lunes, 17 de diciembre de 2018

Teófilo Tortolero: Me separa del grupo de Valencia su sentido aristocrático de la poesía



Teófilo Tortolero. Fotografía De Anaxímenes Vera. Revista Auditorio.


Conversaciones en Nirgua .

Teófilo Tortolero sin darle razón a nadie escribe desde la última tierra

Teófilo Tortolero (Valencia, 1936) perteneció al grupo literario «Azar Rey» de Valencia (1968-69) junto a Eugenio Montejo. Obtuvo el Premio José Rafael Pocaterra (poesía) en 1981. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Demencia Precoz (1968), Las Drogas Silvestres (1973) y 55 Poemas (1981).

Reside en Nirgua, Yaracuy, desde hace largo tiempo, junto con su familia, en donde nos concedió esta entrevista.

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¿Qué podrías decirnos acerca de esa escritura breve que tú mismo has cultivado y que caracteriza sensiblemente a la producción de los poetas más recientes del país?

La escritura breve, como toda escritura, obedece, como se dice a un choque, a un instante vital brevísimo, donde la comunión con lo ignoto se produce, y es preciso responder y dar a conocer la respuesta que no puede ser otra que palabras. Recordemos, por otra parte, que el músico y poeta
Mendhelson escribía canciones sin palabras. Luego, puede un poeta escribir las palabras cuyas canciones las oirán los elegidos.

Se ha hablado mucho de los poetas, o la escuela, de Valencia, a la cual tú, por cierto, perteneces junto con Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Reynaldo Pérez Só, entre otros. ¿Qué te une o te separa de ellos y cuál crees tú que han sido los aportes fundamentales de ese grupo a la poesía nacional?

No hay tal «Escuela de Valencia»; solamente existió un grupo de poetas que convergieron sobre una concepción de la poesía que iba más allá de lo convencional y lo estatuido. En este «grupo», cada quien escribe a su manera y saca sus fantasmas a su manera, ¡Ay del que no tenga fantasmas y visiones en este mundo! «Azar Rey» fue un intento de reunir cantos disímiles siempre sobre una misma cosa, ya que la poesía es siempre el mismo drama: nacer, muerte, alegría, poesía o culminar la vida en un silencio que puede ser el último.

Me separa del grupo su sentido aristocrático de la poesía, su sentido poco pedestre de la misma; me separa su narcisismo. Mi poesía no es partidaria sino solitaria. Las coincidencias fueron cierto fervor, cierto furor para guardar alguna unidad y sobre todo, preservar la unidad y calidad del discurso poético.




De izquierda a derecha aparecen J.M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero


Notamos en tus poemas huellas muy hondas de Vallejo, Ramos Sucre, Gerbasi, ¿Cuál crees que haya sido las más importantes de tus influencias?

A decir verdad, mi poesía andaba un tanto descaminada; más seguí por un largo rato los pasos de los hermanos Vallejo, Neruda y Hernández. Aun cuando se me dijo que Miguel Hernández era un imitador de Quevedo, felizmente lo imitó. Y me atrevería tal vez a decir que sobrepasó al maestro. Tal era su amor a la tierra y a los animales, sobre todo a las cabras, y por sobre todo a su propia familia, a su mujer, Josefina Manreza. De Gerbasi me asombra su trato de la tierra, del lugar, de la bodegas, de los caminos, del Canoabo de su estancia, del desvelo. De Ramos Sucre la osadía por tratar seres imaginario como yo los trato a cada día.


Juan Liscano en 1980

En su Panorama de la Literatura Venezolana Actual Juan Liscano te caracterizaba como un poeta interiorista, existencial y nosotros en un artículo periodístico situábamos muchos de tus poemas en un ámbito de textos nocturnales ¿En verdad, crees tú que sean esos los tonos dominantes de tus poemas?

Sí, soy interiorista, pero todo ese interior mío, lo he tomado de lo que me ha dado la naturaleza, el aire, los ríos, la floresta, y más allá, cualquier pájaro que vuela y pasa por mi casa. Si esto es interiorista, soy interiorista. Mi poesía se enmarca en lo general, en lo diurno y lo nocturno, comprende la mitología griega, la mitología romana y latinoamericana.

