sábado, 23 de febrero de 2019

“¡Libros si! ¡Bombas no!”. En Estados Unidos el país de Steinbeck, dijimos que no al cierre de las bibliotecas.



El país de Steinbeck 

Anne Lamott  narra cómo ella y algunos amigos – escritores y artistas de toda la costa oeste – se unieron en 2009 para salvar las bibliotecas de Salinas, una de las comunidades más pobres de California, después de que el gobierno amenazara con cerrarlas por cuestiones presupuestarias.

En Salinas, se corrió la voz. Así es como comienzan muchas historias tribales: se dice a la gente de una comunidad que hay un gran peligro o que se está cometiendo un error. Así es como me enteré de que el gobernador planeaba cerrar las bibliotecas públicas de Salinas, convirtiéndola en la ciudad más grande de los Estados Unidos en perder sus bibliotecas debido a los recortes presupuestarios.
Sin entrar en ningún lío sobre si nuestros líderes no tienen ni idea, si son intimidantes, si no leen o no, permítanme decir que cuando se corrió la voz de que las tres bibliotecas -John Steinbeck, César Chávez y El Gabilan- estaban programadas para el cierre, un montón de gente se levantó para decir: “No puede ser”. Salinas es una de las comunidades más pobres del estado de California, en uno de los condados más ricos del país. La ciudad y sus alrededores son el escenario de muchas de las grandes novelas de Steinbeck. Por un momento pensé en los trabajadores agrícolas, los campos de alcachofas y ajo, en las casas de estuco descoloridas manchadas de tierra, en los tramos de viviendas, en la cara de James Dean en “Al este de Edén”, en los campos de fresas y en las viejas gasolineras.
Después pensé en que querían cerrar las bibliotecas, cerrar los edificios que contienen los libros de la ciudad, todas esas historias sobre la gente, en la sabiduría, en  la justicia y la vida y en los trabajadores agachados recogiendo fresas. Así que a principios de abril, un grupo de escritores y actores se defendieron, presentándose en Salinas para una “lectura de emergencia” de veinticuatro horas con la intención de salvar las bibliotecas.



Mi triste corazón de los sesenta se elevó como un águila al contemplar el mismo nombre: “lectura de emergencia”. George W. Bush y John Ashcroft habían  intentado durante años crear un país, con el que el estado de Alemania del Este solo podía soñar, que le permitía al gobierno realizar un seguimiento de los libros que habíamos sacado o comprado, todo en nombre de la seguridad nacional.. Pero el presidente y el fiscal general no habían contado con la pasión que los escritores y lectores sienten por el mundo, o en todo caso, por los mundos contenidos dentro de las espinas silenciosas de los libros.
Nos reunimos porque empezamos siendo niños que se salvaron con cuentos, cuentos que nos leían por la noche cuando éramos pequeños, cuentos que leíamos nosotros mismos, en los que podíamos perdernos y así encontrarnos. Algunos de nosotros habíamos crecido para convertirnos en personas con voces fuertes, que los trabajadores agrícolas y sus hijos necesitaban. Y estábamos locos. Mostrar a un grupo de escritores que una biblioteca pública gratuita es una noción revolucionaria, y cuando la gente no tiene acceso gratuito a los libros, entonces las comunidades son como radios sin baterías. Aísla a las personas de las fuentes esenciales de información -míticas, prácticas, lingüísticas, políticas- y las rompe. y les deja indefensos ante la opresión política. No íbamos a dejar que esto pasara.
Escritores y actores vinieron de San Francisco y San José, de todas partes. Maxine Hong Kingston vino de Oakland. Héctor Elizondo condujo desde Los Ángeles, al igual que Mike Farrell. El poeta José Montoya vino desde Sacramento, a cuatro horas de distancia. Alisa Valdés-Rodríguez voló toda la mañana para estar allí. Yo misma conduje desde el Área de la Bahía con el escritor y maestro budista Jack Kornfield.
Cuando llegamos, en el césped de afuera de la biblioteca de Chávez había sólo unas 150 personas -no las multitudes que esperábamos- pero la comunidad era especialmente acogedora y agradecida, y las mujeres de CODEPINK, (Code Pink: Women for Peace es una ONG internacionalmente activa que se describe a sí misma como un “movimiento de paz social y justicia social que trabaja para poner fin a las guerras y ocupaciones financiadas por los EE.), que ayudaron a organizar el evento, mantuvieron el ánimo de todos. Es difícil estar deprimido cuando los activistas con boas de plumas y rosas te besan. Mucha gente había levantado tiendas de campaña a un lado de la biblioteca, donde podían descansar toda la noche mientras las lecturas se desarrollaban en el escenario.



