miércoles, 20 de junio de 2018

Yolanda Pantin: La poesía venezolana recientes está atravesada por la cuestión política que vivimos





Estimados Liponautas

Hoy tenemos el agrado de hacerlers llegar esta enrtrevista a la poetisa venezolana Yolanda Pantin.

Deseamos disfruten de la entrada.

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Entrevista: Yolanda Pantin: ‘Siempre quise ser artista’

JUN, 08, 2018 |

La autora en medio de las estanterías de la Biblioteca del Centro Cultural Benjamín Carrión.




El escritor está solo



El escritor está solo

solo ante él

solo ante el mundo

solo ante la persona que ama

Esto último lo aterra

“¿cómo solo?”

Trata de poner en orden sus pensamientos

-la persona amada tiene los ojos color miel-

El escritor tiene un gran miedo

“¿qué diferencia este amor del otro?”

-la persona amada lo mira desde el fondo de sus ojos-



El escritor está aterrado



El amor blande su arma contra un niño


Yolanda Pantin

De «Poemas del escritor»   

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La escritora venezolana, Premio Casa de las Américas, participó en ‘Escritor Visitante’. 

Redacción DAMIÁN DE LA TORRE AYORA

La poeta venezolana Yolanda Pantin no esconde su cara de asombro al entrar a la Biblioteca del Centro Cultural Benjamín Carrión (CCBC). Los libros son lo primero en llamar su atención. Pero, después, con una mirada más curiosa, se fijará en cómo ingresa la luz a aquel espacio: la luz, al igual que el lenguaje, son sus obsesiones.

Ella llegó a Quito para participar en la sexta edición de ‘Escritor Visitante’, una propuesta del CCBC y La Caracola Editores. En el encuentro compartió su ponencia ‘Luces y sombras de la poesía venezolana reciente’, fue entrevistada en vivo y ofreció un recital poético.

Parte de la denominada Generación del 78. La poeta dice que de aquella época conserva el espíritu anárquico, “algo que permanece vivo, aunque el tiempo nos vuelva más calmos”. Y con esa calma, y dejando escapar algunas risas, respondió cada pregunta que se le planteaba.

De izquierda a derecha: Yolanda Pantin ,Vasco Szinetar y Carol Prunhuber


El olfato está conectado a la memoria. Años atrás, perdiste este sentido. ¿Escribir te ha permitido mantener la memoria? 

Un poco más de 20 años que he perdido ese sentido. Curiosamente, la pérdida del olfato coincidió con la salida mía de mí. La poesía es un caminar, un  recorrido, y hasta ese momento había estado atrapada en mí, ensimismada, con las puertas y ventanas cerradas. Cuando perdí el olfato, se abrieron las puertas y ventanas: entró la luz. Hay un verso de Blanca Varela que parece una obviedad, pero lo entiendo perfectamente: “La luz existe”. 


Esa luz ¿cómo cambió tu poesía?

Hay un libro, de los que quiero más, que es ‘La épica del padre’, que lo publiqué en 2002. Un libro que sale cuando estoy fuera de mí. Uno compensa, cuando falta algo. Y, fíjate, mis últimos libros tienen que ver con la memoria, a la que traigo con otras herramientas para extraer lo que había fermentado en mí. En mis inicios hay mucho de memoria, mucho olfato, mi primer libro, ‘Casa o Lobo’, es un ejemplo.


¿Y la literatura, en general? 

La literatura me permitió el poder levantarme sobre mis pies; una estructura para levantarme anímicamente; la oportunidad de expresar cosas; me dio la aventura de leer y conocer; de reconocerme con una tradición poética venezolana; de reconocerme con otros poetas latinoamericanos y, sobre todo,  me dio el lenguaje, que en mi caso es una búsqueda voraz que la hallé en la poesía… que me hizo ver qué robo de los otros (risas).


Entonces, sí ha robado…

Por supuesto (las risas continúan). Yo siempre fui una lectora voraz, que estaba tratando siempre de quitarle algo al otro que me permitiera avanzar. De hecho, creo que es eso la literatura: la vinculación intelectual apasionada por el lenguaje. Lastimosamente, eso ya quedó aplacado en mí.


¿Por qué? 

Porque ya no tengo esa angustia, esa necesidad. Siento, y lo expresé en una

Lo que murió en mí fue lo literario”.frase, que “lo que murió en mí, fue lo literario”. No la poesía, me refiero a lo literario. Ahora me quedo tranquila con el pozo que tengo.

Ese pozo se fue llenando en el tiempo. ¿Con qué empezó? 

