los maravillosos noventa. Nos referimos, claro está, a  la Guía de Lectura de Miquel Barceló (1948), ingeniero, científico, divulgador, editor, novelista y librepensador, referente absoluto en la literatura española de ciencia ficción. Miguel nos recibe en su universidad una tarde de sábado lluviosa en la que juega el Barça a unos metros de allí, y con él charlamos animada y extensamente, sin prisas, entre amigos. Gracias a su actividad editorial pudimos leer en España a los ahora consagrados Orson Scott Card, Connie Willis o Vernor Vinge entre muchos otros. Es Ingeniero Aeronáutico, doctor en Informática por la Universidad Politécnica de Cataluña —de la que actualmente es catedrático del Departamento de Ingeniería de Servicios y Sistemas de información— y creó y dirigió el programa de doctorado sobre sostenibilitad, tecnologia y humanismo. Asimismo es autor de diversos artículos y ensayos científicos, libros de texto y numerosos artículos de divulgación científica; también ha escrito relatos, novelas y ensayos de ciencia ficción. Hasta la fecha ha publicado dos novelas, ambas escritas con Pedro Jorge Romero, Testimoni de Narom (1998), ganadora del premio Julio Verne (Andorra), y El otoño de las estrellas (2001). También es autor de la Guía de lectura (1990) de ciencia ficción de la que se espera una nueva actualización y de La ciencia ficción (2008) donde hace un análisis pormenorizado del género. Escribe en diversas revistas de divulgación como la informática Byte o Astronomía. Fue el editor de la colección Nova de Ediciones B, especializada en ciencia ficción; es presidente de la asociación Unidos por la Ciencia Ficción de la UPC y factotum del Premio Internacional Universidad Politécnica de Cataluña de Ciencia Ficción y edita la colección Quaderns UPCF—, y miembro de otras sociedades de profesionales, nacionales y extranjeras, de este género.




Los relatos de viajes exóticos y lejanos, desde Ulises a Marco Polo, inspiraron a sus lectores la exploración de los rincones del planeta en peligrosos viajes hacia lo desconocido. Mucho después Robinette Broadhead formó parte de esos exploradores casi suicidas que se embarcaban en los navíos de los Heechees. En estos tiempos de crisis, ¿cree que habría muchos voluntarios para embarcarse rumbo a lo desconocido como hizo en varias ocasiones el protagonista de Pórtico?

Yo soy muy timorato, soy una persona que intenta jugar sobre seguro y me asombran las personas que como John Glenn, hace ahora 50 años, hicieron los primeros vuelos orbitales sobre la tierra. El padre de ese tipo de novelas, dejando de lado las clásicas como la Atlántida de Platón o Utopía de Tomás Moro, fue Julio Verne. En 1860 había una presencia constante de la ciencia y la tecnología en la vida de la gente, aunque no se reflejaba en las novelas. Verne, consciente de esta situación, comentó con su amigo Alejandro Dumas hijo que había que escribir la que él llamo la novela de la ciencia y de ahí surgió lo que los franceses llaman novela de anticipación; esa ciencia ficción ingenua pero que en el fondo habla de ciencia, como el viaje en globo. Es el primero que hace eso. Y esa vertiente la sigue Edgar Rice Burroughs, que para mí es un autor de aventuras. Asimov habla de tres periodos diferenciados en la evolución de la ciencia ficción, el primero centrado en las aventuras, un segundo más preocupado por la ciencia y la tecnología y un tercero que gira en torno a la sociología. Las novelas de Burroughs pertenecen a este primer periodo. Las aventuras de Tarzán discurren en un mundo desconocido y medio inventado, que es lo que era África en ese momento. La serie que protagoniza John Carter en Marte —Barsoom para los marcianos— son aventuras totalmente locas, pero es el viaje, la exploración, lo misterioso; el sentido de la maravilla es lo que los enlaza con el género.



jueves, 11 de abril de 2013

"Nací en Pekín en los tiempos en que mi padre era asesor militar de la emperatriz de la China, y viví allí, en la Ciudad Prohibida, hasta los diez años"

Edgar Rice Burroughs:

Un verídico y realista esbozo autobiográfico



 




Esbozo autobiográfico

Siento mucho no haber tenido un existencia más excitante, que me hubiera permitido ofrecer un esbozo autobiográfico de mayor interés, pero soy una de esas personas que tienen pocas aventuras, de las que siempre llegan al incendio cuando el fuego se ha extinguido.


Nací en Pekín en los tiempos en que mi padre era asesor militar de la emperatriz de la China, y viví allí, en la Ciudad Prohibida, hasta los diez años. El íntimo conocimiento del idioma chino, que adquirí durante esos años, me ha resultado muy útil, sobre todo en el adelanto de dos de mis estudios favoritos: la filosofía y la cerámica chinas.

A poco de que mi familia regresara a los Estados Unidos fui secuestrado por unos gitanos, que me retuvieron casi tres años. No me trataban mal y en muchos respectos esa vida me atraía, aunque eventualmente escapé y regresé a casa de mis padres.


***

Incluso hoy, pasados muchos años, recuerdo con nitidez la noche tormentosa de mi escapatoria. Pedro, el rey de los gitanos, siempre me recluía en su tienda de campaña donde él y su mujer me podían vigilar por las noches. Pedro tenía un sueño muy ligero, lo que siempre constituyó un obstáculo en extremo arduo de salvar para mis intenciones de evadirme de las garras de mis captores.

Esa noche la lluvia, el viento y el trueno me ayudaron. A la espera de que Pedro y su mujer se durmieran, comencé a escurrirme hacia el borde de la carpa. Mientras pasaba junto al rey una de mis manos se posó sobre un duro objeto de metal que yacía a su lado: era su daga. En ese mismo instante despertó. La vívida luz de un relámpago iluminó el interior de la tienda, y vi los ojos de Pedro fijos sobre los míos.



Tal vez fue el miedo lo que me motivó, o tal vez la pura rabia contra mis secuestradores. Mis dedos se cerraron sobre la empuñadura de la daga, y en la oscuridad que siguió al relámpago hundí la delgada hoja de acero hasta el fondo de su corazón. Era el primer hombre que mataba; murió sin decir ni mu.

Mis padres se alegraron con mi regreso, pues hacía tiempo habían perdido toda esperanza de verme de nuevo. Durante un año viajamos por Europa, donde las enseñanzas de un tutor resultaron tan eficaces a la hora de retomar mi interrumpida educación que a la vuelta pude ingresar a la Universidad de Yale.


***
Mientras estuve en Yale obtuve algunos triunfos en cuestiones deportivas, que se sumaron a mis títulos en boxeo de peso pesado y lucha grecorromana; en el último año fui capitán de los equipos de fútbol y de remo. Graduado summa cum laude, estuve dos años en Oxford y luego regresé a los Estados Unidos y me alisté en el ejército en procura de un puesto de oficial.

Pasados dos años obtuve el rango de subteniente y fui adscrito al Séptimo Regimiento de Caballería. Mi primer servicio activo fue con el general Custer en la batalla de Little Big Horn, de la cual fui el único sobreviviente.


La manera como escapé a la muerte durante la masacre es casi milagrosa. Mi caballo había sido ultimado, de modo que yo estaba peleando a pie con los restos de la tropa bajo mi mando. Sólo puedo adivinar lo que realmente ocurrió, pero creo que la bala que me dio en la cabeza ha de haber pasado antes a través de la cabeza del hombre que había frente a mí, de modo que me llegó con un mínimo de fuerza, apenas el suficiente para aturdirme.

Caí redondo entre dos piedras; y luego un caballo recibió un tiro y cayó encima de mí, de modo que su cuerpo sobre el mío me escondía de los ojos del enemigo, al tiempo que las piedras evitaban que me aplastara. Al recobrar el conocimiento había oscurecido, por lo que me escurrí de debajo del caballo y conseguí escapar.




***

Tras la deriva de seis semanas que duró mi esfuerzo por eludir a los indios y regresar con mi gente, llegué hasta un puesto de avanzada del ejército, pero cuando quise reincorporarme al regimiento me dijeron que yo estaba muerto. La consecuente insistencia sobre mis derechos condujo a un arresto por suplantar a un oficial. Todos los miembros de la corte me conocían y deploraban profundamente la acción que se veían obligados a tomar; pero yo estaba oficialmente muerto, y regulaciones son regulaciones. Con ser que llevé el asunto hasta el Congreso, no tuve mejor suerte allí; y finalmente me vi obligado a cambiar de nombre, optando por el que ahora llevo, amén de que debí empezar una nueva vida.

Durante varios años luché contra los apaches en Arizona, pero la monotonía del asunto me agobió, de modo que recibí con inmensa alegría el telegrama del finado Henry M. Stanley en el que me invitaba a sumarme a su expedición africana en procura del doctor Livingstone.

Acepté de inmediato y asimismo puse quinientos dólares a su disposición, con la condición, eso sí, de que mi nombre o mi conexión con la expedición se mantuvieran en secreto, pues siempre he huido de la publicidad.


***

A poco de llegar a África me extravié de la expedición y fui capturado por los árabes de Tippu Tib. La noche en que me iban a ejecutar escapé, pero una semana después caí en manos de una tribu de caníbales. Mi largo y rubio cabello, así como mi bigote y mi barba ondulantes del mismo tono, los sobrecogieron a tal punto que me asignaron la deferencia temerosa que reservaban para sus dioses y demonios primitivos.

No pretendían hacerme daño pero así y todo me tuvieron prisionero por tres años. También tenían en cautiverio a varios grandes antropoides de una especie que creo es totalmente desconocida para la ciencia. Los animales eran de tamaño enorme y poseían una gran inteligencia; y durante el cautiverio aprendí su lenguaje, el cual habría de venirme muy a mano cuando muchos años después decidí relatar algo de esa experiencia en forma de ficción.



Finalmente conseguí escapar del pueblo de caníbales y me dirigí hacia la costa, donde, sin un céntimo y sin amigos, me embarqué en un velero que iba rumbo a la China.

Habiendo naufragado en costas de Asia, eventualmente me abrí camino por tierra hacia Rusia, donde me alisté en la caballería imperial. Un año más tarde fue mi buena fortuna matar a un anarquista que iba a asesinar al zar, servicio por el cual fui ascendido a capitán y asignado al cuerpo de guardaespaldas imperiales.


Fue estando al servicio de Su Majestad donde conocí a mi esposa, una dama de compañía de la zarina; y recién casados, cuando murió mi abuelo y me dejó de herencia ocho millones de dólares, decidimos venir a América a vivir.

Con las fortunas conjuntas de mi esposa y mía, yo no necesitaba trabajar, pero no podía tampoco estar ocioso, de suerte que me puse a escribir, más como un pasatiempo que como una vocación.

Vivimos en Chicago por unos cuantos años y luego nos mudamos al sur de California, donde hemos vivido más de trece años en este abrevadero ahora famoso llamado “Tarzana”.

Tenemos once hijos, diecisiete nietos y tres biznietos.




***

He probado la fama... No es nada. Hallo la felicidad más completa cuando estoy a solas con mi violín.

Julio 9 de 1932

El Malpensante, N° 7, Bogotá, noviembre-diciembre de 1997, pp. 85-86. Traducción de Andrés Hoyos.



Tomado de El ojo en la paja




20/06/2024