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sábado, 13 de junio de 2026

Alejandro Sebastiani Verlezza, escritor venezolano: Yo para escribir tomo notas por dentro

 


Alejandro Sebastiani Verlezza



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una breve entrevista  hecha al escritor venezolano Alejandro Sebastiani, que conseguimos hurgando por la red. Presentada con el montaje habitual de esta página.


Esperamos disfrute de la entrada.


Atentamente 


La Gerencia.


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Alejandro Sebastiani Verlezza: (escribir es) un entusiasmo y una pasión

Por queleerblog

14/10/2018






¿Qué razón lo motiva a escribir?:

Cierta melancolía, cierto júbilo inexplicable, cierto aturdimiento.


¿Para usted “escribir “es una profesión o un hobby?:

Un entusiasmo y una pasión.


¿Qué es lo más difícil de ser escritor?: 

Llegar a la expresión justa, sin secarla, ni romperla.

Logo del fallido Plan revolucionario de lectura


¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?:

Un sentido insaciable de la curiosidad, la inquietud por las palabras y las personas, los objetos y los hechos tan tremendos que marcan la relojería de los días. 


¿Tiene alguna rutina para sentarse a escribir?:

Son variables. Si lo hago en casa, a veces, busco la música que converse con lo que estoy haciendo. Si estoy en la calle, simplemente doy con el mejor lugar. Por lo demás, café, algún trago, agua. Todo esto va acompasándose con el ritmo de las demandas cotidianas. Mientras voy en el Metro, camino, manejo, desayuno, estimulado por lo que veo, podría estar apareciendo algún tema…y tomo notas por dentro.


¿Musa de inspiración?: 

Más que “tenerla”, yo creo, se trata de estar atento a la aparición de esa presencia cuya manifestación más concreta es un pequeño y muy escurridizo rumor. Mientras eso pasa, si pasa, el poema aparece entre la respiración y la transpiración, el movimiento.


¿Autores que lo inspiraron para escribir?:

Pienso con alegría en mis amigos, mis profesores, mis presencias más cercanas, las páginas que siempre rasguño:

Homero, Pavese, Whitman, Sánchez Peláez, Brodsky.

Juan Sanchez Pelaez junto con Carol Prunhuber en Ocumare del Tuy en 1978.


¿De sus obras cuál ha sido la que más ha disfrutado escribir?: 

Más que disfrutarlas, las sudo. Las formas aparecen en la espera.


¿Qué libro le hubiese gustado escribir?:

Rubaiyats, Omar Khayyam.


¿Existe el temor frente a la hoja en blanco?: 

Existe el tedio y la perplejidad frente a la hoja en blanco. Por suerte, hay curvas, pausas llenas de alegría. Siempre están ahí mis papeles rotos, mis lijas y tijeras, para hacer collages, dibujos.


¿Cuál autor venezolano recomienda leer?:

 Santos López.

Santos López (Gustavo Bandres)


¿El libro más preciado de su biblioteca?


Pienso en mi edición destartalada del Libro del desasosiego.


¿Cómo es su biblioteca, tiene un lugar especial, un sistema para ordenarlos, cuántos tiene?:

Algunas repisas están ordenadas por géneros. Otras, más bien, por afinidades, temas, alguna preferencia visual (tipografías, lomos). Voy dejando por todas partes pequeñas pilas. Así voy, de salto en salto, según el ánimo, la gana.


¿Recuerda con cuál libro se inició en la lectura?:

Me parece recordar que con una guía popular para interpretar los sueños y el libro de San Cono.



¿Cuál fue el libro qué dejó una huella en ud?:

 Justo ahora pienso en dos: La muerte de Virgilio, Hermann Broch. El otro: Vida en el amor, Ernesto Cardenal.


Un libro para iniciarse en la lectura:

 La metamorfosis, Kafka.


Un libro para soñar: 

Los vasos comunicantes, André Breton.

André Breton


Un libro para no leer: 

Son tantos, pero mejor riámonos, por favor, para no llorar ante lo ilegible. Largo sería detenerse en los disparates que han conocido los honores de la imprenta en estos últimos años, sobre todo en el ámbito de las publicaciones favorecidas por los dineros públicos.


Un libro para leer en el baño: cosa de ocasión: 

Algún epistolario, alguna revista light.


