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jueves, 12 de febrero de 2026

El caos de Venezuela ha provocado una poderosa narrativa que se publica en el extranjero porque no puede hacerse en el país

 


Estimados liponautas


Hoy compartimos con ustedes este artículo que refleja la actual vida escritural y editorial de Venezuela. UN país plagado de contradicciones económicas y duramente oprimido donde el desempeño de la labor de los escritores y de los editores y los de cualquier persona que pretenda enrriquecer el acervo cultural común de nuestro país. Un país donde el salario mínimo es de 0,40 dólares es el menos indicado para hacer labor cultural. La pobreza sistemática hizo que millones de venezolanos abandonaran el país y entre ese lote emigraron algunos escritores que pudieron asimilarse a sociedades extranjeras y lograr las condiciones necesarias para poder escribir y publicar. Ellos tuvieron suerte, hay que recordar la cantidad inmensa de venezolanos que murieron buscando un lugar bajo el sol que les permitiera florecer su vida. 


Esperamos que disfruten de la entrada.


Atentamente


La Gerencia


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Venezuela: la literatura del caos


La descomposición política y social que atraviesa el país inspira una narrativa poderosa que, paradójicamente, solo puede publicarse y conseguirse en el extranjero




Javier Lafuente

JAVIER LAFUENTE

17 MAY. 2019 - 18:15 VET



Las calles de Caracas son, en su mayoría, escenarios de una vida que ya no es. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que, en muchos lugares en los que ahora se sobrevive, no hace tanto se gozó. De que la decadencia que atrapa el paisaje urbano no es sino un manto de la ostentación de un pasado próximo. Y así, el dolor, la dificultad, la descomposición, la falta de aliento se convirtieron en relato. Desde la novela, el cuento, la poesía, cada vez más autores confrontan una realidad oscura, violenta. Todos se acercan a un mundo que se vino abajo: Venezuela.


Un grupo de mujeres que emprende un club de lectura en una ciudad sin nombre sacudida por la violencia, gobernada por el Alto Mando; el miedo de una hija a que roben a su madre pese a que esta está ya enterrada; el amor entre una espía de la CIA y uno de la inteligencia cubana; un barrio caraqueño donde aparece un hombre cuyo apellido coincide con uno de los máximos exponentes de la poesía rusa, al que Stalin confinó en Siberia. Los escenarios, los personajes, las tramas son innumerables, pero los rasgos en común entre las obras que proliferan apenas varían. Ni la lejanía de los que viven fuera del país ni la cercanía de los que lo sufren son obstáculo para que la cotidianidad sea ajena a los autores. “Desde hace años, Venezuela es una emergencia permanente. No lo digo en plan metafísico. Se trata de una angustia concreta que va desde conseguir medicinas o comida hasta regresar a casa en una ciudad sin luz. Es casi imposible que todo esto no toque la escritura. Creo que, para muchos de nosotros, la realidad se ha vuelto una herida incomprensible. Tratar de escribirla es una forma de ordenar esa locura, de organizar incertidumbre y el dolor que produce”, explica Alberto Barrera Tyszka, que tiene los pies en México, donde reside desde hace años, pero a quien le cuesta despegar la cabeza de Venezuela, su país, al que está permanentemente conectado.


Desde la novela, el cuento, la poesía, cada vez más autores confrontan en sus obras la oscura realidad del país

Barrera publicó a finales del pasado año Mujeres que matan (Literatura Random House), “una novela sobre el contagio veloz e irracional de la violencia”, en palabras del autor, donde un grupo de mujeres se enfrentan a distintas formas de agresión oficial. Las páginas de Mujeres que matan ahondan en la descomposición que ya describió en Patria o muerte (Premio Tusquets 2015), y que, en cierta manera, tuvieron su preludio hace 14 años en Hugo Chávez sin uniforme. Una historia personal (DeBolsillo), escrito junto a Cristina Marcano, acaso la biografía definitiva del mandatario fallecido; el tótem de la revolución bolivariana, del denominado socialismo del siglo XXI, a quien no pocos ven como el origen de la descomposición, que se ha perpetuado con su sucesor, Nicolás Maduro, en el poder. “Todo se vino abajo en el momento en que estalló la ilusión de modernidad, que era un espejismo, y entramos en barrera en este cuento del socialismo inclusivo y soberano, que ha sido la mayor estafa de un grupo de corruptos que llegaron tarde al saqueo de la corona. Le debemos este sainete a la izquierda de los años sesenta que se quedó resentida porque se dejó pacificar con dinero. Y a unos políticos de la Cuarta [República] que no estuvieron a la altura de la deuda social que arrastraba el país”, describe el editor y periodista venezolano Sergio Dahbar.



Chávez aún vivía cuando Karina Sainz Borgo decidió dejar Venezuela, donde nació en 1982, para instalarse en Madrid hace 13 años. Antes de eso ya tenía intención de escribir sobre un país que, dice, ya no existe y al que después de lidiar durante años con el desarraigo ha escrito una suerte de carta de amor en La hija de la española (Lumen), su primera novela, uno de los fenómenos literarios del año, publicada en 22 países. “Yo no reconozco al país y el país no me reconoce a mí”, dice Sainz Borgo. La novela es el retrato de una mujer de 38 años tras la muerte de su madre, de cómo se enfrenta sola a una ciudad donde la violencia, otra vez la violencia, lo marca todo. “La destrucción ha sido tal que disolvió el relato. Para que haya una catarsis tiene que quedar por escrito”, explica la autora.