¿Se imaginan el tipo de persona que está dispuesta a quedarse despierta toda la fría noche para mantener abiertas algunas bibliotecas condenadas? Bueno, yo no. Me iría a casa a mi propia cama. Pero luego vi a algunos de los viejos amigos de mis padres que iban a quedarse, gente que ha estado protestando y participando en marchas por los derechos civiles y la paz desde que era niña, gente que había huido de San Francisco porque siempre han sabido que lo único que mantiene una democracia en funcionamiento es la educación de sus ciudadanos. Si no tienes un lugar donde los pobres, los marginados y los jóvenes puedan descubrir quiénes son, entonces no tienes esperanza de mantener una sociedad libre y civilizada.
Estuvimos allí para celebrar algunas de las raras capacidades de inteligencia de las que nuestro país puede estar orgulloso: las de los bibliotecarios. Los veo como sanadores y magos. Los bibliotecarios pueden obtener de individuos inarticulados suficiente información sobre lo que buscan para guiarlos por el camino de la conexión. Son guías de senderos a través del bosque de estanterías y pasillos; si sueltas a una persona que tiene habilidades limitadas, será golpeada por las ramas. Pero los bibliotecarios emparejan a los lectores con los libros correctos: “Oye, ¿esto es demasiado complicado? “¿Por qué no me ayudas?”



Dentro de la biblioteca había niños y adolescentes hispanos y sus padres, y algunas personas mayores. Se sentaron en sillas leyendo, se pararon a inspeccionar la colección bilingüe y trabajaron en los ordenadores. Estos ordenadores son los únicos a las que mucha gente en la ciudad tiene acceso. Los programas de alfabetización y de apoyo a las tareas después de la escuela en las bibliotecas están entre los pocos lugares seguros donde los padres pueden dirigir a sus hijos, lejos de las pandillas.
Esta tarde, los padres leen a sus hijos en español susurrado, y el aire se siente nutritivo. Como dijo Barry López: “A veces una persona necesita una historia más que comida para sobrevivir”. ( también dijo algo parecido Federico García Lorca)


Federico García Lorca
Volví a salir. Los poetas de todos los colores estaban leyendo. La gente se amontonaba con pancartas antibélicas: “¡Libros si! ¡Bombas no!” Los miembros mayores de la comunidad contaban historias, de la historia, de sus propias familias. Fernando Suárez se acercó al micrófono y habló de su hijo de diecinueve años, que había muerto poco antes en Irak. Suárez habló primero en inglés y luego en español, como lo hace frecuentemente en todo el país, y su corazón apenas podía latir por la tristeza.
Tal vez en Oaxaca los niños todavía están escuchando historias que cuentan los ancianos, pero estos niños en Salinas están siendo criados por aparatos de televisión: son niños de llave. Sus padres trabajan en su mayor parte en el campo y en hogares ricos. Si estás hipnotizado por la estupidez de la televisión, y no llegas a escuchar o leer historias sobre su mundo, estarás confundido y engañado, pensando que el mundo no es milagroso y si lo es.



La atención de los medios de comunicación atrajo suficiente dinero, buena parte era lo recaudado ese mismo día, para mantener las bibliotecas abiertas durante todo un año. Puede que esto no te parezca un milagro, pero si hubieras estado en la jornada de “lectura de emergencia”, verías que fue al menos el comienzo de uno.
Un puñado de artistas normalmente obsesionados con sí mismos se unieron para decir a la gente de Salinas: Nos preocupamos por tus hijos, tus historias y tu libertad. Algo ha ido tan mal en este país que necesita arreglo, y eso nos preocupa. La lectura y los libros son medicina. Las historias son escritas y contadas por y para personas que han sido quebrantadas, pero que se han levantado, o se levantarán, si se les presta atención. Esas personas somos tú y nosotros. Las historias y la verdad son milagros para el alma, y eso hace que hoy en día esta sea una reunión sagrada.

Biblioteca John Steinbeck, Salinas, California, 2009

Anne Lamott es una aclamada novelista y escritora de no ficción, así como una apasionada activista política, oradora pública y profesora de escritura.

