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jueves, 3 de septiembre de 2020

Pedro Crespo,un valenciano de Venezuela que está tejiéndose un nombre propio en la música en España

 




El valenciano y joven cantante Pedro Crespo,está tejiéndose a pulso y sudor un nombre propio en el campo de las Artes, específicamente en la música.

 Este carismático y talentoso inmigrante venezolano que hoy por hoy lleva tatuado el tricolor nacional en sus ojos, pareciera bautizado por sus ancestros caroreños con el don de la prosa poética y el ritmo lírico aunado a una persistencia admirable. Forjando para quienes lo conocemos una carrera como cantautor en la madre patria. 

 De la guitarra voladora de este venezolano radicado en Madrid parece brotar un elixir misterioso y mágico con el que puede envolver con mucha facilidad  tanto el oído mas selecto como también refrescar el tímpano del espectador cotidiano. Para Pedro Crespo la Música no solo representa su pasión,su apostolado,sino que también su disciplina de estudio,como lo reflejan sus anos de formación en el conservatorio. afinando no solo sus conocimientos sino también llevando acabo el legado encomendado por su padre que desde el plano terrenal  y ahora desde el plano infinito lo acompaña en su peregrinar creativo sabiendo que dejo bien plantada su semilla creativa en este mundo. 

atte Jose Gregorio Medina


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 José Gregorio Medina.

Profesor de Literatura y amante de la Poesía.





Actualizada el 23/03/2026
04/12/2022


lunes, 16 de abril de 2018

Alirio Díaz: La guitarra es un ser vivo que tiene mucho de mujer y transmite una corriente de emociones.




Alirio Díaz. Fotografía José Antonio Rosales


Estimados Visitantes

Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar esta entrevista que Rafael Simón Hurtado le realizó a la ya desaparecida  leyenda guitarrística venezolana Alirio Díaz (1923-2016)


Deseamos disfruten de la entrada.


Atentamente


La Gerencia


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Rafael Simón Hurtado

El lugar donde nació Alirio Díaz, La Candelaria, -un pequeño pueblo cercano a Carora, en el estado Lara-, un 12 de noviembre de 1923, se conserva igual al día en el que su madre lo alumbró, dice el propio maestro. Sigue siendo un caserío agobiado por el sol y demorado en el tiempo. Una aldea aislada y deprimida que no tiene que ver con las ciudades del mundo por las que hoy anda: Roma, Edimburgo, Viena.

Pero Alirio Díaz, a pesar de tanto universo transitado, no ha perdido el músculo de tierra primitiva que todavía lo ata al lugar donde vio aquella luz. La que lo impregnó –según supo después- del genio con el que ha tejido la música de su guitarra.

Estuvo en Valencia, deteniendo su tránsito europeo, lo que nos dio la oportunidad de acercarnos a él en una Naguanagua menos cosmopolita que Viena, pero más ruidosa y arriesgada que el pueblecito de La Candelaria. A la cita asistimos el fotógrafo José Antonio Rosales y este servidor, gracias a los buenos oficios –es necesario decirlo- del profesor de la Universidad de Carabobo Pedro Crespo, quien lo condujo a la cita, en compañía de otro personaje iluminado por el genio de la música, según lo afirmado por el mismo maestro, el concertista de cuatro Leonardo Lozano.

Pedro Crespo
 
Esa mañana, el instrumento de su corazón nos mostró al larense exacto que es. Al músico de convicciones armónicas y al ser humano que es capaz de impresionar por su ausencia de vanidad. En estas líneas, la reproducción afectuosa de sus palabras.

Alirio Díaz. Fotografía José Antonio Rosales


La semilla de la música

La conversación se inició justamente por el recuerdo de las calles y las casas del caserío de La Candelaria. La primera cosa que nos dijo es que viene de un hogar de campesinos larenses. Su padre, que había nacido en Carora, en 1885, a los 18 años se mudó para el campo, sacándole el cuerpo a la guerra civil. Y fue en La Candelaria, caserío ubicado a 30 kilómetros de Carora, donde se estableció, finalmente, como dependiente en un negocio de pulpería.