No todos los autores abarcan Venezuela desde fuera. El poeta Igor Barreto sigue viviendo en Venezuela, desde donde ha reflexionado sobre la pobreza en su apabullante El muro de Mandelshtam (Bartleby). Lejos de espantar la crisis de su país, Barreto ha tratado de aprender de ella, como un método quizás de supervivencia. “Es una circunstancia para conocer mejor al ser humano. Es imposible conocer el carácter de una persona o un país si no entra en crisis. He podido conocer mejor a Venezuela”, afirma, cuando trata de explicar lo que denomina una “relación íntima con este proceso de marginalización”. “Yo creo, siento, que tengo una gran fortuna al poseer un lugar. El lugar es el templo. Yo no me iría nunca de Venezuela porque es el lugar del que puedo hablar muy bien, donde ser testigo de las cosas que ocurren y pensar en ellas”, apostilla el poeta.


Varios venezolanos acarrean agua ante una pintada en una calle de Caracas que pregunta: “¿La normalidad es un privilegio?”. 

FEDERICO PARRA (AFP / GETTY IMAGES)


Barrera Tyszka, Sainz Borgo, Barreto, también Moisés Naím, que ha publicado Dos espías en Caracas (Ediciones B), son apenas algunos de los nombres que afloran en una lista que se termina por volver ingente. “Pienso en Victoria de Stefano, en Ana Teresa Torres, en Eduardo Liendo, Israel Centeno, Juan Carlos Méndez Guédez, en Fedosy Santaella. En gente más joven como Rodrigo Blanco, Eduardo Sánchez…, y por supuesto quedan muchísimos nombres por fuera”, aporta Barrera: “Es un proceso irremediable, en cierta forma vallejiano: “Un hombre pasa con un pan al hombro / ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?”.


La novedad, si así pudiera llamarse, radica en que la narrativa ha cobrado fuerza en los últimos años. Tradicionalmente no ha sido el género más aventajado si se compara con el cuento o la poesía, de mayor raigambre, con exponentes fuera y dentro de Venezuela como el eterno Rafael Cadenas. “Siempre he sentido que en el país ha habido, y hay, enormes poetas y pintores. Y que la narrativa debía esperar. Pareciera que le ha llegado el tiempo”, considera Sergio Dahbar. “Es muy difícil que surja una narrativa que no exprese lo que pasa en el país. Si lees un cuento de un joven que vive en un barrio horrible donde matan a la gente y ese joven trabaja en un canal de televisión como escenógrafo y le piden que diseñe un barrio bonito porque la televisión debe mostrar el lado chévere de Venezuela, te das cuenta de que finalmente la literatura termina por registrar el horror múltiple de esta sociedad. Pareciera que la gravedad los ha convocado. Comienzan a aparecer autores que pegan duro en el exterior con libros que tienen público y de alguna manera han encontrado la voz de la tribu. Semejante hipótesis, de confirmarse, es una gran noticia”.


Cauta a la hora de hablar de una narrativa venezolana como género en sí mismo se muestra Karina Saiz Borgo: “Antes de identificar un fenómeno necesitamos un periodo más largo, es un proceso que apenas comienza”. Un recorrido que, si depende de los acontecimientos que se suceden vertiginosamente, tiene visos de prolongarse en el tiempo, al menos hasta ver un país reconstruido.


Los grandes sellos se han ido y muchos escritores, correctores, diseñadores, traductores e impresores han emigrado

Venezuela, país cuya cotidianidad no cesa de aportar paradojas, encuentra en la literatura una de las más dolorosas. La eclosión de una narrativa poderosa coincide con un momento en el que prácticamente solo puede publicarse y conseguirse fuera de Venezuela. Dentro del país, la industria editorial casi ha desaparecido. Las grandes firmas se han ido. Muchos escritores, correctores, diseñadores, traductores, dueños de imprentas… se han ido. “Es un sentimiento extraño, de alguien que se va quedando solo en una casa donde antes había mucha gente, actividad, emoción, sana competencia, profesionalismo… Editar en Venezuela es hoy por hoy un atrevimiento, una osadía, un gesto de fe”, asegura Sergio Dahbar. No quiere que sus palabras suenen a victimización. “No es ese el caso. Pero hay algo de impresionante en la idea de que sigues aferrado a un oficio artesanal y de alguna manera prehistórico, pero que al mismo tiempo sabes que es muy valioso y que apunta a darle valor a los otros que se han quedado contigo y que están como tú luchando contra las adversidades”.


Cualquiera que llegue ahora a Caracas y pregunte por una librería será observado, probablemente, con resignación por su interlocutor, que le hablará con orgullo, eso sí, de las librerías de Sabana Grande, de que no hace tanto podía haber pasado por Suma, Alejandría, Noctua, de que las sucursales de las grandes cadenas —Nacho, Tecniciencia—, de las que ahora o no quedan nada o son actos de resistencia, se contaban por decenas. Y le dirán que ya no es cuestión de cómo costear el alquiler del local, ni de lo imposible que resulta meter libros, no ya distribuirlos. Que quién puede comprarlos. El salario mínimo de un venezolano es de 40.000 bolívares, unos siete dólares, la mitad o un tercio de lo que puede costar un libro. “Esto te habla de un aislamiento importante”, asegura Karina Sainz Borgo: “El autoritarismo, en todas las partes del mundo, achica tu mundo, te obliga a renunciar a las preguntas más complejas”.


LECTURAS



Mujeres que matan

Alberto Barreda Tyszka

Literatura Random House, 2018

240 páginas. 16 euros




La hija de la española

Lumen, 2019

Karina Sainz Borgo

224 páginas. 19,90 euros



El muro de Mandelshtam

Igor Barreto

Bartleby Editores, 2017

140 páginas. 15 euros




Dos espías en Caracas

Moisés Naím

Ediciones B, 2019

384 páginas. 19,90 euros



"Mujeres que matan" en Bibliofonías CANIEM

37 Visualizaciones desde el 5 sept de 2019 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=fU5Ckb36OxQ



El Cuestionario de la Guantera: Karina Sainz Borgo

1562 visualizaciones desde el 7 dic de 2020 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=rzxFeeAEeCs


IgorBarreto lee MANDELSHTAM HABLA DE RIMBAUD y CANTO LIII.

68 visualizaciones desde el  14 nov de 2017 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=C2r1SGwJwmM



Dos espías en Caracas, una historia casi de ficción

207 visualizaciones desde el 20 jun de 2019 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=S09VNeJwTAo






Conversaciones Sergio Dahbar

85 Vistas desde el 3 may 2021 hasta la fecha de publicación de la entrada

https://m.youtube.com/watch?v=q2C__vG3PMI&pp=ygUNU2VyZ2lvIERhaGJhcg%3D%3D





https://elpais.com/cultura/2019/05/17/babelia/1558104168_878914.html




jueves, 25 de septiembre de 2025

Igor Barreto a Karina Sainz Borgo: El Régimen chavista, una mezcla entre el maoísmo y el modelo soviético, convirtió a los ciudadanos venezolanos en desechos

 





Igor Barreto: “Mis libros son una reacción civil ante la ocupación del Estado”

El poeta y escritor venezolano habla de su más reciente libro 'El muro de Mandelshtam' (Bartleby Editores), una metáfora de las sociedades totalitarias.



Karina Sainz Borgo


Publicado: 18/11/2017 ·04:00

Actualizado: 18/11/2017 · 04:00


El poeta Igor Barreto (1952) trabajó en la dirección de publicaciones de museos adscrita al Ministerio de Cultura de Venezuela. Bajo su gestión editó catálogos importantes. Mejor dicho: necesarios. Por su belleza y contenido. Cuando el Régimen Bolivariano declaró la Revolución Cultural, Igor Barreto comenzó a ver cómo algunas cosas cambiaban. Empezó a recibir cartas. El presupuesto de su dirección se había reducido a la mitad, anunciaba una. Que ya no dispondría de un equipo de trabajo, la otra. Y así hasta la última, en la que se le explicaba que su tarea consistiría ya no en editar libros, sino en redactar cartas de agradecimiento. Sí, eso: cartas de agradecimiento. El editor y poeta hizo algunos modelos tipo que pudiera intercambiar y repetir, para despachar el asunto con rapidez. Giró su escritorio en dirección a la pared y se dedicó a viajar a través de Google Earth. Annapurna, ese libro con nombre de montaña del Himalaya, es el poemario en el que Igor Barreto resume este episodio de su biografía. En sus páginas, el escritor hace lo que el hacha de Kafka: rompe el mar helado que habita dentro de nosotros.



Dos años después de publicar ese libro, Igor Barreto regresa con El muro de Mandelshtam (Bartleby Editores), un poemario excepcional. No se ha escrito en la literatura venezolana un libro que consiga encajar la dimensión universal del dolor como lo hace este. Sin aparente explicación, en Ojo de Agua, una barriada pobre de Caracas, aparece un día Osip Mandelshtam, el poeta ruso al que Stalin envió a Siberia por haber escrito un poema en su contra, en 1934.  Mandelshtam murió cuatro años después, tras padecer juicios, destierros, torturas, enfermedades y hambre. Cuando lo arrojaron a la fosa común del campo de tránsito cercano a Vladivostok, el poeta no era más que un montón de huesos contenidos en la bolsa de su propia piel. Un despojo.



El Régimen Bolivariano, que puso en marcha en el año 2000 la Revolución Cultural –destitución de directores y gestores de forma arbitraria, así como la fusión de colecciones y otros despropósitos-, consiguió horadar y desmoronar la osamenta de las instituciones culturales, al mismo tiempo que demolió las del resto del país. Hizo con los ciudadanos lo que Stalin con Mandelshtam: convertirlos en un desecho. 

Ferrocarril TransiberianoImagen tomada de Xotic travel


Acaso por eso Igor Barreto trasplanta a Mandelshtam e incluso introduce un tren, el ferrocarril Transiberiano, en Ojo de Agua: un lugar donde reina la pobreza, la violencia, la suciedad y en el que la mirada del poeta consigue recorrer el mundo con los ojos del extraño -los ojos de quien no pertenece, del apartado-. La alegoría política al autoritarismo está servida, claro. Pero en este libro hay mucho más que eso. Hay prosa; verso; epitafios a través de los cuales hablan los muertos. Hay belleza e incluso nieve en una ciudad del Caribe. 


San Fernando de Apure y Puerto Miranda.


Nacido en San Fernando de Apure, el corazón del llano venezolano, Igor Barreto es un poeta del paisaje, entendido no como tierra sino como espacio en tensión, como una clave de la representación –además de la carrera de Letras, Barreto estudió Teoría del Arte en Bucarest-. Su obra ha sido traducida al inglés, italiano, francés y alemán. Recientemente, la editorial Pre-Textos publicó en España El campo/ El ascensor (2014), que reúne su obra poética escrita desde 1983 hasta 2013. El muro de Mandelstam (2016), lo más reciente escrito por él, llega a España publicado por Bartleby Editores. Sobre el papel del intelectual, la escritura y la creación habla el poeta en esta entrevista concedida a Vozpópuli.


Vista aérea de Bucarest y el río Dambovita cerca del lago Morii.
Imagen tomada de Freepik



Mandelshtam, un poeta represaliado por el stalinismo, aparece en una barriada caraqueña. La metáfora es política a todas luces. ¿Por qué él?


Hay tres poetas que encarnan la pureza como valor temático, incluso ideológico, en la contemporaneidad: Paul Celan, César Vallejo y Osip Mandelshtam. Ha podido ser cualquiera de los tres, preferí a Mandelshtam, porque es el más cercano al proyecto anacrónico. Él es un hecho del pasado que nos visita en el presente.