Esos refugios imaginarios que conforman muchas veces tu poesía se erigen como una verdad alucinante que pretende negar, en gran parte, el lado hostigante de la realidad. 

¿Cuáles crees que sean las demandas críticas de la imaginación poética a una sociedad mal conformada como la nuestra?

Todos los refugios imaginarios de un poeta son válidos. Un poeta no tiene que darle razón a nadie, ni a Dios, de lo que escribe. En última instancia, el juzgador de toda conducta humana, es el hombre, también deleznable.

Creo en mi entorno que me da holgura y sentimiento. Creo en los naranjos, en los limoneros. Creo en las ardillas. Creo en las tejas. Creo en la mirada que me seduce. Creo en el brazo que me conduce a algo. Creo en el libro. También creo en ángel de Rilke. Amo los seres que, fuera de este mundo, como decía Baudelaire, ansiaban otro mundo mejor. Creo también en los perros tristes, en los perros pobres, en los vagabundos pero, sobre todo, creo en la bondad humana que no se agota aun cuando los Perros de la Guerra quieren exterminarla.

La poesía, aunque tiene algún destino, se dice que posee pocos lectores en este país, ¿Son responsables básicamente los poetas de que se les lea tan poco?

La poesía no se lee en este país, como no se lee el castellano, como no se leen los libros. Nosotros conocemos el spanglish que el castellano. La nueva poesía no es precisamente difícil, en el sentido de inasible o inaccesible. Lo que ocurre es muy simple: nos hemos acostumbrado a que nos hagan la poesía en Miami o en Disney World para que la consumamos. De allí que para mí tiene más mérito cualquier de un tango de Lepera que la poesía que les enseñan a nuestros escolares. De tal forma que nuestros educandos sabrán mucho más de las cosas que ocurrieron en Hollywood que lo sucedido en su propio territorio. Insisto por eso en que a nuestros jóvenes se les instruya en la verdadera literatura latinoamericana, y no solo eso, sino que se les diga que esta, es una de las más sobresalientes escrituras que existen en el mundo.

La poesía no es rentable para los editores, porque a la edad de consumo se le olvidó que el hombre es un ser trascendente, y como tal, pregunta por cada cosa, pregunta sobresaltado sobre el mundo y su circunstancia. Todos sabemos que nacemos; en el caso de la muerte, las reflexiones las han hecho los poetas. Es por ello que hay como un pudor de esconder la vida, o sea, de esconder la muerte detrás de la vida, sabiendo que la muerte nos aguarda a todos, y, como decía René Char, «Para cada uno la muerte tiene su mirada».

¿Cómo se vincula para ti el quehacer poético con los valores disolutos de la locura y la bohemia?

La bohemia acude en mi auxilio cuando quiero escaparme de tanta porquería humana. Como lo reconoce el Dr. Solanes yo soy un esquizóide, y no loco. Rozo por instantes la esquizofrenia, tratar de comprender la vida de aquellos tristes personajes que están enfermos. Luego paso por una espera. Me hago más sensato, más familiar, más tranquilo; sin embargo, no dejo de ser jamás, aquella molestia que me provocaron aquellos seres que en nombre de la cordura, me martirizaron.


José Solanes

¿Tiene alguna significación para ti vivir y escribir desde la provincia venezolana, desde aquí, desde este pueblo de Nirgua?

Sí, tiene mucha significación, tiene demasiada, tengo demasiado para lo que a mí se me ha concedido como mortal. Tengo un exceso de vida para lo que a mí se me ha concedido. Y no creo en Dios. El hecho de vivir en Nirgua significa tener colinas, vallados, quebradas, casas derruidas, lugares que el hombre no habita ya, bestias que el hombre jamás domará, animales que nunca tendrá, mujeres que
jamás volverán a su lecho, botines, tabaco, nubes que el cielo reclama, alcoholes que no beberá, sangre de toro, sangre de nadie, nieblas, neblina que el viento difuminará …


Nirgua. Fotografía ALBERTO J. SANCHEZ G.

La tradición y lo nuevo, el campo y la ciudad son términos extremos de una cultura en crisis ¿Qué opinas tú en torno al destino de esas dos vertientes de la cultura nacional y cómo incide esta en tu poesía?

Bueno mi escritura poética se hace a partir de un sentir, de una proposición venezolana. La cultura poética venezolana, particularmente la cultura de este pueblo, se hace a partir de un gentilicio, de personas que quieren este pueblo. La cultura de este pueblo es dramática. Porque aquí la autenticidad ha quedado en segundo plano y la verdad también, y los valores también, y lo más dramático de este pueblo es que las familias pudientes son las que manejan la cultura.




Les voy a decir algo: siempre he puesto el nombre de Nirgua en alto y ahora pienso en un poema escrito hace ya tiempo:

Siempre se vuelve al sitio
de la adoración
al venado prisionero de patas febriles
en su campo de hostias y ortigas;
al rincón que guarda
la lagartija de veta azul

(…)

Me siento bien con todo lo que he hecho por mi medio.


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Esta entrevista a Teófilo Tortolero fue realizada por la revista de Arte y Literatura La Oruga Luminosa en 1989, un año antes de la muerte del poeta. Se encuentra publicada en su N°17/18, Agosto 1989, año 8, pp. 3-5, San Felipe, Yaracuy, Venezuela.


Tomado de Revista Poesía

ENLACES RELACIONADOS:



Prologo de Raúl Gustavo Aguirre para el poemario del escritor valenciano Teófilo Tortolero: Las drogas silvestres.

Descarga el poemario desde esta entrada.


Una entrevista al poeta venezolano Teófilo Tortolero

un poema del escritor venezolano Teófilo Tortolero


tres poemas de Teófilo Tortolero

domingo, 16 de diciembre de 2018

La poesía tensa de Milagro Haack






Carlos Yusti


José Solanes escribió, en un texto sobre Demencia Precoz, que los grandes poetas se preocupaban, casi hasta el tormento, por alcanzar dos orillas opuestas: la de la belleza y la del sentido. Lograr que esas dos orillas se crucen en el poema no es tarea sencilla.


José Solanes

Cada poeta libra esta batalla con el sentido y la belleza de las palabras en el poema y aunque parezca obvio la poesía no se estructura con palabras, sino con percepciones, visiones sobre el mundo y sus tentativas de belleza. El poeta trata de ordenar todo eso a través del lenguaje, pero desde un punto de vista bastante particular. Hace tiempo W.H. Auden lo había escrito: “La poesía es lenguaje en el más personal, el más íntimo de los diálogos. Un poema sólo tiene vida cuando un lector responde a las palabras que el poeta escribió”.

Con la poesía de Milagro Haack el lector establece un diálogo exquisito con el lenguaje desde esa intimidad especial. En un ensayo sobre la poeta el escritor José Napoleón Oropeza escribe: “A través de su yo fragmentado, busca registrar su origen, su partida y retorno a un impulso genésico. Cada verso, cada poema, se constituye en objeto de anunciación, tras una constante búsqueda de sí misma en el reflejo que deja la "otra": ella misma…”

Leer la poesía de Milagro Haack es hacer un recorrido por esa intimidad poblada por un mundo decididamente visual donde las estancias y los objetos demarcan la existencia un tanto vaporosa, como recubierta con esa tenue túnica del sueño. Es un viaje por la percepción, por ese aprisionar con la mirada el mundo cercano; ese universo personal atiborrado de migajas de sentimientos y emociones que Milagro Haack va escribiendo de forma persistentemente.

Como le ocurre a todos los poetas a veces piensa que su trabajo poética carece del aliento suficiente. Trato de espantar sus preocupaciones diciéndole que los lectores no buscan los poemas, sino que estos localizan a los lectores. Además Auden escribió: “Sólo un talento menor puede ser un perfecto caballero, un talento mayor es siempre un malcriado. De allí la importancia de los escritores menores, como maestros de buenos modales”. Milagros es una malcriada de marca mayor y en ocasione sus poemas muestran las garras y sin duda esto le salva de ser un poeta del subsidio y la prebenda cultural.

El verdadero poeta debe/tiene (que) siempre escribir en contra, debe estar tratando siempre de nadar a contracorriente y de pisotear, de vez en cuando el jardín del poeta consagrado, para que en su poesía crezca otro tipo flor menos ahormada a los limites del jardín.

Milagros utiliza el poema como una tabla de operaciones para dejar al descubierto el hueso limpio de sus meditaciones, de sus alucinaciones diurnas, de esa existencia que se vive al filo de la metáfora, al filo de ese ritmo insondable del poema denso y tenso por aquello escrito por : “El verso es denso, tenso como un arco, exactamente dicho, porque los días fueron densos, tensos como arcos, exactamente vividos”. El poema es ese espejo donde el poeta se ve siempre inacabado, inexorable y solitario; perdido buscando el camino cierto de la belleza de esa vida engastada al poema como una tabla de salvación.




XIX

Fuimos                                           
hechos para el desierto de la vida                
que conjura la otra parte no vista con las manos 
y sólo llego hasta donde el cuerpo               
permite                                         
la agonía de ser yo                             
sola yo                                          
caminando junto a tu destino espejo             
silencio                                         
cuando se cruza el pasado                       
mirándonos                                       
en las Tres Gracias ausentes                     
dentro de la futura red por alabastro           
VIDA                                             
VIDA                                             
tal cual es la semejanza del peso               
de tu otra realidad                             
que terminas                                     
por                                             
ROMPERTE                                         





IV

Parece
que tienes sed
me lo arrojas cruzando el canto
entre la niebla y mi esperarte
en la puerta de la casa

cambio el sonido
vuelvo a la incómoda silla

descanso
sobre tantas palabras
mientras espero su llegada

noche

cuanto amo tu sed
mosaico hondo por ánimas
su mirada
cazando lo húmedo del viento
entrando a la casa




XXXI (lo callado del silencio)

Brota                                               
de la voz                                           
que desea plasmar arco húmedo                       
en la piedra centinela muy cerca del noble océano   
dando vida al barco que aleja el sueño               
dentro de su inmenso espiral sirviendo de puente     
entre tu voz y mi voz cuando escuchamos             
olor                                                 
distraído entre otras hierbas                       
fundiéndose                                         
Desnudo Muro                                         
distinto caracol                                     
donde se acuesta el agua con bálsamo abrigo         
unido al rito espontáneo del afecto                 
que dispersa la lluvia por atuendo de sal estatua   
luego de nadar                                       
sobre perdidas tres lunas                           
Desnudo Muro                                          
Desnudo Muro                                         
y                                                   
cómo nos atrae este regocijo encanto                 
elevándonos                                         
A LO ETERNO        




*******

Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal

 Tomado de Letralia


sábado, 15 de diciembre de 2018

Demencia Precoz, el poemario, y TeófiloTortolero






Prólogo


Teófilo Tortolero



Un poeta nos explicaba cómo pudo ver un día a alguien que marchaba caminando a la vez sobre ambas orillas de un ancho y caudaloso río. El cauce era dilatado y la corriente impetuosa, pero considerables eran el poderío y el entrenamiento del mago. Y sin embargo, aún para él, decía Michaux«Qué difícil era, oh, qué difícil». Se trata, en efecto, de El País de la Magia, de este poeta de las graves ocurrencias que es Henri Michaux, próximo a veces a Artaud pero con más gusto que este para la anécdota y no totalmente inmune a las seducciones del chiste. Mas no es chiste eso de los ríos sobre cuyas opuestas orillas uno quiere caminar simultáneamente. La poesía misma es sin duda uno de esos ríos. En la perspectiva de alguien que vive trepado a una profesión no literaria, la poesía es como el caudal que desde un cerro se ve discurrir a lo lejos. Puedo acercarme a la corriente, y eso es lo que hago. Pero no puedo sino circular por una orilla. Al poeta lo veo en la otra. Sin dejar la mía, quisiera estar también en la orilla del autor. Es difícil y esa dificultad debiera hacernos meditar.

