EL ECONOMISTA QUE FUE POETA
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| Domingo Maza Zavala |
José Pulido
Para recordar también a una persona que partió cabalgando sobre una callada tristeza: D.F. Maza Zavala
El doctor y profesor Domingo Felipe Maza Zavala era en sí mismo una Divina Comedia, en cuya trama el poeta enamorado de la economía guiaba al economista enamorado de la poesía. Ambos transitaron infierno, purgatorio y paraíso hasta terminar siendo un solo viajero desembocando en un amor único.
Domingo Felipe encarnaba al poeta y sus amigos lo llamaban, desde los años de liceo, DF, “Distrito Federal”. De esos amigos no quedan muchos ya. Pero el recuerdo ha sido registrado y encapsulado en el tiempo. “¿Qué vamos a hacer este fin de semana, Distrito Federal? Y DF respondía, sin levantar la cara del pupitre “leer a Rimbaud y estudiar matemáticas”.
El logotípico tandem: Maza Zavala, que la gente escribía mal casi siempre, servía para identificar al economista. Nadie se percataba de que esos apellidos conformaban una avalancha purificadora de la letra A. Sin embargo, resultaba más conocido en los predios universitarios y bancarios bajo el contundente apelativo de Maza. Pregúntenle a Maza. Que lo diga Maza.
La manera de vivir de los poetas lo convirtió, por supuesto, en un economista hondo y elevado de modo simultáneo. Para él no había mayores diferencias entre su profesión universitaria y su oficio existencial, porque la emoción es lo que determina la intensidad de la lucidez con que se actúa.
No hablo de cualquier emoción, sino de aquella contenida en ese silencio imprevisto que hace brotar la frase “acaba de pasar un ángel”. Un poco más que todo lo dicho: se trata de la emoción que puede sentir y albergar el ser humano cuando alcanza el grado supremo de buen lector.
Jorge Luis Borges decía respecto a ese tema:
“Primero sentimos la emoción y después la explicamos o tratamos de explicarla. Al mismo tiempo, para sentir esa emoción es necesario que uno sienta que corresponde a una emoción. Es decir, si leemos un poema como un juego verbal, la poesía fracasa; lo mismo si pensamos que la poesía es sólo un juego de palabras. Yo diría más bien que la poesía es algo cuyo instrumento son las palabras, pero que las palabras no son la materia de la poesía. La materia de la poesía —si es lícito que usemos esta metáfora— vendría a ser la emoción. Y esa emoción tiene que ser compartida por el lector”.
LOS ECONOMISTAS
Cuando la magia comenzó a desaparecer como deseo de lo imposible porque se volvió realidad, surgió la ciencia de la economía aspirando a ser interventora del destino. Tal circunstancia bastó para que los economistas ocuparan el lugar de los magos, esos seres alucinantes, sospechosamente cuerdos, que siempre llevan una carta o un truco escondidos en la manga.
Un economista siempre es un mago con el público predispuesto, es un poeta frustrado en el morbo estadístico. La gente espera que el economista anticipe el talante del genio encerrado en la botella de la economía.
Los economistas están condenados a hacer equilibrios en el lomo de la indomable realidad, en la cima de lo concreto cuyo abismo insondable es el azar y eso, obligatoriamente, va creando una temperatura favorable a la fermentación de la poesía. Porque el azar, que tiene nervios, circuitos y pulsaciones en todos los lugares y en todos los seres, es como un verso escrito cuando los dioses escribían.
Adam Smith se desempeñó en sus inicios como profesor de literatura y ya todos saben que de su cabeza surgió la metáfora de la fulana mano invisible.
El ensayista con más arrastre hipnótico que ha tenido la humanidad fue Carlos Marx, quien se doctoró con una disertación sobre la filosofía de Epicuro.
Epicuro escribió, entre otras cosas, lo siguiente:
“Por ello, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a los placeres de los viciosos -como creen algunos que ignoran, no están de acuerdo o interpretan mal nuestra doctrina-, sino a no sufrir dolores en el cuerpo ni estar perturbados en el alma. Porque ni banquetes ni juergas constantes dan la felicidad, sino el sobrio cálculo que investiga las causas de toda elección o rechazo y extirpa las falsas opiniones de las que procede la gran perturbación que se apodera del alma”.