Kim Karsdashian en la portada de la Revista Cosmopolitan



Libro de papel o electrónico:

Lo  prefiero impreso, pero puedo cambiarme. Parece que estamos en un largo momento de alternancia en los formatos y soportes, no solo en el terreno del libro, también en la música y las artes visuales.


¿Consejos para un principiante en la escritura?: 

Aunque cada experiencia es distinta, a mí particularmente me interesan estos puntos: atención a la propia vida, estudio, disciplina, viajes formativos, conocimiento de otras lenguas, así como del país y su historia; andar por muchos y variados caminos, alejarse como la peste de los formularios ideológicos y todo tipo de fanatismos; convertirse en un Oído, seguir el canto y la seña de Hesíodo: “carácter es destino”.



¿Considera que las redes sociales y el boom de la tecnología ayudan para la promoción de la literatura?:

Sí, en los casos más felices, propician la circulación de contenidos, crean lecturas alternativas, vínculos entre lectores y autores. Ahora bien, también es necesario decirlo, lo que ya está establecido podría fortificarse a partir del cruce entre imaginación, investigación y precisión.


¿Qué le falta a su obra?: 

Caminos.




https://queleerlibros.com/alejandro-sebastiani-verlezza-escribir-es-un-entusiasmo-y-una-pasion/




Alejandro Sebastiani Verlezza. Canción de la encrucijada. Entrevista

149 Visualizaciones desde el 7 dic de 2016 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=fohUdK-Qdi8


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Alejandro Sebastiani Verlezza. Fotografía de Carlos Germán Rojas.


Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado en poesía: Posdatas (El pez soluble, 2011), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), el diario Derivas (bid & co, 2013), La orilla del retorno (El Taller Blanco, 2023) y Festina Lente (LP5 Editora, 2023).

Aparece en las compilaciones Voces nuevas 2005-2006 (Celarg, narrativa), Voces nuevas  2006-2007 (Celarg, ensayo), 102 Poetas. Jamming (OT Editores, 2014), Tiempos grotescos (UNAM, México, 2015), Nuevo país de las letras (Banesco, 2016), Nubes (Pre-Textos, 2019) y Total interferencia (LP5 editora,2021).

Ha participado en las muestras colectivas Ciudad volátil (La Caja, 2011), Confluencias (Galería Universitaria, UCV, 2012), Reflejos vagabundos (Librería El Buscón, 2013), Caracas horizontal (2013), Manifiesto país (Sala Mendoza, 2014) y Fragmentos a su imán (Sala Mendoza, 2019).

Con Adalber Salas Hernández editó Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo & co, 2013). Preparó las antologías Del fluir de Santos López (Kalathos, 2016) y de Armando Rojas Guardia La otra locura (bid & co, 2017). Ha colaborado con poesías, prosas y traducciones en las siguientes obras de Paolo Gasparini: El baúl mundo de Paolo Gasparini (La Cueva, 2018), Andata e ritorno (La Cueva, 2019) y Da Gorizia alle Ande (Galeria Studio Faganel, Gorizia, 2021). Con Carmen Verde Arocha publicó Al tanto de sí mismo. Conversaciones con Alfredo Chacón (Eclepsidra, 2021). 

Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2012), donde ha ejercido la docencia en el departamento de Literatura y Vida desde el año 2015. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022), cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014) y formó parte de la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Del libro La orilla del retorno, publicado por El Taller Blanco Ediciones, Colombia, 2023.






Enlaces relacionados:














domingo, 1 de marzo de 2020

“CANTO DE LUZ NEGRA” DE SANTOS LÓPEZ, es un libro político, en el buen sentido de la palabra. Por Alberto Hernández.




Crónicas del Olvido

“CANTO DE LUZ NEGRA”: SANTOS LÓPEZ


**Alberto Hernández**

“Extraviado, sólo alcancé a ver en el oriente una sombra”

**Santos López: “La barata”**


1.-

La sombra se proyecta y se hace cuerpo en cuerpo ajeno. Cuerpo de tiempo remoto, de imagen que no se borra de la memoria ni de la sangre. Cuerpo de carne y hueso que hoy es ceniza, pero no olvido. Los muertos saben lo que hacen. Viven hasta que el recuerdo se deshace. Y su sombra permanece pegada a las paredes, a la concha de los árboles, en el jardín que aún florece. En los cartílagos de quien sabe de ellos, los del otro día lejano, en los que siguen tejiendo las horas, entre su sombra y la luz que arbitra su presencia. Ellos, los que respiran detrás de nuestras orejas, cantan, silban, pronuncian con claro acento la hora renegada, la que aún no llega y será lumbre de nuevo.

La poesía, ese canto de luz y sombra, el que a veces rechaza los colores por distraer la profundidad, lava el recorrido infinito de los que nos precedieron. Aquellos que aún hablan por nuestra boca. Aquellos que no callan mientras cruzamos la calle o bajamos del autobús. Aquellos que recuerdan una ventana cerrada o una puerta abierta. Y sus sombras, en el extremo de la poca tierra que abarcamos.

En un poema del caraqueño, morador de Valencia, Carlos Ochoa, titulado “Última calle”, los versos dicen:

“El terreno de los muertos/ cuenta ciento trece tumbas/ las ancianas enderezan las cruces/ que se desploman/ de tanta lluvia y tiempo. / Ahora los veo en sus nombres/ en sus horas, en sus años…”

No cabe ninguna duda: ellos, los que están hechos polvo bajo tierra, se han ido de esas fosas. Pernoctan en los árboles, en las manos de esas ancianas que intentan mantenerlos en un mismo lugar. La poesía que irradia de la mirada casi ciega de esas mujeres que cuidan a sus muertos es la misma que mañana irradiará de la mirada de sus descendientes. Y así, la cadena amorosa de sus recuerdos. La luz negra, la que frecuenta el sueño, es la misma luz que brota de la memoria con palabras, como una oración, como una letanía en labios de un salmista, de un promotor de imágenes que viajan por el cosmos y regresan al mismo lugar donde una vez estuvo el cuerpo, el ausente en materia, el presente en memoria.

2.-

Los antepasados, los ancestros, la saliva de su sentir en la boca de quienes los nombran. Ellos son el plural de un sujeto que a diario los materializa en una avenida, en un sueño, en la sombra de otro que camina mientras canta. Poema y poesía rivalizan. Poema y poesía: sombra y luz, esqueleto y esencia. Los vivos y los muertos. 

Santos López siempre se ha buscado en la Mesa de Guanipa, en ese hondo y oleaginoso espacio de Chimire, en el solar infinito de ese llano donde se oyen las voces del pasado. Por eso no lo dejo pasar por alto. Por eso en este instante de la lectura me imagino bajo la noche en esa geografía que siempre está presente en la poesía de este kariña que habla en la lengua de quienes siempre estarán, en la voz del poema de quien musita en el oído la canción de la luz negra, la que tiene sentido cuando la noche desafía al día. O cuando la brisa trae la ceniza humana esparcida en la tierra.

“Hágase la luz negra de mis antepasados lobos/ Que se bañaban en el mar y copularon con culebras…”, toda esa epifanía, ese abrir y cerrar de ojos oblicuos, tiene piel de animal que se hizo bestia parlante. Nuestros ancestros aullaban. O piaban antes de descubrirnos en la culpa.


3.-

Este libro sagrado de Santos López viene concebido con siete barajas. Número que la kábala consagra. Tesis que le da cuerpo al tomo con estos títulos: “los ancestros (Mandamiento”), “el alma (Canto al amor escondido del amor”), “la madre natura (Canto primitivo”), “el viaje (Katabasis”), “el exilio (Canto al exilio”), “la violencia (Canto a las víctimas”) y “el silencio (Canto de luz negra”).

Los ancestros son fantasmas que hablan. Ordenan una gramática oscura que se ilumina, de allí que el poema del otro es el otro, para ser el mismo desde él mismo. El poema es unívoco en sí mismo. Pero cuando es elaborado por la esencia del otro deviene memoria, luz. 

Cada antepasado regresa en su épica. Traza su viaje en el tiempo a través de un eco, de un conjuro. Por esa razón la poesía de Santos López habla con voz “prestada”. En el comienzo de este libro testimonia su enlace con Albanashar Al-Wali y Gilberto Antolinez, de quienes dice ser los propulsores de la primera parte de estas reverberaciones verbales. 

Por esa razón, López dice que “-Estos poemas no deberían llevar firma, yo soy tan solo un vehículo, un medio, sólo transmito lo que me ha sido dado. Sirvo de instrumento”.
Y como mediador, como enlace entrega estas memorias, estas viejas costumbres ancestrales, estas voces que son del otro el él para nosotros, sus lectores.