Ojo de Agua


¿Y por qué nos visita en Ojo de Agua? Así, sin explicación. Como una aparición, o un invento.


Los guetos y las favelas son lugares donde se suspenden las normas. Incluso lo verosímil se ve alterado. En la pobreza no hay normas. La pobreza no se sabe decir, siquiera. Es una condición que parte del hecho de no poder enunciarse. Un pobre no sabe porqué es pobre, a veces. Sabe que tiene unas necesidades apremiantes pero, más allá de eso, no existe una definición de la cultura de la pobreza, que es la que hace que alguien, aun teniendo dinero, no quiera mudarse a una zona de clase media.  

Hölderlin


La pobreza es una forma de violencia. Ojo de Agua es un lugar muy pobre, y muy violento.  


La violencia está más ligada al hambre que a la pobreza propiamente. La pobreza tiene un lado virtuoso. Heidegger tiene ese ensayo sobre la pobreza, donde parte de unos versos de Hölderlin que la describe no como necesidad, sino como aquella que augura una riqueza por venir. Existe otra pobreza, la pobreza extrema, que yo identificaría como el salto de lo humano a lo animal. El espacio abierto del que habla Agamben.

César Vallejo


La gran clave de este libro se juega ahí. En lo desplazado, lo periférico.


Mandelshtam tiene algo que se parece a la definición de la basura: es un excedente sin destino. Hoy los intelectuales somos excedentes sin destino en la sociedad contemporánea.




¿En la venezolana o en general?


En la sociedad contemporánea. A pesar de que se maquille la situación somos eso: no tenemos un destino para el Estado ni la clase política. Somos fácilmente excluidos. Mandelshtam llega a Ojo de Agua con la fuerza de esa condición. Es una significación del intelectual contemporáneo comparable a la basura.


Eso en las sociedades autoritarias…


Es mucho peor.


¿Este es un poemario producto del escarmiento de las dos décadas de vida en Venezuela?


Por supuesto.

Osip Mandelshtam


¿Cómo ha cambiado la voz de Igor Barreto en estos 20 años de Régimen Bolivariano?


En mi trabajo hay dos momentos: uno donde me centré en el pasado. El otro, corresponde al momento en que decidí abordar el presente. En 2010, escribí El duelo, que es una suerte de reportaje, un relato de dos caballos asesinados que dejan tirados, sin cabeza, en un rastro de sangre. Eso ocurrió. Unos amigos me lo contaron y fui yo mismo a ver esa mancha de sangre que tenía la forma del mapa de Venezuela… ¿Será posible?, me preguntaba.




¿Está hablando metafóricamente?


No, para nada. Esa mancha tenía la forma del mapa de mi país en ese momento. Las protestas en Caracas durante los meses de junio y julio son la demostración de que la clase política es capaz de llevarnos a una masacre. Como estamos en el campo de la alegoría, desciende la imagen del fascismo y la huida de los intelectuales por el puerto de Lisboa. Las utopías suelen ser malignas. Son abstractas. Venezuela vive un momento así, y eso se ve en esa ciudad de utopía con palmeras y cocos. La naturaleza es utópica. Es una suerte de mezcla entre el maoísmo y ciertas reminiscencias del modelo soviético.



En su poemario anterior, Annapurna, un  escritor funcionario explora todos los días con el Google Earth la montaña más alta de los Himalayas. 


Annapurna es un poemario absolutamente político. Un funcionario, que está en su oficina confinado a la exclusión, toma la decisión de irse al Himalaya con el Google Earth y comienza a explorar el mundo épico, la odisea de los escaladores que suben a Annapurna.


Cara sur del Annapurna

 Esa es una experiencia personal. Fui director de publicaciones de museos. Llegado el momento, no me permitieron que editara más catálogos, me quitaron todo, los presupuestos y el equipo de trabajo, y me dijeron: si se quiere jubilar tiene que escribir cartas de agradecimiento. Y así fue, hice diez cartas tipo de agradecimiento para despachar rápidamente lo que me pidieran. Le di la vuelta a mi escritorio contra la pared y comenzaron esos viajes.



Disturbios en una nueva jornada de protestas en Venezuela

https://m.youtube.com/watch?v=IKWRVFPz7W8&pp=0gcJCRsBo7VqN5tD


Todo acto vital es político, sin duda. Pero en su escritura gana terreno.


Lo político siempre está presente en la escritura. Es imposible que no lo esté. Andrés Bello escribió sus silvas casi como un gesto de ocupación de una naturaleza que iba a ser tomada por los movimientos libertadores. La literatura es un gesto de ocupación, uno ocupa el espacio con las palabras que nombra. Las hace suyas. Se apropia del mundo.  Eso sí, conviene hacer la distinción entre eso y  una literatura comprometida al estilo de la intelectualidad marxista. Otra cosa es el tratamiento de lo político desde la perspectiva de lo civil, del excluido. Ese tipo de literatura política es distinta. Mi poesía aborda lo humano frente a la estrategia de ocupación del Estado, de un gobierno. En mis libros se antepone lo humano. Son una reacción ciudadana y civil.  


Andrés Bello

En su libro hay epitafios donde el difunto nos habla. A la manera de la Antología de Spoon River de Edgar Lee, usted apela a la voz de los muertos.


Me interesa la voz de los muertos, porque es la voz de la tradición. Un poeta fue sorprendido con el oído pegado sobre la tierra. Qué haces le preguntaban. Él contestó: estoy escuchando la voz de las madres, de los muertos, de la tradición. La literatura del tiempo nos permite tender un cable con esa tradición. Los muertos hablan y cantan de manera más clara que los vivos. Lo hacen porque tienen a sus espaldas una realidad que suscribe cada cosa que dicen La muerte es un hecho definitivo que nace de la organización de unas partes vividas. Tiene un sentido completo. Lo que se dice en la muerte es más verdadero, porque los vivos estamos hechos aun de trozos, estamos incompletos.



El muro de Mandelshtam. Igor Barreto.
131 Visualizaciones desde el 4 abr de 2017 hasta la fecha de publicación de la entrada




"Poema" de Igor Barreto - "La sombra del apostador. El Gallo Combatiente y su ritual analfabeto"

https://m.youtube.com/watch?v=2BQuq9TutVE&pp=ygUMaWdvciBiYXJyZXRv





Conversación sobre «Il muro di Mandel'stam», de Igor Barreto, con Ricardo Ramírez Requena

https://m.youtube.com/watch?v=fhiIFA0AxHI&pp=ygUMaWdvciBiYXJyZXRv



https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/igor-barreto-libros-reaccion-ocupacion_0_1082292906.html



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26/04/2026

domingo, 8 de mayo de 2022

Los porqués de lo qué estaba pasando en América Latina en el 2019 según ocho escritores




Protesta en Venezuela. Fotografía de José Antonio Rosales.



En el año 2019 toda la América hispana era un hervidero de protestas debido a las mas diversas causa sociales, políticas y económicas vigentes en nuestros países en ese momento. Luego llegó el Covid -19 afortunadamente, para los gobiernos, que implicó aplicar una política de cuarentena que a efectos prácticos desmontó las protestas. Ahora en este 2022 es justo preguntarse si las condiciones que generaron esa eclosión de protestas aun existen... Nosotros creemos que si existen....

Atentamente 

La gerencia


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¿Qué estaba pasando en América Latina en el 2019?




¿Qué está pasando en América Latina?


Espoleadas por el populismo, la crisis económica, la corrupción, la violencia y las eternas desigualdades, las masas del continente se han lanzado a las calles en las últimas semanas. Ocho escritores nos revelan los porqués de la crisis actual en sus países.






EL CULTURAL

18 noviembre, 2019


Un nuevo fantasma recorre América Latina: alentadas por el populismo, la crisis económica, la corrupción, la violencia y las eternas desigualdades, las masas de Chile, Ecuador, Nicaragua o Perú se han lanzado a las calles en las últimas semanas dejando imágenes de un continente en combustión. La convulsa realidad latinoamericana parece aportar cada día un nuevo conflicto, pero dada la fragmentación y la heterogeneidad regional es necesario matizar las diferencias de cada una de las luchas para no caer en planteamientos apocalípticos. Pues a regímenes dictatoriales asociados a una constante y degradante violación de los derechos humanos, Venezuela y Nicaragua, se unen países donde los problemas se centran en lo económico, como Argentina y Chile, en las luchas sociales, como Ecuador, en la inestabilidad política, como Perú, o en la inseguridad y la violencia terrorista y social, como Colombia y México. Para adentrarnos en sus realidades, ocho escritores oriundos de estos países nos aportan la visión local y nos adelantan cómo acabarán reflejados estos conflictos en la ultimísima literatura.



Protestas en América Latina | Manifestaciones en Latinoamérica - En Punto


Arde Troya… o Santiago


HUESO

Curiosa es la persistencia del hueso
su obstinación en luchar contra el polvo
su resistencia a convertirse en ceniza

La carne es pusilánime
Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras
que tan sólo maquillan el rostro de la muerte

Tarde o temprano será polvo la carne
castillo de cenizas barridas por el viento

Un día la picota que excava la tierra
choca con algo duro: no es roca ni diamante

es una tibia un fémur unas cuantas costillas
una mandíbula que alguna vez habló
y ahora vuelve a hablar

Todos los huesos hablan penan acusan
alzan torres contra el olvido
trincheras de blancura que brillan en la noche

El hueso es un héroe de la resistencia



Óscar Hahn. Chile


Chile se enfrenta a un estallido social de enormes proporciones, originado en la vergonzosa desigualdad económica y social que existe en el país: pensiones bajísimas, sueldos miserables, medicamentos a precios prohibitivos, y una población endeudada hasta la asfixia. Chile tuvo un gran crecimiento económico en los últimos 20 años, pero solo unos pocos se beneficiaron y de manera abusiva, y la mayoría apenas recibió las sobras del banquete. Hasta que la gente dijo: “¡Basta!”, y ahí fue cuando ardió Troya. O Santiago, en este caso. Lo asombroso es que nadie sabe quién o quiénes conducen los movimientos de protesta. Esto redunda en que tampoco hay interlocutores válidos con quienes dialogar o negociar. Los presidentes de los partidos políticos han querido arrogarse ese rol pero carecen de credibilidad frente a los manifestantes. Ellos los ven como co-responsables de lo que ocurre, porque durante treinta años unos u otros han gobernado el país, haciendo poco o nada para resolver la desigualdad y las otras demandas que son el combustible de las protestas. En cuanto al gobierno, ha tenido una actitud vacilante y acomodaticia, demostrando que no entiende nada de lo que está pasando. Para una democracia es muy grave que el Presidente y el Congreso hayan perdido legitimidad.


La verdad es que aún es pronto para saber cómo se reflejarán en futuras obras literarias estas jornadas en las que muchos manifestantes optan por la creatividad y la alegría para manifestar sus protestas. Por lo que a mí mismo se refiere, el año pasado apareció un libro que refuta la tesis de que el tema central de mi poesía es lo fantástico. Sostiene, en cambio, que más bien es una poesía de la violencia. Recientemente hubo una marcha de trabajadores en Montevideo, y según supe, uno de los dirigentes obreros leyó mi poema “Hueso”, que tiene que ver con los detenidos-desaparecidos. Y hace unos pocos días, los chilenos y los mexicanos de Guadalajara, México, que organizaron una marcha de solidaridad con lo que estaba pasando en Chile, también leyeron públicamente ese mismo poema. Y bueno, está mi último libro, Reencarnación de los carniceros, que acaba de ser publicado por Visor. El tema central es la guerra, sobre todo el peligro de una guerra nuclear. Difícil encontrar una violencia mayor que esa, creo yo.


Protestas en Chile: cómo empezaron y qué hay detrás de la furia en "el paraíso de América Latina"


Zonas opacas, complicadas




Mónica Ojeda. Ecuador


Ecuador ha estallado por el cansancio popular ante medidas de gobiernos que se autodenominan de izquierdas pero que son neoliberales, como el de Lenin Moreno. Medidas que blindan a las personas con mayor nivel adquisitivo, y que empobrecen y limitan al sector más vulnerable de la población, el indígena, un colectivo  marginado que sufre los embates del racismo y que ha decidido levantarse porque la eliminación del subsidio a la gasolina representaba para él un coste inasumible. Una excusa, porque lo que impulsó en realidad a los manifestantes fue la intervención del Fondo Monetario Internacional en Ecuador, que le hizo un préstamo a cambio de reducir lo que ellos denominan el gasto fiscal y gasto público y que nosotros llamamos “estado de bienestar”.

Son días difíciles, pero también felices, en los que no creo que los intelectuales tengan relevancia, no en el sentido de que no sean políticamente activos, que lo son, sino en el de que no son los protagonistas; ese papel lo desempeña gente que no tiene nada que ver con la creación ni con la academia ni con la élite intelectual.

Personalmente no me interesa la literatura como instrumento político o de denuncia. La violencia y la desigualdad están presentes en mis libros pero no de forma explícita sino a través de relatos sobre la violencia sexual o la que todos podemos ejercer sobre otra persona a la que supuestamente amamos. También el tema de la desigualdad está aludido en mis novelas. Mi literatura está lejos de mi beligerancia política, de mi feminismo, de mi antiracismo, lo he querido así porque mi trabajo va directo hacia zonas de incomodidad ética y me gusta lanzarme hacia allá totalmente libre. Sin embargo, mi escritura como acto político tiene que ver con hablar sobre cosas complicadas, y  creo que esas zonas de opacidad y esas zonas donde no hay un lenguaje claro son donde me gusta habitar literariamente hablando. En cambio políticamente en mi vida diaria me gusta ser muy clara. Por eso encuentro tan distinto el lenguaje literario del de la denuncia. Distantes aunque no imposibles de encontrarse porque hay trabajos de escritores que  venero que están muy cerca de la denuncia, como Raúl Zurita.


Duros enfrentamientos en Ecuador mientras Lenín Moreno ofrece diálogo


Escribir para animar la esperanza






Gioconda Belli. Nicaragua


En Nicaragua hemos pasado a un estado de represión y de agresiones del gobierno a la población, que tienen visos de psicosis patológica de Murillo y Ortega. Para evitar que la población se manifieste despliegan enormes contingentes de policías y antimotines, cada vez más dispuestos a golpear a la gente y que no respetan nada, ni nadie porque saben que tienen garantizada la impunidad. Cuando hay misas para los asesinados o para los excarcelados, rodean las iglesias con murallas de antimotines. Cada medio día, Murillo en su alocución al país, mezcla de prédica religiosa e informe de los “logros” del estado, no ceja de incitar al odio hacia la oposición. Ese odio se expresa en amenazas de muerte pintadas en las paredes de las casas de opositores, patrullas de policía que ostentosamente se colocan frente a las casas de quienes fueron presos políticos.

El gobierno se niega a sacar a los 136 presos políticos que aún están en la cárcel, aduciendo que sus delitos son comunes. No hay calma. Lo que hay son prohibiciones, asedio y la pretensión de silenciar todas las expresiones de rechazo de la población hacia el régimen. Y, sin embargo, las protestas continúan. Hay protestas “exprés” casi a diario, pequeños grupos que salen con la bandera del país y luego se dispersan. Vivimos sin libertades, gobernados por dos personas fanáticas y capaces de cualquier atrocidad para conservar su poder. Los medios internacionales han dejado de poner atención porque las formas de matar la libertad que está usando el régimen ahora son más sofisticadas y perversas.

Afortunadamente, en mi país hay una tradición de participación política de escritores y artistas y esta vez no ha sido diferente. Muchos músicos han debido irse al exilio porque temían por su vida, pero los que nos quedamos somos testigos y voceros de ese pueblo sacrificado otra vez. Claro que es difícil crear en estas condiciones, pero a la vez es una necesidad no claudicar y denunciar con la palabra, la música y otras artes, lo que está pasando. Y animar la esperanza, la convicción de que como seres humanos tenemos derecho a una existencia con respeto y justicia.

Porque la creación es lo contrario de la violencia; es la vida contra la muerte. Uno siente el impulso de no dejar que la negrura de los corazones de quienes nos gobiernan logre apagar el impulso vital que nos hace creer que la justicia tendrá que llegar, aunque tarde. Yo escribo y promuevo, desde PEN Nicaragua, la organización internacional de escritores y periodistas que presido, la discusión intelectual, la lectura, los espacios de libertad mentales. Siempre he sido un animal político, de allí que lo que vivo, lo bueno y lo malo, sea alimento para crear y encontrarle sentido a lo que estamos viviendo. He escrito mucha poesía en este tiempo, pero no soy ajena a que el horror de lo que veo me afecte. ¿Cuántos tiranos alcanzan en una vida? dice un poema que escribí. Se necesita fuerza para no deprimirse, sobre todo cuando uno se ha pasado toda una vida luchando y ha visto morir a tantos por librar a Nicaragua de la dictadura. Es terrible pensar que se vive en el país de Sísifo. No puede ser.

Lo curioso es que es después de los años 80  hubo un momento en el que los creadores más jóvenes apostaron por el “arte por el arte”, ese vivir al margen de la calle se acabó el año pasado con la rebelión de abril. Nadie de las nuevas generaciones ha permanecido indiferente. Lo triste es que muchos se han tenido que marchar del país porque las oportunidades de trabajo, de estudio, se han reducido dramáticamente y ser joven, como cuando Somoza, ha vuelto a ser peligroso.



Ola de protestas deja más de 20 muertos y sume a Nicaragua en el caos.



¿Todo es basura y debe ser destruido?








Confieso mi asombro. Ante las violentas manifestaciones que paralizaron hace poco Bogotá (y Santiago de Chile, Quito…) me siento, como decía el añorado Carlos Monsiváis, desarmado. Sí, como él, “o ya no entiendo lo que está pasando, o ya no pasa lo que estaba entendiendo”. Por eso no creo que los literatos estén reaccionando distinto al pueblo en general: la mayoría y en especial los más jóvenes participan con entusiasmo en las protestas así sea solo celebrándolas desde Twitter. Ellos quisieran formar parte de un “nuevo orden” que derribe al establecimiento cultural. No creen que haya mérito alguno en lo conseguido por las generaciones anteriores. Todo lo que hay es basura y debe ser destruido. Y los que miramos atónitos e incrédulos sin saber qué pensar ni qué hacer, debemos ser arrasados también como carrozas viejas que forman parte del statu quo. En estos momentos el que duda y trata de entender es un enemigo más y un tibio al que hay que borrar con el ventarrón de la historia.


¿Qué provocó la ola de protestas en Colombia? | BBC Mundo.


Una crisis sostenida




Mariana Enríquez. Argentina


Me cuesta pensar en estos conflictos en términos latinoamericanos, porque cada país tiene su idiosincrasia particular y motivos diferentes para estar en problemas. Por ejemplo Chile y Ecuador tienen procesos políticos y sociales completamente diferentes que están eclosionando por motivos distintos. En Argentina, donde no hay realmente un estallido social, el problema es eminentemente económico. Es por eso por lo que esta vuelta al kirchnerismo una vez más se da porque el gobierno de Macri fue muy malo, no hay más. El anterior presidente no consiguió ninguno de los objetivos del liberalismo económico que se pretendían y las políticas de austeridad resultaron insoportables para una población que está sufriendo más inflación, pobreza y desempleo que con Cristina Kichner. Cualquier parámetro que uno tome, con Macri fue peor, así que, aunque comprendo que puede ser visto como una regresión, porque es el gobierno anterior, para la gente que votó a Alberto Fernández fue en realidad una corrección, un modo de olvidar estos últimos cuatro años.

Argentina tiene una crisis tan sostenida en el tiempo que creo que es momento de dejar que funcione la política. Me parece que a veces el “ruido” de los intelectuales opinando constantemente en una situación tan compleja termina siendo banal. Hay muchísimos problemas sociales muy graves que exigen una resolución pronta y creo que está bien que los intelectuales nos repleguemos únicamente hacia la posición de ciudadanos, porque está probado que cualquier interpretación acerca de Argentina no funciona. Es mejor escuchar a la gente y tratar de comprender qué vota en lugar de estar opinando exaltadamente todo el tiempo, una postura un poco vanidosa.

Aunque utilizo el género de terror como una forma de pensar la realidad, porque el realismo puro no me satisface, mi literatura es bastante política. El género de terror y el fantástico reflejan la sensación de angustia y de incomprensión de un mundo que se resquebraja y la sensación de crisis permanente, que son las principales características de la realdiad. La incertidumbre, el no saber lo que va a pasar, la sensación de estar caminando sobre algo muy frágil que en cualquier momento puede desvanecerse. Todo eso, que se ha convertido en una realidad cotidiana y sostenida en mi país, tiene algo de pesadilla y se refleja en mi literatura. 

Protesta en Argentina contra Macri y el FMI. 2018.



Secuestrados por el necrocapitalismo






Antonio Ortuño. México


La crisis de violencia en México lleva años fuera de control. Sumando las dos presidencias anteriores se cuentan más de doscientos mil asesinatos. Y en esta ya van más de treinta mil. La tendencia no deja de crecer, esencialmente porque hay una impunidad total. Por colusión, por corrupción y también porque el sistema de justicia está desbordado. Lo mismo da. Como no hay castigo, el crimen organizado, que hace años que es millonario, influyente y poderoso, se convierte en casi invencible. Y crece. El gobierno actual no parece tener una idea clara de cómo enfrentarlo. Defiende que no seguirá la política agresiva de los anteriores y apuesta por discursos morales y proyectos sociales a largo plazo, pero hasta ahora el poder y las cuentas bancarias siguen tan tranquilas.

Desde Europa hay una mirada entre condescendiente y caduca de América Latina y en especial de México. Se insiste en referentes que nada tienen que ver con la realidad, una mezcla de series de televisión y romanticismo. Pero lo que pasa en México es algo casi inconcebible para quien tenga como referente solo la realidad europea: en México hay una guerra sin ideologías que se rige por parámetros de algo que podríamos llamar necrocapitalismo, donde la única victoria posible es ganar más dinero y ampliar el negocio a balazos.

Desde muchas ópticas diferentes, un buen número de artistas e intelectuales llevan años pensando y creando en medio de esta situación y hay huellas perceptibles de ello. Por ejemplo, Rulfo escribió marcado, justamente, por una época de violencia terrible, la Guerra Cristera, que se llevó a muchos de los suyos. Y destiló la zozobra de las víctimas con un talento que sigue vigente. Varias de las obras cruciales de las artes mexicanas del último decenio tienen que ver con la fricción con esa violencia intolerable y a la vez habitual en que estamos metidos.

Esta realidad es un tema crucial en lo que escribo. Mi última novela, Olinka, se asoma al salvajismo detrás del “civilizado” lavado de dinero de gente “bien” que en apariencia nada tiene que ver con el crimen. Pero no me considero un notario ni un glosador de horrores. Escribo en pie de guerra contra ellos. La literatura, decía Pound, no solo propone belleza sino también delimita la fealdad. Y escribir también es un modo de desmontar el lenguaje (oficial, social, criminal) que acuna y tolera esos horrores.


Traidores y narcisos




Alonso Cueto. Perú


En América Latina y quizá en todo el mundo se ha roto la confianza entre los líderes y la gente, que no se siente representada por políticos como Evo Morales. Los ven como traidores y narcisos. En cuanto a la experiencia del pueblo, uno puede vivir mal pero no perder la esperanza de vivir bien. La gente más pobre tiene a la más rica muy cerca y las desigualdades son incentivos a la violencia más grandes que la pobreza. Lo que diferencia a la crisis actual de las anteriores es que no tiene líderes. Es un movimiento dirigido desde las redes sociales. Todos están de acuerdo y no necesitan un liderazgo. No los mueve una ideología o una doctrina sino una sensación, la indignación, la rabia, la rebeldía. Los manifestantes no quieren imponer otro modelo sino protestar por lo que ven a su alrededor.

Porque el Perú está protegido por un gobierno que ha despertado una considerable simpatía después del cierre del congreso, algo a todas luces constitucional y políticamente necesario. Es uno de los países con más reservas internacionales, casi cero inflación y un presidente, hasta el momento, libre de corrupción. En ese caso, creo que lo importante es que mientras la gente tenga algo que proteger (una pequeña propiedad, un vehículo) va a intentar sobrevivir sin protestar. Cuando venga el cansancio por la supervivencia, habrá un estallido social pero no podemos saber cuándo ocurrirá. Por lo pronto, el gran mérito del gobierno peruano ha sido despedir la era del fujimorismo. 

Mientras, Europa considera aceptables situaciones acá que en sus propios países estimaría intolerables, quizá porque sigue mirando a América como un continente en experimentación. Y considera que toda rebelión latinoamericana es justa si viene de la izquierda. La ideología de la izquierda es una especie de garantía moral de sus líderes, lo que es absurdo. Afortunadamente, los creadores peruanos están a la altura del momento actual, empezando por Mario Vargas Llosa.

En cuanto a mi propia obra se refiere, el Perú es un país fascinante para un escritor porque es una mezcla de razas y de culturas. El conflicto natural, el resultado de esa apasionante convivencia de muchas etnias, es la materia prima de una narración. Por eso el Perú y otros países latinoamericanos producen narraciones, porque en cierto modo la literatura siempre es consecuencia de la diversidad y es hija del mal. La narrativa empezó el día en el que la serpiente entró al paraíso. Siempre he agradecido ser un escritor peruano.



Marcha tras cierre del Congreso. Peru. 2019.


Demagogia irrigada con petróleo






Karina Sainz Borgo. Venezuela


Lo que ocurre en Venezuela es de una gravedad profunda. Lo excepcional ha terminado normalizándose. La economía está completamente dolarizada, la inflación galopa y el régimen hace tiempo que ha asumido sus procedimientos dictatoriales. El contexto regional padece una mayor inestabilidad, ya no solo en Centroamérica, también en Chile y Bolivia. Eso atomifica la discusión pero agrava las consecuencias de la crisis venezolana, no olvidemos la gran cantidad de migración que produjo el éxodo. Y no hay nada nuevo. Si acaso, en Venezuela, más hambre, más pobreza, más carestía, más violencia, más impunidad y al mismo tiempo, menos democracia, menos Estado de Derecho, menos leyes y, sobre todo, una profunda sensación crepuscular en la posibilidad de convocar a elecciones. Supongo que fue inevitable: al menos en la región, Venezuela fue el primer y más intenso ciclo de populismo. Una espita de demagogia que, irrigada con petróleo, impulsó otras. Y aunque en algunos casos la naturaleza de ese populismo tiene sus propias causas, el Bolivarianismo del siglo XXI, como lo llamaban sus perpetradores, ejerció una influencia.

A menudo me preguntan si los creadores e intelectuales venezolanos han, hemos estado a la altura del momento actual. Y es difícil de contestar. ¿Cuál es la altura correcta? ¿Hablar e informar? Sin duda, creo que sí. ¿Luchar por la libertad personal y las libertades ciudadanas? También. ¿Intentar generar un relato que nos conduzca a nosotros mismos a entender los errores? También. ¿A reinventarse a pesar de la carestía interna y la diáspora? También. Las dimensiones de los tiranos que nos gobiernan han conseguido achicarnos, pero moralmente creo que aún no se los hemos permitido. Quizá por eso, la violencia, la desigualdad, tal vez no me condicionen literariamente pero sí forman parte de mi sensibilidad personal. La protagonista de La hija de la española asegura que ella nació en un lugar en el que hasta las flores depredan. Yo también. De las promociones de creadores más jóvenes que siguen malviviendo allí casi prefiero no hablar, me genera aprehensión el tema y la etiqueta generacional. Creo que cualquier ciudadano entiende que el silencio es una palada más de tierra en el funeral nacional. La creación pura y dura jamás está exenta de conflicto. Y en un régimen como el que gobierna hoy mi país, cualquier gesto de belleza e inteligencia es también un acto de resistencia.

Protestas violentas en Venezuela.


Venezuela alcanzó un récord de manifestaciones en 2019.




Karina Sainz Borgo: "Vivimos tiempos de cierta cursilería ideológica"



Tomado de El Cultural.