martes, 11 de agosto de 2026

Carmen Leonor Ferro a Alejandro Sebastiani Verlezza: El inmigrante vive versionando memorias en una agotadora traducción permanente


Imagen tomada de aquí.



 “Es necesario sortear la añoranza de lo conocido”




Alejandro Sebastiani Verlezza





Recuerdo mi ejemplar de Los nombres del exilio impreso por Monte Ávila Editores. Siempre me impresionó que José Solanes, para caracterizar el flujo migratorio, haya empleado la palabra transplante.

Dr. José Solanes. Fotografía tomada de la revista La Tuna de Oro Nº 39


El desplazamiento y el desarraigo —el de las lenguas, los países— es fértil y fuerte: modifica la experiencia. Hasta los libros parten. Basta descubrir en el catálogo de Acantilado la edición de Josep Solanes: En tierra ajena. Exilio y literatura desde la «Odisea» hasta «Molloy».




Con estas resonancias me remito a Carmen Leonor Ferro: en la migración que hizo de Caracas a Roma su voz ha experimentado cambios inevitables, hasta encontrar una poesía de la extranjería que vive entre traducciones.

Restaurante del Museo Reina Sofía


La conversación ocurre en el restaurante del Museo Reina Sofía. La mesa más cercana a la entrada da hacia el patio. Despunta la escultura de Roy Lichtenstein. Atestigua el resguardo ante el extrañamiento del que va de paso. 

Brushstroke (Pincelada). Escultura de Roy Lichtenstein. Imagen tomada de aquí.


La atmósfera del encuentro permite repasar la publicación de Stanza senza vista, edición bilingüe, recién impresa en Italia por Ensemble, traducida por Flavia Zibellini, con pŕologo de Jesús Montoya; y Cinco noches, inédito, aunque la antología Temporal (lp5, 2025) ofrece adelantos. 



En algunos poemas de Cinco noches noto la historia —a veces solapada— de tu llegada a Italia. ¿Cómo cambió la vida, para ti, la migración? 

—Llegué a Italia sin saber que iba a quedarme. Había dejado atrás toda una vida material y sentimental que en verdad no deseaba perder. En los primeros años, la aventura de la sobrevivencia se solapó con los sobresaltos del amor como si formaran parte de un mismo acertijo. Mis clases de español me dieron una herramienta para ganarme el pan y me permitieron entrever las similitudes que hay entre aprender una lengua y amoldarse a una nueva vida. Entendí que es necesario sortear la añoranza de lo conocido, aceptar las exigencias del paisaje y desdibujar la idea que tenemos de quiénes somos. La historia de Cinco noches encarna el diálogo amoroso mantenido con ese país que me recibía y desdeñaba sin pretenderlo.

En los poemas hay escenas que suponen desencantos. Interesante que agregues un epígrafe de Agamben: “Todo nombre es un juramento”.  

—El epígrafe, tomado de El sacramento del lenguaje, se refiere al pacto que la palabra debería tener con lo que nombra, como si cada vocablo pronunciado o escrito fuera un juramento. En Cinco noches podría leerse como una promesa de amor, puesto que se trata de la historia de una relación con un personaje, G, un nuevo territorio y una Italia personal o interior:

Los regalos son como juramentos

puedes convertirlos en la prueba

de que la gracia te visita

puedes adorarlos como tótems

y averiguar sus precios en el mercado

puedes hablar de ellos

o callar y dedicarles un pensamiento

silencioso cada mes

y como las promesas

un día puedes echarlos al río

y ver cómo se alejan

desmembrándose

en la maleza de las ondas

que nadie sabe

a ciencia cierta

adónde es que van parar

(Cinco noches)


El poemario propone un viaje a través del encuentro amoroso, como si estuvieras trasladando la migración y sus emociones al poema. 

—Lo que descubrí mientras escribía Cinco Noches es que la relación con G, que funge de Eros en la historia, era el reflejo de una manera de ser inmigrante, de vivir otro lugar, otro idioma, una forma particular de aceptar, o no, las nuevas pautas culturales; esta voz afronta las resistencias, la forma de responder a las tremenduras de Amor, la indiferencia (¿aparente?) del entorno.

Recuerdas los obstáculos de las personas que quieren adoptar una nueva lengua, la desprevención del que no lee los códigos del territorio, su “música insular de la clase” y “minusvalía postcolonial”. 

—Entrar en una nueva lengua es todo un proceso, los más jóvenes tienen menos dificultades para hacerlo, quizás por tener menos problemas al emular otras músicas. Sobre esa “música insular” me refiero en Cinco noches a los sonidos del español de América: la voz encarna por momentos a una profesora de español que da clases a europeos que han aprendido la cadencia y la pronunciación de la lengua peninsular y usan fonemas que los americanos no usamos, como la c y la z:

Nuestro primer viaje fue a un pueblo aledaño del Lacio

en el que Burri había construido un museo

una fábrica que fungía de templo

lleno de texturas y otras formas de atacar cualquier significante

Se convirtió -así he querido verlo desde entonces-

en el primer lugar que aspiró a contenernos

un intento

sin duda onírico y hasta ahora indemostrable

de inaugurar nuestro temenos

(Cinco noches)



En la variante peninsular este poema cambiaría…

—El hecho de usar una variante distinta al español de España, en la voz que conduce el libro, evoca una antigua incomodidad, como si se tratara de un complejo aún vivo, arrastrado desde la colonia. En el ambiente universitario he tenido que defender muchas veces mi seseo como característica de una variante del español aprobada por la RAE. En Cinco noches, G había aprendido a pronunciar como los españoles y eso subrayaba nuestras diferencias. Es un pequeño detalle, me gustaría que indicara el contraste de orígenes y su influencia en nuestro encuentro:

Mi atracción por G

escondía algunos misterios

el fonema z era uno de ellos

lo había aprendido seguramente en algún viaje

y aunque yo argumentaba y defendía mi seseo con afán

su acento increpaba el eco de la clase

y revelaba mi inquietud

ante una especie de sumisión postcolonial

(Cinco noches)

  

Algunos poemas tienden a narrar, hablas de “eslabones fortuitos”, ¿el migrante junta eslabones y da sentido a lo fortuito?

—He tratado de hacerlo lo más prosaico posible en algunos casos, que no parezcan poemas sino semipoemas. Me gusta dejar los nexos textuales solos, como si fueran palabras bellas. Sobre los eslabones fortuitos, todos dependemos de hacia dónde sopla el viento, pero un inmigrante aún más.

Asumes voces que amplían la resonancia de la extranjería. Una es living. 

—Me gusta porque es un bisílabo, el sonido rebota ing ing ing. “Salón” podría ser. Salotto no. Además living es una palabra que usan los argentinos, de alguna manera es familiar. (Pudo usar "estar" como se dice en Venezuela. Nota del editor de este espacio)

Hay pasajes de tu poesía en español, pero la dicción es italiana. En otros momentos sí suenan más a nuestra lengua. ¿Cómo describir esta brecha? 

—El bilingüismo produce distorsiones que pocas veces percibe quien lo vive. No me doy cuenta de lo que ha ocurrido con mi español, es una sensación particular pensar que puedes estar perdiendo tu idioma. El hispanohablante que vive en Italia por mucho tiempo tiende a eliminar los subjuntivos de las subordinadas futuras, hace cambios en las palabras que son similares. Llegué a Italia siendo adulta, estoy en permanente contacto con el español, trabajo y escribo en español, pero es imposible evitar interferencias, muletillas: insomma, comunque, va bene. He aprendido —tú me has ayudado a comprenderlo con tu trabajo de voces italianas— que no hay que temerles a esas modificaciones, terminan siendo rasgos lingüísticos personales, llevan una historia, como las señales de la edad en el rostro, no deben ser combatidas a ultranza. 



Es tu relación con la lengua italiana.

—Todavía traduzco del español cuando hablo, por qué no pensar que seguramente sigo intentando resolver mis ecuaciones a través de la traducción, versionando una memoria que está muy presente.

¿Qué piensas sobre la denominación “poesía de la diáspora”?

—Se ha estado creando, seguramente parte de la crítica encontrará rasgos que acomunen el trabajo de los poetas venezolanos dispersos por el mundo. Jesús Montoya, en el prólogo de Cuarto sin vista, anota algunos detalles: la voz en fuga, el viaje como modalidad de escritura, uso de elementos que denotan lo transitorio, la casa como espacio en demolición.


Danos Tu Voz: Carmen Leonor Ferro

53 Visualizaciones desde el 27 sept de 2024 hasta la fecha de publicación de la entrada

Carmen Leonor Ferro interpretando el poema “Saldremos a la luz” de Moraima Guanipa

https://m.youtube.com/watch?v=XFdyL-2H4lo


¿Podrías nombrar algunas voces? 

Eleonora Requena, Adalber Salas, Gina Saraceni, Jesús Montoya, Verónica Jaffé, Alejandro Sebastiani Verlezza, Alexis Romero, Sonia González, Alfredo Herrera, Nidia Hernández, José Miguel Navas, Enza García, Gladys Mendía, Néstor Mendoza y Gabriela Lovera; entre muchas otras, forman parte de ese grupo que está haciendo una poesía que bebe de la traducción, del plurilingüismo, que reflexiona y trabaja en el exilio, que ha tenido a su cargo la digestión de un bocado difícil y que va a dejar una obra que será fundamental para leer lo que ha sucedido en nuestro imaginario.

¿La traducción es una experiencia cotidiana?

—No hay nada en la vida del extranjero que no pase por la traducción, formas de ver, de comer, de relacionarse, rituales, biblias, gestos, todo tiene que traducirlo permanentemente y puede ser agotador:


Los vecinos insisten en llamar

el espejo yace despedazado en el piso del cuarto

desde todos los ángulos

una parte aparece

y otra se esconde

aliviaría unirlas todas

y obtener una voz límpida

pero al momento

solo guardamos bordes

y asimetrías

(Cuarto sin vista)



Llama la atención este comentario de Carmen Virginia Carrillo en el prólogo de Temporal: “El oficio no se limita al lenguaje, también las vivencias tenemos que traducirlas”. Y luego: “algo se escapa en la traslación, dejando entrever la dificultad de ser en otra lengua, de ahí la necesidad de ‘evadir la tarea de traducirlo todo”. 

—Sentir que estás traduciendo todo el tiempo es aceptar que no eres del lugar, que no hablas el idioma o que lo hablas como un extranjero, cometiendo errores o dejando que aparezcan los rasgos de tu propia lengua. Esa sensación tiene dos caras: una da cuenta de la diferencia, que a veces incomoda, te hace sentir que eres inadecuado y que por lo tanto debes estar en guardia, acechando posibles deslices; la otra aparece cuando percibes la riqueza que implica modificarse gracias al proceso traductivo, vivir otra lengua significa encontrar una versión distinta de uno. 



A diferencia de Precarios, ahora noto que tu voz ya se aclimató y asume las pequeñas barreras del entorno. 

—En Cuarto sin vista los zorros hurgan en los basureros de Londres, dejaron sus hábitats naturales, se acercan a las ciudades atraídos por nuevas formas de alimento y fijan a quienes los miran como si se sintieran “en casa”:


Para el que llega por primera vez a un barrio londinense

elegante y frío

coherente en la disposición de los árboles

y en el tamaño de las casas

los zorros son un acontecimiento

rondan los potes de basura y fijan

sobre quien los observa

sus ojos amarillos


las gaviotas

también caminan por las aceras sin entender cómo han llegado allí

nada de esto nos extraña

a los que vamos alejándonos con nuestros equipajes

a quienes ya no preguntamos

de dónde vendrá el viento

ni hacia qué orilla terminará llevándonos

(Cuarto sin vista)

Venus Victrix de Antonio Canova. La modelo de esta escultura fue Paulina Bonaparte. Galería Borghese, Imagen tomada de aquí.


 

Aludes al universo que todo extranjero lleva dentro de sí, lejano al lugar de trasplante.

—La mayor parte de los poemas de Cuarto sin vista tienen que ver con un espacio íntimo: hay referencias a Londres, a la Galería Borghese, a un tranvía, pero casi todo el tiempo aparece el espacio doméstico, una cocina, un escritorio, la cama, lugares que no dependen de la geografía ni de las lenguas. Una de las preguntas que se hace el libro es si el hecho de escribir sobre una ola podría reemplazar la marea, si podría crear un espacio y una presencia que reinvente o alivie la existencia (o la ausencia) de la ola “real”. Todo esto pasa por el sueño de que la escritura pueda trascender la mera representación, liberar al hecho y al objeto evocado de su cárcel (¿el museo, el papel?):


El último domingo de agosto 

pensó que aquel verano

no había visto el mar

                                    aún dudaba de la índole de ciertas realidades

¿era una ola escrita

menos que un cúmulo inquieto

de agua salobre chocando contra las piedras? 

logró no arrepentirse y se abandonó

a su cuarto sin vista 

que por un rato 

resultó suficiente

(Cuarto sin vista)


Sobre tu antología con Lp5: José Miguel Navas habla de “indagar en aquello que sucede cuando dos lenguas romances se materializan en un solo idioma”. ¿Hablamos de una intersección entre el español y el italiano? 

—En muchos sentidos habito esa intersección, nunca abandono el español para entrar de lleno en el italiano y tampoco me puedo liberar del italiano cuando hablo español. Es como estar dormido pero manteniendo el contacto con una voz consciente,que pertenece a la vigilia. El riesgo (¿el milagro?) es que termino por vivir entre dos mundos.

—¿Cómo trabajas con los traductores al italiano?

—Sobre la base que crea el traductor trabajamos, yo sugiero cambios, pero consciente de que no es deseable que el texto en italiano reproduzca la musicalidad del español. Renunciar a que los tiempos y armonías sean similares (en español los versos suelen tener menos sílabas) me produce cierto sufrimiento, luego voy cediendo y acepto que existe una diferencia que jamás podremos sortear. 

¿Por ejemplo?

—Cuando usamos algunas formas del pasado, esquivamos la concordancia con el género del sujeto: se ha asomado a la ventana, puedo permitirme la ambigüedad de género, velar la identidad de personajes y voces. En italiano sí es necesario precisar quién lo hizo (si è affacciata-affacciato?). En Cuarto sin vista la voz va cambiando, a veces es masculina, otras veces aparece la madre, otras veces yo. Son algunos de los escollos que encuentra el traductor. Quizás es útil que intervenga el autor, aunque algunos traductores lo evitan para sentirse libres del yugo del texto original.

Tienes más de dos décadas en Italia, ¿a qué te dedicas actualmente?

—Desde hace algunos años me dedico a dar clases de español y a mis poemas. 

Imagen tomada de aquí.


¿Y sobre volver a Venezuela? 

—Pues la idea de volver non trova pace, como se dice en italiano. 


Versión web:

https://www.elnacional.com/papel-literario/entrevista-a-carmen-leonor-ferro/



POESIA SCONFINATA seconda parte (2018)

381 Visualizaciones desde el 21 feb de 2018 hast la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=UR9J5mjIfU4








BIO.

Carmen Leonor Ferro.

Nació en Caracas, Venezuela. Vive en Roma desde 2004. Es Licenciada en Química por la Universidad Simón Bolívar. Es autora de El viaje (Premio Monte Ávila Editores para autores inéditos 2004), Acróbata (Raffaelli editore 2011), En subjuntivo (Raffaelli editore 2016), Precarios (Edizioni Ensemble 2019), Temporal (LP5 editora 2022), La caja (Dcir ediciones 2023) y Cuarto sin vista (Ensemble 2026). Ha traducido al español a autores como Giuseppe Ungaretti, Antonia Pozzi, Sandro Penna y Claudio Damiani. Realizó la selección y traducción de «Fronteras permeables»

(Bid&Co. editor, 2013), antología de narradores italianos contemporáneos. Ha preparado varias colecciones de poesía para distintas editoriales, siendo su principal interés la obra de poetas latinoamericanos y el género de la traducción. Actualmente enseña español en la universidad de Roma tres.


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Alejandro Sebastiani Verlezza. Fotografía de Carlos Germán Rojas.


Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado en poesía: Posdatas (El pez soluble, 2011), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), el diario Derivas (bid & co, 2013), La orilla del retorno (El Taller Blanco, 2023) y Festina Lente (LP5 Editora, 2023).


Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2012), donde ha ejercido la docencia en el departamento de Literatura y Vida desde el año 2015. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022), cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014) y formó parte de la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Del libro La orilla del retorno, publicado por El Taller Blanco Ediciones, Colombia, 2023.
































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