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jueves, 24 de septiembre de 2026

Bornout,Psicodrama en consulta. Un monólogo de Francisco Aguiar

 




Estimados Liponautas


Hoy le hacemos llegar un nuevo monólogo del autor cojedeño Francisco Aguiar. En este espacio ya hemos publicado otros trabajos de este autor tales como LA ALCANTARILLA  y UNA ROSA EN EL TEJADO.

Esperamos que disfruten de la obra.


Atentamente


La Gerencia.


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En la sala de observación de una clínica psiquiátrica se encuentra la psicóloga Verónica Arciniegas mirando con fijeza el espejo unidireccional (espejo espía) que tiene justo al frente, pues sabe que un conjunto de especialistas la están monitoreando.
 
Está descalza, despeinada, tiene ojeras y en las muñecas el vendaje compresivo que se utiliza para detener hemorragias. 

Viste un conjunto blanco holgado. 

La psicóloga-paciente, Verónica Arciniegas, pese a saberse una rata de laboratorio no se muestra hiperquinética ni angustiada, pero deja entrever una tristeza honda. 

De fondo debe escucharse el 1er movimiento de la sonata Claro de Luna de Beetthoven, al menos por un minuto, para dar inicio al psicodrama. 

Immortal Beloved Scene - Beethoven plays "Moonlight Sonata"




Verónica Arciniegas (Camina hacia el espejo espía. Golpea con los nudillos): Sé que están haciendo anotaciones para sus insulsos informes. Sé que me monitorean cual si fuese una rata de laboratorio. (Deja de golpear. Cínica) Queridos colegas, déjenme decirles que rayan en el ridículo. ¿De verdad creen que, por el simple hecho de mantenerme monitoreada, darán un diagnóstico adecuado? Por cierto, las evaluaciones psicométricas que me hicieron dan asco.  

(Da la espalda. Escudriña la sala) Lo bueno de haber contestado esos estúpidos cuestionarios fue que me permitieron fumar. ¿Y mis cigarros? ¿Dónde están mis cigarros? Hace más de una semana que no fumo y mi cuerpo pide a gritos (Cantandito): Nicotina, nicotina, nicotina, nicotina. (Toma la caja de Marlboro que está en la mesa junto al encendedor. Extrae uno y lo enciende. Voltea. Vuelve a mirar hacia el espejo espía) Esto sí lo hicieron bien: son mis favoritos.  
 
(Se sienta. Da profundas caladas. Mira el cigarrillo consumirse por unos segundos. Como no tiene ceniceros echará las cenizas en el piso) No me vean así. Toca echar las cenizas en el piso pues los ceniceros, en esta sala de observación, brillan por su ausencia. ¿Los quitaron por seguridad o por joderme la vida? Díganme, les estoy preguntando. 

(Visiblemente molesta se levanta de la silla y arroja la colilla hacia el espejo espía) ¡Que no haya un maldito cenicero en esta inmunda sala es una grosería, un insulto! ¿Por qué recibo este trato? ¿Acaso no soy colega de ustedes? ¿Acaso, por mi permanencia aquí, mi hermano Raúl no está pagando un ojo de la cara? Y para qué, para que me mantengan sedada. (Pausa) Ya entiendo. La misión de ustedes es terminar el trabajo que empecé. (Pausa larga) Si la lobotomía fuera legal (Señala a sus colegas) desde hace rato me habrían taladrado el cráneo, pero saben algo: no hay taladro – por grande que sea – que pueda perforar lo que guardo (Se toca el corazón) aquí y (Se toca la cabeza) aquí.  
 
(Señalando a la neuróloga) Dra. Garcés, el epígrafe de la magna obra de Camus que dice: “Oh, alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible”. ¿Qué te produce? (Pausa larga) ¿Vas a responder? Entiendo, no lo harás en este momento porque eres sumamente analítica… Sin embargo, dentro de cuatro o cinco meses sorprenderás a tus lectores con un ensayo fabuloso. Esa será tu respuesta. Por cierto, te hice la pregunta no porque seas la única neuróloga de esta ratonera, sino por tu vena filosófica. 

La cita del poeta Píndaro, que acabo de mencionar, la eligió Camus para abrir El mito de Sísifo. ¿Leyeron esta obra? Espero que sí, y si no, sugiero que lo hagan. Un especialista en salud mental que no conozca este ensayo no debería estar titulado. (Pausa) Los que no lo leyeron, exijo que lo descarguen en este momento. (Autoritaria) Que lo descarguen, les digo. 