La ligazón mía con la poesía, como escritora, tiene que ver en el momento en que estudiaba Letras, cuando trágicamente murieron dos hermanos míos. En ese momento justo estaba en unos seminarios estudiando a César Vallejo. Entonces, la muerte de mis hermanos con ese entendimiento que me brinda Vallejo, de que la poesía es la búsqueda del lenguaje, se hizo un solo cuerpo. Desde ahí busco lenguaje, lenguaje, lenguaje. Después, también necesité entender que la poesía es experiencia, y ahí me serví de los contenidos muy profundos de Blanca Varela. También, Luis Cernuda me enseñó muchísimo, aprendí que uno va en búsqueda de los libros. Ahí es cuando me di cuenta que soy como una mina. No te hablo de esconder tesoros, pero sí ese espacio que te permite escarbar profundamente para encontrar muchas cosas, contenidos. Eso es lo que me ha permitido ir matando a mis libros.


¿Cómo se mata a un libro?

Buscando el lenguaje. Es un ejercicio que se hace de forma sucesiva. Mira, son cosas que me cuestan explicar. Ponerle fe al lenguaje implica avanzar, y eso conlleva a destruir lo anterior. Por ejemplo, al inicio, en ‘Casa o Lobo’, está la muerte de mis hermanos, la casa materna que se destruye y necesito levantarla con las palabras. Con ‘Correo del corazón’ demuelo esa casa al abordar a Caracas, la experiencia cotidiana, lo banal. Así, sucesivamente, he matado libros. 

Estudiaste arte, ¿verdad?

Sí, pintura y dibujo en la escuela del Estado de Aragua. Mis padres siempre me apoyaron y alentaban. La verdad, siempre quise ser artista, por eso era hasta un poco vaga, porque solo quería dedicarme al arte. Tenía buenas críticas, pero me di cuenta que eso no era lo mío. Ahí me decidí por la poesía, porque también leía muchísimo.

¿Pero sigues dibujando?

Sí, pero solo para mí.

¿Sientes que dibujas cuando el lenguaje no alcanza?

Uy, creo que sí. En estos tiempos de aridez venezolana he dibujado mucho, pero solo para mí, como lo he hecho siempre.

Pero en un inicio tú ilustrabas las revistas que fundaste…

Solo lo hice los dos primeros números de ‘Rastros’. Unos dibujos muy feroces.

Has calificado a tus dibujos. ¿Podrías calificar a tu poesía?

No. O sí: empecinamiento (risas). Claro, jamás me rindo, y sigo con ese espíritu anárquico (vuelve a reír). Retomando a lo que te decía de que dibujo para mí en estos tiempos, sabes que descubrí a la fotografía, que me ha ayudado muchísimo en estos tiempos difíciles. 

¿Cómo?

Porque también me ayudan en la búsqueda del lenguaje. Porque con ella volví a encontrar la luz. Bueno, cuando hablo de fotografía me refiero a la digital, porque lo de revelar no me gusta. Soy muy impaciente, me gustan las respuestas rápidas. Sabes, mi mamá fue una gran fotógrafa. Tenía su cámara y vivía tomándonos fotos. Digitalicé todo su archivo, y descubrí que la belleza de su composición no estaba en los sujetos, sino en lo que estaba detrás de nosotros: un rincón de la casa, un pedazo de mueble, un objeto que habíamos olvidado. 

Mencionaste la aridez que vive Venezuela. ¿Cómo afecta eso a tu poesía?

Hay que entender que la poesía venezolana, la reciente, la de jóvenes y mayores que escribimos en la actualidad, está atravesada por la cuestión política que vivimos, una circunstancia que nos conlleva a la circunstancia de estar presos en una tragedia histórica. Hay poetas muy lúcidos que toman esto como una preocupación. En mi caso, me dije que yo no me voy rendir, que puedo escribir y llegar desde la belleza de la ficción a los grupos vulnerables, a los niños, por ejemplo, como contándoles un cuento. Me dije: “solo voy a llegar a lo que toca la luz”, y eso es lo que comparto. 



Perfil

Yolanda Pantin

°  Poeta, dramaturga y editora venezolana (Caracas, 1954). Recibió el premio Fundarte de Poesía de la Alcaldía de Caracas, en 1989; en México el premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval, en 2015, del Seminario de Cultura Mexicana por su obra general; y en España el premio Casa de las Américas de Poesía, en 2017. Ha sido residente de la fundación Rockefeller y obtuvo la beca Guggenheim.


Tomado de La Hora.







martes, 19 de junio de 2018

Simon Critchley :El Mundial de Fútbol 2018 en Rusia es consecuencia directa de la corrupción de la FIFA.





