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viernes, 7 de noviembre de 2025

Borges también leía, y salía en, Playboy

 


Estimados liponautas



Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar un acercamiento que hace el escritor boliviano Homero Carvalho Oliva al libro "Medio siglo con Borges" de Mario Vargas Llosa. Un libro que reune diversos textos del Nobel peruano dedicados a la figura y obra del argentino universal.


Y algunas apreciaciones de Carvalho Oliva sobre Borges, remarcando la anécdota de Borges como lector de la revista Playboy y colaborador de la misma; ya que en el número de mayo de 1977 salio publicado su cuento "El otro"



El cuento fue versionado al inglés por Norman Thomas di Giovanni, apareciendo en las páginas 97,103, 203 y 2004 de la revista. Pueden leer el cuento en el siguiente enlace: Los Otros, de Borges: Dos Cortometrajes y ¿un cuento?


La playmate del mes de mayo de 1977 fue la modelo Sheila Mullen.


Para muchos Sheila Mullen,  pudiese ser la siempre buscada Manoa, siempre tatuada de dorados brillos, es esa mujer donde todos quieren alcanzar su esquina rosada...

Bárbara Borges


Debido a esta laberíntica conexión entre Borges y al revista Playboy la entrada abre con imágenes de  la brasilera Bárbara Borges, ex Paquita de Xuxa.



Bárbara es actríz en su país y fue modelo de la revista Playboy de su país, en Venezuela dirían que Borges fue  una deliciosa conejita.



Y debido a que comparte apellido con el Borges, el inmortal decidimos jugar un poco haciendo un damero de imágenes y palabras que puedan dar una idea de la sazón de una borgiana, e ideal, revista Playboy.




La entrada cierra con una entrevista a Vargas Llosa, sobre su libro "Medio siglo con Borges" hecha por la periodista Leila Guerriero.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La gerencia.


*******


Imagen tomada de aquí


Medio siglo con Borges


No fue para mí ninguna sorpresa enterarme, por la web, que Jorge Luis Borges haya leído Playboy. Me pareció que con este hecho el gran hacedor de ficciones se desquitaba de Sábato, cuando este afirmó que la literatura de Borges era buena pero que le faltaba cierto “quilombo”.




Por: Homero Carvalho Oliva




 “Yo mismo soy una especie de antología de muchas literaturas”


Borges


 



“Medio siglo con Borges”, es un libro que reúne entrevistas, artículos, conferencias, reseñas y notas que Mario Vargas Llosa, escribió sobre este infinito escritor, el libro da testimonio de más de medio siglo de lecturas del Nobel de literatura 2010 sobre este autor. Fue muy grato descubrir que coincidimos en muchas valoraciones y experiencias sobre un autor al que muchos lectores volvemos como fieles devotos de su obra. “Medio siglo con Borges”, según Marta Sánchez es “un magnífico libro que nos permite disfrutar del talento de dos grandes de las letras del siglo XX. Un homenaje indispensable al autor argentino en particular, y una declaración de amor a la literatura en general”.

Borges y Vargas Llosa. 1963

Después de leer el libro de Vargas Llosa, hice memoria y recordé que fue a mis trece años que mi padre, Antonio Carvalho Urey, escritor e historiador, puso en mis manos El Aleph, un prodigioso libro de cuentos del argentino más universal de la literatura. Este año cumplo sesenta y tres años, es decir que lo descubrí hace medio siglo y desde entonces no he dejado de leerlo y releerlo. Otras coincidencias con Vargas Llosa van desde el deslumbramiento por su precisión narrativa, por devolverle su verdadero significado a muchos adverbios y adjetivos, dotarles de nuevos significados, hasta las primeras lecturas en nuestra juventud que, como éramos fanáticos de izquierda, sentíamos vergüenza de admitir que leíamos con placer a un escritor que era considerado el paradigma del escritor de derecha, sin compromiso alguno con la sociedad, sin darnos cuenta que su compromiso mayor era con la literatura, con los lectores y por lo tanto con la sociedad.



Leer el libro de Vargas llosa me remitió a mis propias reflexiones sobre este autor. Laberintos librescos, metafísicos, infinitos, míticos; pesadillas que se repiten, sueños dentro del sueño, juegos literarios que se asemejan a la muñeca rusa que adentro lleva a otra que a su vez lleva otra y así hasta la eternidad. Relatos apoyados por las matemáticas, por la filosofía, por la geometría, en fin, apoyados por todo cuanto cabe concebir, incluso relatos policiales, temas universales, europeos, citadinos, bonaerenses, gauchescos, presentes en la obra de un escritor cuyo nombre evoca un estilo muy original y particular, de sentir y escribir la literatura y de concebir el mundo. Y es porque en Jorge Luis Borges todo está permitido. Con él y más allá del “Boom” literario latinoamericano, la palabra cobra una eficacia pocas veces vista, tanto que se ha convertido en un escritor archicitado por otros escritores, poetas, investigadores y hasta políticos, ¿cuándo no?


Con Borges se confirma, una vez más, la diferencia entre lo huidizo y lo permanente de la literatura. A través de su prosa descubrimos que el horizonte no es siempre lejano, que la palabra puede crear mundos muy cerca nuestro. Que la vida misma puede ser un mal sueño de un de un dios indigesto o que puede ser como la metáfora esa en la que soñamos que leemos un libro y en realidad, dentro del sueño, estamos inventando cada una de las palabras que leemos.

Borges y Vargas LLosa en París. 1981.