Allí conoció a la que sería la madre del maestro, con quien concibió diez hijos más. En ese lugar –dice- transcurrió su infancia, sembrando maíz y cuidando chivos y gallinas. Pero también escuchando a los músicos y a los poetas que se reunían en la pulpería de su padre. Este contacto fue el que sembró en él las primeras semillas de un fruto distinto de los que había cultivado en el campo.

Allí no había escuelas, y según nos refiere, fue un tío quien le enseñó las primeras letras. En esa época, era común que la educación las impartiese un miembro de la familia, porque escaseaba la gente que se dedicara a la enseñanza rural. Sin embargo, en ese mundo, aislado y bucólico, era posible conseguir a gente letrada. Se daba ese fenómeno de personas analfabetas que coincidían con apasionados e insospechados lectores.

-“Aunque parezca increíble –afirma- a La Candelaria de la década del 1930 llegaban algunos periódicos de Carora, de Barquisimeto y aun de Caracas, como El Universal, que encontraban lectores. Mi abuelo materno era uno de esos lectores; un hombre culto, que había sido un músico magnífico, y un guitarrista de música académica. Todavía conservo dos libros que heredé de él: Método de Guitarra, de Fernando Carulli, y La Divina Comedia, de Dante Aliguieri. Estos encuentros con la cultura estimularon notablemente mis deseos de aprender”.

Desde pequeño se supo siempre movido por un gran deseo de saber, de averiguar lo que sucedía más allá de su aldea. Sin saber, todavía, lo que iba a ser como músico.

-“No lo sabía, ni siquiera lo sospechaba. Lo que me llevó en aquella época a salir de La Candelaria fue el atractivo caroreño que me enamoró con una fuerza extraordinaria y de la que tuve noticias a través de los periódicos y de los visitantes que iban por el pueblo durante las fiestas patronales o en navidades. Carora se me mostraba como un lugar en donde había recitales poéticos, encuentros musicales, disertaciones, que revelaban a aquella ciudad como un ambiente lleno de cultura”.


-“Supe de esa ciudad, como dije, a través de los periódicos. Hay que decir que yo llegué a Carora a los dieciséis años, con tercer grado de educación primaria. Una vez allí, tuve la suerte de encontrarme a don Cecilio Zubillaga y recibir de él un gran estímulo. Al terminar el sexto grado, don Cecilio, a quien considero mi padre espiritual, y quien me había oído tocar la guitarra en su casa, al comunicarle mi deseo de proseguir estudios de secundaria, me dijo: ´Eso es un absurdo. Tú tienes que convertirte en un gran artista. Te vas a ir a Trujillo a estudiar música´. Y me dio una carta para Laudelino Mejías, director de la banda de Trujillo. Laudelino era maestro de armonía, teoría y solfeo. Un gran creador y un maestro. En ese momento, creo que nací para el mundo de la música clásica. Don Cecilio fue quien decretó mi futuro”.

-“Para sostenerme esos años aprendí el oficio de tipógrafo y entré en la Imprenta del Estado, con un empleo de ocho horas diarias. No sé de dónde, pero siempre tuve tiempo para estudiar música. Logré aprender saxofón y clarinete, por lo que el maestro Laudelino Mejías me ubicó como saxofonista de la banda del estado; un trabajo que me permitió estudiar la guitarra. Mi estadía en Trujillo, en ese sentido, fue una escuela para mí, porque aprendí también inglés y mecanografía, herramientas que me sirvieron para viajar a Caracas”.

-“Sin embargo, en todo ese tiempo el maestro Laudelino Mejías insistió en que debía quedarme en Trujillo. Me decía: ´espérate. Yo sé cuándo tienes que irte, para que llegues a ser lo que yo estoy seguro que tú vas a ser´. Hasta que en 1945 comencé estudios formales con Raúl Borges. Cuando éste me oyó tocar vio que tenía habilidades. Yo tocaba la guitarra de oído solamente; había compuesto incluso una pieza y cantaba en la radio de Trujillo. Es Borges quien me forma. Tanto, que cuando me fui a España a perfeccionarme ya llevaba una formación completa, gracias al maestro Borges. Allá observaron que yo tenía una técnica sin mácula, buena inspiración y dominio del instrumento”.


Alirio Díaz. Fotografía José Antonio Rosales


La primera educación

Con relación a sus capacidades virtuosas nos dice que todo es una mezcla. Es, por un lado, La Candelaria donde están sus raíces musicales primordiales. La vocación musical cotidiana, que se reflejaba en las reuniones, en los bautizos, en los matrimonios, en los nacimientos, en las navidades, en las fiestas patronales, el arte musical popular. Y por otro lado, es el sonido de la sangre de su padre y de sus abuelos.

-“Uno nace con un talento, pero en mi caso contribuyó mucho el hecho de que yo nací en La Candelaria, donde la música era el pan nuestro de cada día. En cada casa había un instrumento, un cuatro, un violín, una guitarra, una bandolín, unas maracas, un tambor. Era un pueblecito de 300 habitantes lleno de música. Frecuentemente nos reuníamos para tocar, cantar, bailar, y los fines de semana siempre había bailes y serenatas. Allí estuvo mi primera educación, mi primera experiencia con los sonidos. Todo eso estaba ya dentro de mí, unido, por supuesto, a un aspecto claramente genético, porque mi padre era un gran cuatrista, y todo el mundo en mi familia tocaba y bailaba muy bien. Mi abuelo había sido guitarrista y violinista, mi bisabuelo era un gran cantor de velorios, que cantaba salves en los campos. Y luego, hay un entorno nacional de música, del que yo he estado impregnado: de lo que se tocaba en las bandas, los valses, merengues, joropos, del sonido del arpa, de la bandola, de todas esas cosas nuestras. Hay una repercusión, sin duda, en toda mi personalidad; un impacto que ha ido evolucionando, purificándose, haciéndose más exigente, más puro, más noble. Eso ha persistido a lo largo de mi vida”.


Oído perfecto

Hoy celebra la existencia de ese entorno, que va más allá de La Candelaria. Es el país, pues es cierto -dice-, que en el venezolano no es difícil descubrir esa vocación por la música.

De hecho, el maestro Alirio Díaz está convencido de que “uno de los pueblos más músicos del mundo es Venezuela. Un pueblo en el que, además, pervive con fuerza enorme una raíz popular de la que nuestros grandes compositores han partido para hacer obras de aliento universal. Con mucha frecuencia constato que los jóvenes venezolanos tienen esas cualidades que son indispensables para llegar a ser grandes músicos”.



¿Cuáles son esas cualidades?


-“El oído, perfecto. El sentido del buen gusto, el deseo de mejorar, de evolucionar y de prepararse. Y, algo muy importante: continuar la tradición. En la actualidad hay un movimiento de guitarristas en Venezuela que son creadores también, cosa que no existía hace unos años. El único que poseía esas características en mis años mozos era Antonio Lauro. Hoy en día tenemos músicos y compositores que serán grandes, pero que todavía están en una etapa inicial. Esta preparación lleva tiempo, toma años, porque el proceso creativo conlleva madurez, práctica continua. Por eso es fundamental enseñarle a los jóvenes músicos venezolanos que este asunto es más de persistentes que de genios”.

Antonio Lauro

-“La vocación, -dice-, debe estimularse en un marco de trabajo constante, de espíritu de disciplina. Eso es lo fundamental. Cuántos genios se han perdido por falta de voluntad. Y lo otro es el carácter. Un artista, un verdadero artista, debe entrenar su capacidad para soportar calamidades, hambre, sacrificios, agotamiento, renuncias de todo orden; debe estar preparado para conocerse a sí mismo y ver en su interior tanto la maravilla como el espanto. El artista tiene que saber lo que tiene por dentro y estar avisado porque puede llevar consigo el horror, mezclado con lo sublime de la belleza. El artista debe templar su carácter en un trabajo sin descanso. Debe aceptar las críticas; no rechazarlas, sino comprenderlas. Una crítica negativa puede traer cosas positivas si se la sabe interpretar; para eso hay que tener sentido autocrítico. Pero la autocrítica viene con la experiencia, con los años, por eso a un joven no se le puede alabar gratuitamente. Decirle a un niño que es un genio puede frenarle un proceso por el que, de todas formas, tendrá que pasar, justamente, halado por el deseo de mejorar”.

-“Ahora los jóvenes tienen una cantidad de ventajas con respecto a las condiciones que yo tuve en mi etapa de formación. Cuando yo empecé a estudiar con mi maestro había una cantidad de detalles todavía inciertos, en cuanto a procedimientos técnicos, más que todo. La guitarra no era la guitarra de hoy, que ha ganado en cualidades y en calidades. Ahora el instrumento suena mejor, tiene mayor y mejor sonido; ahora se usan las cuerdas de nylon que en esa época no se usaban. Se usaban las cuerdas de acero y algunos usaban cuerdas de tripa. El repertorio no era tan accesible como hoy; no había la discografía de la guitarra que hoy está disponible para grandes audiencias. Hay becas y, muy importante, concursos nacionales e internacionales, festivales a los que se invita a guitarristas de todo el mundo, lo que ofrece la posibilidad de confrontarse con los otros”.


“Y sí, tiene mucho de mujer”


A lo largo de su vida, también, ha moldeado el cuerpo de más de una guitarra, ese instrumento maravilloso con el que se le asocia inevitablemente.

-“Ahora tengo seis guitarras de concierto: una, alemana, que es exactamente igual a la que tenía mi maestro Andrés Segovia; y otras de autores italianos y españoles, aunque no muy conocidos, notables. También tengo una Yamaha, que me la regalaron en un viaje que hice al Japón”.

Y en esas manos que la sostienen, es posible ver la definición de una vocación y el gusto del instrumento por la caricia que las hace intérpretes. La guitarra parece exigir ciertas cualidades físicas de las manos que le demandan, como son los dedos largos y flexibles, delgados y afilados, como las uñas que pueden debilitar el sonido si tienen poco calcio.

-“La configuración de mi mano me la ha fraguado el ejercicio, pero además hay que tener una base, una estructura física que no sólo implica la mano. En cada ejecución también debe estar comprometido el cuerpo, porque tocar una guitarra exige una determinada sensibilidad. Las manos, el cuerpo todo, deben disponerse para extraer del instrumento un sonido que tiene que poseer fuerza, al tiempo que ternura. Mi cuerpo acaricia el instrumento y el sonido que emerge debe acariciar a quien lo escucha. Es una transmisión física. El sonido debe responder a un efecto estético, artístico, de carácter profundamente emotivo. No hay mediación alguna entre la mano del guitarrista y la cuerda que emite el sonido, de manera que ese tañido que tú oyes ha salido de mi mano, de mi cuerpo, de mi corazón”.

Andrés Segovia

-“La guitarra es un ser vivo que transmite una corriente de emociones que se comunica en un diálogo íntimo. Yo soy el dueño único de ese universo sonoro que la guitarra pone a andar a través de mis pulsaciones. Mi guitarra, gracias a los conciertos, ya está preparada para responder a lo que yo le pido. Puedo tocar una guitarra que no sea la mía, pero la entrega total sólo la obtengo del instrumento que he moldeado yo con el uso por muchos años. A cambio, yo tengo que atenderla, cuidarla, consentirla”. 
 
-“Y sí, tiene mucho de mujer. Tiene sus formas, su cuerpo, y yo soy el único hombre que la acaricia. De hecho, hay un pacto entre ella y yo, de comprensión mutua y de mutua protección que se refleja en el sonido. No me comporto como el intérprete que va a sacar de la guitarra lo que ésta no quiere dar. Debe haber una entrega recíproca. Tiene que darse un intercambio de profunda comprensión, integrarse uno al otro, de modo de producir esa interpretación que trascienda. Al abrazar la guitarra es como si abrazara un cuerpo. Por eso no permito que a la guitarra de Alirio Díaz la toque otro que no sea Alirio Díaz”.

Alirio Díaz. Fotografía José Antonio Rosales


¿Qué queda de un virtuoso?

Alirio Díaz ha sido sin duda alguna el gran virtuoso de la guitarra en Venezuela y unos de los más notables en el mundo artístico internacional de la segunda mitad del siglo XX. Hace unas décadas sólo se podían mencionar cuatro nombres asociados con la ejecución virtuosística de la guitarra clásica: Julian Bream, John Williams, Narciso Yepes y Alirio Díaz. Junto al legendario Andrés Segovia, estos maestros son considerados como los mejores guitarristas de toda la historia. 
 
Pero, ¿qué queda de un virtuoso para ser recordado? ¿Cuál es su aporte perdurable a la sociedad cultural? Un ejecutante produce arreglos, digitaciones y transcripciones de piezas conocidas o inéditas. Su experiencia y conocimiento del repertorio guitarrístico son invalorables en la toma de decisiones que conlleva esta actividad. El virtuoso además puede plasmar la técnica especial que lo llevó a las cumbres expresivas con su instrumento tanto en tratados y métodos publicados como a través de sus alumnos, ya que casi no hay excepción para todo ejecutante de establecer una actividad paralela de enseñanza. No obstante, el aporte principal como artista es la magia de su interpretación que junto al pensamiento del compositor puede llegar a hacer sentir tristeza o alegría a masas de personas con unos cuantos movimientos de sus dedos ágiles y prodigiosos.

La virtud del intérprete desaparecía con su muerte, hasta que el advenimiento de la grabación sonora a principios del siglo pasado, cambió esta terrible verdad. Podíamos tener partituras de los compositores que con bastante fidelidad representan su pensamiento original, pero de los ejecutantes sólo quedaban los programas y afiches de sus conciertos. En casos  muy especiales, se narraban o se escribían relatos de eventos tan memorables que aguantaban en la memoria extendida un tiempo más del seco instante en que la música se oye y desaparece.

Alirio Díaz ha grabado un amplio repertorio de la guitarra del siglo XVI hasta nuestros días, especializándose en obras españolas, italianas y latinoamericanas. Él fue el precursor en difundir las piezas de Antonio Lauro, y la aceptación de este compositor venezolano en el ámbito internacional como literatura básica de la guitarra se le debe a Alirio Díaz.

Agustín Pío Barrios, conocido cómo Nitsuga Mangoré


El gran Mangoré lo calificó como un mito del instrumento. Después de clases con Sainz de la Maza y con Segovia, máximos premios y reconocimientos por reyes e instituciones como la OEA, Alirio es tan inmediato y sencillo como el compadre del pueblo La Candelaria, en Lara, donde sale al patio de su casa a tocarles a sus amigos de infancia. 

 

Gracias a Dios, hoy es posible obtener nuevas interpretaciones grabadas por Alirio Díaz. Peter Hamilton MacDonnell, quien ha fundado la editorial Caroní Music, y cuyo vicepresidente es el propio Alirio Díaz, ha emprendido la edición de una serie de CD’s, la "Colección Alirio Díaz". El primer título de esta recopilación es el CD "Grandes Conciertos" con Alirio y la Orquesta Nacional de España, bajo la dirección de Rafael Frübeck de Burgos. En este CD Alirio Díaz interpreta mágicamente el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo y el Concierto para Guitarra, opus 30 de Mauro Giuliani. De esta manera el virtuosismo queda sembrado, en los microscópicos surcos de pequeños territorios que giran constantemente alrededor del mundo.




Fuente: Semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, sección: Muestras sin retoques. Rafael Simón Hurtado.


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Rafael Simón Hurtado. " Al fondo la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Maracaibo. Estado Zulia


Rafael Simón Hurtado

Escritor y periodista venezolano. Licenciado en comunicación social egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo, Zulia). Ha obtenido el Premio Municipal de Literatura Ciudad de Valencia (años 1990 y 1992), el Premio Nacional de Periodismo Científico (2008),  el Premio de Periodismo “Jesús Moreno” (Universidad de Carabobo, 2009) y el Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt" (2016). Ha publicado el libro de cuentos Todo el tiempo en la memoria y las crónicas literarias “Leyendas a pie de imagen, croquis para una ciudad”. Fue editor-director de la revista cultural Laberinto de Papel y de las publicaciones de divulgación científica Saberes Compartidos y A Ciencia Cierta, todas de la Universidad de Carabobo. 

Ficha tomada de Letralia.

Enlaces relacionados:

































































Actualizada el 29/10/2023


domingo, 26 de mayo de 2013

La UC quiere montar una Feria del Libro en una ventana con vista al mundo. Una entrevista al Profesor Pedro Crespo para desearle un buen viaje a los Puertos Grises








Hace algunos días falleció nuestro amigo Pedro Crespo, un enamorado de la cultura que se preocupaba por difundirla mas allá de la vetustas y asfixiantes formalidades de la Universidad de Carabobo. Esperamos sirva esta entrevista como un exiguo reconocimiento a su labor y a su calidad humana.

Desde este espacio le deseamos un buen viaje a los Puertos Grises




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Textos: Rafael Simón Hurtado / Fotos: José Antonio Rosales




Valencia  2003



La palabra es el centro. Ella une o separa, cierra tratos o establece promesas. Abre horizontes y vincula personas. “Mis ferias del libro fueron, durante mucho tiempo, imaginarias. De alguna forma las ferias que hoy montamos, son las ferias que siempre soñé para mí. Al lado de intelectuales como Guillermo Morón y José Manuel Briceño Guerrero, sentí, por primera vez, el encanto del libro”, dice el profesor Pedro Crespo, quien forma parte del Comité Organizador de la V Feria Internacional del Libro que patrocina la Universidad de Carabobo, y que abrirá sus puertas, en la plaza Montes de Oca, el próximo mes de noviembre.

El profesor Pedro Crespo es en la actualidad docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UC, en una cátedra cuyo nombre propicia una ambiciosa relación entre el docente y sus alumnos: Historia Contemporánea del Mundo, y mediante la cual el docente que es Pedro Crespo, se vale para sembrar en los receptores de su mensaje el deseo por la lectura.

-La lectura, dice, no debe ser sólo una práctica ocasional o voluntaria, sino el ejercicio de un derecho ciudadano, del que deriva buena parte de nuestra condición de seres humanos. Por esta razón, creo que las universidades nacionales, la administración pública y las instituciones culturales, deben llevar a cabo acciones bien programadas con la finalidad de elevar las tasas de lectura asidua. Tenemos a favor, afirma, el valor inmenso y rico de una lengua como el castellano, y una gran potencia editorial.

El profesor Pedro Crespo es egresado de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. Es presidente de la Fundación Cultural Carora, y dentro del comité organizador de la V Feria Internacional del Libro, es quien tiene a su cargo los contactos internacionales que permiten contar con la presencia de escritores, periodistas e intelectuales de la talla de Carlos Monsiváis, Joaquín Soler Serrano, en la feria pasada, y este año de Fernando Savater.

-La experiencia de la IV Feria Internacional del Libro, celebrada el año paso en Valencia, fue una realización decisiva, dice. La presencia del escritor mexicano Carlos Monsiváis, quien inauguró la feria, nos habla de un momento estelar de nuestra institución. Su dimensión, por ser una figura legendaria del periodismo latinoamericano, marca un hito y le da un impulso a las intenciones de colocar la feria en un escenario internacional. Igualmente, estuvo presente un pensador muy respetado en Venezuela, el profesor José Manuel Briceño Guerrero, quien ha desarrollado en Europa un intenso trabajo de escritura. Otra presencia de relevancia, fue la del poeta colombiano William Ospina, premio Casa de las Américas, quien nos acompañará también en la feria de este año.

El año pasado, el trabajo adelantado por nosotros, puso a la Universidad de Carabobo en el mapa de los eventos editoriales de Latinoamérica y el mundo.

La visita de Fernando Savater, este año, según sus palabras, no sólo debe ser vista a la luz del mensaje que pronunciará los días que esté entre nosotros, del intercambio de ideas. No es sólo la renovación del vínculo de lectura con sus nuevos y viejos libros. Es más que eso. “La presencia de Savater se constituye en una alianza estratégica con Europa, el pensador español es la punta de lanza para otros intercambios con intelectuales del viejo continente, y para llevar el mensaje que desde aquí enviamos sobre nuestras propias realizaciones”.

Por cierto que esta es una visita proyectada desde hace 5 años. En reiteradas conversaciones con el escritor venezolano Joaquín Marta Sosa, quien ha trabajado en España con Savater, el profesor Pedro Crespo se había planteado la posibilidad de traerlo a Venezuela. Por lo que expresa que “este es un sueño hecho realidad”.  

 A la lista anterior agrega otros nombres: Alberto Manguel, María Esther Vásquez, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, José Saramago, Mario Vargas Llosa, Harold Bloom, son intelectuales propuestos para próximos encuentros. “Allí está esa gente esperándonos, dice. Esa ha sido nuestra prédica, que ha conseguido eco, afortunadamente, en el Dr. Iván Hurtado León, presidente del comité organizador del evento, y en la dirección de Medios y Publicaciones de la UC, en donde se apunta, es bueno decirlo, en la conformación de un equipo especializado en el producto libro, y en la consolidación de un espacio propio. Todo ello bajo la figura de un ente institucionalizado: la Fundación del Libro de la Universidad de Carabobo. Lo que le dará mayor autonomía al ejercicio de estas actividades”.

Con todo ello se desea modificar una realidad cultural, en la que, por razones económicas, sociológicas, e incluso políticas, nuestra comunidad se veía negada al libre y delicioso acceso a la comprensión de lo escrito. Y aunque este evento todavía nada en el líquido amniótico de los que van a mostrar su cuerpo al mundo, no hay duda de que ya se revela como un organismo sano.

-Creo que todas las ferias del mundo se iniciaron como la nuestra. Las ferias de Francfort, Madrid, Guadalajara o Bogotá, probablemente tuvieron un comienzo modesto, dice. Todas, al principio, fueron eventos locales, sin proyección internacional, y posteriormente alcanzaron este rango. Por eso pienso que la invitación hecha a importantes intelectuales del mundo, le va dando una nueva dimensión a estos encuentros.

-La IV Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo fue un record para nosotros y para las ferias de Venezuela, afirma el profesor Pedro Crespo. El año pasado se vendieron más de 600 millones de bolívares en productos editoriales. Esto constituye un importante hito económico en el camino de promoción editorial de las grandes ferias del país. Hoy, la preventa de la V Feria Internacional del Libro, dejó un buen sabor de boca. La visita de Savater ha creado grandes expectativas.

El hecho de que haya habido una presencia regular de 8.000 a 10.000 personas diarias en el encuentro del año pasado, revela el profesor Crespo, “manifiesta una intención y asiduidad lectora, lo que nos revela un motivo más para la esperanza que para el desánimo. Y sobre todo la confirmación de que una comunidad que, inveteradamente estuvo de espaldas al libro, comienza, aunque tímidamente, a manifestarse hoy, por fin, con una condición diferente”.

“Es ahora, afirma, cuando debemos hacer el esfuerzo definitivo porque dicha circunstancia dé paso en la Universidad de Carabobo, a la existencia de una comunidad más lectora. Y debemos hacerlo con eficacia y prontitud, pues el entorno está cambiando vertiginosamente y no todos los nuevos escenarios son igualmente propicios al nacimiento de la práctica de la lectura. Como reacción aparentemente contradictoria, la lectura cobra carta de naturaleza en la nueva sociedad y se confirma como la herramienta básica del conocimiento”,

Por otro lado cree el profesor Crespo que la puesta en escena de eventos como este, no pueden agotarse en un encuentro anual. La convocatoria, según dice, debe plantearse de forma permanente. “Es más que encontrarse una vez al año, durante una semana, en una plaza. Es más que eso. En ese sentido, nuestro trabajo se orienta en formular un esquema que permita realizar una labor de promoción y difusión los 11 meses anteriores a la feria, con la realización de encuentros periódicos, en los que confluyan escritores nacionales e internacionales, y en donde tenga lugar la presencia protagónica del libro en un intercambio de promoción y reconocimiento, a través de la lectura. La feria del libro no puede ser un evento anual, tiene que ser un acontecimiento de todos los días, para que la Universidad de Carabobo establezca de forma definitiva una relación con las ideas a través del libro y la lectura, en un encuentro universal.  La UC quiere montar su Feria del Libro en una ventana con vista al mundo”.

Allí está la ventana que significa el Caribe, por ejemplo, a través de Puerto Cabello, y el vínculo estratégico que representa una de las zonas industriales más productivas de América Latina. Estos dos elementos convierten al ámbito carabobeño en un escenario de gran potencial para desarrollar eventos como la Feria Internacional del Libro. No debemos olvidar que hay ejemplos muy cercanos como el de la Feria del Libro de Bogotá, que es financiada por el sector privado. En este sentido, uno de los objetivos de los organizadores es vincular al sector privado, estimulando su participación con encuentros que promuevan su interés. Las ferias del libro representan grandes inversiones económicas hechas por capitales nacionales e internacionales. La Universidad de Carabobo debe animar, según lo que infiere de las palabras del profesor Crespo, esta presencia, abriendo la posibilidad de que las empresas se conviertan en patrocinantes de la cultura. He allí un objetivo: “debemos convencer a nuestros empresarios de que la cultura puede ser rentable, que no hay contradicción entre el hecho cultural que significa el libro, y el hecho comercial representado por su comercialización y venta. No sólo no se oponen, sino que son complementarios, y necesarios”.

La Feria Internacional del Libro de la UC, por otro lado, supuso también la revelación de algunas actitudes mezquinas, según palabras del profesor Pedro Crespo. “Por ejemplo, el año pasado el comité organizador de la feria ideó la figura del bono académico. Y aunque la idea encontró positivas resonancias entre los profesores, algunas actitudes mezquinas quisieron cerrar el paso para su materialización. Sin embargo, el bono académico es una realidad, por lo que los docentes de la Universidad de Carabobo podrán adquirir libros en la feria mediante esta novedosa figura, que consta de un pote aproximado a los 300 millones de bolívares, aportados por la UC.

Es el juego de las imágenes y las transpolaciones, el de los aparentes contrasentidos.

Sin embargo, y afortunadamente, en una sociedad audiovisual que se está poblando de infinidad de mensajes textuales -a lo que tanto contribuye la difusión de las nuevas tecnologías-, la lectura se convierte en una llave fundamental. El acceso a la nueva sociedad de la información que estamos construyendo y en la que coinciden las profecías de cuantos nos anticipan el inmediato futuro, sólo lo franquea una práctica cultural: la lectura.

“Sabemos lo que tenemos que hacer, afirma categórico el profesor Crespo. Sólo falta el compromiso de realizarlo. Y la tarea es absolutamente posible. Elevar significativamente el nivel lector de nuestra sociedad no es una quimera, sino una certeza que, bien planificada, puede dar resultados extraordinarios en poco tiempo”.

-¿Por qué no aspirar, se pregunta, a que, mediante la acción bien programada y la adopción de las medidas imprescindibles, La Universidad de Carabobo, en los próximos 10 años, alcance tasas de lectura asidua en torno al 90 por ciento del total de su población? ¿Por qué no pretender que el libro y la lectura detenten un papel fundamental en la formación de nuestros jóvenes estudiantes o cumplan su extraordinaria función en esos nuevos retos asociados al crecimiento de una población que se mueve en su entorno? “Venezuela, a pesar de la crisis, representa una potencia editorial por una oferta bibliográfica bastante interesante, en variedad y calidad. Y aún más: La Universidad de Carabobo, aprovechando su experiencia y la de otras editoriales, puede propiciar una reflexión que sirva para conocer el camino por el que hemos de transitar en los próximos años. Si, en el plazo de los próximos 10 años, en la Universidad de Carabobo no aumentó la tasa lectora, tal vez sea porque no existió la voluntad necesaria para aprovechar el esfuerzo que hoy iniciamos”.

-La ocasión es extraordinaria y la tarea urgentísima. Por delante nos queda la transformación definitiva de nuestra sociedad y, de conseguirlo, la satisfacción de haber contribuido a una de las empresas culturales más importantes del país.