(Camina por la sala como dando tiempo a que cumplan su orden). ¡Qué lindos, hicieron el trabajo! Ahora diríjanse al primer párrafo del primer capítulo y repitan conmigo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. (Pausa) ¿Qué les pareció esta sentencia? ¿Cierto que todos los habitantes de este planeta deberían leer y releer este ensayo? 

(Un poco más calmada deja de desplazarse por la sala de observación) Me internaron hace trece días por haberme cortado las venas (Muestra el vendaje compresivo que tiene en las muñecas) y ahora el mundo quiere saber qué llevó a la prestigiosa doctora en psicología Verónica Arciniegas a tomar esa decisión. ¿Ven el morbo que hay en todo esto? La gente se pregunta: ¿Cómo llegan al suicidio especialistas en salud mental, prominentes médicos, enfermeras, educadores, en fin, personas que – según la opinión general – son ejemplos a seguir? Y la respuesta es simple: somos humanos y los humanos nos damos a la autodestrucción.

(Pausa. Como si mirara al psiquiatra que le suministra los ansiolíticos que la mantienen sedada) Y usted, doctor Ramírez, no me miré así. Usted mejor que nadie sabe que los psiquiatras y psicólogos presentamos altas tasas de suicidio. Para no ir muy lejos, su padre saltó de la azotea de una de las Torres de Parque Central y el mío se voló la cabeza con un disparo de escopeta. (Cínica) Diferente método, mismo resultado. 

¿Saben qué aprendí de un caleño cuando hice mi doctorado en la Pontificia Universidad Javeriana? Aprendí que “el trabajo embrutece, degenera y al final mata”. Por cierto, este caleño no era ningún letrado… era el señor que se encarga del aseo de la universidad y le escuchaba decir – mientras trapeaba los pasillos – esta sentencia. (Pausa) En ella está mi diagnóstico, pero como son tan insulsos ni en mil vidas captarán el mensaje.
 
(Queda inmóvil por unos segundos y señala las cenizas de su cigarrillo) Son la metáfora de un síndrome que produje más bajas que los drones de Israel, Irán, Ucrania y Rusia juntos. (Mira hacia la ventana con fijeza) ¿Aún no saben a qué hago alusión? Vaya, estoy siendo monitoreada por oligofrénicos. (Resignada) Bueno, acá les va: hago alusión al burnout. 

(Pausa larga) Sé que no hay registros que confirmen mi afirmación. Sin embargo, ninguno puede negar que el estrés laboral crónico y las jornadas extenuantes reducen a cenizas a ingentes cantidades de personas. 

(En tono desafiante) Anoten en sus informes que la psicóloga clínica Verónica Arciniegas padece el síndrome de desgaste profesional, que eso fue lo que la llevó a atentar contra su vida. (Pausa) ¿Ven lo buena que soy? Tan buena que entregué el diagnóstico que jamás iban a encontrar. 

(Mira en el lateral izquierdo el reloj digital) Qué reloj tan feo. Es como los edificios modernos: funcionales, asépticos, pero carentes de belleza. (Pausa) Ese reloj digital me muestra, hoy más que nunca, el peso del tiempo. (Pausa larga) ¡Vaya, por fin lo entiendo! Me sobrecargo de ocupaciones para no sentir el aplastante peso del tiempo. (Pausa) ¿Saben a cuántos pacientes atiendo por día? ¿No lo saben? Atiendo a seis, a veces siete y paso consultas de lunes a sábado. Saquen la cuenta. A la semana atiendo a más de treinta y seis… y a diferencia de ustedes: yo sí doy con diagnósticos acertados y logro que mis pacientes se restablezcan. 

(Saca otro cigarrillo. Lo enciende. Fuma) Y al llegar al apartamento qué creen, pues estudio caso por caso, hago informes… (Muestra el cigarro que se está fumando) Adquirí este horrible hábito por pasarme la vida trabajando. Hagan un ejercicio de visualización. ¿Están listos? Visualícenme a las dos, a las tres, a las cuatro de la mañana, frente al computador, fumando. (Con ironía) Trabajar y fumar, en eso se traduce mi vida. 

(Pausa larga) Burnout significa “consumirse por completo”. (Vuelve a mostrar el cigarrillo. Echa las cenizas en el piso) ¿Comprenden la analogía? (Pausa larga) Lo irónico es que la adicción al trabajo es socialmente aceptable. A los alcohólicos, a los ludópatas, a los cocainómanos los censuramos… pero al que se consume trabajando lo miremos con respeto, como un ejemplo a seguir. 

(Vuelve a mirar el reloj) Faltan unos minutos para la hora de la visita y el tiempo me está aplastando. Literalmente siento que me tritura los huesos y todo porque no puedo estar sin hacer nada. (Pausa) Si tuviera mi laptop, estaría revisando lo que tengo atrasado. (Mira sus lentes de lectura, el conjunto de libros y carpetas y la rosa que está sobre la mesa) Ah, ya sé. Me pondré a leer mientras llega Raúl. 