Tomado de Universo Abierto

viernes, 22 de febrero de 2019

“Es peligroso tener razón cuando el Gobierno está equivocado” : Voltaire contra los santurrones



Fotografía de Yuri Valecillo


Voltaire contra los santurrones


Su estilo fue incordiar a la administración. Era un cobarde, lo que no impidió que se entintara las manos denunciando la intolerancia en todos sus escaños, y sobre todo en ese cubículo particular con el cartelito de religioso en la puerta y que lo llevó a empuñar su grito de guerra contra esa horda con crucifijos y sotana: “Aplastad al infame”. Aunque en francés suena más chirriante, “Écrasez l’infâme!”. La Iglesia, como institución, claro, sigue tan infame como de costumbre, pero el escritor que combatió sus dogmas y su intolerancia sigue tan cortante y en plena forma; los siglos le hacen cirugía y lo rejuvenecen cada tanto, de allí que no pierda un ápice de vigencia. Con la muerte de los humoristas de la revista Charlie Hebdo a manos de terroristas religiosos, su Tratado sobre la tolerancia sigue ofreciendo una luz para enfrentar la oscuridad con la cual manchan la existencia los fanáticos de todo pelaje.

Su nombre de bautismo, horroroso por lo demás, François-Marie Arouet, lo llevó a elegir un seudónimo, sin mencionar que con su histrionismo sin recato era natural que eligiera un falso nombre para brillar; como hacen los actores y actrices del cine actual, y por eso surge Voltaire.



Se teoriza que es un anagrama de su nombre; lo cierto es que es un falso nombre, preciso, con pegada y sonido que recuerda un poco la revuelta, todo eso que se coloca de cabeza. Y eso iba a realizar Voltaire con sus cuentos, sus obras teatrales y su obras históricas (con más de telenovela que de historia), ponerlo todo “patas arriba”.
Fue el primer escritor que entendió que necesitaba un público en el que se mezclaran admiradores y detractores por igual; amigos y enemigos en dosis proporcional. Por eso sus piruetas de actor y sus frases de ingeniosos filos fueron abonándole el terreno para hacerse de un auditorio. Su sabiduría/filosofía, comparable a las disertaciones de borracho de bar de mala muerte, siempre eran asertivas: “La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”, “Decimos una necedad, y a fuerza de repetirla, acabamos creyéndola”, “Hay que saber que no existe país sobre la Tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas”, “A los muertos se les debe respeto, a los vivos, nada más que verdad”, “Cambiad de placeres, pero no cambiéis de amigos”.
Para Roland Barthes este peculiar filosofo francés fue el último escritor feliz debido a su capacidad escurridiza, o como él lo escribe: “Voltaire se escurre. Doctrinalmente, era ¿deísta? ¿leibniziano? ¿racionalista? Siempre sí y no. No tiene más sistema que el odio del sistema (y sabemos que no hay sistema más duro que este); sus enemigos hoy serian los doctrinarios de la Historia, de la Ciencia (véase cómo escarnece a la ahora ciencia en L’Homme aux quarante écus), o de la Existencia; marxistas, progresistas, existencialistas, intelectuales de izquierda, Voltaire les hubiera odiado, se hubiese ensañado con ellos con sus incesantes burlas, como en su tiempo hizo con los jesuitas”. Fue un escritor feliz, según Barthes, ya que tuvo la fortuna de ubicar y desenmascarar a los detractores de la razón y el avance humano apuntalado en las ideas y la filosofía. Sabía con certeza a dónde dirigir los golpes y que pueden leerse entrelíneas en sus textos. Estuvo un tanto a la defensiva en la trinchera de su escritura. Nunca dejaron de atacarlo y Voltaire, siempre maltrecho y sin aire, devolvía los ataques con esa volatilidad implacable del ingenio. Esa capacidad de atacar y defenderse le permitió convertirse en un escritor inquieto, claro que no genial, pero con esa frescura natural para escribir de lo humano y lo divino con una seguridad convencida que a la larga hacía mella y resquebrajaba toda endeble creencia, toda superchería y cualquier prejuicio con delicadeza y en apariencia no sin cierta frívola superficialidad.
Voltaire fue un exhibicionista de postín. Le gustaba estar en la palestra pública. Ser noticia. Para él nada de encierro, nada de cuarto alejado y polvoso donde el genio florece. No. Voltaire necesitaba ser visto, comentado, aplaudido o rechazado, pero jamás ignorado. Por ese motivo Fernando Savater escribe: “Voltaire comprendió enseguida que la opinión pública era la nueva fuente de poder de su época, la fuente de poder de quien no tiene otra: ni genealogía, ni armas, ni iglesia que le respalde con su autoridad inquisitorial. Por eso se convirtió en un hombre-anuncio de las causas que consideraba útiles, como la razón, la tolerancia y la libertad”. Si Voltaire estuviera vivo hoy de seguro tendría un blog, descargaría sus invectivas por las redes e incluso estaría en Instagram. Brillando, siempre iluminado y luminoso.
Con Voltaire no hay que llamarse a engaños. Fue un hombre con muchas debilidades. En una oportunidad fue detenido por fraude. Le gustaba la buena vida y estaba alejado de esa figura del sabio al margen social roído por la miseria. Su capital era su ingenio y le sacó gran provecho. Fue exitoso y esto tuvo sus consecuencias. El hijo de un simple notario debía despertar la inquina de sus adversarios y de los envidiosos más heterogéneos. Sus libros fueron prohibidos, cuando no confiscados y quemados en piras públicas. Fue exiliado. Perseguido. Pero no por ello no dejó de tener ingresos regulares al punto tal que logró amasar una desmodulada fortuna.
Savater ha escrito que uno de sus rasgos característicos, compartido con muchos de sus contemporáneos, fue el entusiasmo por la sabiduría alfabética. En su tiempo proliferaron los diccionarios y enciclopedias como moscas. Voltaire participó en la Enciclopedia capitaneada por Diderot, pero como ésta tuvo infinidad de largas y tropiezos, decide escribir su portátil Diccionario filosófico. Obra interactiva según palabras de su autor: “Este libro no exige una lectura continuada, pero en cualquier parte por la que se abra, se encontrará algún tema de reflexión. Los libros más útiles son aquellos en los que los lectores ponen la mitad de su parte; comprenden los pensamientos con sólo presentarles el germen de ellos; corrigen lo que les parece defectuoso, y dan fuerza, con sus reflexiones, a aquello que les parece débil”.

Diderot
El Diccionario filosófico todavía hoy tiene una frescura infrecuente. Su tono irónico; su humor, que a veces se salta cualquier corrección política, le proporciona al diccionario su tono intemporal. En una carta hablando de su disputa contra Rousseau, escribió: “Soy por naturaleza bastante obstinado. Jean-Jaques no escribe más que para escribir y yo escribo para actuar”.
Voltaire escribió mucho y fue un participante/actor consumado de causas espinosas. Pero de toda su obra se salvan algunos cuentos, el diccionario, las cartas filosóficas. Con él se inventó eso del intelectual comprometido. Aunque se le tenía por un escritor asustadizo y un desfalleciente cobarde, tuvo la capacidad de mantenerse firme contra los embates del fanatismo: “El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia es a la cólera. El que tiene éxtasis, visiones, el que toma los sueños por realidades y sus imaginaciones por profecías es un exaltado; el que confirma su locura con un crimen es un fanático”. Alguien que ha escrito algo así, con tal contundente vigencia, debe estar siempre de ese lado de lo humano combatiendo las injusticias fanáticas, disimuladas muy bien en estos globales días.
Se mantuvo fiel hasta el final en eso de darle la vuelta a todo. Envejeció en buena forma y en una carta del mes marzo de 1761 escribió: “Cuanto más envejezco, más audaz soy. Tengo que declarar la guerra y morir sobre un montón de santurrones aplastados a mis pies”. En vida recibió todos los honores posibles. Su divisa fue impecable: la mejor arma contra los enemigos es ser feliz, pese a todo. Su gran enseñanza política está concentrada en una frase: “Es peligroso tener razón cuando el Gobierno está equivocado”. Y, como se sabe, todos los gobiernos están equivocados.

Tomado de Letralia



*******

 
Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal

 Tomado de Letralia




jueves, 21 de febrero de 2019

EL GRUPO LITERARIO TALIÓN DE VALENCIA, LA DE VENEZUELA.


De izquierda a derecha: Luis Alberto Angulo y Carlos Yusti. Literatura armada hasta los dientes. Fotografía de Yuri Valecillo


TALIÓN DE VALENCIA

Cuando hace más de cuarenta años me residencié en Valencia, la ciudad me era familiar. La comencé a frecuentar a partir de las vacaciones de 1959 cuando vine a visitar a mi abuela materna, establecida en La Pastora con sus hijos luego de la muerte de mi abuelo. Aquí formé una familia, publiqué un libro, enterré a mi madre y a otros queridos seres, condiciones que establecen una relación indeleble. Aunque el árbol lo sembré en una jornada nacional de reforestación en el Grupo Escolar José Vicente Undas de Barinitas, otros intentos se darían acá