Simon Critchley: "El fútbol es una mezcla de deleite y asco"


El filósofo británico Simon Critchley publica En qué pensamos cuando pensamos en fútbol (Sexto Piso), un ensayo donde combina a Heideigger, Sartre y Gadamer con Zidane, Jurgen Klopp o Brian Clough para tratar de explicar qué es y qué experiencia proporciona el fútbol.





ANDRÉS SEOANE | 08/06/2018 


Simon Crithley

Con un nuevo Mundial a las puertas, decenas de títulos de literatura futbolística se acumulan en las mesas de novedades. Libros que dan cuenta de la cada vez más incuestionable entrada del deporte rey en la esfera de la alta cultura. Buena prueba de ello es el ensayo En qué pensamos cuando pensamos en fútbol (Sexto Piso), del filósofo británico Simon Critchley (Hertfordshire, Reino Unido, 1960), un pensador peculiar que combina en sus textos teoría literaria, filosofía política, crítica cultural e historia, de manera a la vez erudita y accesible. Entre sus obras, de temática variada destacan El libro de los filósofos muertosApuntes sobre el suicidioEl teatro de la memoria y BowieEn este libro, salpicado de resonancias y superposiciones inesperadas entre culturas alta y popular, Critchley analiza las contradicciones que encierra el deporte rey tratando de descubrir qué experiencia proporciona para tener tanto éxito. 


Pregunta.- ¿Cómo se aborda el fútbol desde una visión filosófica?



Respuesta.- Antes que filósofo soy aficionado, y aunque trate de sublevarme contra mis pasiones una de las fundamentales, probablemente la más intensa y constante es el futbol. Así que mi intención principal es tratar de dotar esta pasión de sentido. No he querido plantear una filosofía del fútbol, únicamente intento describir la experiencia que provoca desde un punto de vista fenomenológico, que es mi rama de estudio filosófico.



P.- Destaca el socialismo intrínseco en el fútbol, el sentido de comunidad que crea. ¿Sigue siendo así hoy?

R.- Sí y no. El fútbol se basa en contradicciones. Por un lado, la cultura del aficionado, que se remonta los orígenes del fútbol sí que es absolutamente comunitaria. Además, existe un socialismo en la naturaleza colectiva del propio juego, tanto a la hora de jugarlo como de presenciarlo. Sin embargo, esto entra en complejo equilibrio con el dinero, con un sistema capitalista, mercantilizado y corrupto. No debemos olvidar que el fútbol es un negocio que gira alrededor del dinero, dinero que muchas veces procede de fuentes más que cuestionables.


P.- Efectivamente, el fútbol cada vez mueve más dinero e intereses. ¿Qué queda del deporte sencillo de hace unas décadas?


R.- El fútbol siempre es una mezcla de deleite y asco. Se une la belleza del juego, de los cánticos de los hinchas, heredados de padres a hijos, del estadio a rebosar..., con la parte oscura que es el mercantilismo de los jugadores, la indecente cantidad de dinero que lo hace posible y la corrupción de las organizaciones corruptas como la FIFA. Sin embargo, en esencia creo que todavía permanece mucho del fútbol de los 70 o los 80. Está más internacionalizado, los jugadores están más en forma, beben menos, tienen más tatuajes, pero la esencia del juego es la misma. Siguen siendo veintidós tipos pateando un balón, y puede pasar de todo.



P.- Se culpa al fútbol de fomentar la violencia, el nacionalismo y el racismo. ¿Qué hay de cierto en todo esto?



R.- Puede ser cierto hablando de la violencia, ya que el fútbol en un juego físico y violento. Pero es una violencia controlada, disciplinada. Si no hubiera un ápice de violencia no sería fútbol. Pienso que todos los grandes futbolistas, como Zidane o Luis Suárez son un poco violentos. Sobre el racismo, pienso que ha sufrido un cambio espectacular y significativo en las últimas décadas y que en muchos lugares ya no existe. Todavía permanece en ciertos lugares, como Rusia, pero creo que dentro de otros veinte años será solo un recuerdo. Porque no tiene sentido en un mundo tan globalizado.

En cuanto al nacionalismo... es mucho más complicado. Es un sentimiento que depende mucho de los países, de la situación que vivan. Puede haber por ejemplo un nacionalismo irónico, como aquel que proclama Jean-Philippe Toussaint al decir, "Viva Bélgica", riéndose de un país completamente dividido. O puede ser cohesionador de una idea de país que no se uniría totalmente de otro modo, como ocurre en Sudamérica en general, en Rusia, o incluso aquí en España.