(Se sienta. Toma sus lentes de lectura. Se los coloca. Revisa los títulos) A ver qué tenemos por acá (Lee) ¿Cómo ganar amigos e influir sobre las personas? De Dale Carnegie. Colegas, este libro es una basura (Lo arroja con fuerza hacia el lateral izquierdo). Y aquí qué tenemos (Lee) Piense y hágase rico, de Napoleon Hill. (Lo arroja) Este libro es una basura… y por acá qué tenemos (Lee) El vendedor más grande del mundo, de Og Mandino. (Lo arroja). ¿Es en serio? ¿Ustedes recomiendan la “filosofía del éxito” de los yankees a sus pacientes? Qué asco me dan. (Pausa) Me dan asco las personas que promueven el pensamiento mágico-pendejo. (Sigue buscando. Toma un libro que llamó su atención. Lee) El hombre en busca de sentido, de Viktor Frank. ¡Por fin algo que vale la pena! Lo he leído muchas veces, me sé pasajes de memoria y sin embargo… (Sigue revisando. Lee) La empresa perdona un momento de locura, de Rodolfo Santana. (Con fruición) Una joya del dramaturgo más grande de Venezuela. 

(PROMO) La empresa perdona un momento de locura


(Pausa. Se levanta de la silla. Deja el libro en la mesa) Esta es la historia de una psicóloga industrial que manipula a un obrero para que le caiga a coñazos a un muñeco. (Como la psicóloga industrial de la obra de Santana): “Señor Orlando – como si mostrara al muñeco de tamaño natural – este es el señor González y representa esta empresa, las troqueladoras que le trituraron la mano al muchacho, la plusvalía que te roban… En fin, representa la opresión y sanarás sólo si lo golpeas, si descargas en él toda tu ira, tu frustración”. (Pausa) El resto de la historia ya la saben. El señor Orlando, al final del psicodrama: golpea, muerde y despedaza al muñeco que representa al tirano explotador. 

(Pausa) Esta es la obra más representada de Santana. Le ha dado la vuelta al mundo como catorce veces. (Pausa) ¿Sabían que Santana escribió esta pieza por un artículo que leyó sobre los obreros de Japón en los años 70?
En Japón construían muñecos parecidos a los dueños de las fábricas, para que los obreros descargaran su ira contra ellos. Si, por ejemplo, a media jornada un obrero sentía la necesidad de golpear al patrono explotador… zas, golpeaba e insultaba al muñeco. Luego, más calmado, volvía a su tarea. (Pausa) Esta terapia lograba obreros eficientes y felices. 

Hablando de psicodramas, ¿les parece si represento el mío en este momento? Total, salvo El hombre en busca de sentido y La empresa perdona un momento de locura, en esta sala no hay una obra que valga la pena. Entonces, ¿presento mi psicodrama? Creo que no me será difícil. En la UCV pertenecí al Teatro Universitario y mi histrionismo asombraba. (Vuelve a mirar el reloj) Será sólo hasta que llegue mi hermano Raúl. 

(Pausa. A modo de advertencia) No desperdicien este histórico momento pues mañana, sí o sí, deben darme de alta. Esto quedó acordado el día de mi ingreso. Conozco mis derechos. No están frente a una pendeja. (Con pedantería) Están frente a una psicóloga clínica con varias especializaciones y un IQ de 144.   

En esta sala hay micrófonos escondidos. Pregunten lo que les venga en gana o, si prefieren – cual Hamlet – responderé mis propias preguntas. Ahora que lo menciono, el príncipe de Dinamarca no estaba loco: sólo era un hombre con una severa depresión. (Con orgullo) Soy de la estampa de Hamlet y aseguro que las palabras que están grabando, en un futuro, serán estudiadas en universidades e institutos de oratoria. 

Voz en off: Doctora Arciniegas, estamos de acuerdo, proceda con el psicodrama. 
(Con asombro): Vaya, hasta que capté su atención. Está bien, empezaré mi autoconsulta. 
(Coloca el mueble que está en el lateral izquierdo de la sala justo al lado de la silla donde estaba sentada. Se arregla el cabello y ajusta los lentes. Toma una de las carpetas que están sobre la mesa y se sienta en la silla). 

