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jueves, 11 de junio de 2026

José Pulido, Venezuela, sus ciudades y los escritores

 




José Pulido, las Ciudades venezolanas y los Escritores


LA CIUDAD Y LOS ESCRITORES


Un conocido poema de Kavafis dice:


 


“No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.


La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas


calles. Y en los mismos barrios te harás viejo;


y entre las mismas paredes irás encaneciendo”.


Constantino Kavafis.


Cada ciudadano crea con su huella una partícula de ciudad. El ciudadano construye la ciudad; inclusive el ciudadano que jamás coloca un ladrillo, o una piedra, un cable o un tubo: todos los habitantes van haciendo la ciudad según sus intereses y sus ignorancias, sus conocimientos y sus sentimientos.


Y al mismo tiempo, la ciudad va procreando los ciudadanos que necesita para descomponerse o embellecerse, para sublimarse o envilecerse.


Hay paisajes en la ciudad que pueden marcar para siempre una vida o muchas vidas. Cada paisaje urbano contiene otro paisaje y dentro de ese otro paisaje anidan los espacios que usa el alma para ejercer la nostalgia o el ensimismamiento. He ahí los paisajes de la memoria, manifestándose en los sueños de los seres que disfrutan y padecen los laberintos de la urbe.


¿Cómo influye la ciudad en el conductor de autobús? Hace que coloque en su vehículo un enorme anuncio de su fe, la imagen de una virgen, un santo o cualquier deidad milagrera, sin que esto le impida detestar a los ancianos porque se mueven lentamente y no pagan pasaje.


 


Todo eso y más, hacen que la ciudad a su vez sea un caos en lo metafísico, en lo amoroso, en lo auditivo, en lo visual. Pero ese caos es lo que genera situaciones de asombro que pueden constituirse en obra de arte y en historia. En literatura, poesía, teatro, cine o danza. Creaciones que sirven en todo caso para enaltecer la espera. Porque como ya lo dijo Jorge Luis Borges hay que ensayar el futuro ¿y cómo se ensaya el futuro? Pues con la esperanza.


 

Vista de Caracas. Imagen tomada de aquí


Escritores que vivieron en Venezuela


Algunos destacados escritores de otros países vivieron mucho o poco tiempo en Caracas y escribieron una o varias obras en este lugar. ¿Cómo influyó en ellos la ciudad? Seguramente eso equivale a hurgar más minuciosamente en sus textos, pero sin duda alguna debe haber algo en sus escritos que refleje el tiempo vivido en estas calles y en estos cuartos amparados por el Ávila.

José Asunción Silva


En el año 1894 se estableció en Caracas el poeta José Asunción Silva como Secretario de la Legación de Colombia en Venezuela. Y aunque su estadía fue de pocos meses, resultaron tan intensos que se dedicó a escribir una novela titulada “Amor”, regresó antes de tiempo a Bogotá y se dio un tiro en el corazón.

Imagen tomada de aquí.


José Asunción Silva decía que El Cojo Ilustrado era “Un periodicazo mensual donde escriben los mejores”. El Cojo Ilustrado, dirigido por Herrera Irigoyen, anunció que publicaría los cuentos negros de José Asunción Silva y una novela que titularía “Amor”. El poeta se encerró a escribir la novela, pero de repente sintió deseos de ir a Bogotá. Entonces su barco naufragó y después de eso, ocurrió el suicidio.


Caracas le había dado muchas alegrías. A Emilio Cuervo Márquez le confesó: “Aquí me han recibido como no merezco; no sé cómo hacer para devolver atenciones y bondades y fiestas. El país va bien, rebosa de oro, tiene el sentimiento del arte y adora la buena literatura. En Bogotá hay muchos que creen lo contrario en lo referente a los dos últimos párrafos; pues bien, están equivocados de medio a medio”.


En Venezuela vivieron y trabajaron Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Manuel Mejía Vallejo, Manuel Puig, Plinio Apuleyo Mendoza, Alfredo Pérez Alencart, José López Rueda, Tomás Eloy Martínez, Isabel Allende entre otros.

Alejo Carpentier.


Su estancia en Venezuela le aportó más conocimientos a Carpentier sobre la lengua castellana enriquecida y divinamente atormentada por el Nuevo Mundo; le destapó más claridad respecto a las maravillas del trópico; le suministró los nombres de las cosas olvidadas, silvestres, diminutas y clandestinas; le hizo comprender al detalle la presencia del barroco en lugares que fueron puertos donde se mercadeaba la modernidad, como Ciudad Bolívar, que alguna vez vio pasar barcos de vapor similares a los que recorrían el Mississippi.