P.- Otro aspecto que destaca es que las conversaciones sobre él pueden aunar fe y razón, ¿cómo es esto posible?

R.- El fútbol consigue algo en lo que fracasa la religión y la política. Es cierto que está más relacionado con la fe, con la creencia ciega en tu equipo, pero a la vez está abierto a la razón, a la ecuanimidad. Puedo tener mucha fe en mi equipo, pero escuchando los argumentos de un fan contrario puedo cambiar mi opinión. Además tiene otra ventaja: su universalidad. Los líderes religiosos y políticos, los mitos, o el folclore son locales, pero el fútbol llega a todos lados.


P.- Está demostrado que el fútbol humaniza, que es bueno socialmente. ¿Por qué entonces sigue siendo subestimado?


R.- Opino que son viejos prejuicios elitistas, los mismos que trato de romper con mi trabajo hibridando todos los ámbitos de la cultura. El futbol ha sido visto durante mucho tiempo como patrimonio de la clase trabajadora, pero esto ha cambiado totalmente. Y ha cambiado no solo a nivel de público, sino a nivel de tratamiento especializado e informativo. Cuando era pequeño, la prensa deportiva tenía artículos muy predecibles y nada profundos, algo que ha cambiado radicalmente. También se han multiplicado las aproximaciones de pensadores y escritores, como el propio ToussaintEduardo Galeano. Así que espero que esa percepción de división entre alta y baja cultura, que ya está siendo cuestionada en muchos ámbitos, afecte también al fútbol.



P.- ¿Qué espera de un evento planetario como el próximo Mundial?



R.- Este Mundial encierra una de esas paradojas que hacen grande al fútbol. Sabemos que su celebración en Rusia es consecuencia directa de la corrupción de la FIFA, igual que lo será Qatar 2022 y que el amplio número de selecciones es producto del marketing. La FIFA ha decidido no potenciar ciertas regiones como África, cuyos combinados nacionales son menos potentes que muchos clubes europeos. Pero aún sabiendo esto, seguramente podremos disfrutar igualmente del Mundial. De nuevo contradicciones.




P.- Tras este análisis, ¿en qué pensamos al pensar en fútbol? ¿Qué genera la fascinación por él?

R.- La respuesta correcta es todo. Pensamos en todo. El fútbol es capaz de aglutinar todos los grandes temas filosóficos: el significado de la vida, el espacio, el tiempo, la racionalidad, las emociones, la pasión... Todo eso está en el juego. La fascinación creo que nace de dos aspectos que no tiene otros deportes más espectaculares. Por un lado, ver un partido te coloca durante una hora y media en un estado meditativo y proclive a la catarsis, estás a merced de que la aleatoriedad y el destino se impongan sobre el juego, un poco en consonancia con el teatro de la Grecia clásica. Por otro está esa esperanza constante, esa fe que te hace levantarte tras las derrotas y asimilar el perder. Por todo esto el fútbol es el deporte más grande del mundo. 



Tomado de El Cultural.





sábado, 16 de junio de 2018

Sergio Ramírez, el retratista de la épica a domicilio


Sergio Ramirez. Fotograía de Yuri Valecillo



Sergio Ramírez, el retratista de la épica a domicilio

Carlos YUSTI

Al escritor nicaragüense Sergio Ramírez le he leído con cierta constante inconstancia. O sea,  con altibajos y en ocaciones con largos paréntesis. No por culpa de la escritura de Sergio Ramírez, sino por el aparatoso ritmo de lectura que he llevado, para salir un poco de la rutina que en ocasiones imponen los libros, sino pregunten al pobre Alonso Quijano, que tuvo que salir de su biblioteca para encontrar en la realidad, que le era adversa y para nada literaria, para experimentar la aventura de su vida más extraña, desaforada y fantástica que la leída en sus libros de caballería. Se sale de los libros para entrar en la metáfora de la vida la cual, como dijera el Adriano de Marguerite Yourcenar, te va enseñando los libros.

Marguerite Yourcenar

Leí de adolescente su novela ¿Te dio miedo la sangre?, editada por Monte Ávila Editores (la de la cuarta claro). Luego tuve noticias que su novela Castigo divino, se convirtió en un éxito inesperado de la televisión. Después leí su crónica sobre la travesía sandinista, Adiós Muchachos. Una utopía que cerró sin broche de oro, al parecer se robaron el broche, con una enorme corruptela que incluía piñata, brujería, persecución rastrera al poeta Ernesto Cardenal, incesto y un florido etcétera nada prístino y al final resultaron menos revolucionarios y más politicastros de oficio.