Pero hay un lugar, el menos seguro, el de la tierra donde moran los vivos. Tierra donde el injusto gobierna con régimen de fuerza, con crímenes como trofeo de guerra. Mientras el poder persigue, el perseguido se esconde, sale de su Nación, la de sus ancestros, la de su gente viva o muerta.


Este libro de Santos López es también el libro de realidad aciaga. La que irrumpió un día y se sostiene aún contra la inocencia en nombre de un tótem, de un ídolo, de un fraude, de una tortuosa configuración de ideas que han secado la luz, ennegrecido el día. 

Todo libro se mueve en varias aguas. Este también es un libro político, en el buen sentido de la palabra: es un libro que critica un orden establecido que niega la organización y ciega la vida. 

Este libro no sólo es un oráculo. Es un apunte que descubre la refriega, que deja al descubierto la mano que persigue y acosa. La que maneja con destreza el dolor ajeno.


Dos fragmentos tomados de las dos caras que forman este libro:

“Todavía no eres del todo uno de los nuestros/ Dinos si has conseguido más desnudez/ al deshacerte de tus harapos/ Tus pieles no tienen costura/ por dentro ni por fuera/ y nadie ha visto/ que cubran tu cuerpo/ que es una sombra que a la vez/ es carne dejando afuera su terror por el mundo”
(De “Canto primitivo”)


(***)

I

¿Cuál es tu tierra lúcida, extranjero?/ Si tu país tiene una madrastra/ y un padre avergonzado,/ ganga ineludible de sombras y culpas,/ sus gentes huyen/ de sí mismas buscando refugio,/ hombres cansados de sus pensamientos/ -los opresores-“.

(De “Canto al exilio”)





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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Teófilo Tortolero: Me separa del grupo de Valencia su sentido aristocrático de la poesía



Teófilo Tortolero. Fotografía De Anaxímenes Vera. Revista Auditorio.


Conversaciones en Nirgua .

Teófilo Tortolero sin darle razón a nadie escribe desde la última tierra

Teófilo Tortolero (Valencia, 1936) perteneció al grupo literario «Azar Rey» de Valencia (1968-69) junto a Eugenio Montejo. Obtuvo el Premio José Rafael Pocaterra (poesía) en 1981. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Demencia Precoz (1968), Las Drogas Silvestres (1973) y 55 Poemas (1981).

Reside en Nirgua, Yaracuy, desde hace largo tiempo, junto con su familia, en donde nos concedió esta entrevista.

§


Fotografía del poeta Santos López.


¿Qué podrías decirnos acerca de esa escritura breve que tú mismo has cultivado y que caracteriza sensiblemente a la producción de los poetas más recientes del país?

La escritura breve, como toda escritura, obedece, como se dice a un choque, a un instante vital brevísimo, donde la comunión con lo ignoto se produce, y es preciso responder y dar a conocer la respuesta que no puede ser otra que palabras. Recordemos, por otra parte, que el músico y poeta
Mendhelson escribía canciones sin palabras. Luego, puede un poeta escribir las palabras cuyas canciones las oirán los elegidos.

Se ha hablado mucho de los poetas, o la escuela, de Valencia, a la cual tú, por cierto, perteneces junto con Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Reynaldo Pérez Só, entre otros. ¿Qué te une o te separa de ellos y cuál crees tú que han sido los aportes fundamentales de ese grupo a la poesía nacional?

No hay tal «Escuela de Valencia»; solamente existió un grupo de poetas que convergieron sobre una concepción de la poesía que iba más allá de lo convencional y lo estatuido. En este «grupo», cada quien escribe a su manera y saca sus fantasmas a su manera, ¡Ay del que no tenga fantasmas y visiones en este mundo! «Azar Rey» fue un intento de reunir cantos disímiles siempre sobre una misma cosa, ya que la poesía es siempre el mismo drama: nacer, muerte, alegría, poesía o culminar la vida en un silencio que puede ser el último.

Me separa del grupo su sentido aristocrático de la poesía, su sentido poco pedestre de la misma; me separa su narcisismo. Mi poesía no es partidaria sino solitaria. Las coincidencias fueron cierto fervor, cierto furor para guardar alguna unidad y sobre todo, preservar la unidad y calidad del discurso poético.




De izquierda a derecha aparecen J.M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero




Notamos en tus poemas huellas muy hondas de Vallejo, Ramos Sucre, Gerbasi, ¿Cuál crees que haya sido las más importantes de tus influencias?

A decir verdad, mi poesía andaba un tanto descaminada; más seguí por un largo rato los pasos de los hermanos Vallejo, Neruda y Hernández. Aun cuando se me dijo que Miguel Hernández era un imitador de Quevedo, felizmente lo imitó. Y me atrevería tal vez a decir que sobrepasó al maestro. Tal era su amor a la tierra y a los animales, sobre todo a las cabras, y por sobre todo a su propia familia, a su mujer, Josefina Manreza. De Gerbasi me asombra su trato de la tierra, del lugar, de la bodegas, de los caminos, del Canoabo de su estancia, del desvelo. De Ramos Sucre la osadía por tratar seres imaginario como yo los trato a cada día.


Juan Liscano en 1980

En su Panorama de la Literatura Venezolana Actual Juan Liscano te caracterizaba como un poeta interiorista, existencial y nosotros en un artículo periodístico situábamos muchos de tus poemas en un ámbito de textos nocturnales ¿En verdad, crees tú que sean esos los tonos dominantes de tus poemas?

Sí, soy interiorista, pero todo ese interior mío, lo he tomado de lo que me ha dado la naturaleza, el aire, los ríos, la floresta, y más allá, cualquier pájaro que vuela y pasa por mi casa. Si esto es interiorista, soy interiorista. Mi poesía se enmarca en lo general, en lo diurno y lo nocturno, comprende la mitología griega, la mitología romana y latinoamericana.

Esos refugios imaginarios que conforman muchas veces tu poesía se erigen como una verdad alucinante que pretende negar, en gran parte, el lado hostigante de la realidad. 

¿Cuáles crees que sean las demandas críticas de la imaginación poética a una sociedad mal conformada como la nuestra?

Todos los refugios imaginarios de un poeta son válidos. Un poeta no tiene que darle razón a nadie, ni a Dios, de lo que escribe. En última instancia, el juzgador de toda conducta humana, es el hombre, también deleznable.

Creo en mi entorno que me da holgura y sentimiento. Creo en los naranjos, en los limoneros. Creo en las ardillas. Creo en las tejas. Creo en la mirada que me seduce. Creo en el brazo que me conduce a algo. Creo en el libro. También creo en ángel de Rilke. Amo los seres que, fuera de este mundo, como decía Baudelaire, ansiaban otro mundo mejor. Creo también en los perros tristes, en los perros pobres, en los vagabundos pero, sobre todo, creo en la bondad humana que no se agota aun cuando los Perros de la Guerra quieren exterminarla.

La poesía, aunque tiene algún destino, se dice que posee pocos lectores en este país, ¿Son responsables básicamente los poetas de que se les lea tan poco?

La poesía no se lee en este país, como no se lee el castellano, como no se leen los libros. Nosotros conocemos el spanglish que el castellano. La nueva poesía no es precisamente difícil, en el sentido de inasible o inaccesible. Lo que ocurre es muy simple: nos hemos acostumbrado a que nos hagan la poesía en Miami o en Disney World para que la consumamos. De allí que para mí tiene más mérito cualquier de un tango de Lepera que la poesía que les enseñan a nuestros escolares. De tal forma que nuestros educandos sabrán mucho más de las cosas que ocurrieron en Hollywood que lo sucedido en su propio territorio. Insisto por eso en que a nuestros jóvenes se les instruya en la verdadera literatura latinoamericana, y no solo eso, sino que se les diga que esta, es una de las más sobresalientes escrituras que existen en el mundo.

La poesía no es rentable para los editores, porque a la edad de consumo se le olvidó que el hombre es un ser trascendente, y como tal, pregunta por cada cosa, pregunta sobresaltado sobre el mundo y su circunstancia. Todos sabemos que nacemos; en el caso de la muerte, las reflexiones las han hecho los poetas. Es por ello que hay como un pudor de esconder la vida, o sea, de esconder la muerte detrás de la vida, sabiendo que la muerte nos aguarda a todos, y, como decía René Char, «Para cada uno la muerte tiene su mirada».

¿Cómo se vincula para ti el quehacer poético con los valores disolutos de la locura y la bohemia?

La bohemia acude en mi auxilio cuando quiero escaparme de tanta porquería humana. Como lo reconoce el Dr. Solanes yo soy un esquizóide, y no loco. Rozo por instantes la esquizofrenia, tratar de comprender la vida de aquellos tristes personajes que están enfermos. Luego paso por una espera. Me hago más sensato, más familiar, más tranquilo; sin embargo, no dejo de ser jamás, aquella molestia que me provocaron aquellos seres que en nombre de la cordura, me martirizaron.


José Solanes

¿Tiene alguna significación para ti vivir y escribir desde la provincia venezolana, desde aquí, desde este pueblo de Nirgua?

Sí, tiene mucha significación, tiene demasiada, tengo demasiado para lo que a mí se me ha concedido como mortal. Tengo un exceso de vida para lo que a mí se me ha concedido. Y no creo en Dios. El hecho de vivir en Nirgua significa tener colinas, vallados, quebradas, casas derruidas, lugares que el hombre no habita ya, bestias que el hombre jamás domará, animales que nunca tendrá, mujeres que
jamás volverán a su lecho, botines, tabaco, nubes que el cielo reclama, alcoholes que no beberá, sangre de toro, sangre de nadie, nieblas, neblina que el viento difuminará …


Nirgua. Fotografía ALBERTO J. SANCHEZ G.

La tradición y lo nuevo, el campo y la ciudad son términos extremos de una cultura en crisis ¿Qué opinas tú en torno al destino de esas dos vertientes de la cultura nacional y cómo incide esta en tu poesía?

Bueno mi escritura poética se hace a partir de un sentir, de una proposición venezolana. La cultura poética venezolana, particularmente la cultura de este pueblo, se hace a partir de un gentilicio, de personas que quieren este pueblo. La cultura de este pueblo es dramática. Porque aquí la autenticidad ha quedado en segundo plano y la verdad también, y los valores también, y lo más dramático de este pueblo es que las familias pudientes son las que manejan la cultura.


Fotografía del poeta Santos López.


Les voy a decir algo: siempre he puesto el nombre de Nirgua en alto y ahora pienso en un poema escrito hace ya tiempo:

Siempre se vuelve al sitio
de la adoración
al venado prisionero de patas febriles
en su campo de hostias y ortigas;
al rincón que guarda
la lagartija de veta azul

(…)

Me siento bien con todo lo que he hecho por mi medio.


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Esta entrevista a Teófilo Tortolero fue realizada por la revista de Arte y Literatura La Oruga Luminosa en 1989, un año antes de la muerte del poeta. Se encuentra publicada en su N°17/18, Agosto 1989, año 8, pp. 3-5, San Felipe, Yaracuy, Venezuela.


Tomado de Revista Poesía


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José Teófilo Tortolero, mejor conocido como Teófilo Tortolero, nació en Valencia, estado Carabobo, en 1936 y falleció en el pueblo de Nirgua, estado Yaracuy en 1990. Fue director de los Departamentos de Literatura y Publicaciones de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. En las revistas "Zona Tórrida" y "Poesía" ocupó los cargos de Jefe de redacción en la primera y corredactor de la ultima. Fue fundador de la colección Separata del Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo.

En 1962 su libro "Demencia Precoz" obtiene una mención de honor en la bienal de Literatura "José Rafael Pocaterra". En 1982, bajo el seudónimo de Lino Blanco, su libro "El Día Perdurable y Otros Poemas" obtiene el primer premio de esta bienal.

Egresó de la máxima casa de estudios carabobeña con el titulo de  abogado pero su verdadera vocación siempre fue la poesía.

Su obra publicada esta conformada por los siguientes títulos:
  • "Demencia Precoz", edición del autor impresa por la Editorial Arte, Caracas, 1968.
  • "Las Drogas Silvestres", Universidad de Carabobo, 1968.
  • "55 Poemas". Antología de la Revista Separata. Universidad de Carabobo, 1981.
  • "Perfuma Jaguaro". Antología Español/Esperanto. Gobernación del Estado Carabobo,1985
  • "La Última Tierra". Ediciones del Gobierno de Carabobo,1990.
  • Antología Mínima". Selección de Luis Alberto Angulo.Revista Auditorio,Nº1. Valencia,1991.
  • "El Día Perdurable".Antología mínima. Cuadernos Cabriales Nª 52. 1991.
  • "El Libro de los Cuartetos". Selección de Orlando Barreto. Ediciones La Oruga Luminosa.San Felipe. 1994.
  • "El Día Perdurable y otros Poemas".Ediciones Poesía,Universidad de Carabobo, Valencia, 1997
Permanecen inéditos de este autor los textos que conforman el libro "La Campana Desierta".

Richard Montenegro


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Teófilo Tortolero, la poesía y la llave sin cerradura















23/05/25