Alexis Márquez Rodríguez. Imagen tomada de aquí


Venezuela le proporcionó a Carpentier un ambiente idóneo para desarrollar varias de sus obras. Según ha escrito el profesor Alexis Márquez Rodríguez:


“Residenciarse en Caracas, contratado para un trabajo publicitario que él dominaba como pocos, bien remunerado y en compañía de un equipo en que figuraban varios intelectuales, entre ellos jóvenes escritores y artistas en ciernes, le proporcionó a Carpentier algo que siempre había buscado afanosamente: tiempo y tranquilidad para emprender la obra literaria que, por vocación y por responsabilidad ciudadana, se sentía obligado a realizar”.



Alejo Carpentier vivió durante catorce años en Venezuela, junto con su esposa Lilia. Fue contratado inicialmente por su amigo Carlos Eduardo Frías para trabajar en la agencia pionera ARS Publicidad. También escribía en El Nacional sobre libros y música. Le gustaba caminar y se iba desde el lugar donde quedaba la agencia publicitaria hasta el periódico. Allí se encontraba con otro de sus amigos: Miguel Otero Silva.


Varias de sus novelas fueron escritas en Caracas. Después regresó a Cuba donde ejerció funciones diplomáticas para el gobierno cubano.


Manuel Mejía Vallejo



Mejía Vallejo


Manuel Mejía Vallejo, el narrador colombiano, trabajó en Maracaibo desde 1950 hasta 1952. Se ganó el concurso de cuentos de El Nacional de Venezuela y el concurso de cuentos de El Nacional de México. Fue el primer latinoamericano que ganó el Premio Nadal y muchos años después de eso obtuvo el Premio Rómulo Gallegos con su novela La casa de las dos palmas. Era periodista. Trabajó como redactor de planta del diario Panorama de Occidente, en Maracaibo. El gobierno de Pérez Jiménez lo expulsó por sus editoriales. En Maracaibo se sintió tan a sus anchas que escribió sus cuentos más reconocidos y premiados.




García Márquez


En 1957 Gabriel García Márquez estaba en París, sin trabajo y sin dinero. Su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, era jefe de redacción de la revista Élite de Caracas y le pidió varios trabajos para la publicación caraqueña. Luego Plinio Apuleyo Mendoza le consiguió trabajo en la revista Momento; Trabajó en Venezuela durante los últimos tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez escribiendo crónicas inolvidables.

Pérez Jiménez


En marzo de 1958 viajó a Barranquilla para contraer matrimonio con Mercedes Barcha. En mayo de ese mismo año apareció «El coronel no tiene quien le escriba», en la revista Mito de Bogotá. El Gabo también trabajó en las revistas Élite y Venezuela Gráfica. Abandonó su colaboración en la revista Momento porque estaba escribiendo «Los funerales de la Mamá Grande».


El Gabo es el más venezolano de los escritores colombianos y aunque tuvo tiempos mejores en otros lugares, nunca dejó de recordar su paso por Caracas. «El otoño del patriarca», su obra maestra incomprendida, revela lo que fue una marca existencial para él. En una reseña biográfica lo señalaron: “Aunque su actividad periodística en Venezuela es muy intensa, García Márquez no abandona el quehacer literario: escribiendo sólo los domingos, redactó casi todos los cuentos de Los funerales de la Mama Grande”.


Según Plinio Apuleyo Mendoza, uno de sus mejores amigos, la caída del dictador venezolano fue el germen de «El otoño del patriarca».


William Faulkner

 



William Faulkner y Juan Rulfo


En una ocasión vino invitado a la hacienda de un amigo, el escritor William Faulkner. Estuvo en Caracas. Se reunió con los escritores agremiados. No sé mucho sobre esa visita, pero Faulkner es uno de mis escritores preferidos. Sí conocí a Isabel Allende, y a Manuel Puig, también a Tomás Eloy Martínez. Y tuve el privilegio de ser amigo de Manuel Mejía Vallejo, quien se quedaba en nuestra casa cuando visitaba Caracas.  Manuel Puig era un ser humano extraordinario. Estuvo poco tiempo en Venezuela porque no le ofrecieron un empleo que le sirviera para escribir con tranquilidad.

Elisa Lerner sobre Manuel Puig: “Manuel no era dócil. No le gustaba todo el mundo. Era muy observador”.

Juan Rulfo vino una sola vez y no sintió ningún deseo de quedarse en Caracas. Lo atracaron por los lados de Parque Central y lo golpearon con tanta saña que al día siguiente parecía un boxeador que ha perdido la pelea.


Juan Rulfo


Sobre Rulfo sí puedo decir, con toda certeza, que esta urbe intensa y atropelladora lo marcó para siempre. Fue una vergüenza para el gentilicio. Porque en vez de golpear a ese señor han debido leerlo.

Parque Central . Imagen tomada de aquí


https://circulodescritoresvenezuela.org/2023/01/08/jose-pulido-la-ciudad-y-los-escritores/


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores


Enlaces relacionados:






domingo, 19 de abril de 2026

Rafael Figueredo a Jorge Gómez: mi poemario "Nos delata la perplejidad" es un cimiento desde el cual seguir trabajando con más conciencia de lo que busco

 



Estimados Liponautas

Tenemos el gusto de compartir con ustedes la conversación del escritor venezolano Rafael Figueredo con Jorge Gómez sobre su poemario "Nos delata la perplejidad". La entrevista fue montada con una mejor diagramación y con el respaldo necesario para contextualizar al lector no venezolano. Características típicas de nuestra página.