El premio Cervantes otorgado a Sergio Ramírez coincide con una Nicaragua envuelta en protestas, incendios y muertes no por casualidad en su discurso el premiado anota: “Cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio. Todo irá a desembocar tarde o temprano en el relato, todo entrará sin remedio en las aguas de la novela. Y lo que calla o mal escribe la historia, lo dirá la imaginación, dueña y señora de la libertad, “por la que se puede y debe aventurar la vida”, pues no hay nada que pueda y deba ser más libre que la escritura, en mengua de sí misma cuando paga tributos al poder el que, cuando no es democrático, sólo quiere fidelidades incondicionales. Somos más bien testigos de cargo”.

Sergio Ramirez. Fotograía de Yuri Valecillo

Esa fidelidad a la imaginación, a las mentiras verdaderas de la literatura es lo que en definitiva me gusta de Sergio Ramírez. Ese no darle tregua, ni sosiego, ni respiro  a la realidad por lo más cruda que se presente; ese no inclinarse ante el contrabando de sombras del poder y que ofrece felicidad al mayoreo cuando en realidad solo busca sacar su pedazo de pastel, contante y sonante, por servicios prestados.

En su libro Mentiras verdaderas escribe: “Las guerras, las hambrunas, las tragedias colectivas, los crímenes ocurren dentro de nuestras casas. Son sucesos domésticos, pertenecen a una épica a domicilio”. En unas páginas más adelantes de este libro utiliza un mueble, que hizo su abuelo materno, quien era un ebanista aficionado, como ejemplo para encarar el oficio de la escritura o como él lo escribe: “Para fabricar un mueble se parte de una idea de árbol, el árbol que se alza ante los vientos entre la abigarrada y oscura multitud del bosque. Es necesario elegir uno de ellos, apreciar su fuste, las rugosidades de su corteza, la extensión de sus raíces, la solemnidad de su estatura, la frondosidad de su ramaje y entonces, hay que cortarlo. Y después de cortarlo, aserrarlo en piezas, ensamblar esas piezas, darles una forma; cuidar que las junturas no dejen luces -entre juntura y juntura no puede pasar la luz-; y por fin tallar, lijar, pulir, barnizar. Nada sobrevive de aquella forma de árbol, pero es el árbol. Entre el árbol y el mueble, entre la materia del árbol y la transformación de la materia en un mueble, queda de por medio la apropiación de esa materia, apropiación que es el proceso de convertir la realidad en imaginación y la imaginación en lenguaje; un proceso que requerirá de diversas herramientas, como las del carpintero que era mi abuelo: plomada, escoplo, buril. Y rigor, disciplina, sentido de las proporciones, medidas de la estética, amor de la perfección…”

Detrás de ese afán de comparar el oficio de la escritura con el burdo trabajo artesanal (como lo hizo el poeta Eugenio Montejo al comparar la composición de un poema con la hechura del pan, de la pequeña panadería familiar en la que creció) existe como una poética, hay como un recuperación de ese menudo trabajo manual que de alguna es similar al trabajo con las palabras y que tiene muchos puntos de contactos con hacer el pan, construir un mueble u organizar todo el encofrado de madera, que era la responsabilidad de mi padre, para vaciar una placa de concreto. Todos estos trabajos llevan implícitos  constancia, disciplina, pero sobre todo un aprender cada día para alcanzar cierta maestría única e irrepetible sin otro truco que el trabajo implacable. Por otra parte con el trabajo con el lenguaje no hay otra manera, sino compromiso de artesanía esmerada y pasionaria.

Gioconda Belli. Fotografía de Yuri Valecillo. 

Husmear la vida vista por el ojo de la cerradura de lo literario es lo que hace un escritor y si es competente buscará darle a todo eso que observa cierto simbólica estética. Intentará hacer un retrato, con palabras, de lo humano desde la trinchera del lenguaje buscando enriquecer el mundo con sus ficciones tan verdaderas como mentirosas. Y creo que en el fondo eso ha tratado de hacer a través  de sus novelas Sergio Ramírez. No es casual que Gioconda Belli escriba: “A menudo he pensado que Sergio Ramírez es el Balzac de nuestra sociedad, un retratista implacable cuya brújula apunta siempre al meollo de la condición humana y por lo mismo no es ajena ni a la soledad del monstruo, ni a los cristales cortantes del azúcar”.

Gioconda Belli. Fotografía de Yuri Valecillo. 

Los muebles escritos por Sergio Ramírez tiene ese toque vigoroso de la perfección, de esa perfección que busca que el lenguaje no tenga fisuras y que entre juntura y juntura deje pasar sólo la luz inquieta e implacable de la imaginación.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia