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jueves, 12 de marzo de 2026

Ida Gramcko a José Ramón Medina: El verdadero poeta no es deudor sino para consigo mismo

 





Estimados amigos

Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar esta nueva (nueva para ustedes) y vieja entrevista hecha por José Ramón Medina a la   escritora venezolana  Ida Gramcko que fue publicada en el portal de el diario El Nacional. Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento el Papel Literario, edición del 18 de febrero de 1968. Al compartir material como este, nosotros aportamos nuestro grano de arena para favorecer la difusión  y preservación cultural nacional, lo hacemos sin alharaca pero de forma contundente.

El régimen venezolano tiene bloqueado el acceso al portal de El Nacional así que la gente para acceder directamente a esta entrevista debe utilizar una vpn. Nosotros le ahorramos el trabajo a los internautas venezolanos amantes de la literatura.

Esperamos que disfruten realmente de este hallazgo.

Atentamente


La Gerencia



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Entrevista a Ida Gramcko: “Ningún fatalismo permitirá que, pese a todo, vivamos como poetas”

Por Papel Literario

febrero 28, 2021 3:00 am





I

Al conocimiento de Ida Gramcko se llega, naturalmente, a través de la poesía. Hay otras vías, como varia y fecunda es su orgánica labor intelectual. Pero la poesía es la puerta más segura y más directa para acertar la despierta calidad de su esfuerzo. Dos o tres libros iniciales descubrieron la limpia seguridad de su voz. Y luego la confirmación de su poder excepcional como poeta vino en aquel extraordinario libro Poemas. Ese libro denso, sabio, arrastrado por una honda plenitud de lenguaje, que nos deslumbró a todos. Por ese libro sostuve una batalla que no coronó el éxito. Pero quedó el testimonio. Y la admiración ferviente. Admiración que se mantiene y acrecienta en el tiempo hasta su Este Canto Rodado, fábula y verso en el más puro homenaje del poeta por la magia deslumbrante de su propia búsqueda. Varias cosas atraen en la poesía de Ida: su fuerza insustituible, su madurez, su sentido profundo del ritmo y la palabra, su clamor y su celo en el padecer lírico y, sobre todo, la autenticidad del verso. Y el poeta mismo —artista de variadas facetas— nos da, en la cercanía de la amistad, un perfil de entrega denodada a la poesía, que es pasión y fe en su propio destino.

Imagen tomada de aquí.



II

Su último libro, El Jinete de la Brisa, podría servir de justificación para esta entrevista. Es un libro pleno, maduro y resonante que refleja un proceso de integración vital. Y como la propia autora, prendido en el aliento más cierto de la poesía. Pero la verdad que para entrevistar a Ida Gramcko no hacen falta excusas o justificaciones. Su obra, su vida, su quehacer intelectual —o su obra, que es su vida y su quehacer— afirman un incuestionable y permanente derecho a esta expresión periodística.

Esta entrevista no tiene, por eso, motivación especial. Ha surgido casi espontáneamente. O hasta podría decirse: necesariamente. Aunque sin propósito previo. Y su justificación habrá de encontrarse en el discurso de la íntima manifestación personal; es decir, en el eco de un espíritu penetrado por la más severa y auténtica vocación de poeta. Porque eso es —y nada más, por encima de todos los riesgos, Ida Gramcko. Eso ha sido, en el fervor más alto de su entrega a través de los años. Años de mirar hacia el mundo y asombrarse, de sentir y querer el hondo misterio de la realidad, donde reposa el prodigio de la revelación. Porque, a fin de cuentas, en eso consiste la poesía: en la capacidad de asombro frente a la realidad y en el poder taumaturgo de revelarse y revelar el tránsito que va de la conciencia hacia el encuentro de la instancia foránea.


III

Cuando sonó la hora del encuentro, ya todo estaba dado para el diálogo sin sombras, para la sinceridad abierta. Por allí, entonces, comenzó a fluir la palabra amiga, desenvuelta y mágica. Esto es: el lenguaje de la poesía.

El diálogo fue preciso, revelador, incisivo. Días después llegaron unas cuartillas que completaban la confesión. Así quedó integrado este testimonio sincero y veraz que transcribimos ahora.

Ida Gramcko. 1960. Fotografía de Alfredo Cortina.



IV

¿Qué ha sido tu vida literaria?

—Mi vida literaria, mi vida, ha sido una búsqueda afanosa, angustiada, un clamor y una petición de verdad. Ahora, después de muchos años de vigilia y atormentada espera, puedo decir que he hallado la inmensa plenitud. Pero sobre ésta, que es interior, podría preguntárseme: ¿es una plenitud literaria? Sí. Porque lo colmado, lo pleno de la voz responde a un alcance íntimo. Mi creación no ha estado nunca desligada de mi desvelo o de mi logro interno.

¿Qué es el lenguaje, la palabra, el verso, en tu poesía?

—Son expresión de lo que siento: una amorosa claridad de alturas. Para mí, el vocablo no es asunto autónomo que pueda tratarse jamás aisladamente de lo que se piensa o se siente. Aún en el caso de que un artista se propusiera trabajar la forma como forma, tomando para sí la teoría del arte por el arte, con ello no lograría una forma sin contenido. Todo ser contiene algo. Creo que el formalismo, la supuesta libertad del vocablo que quiere huir de todo sentimiento expreso, creo que todo este problema se debe a otra razón. Los poetas atraídos por lo formal, excesivamente elaborados, laberínticos, sólo son criaturas con un mundo interior en afán, en caos, en desorden emotivo. Y es eso lo que dan en sus estrofas. Cuando el poeta es recio, el caótico idioma duele en su clima abrupto, en su región erizada y dramática. Pero si el poeta no es muy fuerte, existe este peligro: el hermetismo se convierte en refugio. La desbandada de palabras se vuelve un consolador rescoldo para el artista débil. Las palabras llegan a convertirse en un imán: corretean, saltan y al tornarse en imán, al ser tomadas en cuenta de tal modo, son, al fin y al cabo, el único calorcillo que el autor encuentra. Y el poeta ya no maneja el idioma sino que el idioma lo maneja a él. Es un poseído, no es un dueño. Se aferra a las palabras —por razón de su problemática— como a un vientre. Hay que liberarse de estas adhesiones inmaduras. El creador hace modular sus palabras, las orienta, las dirige, las encamina: las palabras no deben envolverlo como un amparo o una invasión fetal y oscura. En términos metafóricos, las palabras son nuestras hijas, nunca nuestro claustro materno. Las palabras no nos protegen. Somos nosotros, los poetas, los que podemos proteger. Y ello resultará difícil mientras no maduremos y veamos que el lenguaje está a nuestra disposición y no a la inversa. Lo formal no es profundo. Profundo es lo formal cuando trae una carga de amor, de infinitud, de ensueño. Una palabra sola no es profunda. Profundo son los sentimientos o pensares y, a veces, tan profundos que no llegan. La dificultad no estriba entonces en la palabra sino en el sentir o pensamiento.

¿Qué es lo más importante en la vida del poeta?

—Eso depende del poeta. Hay poetas de lo sensorial, de lo inmediato, de lo agreste. En cuanto a mí, lo más importante es el amor, pero no el fugitivo: la pasión, sino aquel que es espíritu en impulso pleno y permanente. Al decir impulso quiero decir obra, acto, realización de la poesía en el poema. Desde luego que hay escribidores de versos que jamás han vivido la poesía y que el verdadero poeta es quien vive la poesía aunque no la exprese. Lo ideal es que la poesía se viva y se escriba. Pero yo —he de decirlo— no necesito ese proceso que consiste en recibir una bella experiencia para luego expresarla. Ocurre en mí una suerte de simultaneidad. Lo que me plena puedo expresarlo de inmediato. No hay pausas. Si se trata de vivir o de compartir algo alto o profundo, yo desconozco los silencios.




Puesta en la disyuntiva, ¿cómo definirías tú a Ida Gramcko?

—No como un adorno. No como una inquietud. Yo no acicalo ni me encuentro inquieta. Por lo tanto, no soy fruición ni voluptuosidad y tampoco me hallo sedienta. Diciéndolo en términos poéticos, yo sería como una fluidez. Una tutela, una protección, una dádiva, una entrega. Si hay dificultad para entenderme, quizás ello se deba a que mi agua fluida pertenece a una fuente recóndita. Mi sentir no es fácil. Creo que es hondo. Pero mana de mi como rocío, como relente. No sé cerrar la mano, mejor dicho, no sé cerrar la voz aunque lo que ella diga sea arduo pues deviene de cima o de reconditeces. No es una pretensión de mi parte. Siento lo elevado o profundo y lo ofrezco en poemas. Soy como una oficiante de un mar denso y azul y de un estrellado universo. Y lo doy. Nunca se hallan mis dedos, mejor dicho, mis cantos vacíos de una espuma o una estrella. Hay una playa para mí. Lo sé. Hay un espacio para mí. Lo sé. Le estoy agradecida a ese horizonte y a esa arena.

La poesía ¿es un compromiso o simplemente una forma de vida? ¿Te ciñes a una estética determinada?

—La poesía es una forma de vida. Para mí —no quiero generalizar; cada quien posee su propio mundo— significa una fidelidad a lo perenne, una trascendencia, una especie de ojiva inagotable, un salto más allá de la tierra. Entonces ¿es una eliminación del mundo sensorial, de los sentidos? Yo no lo elimino. Yo comprendo. Observo la limitación de los sentidos y cariñosamente les deparo un sitio en el terruño y en el tiempo. Pero esta forma de vida a la vez me señala que estas manos, que estas mejillas, con todo su color y movimiento, son polvo contenido, y no puedo absolutizar lo que no es absoluto. Por ello comprendo también que lo que me llama y me destina es lo permanente o lo perpetuo. También es un compromiso en el sentido de que ya me he hecho responsable de su querido y claro peso. No es una carga, no. Es un modo consciente de vivir. Es una reciedumbre, una entereza. No es compromiso si por él se entiende algo forzado, obligatorio, impuesto. Es un compromiso emotivo, pensante pero sentidor que, una vez contraído, no ha de soslayarse no sólo porque nos llama a cada paso sino porque en nuestra respuesta a su llamado nos captamos continuos y límpidos, sin dislocaduras, sin equívocos, unitarios, fervorosos, consecuentes. Nuestra respuesta es como el cauce a ese manantial que nos requiere. Si le damos la espalda, allá nosotros. Somos nosotros quienes nos labramos nuestra vida. Ningún fatalismo permitirá que, pese a todo, vivamos como poetas. Uno elige. Y aquí entra de lleno nuestro libre albedrío. Y si éste escoge la respuesta al lírico y limpio llamamiento, una obediencia altiva, ella nos hará percibir grande y grave alegría. Hay un júbilo, no sensual, sino grácil, en ser fieles. No me ciño a una escuela determinada, no me rijo por ninguna academia. Soy un poeta libre, con todo un mundo propio interior por decir, lleno de un contenido que acarrea su propia visión de la belleza.

Desde el punto de vista personal —no crítico sino testimonial—, ¿qué intentas revelar en tu poesía?, ¿qué es lo que buscas al expresarte poéticamente?

—Luz. ¿La velocidad de la luz? Podría interrogar a un astrónomo. ¿La electricidad? Indagaría un experto en cortocircuitos. Incapaz soy de negar las ventajas de una buena bombilla y la eficacia de los observatorios. Pero sucede, sin embargo, que con la poesía no rezan telescopios ni enchufes, los cuales se hallan colocados en su noble más limitado puesto. El poeta, para mí, va más allá del mundo natural. Va al trasfondo, no a la superficie. Y la luz de la que hablo es la que ha traspasado los confines. Es lo ilimitado, lo eterno. ¿Soy difusa? Entonces ¿cómo puedo demostrarle a los ciegos de la luz esencial que ésta es bondad, amor, alegría suprema? ¿Busco algo al expresarme poéticamente? Yo no estoy buscando nada. No estoy en la pista o pesquisa de algo. Durante mucho tiempo, yo busqué. Diciéndolo con humor, fue un pleno dolor detectivesco. Pero ya yo encontré. Esa luz sin astronomía y sin cables grisáceos. Entonces ¿por qué voy a andar buscando lo que no se me ha perdido, lo que sé que ya nunca podrá ser una pérdida?

En tu poesía, en general, se observa un cierto tono sentencioso, de profundidad vital, ¿podrías decirnos a qué se debe esta característica?

—¿Un tono sentencioso? Es muy posible. Las sentencias, sus aseveraciones o negaciones, provienen de experiencias vividas, padecidas; son pensamientos aflorados de tensos, tremendos o tiernísimos días. Sólo puedo decir que busqué densa y dolientemente y que luego viví y ahora vivo la alegría total que sólo se me niega cuando no puedo compartirla o cuando veo que no puedo proyectarme a los otros y comprendo cuán grande es la soledad, no del ser sensible e intranquilo, sino del ser sensitivo y sereno. La serenidad es algo que asusta a muchas gentes. Uno dice que está en paz y sólo por cortesía no lo insultan. Hoy en día se teme más a la esperanza que a la agitación; hoy en día, más atemoriza el amor que la agresividad o el desenfreno. En este caso, y ya que se me encuentra un tono sentencioso, yo sentenciaría: el hombre ya no busca a su prójimo sino a su enemigo. El hombre tiene sed y en vez de pedir agua, repudia el sorbo y el sosiego. El hombre, que tiene tanta sed, no sólo rechaza un breve oasis sino que enfatiza su desierto. El hombre, entonces, es un poco culpable de no encontrar alivio y un hilo de arroyuelo.

Ida Gramcko. 1960. Fotografía de Alfredo Cortina.



¿Qué sensación experimentas al escribir, sobre todo al escribir poesía?

—No es una sensación. Es un sentimiento. Que estoy entregando mi sentir esencial a lo que más admiro, que estoy desbordando un resplandor que vive dentro, en una donación fluida, espontánea. Mi desbordamiento no es un chubasco impetuoso. Es un desborde quieto. Como si fuese un torrente total de ternura. Se trata de una fuerza irradiadora que, siendo fuerza lírica, no posee el poder, el presunto poder instintivo. Creo que la verdadera fuerza del amor es también suave. El amor es, para mí, lo espiritual en grado máximo. Y aún cabría añadir que esta espiritualidad no es meramente un grado, un último escalón al que se llega después de haber hollado otros peldaños anteriores. Cuando lo espiritual es en su extremo, en su colmo, forma ya región propia, diferenciada, única, aparte. El reino espiritual irrumpe sólo, como un maravilloso castillo sin posible contacto cotidiano. Tal dimensión no es un desdén por los valores y virtudes humanos. No es que el poeta se deshumanice; no; yo diría que el poeta, en estas condiciones, se sobrehumaniza y desde tal situación está más apto para comprender el gusto fugitivo de la piel y el fuego fugaz de la manzana. Todo, desde esta perspectiva, se va situando. Se me dirá que estoy hablando desde una posición religiosa. Diré más: desde una actitud mística que yo me arrogo enteramente, sin temor a ningún agresivo o desdeñoso comentario. No se trata de que compartan conmigo lo que vivo sino simplemente de apreciarnos los unos a los otros. Yo aprecio toda poesía, me sea fraternal o distante. Ante la vida, en todas sus manifestaciones, tengo mi propio temple mas también he aprendido tolerancia. Y aún diré más. Tengo claras las motivaciones de las frases burlonas aunque éstas, desde luego, el sueño no me lo arrebatan. Esto es, pues, lo que aflora de mí porque es lo que en mí vive plenamente. Y aflore como una expresión necesaria pero también como una ofrenda, como un bien, como un estímulo para que la verdad en otros cante.

¿Cuál es tu método creador?

—Sé que hay escritores que se imponen escribir tantas horas diarias para beneficio de la exactitud y de la pulcritud del lenguaje. Pulcritud y exactitud no indican, en este caso, que lo que se exprese no sea umbrío o dramático. Me refiero a plasticidad y flexibilidad idiomáticas. Hay los que lo hacen porque son perezosos y quieren superarse. Todo ello me parece positivo. Pero a la vez sé de escritores que piensan que el método es una búsqueda de novedosas técnicas, de verbalismos intrincados. Con esto, a mi modo de ver, no se logra jamás una obra de arte. El arte es una entrega amorosa; el arte no es una curiosidad. Puede ser raro, por lo hondo, más no es una rareza, un exotismo. El arte proviene de un sentimiento o de una idea, pero no de un deseo de epatar. Y lo digo pues he podido observar que hay artistas en quienes el anhelo de “ser nuevos” conduce a una retórica contemporánea. Una palabra, larga y tediosamente trabajada, es una palabra enrarecida pero no es nunca una palabra nueva, inesperada, extraña, pues no deviene de un pensamiento y de un sentir inéditos y audaces. Se está, por un hecho interior, en lo nuevo, en el hallazgo, lo que es muy diferente y opuesto a buscar, formalmente, una voz de vanguardia. Por ello, cuando escribo nunca utilizo el regodeo verbal. No me gusta exhibir los vocablos sino darlos en su plenitud. Las excesivas fruiciones idiomáticas me parecen alarde innecesario. Lo que se percibe hondo o elevado ha de decirse, a mi manera de ver, sin pensar en el turismo. La hermosura que vive en un poema ha de brindarse sin ostentación, sin virtuosismo, sin carteles untuosos, sin fofa propaganda. Lo que hago siempre —ya es un modo de ser, no un hábito— es una compenetración constante con lo que siento, una precisión pertinaz de lo que venero y lo que amo. ¿Es ello una disciplina? Quizás, pero entendiendo por disciplina una continua disposición, receptividad o fidelidad para con lo inefable. Soy muy rigurosa, muy clara para con lo que pienso y lo que quiero. No me gustan las confusiones. Y por ello me sorprendió una nota sobre un libro mío en la que se decía que este último señalaba un ejercicio de paciencia. Además de sorprenderme, me causó mucha gracia. Pues yo no busco la rima minuciosamente, como una escolar muy aplicada. La rima, en mí, siempre ha sido natural. Pero hay que comprender que en el mundo de hoy se confunden a menudo la armonía, el equilibrio —¡carece tanto de ambas cosas!— con una tarea prolija de estudiante.




¿Cómo te definirías desde el punto de vista intelectual?

—Ese punto de vista está, para mí, ligado al emotivo. Desde él, creo que soy un poeta que percibe un romanticismo y un medievo futuros. (¡Qué barbaridad!, dirán los historicistas.) Más yo no digo que la historia se repita. Sólo digo que hay valores perdidos a los que el hombre volverá la mirada.

Yo pienso que sobre todas las cosas tú eres poeta. Entonces, ¿qué es para ti la prosa?

—La prosa está ligada al tiempo, aunque hoy en día éste haya sido tratado en ella con una elasticidad innegable. Recordemos la figura de Orlando, de Virginia Woolf, quien salta, en un solo instante, varios siglos, convirtiéndose de hombre a mujer, sintetizando así muchos años de vida de una familia inglesa. Ese tiempo elástico también podría ser estudiado en Kafka, en Faulkner y en el teatro contemporáneo. Pero, de todas formas, en la prosa siempre intervienen el personaje y el objeto, por más sutiles que sean. Se les puede matizar, tamizar, pero no eliminar. La prosa tiene un mundo sensorial, jugoso, que le es ineludible. La empleo precisamente cuando quiero referirme a lo temporal, en su gracejo pero también en su fugacidad. En mi libro Este canto rodado quise dar el tiempo en la prosa y en la poesía la eternidad.

Ida Gramcko. 1960. Fotografía de Alfredo CortinaImagen tomada de aquí.



¿Encuentras igual satisfacción cuando escribes poesía, teatro, ensayo, ciencia-ficción, etc., o si son, por el contrario, formas de la creación de las que te vales para tu creación esencial: la poesía? ¿Qué ventajas y resultados has obtenido de esa experiencia?

—Mi teatro es un teatro poético y siempre en él, aunque dibuje con todo cuidado y cariño los personajes más cotidianos y terrenales, mantengo el nudo o el hilo del asunto asido a la figura centralizadora que es siempre una voz de ensueño e idealismo. La satisfacción es la misma que en la poesía. En cuanto a la ciencia-ficción, he tratado también de dar en prosa las distinciones entre tiempo y eternidad, entre lo pasajero y lo que perdura, y siempre la madeja del asunto queda iluminada por la silueta en la que se realiza lo segundo. Siempre lo etéreo, lo inefable gana. Pero en ningún momento he desdeñado las propiedades de la prosa. No es un pretexto para la poesía. Se da en sus límites coloreados y aromados. Mi prosa no es instrumento para mi poesía. Me considero prosista también. Mis ensayos quieren ser análisis psicológicos de seres que deseo interpretar y comprender. Pero en el ensayo siempre hay un tono crítico y por ello el propio pensamiento, la propia visión del mundo irrumpe en comprensión pero también en réplica, en tono fraternal pero también señalador. Por ello me resulta tan satisfactorio escribirlos. Las ventajas y resultados que he obtenido al saber que escribo prosa y poesía acaso consistan en que me percibo abarcante.

¿Sientes que te has logrado plenamente en tu trabajo literario?

—Sí.

¿Cuál de tus libros ha tenido o tiene mayor importancia en tu obra literaria?

—Si mis últimos libros señalan un alcance, los otros señalan una búsqueda tan desmedida que no podría darles menor cabida en mí. Diciéndolo poéticamente, si el palacio ahora me colma, no puedo dejar de agradecer sus cimientos o búsquedas que fueron tan leales en su jadeo sin tregua, en su indagación trémula, incesante.




¿Te consideras integrada a una determinada generación literaria?

—Me han dicho que pertenezco a la generación del 42. Pero ¿es ello importante? Lo importante es el poeta, no su generación. Y yo me siento sola, sin pertenecer a ningún grupo.

¿A qué maestro te crees deudora? Y si es pertinente, ¿qué piensas de las influencias literarias?

—No me siento deudora a ningún poeta. Acaso he encontrado maestros en el aprendizaje de la vida y eso me colma. Ahora, sin embargo, soy yo la que quiero ayudar, dar. El verdadero poeta no es deudor sino para consigo mismo. De la fuerza dramática, dolorosa, de su pasado, dependerá su presente sereno o su esperanzado porvenir. En cuanto a las influencias, me resultan un asunto inmaduro. En palabras corrientes y molientes, y muy venezolanas, un poeta tiene que “comerse” a todos los poetas, no en el sentido de negarlos sino de ser independiente de todo influjo fuerte que debilite la individualidad de su ser. Por supuesto que soy incapaz de negar las auténticas afinidades. Pero en este caso ya no se trata de dominio sino de encuentro claro.


*Entrevista publicada en el Papel Literario, edición del 18 de febrero de 1968



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18/04/2026



domingo, 4 de agosto de 2024

Ida Gramcko, Stella Díaz Varín y Yolanda Westphalen: Tres Poetas silenciadas y convidadas invisibles

 

Poetas latinoamericanas  Ida Gramcko, la chilena Stella Díaz Varín y la peruana Yolanda Westphalen


Las convidadas invisibles, historia de tres poetas silenciadas


La venezolana Ida Gramcko (1924-1994), la chilena Stella Díaz Varín (1926-2006) y la peruana Yolanda Westphalen (1925-2011) ejemplifican el olvido al que se ha sometido la vida, obra y trayectoria de muchas autoras latinoamericanas



MARÍA ALCANTARILLA

19 JUL 2021 - 11:34 VET

Mucho se ha hablado de la necesidad de revisitar aquello que se dio en llamar el boom latinoamericano, que, por una parte, se ha terminado asimilando como un fenómeno incompleto (debido a la llamativa ausencia de representación femenina. Rosario Castellanos, María Luisa Bombal, Nélida Piñón o Clarice Lispector —por citar solo a algunas de las excluidas entonces— dan buena muestra de ello) y que, por otra, ha mostrado sus costuras, más como un fenómeno mercadotécnico (otra forma de “vender” América Latina) que como un movimiento exclusivamente literario. Sin embargo, la historia en ocasiones “imparte justicia” y, hoy en día, narradoras como Samanta Schewblin, Guadalupe Nettel, Margarita García Robayo, Vera Giaconi o Mónica Ojeda no solo están rompiendo con las propuestas estéticas asimiladas como puramente latinoamericanas (hasta ahora en su mayoría masculinas) sino que han abierto una nueva puerta de comunicación con el mundo y, en cierta medida, están llevando a cabo un ejercicio de disolución de las fronteras —físicas y mentales—.


Con todo, en la actual tesitura, aún sigue presente un escalón que parece insalvable: el hecho de que se siga considerando a la poesía un género de segunda. En este sentido no son pocas las poetas nacidas en los años veinte que, como en una línea paralela, hubiesen debido brillar con la misma luminosidad con que lo hicieron, y aún lo hacen, figuras tan conocidas como Eugenio Montejo, Nicanor Parra, Pablo Neruda, César Vallejo, Drummond de Andrade o Lezama Lima. Silenciar de forma deliberada una gran parte del imaginario femenino aumenta nuestra deuda con la historia. Lo dejó dicho Machado cuando nos advertía de que solo existe la desesperanza cuando aparecen los tres símbolos de la nada: el silencio, la muerte y el olvido. La venezolana Ida Gramcko (1924-1994), la chilena Stella Díaz Varín (1926-2006) o la peruana Yolanda Westphalen (1925-2011) ejemplifican el olvido al que se han sometido, no solo sus vidas, sino sus obras y sus trayectorias profesionales.


Elizabeth Shön


Fe en el destino

Vivía escribiendo, encerrada dentro de un cuarto —escribe Elizabeth Shön en su Relato sentimental sobre Ida Gramcko—. Le pregunté qué escribía y me dijo que eran poemas, y que los escribía desde siempre. ¿Cómo que desde siempre, Ida? Su mamá me contó entonces que cuando ella tenía cuatro o tres años y medio, empezaba a llamarla, le decía que corriera para dictarle una cosa, «una cosa que tengo aquí arriba en la cabeza». Eso era un poema”. Además de su sensibilidad precoz, Gramcko fue una de las primeras reporteras de periodismo policial en El Nacional y, en torno a 1948 —encomendada por el presidente Rómulo Gallegos—, ejercerá labores diplomáticas como encargada cultural (en realidad se desempeñó como encargada de negocios. Nota del editor) en la Unión Soviética. Nueve años después sufre un doloroso episodio de psicosis que se alargó más de lo esperable pero del que sigue manando una gran obra. No en vano, su propuesta podría emparentarse con la de Rilke, Santa Teresa de Ávila o William Blake. “No eres lo que se piensa —leemos en Poemas de una psicótica—. Eres lo que se ama. No eres conocimiento sino solo estupor. No eres el perfil sino el asombro. No eres la piedra sino lo inaudito. No eres la razón sino el amor”.

Voluntad de paso

“Quise estudiar en la universidad pero el jefe de la familia, que era mi hermano mayor, dijo que estudiar era una tontería, que la mujer debía estar en casa, casarse, tener hijos y mantener su hogar. […] Fue la primera vez que lloré, me acuerdo, sola, con un llanto que exprimía todo mi ser, porque al instante sentí mi vida completamente fracasada”, contaba Westphalen en 2006 para Gaceta Cultural del Perú. Y no se conformó a pesar de que, para ello, tuvo que pagar ciertos peajes (ser esposa y madre era más una imposición que una cuestión de libre albedrío). Terminó doctorándose en literatura en la Universidad Mayor de San Marcos, en 1976, con la tesis Interpretación y análisis de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. La emotividad de lo cotidiano, lo que habitualmente pasa desapercibido y que podría resultarnos incluso baladí a ciertos ojos poco experimentados, funda una obra en sintonía con lo que Chantal Maillard refiere: “¿Qué fue de aquella inocencia en la que la percepción, lo percibido y quien percibe era uno y lo mismo?” Westphalen escribe en Palabra fugitiva: “Desde tu infancia quieta llega a sepultarse / en la brisa / tu primera sonrisa. / Héme aquí sola / entre la niebla que presagia un viento interminable”.

Nihilismo rabioso

Hija de un padre relojero anarquista y de una madre descendiente de una familia francesa de alto abolengo, Stella Díaz Varín “La colorina” es una poeta controvertida que supo desenredarse de etiquetas generacionales para regalarle a su sociedad una voz comprometida con su firma. Y, aunque llegó a Santiago en el 47 para estudiar medicina y especializarse en psiquiatría —propósito que abandonó—, terminó por integrarse activamente en la Alianza de Intelectuales. Sin embargo, al tiempo, ese mismo grupo la expulsó alegando traición. Porque, si algo derramaba Díaz Varín era personalidad y voz propia. Al igual que Gramcko, su relación con la poesía es prematura, con un especial ensalce de la figura de su padre, que falleció cuando ella solo tenía siete años, razón por la cual, más tarde, advertimos su interés por las abandonadas, las viudas, las mujeres que han de desenvolverse en solitario. “De ella, la tentadora de la muerte durante ocho siglos, / la que en sus manos tiene dos trigales y en sus sienes de niña / una rama florecida de lágrimas, / de ella la novio que tendió sus velos por sobre los abismos / de ella la vencedora, la cercana / de esa mujer soy hija”.


“El poeta se aferra a las palabras como a un vientre”, nos dejó escrito Gramcko en Poemas de una psicótica. Pero las tres representan esta idea. ¿De qué otra manera podrían haberse emancipado de su tiempo si no fuese por esa férrea convicción en el oficio que las ha hecho, no solo universales, sino voces perennes en la historia? Desde el olvido de sus obras, desde un canon que, a sabiendas, omite su memoria, estas tres poetas siguen hablándonos en presente.


Tomado de El País




lunes, 29 de julio de 2024

Ida Gramcko en el Programa "Entrelíneas": Yo ya no creo en la inspiración, ni en el inconsciente. El poema es un trabajo consciente

 


Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes esta entrevista realizada a Ida Gramcko (1924-1994) por el programa televisivo Entrelíneas, conducido por Antonio López Ortega. En el programa podrán disfrutar del respaldo a una exposición homenaje al Premio Nacional de Literatura 1977 Ida Gramcko hecha por la Biblioteca Nacional. Esta exposición homenaje fue hecha en 1990, por lo que deducimos que el programa fue transmitido en septiembre de 1990


Entrelíneas, fue un programa producido por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y hecho en el Centro Au.diovisual de la Universidad Nacional Abierta. Fue transmitido por VTV y la Televisora Nacional Canal 5 de 1988 a 1992. Semanalmente se emitía un episodio (aproximadamente 216 episodios totales) y era un programa dedicado al mundo del libro.

Ahora copiaremos la manía de otro portal cultural venezolano que  colocan hasta el nombre de la fotocopiadora que usaron.  Y nos haremos autobombo por la magnífica labor que venimos haciendo desde hace años.Toda la labor de transcripción, montaje y selección de fotogramas ha sido hecha, como siempre se ha hecho, por nosotros. Y no podemos negar que somos muy buenos haciendo lo que hacemos...


Entrelíneas. Plantilla:


Instituto autónomo Biblioteca Nacional


Conducción:

Antonio López Ortega.


Producción ejecutiva:

Mercedes Coello

Luna Benitez


Consejo asesor:

Virginia Betancourt

Gustavo Luis Carrera


Consejo de programación:

Antonio López Ortega.

Francisco Pereira

Norma Arocha

Mercedes Coello


Dirección general:

Annabella Maso


Dirección de arte:

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Dirección de Campo:

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Dirección de estudio:

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Dirección técnica: 

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Producción:

Alberto Márquez


Asistente de arte:

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Cámara:

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Vinicio Morales

Federico Roig


Asistentes de cámara:

Harold Barreto

Bernardo Caripe


Iluminación:

Eduardo Alvarado

Víctor Echeverría

Jaime Hermoso


Sonido:

Néstor Díaz

Héctor Márquez

Orlando Márquez


Música original de Miguel Noya


El programa fue hecho  en el Centro Audiovisual de la Universidad Nacional Abierta.


Disfruten de la grabación.


Atentamente


La gerencia


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Programa Entrelíneas ~ Homenaje a Ida Gramcko





Muy buenas noches amigos de entre líneas la Biblioteca nacional viene desarrollando desde hace ya bastante tiempo un programa de celebración a los Premios Nacionales de literatura. Ya van en lo que serían los dos últimos años aproximadamente 10 entregas de este interesante premio. En este mes de octubre y con con una inauguración a partir del mes de septiembre se dedicó la exposición a Ida Gramcko, una de nuestras escritoras más sobresalientes y también diría yo, más desconocidas, más periféricas . 

A través de una presentación del poeta Alfredo Chacón y también de Víctor Pereira, se compiló un excelente catálogo con una cronología, con una bibliografía y también con documentos iconográficos de Ida.


Con motivo pues de este nuevo evento, nos desplazamos hasta su casa, hasta su estudio, hasta su lugar habitual, su lugar íntimo. El lugar de una escritora perseverante, tenaz que no ha cesado de escribir y que se ha desenvuelto con igual Libertad en el campo de la poesía, del ensayo, del teatro e incluso de la reflexión del pensamiento. Veamos pues los de Ida, en su estricta intimidad, en su casa, sobre la poesía y sobre el acontecer poético.



En primer término yo, agradezco enormemente este homenaje a la gran creadora de la Biblioteca Nacional Virginia Betancoutr, a Eduardo Liendo y a los que hicieron la presentación como Alfredo Chacón y Víctor Pereira. Pero siento que este homenaje principalmente o esencialmente me compromete más no solo con mi propio oficio que es la creación, sino precisamente con la receptividad de los lectores, de los que me han leído y tendrán la paciencia de seguirme leyendo. En ese sentido pues me compromete el homenaje que me hace la Biblioteca 

Básicamente es otorgar sentido a la vida y otorgar sensibilidad a la vida. Porque fíjate bien, Hablando nosotros diariamente hemos ido degradando el vocabulario. Yo me acuerdo que el profesor Rosenblat, decía que nuestro lenguaje cotidiano era una degradación del canto.

El hombre empezó por cantar, por danzar a sus ídolos en lo primitivo. Es decir hay que renovar, limpiar, despejar de nuevo el idioma. Y en este sentido yo, digo también que es el lenguaje original del Hombre porque lo primero que hubo en esto que llamamos mundo fue el canto y la danza y los ritos primitivos. Entonces lo primero que hizo el hombre fue cantar. Entonces en ese sentido yo creo que tenemos que renovar un poco retomar la actitud original y volver a fundar las cosas, volver a crear el mundo. Claro que no en un sentido geográfico. Crear el mundo como diálogo, como comunicación. Crear el mundo significativo. Precisamente yo creo que ocupa el lugar de La Rebeldía, de la subversión. Aquel lugar al que no convence lo tecnológico. Yo no tengo nada contra la técnica y creo que debe utilizarse pero la poesía vuelve por los fueros de la de la humanidad, de la sensibilidad, de la imaginación. Yo, por ejemplo soy una gran lectora de buena ciencia ficción y todo lo que es tecnológico. En ese sentido me atrae mucho pero creo que la posición del hombre básicamente es de humanización, de rescate de los valores más profundos. Porque fíjate que hoy en día con lo tecnológico el consumidor es el que está en primer lugar. Cualquier cosita nueva que aparece que sea muy curiosa y muy divertida y muy juguetona dispara el deseo de comprar, el afán de comprar es completamente casi neurótico. Entonces claro habría que retomar la la la las ideas del hombre, las sensaciones del hombre ante objetos más más generales o más frescos o más o menos en ese sentido menos maquinales, menos mecánicos. Entonces sí creo que la poesía y todo el arte en general tiene digamos indirectamente la función de revivir un mundo como el primer mundo, como el jardín del Edén en donde todo se nombraba por primera vez.


Claro que no lo podemos hacer exactamente como lo hacían los primitivos, porque somos personas que usamos teléfonos, tenemos televisor pero puede el artista retomar en un momento dado esa actitud primigenia de descubrimiento, de asombro ante las cosas. 




Después de estos interesantes comentarios es importante ver la mención, oír mejor dicho la mención de los organizadores de esta exposición. Veamos pues la intervención de Eduardo Liendo, escritor y novelista reconocido quien fue el responsable por Biblioteca Nacional de la Organización de esta exposición 



Hay materiales muy diversos. En primer lugar están expuestos todos sus libros, algunos son prácticamente curiosidades porque no se han reeditados desde hace algunos años.

Esta es una muestra hemerográfica muy interesante porque están trabajos periodísticos de Ida Gramcko desde la década del 40. Ida además de ser una extraordinaria poeta tiene la calificación de ser una de las primeras reporteras que ha tenido este país. Y algunos de esos reportajes como el que ella hizo sobre Teresa de la Parra, la gran escritora nuestra. A Juan Liscano le hizo un extraordinario reportaje, a Manuel Segundo Sánchez, a Aquiles Nazoa. Como les decía no son cosas recientes sino trabajos, artículos de la década del 40 y del 50. Esa labor en ella ha sido ininterrumpida. Después hay un registro fotográfico muy amplio de la vida, de la existencia de la poeta Ida Gramcko que es una mujer excepcional. Porque Ida Gramckco es uno de esos seres humanos que tienen un proceso muy interesante de autoconstrucción.

Ida Gramcko es una mujer que no fue tempranamente a la escuela. Ella confiesa que prácticamente aprendió a leer leyendo los avisos de los letreros en las calles de la ciudad. Ella es una autodidacta, fundamentalmente, hasta cierto momento de su vida. Es posteriormente, después de su su juventud cuando ella hace la libre escolaridad de la escuela y del bachillerato, se inscribe en la universidad, adquiere la licenciatura en filosofía, pasa a ser docente de la universidad. Creo que da filosofía del arte y mitología en la Universidad Central y entonces es como otra parte de su vida 


Yo me di cuenta de que en muchos aspectos la gente cree que la obra de arte es una improvisación y creen todavía en la inspiración, en el trance y en el rapto. Yo creo que un creador es básicamente, no un Bohemio, sino un obrero y tiene por lo tanto que trabajar y que luchar mucho. Entonces haber estudiado desde el sexto grado, estudié en libre escolaridad y luego filosofía bueno fue una vía para entrar en conocimiento de una serie de autores que yo, en esa época conocía pero no muy a fondo. Entonces me preparé pues en ese sentido y creo que cada día estoy en el mismo temple preparándome, creo que básicamente el artista debe ser una persona enterada no solo de los de los libros o de los filósofos y de los pensadores. Sino de todos los problemas que hay en el mundo. 




Habría que agregar a esto que Ida fue también una de las primeras diplomáticas  mujeres. Incluso no solamente en Venezuela sino en el Continente. Fue agregado de negocios de Venezuela en Moscú en los años 40 y además es una escritora polígrafa, tiene obra teatral, tiene obra ensayística, todo su trabajo periodístico que es sumamente interesante y su obra poética que según la crítica es la que más la califica como creadora 



Tuve la gran oportunidad de conocer era al poeta venezolano francés Roberto Ganzo, que es considerado en Francia como un gran poeta y él en verdad me abrió muchos Horizontes en ese sentido poético. Él tradujo mi libro La Vara mágica al francés. Luego en Moscú, el que era el jefe de la editorial del estado que se llamaba Fedor Kelin, que era un Ruso blanco que se quedó con la revolución. Era un visitante asiduo a mi apartamento, a mi hotel y él también me tradujo al ruso La vara mágica y me pidió una obra de teatro para títeres o muñecos para niños  y yo se la hice. No sé qué pasó con eso porque vino La dictadura, yo me vine apresuradamente y las cosas quedaron. Así no que volví a saber de él. Era un tipo cultísimo que hablaba español perfectamente. Esas dos experiencias fueron muy positivas Pero además el contacto con lo que eran los bailes populares, las danzas populares soviéticas, el teatro para niños, el teatro para títeres donde montaban cuentos de hadas de una manera extraordinaria. Todo eso me sirvió de acicate también para escribir lo que hice posteriormente.



Por último a manera de complemento final, vamos a vamos a ver qué dice la crítica. Alfredo Chacón reconocido poeta e investigador literario y quien conociera a Ida Gramcko en su juventud. Un conocimiento que fue aparentemente determinante. Igualmente una de sus contemporáneas Elizabeth Shön quien compartió con ella los primeros albores de esta vocación. Veamos sus comentarios:



 Es verdad yo la conozco muy íntimamente y tan íntimamente que La tempestad (durante la filamación de la participación de Shön se desató un aguacero. Nota del editor)nos ha ayudado de fondo porque a ida uno de los músicos que más la conmueve es Wagner, y cuando usted público escuche los truenos piense que es la tempestad de Wagner, que no es otra cosa. Porque las dos, los dos son muy afines y no solamente en el sentido de que ella le gusta. Sino que Ida en su poesía es muy wagneriana porque ella es muy fuerte, muy cargada, muy exuberante como es Wagner. Así que no les asuste que esto ocurra. 


Richard Wagner - Ride of The Valkyries


Yo conocí a Ida desde muy niña y a mí una de las cosas que más me gustaba era verla caminar. Porque cuando ella iba por la calle, ella no caminaba, ella flotaba. Ella iba así como que la llevara el viento y indudablemente que es un fenómeno como poeta. Es un fenómeno y creo que es un fenómeno mundial, porque no es nada más que en América, es en el mundo entero. Ella nació siendo poeta y eso le trae como consecuencia que se diferencie tanto de los demás poetas. Porque los demás poetas buscan el lenguaje, luchan con el lenguaje, a veces hasta tienen un brollo, vamos a decirlo en estas palabras, con el lenguaje, Ida no.  Ida cuando tenía 4 años, ella se sentaba en su cama y llamaba a su mamá y le decía mamá, mamá búscame un lápiz porque tengo una cosa aquí, en la cabeza que quiero decir, que quiero decir, que quiero decir. Entonces su mamá venía y ella le dictaba el poema porque ella no sabía escribir. Quiere decir que para ella el lenguaje vino con ella. No fue adquirido, no fue buscado sino está en ella y como yo no he visto en ningún otro poeta 



Yo empecé a aprender a leer en los letreros de las calles. O sea que cuando llegué a un colegio de monjas donde no estuve sino un año, que ya fui muy pequeña ya yo sabía leer y escribir. Y hay una anécdota muy hermosa Que muchísimos años después yo estaba en Caracas, una mujer, una persona me dijo que yo había escrito en el pizarrón del colegio uno de mis primeros poemas, el poema decía: 

en esa mata de verdosas hojas 

como un alma blanca surge 

un lirio encantador 

es como tu niña y guirnalda 

donde en el monte que floreció 


Eso era poemas además escritos con letra manuscritas. Entonces yo estoy escribiendo desde que tengo prácticamente 3 años y claro ya mi desenvolvimiento posterior porque no tuve sino un año en ese colegio fue completamente de autodidacta, hasta que vine a estudiar ya entrada en años 




Y lo más asombroso de su obra es que lleva una unidad interior increíble. Es como un solo río y de ese río se desbordan cascadas, se desbordan arroyos, se desbordan piedras, se desbordan sombras, es algo verdaderamente único. Por ejemplo en Umbral, ella creo que umbral lo hizo cuando tenía 13 años de edad 12 años de edad, una especie de Mozart. Ella dice así:


No, no no puede ser ni puedo tampoco ser 

yo misma hasta que no haya saboreado toda,

toda la hiel amarga y el alcíbar


esto en una criatura de 12 años en Puerto Cabello es un fenómeno. Porque Puerto Cabello en aquella época, era una cosa de ignorancia sobre lo que era la poética, sobre incluso sobre lo que eran los problemas humanos. Y ya esa edad Ida lo estaba dando. Después en  La vara mágica que es un libro bellísimo. (Truenos) no no se preocupen que este es Wagner que nos está acompañando Hay un poema que se llama La Cenicienta ella dice algo que la Define totalmente,Define totalmente su obra y al definir su obra se define ella también, porque nunca el escritor o el artista está separada de su obra 


porque la vida siempre es ser algo

ser la rosa o la Fuente ser la casa o el árbol


 y asombra que después que ella hace cantidades de libros entre los cuales se cuenta a "Poemas" que uno de los libros fundamentales de la literatura universal ella dice que: el alma es un poético proyecto.  Es decir, ella tiene la sensación de que para ser poeta no se requiere de eso que llamamos inspiración, sino que hay un desarrollo, hay incluso una voluntad, hay una incluso también una predisposición para llevar a cabo todo lo que está por dentro y por eso es que ella pone: Es un poético proyecto.



Si, se trata pues de lo paradojal que pudiera haber entre lo reflexivo y lo sensible. Es decir yo, no creo que lo que básicamente importe en un ensayo sea lo racional sino lo consciente. Hay que diferenciar razón de consciencia. Hay una toma de conciencia de ciertos problemas de arte o una toma de conciencia de una visión del mundo determinada que uno va a dar. Entonces eso que podríamos llamar lucidez o conciencia también yo creo que es necesario para la poesía. Porque si la poesía es básicamente sensibilidad, imaginación e intuición también creo que ya es el momento en que el autor tome conciencia de lo que está haciendo. Yo no creo ya en inspiración, ni en raptos y ahora ni en eso que está tan de moda que es el inconsciente. Todo el mundo dice: Yo no tuve la culpa porque eso fue el inconsciente. Evidentemente que el inconsciente aportó material, pero el trabajo posterior, que es el del poema es un trabajo consciente 


Por una parte Ida fue desde muy joven una reportera, fue una reportera fundadora del diario El Nacional. Ycomo tal rindió una labor enorme no solamente sobre figuras de la vida literaria y cultural sino sobre figuras de la vida nacional en general. Cuya relectura a través de una edición suficientemente bien concebida y realizada sería espléndida. Ida ha sido desde siempre desde ese momento una brillante articulista en varias secciones de la prensa venezolana sobre todo del Nacional durante largos y continuos años. Allí hay un seguimiento atento, demorado y realmente inteligente. Además volcado en una escritura de una espléndida calidad estilística todo lo que ha sido la cultura venezolana desde los años desde los fines de los años 40 en adelante, sobre todo los años 50, sobre todo fines de los años 40 y años 50.

Además Ida es una pensadora de la poesía como decía, cuya obra en ese sentido debe ser también reunida para que pueda ser vista como tal. 

Otra fase importantísima de la vida literaria de Ida es la de dramaturgo. Ida Gramcko fue uno de los autores que irrumpió en el teatro venezolano en los años 50 y además a través de una forma muy poco usual del teatro hispánico en general contemporáneo como es el teatro en verso 



Yo empecé, es decir ya desde que Fedor Kelin me pidió la obra yo usé un cuento de Hadas, "La hija de Juan Palomo" un cuento español para hacerlo en teatro. No sé si lo hicieron en títeres o lo hicieron teatro para niños.  Y luego yo cuando vine a Venezuela empecé a tomar en cuenta leyendas venezolanas: Belén Silvera, posteriormente María Lionza, La mujer del catei, La Rubiera que también es una leyenda e hice obras de teatro basadas en el mito pues venezolano y claro todo eso contribuyó no a despertarme porque a mí ya me interesaba mucho ese aspecto que llaman popular porque arte es arte en cualquier aspecto pero en verdad fue un incentivo muy grande 



Lo que ocurre con Ida, es que hoy en día me da la impresión que este tipo de poesía, que es una poesía que tiende a buscar y a ahondar en lo que es la vida, en lo que es el pensamiento, en lo que es el amor, en lo que es la muerte sobre todo. Es una poesía que pareciera no llegarle a a las personas y yo creo que verdaderamente lo que necesita hoy el hombre en este día,  es casualmente investigar, indagar esos temas. Porque son los temas fundamentales de él mismo, no son abstracciones, son fundamentos de él mismo.   Ida funda en el mundo un un universo poético, quizás uno de los más grandes universos poéticos que tiene nuestra América y lo que a mí  me duele, es que hoy en día Ida no tenga el mismo lugar que que tiene un Vicente Huidrobo, un Pablo Neruda, un César Vallejo porque ella está dentro de esa categoría



En cada uno de los géneros sí se encuentran necesidades distintas de expresión. Porque. por ejemplo. a mí me parece que la poesía es un fenómeno mucho más sintético, mucho más condensado que la prosa que se extiende y se despliega. Es decir, en el teatro tú puedes utilizar, es lo que se utiliza personajes y los personajes con su drama particular singular. O sea hay un despliegue un desarrollo digamos de vida más figurativa y lo mismo sucede con la prosa. Claro que un ensayo también hay pensarlo mucho meditarlo y condensarlo Pero no es lo mismo trabajar en poesía, que en un artículo o que en un teatro, no. Hay un elemento humano que se da menos, más desplegado, menos sintetizado en esos otros géneros 



Recordemos pues una vez más la exposición dedicada a Ida Gramcko, nuestro premio Nacional de literatura 1976, dentro de la serie de exposiciones bibliográficas, hemerográficas, sonoras y fotográficas  de premios nacionales de literatura. Esta exposición, estará abierta a público durante todo el mes de octubre en la propia sede de Biblioteca Nacional, de bolsa a San Francisco.

Y ya que estamos situados en el campo de la poesía y del ensayo hagamos algunos comentarios editoriales de las últimas novedad que hemos recibido. Monte Ávila Editores dentro de su colección pensamiento filosófico ha editado dos libros uno de Heidegger, Martin Heidegger, poeta y mejor dicho filósofo fundamental de este siglo: Shelen y la libertad humana y por otro lado también en esta colección pensamiento filosófico Dieter Henrich Hegel en su contexto, otra traducción en este caso llevada por Jorge Díaz

Las uvas del racimo de Javier Sologuren, el poeta peruano en esta hermosa colección Tierra Firme. Sologuren establece acá toda su obra de traducción de poetas algunos bastante desconocidos. Como su mismo nombre lo indica Las uvas del racimo viene a ser una Selección rigurosa del trabajo de traducción llevado a cabo por Sologuren desde muchísimos años, otro poeta fundamental de Perú

La edición en Fondo de Cultura, también en la colección Tierra Firme, del Alfabeto del mundo de Eugenio Montejo, uno de nuestros poetas más fundamentales. Cabe decir que Montejo José Balza y algunos otros más son de los pocos autores y que habría mencionar también a Juan Nuño son de los pocos autores venezolanos publicados por la editorial mexicana.

También la Antología de la poesía hispanoamericana, la contraparte podemos decir del libro de Julio Ortega, esta vez abordada por Juan Gustavo Cobo Borda con una selección, un prólogo Y por supuesto las notas bibliográficas.

La muerte del estratega compendio de narraciones, prosas y ensayos de Álvaro Mutis en Fondo de Cultura económica uno de los poetas colombianos fundamentales residenciados ya desde hace un tiempo en México y de los más importantes también  en España, donde Mutis ha tenido una resonancia tremenda en los últimos años

Vamos a darles pues las gracias a ustedes por su asistencia y e los esperamos muy cordialmente el próximo viernes en este mismo espacio Entrelíneas a esta misma hora y por este mismo canal. Muchísimas gracias por su atención, muy buenas noches y hasta la semana que viene




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