(Mientras esté en la silla, usará las gafas de lectura y actuará como psicóloga clínica; cuando pase al mueble, se las quitará y hará de paciente. Transición)

Psicóloga (Revisando la carpeta): A ver, antes de empezar la consulta, dejemos los puntos sobre la mesa. ¿Estamos de acuerdo? (Pausa. Como si mirara a la paciente) Sé que eres Dra. en Psicología, pero tienes que asumir que eres mi paciente. Esto es importante aclararlo. Ahora bien, quisiera saber si escribiste alguna carta o si dejaste una grabación antes de cortarte las venas, o si – por el contrario – te las cortaste en un arrebato de crisis existencial.

(Deja la carpeta y los anteojos en la mesa y, acto seguido, se recuesta en el mueble como si este fuera un diván. Transición)

Paciente (Reflexiva): Un acto como el que realicé – ya lo dijo Camus – “se prepara en el silencio del corazón, lo mismo que una gran obra”. (Pausa larga) Como mi único pariente es mi hermano Raúl, le escribí una carta y se la dejé en el estuche de su guitarra para que pudiera leerla. La dejé allí, porque si la hubiera dejado en la mesa u otro lugar jamás la hubiese visto. (Pausa) Mi hermano es muy despistado. (Como si mirara a la psicóloga que le hace la consulta) ¿Que qué le escribí en la carta? Pues le escribí que me perdonara por dejarlo solo y un montón de sensiblerías. 

Como casi nunca estoy en el apartamento Raúl poco me visita, pero como tiene la llave de vez en cuando entra… sobre todo a ensayar. (Pausa) El día que atenté contra mi vida le dio por buscar una letra de su autoría que dejó en el estuche. (Pausa larga) Cuando reaccioné, en la clínica, me dijo que sólo iba a tomar su canción y salir, pero le llamó la atención que el reproductor estuviera sonando a todo volumen. 

(Pausa larga) Al principio pensé en ahorcarme, en la asfixia mecánica, mas no quise estropear mi hermoso cuello (Se lo acaricia). En fin, la vanidad me hizo cambiar de planes y me corté las venas. (Reflexiva) Qué cosa tan tremenda es la vanidad… quería estar muerta, pero no afear mi cuello. (Pausa) Raúl me encontró inconsciente, bañada en sangre, mientras de fondo se escuchaba el 1er movimiento de la sonata Claro de Luna de Beethoven. Un cuadro patético, tan patético como una película de Bergman.  

(Se incorpora para tomar sus lentes de lectura y colocárselos; también toma una carpeta. Da unos pasitos y se sienta en la silla que está al lado del mueble. Transición) 

Psicóloga (Abre la carpeta y toma unos apuntes con un bolígrafo imaginario): Usted y yo somos una suerte de basurero. (Pausa) No me mire así. Los pacientes sacan su basura y la depositan en nosotras… y esto, tarde o temprano, termina contaminándonos. (Pausa) En esto, que sabes bien, no quiero ahondar. Pero quiero saber cuál de tus pacientes te afectó más. ¿Si me explico? (Pausa) Bregamos a diario con la fragilidad humana y muchas veces olvidamos que, pese a la coraza del método científico y el distanciamiento profesional, absorbemos el dolor y las angustias de nuestros pacientes. 

(Deja la carpeta y los anteojos en la mesa. Toma la rosa y se recuesta en el mueble como si este fuera un diván. Transición)

Paciente (Sosteniendo la rosa sobre su pecho. Yéndose por sus recuerdos): Brindé Primeros Auxilios Psicológicos en el McDonald’s de Caraballeda, el cual sirvió como hospital para atender a los supervivientes del doble terremoto que azotó a la Guaira. (Pausa) ¿Usted leyó el reportaje que salió en El País o vio los videos del McDonald’s que se hicieron virales? 

(Como si escuchara la respuesta) Ese reportaje y esos vídeos mostraron al mundo la grave crisis de desatención institucional que hay en Venezuela. (Con rabia) En un país normal los efectivos militares se despliegan en las zonas siniestradas de manera inmediata. Acá brillaron por su ausencia. (Pausa) Si los que nos desgobiernan hubieran actuado con prontitud, se habrían salvado miles de vidas. ¿Sabes qué me gustaría? (Encrespando las manos) Me gustaría desintegrar las fuerzas armadas, destruirlas con mis propias manos, pues no sirven para nada. (Con ironía) Bueno, sirven para que una camarilla se perpetúe en el poder… y sabes qué, mejor no sigo con este vals pues me desviaré de su pregunta. 

(Pausa larga) Movida por mi vocación de servicio fui a la Guaira a brindar contención emocional a los supervivientes del terremoto. (Evocativa) En la hamburguesería que convertimos en hospital: trabajé con dos psicólogas egresadas de la Martin Luther King, con una estudiante de la Bicentenaria de Aragua y con el neuropsicólogo Miguel Romero. (Pausa) Romero nos ayudó a actualizar protocolos y después se entregó a su tarea de cirujano. Recuerdo que cuando dejó nuestra área: operó a una muchacha, que había dado a luz en la calle, para evitar que se desangrara. 

(Como si mirara a la psicóloga) ¿Qué cómo la operó? No creo que saber cómo la operó te sirva para algo, pero acá va la respuesta: la operó en una banqueta, a cuarenta grados de temperatura, mientras una enfermera iluminaba con la linterna de su celular. (Con ironía) ¿Satisfice tu curiosidad? ¿Estás contenta? 

(Pausa larga) Atendí a tres personas que tenían la mirada de las mil yardas, a nueve con ataques de pánico y ansiedad generalizada, pero – en ese McDonald’s – el síndrome del sobreviviente marcaba la pauta. Una y otra vez escuchaba decir: “¿Por qué murió mi hijo y yo no?”, “¿Por qué murió mi esposa y yo no?”, ¿Por qué murieron todos los integrantes de mi familia y yo no? (Pausa) Esas voces día y noche me atormentan. (Le muestra la rosa a la psicóloga) El mundo debería ser un campo de rosas y, en vez de eso, es un montón de escombros. ¿Ya entiende usted por qué impera la desesperanza? 

(Se incorpora, deja la rosa en la mesa. Toma sus lentes de lectura y se los cala. Se dirige a la silla y se sienta. Transición) 

Psicóloga: (Conmovida) Qué fuerte lo que cuentas. Ahora entiendo que esa catástrofe minó tu voluntad y por ello no has podido sobrellevar la carga. Y sabes qué: yo tampoco hubiera podido. (Pausa larga) Imagino que a varios de los que les brindaste Primero Auxilios Psicológicos, en la Guaira, se convirtieron en tus pacientes y las consultas fueron gratis. ¿Cierto que tengo razón? 
(Deja los anteojos en la mesa y, paso seguido, se dirige hacia el mueble para recostarse como si este fuera un diván. Transición)

Paciente: (Como si mirara a la psicóloga) ¿Y usted qué come que adivina? Tal como lo cuentas, así ocurrió. (Pausa larga) En ese McDonald’s u hospital, como quieras llamarlo, estuve una semana y siempre me llenará de orgullo saber que trabajé con un equipo interdisciplinario de altura. (Pausa) Conservo, como un tesoro, la foto donde salgo con el cirujano Fernando Jaimes, el neuropsicólogo Miguel Romero, las psicólogas de la Luther King y dos enfermeras. Esta foto la tomó un periodista de El País y, como puedes imaginar, de fondo puede verse un edificio derruido y toneladas de escombros. (Pausa) Por lo que representa esa foto la colgué en mi consultorio.
 
(Pausa larga) ¿Conoces la historia del cardiólogo René Favaloro? (Como si escuchara la respuesta) Como no la conoces te la contaré. Aquí va: Favaloro era un ferviente defensor del humanismo médico. Tan es así que creó una técnica quirúrgica revolucionaria y la entregó al mundo sin cobrar patentes, es decir, sin cobrar ni medio y no sólo eso, creó una fundación para que la ciencia estuviera al servicio del pueblo argentino. Si la dejamos hasta aquí, sería una bella historia. Pero resulta que el final fue trágico. 

(Pausa larga) Su altruismo lo llevó a contraer una deuda millonaria, una gran depresión y acá viene la paradoja: el hombre que salvó miles de corazones… destruyó su propio corazón con un disparo. ¿Sabes por qué te cuento esta historia? Pues, salvando las distancias, mi historia es igual a la de este cardiólogo. (Pausa) Le he devuelto la esperanza a centenares de personas y ¿sabes qué es lo triste?: que no siento esperanza. (Llora amargamente) Ya no siento nada. 

(Se calma un poco. Se incorpora. Dirigiéndose a los especialistas) ¿Están conformes? Espero que sí, pues en este momento doy por terminado el psicodrama. 
Voz en off: Estamos conformes. (Pausa) Dra. Arciniegas, cuando guste, diríjase al área de visitas: la está esperando su hermano. 

Verónica Arciniegas (A modo de petición): Díganle que en cinco minutos estaré por allá. (Pausa) Me fumaré otro cigarrito. Lo fumaré acá, pues a Raúl no le gusta verme fumar. 

(Toma la caja de Marlboro que está sobre la mesa, saca un cigarrillo y lo enciende. – En cuanto lo encienda, a un tiempo, debe sonar de fondo el primer movimiento de la sonata Claro de Luna de Beethoven y se apagarán las luces –. Fuma en la oscuridad de la sala hasta que el cigarro se consuma por completo). 