Luis Alberto Angulo


Adhely Rivero . Foto de Yuri Valecillo.Tomada del libro "Rostro y Poesía". 1996



En 1977, un grupo de poetas entre los que se encuentran: Rogelia Acuña, Adhely Rivero, Carlos Ochoa, Roldán Montoya, Gelindo Casasola, Ramón Elías Pérez, Nelson Zambrano, José Miguel Rondón, Rafael Gallardo, Luis Cedeño, Eduardo Gutiérrez, Carlos Colina, Isidro Ramírez, Argenis Loreto, Francisco Marín, Pilar Notario, Pedro Sierra Graterol, Noel González, Sinecio Márquez Sosa, Régulo Cerezo y Luis Alberto Angulo, narradores como Gloria Peña Cruz, Orlando Chirinos y Noris Ojeda, estuvieron asociados brevemente al llamado Grupo Talión, una promoción de creadores intermedia respecto a las promociones literarias del setenta y el ochenta, que participa en Valencia y en Mérida vinculada extraoficialmente a las universidades de Carabobo y de los Andes. Fue asimismo un suplemento del mismo nombre encartado en los diarios regionales Urgente y Hora Cero, a partir del cual se editó en Notitarde el suplemento Trazos (Gallardo, Coronel, Marcano, Ochoski, Gloria, Joe).  


Luis Cedeño. Foto de José Antonio Rosales. Fotografía tomada de Biblióntecario


En su inicio Talión se proponía establecer vínculos efectivos entre poetas del interior del país con el fin de editar, difundir y promocionar materiales literarios producidos por noveles creadores y duchos escritores, obteniendo la colaboración de profesores universitarios como Luis B. Díaz, Miguel Galíndez, Alejandro Moreno, Inés Recca, Tomás Vasconi, Filinto Durán, Rafael Durán, Eric Núñez Lira, que intentaron por aquellos días un ambicioso y frustrado proyecto cultural al que concurrieron intelectuales como Tito Núñez Silva, Orlando Pichardo, Álvaro Montero y Enver Cordido. Ese desaprovechado plan, así como un pequeño taller de creación constituido por Rivero, Loreto, y Ramírez con la coordinación de Angulo, así como un grupo de estudio de filosofía integrado por Saúl Osío, F. Marín, L. A. Angulo, coordinado por Carlos Ochoa, son sus antecedentes orgánicos.   




Talión no constituye una cuadrilla “parricida” ni estableció manifiestos, sin embargo reaccionó con autonomía ante los espacios copados por los viejos escritores de la ciudad y los grupos empoderados alrededor de la Dirección de Cultura, los premios y las publicaciones de la Universidad de Carabobo. Sin mecenazgo institucional activan duramente en la promoción y difusión cultural. En general vienen de la militancia política de la izquierda de finales de los sesenta e inicios de los setenta. Rechazan el retoricismo de la poesía cartel de los sesenta y comienzan igualmente a buscar una salida al laconismo de gran parte de la poesía de los setenta. Intuyen que se ha abierto una brecha intolerable entre la creación y la vida cotidiana. Se resienten del apoliticismo como del conyugio con el poder establecido de una intelectualidad otrora subversiva.


Gelindo Casasola. Fotografía de Gabriel Pilonieta


TALIÓN intentó sembrarse como un movimiento, que tomando distancia con el discurso patriotero, se declaraba bolivariano. Apoya el Encuentro de Cultura Aquiles Nazoa, el taller de creación libre, las lecturas públicas y la participación. Lo más gratificante según sus fundadores, fue trabajar directamente en todo el proceso de hechura de un texto -desde la concepción escritural hasta su diseño, impresión y distribución-, experimentando un vínculo directo con el mundo en donde creyeron cimentar su propuesta.

E-mail: luisalbertoanglo2015@gmail.com


Tomado de Notitarde.

*******



Luis Alberto Angulo (Barinitas -Estado Barinas, 1950). Los libros "La sombra de una mano" (Monte Ávila Editores, Colección Altazor. Caracas, 2005), y "Fusión poética" (Universidad de Carabobo, Valencia - Venezuela, 2000), recogen cinco de sus poemarios publicados a partir de 1982. Premio del IV Concurso Internacional Poesía UC, por "Antípodas" (1994). Premio de la Bienal de Poesía del Ateneo de Calabozo Dr. Francisco Lazo Martí, por "Fractal". Premio de Poesía Universidad Rómulo Gallegos por "De Norte a sur". Es coautor de "Viento barinés" (UC, 1978), "Rostro y poesía" (UC, 1996), "Setenta poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Iraq y Líbano" (Minci, 1977), y antólogo de "Poemas de San Juan de la Cruz" (Cuadernos Cardinal, UC 1992), Poemas de Miguel Hernández (El perro y la rana, 2006), "Antología poética de Ernesto Cardenal" (Monte Ávila, 2005). 


Enlaces Relacionados: