domingo, 26 de febrero de 2017

LOS COMICS DE SUPER-HEROES. Parte V/VI:

La evolución.



               


                                               

Estimados Amigos

Hoy es  domingo y le traemos el suplemento dominical de comiquitas. Hoy la saga del escritor español Joan Antoni Fernández continua con la quinta entrega de la fascinante historia de los superheroes. Solo resta un último episodio.

Deseamos disfruten de la entrada.


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Desde finales de los años sesenta se produce una llamativa evolución en los cómics de Estados Unidos. Es entonces cuando en dicha sociedad irrumpe un movimiento contracultural, totalmente transgresor, libertario e incluso libertino, que se denominó cultura underground. Esto afectó especialmente al cómic debido al auge de la televisión, un medio que atrajo a las capas más conservadoras del público, dejando bastante más libres de censura tanto al cine como a la narrativa de dibujos.



Autores como Robert Crumb y su revista Zap zarandearon las normas establecidas. Su personaje emblemático, Fritz the Cat, cultivador de un feísmo y una permisividad sexual desconocidas hasta entonces, hizo caer muchas barreras. Algo más alejando, Richard Corben, colaborador de revistas como Vampirella o Creepshow, estrenaba en 1973 su obra más famosa: Den. Sus potentes figuras realizadas con aerógrafo, repletas de una gran fantasía alucinatoria y teñidas de tendencias neoexperesionistas, marcaron un hito a seguir.



Naturalmente, en el mundillo de los comics-book las cosas no iban tan deprisa ni tan lejos. Pero algo se notaba en el ambiente. Era la época del movimiento pacifista, las sustancias psicotrópicas y los pantalones acampanados. Marvel creaba Héroes de Alquiler: Puño de Hierro y Hombre Poder, una pareja de héroes no tan en la línea ideológica de un Capitán América bastante desfasado. Por su parte, el gran Jim Starlin triunfaba con Warlock, un personaje cósmico que nos elevaba a otro plano más introspectivo, donde acechaban gran cantidad de dudas morales. Digamos que la aventura metafísica se enseñoreó de muchas páginas. Era el momento de las extraordinarias viñetas experimentales de Neal Adams en The X-Men o el estilo de resonancias prerrafaelistas de Barry Smith en Conan the Barbarian



En los setenta Jack Kirby abandonó Marvel y fichó por la competencia. En DC creó varias series, como Forever People, New Gods o Mr. Miracle, pero ninguna tuvo el éxito esperado. Faltaba aquella chispa de los diálogos que la colaboración con Stan Lee otorgaba a sus anteriores trabajos. Así Kirby regresó de nuevo a Marvel, donde crearía Los Eternos, también bastante mediocre, o Black Panther. A pesar del dinamismo de las historias era evidente que Kirby no era el de antes. Por ello, en 1978, se retiró definitivamente del mundo del cómic. Con él se iba toda una época.



Pero en Marvel ya habían encontrado sustitutos para seguir montados en la cúspide del éxito. La llegada de John Byrne y Chris Claremont relanzó Uncanny X-Men hasta cotas insospechadas de popularidad. Las ventas se dispararon y todo el mundo hablaba de los mutantes, ese nuevo fenómeno. Más tarde daría obras como la novela gráfica Dios ama, el hombre mata, sin duda una pequeña joya que resiste el paso del tiempo, tanto por su temática como por su estilo. Y es que al rebufo de esta exitosa serie surgió una infinidad de colecciones idénticas: Nuevos Mutantes, X-Factor, Excalibur. Pero todas ellas irían desapareciendo abandonadas por los lectores, siendo al instante sustituidas por otras en una vorágine sin precedentes.



Por su parte, Spider-Man seguía gustando al público. Tras el abandono de Steve Ditko al dibujo, su sucesor fue John Romita. Los cambios resultaron evidentes. Ditko, gran admirador de Will Eisner, había dotado a los personajes de unos rostros a medio camino de lo caricaturesco, mientras que el héroe adoptaba unas posturas realmente imposibles, dignas de una araña. La propia Nueva York que dibujaba era más parecida a la Gotham de Batman que a la ciudad de The Fantastic Four. Romita, por el contrario, pondría las cosas en su sitio. Su héroe ganaría musculatura y adoptaría poses más "normales", los edificios de la ciudad serían fácilmente reconocibles y las chicas ganarían en belleza. Pero tal vez el mayor logro del nuevo equipo Lee/Romita fuera su concienciación en los temas sociales. Spider-Man huía de la vieja política conservadora y belicista para abrazar posturas mucho más liberales. Aunque de forma vaga y sin cargar nada las tintas, temas como el movimiento estudiantil, la reforma penitenciaria o el peligro de las drogas hacían su aparición en los argumentos de la serie. Incluso los horrores de Vietnam eran tratados a través de uno de sus personajes, Flash Thompson.



En el año 1976, fruto de un buen entendimiento comercial, surgió una extrañeza: Superman Versus Spider-Man, The Battle of the Century. Aunque parecía increíble, DC y Marvel se habían puesto de acuerdo para editar de forma conjunta un comic-book con sus dos personajes más emblemáticos. Gerry Conway y Ross Andru fueron los artífices de aquel crossover (cruce de colecciones) entre compañías. El resultado económico no debió de ser malo, pues de forma esporádica ambas editoriales han insistido en otras colaboraciones, ya fuera con los mismos u otros personajes de cada factoría.



Marvel pareció encontrarle el gusto a los crossovers y aprovechó el tirón para crear su serie Secret Wars, que hasta tuvo una continuación al poco tiempo. Allí todos los super-héroes del Universo Marvel se unían para luchar entre sí o más tarde contra el Todopoderoso. Pero siendo sinceros, existía más emoción en cualquier aparición del viejo Galactus, ese devorador de mundos creado por Lee y Kirby en los sesenta, que no en toda aquella parafernalia con un componente mercantilista Al final, tal vez lo único bueno que salió de aquel embrollo fue la creación de la saga del traje alienígena de Spider-Man, que plasmaría uno de los mejores equipos creativos del personaje: Tom de Falco y Roger Stern, dando lugar con el tiempo al nacimiento de Venom, el más mortal enemigo del arácnido.



Tiempos convulsos, aunque no del todo malos, ni mucho menos. El guionista y dibujante Walter Simonson aterrizaba en la serie Thor y relanzaba al personaje hacia una nueva Era Dorada. La creación del personaje Bill Rayos Beta, un alienígena de grotesco aspecto pero de gran nobleza que era capaz de sujetar el martillo encantado Mjolnir, la exitosa y excelente Saga de Surtur, las aventuras de Balder, incluso la desternillante historia menor donde el propio Thor se convertía en rana, todo era explicado con una épica y un humor excelentes, convirtiendo la etapa Simonson en un clásico imprescindible.



Por otro lado Jim Starlin insistía en su vena cósmica, ofreciendo para Marvel joyas como La muerte del Capitán Marvel (donde por primera vez un super-héroe moría de verdad, y encima por culpa del cáncer), El Guantelete del Infinito o Thanos Quest, todo siempre con su impecable estilo y esa forma de narrar tan absorbente que hacía de sus historias pequeños clásicos. Y sin olvidar su serie Dreadstar, un hito en el género. Años después escribiría también para DC su Cosmic Odissey, aprovechando en parte los Nuevos Dioses que creara Kirby, y con un dibujante de lujo: Mike Mignola.



Tampoco podemos dejar de señalar a Peter David, el guionista que tras afianzarse en Spider-Man explotó todo su talento en la serie Hulk, dotando al personaje de una hondura impensable hasta entonces, fusionando drama, ironía y humor, a la vez que narrando varios arcos argumentales dignos de figurar en un museo del cómic (Mr. Fixit, Futuro Imperfecto, El Panteón). Durante casi una década llevaría la colección con mano firme para gozo de sus seguidores.



Pero a pesar de todo ello corrían malos tiempos para la industria del cómic. Tanto DC como Marvel intentaban acaparar el mercado, saturando las estanterías de títulos. La conclusión lógica fue un hundimiento en las ventas, lo que llevó a la cancelación de la mayoría de las series editadas. Entonces, para capear la crisis, se creó un nuevo concepto: las series limitadas. DC comenzó con World of Krypton (1979) y The Untold Legend of Batman (1980), por Len Wein, John Byrne y Jim Aparo. Finalmente, en 1985, comenzó a editarse Crisis en las Tierra Infinitas con guiones de Marv Wolfman y dibujos de George Pèrez.  Aparte de celebrar el 50 aniversario de DC, la serie sirvió para limpiar de mundos paralelos el universo propio y definir nuevamente a sus personajes principales. Superman fue retocado por John Byrne y Wonder Woman por George Pérez. Pero tal vez el más exitoso fuera el Batman Año Uno de Frank Miller y David Mazzuchelli.



Frank Miller irrumpió con fuerza en Daredevil de Marvel. Su “Born again” marca un antes y un después, no sólo en la colección y en la evolución de dicho personaje, también en la forma de entender los cómics de super-héroes. Digamos sin ambages que fueron dos los artífices del cambio que se produjo en los ochenta. Por un lado Miller, y por el otro Alan Moore. Estos dos autores dotaron de un estilo narrativo propio a las historias que se contaron a partir de entonces. Frank Miller nos presenta unos héroes oscuros, atormentados y pletóricos de frustraciones. Atrás ha quedado la época alegre que se desprendía en las aventuras de los años cincuenta y sesenta. Los personajes se analizan psicológicamente y más que la lucha contra los villanos, el lector asiste a una batalla en el interior de la psique de los protagonistas. Miller lanzó a Daredevil hacia la fama, al mismo tiempo que creaba personajes secundarios que darían tanto juego como Elektra. No contento con ello, marchó a DC para crear una serie bastante insólita: Ronin. La compañía accedió a realizar esta miniserie de seis episodios, un formato nunca utilizado por ellos, para poder contar con Miller. Porque su siguiente trabajo todavía sería más atípico: una serie limitada de cuatro ejemplares de 48 páginas cada uno. Un formato tan exitoso que pasó a denominarse formato “prestige”. ¿Su nombre? Sin lugar a dudas un gran clásico: Dark Knight, en castellano El Señor de la Noche. Se trata de una absorbente historia de sobras conocida por todo buen aficionado al cómic.



Frank Miller nos presentó a un Batman atípico, retirado de su actividad justiciera a los cincuenta y cinco años, el cual había de volver a la lucha por última vez. Todo un éxito de ventas que aupó a su creador hasta la cima. Poseedor de un estilo oscuro e impactarte que aunaba historia interesante con un gran dibujo artístico, Frank Miller se había convertido en una auténtica celebridad y dotaba de nueva vida al personaje de Batman. El propio Tim Burton se basaría en todo este material para confeccionar su película sobre el personaje.



De Alan Moore se podría escribir un tratado entero. Simplemente digamos que en su faceta de guionista de super-héroes comenzó a descollar en Inglaterra para Marvel U.K. con historias sobre Captain Britain, un intento fallido de trasladar el fenómeno a Europa. Muchos son los trabajos que pueden mencionarse de Moore, todos ellos dignos de elogio. D. R. & Quinch o The Ballard of Halo Jones tal vez sean las más completas. Pero el salto decisivo fue su paso a Estados Unidos y su posterior contrato con D.C., para la que realizaría sus más grandes trabajos. Aunque guionizó episodios esporádicos tanto de Superman como de Batman (La broma asesina, tal vez sea el más célebre), no podemos olvidar a The Swamp Thing, donde alcanzaría la fama. En colaboración con el dibujante Rick Veitch empezó atando cabos sueltos del personaje para luego, en el número 21, redefinirlo en una auténtica joya para todo buen amante de los cómics. Nos referimos a Lección de anatomía, donde remodeló a La Cosa del Pantano y la lanzó hacia el estrellato. La saga American Gothic consiguió aunar el relato de super-héroes con el de terror y nos dejaba entrever lo que había de venir.



Porque llegó Watchmen, la serie que marcaría un antes y un después. En ella se produjo el momento álgido donde los cómics de super-héroes podían presumir de contar con una auténtica obra maestra. No nos extenderemos en la presente reseña sobre tan grandioso trabajo, se requeriría un solo artículo para tal tema. Baste decir que después de Watchmen los comic-books alcanzaron al fin su mayoría de edad. No todo lo publicado a continuación sería bueno, ni siquiera otras obras del propio Moore. Pero a partir de aquel momento siempre existiría un gran referente en el género.

Joan Antoni Fernández

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Joan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957, actualmente vive retirado en Argentona. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Enfant terrible de la Ci-Fi hispana, ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un céntimo. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Ignotus, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo, premio éste que finalmente ganó en su edición del 2005. Ha publicado relatos, artículos y reseñas en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en las webs Ficción Científica, NGC 3660 y BEM On Line, donde además mantenía junto a Toni Segarra la sección Scrath! dedicada al mundo de los cómics. Que la mayoría de estas publicaciones haya ido cerrando es una simple coincidencia... según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de libros de antologías, aunque sean de Star Trek ("Últimas Fronteras II"), habiendo participado en más de una docena de ellas (Espiral, Albemuth, Libro Andrómeda, etc.). Hasta la fecha ha publicado siete libros: "Reflejo en el agua", "Policía Sideral", "Vacío Imperfecto", “Esencia divina”, “La mirada del abismo”, “Democracia cibernética” y “A vuestras mentes dispersas”. Además, amenaza con nuevas publicaciones. Su madre piensa que escribe bien, su familia y amigos piensan que sólo escribe y él ni siquiera piensa.

sábado, 25 de febrero de 2017

A veces la vida golpea en la cabeza con un ladrillo:

Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford.





Queridos Lectores 

El 24 de febero pasado se cumplió otro aniversario del nacimiento de Steve Jobs (San Francisco, California, 24 de febrero de 1955 – Los Ángeles, California, 5 de octubre de 2011), cofundador junto con Steve Wozniak y Ronald Wayne de Apple Computer y una figura imprescindible para comprender la revolución informática que, entre otras cosas, le permite a usted leer este post y a mi escribirlo. Steve Jobs fue un personaje carismático, impulsivo y visionario (déspota también) que ayudó a conformar este mundo informático que nos envuelve. Les puedo asegurar que sin la Apple I nuestro mundo actualmente sería bastante diferente. La Apple I fue una máquina realizada de manera artesanal (la compañía Apple funcionaba en el garaje de la casa de los padres de Jobs)  y fue comercializada con el diabólico precio de 666,66 dolares



Simplificó el uso de una herramienta compleja como es el computador (robando las ideas del Xerox Parc y su fabulosa Xerox Alto). Y logró algo que ninguna novela o relato de ciencia ficción previó: el que el computador fuese tan común en los hogares como un tostador de pan eléctrico.


Xerox Alto

Para recordarlo le obsequiaremos el video y texto del discurso pronunciado por él en la Universidad de Stanford el 12 de Junio de 2005.




Deseamos disfruten de la entrada.



Richard Montenegro


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Tengo el honor de estar hoy aquí presente en la ceremonia de graduación de una de las más prestigiosas universidades en el mundo. A decir verdad, esto es lo más cerca que estuve jamás de una graduación universitaria. Hoy deseo contarles tres relatos acerca de mi vida. Eso es todo. Nada del otro mundo. Simplemente tres relatos.



El primer relato es acerca de unir los distintos puntos.

Abandoné los estudios en Reed College después de los primeros 6 meses, pero luego permanecí como oyente por otros 18 meses aproximadamente antes de dejarlos completamente. Así que, ¿por qué abandoné?

Casa familiar de Steve Jobs

Todo comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven soltera, graduada universitaria, que decidió colocarme en adopción. Creía enérgicamente que debía ser adoptado por universitarios graduados, de modo tal que todo se organizó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su esposa. Excepto que cuando emergí ellos decidieron a último momento que deseaban una niña. Así que mis padres, que estaban en una lista de espera, recibieron una llamada en el medio de la noche que decía: “Tenemos un varoncito inesperado, ¿lo quieren?” Dijeron: “Por supuesto.” Mi madre biológica averiguó más tarde que mi madre adoptiva nunca se había graduado de la universidad y que mi padre nunca había terminado el colegio secundario. Se rehusó a firmar los papeles definitivos de adopción. Solo se avino a hacerlo unos meses después, cuando mis padres le prometieron que algún día yo iría a la universidad.


Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero ingenuamente elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora se estaban destinando a mis aranceles universitarios. Luego de seis meses, no le encontraba sentido a esto. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco de qué manera la universidad me ayudaría a resolverlo. Y aquí me encontraba desperdiciando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí abandonar los estudios y confiar que todo se arreglaría eventualmente. Era una decisión bastante temerosa en ese momento, pero a la distancia fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. En el momento en que abandonara la universidad podía dejar de asistir a las clases que no me interesaban, y sí participar como oyente de aquellas que parecían interesantes.
Primer logo de la compañia diseñado por Ronie Wayne

No todo fue romántico. No tenía un dormitorio, así que dormía en el piso en las habitaciones de amigos, devolvía las botellas de gaseosa para obtener los 5 centavos de depósito para comprar comida, y caminaba las 7 millas a través de la ciudad cada domingo por la noche para recibir una buena comida una vez por semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. Y mucho con lo que tropecé más adelante como consecuencia de hacerle caso a mi curiosidad e intuición resultó no tener precio después.

Interior del garage donde funcionó la compañia Apple

Déjenme darles un ejemplo: Reed College en ese momento ofrecía quizás el mejor aprendizaje de caligrafía del país. En toda la ciudad universitaria cada cartel, cada etiqueta en cada cajón, era caligrafiado a mano de una manera bellísima. Dado que había abandonado los estudios y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar un curso de caligrafía para aprender cómo se hace eso. Aprendí acerca de los tipos de letra con trazos de pie, cómo variar la cantidad de espacio entre diferentes combinaciones de letras, todo aquello que hace que la admirable tipografía sea grandiosa. Era hermoso, histórico, artísticamente sutil de un modo que la ciencia no puede captar, y yo lo consideraba fascinante.


Nada de esto albergaba siquiera la mínima esperanza de alguna aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando la primera computadora Macintosh, todo volvió a mi mente. Y lo volcamos todo en la Mac. Era la primera computadora con bellísima tipografía. De no haber asistido a ese único curso universitario, la Mac no hubiera tenido nunca tipos de letras múltiples o fuentes espaciadas proporcionalmente. Y dado que Windows simplemente copió a Mac, es posible que ninguna computadora personal las hubiera tenido. De haber proseguido mis estudios universitarios, no hubiera asistido a ese curso de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen.


Por supuesto que era imposible haber unido los diferentes puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Pero fue muy, muy claro al mirar para atrás diez años más tarde.

Nuevamente, no se pueden unir los distintos puntos mirando para adelante; se pueden unir únicamente mirando hacia atrás. Así que deben confiar que de alguna manera los puntos se unirán en el futuro. Deben confiar en algo sus agallas, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Este enfoque no me ha traicionado nunca, e hizo toda la diferencia en mi vida.

Mi segundo relato es acerca del amor y la pérdida 

Yo tuve suerte – descubrí lo que realmente quería hacer temprano en mi vida. Woz y yo comenzamos con Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro, y en 10 años Apple creció de ser una empresa compuesta por nosotros dos en un garaje a una empresa de $2 mil millones con más de 4000 empleados. Habíamos lanzado nuestra creación más refinada – Macintosh – un año antes, y yo acababa de cumplir 30. Y después me despidieron. ¿Cómo se puede ser despedido de la empresa que uno inició?

Pués, a medida que Apple crecía contratamos a alguien que yo pensaba que era sumamente talentoso para dirigir la empresa conmigo, y durante el primer año o más las cosas anduvieron bien. Pero luego nuestras visiones acerca del futuro comenzaron a diferir y eventualmente tuvimos una disputa.
Steve Jobs y Steve Wozniak en 1977

Al tenerla, nuestro Directorio lo apoyó a él. Así que a los 30 estuve afuera. Y bien afuera. Aquello en lo que me había concentrado durante toda mi vida adulta había desaparecido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante unos pocos meses. Sentía que había decepcionado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado la batuta mientras que me la estaban pasando. Me reuní con David Packard y Bob Noyce y traté de disculparme por haber echado a perder las cosas de tal manera. Yo representaba un fracaso público muy importante, y hasta pensé en retirarme del valle.

Pero poco a poco empecé a darme cuenta que todavía amaba lo que estaba haciendo. El curso de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso para nada. Había sido rechazado, pero aún amaba lo mío. Así que decidí empezar de nuevo.
computadora Lisa

No me dí cuenta entonces, pero resultó que el hecho de haber sido despedido de Apple fue lo mejor que me pudo haber pasado. El peso del éxito fue reemplazado por la facilidad de convertirme en un principiante una vez más, con menor certidumbre acerca de todo. Me dio rienda suelta para ingresar en uno de los períodos más creativos de mi vida.

Durante los próximos cinco años, inicié una empresa llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar y, me enamoré de una maravillosa mujer que se convertiría en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por computadora en el mundo, Toy Story, y en la actualidad es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un giro destacado de acontecimientos, Apple adquirió NeXT, volví a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT está en lo más recóndito del renacimiento actual de Apple. Y tenemos, Laurene y yo, una maravillosa familia juntos. Estoy seguro de que nada de esto hubiera pasado de no haber sido despedido de Apple. Fue un trago amargo, pero creo que el paciente lo necesitaba.
Jobs presentando la Macintosh

A veces la vida golpea en la cabeza con un ladrillo. No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me mantenía en curso era que amaba lo que hacía. Deben encontrar lo que realmente les apasiona. Y esto es tan cierto respecto del trabajo como lo es respecto del amor. El trabajo les llenará una parte importante de sus vidas, y la única manera de sentirse realmente satisfecho es realizar lo que consideran un gran trabajo. Y el único modo de realizar un gran trabajo es amar lo que uno hace. Si no lo han encontrado aún, sigan buscando. No se conformen. Así como sucede con todos los asuntos del corazón, sabrán cuando lo hayan encontrado. Y, así como sucede en cualquier gran relación, mejora más y más a medida que transcurren los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se conformen.

Mi tercer relato es acerca de la muerte.

Cuando tenía 17, leí una cita que decía más o menos lo siguiente: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día seguramente tendrás razón.” Me impresionó, y desde entonces, por los últimos 33 años, he mirado en el espejo cada mañana y me he preguntado: “¿Si hoy fuese el último día de mi vida, querría hacer lo que estoy por hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” durante demasiados días seguidos, sé que debo cambiar algo.

El recordar que estaré muerto pronto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo temor a la vergüenza o al fracaso – todas estas cosas simplemente desaparecen al enfrentar la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo por perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón.

Me diagnosticaron un cáncer hace un año aproximadamente. Me practicaron una tomografía computada a las 7:30 de la mañana, y claramente mostraba un tumor en mi páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los médicos me dijeron que éste era seguramente un tipo de cáncer incurable, y que no llegaría a vivir más de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó ir a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararse para morir.


Quiere decir que hay que tratar de explicarles a los hijos todo aquello que pensaba que iba a tener diez años para contarles, en pocos meses. Significa asegurarse de tener todo puntualmente arreglado de modo que sea lo más fácil posible para la familia. Significa empezar a decir adiós.

Pasé el día entero con ese diagnóstico. Luego por la tarde me realizaron una biopsia, en la que introdujeron un endoscopio por la garganta, a través del estómago y hasta los intestinos, pusieron una aguja en mi páncreas y retiraron algunas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células bajo el microscopio los médicos comenzaron a gritar porque resultó que era una forma muy rara de cáncer pancréatico que se cura mediante cirugía. Me realizaron la cirugía y estoy bien ahora.

Fue lo más cerca que me encontré de la muerte, y espero que sea lo más cerca que me encuentre por varias décadas. Habiendo pasado esto, les puedo decir lo siguiente con un poco más de seguridad que cuando la muerte era un concepto útil pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Aún la gente que quiere ir al cielo no quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha logrado escapar. Y así es como debiera ser, porque la muerte es muy probablemente la única mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira del camino lo viejo para dar paso a lo nuevo. En este momento lo nuevo son ustedes, pero algún día no demasiado lejano, gradualmente se convertirán en lo viejo y se los sacará del camino. Lamento ser tan dramático, pero es realmente cierto.

Su tiempo es limitado, así que no lo malgasten viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma – que implica vivir con los resultados de las creencias de otros. No permitan que el ruido de otras opiniones ahogue vuestra voz interior. Y lo que es más importante, tengan el coraje de seguir a sus corazones e intuición. De algún modo ellos ya saben lo que ustedes realmente quieren llegar a ser.Todo lo demás es secundario.




Cuando era joven, existía una publicación maravillosa llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación. La había creado un sujeto llamado Steward Brand no demasiado lejos de aquí en Menlo Park, y le transmitió su toque poético. Esto sucedía en los últimos años de la década de 1960, con anterioridad a la publicación mediante computadoras personales y de escritorio, así que todo se llevaba a cabo con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras polaroid. Era una clase de Google en edición rústica, 35 años antes de la aparición de Google: era idealista, y desbordante de herramientas prolijas e ideas importantes. Stewart y su equipo publicaron varias ediciones de The Whole Earth Catalog, y luego cuando había cumplido su ciclo, publicaron una edición final.

Esto sucedía a mediados de la década de 1970, y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa de la edición final había una fotografía de un camino rural a primeras horas de la mañana, del tipo de ruta que ustedes caminarían si fueran tan aventureros. Debajo de la foto aparecían las siguientes palabras: “Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito”. Era su mensaje de despedida al anunciar el fin de la publicación.

Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, que ustedes se gradúan para empezar de cero, deseo eso para ustedes
.
Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito.





Tomado de Applesfera


Enlace relacionado:



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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.

viernes, 24 de febrero de 2017

La conquista de los paisajes cósmicos



Saturno visto desde Rhea. Chesley Bonestell.

Pintando el Espacio.



Hoy es un grato, y muy visual placer, traerles un ensayo introductorio del Arte Espacial (entendiendo espacio como el espacio astronómico), de la mano de la investigadora de la astronomía y el arte, la malagueña Sofía López Martín.

El artículo: La conquista de los paisajes cósmicos fue publicado en el número 8 de la revista Descubrir la Historia en Octubre de 2016. Los contenidos de esta revista son descargables digitalmente desde su página y si se desea recibir la revista trimestral en papel, es necesario asociarse y pagar la cuota anual de 20 €. Los responsables (en su mayoría malagueños) de la Asociación Descubrir la Historia (ADLH) y la propia autora nos han autorizado a reproducir el artículo, por lo que les estamos muy agradecidos. 

Mi único acercamiento a este mundo se lo debo al libro The art of Chesley Bonestell (2001) de Ron Miller and Frederick C. Durant III, que afortunadamente adquirí a precio de saldo. Y como decirlo, caí completamente rendido a su arte. Las ilustraciones de Chesley jalonan el artículo de Sofía, robándole protagonismo en alguna ocasión.



Chesley Bonestell tuvo una importante relación con el cine que no sólo se circunscribe a películas de ciencia ficción espacial: Con Destino a la luna (Destination Moon, 1950 Irving Pichel), Las mujeres gato de la luna (Cat-Women of the Moon, 1953 Arthur Hilton), la serie de televisión Hombres en el espacio (Men into Space, 1959-60) y las dos magníficas películas dirigidas por Byron Haskin: La guerra de los Mundos (War of the Worlds, 1953) y La conquista del Espacio (Conques of Space, 1955). Sino también películas generalistas como Esmeralda, la zíngara (The Hunchback of Notre Dame, 1939 William Dieterle) o dos películas del director Orson Wells: El cuarto mandamiento (The Mangnificent Ambersons 1942) y la magistral Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941).

Pero hay mucho más Arte Espacial antes y después de Bonestell y el artículo de Sofía lo demostrará. También hay un excelente futuro para el Arte Espacial, las películas de ciencia ficción siguen requiriendo escenarios fantásticos y casi siempre ficticios, pero algunas veces se precisan escenarios espaciales rigurosos y respetuosos con la ciencia del momento: Gravity (2013 Alfonso Cuarón) ó Marte (The Martian, 2015 Ridley Scott) son algunos ejemplos de ello. Pero sin duda, si existe un espacio por explorar, un vacío enorme que llenar son los videojuegos y el Arte Espacial tiene reservado un papel estelar.

by PacoMan




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Por Sofía López Martín - Ene 20, 2017


El arte espacial o Space art es una disciplina que la Historia del Arte ha ignorado a lo largo de los siglos, pero desde finales del siglo XIX, este género experimentará un crecimiento descomunal vinculado a los avances en astronomía y el nacimiento de la carrera espacial. En este artículo desarrollaremos sus antecedentes e inicios además de rasgos característicos y autores clave.

Los conocimientos en astronomía y los avances en exploración espacial sobrepasan hoy límites antes inimaginables, llevándonos cada década a llamar hechos a cosas que antes no eran más que ficción. Estos hallazgos hacen que toda la humanidad prospere, y como ha ocurrido a lo largo de la historia, nuestros avances y conquistas tendrán muy de cerca al arte como fiel retratista de los eventos acaecidos y del porvenir. El arte ha documentado nuestros triunfos y fracasos, lo cual no será una excepción con la odisea de conquistar del espacio.


Saturno visto desde la luna Jápeto, Chesley Bonestell (1944) (Flickr).


Alzar la vista al firmamento en el pasado implicaba algo radicalmente diferente a lo que supone hoy día. La contaminación lumínica era inexistente y se gozaba de un cielo nocturno increíblemente limpio y repleto de planetas, satélites, estrellas y nebulosas a simple vista, casi al alcance de la mano. «La primera y la más simple emoción que descubrimos en la mente humana es la curiosidad». Esta frase de Edmund Burke enunciada en su Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello publicado en 1757 nos define y nos hace ver que desde siempre los humanos hemos sentido curiosidad por querer saber qué hay más allá del cielo de nuestro planeta. No nos sorprende entonces que muchos se lanzaran a intentar comprenderlo y plasmarlo, pues encontramos representaciones de la Luna, planetas, constelaciones y diferentes cuerpos celestes desde el origen de nuestra historia.

Beta Lyrae, Chesley Bonestell (1960) (Wikimedia).


La curiosidad, la ciencia y el cosmos



La necesidad de entender que cuelga sobre nuestras cabezas la vemos entonces desde Stonehenge, las taulas de Menorca, el disco de Nebra (un disco de Bronce con la primera representación de la bóveda celeste datado en el 1600 a. C.), las representaciones de constelaciones en diferentes cuevas, como Trois-Freres, además de en el antiguo Egipto y en múltiples manuscritos y tratados medievales. Encontraremos personalidades destacadas y devotas a la astronomía y sus representaciones desde la Antigüedad, como Hiparco de Nicea creador del primer catálogo estelar hacia el 134 a. C. tras la observación de una supernova, Tales de Mileto (624-546 a. C.), Claudio Ptolomeo (II d.C.), Abu Abdullah Al-Battani (858–929 d. C.) o Johann Müller de Königsberg (1436-1476 d. C.) entre otros muchísimos. 


El disco de Nebra

Centrándonos más en la Edad Moderna, veremos que con Nicolás Copérnico (1473-1543) encontramos multitud de ilustraciones de las órbitas imaginadas de los planetas del Sistema Solar, sentando las bases del modelo heliocéntrico en su De revolutionibus orbium coelestium, publicado en Núremberg en 1453. Como sabemos, este sistema no gustó mucho y veremos que algunos estudiosos buscaron encontrar una cierta conciliación entre éste y otro sistema, el ptolemaico (Ptolomeo definió el sistema geocéntrico, donde la Tierra es el centro del universo y Copérnico con el heliocéntrico nos decía que el Sol lo era y los demás planetas lo orbitaban). Tycho Brahe (1546-1601) fue quien se lanzó en busca de un punto intermedio entre ambas visiones, desarrollando en multitud de esbozos un sistema por desgracia, erróneo. Su labor no quedó ahí y dado que fue uno de los últimos astrónomos en una época previa al telescopio, nos sorprende la veracidad de sus ilustraciones. Uno de sus ayudantes, Johannes Kepler (1571-1628), heredó gran cantidad de sus estudios y éstos acabaron teniendo mucho peso en su trabajo. El dibujo en el caso de Kepler será más matemático que artístico, versando sobre la importancia del movimiento de los planetas y sus órbitas.

Superficie Marciana, Ludek Pesek (1968-1972) (Flickr).


Llegamos a Galileo Galilei (1564-1642), inventor del telescopio en 1609 gracias a la invención del catalejo años antes. En su Sidereus nuncius (1610) se lanzó a observar y representar los elementos que nos rodean en el Sistema Solar donde encontraremos excelentes acuarelas y dibujos de la Luna, además de los movimientos de los satélites de Júpiter y las fases de Venus. Galileo sirvió como referente a seguir para estudiosos que vendrán tras él como Christiaan Huygens (1629-1695), Sir Isaac Newton (1642-1727) o Charles Messier (1730-1817).


Fases lunares dibujadas por Galileo Galilei

Veremos entonces que la mayoría de los personajes que hemos mencionado son considerados científicos, pero no artistas. En el caso del arte espacial, las diferencias entre arte y ciencia se han difuminado con el paso de los siglos, perdiendo esa concepción de que una debe estar supeditada a la otra, ya sea la ciencia al arte por las proporciones y medidas o el arte a la ciencia a la hora de poder transmitir aquello en lo que los números y datos se quedan cortos.


Poertada de las revista Collier's con una ilustración de Chesley Bonestell


El artista espacial

El papel del artista espacial es clave, pues como vemos en la frase del célebre autor Arthur C. Clarke: «El artista astronómico estará siempre muy por delante del explorador. Pueden representar escenas que ningún ojo humano haya visto jamás, ya sea debido a su peligro o a su lejanía en el tiempo y el espacio». El número de artistas en la pintura espacial a finales del siglo XIX es alto, pero a lo largo del siglo XX (sobre todo finales de los años treinta y la segunda mitad del siglo) es mucho mayor del que alcanzamos a imaginar.


Los primeros artistas buscaban la aprobación y admiración del público por encima de la veracidad y la exactitud científica, la mayoría de los casos dejando tras de sí la representación de concepciones astronómicas que antes se daban por ciertas y acabaron siendo erróneas. Un ejemplo llamativo serían las representaciones de Marte con vegetación que alcanzaron bastante fama a finales del siglo XIX o las de Venus como entorno hostil y árido, un desierto extremo, cuando en realidad cuenta con muchísima actividad volcánica. La importancia de la veracidad de estas ilustraciones con respecto a lo que plasmaban fue volviéndose la meta principal, ahora amparada por la gran mayoría de artistas.

Saturno visto desde Titán, Chesley Bonestell (1949) (Flickr).

Estos artistas colaboraron en multitud de revistas y boletines astronómicos en el siglo XIX, para luego trasladarse a las novelas y tebeos a principios del s. XX, dar el salto al mundo cinematográfico en los años 50 y finalmente a los formatos virtuales a partir de los 80 hasta nuestros días. De todos estos artistas podemos destacar a los llamados «abuelo» y «padre» del arte espacial, el francés Lucien Rudaux (1874-1947) y el célebre americano Chesley Bonestell (1888-1986). Ambos son pilares a la hora de desarrollar las tipologías y ejemplos de arte espacial que otros muchos seguirán a lo largo del siglo XX, como son Scriven Bolton, Ludek Pesek, George F. Morrell, David Hardy, Ron Miller o Carolyn Porco.


Eclipse terrestre visto desde la superficie lunar. Lucien Rudaux 


Los paisajes espaciales

«El arte es aquello que las palabras no pueden expresar. Muchas cosas han sucedido en la exploración espacial que la gente no puede conocer sólo a través de fotografías, titulares de periódicos o informativos de televisión. Es tarea del artista dar luz a lo misterioso, a lo sublime, a la gran belleza y al poder que rodea a estos eventos».




Chesley Bonestell. 1952




Esta frase de Peter Nisbet, comisario del Museo de Arte de Ackland nos resume perfectamente la imagen que se tendrá del trabajo de estos artistas en el siglo XX. Pero veremos que esta concepción se la deben a sus predecesores, los artistas del siglo XIX que comenzaron a observar el mundo con otros ojos, fascinados por los paisajes y la vastedad de los mismos, que comenzaban a postularse como elemento predilecto en la tradición pictórica.


,Among the Sierra Nevada Mountains, California,Albert Bierstadt. 1868. Hudson River School

Los artistas estadounidenses, más concretamente los de la Hudson River School, exploraron y cayeron rendidos ante la naturaleza indómita y desproporcionada que encontraban a su paso. Los parques de Yellowstone y Yosemite les llevaron a querer formarse como geólogos y botánicos, siempre con el fin de poder transmitir la mayor verosimilitud posible en unos paisajes que habían conseguido conmoverles y aturdirles. Estas obras, lienzos de tamaños descomunales, comenzaron a viajar por el país sorprendiendo y enamorando a todos aquellos que podían admirarlas. Aquí empezamos a ver los rasgos que el arte espacial heredó directamente de la tradición pictórica, cambiando los parques de Yellowstone o Yosemite por las superficies también rocosas de Marte o la Luna.

Jupiter visto desde Europa, Chesley Bonestell (1949) (Flickr).


Vemos entonces que es innegable la relación de esta pintura con la tradición dieciochesca y romántica del paisaje sublime. En ellas, la desolación, las grandes escalas y la idea de que son espacios deshabitados a millones de kilómetros del ser humano, producen la placentera sensación de lo sublime terrorífico que desarrollan teóricos de los que ya hemos hablado como Edmund Burke. De hecho, por esencia, cualquier paisaje espacial es sublime, pues pone de manifiesto la pequeñez humana como ningún paisaje terráqueo consigue.

Pero a mediados del XIX faltaba el último elemento que terminaría de impulsar el salto de la pintura espacial. Los autores literarios comenzaron a escribir movidos por los abrumadores avances tecnológicos que resucitaron la fascinación por lo que podía haber más allá de la bóveda celeste y así, el género de la ciencia ficción experimentó un crecimiento descomunal. La aparición de novelas de Julio Verne como From the Earth to the Moon (1865), Héctor Servadac (1877) o las enciclopedias astronómicas de Camille Flammarion como La Pluralité des mondes habités (1862) o Les Terres du ciel (1877) además de The Moon: Considered as a Planet, a World, and a Satellite (1874) de James Nasmyth requerirán ilustraciones que consigan que el lector se evada y quede fascinado, pero manteniéndolo siempre dentro de unos los límites de realidad.

A principios del siglo XX, la pintura espacial que hasta entonces había servido como simple acompañante a la literatura ya fuera en novelas de ciencia ficción o manuales astronómicos, comenzó a desvincularse para aparecer por sí sola, en ocasiones con la función de ilustrar algo, pero pudiendo extrapolar ese significado para limitarnos al deleite estético de la obra. Según el astrofísico Roger Malina, el arte espacial contará con muchas definiciones y connotaciones, por lo que realizará una división en siete categorías:

Arte que explora las experiencias sensoriales generadas por la exploración espacial. Nuevos paisajes se vuelven accesibles gracias a la fotografía.

Arte que expresa las nuevas concepciones psicológicas y filosóficas que se desarrollan con la exploración espacial. El concepto de la Tierra como un todo, que surge tras las primeras vistas de nuestro planeta desde el espacio.

Arte en el espacio visto desde la tierra.

Arte en la tierra visto desde el espacio.

Arte en el espacio visto desde el espacio.

Artes aplicadas a elementos como arquitectura y diseño de interiores en el espacio.

Artes que aprovechan las nuevas tecnologías, como sería el uso de satélites.


 Estación Espacial.  Chesley Bonestell


Siglo XXI

La pintura espacial es conocida a gran escala ya que está mucho más presente de lo que creemos en películas, tebeos, libros, series, artículos científicos o noticias, pues éstos cuentan con ejemplos de ilustraciones astronómicas que todos hemos visto alguna vez. Es decir, el uso y la iconografía de imágenes relacionadas con paisajes fuera de nuestro planeta es bastante profuso y conocido por la sociedad prácticamente en su totalidad. Además, es de las pocas disciplinas que se ha encontrado en constante evolución desde su aparición, dependiente tanto de la visión del artista como de los conocimientos científicos que fueran haciendo su aparición, aunque ciertamente tendía a prevalecer el criterio del autor más que el de los astrónomos, siempre buscando la admiración y evasión del público como hemos visto antes. Pero su evolución no se limitará sólo a criterios del autor, si no que encontraremos diferencias tanto en los elementos que vemos, desde dónde los vemos y qué vemos desde ellos, hasta las diferentes técnicas pictóricas, pasando de grabados hasta software de procesamiento digital, servirán para conformar una disciplina pictórica extremadamente variada y compleja.


Tomado de Descubrir la Historia

Tractores lunares. Chesley Bonestell


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Sofía López.

Soy graduada en historia del arte y me dedico a la investigación de la astronomía y el arte, sobre todo en los paisajes espaciales en el siglo XIX y XX y además de la pintura vinculada a la NASA.

Participé en el trabajo SPACE ART - THE CONQUEST OF COSMIC LANDSCAPES en el simposio From Galileo To Mars - An Exhibition on the Renaissance of the Artsciences organizado por el Instituto SACI de Florencia y NASA.


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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po