Fin del monólogo de Francisco Aguiar que lleva por título Burnout: Psicodrama en autoconsulta  



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Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ).  Se ha formado con talleres dictados por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, el Sistema Nacional de las Culturas Populares y la Compañía Nacional de Teatro. (CNT). Ha publicado La Alcantarilla (Memoralia, 2015), El cuento más largo (2017), Sobre la migración venezolana (2023), Una rosa en el tejado (2025) y Reina Talavera (2026).  Textos suyos han sido incluidos en las antologías: Pido la palabra (2019), Contra las paredes del viento (2020) y Palabra ociosa (2026).  En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA)  y en el capítulo Cojedes de la Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN), en cuatro ocasiones. Ganador del concurso Ensayo Histórico sobre la Batalla de la Mata Carmelera (Gabinete Cultural Cojedes, 2012). Ha publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo. 







































































miércoles, 2 de septiembre de 2026

Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos.

 


Juan Martins



El pasado domingo 30 de agosto de 2026 falleció el escritor Juan Martins debido a complicaciones de salud.

Le hacemos llegar nuestras condolencias a sus allegados.


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Juan Martins, un poeta prestado a la dramaturgia

“Lectores hacen tanta falta como escritores”

 Texto y foto: Rafael Ortega




“A veces, uno se sorprende cuando nos dan demasiada importancia y nos invitan a foros y conferencias, nos pagan el hotel y nos tratan bien, y entonces uno piensa: ¡Cónchale, la escritura como que sirve para algo!”


Sobre sus inicios en el mundo de las letras, nos confiesa Juan Martins (Maracay, 1960) que primero fue lector y llegó tardío a la escritura. Desde joven le atrapó la pasión y el oficio de leer las obras de Krishnamurti. 

Krishnamurti. Imagen tomada de aquí.


De aquellos textos de visos filosóficos pasó a la literatura francesa, a través de los talleres que coordinaba Harry Almela y allí comenzó ese acercamiento a la poesía. “También me atraparon las relatos de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar; y en dramaturgia, Gustavo Ott, Isaac Chocrón, Rodolfo Santana, pero reconozco que mis inicios están en la poesía y no en el teatro”, por lo cual se considera un poeta prestado a la dramaturgia y dice no ser “el arquetipo del hombre de teatro”.


—Estás al frente de una editorial alternativa llamada Ediciones Estival, ¿en qué momento decides dedicarte al trabajo gerencial?


—Después de haber publicado mis textos con la editorial La Liebre Libre y, más adelante, a través de un convenio con una editorial de Nueva York, empecé a desarrollar mi trabajo y entendí que hay que organizarse gerencialmente para editar libros. Por eso, antes de que surgiera todo este boom de la imprenta y todo este proceso, el poeta Harry Almela y yo, a través de La Liebre Libre y Ediciones Estival, logramos editar obras interesantes por otras vías alternativas y todavía se siguen haciendo cosas, aunque la dinámica ha cambiado porque no hay manera de competir con el capital del Estado.


—¿Cómo percibes el movimiento teatral en Aragua?


—En una ciudad como Maracay, si tú no haces las cosas con tus propios recursos no podrás llegar a nada como dramaturgo. Por muy bien escritas que estén tus piezas, se quedan en gavetas. Entonces se recurre a otros elementos, como la producción, la organización grupal; es decir, la socialización de un grupo para llevar a cabo un proyecto artístico, que es mucho más ambicioso en cuanto a sus factores humanos involucrados.


—¿Consideras que los talleres literarios son fábricas de escritores?


—El término “fábrica de escritores” no sería el más apropiado porque es muy concreto y delimita una respuesta. Un taller no te va a hacer escritor, porque si el talento no existe, no lo vas a obtener allí, pero, por lo menos, lo que se logra es que te conviertas en un lector, y creo que los lectores hacen tanta falta como los escritores. Participé en los talleres organizados por la Coordinación de Literatura, cuando estaba a cargo de Harry Almela, luego concursé para participar un taller en el Celarg y casualmente quien lo coordinaba era Harry Almela. Por eso, la experiencia que tengo con el poeta es muy implícita en ese proceso. En una ocasión, cuando se publicó mi primer libro, Deseos de casa (1995), le dije a Harry: “Te voy a decir algo que tal vez suene cursi, pero necesito decirlo: es la respuesta del alumno al maestro” y él dijo que no me pusiera tan cursi. Pero para mí era importante porque pasé por un proceso de crecimiento donde hubo voces que me fueron educando, voces que me fueron aprehendiendo, y en poesía todo está antes y después de Harry Almela, en lo referente a esa exquisitez por la literatura, esa pasión por leer. Después adquirí mi propio perfil, por supuesto, y me desarrollé como dramaturgo, como “teatrista” —término que prefiero utilizar— de Aragua, pero más que de Aragua, lo soy del país, lo cual es importante subrayar porque la ciudad no ha sido muy noble con el escritor Juan Martins. Todo lo que el escritor Juan Martins ha logrado, lo ha hecho fuera de la ciudad y fuera del país.

Harry Almela. Fotografía de Leonor Basaló. Tomada del libro Rostro y Poesía.1996


La fortuna del escritor

Escribir es un placer, sobre todo en un país donde pocos nos leen y compran nuestros libros, resulta cuesta arriba dedicarse a la literatura. No todos los escritores tienen la misma fortuna de ganar premios y ser publicados, pero esa fortuna muchas veces no tiene que ver con la calidad”.


—¿Cuáles temas te motivan a escribir?


—Te voy a contar una anécdota de algo que me sucedió cuando montaba una de mis piezas un destacado director, que trabaja para Rajatabla, cuyo nombre es José Domínguez, mejor conocido en el medio como “Pepe”. Él me confesó que las actrices me consideraban un escritor perverso y me pareció un término interesante, pues nunca imaginé que podía ser una persona perversa. Incluso, las actrices decían cosas como: “¡Este tipo está enfermo!”. Claro, cuando me conocieron se dieron cuenta de que no era así. Por lo general, los caracteres de mis personajes rayan en lo grotesco y el humor siempre está presente.


—Eres poeta, dramaturgo y crítico teatral, ¿en cuál género te sientes más a gusto?


—Me cuesta escribir dramaturgia, me es difícil, pero es el género en el que más insisto con disciplina y mi trabajo de crítico teatral es el que me resulta más placentero.


—Aparte de la lectura, ¿de qué otras fuentes te nutres para escribir?


—Las artes plásticas me estimulan porque soy un hombre del escenario, de las tablas, soy un hombre que está metido allí de lleno, como dice Rodolfo Santana: “Buscando carne en el escenario”. Por eso, las artes plásticas son fundamentales para mí y me permiten crear una ruptura con la convicción naturalista de lo que puede ser una escenografía y así comprender el desarrollo del signo teatral.

Rodolfo Santana. 1982. Imagen coloreada


—A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales?


—Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Alfredo Silva Estrada, aunque es un poeta un poco “sordo”, pues su sonoridad no me agrada, pero sus estructuras conceptuales me llaman mucho la atención... y a nivel de nuestra “no ciudad” —como le llamo, utilizando un término del maestro Francisco Rojas Pozo— diría que son destacadas las obras de Alberto Hernández, Harry Almela, Efrén Barazarte, Rosana Hernández Pasquier, entre otras voces emergentes. Creo que estas personas que nombré ya representan una voz nacional, a pesar de que hoy sean outsiders, están fuera de todas las estructuras, es algo muy curioso y creo que el Estado tiene que revisar qué es lo que está haciendo porque está dejando en la otra orilla a gente inteligente y sensible, que tiene toda su vida dedicada al proceso de la escritura. Y a nivel de dramaturgia, existen dos voces fundamentales en Aragua: Mariozzi Carmona y Lali Armengol Argemí.

Mariozzi Carmona


—¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior?


—Tendríamos que sentarnos varios escritores y editores en una mesa para responderte esa pregunta, pero creo que se trata de un problema editorial, ¿o será que los escritores venezolanos somos muy aburridos? (risas).


—¿Cuáles obras o autores de la literatura universal recomiendas?


—A veces somos tan arrogantes que no queremos responder con lugares comunes, pero voy a hacerlo: el Quijote, Borges, la poesía española de principios del siglo veinte, Unamuno, Andrés Eloy Blanco, a quien poco leemos, lo cual me preocupa porque debemos reconciliarnos con nuestra lengua.

Andrés Eloy Blanco


—¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura?


—Fundamental. Te voy a dar un ejemplo: la dramaturga Jenny Pérez, que está muy cercana a Maracay, acaba de ganar un premio muy importante, organizado por el Iaem, dejando de segundo y tercer lugar a excelentes dramaturgos, entre ellos Gustavo Ott. Esto marca una pauta de lo que pueden ser las voces femeninas dentro de la literatura. También te puedo mencionar a Xiomara Moreno y otras autoras importantes de esta ciudad, que han hecho un excelente trabajo, no solamente como escritoras sino como parte de un movimiento feminista. Han sido mujeres preocupadas, con una sensibilidad social y literaria.


—¿Cuál es la función de un escritor?