La teoría de Marx predice la evolución socioeconómica del futuro y saca de su prolongada manga una carta del tarot económico, la carta de la plusvalía. Una cosa llamada plusvalía que ya no tiene creyentes, aunque cientos de grandes fábricas se fueron a China porque allá la mano de obra es regalada y los consumidores abundan como la verdolaga.
El y Jesús fueron dos judíos intensamente disidentes. Y diferentes.
El poeta oral con más poder de palabra que ha tenido la humanidad fue Jesús de Nazareth. El no fue economista pero vaticinó que siempre habría pobres. Resultó muy acertado y vigente porque los pobres se han multiplicado al juntarse con los pobres de espíritu.
Jesús contenía el conocimiento de todos los conocimientos y sólo podía transmitirlo en esencialidad poética.
LA POESIA DE DOMINGO FELIPE
"Pero voy hacia el ocaso con mi voz extendida/Y busco en el recuerdo el minuto extraviado".
Ese es uno de los versos escritos por Domingo Felipe y está publicado en el poemario Quinta estación, que editó Monte Avila hace un tiempo y fue una de sus alegrías más íntimas.
El era pura expresión, de ahí se saca que la poesía lo tenía en sus manos.
Domingo Felipe Maza Zavala era un creador estético un tanto solapado porque se lo exigía su cotidianidad. Pero no desistía de ser un hacedor de belleza a través del lenguaje, que al ser liberado retorna a sus orígenes poéticos.
Sus amigos más cercanos y los humoristas, que siempre lo admiraron y lo citaron, decían que Domingo Felipe Maza Zavala era feo por fuera y bonito por dentro. De haber sido al revés, la economía habría estado en manos de un demonio. Siendo feo por fuera y hermoso por dentro pasó la vida a punto de ser besado por esa princesa que es la poesía y que nunca terminó de besarlo para que se convirtiera en el príncipe de las letras que pudo haber sido.
LA ECONOMIA
Cuando era un muchacho que estudiaba economía, Maza Zavala escribió un cuento en el que elogiaba la bondad analfabeta y empobrecedora de la agricultura del conuco frente al poder inmensurable y corruptor del petróleo. En ese cuento mostraba vocación por la búsqueda de las palabras adecuadas y del sentimiento necesario.
Siendo economista, cada vez con más conocimientos en su haber, entendió que era sumamente importante para mejorar la existencia, reconducir el valor de uso y el valor de cambio que contienen el oro y el petróleo. Porque el valor de cambio se ha convertido a través del dinero en la máxima ambición y por ello, todo valor de uso se ha visto menoscabado y no puedes lucir la cadenita de oro porque te la arrancan y te arrancan la vida y ocurre lo mismo con el petróleo: no puedes usarlo para encender la lucidez de una sociedad porque te lo secuestran y te lo arrebatan.
En las entradas y salidas que protagonizaban en los mercados populares el ocumo y los plátanos, el arroz y las caraotas, la mayonesa y la margarina, Maza podía vislumbrar una hibernación colectiva o un principio de inconformidad histórica. Un estallido social podía solaparse en la ausencia de una taza de café y la caída de un banco viajaba en un susurro.
Es la poesía, viejo, es la poesía. Buscar la dimensión justa y enseñarle al hombre que el valor de vivir, pensar y de sentir, se elevan por encima de todos los demás valores. Y que la palabra no es un medio sino un fin. Es la poesía la que usó como guía existencial el maestro Maza Zavala, quien sólo fue llamado por su nombre: Domingo, un día lunes. El lunes de su funeral.
Es la poesía lo que hizo que llegara a la conclusión de que al final de todo hacer y de todo pensar, lo que nadie puede arrebatarte como una prenda de oro o un carro con todo y gasolina, es la dignidad. Es todo lo que podemos llevarnos a la tumba. Hombres útiles como Maza Zavala se la llevan y la dejan también en sus escritos, como para que nadie pueda olvidarlos. Aunque en última instancia sólo la poesía de la memoria produce flores en los terrones del olvido.
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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne |
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