Teófilo Tortolero .Fotografia de Hector López Orihuela

Acerca de Demencia Precoz trataría yo de decir que también el gran poeta que es su autor me parece atormentado por el ansia de dominar orillas opuestas: la de la belleza y la del sentido. ¿Son éstas las orillas de la poesía? Quizás sean también −y sobre todo− las de la vida. En aquéllos en los que el anhelo de expresarse poéticamente se da con tanto apremio como en Teófilo Tortolero, es legítimo creer que el arte no es un ejercicio con el que se intente amenizar el quehacer del vivir. es más bien el esfuerzo mísmo de vivir, empresa de vida o muerte. Es así como Tortolero tenía necesariamente que ser, pese a las apariencias, eso que es en su libro: el poeta de lo cotidiano y a la vez de lo trascendental. Nos muestra, por ejemplo, lo aventuroso que resulta ensayar: «un paso de salida / a la sala de este día». En el autor de Demencia Precoz no se da automáticamente lograda esta síntesis que es cada hombre, síntesis imperceptiblemente vivida por los más en el aburrimiento de lo trivial o en la distracción de lo festivo. Lo que a los otros le viene gratuita pero insulsamente dado, para el poeta de este libro es algo que hay que ganar en la angustiosa tarea de buscar sentido en cada cosa y cada gesto. El lector, acongojado, le puede seguir en la lucha que libra por la unidad y la coherencia del ser cuando nos dice que se le: «vienen caminando los ojos por la espalda», o cuando, como si las lágrimas no fueran de uno y no se dieran en uno mismo, nos confiesa:«quiero esconderme de este llanto». La lucha por la unidad se da dentro del poeta pero también, en el mundo y en el tiempo. Es así cómo se nos habla de alguien que vive en lo actual y que sin embargo fue: «el primer animal de mi recuerdo», y las preguntas brotan de su libro con respecto a: «el olor de la leche caliente / la sangre pequeña en la nariz»; y sobre: «los lagos y lo manso que fui …». Bello y dramático, este libro es inquietante, Con él puede el autor lograr su unidad y coherencia personales, pero con él amenaza las nuestras. Sus versos nos hacen dar cuenta de lo frágil de la propia unidad y de cuan precaria resulta la coherencia de nuestro propio mundo. Nos estremecemos al sentir que también para nosotros puede ocurrir que no haga hora esta noche, Esta noche sin tiempo, con: «sólo el aire en los tubos de hueso», no puede ser, en efecto, sino: «la helada, la muerta, la perdida»; realidad de algo que ya no sabemos si es nuestro, si corresponde al nosotros que somos o casi somos, o si más bien corresponde a un mundo que fuera y casi no es, que se va desvaneciendo hermanándonos en la nada. Su libro termina abriendo una contemplación sobrecogedora que podría definirse diciendo que es el negativo del panteísmo, su vértigo recíproco, nacido al asomarse a las simas de lo nulo, al entrever la solidaridad en lo ninguno, al sentirnos en comunión con el Gran-Todo-de-la-nada-de-los-casis, de que habló Miguel Hernández. La fuerza angustiosa que emana de este libro no nos conmueve tan sólo por la gravedad de los temas que en lo más íntimo de sus poemas se entretejen. No debe ni remotamente pensarse leyendo a Teófilo Tortolero en lo que no podría sino aparecer como temeraria tarea: la de escribir ensayos en verso. Las turbadoras imágenes que usa, el ritmo de sus versos, a veces rotundo y a veces descuidado y lacio como rehusándose hasta en lo sonoro a coagularse en conclusiones; todo ello tiene en primer lugar valor poético. Es como poeta que hay que saludar y muy alto, a Teófilo Tortolero. Como todos los buenos versos, los suyos pueden ser llanamente leídos y luego leídos, diríamos, a trasluz para captar entonces en filigrana aquellos perfiles en que la belleza y el sentido se dan finamente confundidos.

José Solanes

José Solanes

Tomado de Revista Poesía