Lo real y lo imaginario en su obra narrativa


Toda su obra en conjunto, pero especialmente sus relatos y sus ensayos, constituyen el testamento de una época, un cofre abierto para recibir imágenes y divulgarlas a través de la palabra. Durante su lectura participamos de lo real, de lo fantástico, de lo simbólico, de lo inadmisible, del vacío, del infinito, con una perfecta economía de palabras: nunca falta y sobra alguna. Donde, para no morirnos de una pesadilla debemos recurrir a otras lecturas, pues sus citas y referencias nos inducen a Joyce, a Virgilio, a Cervantes, a Chesterton, a Kafka, y a tantos otros. En Borges todo es antiguo al mismo tiempo que es nuevo, nada se le escapa, todo parece previsto, pero aún así nos sorprende, ingeniosamente nos asombra. Abrir uno de sus libros es como asistir por primera vez, a un circo para descubrir, maravillados, la magia. Algunos de sus relatos nos acercan a precipicios insondables y mundos extraños (Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius), otros al irremediable destino (Sur) a la terrible virtud de una buena memoria sin el privilegio del olvido (Funes, el memorioso), a la trama policial (El jardín de los senderos que se bifurcan) y muchos otros.

Margarita Guerrero en 1945(foto: Grete Stern)




Sus textos parecen alegatos en defensa de la imaginación, con un dominio propio de la técnica narrativa, expresando desde una inmediata contemporaneidad hasta sugestivas evocaciones de mitos y leyendas universales. Borges se toma todas las libertades literarias, inventa libros, citas, definiciones, escribe prólogos de libros que nunca existieron, ¿o sí?, descubre otros que parecen irreales como Anatomía de la melancolía, citado en La biblioteca de Babel. Borges   crea a un Funes agobiado por su prodigiosa memoria e inventa a un Pierre Menard, autor de otro Quijote que es igual al primero, palabra por palabra y que, sin embargo, no es un plagio. En otros libros está el Borges de las ficciones compartidas, la mayor de las veces con su entrañable amigo Adolfo Bioy Casares de los que recuerdo una magnífica selección de Relatos Breves y Extraordinarios, que incluye un trabajo de Marcial Tamayo, compatriota nuestro. Este libro tuvo una gran influencia en mi decisión de escribir microficciones.  Asimismo, el portentoso Libro de los seres imaginarios compilado con Margarita Guerrero, en el que da cuenta de gran parte de los animales o seres mitológicos creados por el hombre en su obsesión por explicar y ocultar lo desconocido, gracias a este libro yo hice mi propio bestiario titulado



¿Y el Nobel?


Se dicen y se citan tantas cosas de Borges, de las cuales muchas no le pertenecen; pero que, gracias a su exclusivísima concepción de la vida, bien pudo aceptarlas como suyas, por ejemplo, a propósito de su filiación partidista una vez declaró: “soy del partido conservador, porque nunca va llegar al poder”. Borges era un maestro del humor y de la ironía, tanto en sus conversaciones como en sus escritos y si bien su concepción del mundo era positivista (“escribo para individuos, no para en este abstracto llamado masa”), él nunca fue del todo un “reaccionario” como algunos pretenden definirlo en última instancia: “un gobierno de militares es igual a que un país sea gobernado por bomberos”. Tal vez él estaba más allá de estas simples apreciaciones, en un universo interior tan grandioso como concebía una biblioteca.

Borges y María Kodama en 1975. Imagen tomada de aquí


También se dijo que era un escritor para escritores, lo que se puede desmentir con la interminable cantidad de libros que sobre su obra se han escrito, sus entrevistas, conversaciones y lectores por todo el mundo. Estas especulaciones sumadas a sus preferencias políticas, fueron las argumentaciones para negarle el Nobel. Galardón que al principio no le interesó, pero que después se le volvería una verdadera obsesión, como lo declaró su viuda, secretaria y compañera, María Kodama. Yo creo que el fondo es otro y tiene que ver con la idea que los europeos tienen sobre los latinoamericanos. Ellos, suecos o no, nunca le perdonaron a Borges el hecho de que, siendo escritor latinoamericano, escriba -igual o mejor que ellos- temas que consideran de su exclusividad. Parecería que los latinoamericanos estamos bien cuando escribimos cosas que ellos llaman dentro del “realismo mágico”, pero cuando escribimos, como Borges, de literatura escandinava, germana o anglosajona; cuando hablamos de filosofía y matemáticas con la misma propiedad, autoridad y calidad de sus clásicos, eso ya no les agrada, así que mejor ignorar al maestro. El mismo Borges se reía de sí mismo cuando le preguntaban por qué nunca se lo habían otorgado: “Porque esos caballeros comparten conmigo el juicio que tengo sobre mi obra”.

Borges y María Kodama en Japón. Imagen tomada de aquí



Para los enemigos


Borges tenía respuestas para todo y para todos, incluso para sus enemigos que los tuvo por todo el mundo, a ellos les respondió con suprema ironía: “Quizá debería aconsejar a los aspirantes a enemigos que me envíen sus críticas de antemano, con la seguridad de que recibirán toda mi ayuda y mi apoyo. Hasta he deseado secretamente escribir, con seudónimo, una larga invectiva contra mí mismo”.