Esperamos disfruten de la entrada.

Atentamente 

La Gerencia




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Su poemario Nos delata la perplejidad es un ejercicio de humildad


Rafael Figueredo Oropeza y el sentido atávico de la poesía




Jorge Gómez Jiménez viernes 3 de abril de 2026






Rafael Figueredo Oropeza: “Suelo recurrir a la memoria de la infancia perdida y a las tradiciones como materia poética”.



Es poeta, es narrador y es físico, una combinación que seguramente ha incidido en la construcción de un perfil en el que se equilibran la intuición y la sensibilidad. Radicado en Bogotá desde hace algunos años, el venezolano Rafael Figueredo Oropeza (Caracas, 1987) ha aparecido en antologías y revistas de distintos países, y ha sido reconocido en diversos certámenes de cuento y poesía.


En Nos delata la perplejidad, su primer libro, la poesía abre un compás para mirar de forma simultánea lo íntimo y lo colectivo. En sus 66 páginas conviven la ternura de los poemas familiares con la crudeza de la denuncia política, la evocación de la naturaleza con el desconcierto existencial, el mito con el juego verbal. La variedad de registros no rompe la unidad del conjunto, pues todos los textos parecen hilados por símbolos recurrentes —aves, tierra, silencio, figuras femeninas arquetípicas— que revelan la fragilidad y la búsqueda de sentido en la experiencia humana.


Hoy conversamos con él sobre su manera de abordar la literatura, pero también sobre la función de la poesía en estos tiempos en que la violencia nos golpea a diario. Hablaremos sobre un poemario cuyo autor se muestra a la vez lector atento de la tradición literaria y testigo de su tiempo, y profundizaremos en las motivaciones, los símbolos y las decisiones formales que dan cuerpo a una voz poética que se despliega entre lo cotidiano y lo trascendente.


 

“Nos delata la perplejidad”, de Rafael Figueredo Oropeza

Nos delata la perplejidad, de Rafael Figueredo Oropeza (Negro Sobre Blanco, 2025). 

Disponible en Amazon


Nos delata la perplejidad y la memoria primigenia de lo natural


La incapacidad del ser humano para reconocer su propia ceguera, la fragilidad de su tránsito por la vida y la desconexión entre los hombres son algunos de los temas de Nos delata la perplejidad. Me gustaría que comenzáramos hablando de cómo llegas a los poemas de este libro, y cómo decides juntarlos para convertirlos en un poemario.

Juan Gelman. Imagen tomada de aquí.


Mi relación con estos poemas fue primero un desconcierto. Como dice Juan Gelman: “Entre tantos oficios ejerzo este que no es mío”. Esa frase me acompaña porque vengo de una formación académica como físico y no en literatura, y durante mucho tiempo la poesía me pareció un territorio ajeno que no lograba comprender. Sin embargo, escribir se volvió una necesidad, una forma de procesar el asombro. Un asombro que también habita en la ciencia.


Los poemas de este libro nacieron dispersos a lo largo de casi diez años. Reunirlos fue una decisión más espiritual que editorial. Necesitaba ordenar el caos, exorcizarme, despedirme de estos textos, soltar para poder seguir y permitirme nuevas exploraciones. Todavía no me considero realmente un poeta. Una vez, en el Celarg, en las tertulias del Frente Oficio Puro, escuché al maestro Juan Calzadilla decir que un poemario no hace poeta a nadie; hay que escribir el segundo. Este libro es para mí apenas un primer paso dado con humildad en estos territorios.


 

Un joven Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008). Fotografía de Héctor López Orihuela. Tomada del libro "Rostro y Poesía". 1996


En varios poemas confluyen los vínculos con la naturaleza y las referencias íntimas, culturales y políticas, desde la cocina o la familia hasta la represión en una protesta. ¿Puedes decirnos qué papel juega la naturaleza en la definición de tu propuesta poética, en la que es tan frecuente la voz urbana?


La naturaleza ha estado presente en distintas etapas de mi vida y cada una de ellas me enseñó a mirarla de una forma diferente. De niño viajábamos mucho por carretera a través de Venezuela y quedé marcado por esa diversidad abrumadora. Tengo grabados en mis recuerdos el llano, los médanos de Coro, el puente sobre el lago de Maracaibo, los Esteros de Camaguán, el litoral, la laguna de Tacarigua, Barlovento, Oriente, los páramos y los Andes. Esas memorias forman parte de mi núcleo simbólico.

Médanos de Coro. Imagen tomada de aquí.


En la adolescencia participé en el movimiento scout y allí aprendí a mirar la naturaleza con reverencia y respeto. El escultismo funcionó para mí como un rito de paso. Dormir en carpas, cocinar en una fogata, caminar hasta que duelan las piernas bajo la lluvia con las botas llenas de barro, perderme en el monte mientras me picaban los insectos, observar huellas, pájaros, insectos y plantas y aprender los nombres de las constelaciones en cielos abiertos fueron experiencias que marcaron mi manera de relacionarme con el mundo natural. La naturaleza se volvió una escuela que fue moldeando mi carácter.

Esteros de Camaguán. Imagen tomada de aquí.


Más tarde, en la universidad, la Física me enseñó a contemplar la naturaleza desde otra perspectiva. En esencia, es el intento humano de comprender la physis y las leyes fundamentales que sostienen el mundo, desde lo subatómico hasta las estructuras del cosmos.


Cerro El Ávila, actualmente conocido como Guaraira Repano


Mi experiencia de lo urbano tampoco está desligada de lo natural. Caracas es una ciudad que desde arriba se ve como una alfombra verde donde lo natural irrumpe en lo urbano de forma inesperada: la presencia imponente del Waraira Repano, las matas de mangos, el araguaney, los jabillos, los eucaliptos, los cedros, los samanes y las ceibas que desbordan sus sombras por las avenidas, el clamor de una bandada de guacamayas cruzando el cielo o el chirrido nocturno del coquí. Esa presencia constante de naturaleza en Caracas revela la ciudad como un ecosistema.




En cuanto a mi escritura, reconozco que la naturaleza aparece como una de las manifestaciones del sagrado femenino en mi obra. No en un sentido religioso, sino simbólico. Hay una palabra que me gusta mucho: atávico. Siento que lo natural guarda una memoria primigenia que antecede a lo humano. La naturaleza concebida como una diosa madre primordial atraviesa varios de los poemas de este libro.



Reynaldo Pérez So


 

Hay poemas donde la palabra se vuelve juego, como en “Abrapalabra”, con repeticiones y asociaciones sonoras. ¿Qué importancia tiene para ti la experimentación con el lenguaje como forma de expandir los límites de la poesía?


Considero que en este libro la experimentación aparece muy poco. Hay apenas algunos destellos que le debo a ciertas influencias, pero no es el eje central del poemario. Aun así, creo que la poesía tiene la obligación de explorar los límites del lenguaje y derrumbar estructuras. Fue en un taller con el poeta Juan Calzadilla, en el Celarg, donde descubrí las posibilidades de la poesía experimental. La poesía debe ser creación, debe ser poiesis, una forma de hacer mundo. Hay que atreverse a jugar y lanzar los dados, aunque sepamos que jamás abolirán el azar, como dijo Mallarmé.


El poema “Abrapalabra” que mencionas es un juego literario que rinde homenaje al título de la novela de Luis Britto García y a su narrativa lúdica. Entre las voces actuales de Venezuela, por cierto, me interesa mucho el trabajo del poeta Carlos Zarzalejo, que está desarrollando una labor de experimentación transmedia muy interesante. Por ejemplo, hace poco leí un poema suyo llamado “If”, donde toma prestada la sintaxis de los lenguajes de programación. También he estado leyendo a la poeta chilena Soledad Fariña y me sorprende la libertad que tiene con sus palabras sobre la página, como si fueran pinceladas en un lienzo.


 

Estampa de colección del Dr. José Gregorio Hernández. Imagen tomada del Portal de Poetas de Venezuela y el mundo.


Rafael Figueredo Oropeza y la perspectiva del migrante

En varios textos aparecen la figura materna y la infancia como espacios de memoria y afecto, contrapuestos a la violencia o al desencanto de la vida adulta. ¿Qué experiencias personales alimentan esa visión, y cómo encontraste en la poesía un canal para darles forma?

More de Alex Grey. Imagen tomada de Pinterest


En mi escritura, la madre y la infancia funcionan ante todo como símbolos. Suelo recurrir a la memoria de la infancia perdida y a las tradiciones como materia poética. En cuanto a la maternidad, desde lo mitológico, la figura de la Diosa Madre atraviesa mi imaginario como una presencia simbólica constante junto a otras representaciones de la divinidad femenina. Pero en el caso de “Latidos” el punto de partida es otro. Está inspirado en una ilustración de Alex Grey, pintor psicodélico norteamericano. A partir de esa imagen surgió en mí la idea de una paternidad imaginada. Me interesaba explorar la fragilidad de ese vínculo posible desde la mirada paterna, incluso sin haber sido padre.

Alex Grey. Imagen tomada de aquí


“Caracol”, en cambio, parte de una experiencia muy concreta vinculada a la migración y a la culpa que muchos sentimos al dejar a nuestros seres queridos atrás al irnos. El poema habla de la soledad de mi madre cuando sus hijos emigraron y la casa quedó en silencio. Es una imagen simbólica que busca condensar tanto una vivencia íntima como una experiencia colectiva de la diáspora venezolana.


La musa ya está muerta


La musa ya está muerta.

Le dispararon en una manifestación contra el gobierno.

UNA BALA LE PERFORÓ LA SIEN

(a otro muchacho, a quemarropa, le reventaron el pecho).


Unos estudiantes la recogieron

y las manos se les tiñeron de sórdida escarlata

y ella se tornó tan pálida y triste como un amanecer.


El tema de la violencia política atraviesa algunos de los poemas más crudos. ¿Qué vivencias o recuerdos te impulsaron a incorporar en el libro, de manera tan explícita, esa dimensión de la realidad venezolana?


La violencia política forma parte del paisaje cotidiano de cualquier venezolano, y en general de cualquier latinoamericano. Cuando la violencia atraviesa los cuerpos y la vida cotidiana, también atraviesa el lenguaje. Poemas como “La musa ya está muerta” o “Caracas, la de techos rojos”, buscan registrar esa experiencia colectiva desde un lugar sensible, como una memoria emocional de una época que ha dejado heridas difíciles de cerrar. Nacen de recuerdos muy concretos: manifestaciones, represión, jóvenes heridos o asesinados. Recuerdo tantas muertes que nos han marcado a los venezolanos. También el miedo que se fue apoderando de las calles de Caracas y de todo el país en los años más oscuros y violentos. “Hiroshima”, en particular, es un poema de carácter más universal y está dedicado por supuesto a uno de los mayores horrores que ha vivido la humanidad. El lanzamiento de la bomba atómica representa para mí una de las mayores derrotas morales de la especie humana.


 

José Asunción Silva


Caracas, la de techos rojos


Caracas, te canto…

No a la de antaño

según cuentan los abuelos,

mientras recuerdan con ojos cálidos

..........y sin dientes siguen sonriendo con dulzura.


La capital que prometía tantos sueños y esperanzas,

que muchos vinieron buscando a pesar de los frágiles suspiros

por aquello que dejaron en otras patrias y campos.


Caracas dejaba sabor a progreso,

sonaba a modernidad, a sembrar el petróleo.

Caracas, ciudad de encuentros y desencuentros,

urbanidad fecunda.

Caracas destinada a conquistar el futuro.


Caracas enmohecida,

ya tus techos no son rojos.

Tus techos ahora están teñidos

........................de placas oxidadas de zinc,

........................de platabandas vacías,

........................de cercas alambradas de seguridad,

........................de antenas impostoras,

........................de anuncios de neón,

........................de vallas hipócritas.


Caracas, el rojo que pintaban tus techos

se derrama ahora entre tus calles

a manos impunes.



Es evidente que la identidad cultural es importante para ti, y por eso se la ve celebrada en varios de los poemas del libro. Ya no estás en tu país, y se me ocurre preguntarte cómo incide esta realidad en tu escritura poética.


La migración ha transformado mi relación con la identidad y con la lengua. Estar expuesto a una cultura distinta implica también encontrarse con otras palabras y nuevos significados. Sin embargo, aunque estoy fuera de Venezuela, hago un esfuerzo por mantenerme en diálogo con la tradición literaria venezolana a la que considero que pertenezco de alguna manera. Tomar distancia me ha ofrecido una perspectiva distinta, en la que la memoria, las tradiciones y la añoranza juegan un papel central.


Al mismo tiempo, vivir en Colombia me ha abierto nuevas miradas y nuevas genealogías. He sido afortunado de poder empaparme de autores colombianos, tanto en poesía como en narrativa, que antes no estaban en mi horizonte de lectura. En ese proceso han sido fundamentales espacios que agradezco mucho y que me han brindado instituciones como Idartes, la Casa de Poesía José Asunción Silva y la Red Relata.

Melba Escobar. Imagen tomada de aquí.


Algo interesante es que, a medida que uno se acerca a la frontera entre Colombia y Venezuela, la frontera misma se vuelve líquida, como lo señala Melba Escobar en su libro Cuando éramos felices y no lo sabíamos, sobre la crisis migratoria venezolana. Las historias de Venezuela y Colombia están entrelazadas de muchas maneras. Acá uno se encuentra con devotos de José Gregorio Hernández. Por otro lado, José Asunción Silva, el poeta nacional de Colombia, fue agregado cultural en Caracas durante el gobierno de Guzmán Blanco. Y a Eugenio Montejo en Colombia le tienen un gran aprecio. El llano, por dar otro ejemplo, es una continuidad geográfica a ambos lados del Arauca, y también una continuidad cultural. Y vivir de este lado me ha permitido descubrir una literatura colombiana del llano que antes desconocía.


Guzmán Blanco. Imagen tomada de aquí.


“Publicar este libro fue una forma de cerrar un ciclo”

Sé, por nuestras conversaciones previas a esta entrevista, que eres un gran lector, y que en poesía te has paseado por firmas tan disímiles como E. E. Cummings, Emily Dickinson, los venezolanos Rafael Cadenas y Eugenio Montejo. ¿Cómo dialoga Nos delata la perplejidad con la tradición a la que perteneces?


Detrás de cada poema de Nos delata la perplejidad hay una conversación con quienes escribieron antes. Me reconozco en las palabras de Quevedo cuando dijo que leer es “vivir en conversación con los difuntos y escuchar con los ojos a los muertos”. Esa es también mi forma de escribir, porque antes que escritor soy lector. Para mí, escribir es siempre un acto de diálogo continuo con las lecturas y los autores que me han formado.


Como cualquier otro discípulo borgiano, siento afición por los juegos y alusiones literarias, tanto en mi narrativa como en mi poesía, y eso está presente en este poemario. En el libro hay poemas donde ese juego es más visible, como aquellos que incluyen epígrafes o dedicatorias a Emily Dickinson, Alejandra Pizarnik, Lucía Estrada o Jairo Aníbal Niño. También ocurre con influencias cinematográficas. En otros casos las influencias no son tan explícitas, pero siguen actuando en el trasfondo, como Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez So, César Vallejo, José Lira Sosa o Juan Sánchez Peláez.

José Lira Sosa


De José Lira Sosa hay un verso que siempre me ha parecido especialmente desgarrador cuando dice en Por mi cuenta y riesgo:


¡Mentira! ¡Mentira!

Miedo. Eso es todo.


Esa conciencia del miedo y de la fragilidad también me atraviesa como autor, y hago una alusión a ese verso en el poema “Lobelias”.


Al mismo tiempo, hay una presencia de tradiciones orientales, como el haiku de Bashō, Issa o Santōka, que me han enseñado a confiar en la imagen, en lo breve y en aquello que no necesita ser explicado del todo.


Lobelias


Hay un cielo estival

              cristalino

                          sobre la ciudad


y veo que desde un balcón cuelga un ramillete de lobelias.


               Mentira…

           ¡Mentira…!

           ¡Mentira!

           ¡Yo qué sé…?


Deseo llamarlas lobelias

 me dio la impresión de que podrían llamarse así:

                                                            Lobelia cardinalis



Tu formación en física y tu trayectoria en narrativa de ciencia ficción podrían parecer distantes de la poesía. Sin embargo, en este libro hay un diálogo entre lo simbólico y lo racional, entre lo mítico y lo cotidiano. ¿Qué lugar ocupa tu formación académica y tu experiencia en otros géneros dentro del proceso de creación de este poemario?


Mi relación con la poesía no fue inmediata, sino que se fue construyendo con el tiempo. Desde muy joven admiraba a cuentistas como Luis Britto García, Borges, Quiroga o Asimov. Sin embargo, la poesía se me escapaba, me resultaba casi incomprensible.


Fue durante el ciclo básico de la carrera de Física en la Universidad Simón Bolívar cuando empezó a despertarse en mí una necesidad más profunda de la palabra literaria. En ese tiempo participé en un taller llamado Lugar Común, dirigido por el escritor y crítico literario Luis Miguel Isava. Gracias a él, y también a otros profesores del Departamento de Literatura, comencé a interesarme de verdad por la poesía, antes de llegar a esa gran escuela que fue el Celarg. En su taller me introdujo a la lectura de Quevedo y de E. E. Cummings. Como dato curioso, Isava también es físico egresado de la Universidad Simón Bolívar.

E. E. Cummings. Imagen tomada de aquí


La ciencia ficción y la física me enseñaron algo fundamental para la poesía: el extrañamiento. En ese cruce es donde me muevo. La ciencia ficción me dio la imaginación para construir otras realidades posibles y, al mismo tiempo, la sospecha de que la realidad que habitamos nunca es la única. Nunca he sentido que la ciencia y la poesía estén realmente separadas. Ambas intentan nombrar aquello que no entendemos del todo. La física busca las leyes del universo y la poesía busca el sentido de estar en él.


Como dice Ursula K. Le Guin: “La ciencia describe con precisión desde afuera; la poesía describe con precisión desde adentro. La ciencia explica; la poesía implica. Ambas celebran aquello que describen”. También Richard Feynman, en sus famosas Lecturas de Física, dedica un fragmento a cuestionar el parcelamiento del conocimiento y a defender que conocer más sobre el universo no lo vuelve menos bello, sino todo lo contrario. Allí les reclama a los poetas: “¿Qué clase de hombres son los poetas que pueden hablar de Júpiter como si fuera un hombre, pero deben guardar silencio si es una inmensa esfera de metano y amoniaco en rotación?”. Esa idea me acompaña mucho. Para mí, comprender y maravillarse no son gestos opuestos.


En Nos delata la perplejidad, mi formación científica y mi interés en la ficción especulativa apenas aparecen como temas explícitos, quizá sólo en algunos poemas de carácter más filosófico como “Eterno retorno” o “Hiroshima”. Más que como un tema, esa formación y ese interés están presentes como una sensibilidad y como una mirada que atraviesa en general toda mi escritura.

Ursula K. Le Guin


Hiroshima



“Now I’m become death,

the destroyer of worlds”

R. Oppenheimer



El mundo se detenía mientras caía del cielo.

Ojos curiosos alzaban la vista y contemplaban ingenuos.

Esperando

.............—tal como nosotros nos cansamos de esperar—


.........................Un manifiesto.

.........................Una respuesta.

.....................Un significado.

.....................Una revelación.


¿Era una joya acaso que nos enviaba la amada diosa del cielo?


¿Era un lucero acaso

que bajaba a la isla,

un nuevo sol naciente?


El silencio no duró mucho más tiempo.

El sol estalló en la tierra.

Un infierno de fuego.

Un sol más brillante que cincuenta soles.


Ciento cuarenta mil almas

se diluyeron en el aire.

Veinte calles

que fueron reducidas a polvo.


No quedaron muertos que enterrar.

No quedaron árboles de robustas raíces

más fuertes que las rocas y el viento.


No quedaron ecos del canto de los pájaros

que evocaran los inicios del mundo.

No quedaron pájaros que recordaran

las risas inocentes de los niños.

No quedaron ruinosos escombros de templos antiguos.


En veinte calles la tormenta de fuego

todo lo devoró con odio.


 



Has transitado por talleres literarios en Venezuela y Colombia, y tu obra se mueve entre la poesía, la narrativa y la ciencia ficción. Me gustaría que nos contaras sobre el lugar que le atribuirías a este libro en tu trayectoria, y sobre los proyectos literarios en los que estés trabajando.


Los talleres han sido una parte importante de mi formación, tanto en Venezuela como en Colombia. Llegué a la literatura desde un ámbito ajeno a lo literario, y fueron esos espacios de creación compartida los que me ayudaron a entender la escritura como un oficio. En el Celarg, por ejemplo, fue gracias a Belén Ojeda que aprendí que la poesía no sólo se lee, sino que también se escucha con atención, desde las pausas y los silencios. Con el maestro Juan Calzadilla, en las tertulias del Frente de Creación Literaria Oficio Puro, como ya mencioné, empecé a entender el poema desde una dimensión más plástica y a perderle el miedo al juego verbal. Y fue también allí, gracias al escritor Ronald Delgado, donde comencé a aventurarme en la escritura de ciencia ficción.

Belén Ojeda. Imagen tomada de aquí


En Colombia, los talleres con poetas como Federico Díaz Granados, Jorge Valbuena o John Galán Casanova, a quienes estoy profundamente agradecido, así como los espacios de formación del Idartes, la Red Relata y la Casa de Poesía José Asunción Silva, me han permitido ampliar el horizonte de lecturas, entrar en contacto con otras genealogías y pensar la escritura desde un lugar más reflexivo y consciente. Actualmente participo en el taller “Gramática de los cielos”, coordinado por Jorge Valbuena, una experiencia que ha abierto nuevos diálogos en mi escritura, especialmente en torno a la relación intertextual entre la poesía y otros géneros discursivos.


Dentro de mi trayectoria, Nos delata la perplejidad ocupa el lugar de una primera síntesis. Reúne temas e intuiciones que surgieron en distintos momentos de mi escritura. Es un cimiento desde el cual seguir trabajando con más conciencia de lo que busco. Publicar este libro fue una forma de cerrar un ciclo, pero también de asumir una responsabilidad: decir “esto es lo que he estado intentando escribir”.

Rafael Figueredo Oropeza. Poesía. Editorial Negro Sobre Blanco. Caracas (Venezuela), 2025. ISBN: 978-9804241918. 66 páginas


En cuanto a mis proyectos actuales sigo escribiendo poesía, pero también estoy organizando un libro de cuentos de ciencia ficción que reúne relatos escritos a lo largo de estos años, y participo en proyectos colectivos, entre ellos antologías en proceso junto a otros autores.


Estoy muy interesado en la poesía cienciaficcional y aunque tengo ya algunos poemas especulativos tomé una decisión adrede de excluirlos de este primer poemario. Me interesa el panorama actual de la ciencia ficción hispanoamericana, tanto en revistas como Anapoyesis, Sofón o Colectiveros, como en talleres, seminarios y colectivos dedicados a la exploración especulativa. También tengo un gran interés en el estudio y desarrollo del haiku en español, en especial desde el enfoque haiku-shu impulsado por la Escuela Retama del Perú. Todos estos proyectos y exploraciones. Más que caminos separados, siento que forman parte de una misma búsqueda que apenas empieza a tomar forma.





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Rafael Figueredo Oropeza es un escritor y profesional venezolano, nacido en Caracas en 1987 y radicado actualmente en Bogotá, Colombia. Es Licenciado en Física por la Universidad Simón Bolívar y se ha desempeñado en los últimos años como ingeniero de software. Paralelamente, ha cultivado una trayectoria literaria sostenida, que abarca tanto la narrativa como la poesía. En 2012, recibió el primer premio en el Concurso Universitario de Cuentos José Santos Urriola y el segundo premio en el Concurso Iraset Páez Urdaneta de poesía, así como el Premio Venezolano Solsticios en la categoría de Ciencia Ficción por su cuento “Epidermis” (2014). Su primer libro recientemente publicado, «Nos delata la perplejidad», es un poemario que entrelaza lo cotidiano con lo mítico y explora, desde una voz introspectiva y simbólica, las múltiples capas de la existencia humana. Instagram: @ref8chan Web de autor: https://amazon.com/author/rafaelfigueredooropeza


https://revistakametsa.wordpress.com/2025/11/04/poesia-internacional-rafael-figueredo-oropeza-venezuela-colombia/


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Jorge Gómez. Escritor venezolano (Cagua, Aragua, 1971). Dirigió entre 1989 y 1990 la Peña Literaria Cahuakao, en Cagua y, entre 1990 y 1993, el semanario El Tabloide, de la misma ciudad. Desde 1996 edita la revista literaria Letralia, Tierra de Letras, la primera publicación cultural venezolana en la red. Ha publicado, entre otros títulos, los libros de cuentos Dios y otros mitos (1993) y Uno o dos de tus gestos (2018), las novelas breves Los títeres (1999) y Juez en el invierno (2014), la antología de narrativa venezolana Próximos (2006; bilingüe, chino-español), la novela El rastro (2009) y la plaquette de poesía Mar baldío (2013). Textos suyos han aparecido en diversas antologías dentro y fuera de Venezuela. Ha obtenido, entre otros, el primer lugar en el X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela (Maracay, 2002) y en el Concurso de Minicuentos Los Desiertos del Ángel (Maracay, 2012). Además, con Letralia recibió el Premio Nacional del Libro (Caracas, 2007) y ha sido en dos ocasiones finalista, y una vez mención honorífica, de los premios Stockholm Challenge (Estocolmo, Suecia, 2006, 2008, 2010). Su novela El rastro, publicada en Internet entre 1996 y 2008, recibió en 2007 el puesto Nº 32 en la lista “Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años”, de la revista Semana, de Colombia. Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, catalán, esloveno y chino.

Instagram del autor: @jorgeletralia



https://letralia.com/entrevistas/2026/04/03/rafael-figueredo-oropeza/





Ida Gramcko a José Ramón Medina: El verdadero poeta no es deudor sino para consigo mismo


El próximo sábado 27 de enero, comienza Taller de Cuentos de Ciencia Ficción


Las visiones del poeta Rafael José Muñoz entre los lunares del vidrio


Ya esta abierto el lapso de recepción de relatos para el V (Quinto) Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Solsticios 2018


Abierta la recepción de originales para CRÓNICAS DE LA FORJA Segunda época N° 3: Géneros híbridos


MANIFIESTO DE AMANTES DE LA CIENCIA FICCIÓN EN VENEZUELA CON MOTIVO DE LOS RECIENTES HECHOS OCURRIDOS EN EL PAÍS DESDE EL MES DE ABRIL DE 2017


Presentación de la Revista Digital de Ciencia Ficción “Tiempos Oscuros”


Invitación a las NOTICIAS DEL FUTURO: Ciencia ficción y Arte fantástico en la Literatura, la Pintura y el Cine


De cómo me enteré de la existencia de un círculo secreto de escritores fantásticos venezolanos y de sus mimetizados lectores.


Invitación a participar en el Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción SOLSTICIOS 2017


Sobre la extraordinaria historia de la literatura fantástica en Venezuela en la revista Tiempos Oscuros número 8


KAFKA EN LA LUNA: Un brevísimo viaje por la ciencia-ficción venezolana


La distopía de la venganza en Venezuela:

Los Vengamientos del ejército Justiciador


Ya llegó la Revista Digital Tiempos Oscuros 8. Especial Ciencia Ficción de Venezuela.


Mundos Diagonales en Valencia, la de Venezuela


Invitación al III Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Solsticios 2016


Invitación a la presentación del libro de relatos Mundos Diagonales


Vladimir Vásquez, bloguero y escritor de ciencia ficción venezolano : La Inteligencia Artificial es el nuevo culto religioso del siglo XXI


Vladimir Vásquez, bloguero y escritor de ciencia ficción venezolano : ¿Cómo le exiges a un escritor una historia con calidad profesional cuando no le pagas ni un centavo por ella?


II Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Solsticios 2015


Bases del Primer (I) Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Solsticios 2014


LA COMUNIDAD DE LA ESFERA

Un cuento de Javier Domínguez


EL ACCIDENTE.

Un cuento de Javier Domínguez


LO FANTÁSTICO EN EL CUENTO VENEZOLANO CONTEMPORÁNEO:

Alegoría, parodia y otras formas de alteridad.

Por Freddy Crescente


Mis contactos con Estuloca,

un texto del escritor venezolano Rafael José Muñoz


ENVÍALO TODO.

Un cuento de Ciencia ficción de Javier Domínguez



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