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jueves, 2 de enero de 2025

Laura Lorenzoni, bióloga venezolana en la NASA: La misión satelital PACE nos permitirá responder muchas preguntas sobre los ciclos bioquímicos de nuestros oceanos

 




De la fosa de Cariaco a la NASA


La bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni, es parte de la misión PACE que despegó a bordo del cohete SpaceX Falcon 9, en Cabo Cañaveral, EE. UU, el 8 de febrero.




TAISA MEDINA | 08 MARZO 2024

La bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni, nacida y graduada en Venezuela, ha sido alma y corazón de la misión PACE que despegó a bordo del cohete SpaceX Falcon 9, en Cabo Cañaveral, EE. UU, el 8 de febrero de este año.



PACE es el acrónimo de Plancton, Aerosol, Nubes y Ecosistema Oceánico, objeto de investigación de la misión. 


“Qué es lo que me atrae del espacio: lo desconocido que puedes conocer. Y ciertamente conocemos más de nuestra Luna, y estamos en camino a conocer más de Marte, de lo que conocemos de nuestro océano”, dijo en una entrevista titulada «Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo».


Imagen tomada de Em Órbita


En ese mismo texto, habla con pasión sobre el océano, al que describe como “profundidades impensables, especies jamás vistas, interacciones vitales”. El reto de explorar lo desconocido de los mares la llevó a interesarse por la biología tras caer en cuenta que la ingeniería aeroespacial no era una carrera que pudiese empezar en Venezuela.


“Si alguien quiere ir a otro planeta, debería bucear y bucear de noche”, expresó en esa publicación. Se sabe que su hijo de 10 años heredó la pasión por el buceo de sus padres, pero debe esperar para ello tener, al menos, 12 años.



En sus pasos para llegar poco a poco a la NASA, un profesor de la USB la ayudó a conseguir una pasantía en un centro de detección remota con satélites. 



Su perfil dice que “hizo su tesis de grado en teledetección y otra oportunidad se abrió en Venezuela: la posibilidad de estudiar la Fosa de Cariaco, una de las principales cuencas anóxicas del planeta. Anóxica significa que no tiene oxígeno; aun así, en Cariaco hay vida microbiana». Esta fosa «ha sido utilizada para poder entender qué tipo de organismos pudieran existir en océanos de otros planetas”, explica Lorenzoni. Trabajar con Cariaco le dio la oportunidad de hacer la maestría y después el doctorado en Florida.”


En la reseña, anteriormente citada, confiesa que “el sueño se terminó de completar cuando se abrieron para ella las puertas de la NASA. Hoy es científica del Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica (OBB, por sus siglas en inglés) en la Dirección de Misión Científica de la sede de la agencia. El programa OBB se centra en describir, comprender y predecir las condiciones biológicas y biogeoquímicas, las interacciones y los cambios en la capa superior del océano, a través de los datos de detección remota y los obtenidos en el campo.”


Asegura que “la exploración de la Tierra y la exploración espacial van de la mano; la primera viene antes que la segunda. Según Lorenzoni, conocemos muy poco sobre lo que hay en nuestros mares, “y si nos ponemos a pensar que la vida como nosotros la conocemos salió del océano, pues es fundamental entender qué es lo que tenemos aquí en este planeta para poder extrapolar qué posiblemente pudiera haber en otros lados”.


Subraya que “conocer mejor nuestro océano también nos ayudará a responder varias preguntas importantes, explica Lorenzoni: qué va a pasar con el ciclo del carbono a medida que aumente el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y los mares se calienten; qué pasará con la cadena alimenticia en el océano.



– ¿Cómo está funcionando la misión que está en órbita desde el 8 de febrero de este año? ¿Cómo define la misión?


¡PACE está funcionando a la perfección! Desde su lanzamiento, el equipo de la misión Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos (PACE, por sus siglas en inglés) de la NASA han estado llevando a cabo los pasos necesarios para asegurarse de que los instrumentos empiecen a recolectar las mediciones para las cuales fueron diseñados. PACE es una misión satelital de observación de la Tierra que no solo extenderá los más de 20 años de observaciones satelitales globales que ya tenemos de nuestro océano, sino que las va a mejorar, permitiéndonos ver el océano, la tierra, y la atmósfera bajo una luz completamente nueva. Uno de los instrumentos principales de PACE es el Instrumento de Color del Océano (OCI por sus siglas en ingles) el cual permite observar el océano de manera hiperespectral, o sea que medirá el color completo del océano o, para ser más precisos, cómo interactúan más de 200 longitudes de onda de la luz con la superficie de la Tierra. Con esta información detallada sobre el color del océano, esperamos detectar la composición de las comunidades de fitoplancton, que es la base de la cadena trófica y esencial para nuestras pesquerías y salud del océano. Además, los dos polarímetros que carga PACE proveerán información sobre las nubes y aerosoles, datos importantísimos para calidad del aire y mediciones de calentamiento global. Desde la atalaya única del espacio, PACE no solo podrá darnos información sobre los aerosoles o el plancton de un solo lugar, como podría hacer un instrumento terrestre, sino que nos dará información sobre estas cosas en todo el planeta.


Imagen tomada de Em Órbita


– ¿Cuándo llegarán los primeros datos?


Tentativamente la semana del 25 de marzo.


Imagen tomada de Em Órbita



– ¿Con quién y cómo se compartirán esos valiosos datos?


¡Con todo el mundo a través del portal de PACE – https://www.earthdata.nasa.gov! Los datos de PACE, como todos los datos de NASA, son de libre acceso y diseñados para beneficiar a todas las comunidades. PACE tiene una política de datos totalmente abierta y tiene previsto hacer públicos los datos una vez que finalice el período de puesta en marcha. Las herramientas de análisis de datos y el código fuente también se pondrán a disposición del público. 


Imagen tomada de Em Órbita


– ¿Cuáles son los impactos previsibles y tangibles en la sociedad y para el ciudadano común, la economía menuda, el comercio?


Los datos de PACE aportarán una serie de beneficios para todo el mundo. La información sobre el fitoplancton puede ayudarnos a comprender y gestionar mejor la pesquería y la salud del océano; los gestores de actividades recreativas y las comunidades costeras pueden utilizar los productos de datos PACE para ayudar a identificar las proliferaciones de algas nocivas, y los gestores de recursos naturales pueden utilizarlos para estudiar la calidad del agua. Los científicos también utilizarán los datos atmosféricos de PACE para estudiar los aerosoles y rastrear cómo el humo, el polvo y otros contaminantes se desplazan por diferentes zonas, y los funcionarios de salud pública pueden utilizar esta información sobre la calidad del aire.


Imagen tomada de Em Órbita


– ¿Cuáles son los próximos pasos


Una vez que PACE termine la etapa de ‘puesta en marcha,’ esperamos tener tres años de operación, en donde PACE recolectará una increíble cantidad de información de calidad sobre nuestro planeta. Por supuesto, ¡esperamos también una extensión de la misión después de estos primeros tres años! Durante este periodo inicial también estaremos desarrollando nuevas herramientas para la generación de productos que sean de utilidad para la sociedad, así como nuevas visualizaciones de los datos que nos permitan entender nuestro sistema terrestre como nunca antes. 


Imagen tomada de Em Órbita


– ¿Hay deadlines de algún tipo?


El periodo de puesta en marcha, o Commissioning, tiene que ser completado 60 días después del lanzamiento; este período de puesta en marcha se utiliza para encender la nave espacial, los sistemas de comunicaciones y navegación, las computadoras y los instrumentos, desplegar los paneles solares, verificar y ajustar todos los sistemas de instrumentos y de la nave espacial, ajustar la órbita y, en última instancia, comenzar la recopilación de datos del instrumento y hacer su evaluación. ¡Todos los procesos de puesta en marcha han sido exitosos y esperamos con ansia poder compartir los datos de PACE con todo el mundo!


Imagen tomada de Em Órbita



– ¿Cuál ha sido su motivación para ponerle alma y corazón a esta Misión?


Nuestro océano es una frontera inexplorada de nuestro planeta y la fuente vital de vida para todos nosotros; ¡entender cómo el océano está cambiando y cuál es el impacto sobre nuestros ecosistemas (de los cuales dependemos) es importantísimo para asegurarnos de que estamos dejando un legado de esperanza y mejoría a nuestras generaciones futuras!



Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo


https://laldea.site/2024/03/08/de-las-fosas-de-cariaco-a-la-nasa/


PACE launch & Falcon 9 first stage landing







Entrevista con Laura Lorenzoni de la NASA - Todos los detalles de la Misión PACE.







miércoles, 6 de noviembre de 2024

Laura Lorenzoni, bióloga venezolana en la NASA: Del espacio y del mar me atrae la inmensidad de lo que hay por conocer

 


Estimados Liponautas 

Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una entrevista hecha en el año 2021 a la bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni. Laura nació en Venezuela y se graduó  en la Universidad Simón Bolívar USB


Imagen tomada de Em Órbita



Lorenzoni es parte de la misión PACE (acrónimo de Plancton, Aerosol, Nubes y Ecosistema Oceánico). 


Lanzan con éxito la misión 'Pace' de la NASA | Noticias Telemundo



El satélite fue lanzado a bordo del cohete de SpaceX, el Falcon 9, en Cabo Cañaveral, EE. UU, el 8 de febrero.






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Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo


  Noelia González


JUN 08, 2021





Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


Laura Lorenzoni, originaria de Venezuela, hoy se desempeña como científica de programa en el Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica de la sede de la NASA.

cortesía Laura Lorenzoni



La carrera profesional de Laura Lorenzoni ha ido al ritmo de su curiosidad. La atracción por el espacio exterior y los mundos que este contiene marcaron el compás de sus primeros años de estudio universitario en Venezuela, a pesar de que en ese entonces no imaginaba hacia dónde la llevaría su pasión por el cosmos.


Resulta que Lorenzoni no es de las personas que se fijan en algo que piensan que quieren hacer. Su fórmula para avanzar ha sido menos predecible: prefiere seguir sus pasiones, atravesar las puertas que se abren frente a ella, y nunca dejar que le digan que no. Todo eso, mientras recibe el apoyo de su familia; la combinación perfecta para cumplir sueños que a simple vista parecen demasiado lejanos.


Lorenzoni amaba el espacio y sabía que quería ser científica, pero tenía que adaptarse a lo que tenía disponible. En su país no existe la carrera de ingeniería aeroespacial, pero pronto entendió que había otra manera de explorar otros mundos, sin necesidad de salir del planeta Tierra.


Qué es lo que me atrae del espacio: lo desconocido que puedes conocer. Y ciertamente conocemos más de nuestra Luna, y estamos en camino a conocer más de Marte, de lo que conocemos de nuestro océano”, dice. Profundidades impensables, especies jamás vistas, interacciones vitales; el reto de explorar lo desconocido del océano la llevó a dar la siguiente brazada.

Biblioteca de la Universidad Simón Bolívar


Estudió biología en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas. Allí empezó a conocer nuevas caras del océano.



Recuerda tener que adentrarse en el mar de noche para recolectar muestras de zooplancton. “Y mira, por más familiar que yo hubiese estado con esa playa, entrar al mar de noche, con tu linternita, arrastrado tu red de plancton allá al fondo, te inspira respecto. Eso me quedó grabado”, recuerda Lorenzoni, que también solía hacer buceo nocturno. “El mar de noche es absolutamente fascinante. Si alguien quiere ir a otro planeta, debería bucear y bucear de noche”, dice.


Allí, un profesor la ayudó a conseguir una pasantía en un centro de detección remota con satélites. De pronto, ya estaba más cerca del espacio, y de la NASA.


Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


Hizo su tesis de grado en teledetección y otra puerta se abrió allí en Venezuela: la posibilidad de estudiar la Fosa de Cariaco, una de las principales cuencas anóxicas del planeta. Anóxica significa que no tiene oxígeno; aun así, en Cariaco hay vida microbiana. Esta fosa “ha sido utilizada para poder entender qué tipo de organismos pudieran existir en océanos de otros planetas”, explica Lorenzoni. Trabajar con Cariaco le dio la oportunidad de hacer la maestría y después el doctorado en Florida.

Mapa de la Cuenca de Cariaco


El sueño se terminó de completar cuando se abrieron para ella las puerta de la NASA. Hoy es científica del Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica (OBB, por sus siglas en inglés) en la Dirección de Misión Científica de la sede de la agencia. El programa OBB se centra en describir, comprender y predecir las condiciones biológicas y biogeoquímicas, las interacciones y los cambios en la capa superior del océano, a través de los datos de detección remota y los obtenidos en el campo.


Es muy curioso porque si tú le preguntas a chiquillos o a la persona normal qué hace la NASA, te van a decir ponen el rover en Marte o estudian galaxias lejanas”, dice Lorenzoni, que señala que muy poca gente “se da cuenta de que la NASA tiene un programa extremadamente robusto de ciencias de la tierra”.


Es que la agencia observa y estudia nuestro planeta desde adentro y desde afuera, con una flota de satélites que brindan una perspectiva única de nuestro mundo, y que dan “una cantidad increíble de información” que va mucho más allá de ayudar a pronosticar el clima de mañana, explica Lorenzoni.


Por lo general, “el espacio se lleva todo el glamour”, aun cuando la tecnología que posibilita la exploración de otros mundos haya sido desarrollada, en principio, para estudiar la Tierra. En ocasiones, nuestro océano es un buen lugar para probar estas tecnologías, que a su vez harán posible las investigaciones científicas. “El océano es un ambiente muy rudo. Tienes presiones absurdas, tiene condiciones que de verdad llevan al límite la tecnología que nosotros tenemos”, dice Lorenzoni. Por eso, explica, si funciona en las partes más profundas de nuestro océano, es probable que también funcionen en otros mundos.


Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


La exploración de la Tierra y la exploración espacial van de la mano; la primera viene antes que la segunda. Según Lorenzoni, conocemos muy poco sobre lo que hay en nuestros mares, “y si nos ponemos a pensar que la vida como nosotros la conocemos salió del océano, pues es fundamental entender qué es lo que tenemos aquí en este planeta para poder extrapolar qué posiblemente pudiera haber en otros lados”, comenta.


Conocer mejor nuestro océano también nos ayudará a responder varias preguntas importantes, explica Lorenzoni: qué va a pasar con el ciclo del carbono a medida que aumente el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y los mares se calienten; qué pasará con la cadena alimenticia en el océano.


En eso ha trabajado la campaña de campo oceanográfica de la NASA llamada Procesos de exportación en el océano desde la teledetección (EXPORTS, por sus siglas en inglés), que busca entender mejor cuál es el papel del océano en el ciclo global del carbono. Lorenzoni supervisa este programa.


Durante el despliegue más reciente de EXPORTS en mayo de este año, tres buques navegaron el Atlántico tomando medidas y recopilando datos de forma continua con plataformas de alta tecnología, incluidos varios vehículos autónomos. El siguiente paso es vincular esos datos con los satélites.


Esto permitirá entender qué está pasando con el fitoplancton, que es clave para la producción de oxígeno hacia nuestra atmósfera, y es la base de la cadena alimenticia de los ecosistemas acuáticos. Pero no solo eso: también ayudará a conocer qué está sucediendo con toda esa cadena trófica, lo cual es importante porque esta secuestra el carbono a la parte profunda del mar, ayudando a sacar CO2 de la atmósfera. Y eso “contribuye a frenar un poco el calentamiento global”, explica Lorenzoni.


Saber qué está pasando en el océano también ayuda a entender hasta dónde está llegando la huella del ser humano, incluso en los rincones más remotos. Recuerda lo que sintió cuando se enteró de que habían encontrado una bolsa plástica en la Fosa de las Marianas, en el Pacífico: fue aleccionador. Con más de 10 mil metros de profundidad, esta fosa es considerada el área más profunda de los océanos. “Pensar que hasta ese sitio ha llegado la huella humana es un poquito triste”, dice Lorenzoni, que dice que esto es “un recordatorio de lo interconectados que somos y lo importante que es cuidar de nuestro planeta en general”.

Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


Lorenzoni no pierde el optimismo. Ve “la preocupación honesta” de la gente en general sobre el problema de la contaminación por plásticos en los océanos y por la salud del ecosistema. En su hogar, enseña a su hijo de 10 años a pensar en la conservación. Dice que lo hace a través del ejemplo: ya sea enseñándole a respetar a una medusa o una estrella de mar que encuentran en la orilla, o transmitiéndole la fascinación por el buceo (su esposo también bucea). El hijo de Lorenzoni quiere ser arqueólogo submarino y espera con ansias cumplir los 12 años para poder bucear. “Compartir la pasión creo que es la cosa más efectiva para que él entienda lo importante que es nuestro océano y lo importante que es respetar sus recursos”, dice Lorenzoni.


Con el ejemplo de su trabajo, también busca inspirar y apoyar a la siguiente generación de científicos y exploradores. Lo siente como un “grandísimo honor”. “La parte más emocionante es esa: no solo poder darle pie a la ciencia que es buena, sino también tener la oportunidad de estar en una posición como en la que estoy y conectarme con chiquillos, y chiquillas sobre todo, que tal vez tengan el deseo, como lo tuve yo cuando era chiquita”, explica.


Dice que se siente privilegiada de haber contado siempre con el apoyo de su familia para lograr sus metas, y es consciente de que no todos los niños y niñas tienen ese apoyo disponible. “Mi recomendación para las chiquillas es: ¿quieres perseguirlo? Hazlo, no dejes que nadie te diga que no”.


También es importante no decirse que no a una misma, aclara Lorenzoni. Cuenta que aunque era “terrible en matemáticas”, pronto aprendió que “lo importante es capitalizar en nuestro fuerte”. Explica que perseguir lo que nos apasiona y en lo que somos buenos de verdad ayuda no solo a la autoestima sino también a desarrollar esa pasión. “Entonces”, concluye, “te conviertes en lo mejor que puedes ser”.


Por Noelia González


Centro de Vuelo Espacial Goddard, Greenbelt, Maryland



https://ciencia.nasa.gov/gente-de-la-nasa/laura-lorenzoni-explorando-mundos-dentro-de-nuestro-mundo/





miércoles, 30 de enero de 2013

Los nuevos proyectos de la NASA parecen sacados de peliculas de ciencia ficción






  • La agencia espacial financia el desarrollo de 28 ideas «locas» pero factibles, como un submarino para explorar Europa, la luna helada de Júpiter, o un velero con ruedas para viajar por Venus

 

 

Una nave submarino capaz de explorar las masas de agua bajo la superficie de la luna Europa, o un velero de ruedas para viajar por el cálido Venus. Son algunas de las ideas que la NASA ha decidido financiar a través de NIAC, su programa de ayuda a proyectos innovadores que pueden revolucionar la exploración espacial del futuro.

La agencia espacial estadounidense ha anunciado esta semana sus «becas» para 28 proyectos: 18 en fase uno y otros 10 en fase dos. A los primeros se les da en torno a 100.000 dólares —a gastar en un año— que han de dedicarse a estudiar la viabilidad y las características del concepto. La suma para cada uno de los segundos se acerca al medio millon de dólares. Es una inversión a dos años para seguir con el desarrollo de los proyectos más prometedores que fueron fase uno.

Los conceptos que ha financiado la NASA contemplan todo tipo de facetas de la exploración espacial. En fase uno están los más «descabellados». Algunos de los más curiosos son: un método para construir bloques de «cemento» a partir de regolito lunar, un sistema que recicla las partes sólidas del agua sucia y las utiliza como escudo antirradiación o un purificador de aire sin partes móviles.

En la fase dos los proyectos son más maduros, aunque también espectaculares. El traje espacial V2Suit, por ejemplo, promete ofrecer —gracias a un sistema de giroscopios— las mismas sensaciones gravitatorias de la Tierra para el que se encuentra en el espacio. También, un sistema de imanes superconductores para crear escudos magnéticos para proteger a las naves espaciales de la peligrosa radiación ionizante.

La NASA innova

Al paraguas de su principal objetivo —mandar cosas y gente al espacio— la NASA desarrolla cientos de tecnologías que después repercuten en la sociedad civil. La exploración más allá de la Tierra exige buscar soluciones imaginativas a todo tipo de problemas. Cientos de tecnologías comunes hoy se crearon antes para superar una dificultad «espacial». Materiales antiincendios, las luces LED, la comida deshidratada o algo tan sencillo como los aspiradores de mano inalámbricos son todos inventos de la NASA.

Los «premios» NIAC surgen de esta búsqueda de ideas revolucionarias de la NASA. «A través de NIAC, la agencia lleva la inversión tecnológica necesaria para nuestras misiones también al largo plazo. Estamos inventando el futuro de la próxima generación de nuestras naves espaciales e inspirando a los estadounidenses a tomar pasos valientes en esta dirección», aseguró Michael Gazarik, director del programa de Tecnología Espacial de la NASA. «Esta selección representa las ideas más creativas con capacidad de mejorar de manera dramática nuestra exploración de nuevas fronteras».


Tomado de ABC