Despacho de Jorge Luis Borges, en la Biblioteca pública Miguel Cané


Luces y sombras


Hay un juicio que nunca me animé a escribir acerca de la obra de Borges; en el libro de Vargas Llosa lo descubrí dicho de la mejor manera posible: “Ninguna obra literaria, por rica y acabada que sea, carece de sombras. En este caso de Borges, su obra adolece, por momentos, de etnocentrismo cultural. El negro, el indio, el primitivo en general aparecen a menudo en sus cuentos como seres ontológicamente inferiores (…) Como para T.S. Eliot, Papini o Pío Baroja, para Borges la civilización solo podía ser occidental, urbana, casi casi blanca. El oriente se salvaba, pero como un apéndice, filtrado por las versiones europeas de lo chino, lo persa, lo japonés o lo árabe. (…) es ésta una limitación que no empobrece los demás admirables valores de la obra de Borges, pero que conviene no soslayar dentro de una apreciación de conjunto de lo que significa su obra. Una apreciación que acaso sea otro indicio de su humanidad, ya que como he repetido hasta el cansancio, la perfección absoluta no parece ser de este mundo, ni siquiera en obras artísticas de creadores que, como Borges, estuvieron más cerca de lograrla”, listo, lo dijo Mario Vargas Llosa.


Para cerrar este artículo también coincido con Vargas Llosa cuando aclara: “Muchas veces lo he releído y, a diferencia de lo que me ocurre con otros escritores que marcaron mi adolescencia, nunca me decepcionó; al contrario, cada nueva lectura renueva mi entusiasmo y felicidad, revelándome nuevos secretos y sutilezas de ese mundo borgiano tan inusitado en sus temas y tan diáfano y elegante en su expresión”. Sigamos leyendo y releyendo a Jorge Luis Borges.





Borges también leía Playboy


Cuando era adolescente perdí la inocencia con una revista Playboy; recuerdo que un compañero de curso la trajo a clases y, en el recreo, todos quedamos literalmente excitados con las imágenes de las bellas mujeres desnudas que posaban entre sus páginas. A la impúdica exhibición de las rubias se sumaba la subversión de estar mirando algo prohibido y eso en un colegio de curas salesianos era realmente arriesgado porque, si nos pillaban con las manos en el cuerpo del delito, nos podían enviar inmediatamente al confesionario o arrebatarnos la publicación para uso propio.





Años después, descubrí que Playboy no solamente traía mujeres desnudas sino también entrevistas a políticos como Fidel Castro, Yasser Arafat y Malcom X; a escritores como Kurt Vonnegut y Jean Paul Sartre; a artistas como Salvador Dalí y a boxeadores como Mohamed Ali, entre otros famosos personajes. En 1978, el primer número de la versión en español la trajo mi padre desde Madrid como regalo a mi hermano Bolívar. La última entrevista que le hicieron a Roberto Bolaño fue para la revista Playboy mexicana. Fue con Playboy que pasé de la edad del burro a la edad de la ilustración. En Bolivia, en la década de los setenta, el vespertino Última hora nos regalaba los viernes el suplemento “Semana” al que, en mi época universitaria, bautizamos como el Playboy de los pobres, porque con un peso se podía ver las fotografías de algunas de las bellezas de la revista norteamericana, aunque en blanco y negro, y leer buenos artículos de autores internacionales y nacionales.




Con estos antecedentes no fue para mí ninguna sorpresa enterarme, por la Web, que Jorge Luis Borges, uno de mis escritores preferidos, al que sus fanáticos consideran poco menos que un santo, haya leído Playboy. Me pareció que con este hecho el gran hacedor de ficciones se desquitaba de Sábato, cuando este afirmó que la literatura de Borges era buena pero que le faltaba cierto “quilombo”. Y quien afirma que Borges leía Playboy, es nada menos que Emir Rodríguez Monegal, uno de sus más grandes biógrafos y estudiosos de su vida y de su obra, quien dice que, en 1978, Borges “ganó el segundo premio en un concurso de cuentos organizado por la revista Playboy, quinientos dólares y el conejo”. Encontré esta cita en un ensayo de Edgardo Cozarinsky y luego la confirmé en otros links similares. Rodríguez Monegal, en su cronología, también da cuenta que ya Borges había participado en otros concursos literarios y que su cuento El jardín de los senderos que se bifurcan, un hermoso cuento, por cierto, fue descalificado por el jurado.

Emir Rodríguez Monegal. 


Me tomo la libertad de hacer la siguiente conjetura: Borges, irónico como era, eligió el juego de mezclar la ficción con lo real, en el que era experto, y como en el cuento El jardín de los senderos que se bifurcan, donde el espía protagonista asesina a un hombre con un determinado nombre para que el mensaje llegué a sus jefes, puede ser que también nos haya legado un mensaje secreto, tal vez quiso ser un playboy y las circunstancias y María Kodama se lo negaron.



El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.


Homero Carvalho Oliva



Escritor y poeta, ha obtenido premios de cuento, poesía, micro cuento y novela a nivel nacional e internacional. Su obra literaria ha sido publicada en otros países por prestigiosas editoriales y traducida a varios idiomas; poemas, cuentos y microficciones suyas están incluidos en más de cincuenta antologías internacionales, además de revistas y suplementos literarios por todo el mundo. Es autor de antologías de poesía, de cuentos y microcuentos publicadas en varios países, como la Antología de poesía del siglo XX en Bolivia, publicada por la prestigiosa editorial Visor de España y la Fundación Pablo Neruda, de Chile; así como también de selecciones personales de su poesía y de sus cuentos. Dirige las colecciones digitales de novela y microficción de la editorial española BGR y su obra es estudiada en distintas universidades de Iberoamérica.


https://wwwelmostrador.cl/cultura/critica-opinion/2024/08/31/medio-siglo-con-borges/



Mario Vargas Llosa: 'Medio siglo con Borges' | #MedioSigloConBorges #LaCulturaEnTuCasa

https://m.youtube.com/watch?v=khzjXJEFWPY&pp=0gcJCR4Bo7VqN5tD



Enlaces relacionados:










































































lunes, 15 de julio de 2024

Rómulo Betancourt a Mario Vargas Llosa: La lucha contra la guerrilla en Venezuela no la dirigió el Ejército; la dirigí yo

 

Rómulo Betancourt y Mario Vargas Llosa conversando en la biblioteca de Pacairigua, septiembre de 1977. Fotografía coloreada.


Charla con un viejo zorro


Por Mario Vargas Llosa


Publicado en noviembre de 1977. Tomado de sus Obras completas IX. Piedra de Toque I (1962-1983), 2012, pp. 655-659.


Rómulo Betancourt y Mario Vargas Llosa conversando en la biblioteca de Pacairigua, septiembre de 1977. Fotografía original






Estaba alistando maletas para partir de Caracas cuando me avisaron que Rómulo Betancourt quería verme. El intermediario, por lo demás, me hizo saber que el expresidente, representante de Venezuela en la comisión que hace las invitaciones anuales para ocupar la cátedra Simón Bolívar, en Cambridge, había votado mi nombre. Pero no solo fui a su casa por una razón de cortesía, sino sobre todo por curiosidad: las figuras políticas me han producido siempre una fascinación entomológica (y, al mismo tiempo, una especie de alegría).


Su casa, la Quinta Pacairigua, en un barrio residencial, no es demasiado lujosa para los niveles sauditas venezolanos. Me sorprendió el numeroso servicio de guardaespaldas, en el interior y el exterior. Además de su hija Virginia, sencilla y muy simpática, estaba allí su esposa, una exprofesora, creo, que habló de libros con soltura, y había también periodistas y fotógrafos. Betancourt lleva bastante bien sus setenta años. Hace algunos meses corrieron rumores sobre una enfermedad gravísima, pero él dice que el peligro se ha disipado: se trató apenas de una intoxicación causada por los remedios. Se siente ahora, repite, como nuevo.


«Usted sabrá que, en la época de las guerrillas, yo fui uno de los hombres más odiados y atacados en América Latina», es una de las cosas que le oí decir en la hora y media que pasé con él. Por supuesto que lo sabía. Su Gobierno me pareció también a mí, como a tantos en América Latina, represivo y con ribetes autoritarios. Pero lo que ha ocurrido luego en el continente, y el contraste entre ello y el caso de Venezuela, me ha llevado a revisar ese juicio. El Gobierno de Betancourt reprimió duramente a quienes se alzaron en armas y no hay duda de que, en esa lucha, cometió abusos y violaciones de la legalidad y de los derechos humanos.


Pero es cierto, también, que su régimen sentó las bases de un sistema democrático que viene funcionando sin interrupciones y que parece hoy (toquemos madera) bastante sólido. Es lo que dice a Betancourt el ensayista francés Jean-François Revel –el autor de La tentación totalitaria– en una carta que aquel me enseña: «Es usted el único dirigente político sudamericano que encontró la manera de enrumbar a su país por un sendero democrático». Hay una pregunta, sin embargo, que surge cada vez que uno observa el caso venezolano: ¿la bonanza económica, esa prosperidad que golpea al forastero desde el aeropuerto, no ha sido el elemento decisivo para que las instituciones democráticas resultaran allí operantes?


Varias de mis preguntas a Betancourt se refieren a este asunto: ¿Por qué en su país los militares respetan el poder constitucional y en otros no ocurre lo mismo?


Su respuesta es larga y elaborada, y no tengo más remedio que abreviarla. Nosotros (es decir, su partido, Acción Democrática), dice, desde 1945 trabajamos con un grupo de oficiales jóvenes, constitucionalistas, partidarios de reformas profundas en la estructura del país. Ellos, a la caída de Pérez Jiménez, se convirtieron en la espina dorsal de la reforma de las Fuerzas Armadas, que pasó a retiro a los elementos golpistas y se empeñó en hacer del Ejército un cuerpo esencialmente técnico y educado de manera sistemática en el respeto del orden legal.


El momento crítico, prosigue Betancourt, sobrevino al estallar el movimiento guerrillero contra mi Gobierno. La lucha contra la guerrilla no la dirigió el Ejército; la dirigí yo. Mi Gobierno no abdicó de esa responsabilidad, como hicieron otros Gobiernos civiles en América Latina, por cautela política, prefiriendo que fueran los militares quienes se ensuciaran las manos. Aquí fue el Gobierno civil quien, desde el primer momento, asumió esa tarea, arrostrando la impopularidad y a pesar de la feroz campaña internacional en contra nuestra. Los militares respetan a quienes saben mandar. (No hay duda que él sabe y que le gusta hacerlo: al decir estas cosas, gesticula con energía).


Veo sus manos con las cicatrices de las quemaduras del atentado que preparó contra él un comando enviado por el generalísimo Trujillo (que lo odiaba, dicen, más que a Fidel Castro). He oído contar la historia de su comportamiento en esas circunstancias, y él me la reseña de nuevo: cómo habló por la radio estando herido y cómo se hizo llevar al palacio presidencial de Miraflores («el símbolo del poder», dice) para mostrar al país que la jefatura del Gobierno se mantenía en pie.


Está escribiendo ahora sus memorias y cuenta que haber leído, hace poco, la autobiografía de Arthur Koestler lo ha inducido a cambiar todo su plan. Al principio había decidido escribir un libro puramente político, dejando de lado lo que fuera personal e íntimo. Ahora, en cambio, hablará también de su vida privada. ¿Hasta qué extremos llegará la confidencia? Durante la charla, deja ver algunos cabos sueltos. De joven escribió cuentos, inspirados en ciertas lecturas, como Emile Zola. Su esposa lo refuta con convicción: la influencia ostentosa, le asegura, es la de Anatole France, Él habla de uno de esos relatos con melancolía y burla. Se llamaba (horriblemente) «Maritza la nómada» y la musa que lo estimuló a escribirlo era una españolita de ese nombre de la que estaba enamorado, Se empeña en hablar de literatura, en tanto que yo trato de empujarlo hacia el terreno político (en el que lo supongo mucho más competente). Se entusiasma recordando la autobiografía de Trotski, una novela («de 1.400 páginas») sobre la fundación del estado de Luisiana y me cita algunas tradiciones de Ricardo Palma. Durante mucho tiempo se ganó la vida escribiendo artículos, de manera que se siente también, en cierta forma, periodista. Ha pasado veinte años en el exilio, cinco en la cárcel y a fin de año celebrará medio siglo de actividad política.


Durante buena parte de la hora y media me pareció hablar con espontaneidad. Solo en un momento tuve la impresión de que (lo que me ha ocurrido siempre con todos los políticos que he entrevistado) pronunciaba un discurso. Una tirada algo solemne sobre la vocación rebelde y heroica del pueblo venezolano, que es, afirma golpeando el brazo del sillón, quien ha hecho la verdadera revolución en América Latina: la democrática. «¿Por qué cree usted que se fueron esos hombres detrás de Bolívar hasta el Titicaca?». Cree que el mestizaje generalizado y precoz que experimentó la sociedad venezolana creó ese tipo audaz y combativo. «Aquí nos mezclamos todos muy pronto, no ocurrió lo que en el Perú», dice. Y me cuenta una anécdota. En los años treinta estuvo en Lima, con una delegación, y lo impresionó mucho una entrevista que tuvo, en el diario El Comercio, donde él y sus compañeros fueron recibidos «por dos caballeros con monóculo, que se llamaban, uno, Miró Quesada y, el otro, Manzanilla». Uno de ellos le habría preguntado: «¿Qué raza es la que predomina en su país?». «Los mulatos como yo, señor». «Ajá», habría respondido, pensativamente, uno de los caballeros. Mientras el otro comentaba: «¿Sabía usted que aquí en el Perú se le decía a Bolívar el Zambo Bolívar?».


Me asegura que hay una carta del Libertador, firmada en la Magdalena, pidiéndole a un amigo de Caracas que enviara mulatos a socorrerlo, pues las impetuosas limeñas lo estaban tuberculizando.


Pese a la abundancia de dictaduras en el continente, se muestra optimista respecto al futuro de América Latina. Piensa que la política del presidente Carter de los derechos humanos ha creado una dinámica muy fuerte a favor de la instalación de gobiernos constitucionales. «Hasta Stroessner se ha visto obligado a hablar de dejar el poder», bromea. Se refiere con elogio al movimiento cívico en Brasil, a los manifiestos intelectuales («presidido por nuestro amigo Jorge Amado»), de periodistas, de profesionales, «hasta de futbolistas» pidiendo la transferencia de poder a los civiles mediante elecciones. Está convencido de que en pocos años puede ocurrir lo que al finalizar la Segunda Guerra Mundial: una oleada democrática por todo el continente. Respecto al acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos, se limita a comentar:


«Por el momento el acercamiento se reduce a que Cuba mandará a Washington dieciséis agentes del G-Dos y Washington a La Habana dieciséis agentes de la CIA».


Como voy a perder el avión, tengo que despedirme precipitadamente. En la puerta de calle, me regala una especie de estampa que no tengo tiempo de ojear. Aquí, en el largo vuelo trasatlántico, descubro que es la historia de una estatuilla que he visto en su escritorio. La Negra Josefina, una vagabunda de las calles de Caracas que asaltaba a los transeúntes pidiendo «un mediecito»; hace unos treinta años, sirvió de modelo al autor de la obra, Santiago Poletto Lamberti. Se trata de una mulata, por supuesto.


Sobre el Atlántico, sept. 77


Fuente: Ramos Flamerich



miércoles, 13 de octubre de 2021

ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN: Los latinoamericanos vivimos en un gran país que va de los Pirineos a la Tierra del Fuego

 



LA EMOCIÓN DE LAS IMÁGENES Y LA ANÉCDOTA DE LAS PALABRAS: ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN



Mª Luisa Páramo

lparamo@serbal.pntic.mec.es



"El idioma es por sí solo un contenido. Es una anécdota y una verdad"



"Es difícil hacer sonoros los olores y visibles las esencias"



"Los latinoamericanos vivimos en un gran país que va de los Pirineos a la Tierra del Fuego"



Un revuelo de géneros e imágenes levanta la literatura de Adriano González León. Ahora hace treinta años, el premio Biblioteca Breve fue a parar a las manos de este escritor venezolano por su novela País portátil (reeditada en 1997 por Alfaguara en su colección de bolsillo), y desde entonces su nombre figuró en las listas, más o menos tardías, de aquellos que acotaron el llamado "boom" latinoamericano. Sin embargo, el resto de su obra, publicada en distintos países de América Latina, se mantendría prácticamente desconocida para los lectores españoles durante décadas. Este aparente silencio quedó roto cuando González León llegó a Madrid hace tres años como Agregado Cultural de la embajada de Venezuela.



La novela Viejo (Alfaguara, 1995) nos devolvió el contacto con una literatura más poética que de otro tipo e inició una interesante segunda oportunidad para el conocimiento del escritor en España, gracias a la publicación, sobre todo a lo largo de los últimos meses, de algunas novedades y unas cuantas reediciones de sus obras. Como curiosidad, habría que destacar que ha dado a la luz en Madrid su primer libro de poemas, Hueso de mis huesos (Rayuela, 1997), a estas alturas de su creación.


La figura de Adriano González León interesa también en su vertiente de auténtico activista cultural de lo latinoamericano. Su paso por universidades y otras instituciones, así como su participación en la televisión educativa iberoamericana como colaborador en el espacio "Taller abierto", dejan constancia de ello. Hay un cúmulo de buenos motivos, por tanto, para tomar contacto con este escritor profundamente animado por la fuerza del Caribe.


- Está justificado que comencemos hablando de proyectos. ¿Cuál es el más inmediato?


- En este momento, debo destacar la aparición, coincidiendo con la feria del libro de Madrid, de la edición de mis cuentos completos en Alfaguara bajo el título Todos los cuentos más Uno.


- ¿Más Uno? ¿Por qué?


- Porque el último es un cuento inédito que se llama precisamente Uno. Toma el título de un tango -"Uno busca lleno de esperanza los caminos que…" (tararea)- y, claro, es un texto poemático y lleno de nostalgias.


- Usted ha escrito varios libros de relatos breves, ¿cuáles se incluirán en esta edición?


- Los que yo considero cuentos en realidad están sólo en tres libros, Las hogueras más altas, Hombre que daba sed y Linaje de Árboles. Ésos son los que ahora aparecerán juntos…más Uno. Hay otros libros míos que no pueden considerarse de relatos, como Asfalto-Infierno, que es un conjunto de texto libres sobre la ciudad.


- Del rayo y de la lluvia contiene textos que tampoco podrían llamarse relatos, quizá.


- Es una colección de crónicas poemáticas, inéditas en España, de la que precisamente acaba de aparecer ahora una amplia selección en una edición bellísima , bajo el título Crónicas del rayo y de la lluvia, iniciando un nuevo proyecto editorial del Ayuntamiento de Cádiz. Estos textos están animados por el propósito de convertir noticias en poesía, claro que no se trata de las noticias habituales, sino de aquéllas que encontramos de pronto al fondo de un diario y nos sorprenden, como la del hombre que se dejó morir de amor en un banco, o la del cumpleaños del cometa Halley.


- ¿Sería posible hacer poesía con las noticias de todos los días?


- Ésas son completamente imbéciles, sobre todo las de tipo político, pero las noticias curiosas dan pie para soñar. Por ejemplo, hace seis o siete años escribí una crónica en la que, soñando, me anticipé a la noticia actual de que hay agua en Marte.


- Algunas de estas crónicas hablan de ciudades y viajes. Son muy importantes para usted las ciudades, ¿verdad? En País portátil, su primera novela ahora relanzada en edición de bolsillo por Alfaguara, lo urbano y lo rural se combinaban; pero ahora su literatura parece vencerse más hacia el lado de la ciudad.


- Mis relatos son casi completamente rurales, memorias de la infancia; pero sí, las ciudades me atraen de manera especial.


- Volviendo a los relatos, Hombre que daba sed merece, en mi opinión, mención especial.


- Se trata de un relato en el que el monólogo interior se vuelve del revés para adoptar la perspectiva externa, la del que ve al personaje en simultaneidad y lo expresa mediante la gran tromba de las palabras, tromba que se lleva por delante los puntos y las comas. En casi todos mis cuentos, así como en la novela Viejo, la anécdota no cuenta mucho, cuenta fundamentalmente el pálpito del idioma.


- Algunos críticos han definido su literatura como formalista, ¿está usted corroborándolo?


- No se trata de formalismo, es que el idioma es por sí sólo un contenido, es una anécdota y una verdad. Cada palabra cuenta y puede contar por sí sola una historia, si el lector tiene imaginación. Las palabras están llenas de emociones, de paisajes y de vidas interiores que el lector puede construir. Esto es lo que pretendo mostrar en mi último trabajo, en el que el personaje prácticamente es la palabra junto con la luz.


- ¿Palabra y luz?


- Sí, palabra y luz, porque en este relato tengo como punto de partida la figura de un pintor que trabajó extraordinariamente con la luz del Caribe y , en su continuo combate por conseguir un proceso de síntesis, llegó a reducir los cuadros solamente al blanco. A mí me impresionó esta idea y he tratado de reconstruir la perspectiva del pintor, añadiéndole todo lo que me ha hecho imaginar esta figura, para escribir con ello un relato largo que va a sorprender a mucha gente. No es una novela con intriga, no se podrá llevar al cine ni a la televisión para satisfacer el gusto mediocre, a pesar de que esté hecha fundamentalmente de imágenes.


- Aparente paradoja.


- El lenguaje puro de la imagen no tiene cabida en la industria porque no es comercial: el mar batiendo, las palmeras que se mueven, aquellas muñecas de trapo que el pintor utilizaba como modelos no son formas reconocibles y fáciles, se mueven más bien en la abstracción. Yo me sentiría perfectamente instalado en estos cauces de expresión, si llegara un día en que pudiera darse en los medios audiovisuales la misma batalla que a principios de siglo dieron los pintores abstractos o gran parte de los pintores surrealistas, que eran excesivamente imaginativos y distorsionaban la realidad, o mostraban una que estaba más allá de la de todos los días.


- ¿Será una novela este nuevo texto?


- Será un relato largo difícil de etiquetar, al que de momento le he encontrado el título de Viento blanco. Las cosas pasan con gran rapidez y son blancas.


- La plástica forma parte de su mundo, tan plagado de imágenes. En los libros, sus palabras aparecen acompañadas de ilustraciones notables, dibujos, acuarelas, serigrafías. ¿También son importantes para usted los sonidos?


- Muy importantes. Las palabras y sus uniones son válidas en la medida en que crean una eufonía. Mi único prejuicio con respecto a modismos tomados de otros idiomas es precisamente éste. En las páginas de internet y en la nomenclatura informática general encontramos términos como "accesar" o "formatear", que me parecen horrorosos; sin embargo, encuentro bello eufónicamente "escanear", porque me sugiere "esquilar", y entonces la palabra adquiere para mí una categoría poética superior. En este sentido, creo que el problema no es que una palabra sea correcta o no, es que sea o no bella, y esto los académicos lo deberían tener en consideración.



- ¿Y los olores?


- En País portátil la ciudad huele a gasolina y a fruta fermentada; el mundo rural huele a vejez, a antigüedad. Las mujeres parientes del personaje huelen a alcanfor, a remedios, a santos y a velas quemadas. Por cierto, recuerdo como uno de los juicios más lindos sobre la novela el de mi hermana, que me dijo cuando iba por la mitad del libro que por fin había encontrado una mujer que oliera bien, Delia, porque yo digo allí que está "enmandarinada". Tiene una enorme dificultad plantearse cómo hacer sonoros los olores y visibles las esencias. La pintura puede sugerir los olores, pero en el cine, la televisión y la radio es mucho más difícil; las escenas campestres de los pintores flamencos huelen, las vírgenes y los cazadores de los renacentistas también huelen, pero las películas no.


- Hueso de mis huesos es, "oficialmente", su primer libro de poemas, pero ¿no resulta esta clasificación en el contexto de su obra, cuando menos, discutible?


- Se trata de un texto orgánico, de organización poemática, teñido de imágenes y metáforas, y en el que curiosamente la narrativa y la dramática influyen bastante, porque tiene unidad, porque en él utilizo el artificio de los actos para organizar parte de la estructura, cinco actos como una tragedia, y porque además tiene anécdota. De pronto un hombre está observando la ciudad desde una ventana, absorbiéndola, captándola. Él parte de la observación de la ciudad-madre, Caracas, pero se le juntan todas las ciudades de su experiencia y su imaginación, de su propia historia.


- Las ciudades colaboran en la estructura de la obra y muy relacionadas con ellas aparecen las mujeres. ¿Pero aquí las mujeres son algo más?


- Personajes de ficción, personajes de la mitología como la diosa Ishtar, Dulcinea, Ofelia o Isolda, van conformando lo que podríamos llamar el núcleo femenino por excelencia, que es lo que yo trato de alcanzar aquí. Pero también hay mujeres de carne y hueso, que transcurren por Buenos Aires o por el propio museo del Prado, transformadas mediante la idealización; nacen en la realidad , pero en la memoria esa realidad se agiliza, se magnifica, se convierte en homenaje, se hace carne y se hace hueso. Siempre he pensado que hay un elemento universal en el trasfondo femenino que va más allá de la "compañera" que Dios da a Adán. Coatlicue, por ejemplo, representa a la madre tierra en la mitología azteca, es la engendradora, la que contiene todas las verdades de la existencia, y lo mismo ocurre en otras mitologías, griega, latina, púnica. Esta presencia de lo que yo llamaría lo femenino inmortal es la que quise plasmar en mi libro, pero a través de una experiencia absolutamente humana: "Por eso obedecí a tu voz y omití el ángel. Me tendiste tus brazos desde el árbol. Yo me sentía el primer caballero y no podía desairarte. Ese cambio de cortesías quebrantó las ordenanzas, pero nos hizo conocer el bien y el mal. Ni ángeles, ni demonios, ni dioses, nos volvimos humanos… Y comenzamos a comernos la tierra con amor". ¡Poder levantar la condición de uno!


- ¿Y las rosas, qué encierran las múltiples y diversas rosas del texto?


- Las rosas son el elemento menos trágico. Pueden comunicar olores, pueden dar la sensación de primavera, de jardín, y sobre todo son la ternura, la infancia. Son capaces, además, de trasponer cada uno de los colores y las texturas de la realidad y de la imaginación: rosa frágil, rosa de plata. Las rosas introducen frescura en la tragedia, tamizan lo sensitivo.



- "Hueso de mis huesos" es una frase con la que Adán se refiere a Eva, pero también la llama "carne de mi carne". ¿Por qué esa elección para el título?


- Primero, por una cuestión de eufonía y, segundo, porque los huesos son más perdurables y son la estructura que sujeta esa carne que es perecedera en la tradición cristiana. Un milagro de la arqueología podría hacer que se encontraran los huesos de Adán y de Eva, pero no sus corazones.


- ¿Cómo ve usted Venezuela desde Madrid?


- Cuando llegó Colón a las costas venezolanas en el tercer viaje, hizo constar en su informe que vio pelear el agua dulce con el agua salada, añadiendo que creía que, según sus conocimientos, más adentro debía estar el Paraíso Terrenal. Hay que agradecer a Colón este exceso poético e imaginativo, pero el caso es que también la denominó "tierra de gracia" y ahí parece estar más cerca de la verdad; porque Venezuela es un país que hace de la imaginación y del humor el socorro de su miseria de rico, la miseria de no saberse encontrar, de ir dando tumbos por la historia. Claro que poco a poco el país busca su camino y se merece hallarlo. Pero hay anécdotas, como la de Juan de la Cosa trazando el mapa casi exacto de nuestras costas, que nos muestran una Venezuela mezclada con el azar y la locura. En ello está quizá lo más atrayente de mi país, en el hecho de que se mueve siempre entre esos parámetros, por eso yo lo llamé "país portátil".


- ¿Afecta a esa imagen el cargo que desempeña en la embajada?


- Aunque no fuera agregado cultural, sería igualmente fiel a mis imágenes, a mis emociones y a mis recuerdos. Pero también sería absolutamente fiel a mi sentido crítico: no voy a aceptar como un patriotero ninguna de las dificultades y de los horrores que ocurren en el país. Todo lo someto a análisis, a vigilancia, y creo que es lo mejor que cualquiera puede hacer por su tierra natal. El encanto del Orinoco o del mar Caribe sobre Margarita no me hace olvidar los problemas.


Crónicas del rayo y de la lluvia (1998)



- Usted ha viajado y ha conocido muchos y diversos lugares. Basándose en esa experiencia, ¿podría afirmar la existencia de una gran cultura occidental, o son mejor observables las diferencias?


- No me acerco a la idea de una cultura occidental, pero tampoco creo en la preeminencia de las culturas nacionales o regionales. Creo que los latinoamericanos vivimos en un gran país que va desde los Pirineos a la Tierra del Fuego. Ciudades como Buenos Aires o Bogotá me han marcado en una época de mi vida. Y ahora Madrid, donde llevo ya tres años instalado. En todas estas ciudades estoy en mi casa.


- ¿Y La Habana?


- La Habana es la capital de todos los que pertenecemos a la que yo llamo la generación del 60. Cuba es un gran amor y es un gran dolor. Esperábamos, al menos yo esperaba mucho más de una revolución con la cual contribuimos en extremo. El destino histórico ha querido que las cosas sean distintas y que este país, que constituye el más hondo afecto para cualquier ciudadano del Caribe, no haya podido encontrar su rumbo. Es posible que lo encuentre; pero, eso sí, sólo lo encontrará sin agresiones imperialistas, lejos de la estupidez que circula por ciertos lugares del exilio y libre de bloqueos económicos. El propio pueblo cubano dará su verdad, y lo deseable es que esa verdad no llegue a estruendo. Hace poco escribía yo un texto para la revista Encuentros en el que repetía el latiguillo "hay que volver a Cuba", porque mi deseo es que la Isla esté presente en Latinoamérica y en España con todas sus virtudes y sus sueños; al fin y al cabo la patria, como decía José Martí, no es otra cosa que "un pedazo de tierra sobre un pedazo de cielo". Pero aquí hay demasiados intereses tratando de pescar en mar revuelto.


- En mar revuelto… ¿Por qué es tan importante el mar para usted?


- Porque soy montañés y nadie se deslumbra sino por lo desconocido.


- Su actividad cultural en España es amplia. De ella, se podría destacar, por ejemplo, su participación en la oferta educativa y cultural de la Casa de América. ¿Qué tal el curso que está coordinando allí?


- La Casa de América es una de las instituciones más importantes para las relaciones culturales internacionales, por encima de otras similares. Es trascendental que exista la oportunidad de que, en la capital de España, los diferentes países de América Latina puedan presentar de un modo coherente su expresión literaria, plástica, cinematográfica y folklórica, puedan revisar su historia y contrastar sus investigaciones científicas, puedan encontrarse. Y esto está por encima de las propias dificultades de la institución. Este curso, que ha tenido como excusa los quinientos años del viaje de Colón , ha permitido presentar un aspecto de América Latina que no está muy difundido: el de las culturas prehispánicas y sus derivaciones posteriores en la literatura contemporánea a través de Asturias, Borges, o Carpentier. Planeé el curso, diseñé las sesiones y luego me he sorprendido del enorme éxito alcanzado: pensé en un seminario para unas veinte personas y la asistencia real a las sesiones supera las cincuenta. A pesar de ello hay discusión, hay oportunidad de hablar y preguntar, hay vínculo.


- Volviendo a su obra, ¿cree que ahora, con tantas ediciones en el mercado, podría llegar al gran público en España?


- Hay muchos que llaman publicar sólo a estar en las librerías de aeropuerto, y eso es otra cosa. Sólo me inclino por las ediciones que suponen una responsabilidad del espíritu, como estas últimas de las que hemos hablado, que no son simples libros de figurón. En mí las palabras se agolpan y resuenan con una fuerza implacable, por eso sólo me interesa hablar de mis imágenes, de las que surgen en mi propia mente y de las que heredé, pero que yo trastoco. Nunca podré ser un escritor comercial, ni siquiera soy un escritor profesional.


Adriano González León y Vargas Llosa.


-¿Y figurar entre los galardonados con el premio Biblioteca Breve, junto a nombres como los de Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Cabrera Infante, no supone casi una consagración?


- Era un premio de honor y de prestigio, verdaderamente. Porque ni siquiera tenía un valor en metálico, lo más que conseguía el premiado era un adelanto sobre sus derechos de autor. Sin embargo, estamos hablando del premio que significó el nuevo contacto entre América Latina y España, roto desde la época de Rubén Darío. Nunca se le podrá agradecer bastante aquella idea a Carlos Barral.



© María Luisa Páramo 1998


Itinerario de las islas, de Crónicas del rayo y de la lluvia (1998)

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero8/adriano.htm

Tomado de Especulo Num 8


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14/05/2026