—Esa pregunta me obliga a dar una respuesta que me sirve de catarsis. Voy a utilizar unas palabras de Alberto Hernández: “Los escritores somos unos miserables, unos inútiles, no sé qué es lo que estamos haciendo. ¿Qué le puede importar a la sociedad que tú y yo estemos reunidos en este momento hablando de literatura? ¡Nada, somos unos completos inútiles!”. Yo quisiera saber cuál función tenemos para ir a cumplirla. A veces, uno se sorprende cuando nos dan demasiada importancia y nos invitan a foros y conferencias, nos pagan el hotel y nos tratan bien, y entonces uno piensa: ¡Cónchale, la escritura como que sirve para algo!

Adriano González León lee en compañía de Alberto Hernández (1995). Foto: Solángel Mendoza.

—¿Qué opinas de las nuevas tecnologías?


—El problema es cómo se enfoquen; por ejemplo, la manera como se escribe en el Messenger se está socializando, incluso en profesionales, lo cual considero que es algo negativo, pero creo que la Internet es un medio fundamental para dar a conocer lo que estamos haciendo.

Imagen tomada de aquí




—¿Los libros virtuales suplantarán a los libros impresos?


—No lo creo, quizás los superen y les ganen en algunos elementos, pero no suplantarán el placer conceptual que te produce abrir y oler un libro. Algo parecido sucedió con la aparición de la fotografía, pues se creyó que ésta acabaría con la pintura, pero no fue así y más bien se complementaron.


Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito, de Maracay, Aragua, Venezuela.



https://letralia.com/181/entrevistas03.htm


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Juan Martins. Imagen tomada de Letralia.



Juan Martins. (Maracay,Venezuela, 3 de noviembre de 1960 - 30 de agosto de 2026) Poeta y dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. Mención de honor como finalista en el «V Premio El espectáculo Teatral», 2011. Madrid, España con Duchamp, 11:45. Primer Premio en el «XVI Concurso Nacional de Literatura IPASME», 2008 con Saldré de tu piel de cuero. Premio «Miguel Ramón Utrera», 2007, mención dramaturgia con la obra Caramelo de Nueva York*. «Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón», 2004, género dramaturgia con la pieza Caperucita ríe a medianoche. «Premio Mayor de las Artes», mención dramaturgia. Conac, 2004 con la pieza Dollwrist. Ha publicado Poética para el actor (2000 y en imprenta una nueva reedición) y Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) en esta, editorial «The Latino Press» de Nueva York. Con la misma editorial ha publicado su antología Caperucita ríe a medianoche y otras piezas (2014) y Monos azules en Times Square.(2014) a cuatro manos junto al insigne escritor Isaac Goldemberg, anteriormente publicada en el 2008 con la editorial «Cuadernos del Teatro San Martín de Caracas». Su teatro ha sido traducido al francés y al portugués. Entre otras publicaciones y premios. Colaborador en revistas de crítica teatral, tanto en Venezuela como fuera de su país (España, Cuba y Argentina). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral Teatralidad. Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo Mariana de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. Él es Vila-Matas, no soy Bartleby y El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo De qué hablo cuando hablo de Murakami (2016).Como investigador es coautor del libro «Análisis de la dramaturgia Venezolana actual». España, Editorial ADAE, bajo la dirección del destacado José Luis García Barrientos y coordinado por el maestro Leonardo Azparren. Recién galardonado con el «Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar».

*Pieza y artículos traducidos al portugués por  Rogério Viana:«O autor, professor e crítico venezuelano Juan Martins, do qual traduzi o texto teatral ‘Caramelo de nova york’, publica na Venezuela alguns blogs. Em um deles faz críticas a peças de teatro e a livros, embora o blog tenha o título de ‘Crítica Teatral’ apenas. Esta semana Juan Martins enviou-me a crítica que fez do livro “Las teorias salvajes”, da escritora argentina Pola Oloixarac, publicado pela Editorial Entropía, de Buenos Aires e que no Brasil foi publicada, recentemente, pela Editora Benvirá, com o título de ‘As teorias selvagens’»….(leer más)

Su más recientes libros que podrás leer desde Issuu:




Teatro

Duchamp, 11:45 (fragmento)

Caperucita ríe a medianoche (escena primera)

Dollwrist (capítulo primero, escena primera)

Poesía

Ese animal que engaña mi vientre

Suele vestir de sombra

Soy una herida que se deja atenuar

Deseos de casa

Ensayo

‘Ocaso’ de Edilio Peña

La literatura-idea

Felisberto Hernández: el doble del cuerpo

Crítica teatral

El Juguete inexorable

Principito. «El musical»

Reseña

«El simio albino» de Edilio Peña



https://dramaturgia.wordpress.com/biografia/


https://eldienteroto.org/wp49/juan-martins-2/


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Enlaces relacionados:



Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos