martes, 21 de agosto de 2018

La economía no es una BICICLETA, ES UN RICKSHAW.






No se puede ser más ingenuo o más demagogo.

Un ciclista compra bicicletas y hay bicicletas que valen más que algunos coches. Los ciclistas con bicicletas de 12 mil euros, tienen autos y piden préstamos para comprar barcos y mansiones. Hay ciclistas que compran bebidas isotónicas o multiso-no-se-qué para beber mientras pedalea, que valen más que la gasolina. Hay ciclistas con bicicletas tan complicadas  que las llevan a boutiques de bicicletas para su puesta a punto o cuando se pinchan las ruedas. Hay ciclistas que tienen seguro de responsabilidad civil y otros tienen seguro para el caso de robo de sus caras bicicletas. Algunos ciclistas tienen bicis tan caras que no las aparcan en la calle por temor a que se las roben, pero como van a trabajar en auto acaban pagando estacionamiento o comprándolo (igual incluso tras tramitar un préstamo para ello). Muchos ciclistas con bicicleta eléctrica están gordos, porque se es ciclista si se tiene una bicicleta y muchos tienen sus bicis de más de 12 mil euros sin usar en sus garajes de sus casas. No todos los ciclistas están sanos, ni todos los que no son ciclistas no lo están. Hay muchos ciclistas sanos que gastan en productos homeopáticos una verdadera fortuna para supuestamente prevenir la enfermedad. Muchos ciclistas van al médico privado cuando los atropellan los autos, o se lesionan de tanto pedalear, o por caerse de sus caras bicis al no saber subirse a ellas.

No nos engañemos: lo que es un desastre para la economía es un POBRE. Un pobre no compra autos (sólo le llega para una bici vieja) y no pide préstamos (los bancos nunca se los concedería). Los pobres no compran gasolina, ni champán, ni usan los talleres (si se pinchan sus ruedas las arregla ellos). Los pobres no pagan seguro, pues nada tiene que valga la pena asegurar. Los pobres no pagan estacionamiento, atan sus bicis a un árbol. Un pobre no tiene nada. Y por no tener no tiene ni obesidad, apenas le llega para comer. Los pobres no suelen estar sanos, porque la sanidad pública con sus listas de espera no tiene tiempo para sanarlos cuando enferman, ni para darles medicinas (como por ejemplo para tratar la hepatitis C). Los pobres no pueden pagarse médicos privados.

Aparentemente la economía no necesita pobres. Pero si necesita mano de obra barata que explotar, es decir pobres, luego si los necesita.

La economía es una BICICLETA, ES UN RICKSHAW.

Un rickshaw necesita ricos que se sienten en el cómodo sillón y necesita pobres para que pedaleen.


No pedalees tanto, no desarrolles más tus músculos piensa un poco más y desarrolla tu pensamiento crítico.

by PacoMan



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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po


lunes, 20 de agosto de 2018

J. M. Cruxent. La pasión entre la arqueología, las expediciones y el arte



José María Cruxent . Cortesía archivos Segall.


Décimoséptima entrega de la serie “Artistas olvidados”, por Beatriz Sogbe: “no solo olfateaba las excavaciones, con una intuición que es leyenda, sino que fue un demiurgo de imágenes”


Por BEATRIZ SOGBE

04 DE AGOSTO DE 2018 

De las historias que enloquecen a las mayorías se encuentran las de los expedicionarios. Subyugan esos relatos, mezcla de empecinamiento y olfato, que llevan a esos hombres a encontrar hallazgos impensados por el lego. La mayoría de las personas piensa que los grandes arqueólogos y exploradores están ligados a Heinrich Schliemann (Ciudad de Troya, Turquía), Howard Carter (Valle de los Reyes, Egipto), John Lloyd Stephens (Cultura maya, Guatemala/México) o Hiram Bingham (Machu Picchu, Perú). A muchos de ellos se les reprocha que no fueron muy ortodoxos en sus prácticas o en sus vidas privadas. Pero nadie discute su sagacidad en encontrar esos tesoros perdidos. Ciertamente son los más famosos y conocidos pero, en Venezuela, hay muchas historias interesantes que nos ligan a los más grandes en esas ciencias que unen la antropología, la arqueología, las ciencias naturales y el arte. Por eso son tan apasionantes. Solo me ocuparé de los fallecidos, porque de los vivos las historias aún están por relatarse.


Johann Friedrich Blumenbach (Alemania, 1752-1840) fue el primer antropólogo científico. Fue el primero en identificar cinco razas: caucásica o blanca, mongólica o amarilla, etiópica o negra, americana o cobriza y malaya o aceitunada. Tuvo además la hidalguía, después de medir miles de cráneos de las diferentes razas, en concluir que hay unidad en la especie humana y que no es posible hacer discriminaciones. Su vida está ligada a la ética científica. Blumenbach fue maestro del barón Alexander von Humboldt, del príncipe Alexander de Wied y de Karl Ernst von Hoff. El hecho de que haya sido el mentor de Humboldt fue medular para América.

Cruxent con indígena tawayunña Alto Ventuari, Amazonia Venezuela. 1959.


Hay tres exploradores que han tenido gran importancia en nuestro medio: el barón Humboldt (Alemania, 1769-1859) –de quien nos ocupamos en la crónica anterior–, Robert Hermann Schomburgk (Alemania, 1804-1865) y Josep María Cruxent (España, 1911 - Venezuela, 2005). Schomburgk –con la venia inglesa– fue enviado a una expedición a la Guayana Británica (hoy Guyana) donde fijó las fronteras entre Guyana y Venezuela, en la muy polémica “línea Schomburgk”, que fue inmediatamente protestada por Venezuela por anexar a Guayana Británica, 80.000 Km2 de nuestro territorio. Posteriormente –como después se encontró oro en la zona– se amplió “la línea” a 85.000 Km2. Tras su vuelta a Inglaterra fue nombrado caballero por la reina Victoria y, posteriormente, fue embajador de Inglaterra, en varios países. Ese expolio de nuestras fronteras parece nunca terminar. Encontró, por casualidad, un nenúfar gigante –y no dudó en denominarlo Victoria reginae– y tituló muchas de nuestras orquídeas con su nombre, en unas especies llamadas Schomb –para abreviar. Finalmente, J.M Cruxent es el padre de la arqueología científica en Venezuela. La fascinante obra plástica, sus aportes científicos y la vida de Cruxent es el objeto de esta crónica.

Josep Maria Cruxent Roura (España, 1911 - Venezuela, 2005) nació en Sarriá, en un barrio de Barcelona. Siendo hijo único pastoreaba las tierras y viñedos de su padre. Paralelamente, le encantaba el arte y la exploración. A los cuatro años sus padres le hacieron un regalo sui generis. Le “obsequiaron” una pared de su dormitorio para que ahí hiciera lo que quisiera. Cruxent la agujereó, la pateó, la dibujó, la rayó. Entre 1930-36 asistió a los cursos de arqueología del doctor Pedro Bosch Gimpera en la Universidad de Barcelona. Estudió, paralelamente, en la Academia de Bellas Artes. Interrumpió sus estudios por el alzamiento de Francisco Franco. Cruxent se alistó en el ejército republicano en Teruel y emigró a París, donde vivió ocho meses. Ligado desde Barcelona al surrealismo asistió a conferencias de André Breton. Hizo gestiones para salir de Europa y logró irse a Bélgica, donde obtuvo una visa para expatriarse a Venezuela. Lo hizo en un barco maderero sueco, como enfermero. Juró, en ese acto, que aportaría logros al país que lo acogiera. En 1939 llegó a Venezuela.

Espíritu Aborigen. 1963. Óleo sobre cartón. 22,5 x 16,8 cm.


Al llegar a Caracas, sin bienes y con una hija enferma, vendió frutas y sobrevivió como operador de cine entre Caracas y La Guaira. Comenzó a dar clases de dibujo y se relacionó con el mundo científico. Empezó a recorrer Venezuela y a conseguir hallazgos arqueológicos que de inmediato dio a conocer. Una anécdota de Abdem Lancini dice que, sorpresivamente, empezaron a llegar al Museo de Ciencias de Caracas hermosas piezas arqueológicas en paquetes, remitidos por un tal J.M. Cruxent. Sorprendidos ante semejantes obsequios lo localizaron excavando en el Lago de Valencia. Para 1944 fue nombrado Director de Arqueología del Museo de Ciencias en Caracas y sus descubrimientos le hicieron merecedor de reconocimientos internacionales. En 1945 asume la nacionalidad venezolana. Para 1950 realizó una expedición a África con el príncipe Leopoldo de Bélgica y le organizó una colección de arte africano.

En 1951 participó en la legendaria expedición franco-venezolana, que ya había sido frustrada en el siglo XIX, para conocer las fuentes del río Orinoco, dirigida por el Teniente Coronel Franz Rízquez Iribarren –siendo Cruxent del grupo élite de avanzada. Logró determinar con exactitud los límites de Venezuela con Brasil y las fuentes originarias del Orinoco. Con esta expedición se realizaron aportes a la geografía, cartografía, grupos étnicos, especies vegetales y animales y la incorporación de 4.000 km2 a Venezuela. La llegada al naciente la celebraron con tres sorbos de brandy y una botella de ponche crema, que Cruxent había guardado celosamente en toda la trayectoria, para tal evento. En 1953 fundó las cátedras de Antropología y Arqueología de la Universidad Central de Venezuela. Posteriormente, en 1957, llegó a las fuentes del río Guasare (Edo. Zulia). En 1958, publicó los descubrimientos arqueológicos de El Palito, Edo. Carabobo, los de Manicuare (Edo. Sucre), los de Nueva Cádiz (Isla de Cubagua). Finalmente, en 1960, fundó el Departamento de Antropología en el Instituto de Investigaciones Científicas (IVIC), por iniciativa del Dr. Marcel Roche. Solo cito algunos de los logros de Cruxent para resaltar sus indudables contribuciones a la ciencia y la arqueología venezolana.

Moustro que me quitó a Solita. 1965. Acrílico, fibra vegetal, papel, resina y barniz sobre tela. 200 x 150,5 cm.


Su éxito como científico opacó la labor como artista. Y si bien se han realizado muchas exposiciones sobre este artista no se le reconoce en el sitial que merece. En 1959, en la Sala “Espacios vivientes” de Maracaibo se realizó la primera exposición informalista de Venezuela. En uno de sus numerosos viajes, varios críticos –a sus espaldas– aprovecharon para exhibir su obra nunca antes expuesta. De inmediato sorprendió a los asistentes. Fue invitado a formar parte de El Techo de la Ballena –propulsor del informalismo en Venezuela.

En nuestro humilde juicio, hay cinco artistas pilares en el movimiento informalista venezolano: Renzo Vestrini –el pionero; Fernando Irazábal cuya exposición Bestias y occisos, realizada en 1962, fue una revelación para el público; Carlos Contramaestre cuya exposición, posterior a la de Irazábal, titulada Homenaje a la necrofilia (1962) fue asumida como un terremoto político –aunque, posteriormente, divagó con obra figurativa; Elsa Gramcko, reconocida pero no en su real dimensión e importancia y J.M. Cruxent.

La obra de Cruxent puede remover las fibras más insensibles. María Luz Cárdenas, en una exposición realizada en el Museo de Coro, lo define así: Arqueólogo, pintor, mundano, expedicionario, escritor, autodidacta, profesor, mujeriego, leyenda viviente, oteador, antropólogo, artista. Yo añadiría creador. Porque no solo olfateaba las excavaciones, con una intuición que es leyenda, sino que fue un demiurgo de imágenes.

Como buen informalista la obra es escasa de color, pero intensa en sabiduría. Cito palabras textuales de Cruxent tomadas del análisis crítico de María Luz Cárdenas: “Tuve la oportunidad, durante mis andanzas por la selva amazónica, de contemplar el agua negra que deforma con su reflejo mágico las figuras. Los movimientos ondulantes con los espejismos. La luz verde del rayo vegetal. Me emocionan los rayos filtrados iluminando fantasmagóricamente la anarquía de miles de plantas. El todo es agitado por la brisa invisible e insensible, las sombras deformantes nacidas del sol, de la luna, del fuego. Todo un ambiente estático, pero en movimiento”.

Ningún mortal ha sido capaz jamás de descubrir aquello que está bajo mi velo. 1961. Pintura industrial y resina sobre tela. 140 x 159 cm.


Pintura visceral que realizaba, frenético y excitado, en una sola jornada. Recuerdan los trapos de Manolo Millares, pero mientras estos eran fuerza en los nudos, los agujeros y las tensiones, las piezas de Cruxent están sacadas de la esencia de la selva: fibra de moriche, petróleo, resinas vegetales, arenas, tintes naturales y acrílicos. Es una pintura que sale de las entrañas, como sus hallazgos arqueológicos. Hay materia, mucha materia. Hay sentimiento, pasión y alquimia. Eso le permitía metamorfosear materiales pobres y despreciados en arte. Algunos de los encabezados de sus piezas revelan ese deseo de desentrañar misterios como “Arúspice” –que alude a los adivinos etruscos que predecían el futuro por medio de la observación del aspecto de los menudos de los animales sacrificados. Muchas obras las tituló en francés. Como “Torpeur euphorique” (letargo eufórico) –que revela el estado de agitación en que lo hizo. Cruxent no era de ataduras. Era un ser desesperadamente libre que olfateaba los tesoros escondidos, pero también el arte. Esa furia se revela en otras palabras del artista: “Para enfrentarme a la desafiante tela, solo puedo hacerlo cuando siento un impulso mágico tan fuerte como un delirio erótico. Hay muchos puntos convergentes entre la posesión sexual y el aceptar la palestra con la tela y el objeto. El volcarse sobre ella no puede ser en frío. No concibo pintar de acuerdo al reloj”.

J. M. Cruxent antropologo a su regreso de la expedición al naciente del Orinoco

Un accidente, en 1963, le privó de hacer más expediciones y viajó a París donde se deleitó con las corrientes cinéticas del arte. Realizó entonces unos experimentos –no precisamente cinéticos–, sino de un movimiento en un “efecto moire” que le permitió mover ondas. El crítico Frank Popper las llamó “paracinéticas”. Recuerdan esas aguas oscuras y suaves de los ríos en movimiento, con esa sutil luz que permea de los árboles. Fue una experiencia con pocas piezas, ya que sería la obra informalista la que pesaría en su trabajo plástico. Hasta 1973 realizó arte y se dedicó, exclusivamente, a sus investigaciones. Esas piezas las pudimos admirar, en el año 2005, en una muestra antológica organizada por la Fundación Cruxent y la curadora Ruth Auerbach. Cruxent falleció en Coro a los 94 años, rodeado de cosas simples y sencillas. Nunca tomó una pieza arqueológica para sí. Nunca fue un negociante con su arte. Solo se regodeó con sus hallazgos y su arte. Murió, pobre pero feliz, en el Edo. Falcón, en la tierra que lo adoptó y a la que él supo devolverle sus glorias pasadas, como lo prometió.

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Tomado de El Nacional








domingo, 19 de agosto de 2018

Para el premio Nóbel FRANK WILCZEK un país de ‘millennials’ sería una fuente de inspiración



 El    físico Frank Wilczek en sus años de bachillerato.


El trabajo de periodista es difícil, aunque a veces pueda parecer que todo está de cara para que salga bien. También pude ser que como estamos en agosto, hay pocos contenidos y se hacen refritos, cortas y pegas y otras tropelías para rellenar de contenidos las publicaciones periódicas. Estamos en uno de esos casos, se entrevista nada menos que a todo un premio Nobel de Física: Frank Wilczek por parte de un gran medio de comunicación como El País ¿Algo puede ir mal?

 Pues sí, sí puede ir mal.

El concepto de intelectual nace en el siglo XIX con el affaire Dreyfus. El intelectual se caracteriza por ser una persona de amplio reconocimiento en su actividad, que toma posición en una cuestión alejada de su área de especialización. Opinión que es valorada, respetada y seguida por la opinión pública gracias a su prestigio. Desde el siglo XIX la figura del intelectual ha prosperado y se ha generalizado. Por desgracia el concepto también se ha pervertido y deteriorado hasta llegar a la figura del tertuliano: personaje habitual de tertulias televisivas y radiofónicas, caracterizado por ser expertos en Nada que adoctrina desde sus sillas-pulpitos sobre cualquier tema de actualidad.


 El físico Frank Wilczek posa en un jardín de Valencia tras la entrevista. MÓNICA TORRES




Obviamente FrankWilczek es un intelectual de los de verdad, que ha opinado en muchas ocasiones de temas muy alejados de su campo de especialización: la Física. En este contexto nos encontramos con esta entrevista, un conjunto de preguntas sin ritmo y que, en mi opinión, lo hacen parecer un ingenuo.

Frank Wilczek defiende que en la cuestión de la Gobernanza Mundial, nadie defiende los intereses del Planeta, cada país defiende únicamente sus intereses nacionales  y concluye:

“… Creo que el concepto de estados nación compitiendo entre sí es cada vez más difícil de justificar y se está convirtiendo en algo extremadamente peligroso. …”

Argumento de fácil venta y con estribillo atractivo. Pero con letra curiosa, si sustituimos estados nación por empresas y la gobernanza mundial por economía nacional  y el problema de la sostenibilidad mundial por el desempleo nacional: Como mínimo sorprende que lo que es bueno para lo pequeño no sea bueno para lo grande. Evidentemente las reglas de lo grande acaban afectando a lo pequeño. No digo yo que no, que al igual que el estado regula la economía nacional, también se requiere una regulación de las relaciones económicas entre naciones. Pero el concepto de Gobernanza Mundial es mucho más que eso. Igual de valido, e incluso más fácil, sería modificar el capitalismo de cada estado y no tener que “enmendar los fallos de mercado” por arriba con ese constructo que es la Gobernanza Mundial. Pero a gustos colores.

La búsqueda del titular acaba desdibujando las respuestas del premio Nobel en una boutade. Hablo del país simbólico de millennials. Aprovechando que Wilczek ganó su prestigio por una teoría que creo con 21 años y con una lógica de tarugo, se confunde juventud con excelencia en el conocimiento. Si algo tiene sentido sería un país simbólico de expertos de reconocido prestigio en distintas áreas de conocimiento. Ser joven no es una garantía de brillantez. La brillantez y la estupidez se distribuyen como casi todo: como una función normal, como en cualquier otro colectivo de cualquier  edad.

Es encomiable la preocupación por el futuro, por el largo plazo, por la sostenibilidad. Tiene algo muy romántico preocuparse de eventos que sucederán cuando ya se esté muerto. Sin duda es una preocupación burguesa, un proletario pobre fija su horizonte temporal en un escenario más cercano; poder cubrir sus necesidades día a día. Hay que tener las necesidades básicas cubiertas para tomar conciencia del largo plazo. Sin duda lo sensato sería un equilibrio entre el corto y el largo plazo. Pero la sensatez escasea, sobre todo en verano y aún más en los periódicos.



Me despido, les dejo con esta entrevista, lo hago versionando (y modificando ligeramente) a Keynes:

A largo plazo todos calvos.


By PacoMan


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FRANK WILCZEK : “Un país simbólico de ‘millennials’ sería una fuente de inspiración”

El físico estadounidense, premio Nobel por un descubrimiento que hizo con 21 años, propone dar voz a los jóvenes en las cumbres políticas que toman decisiones sobre el futuro



MANUEL ANSEDE

Valencia 6 AGO 2018




Frank Wilczek iba para cura. Le fascinaba la idea de que había un gran plan divino detrás de la existencia. Sin embargo, de adolescente, cuando empezó a estudiar los textos sagrados de la religión católica, se desilusionó al comprobar que “muchas historias no eran creíbles”. La Biblia no le servía para explicar el mundo. “El universo es un lugar mucho más grande de lo que pensaban las personas que escribieron los evangelios. Francamente, no tenían ni idea”, bromea ahora. El joven Wilczek, nacido en Nueva York en 1951, decidió dedicarse a la ciencia para intentar descifrar por sí mismo el sentido de la vida. Y, con solo 21 años, hizo el descubrimiento de su carrera: la libertad asintótica, una fuerza de atracción que actúa en el mundo microscópico de los quarks —los ladrillos indivisibles de la materia— y es contraria al sentido común: crece con la distancia. La libertad asintótica es, por ejemplo, la culpable de que los cuatrillones de átomos de hidrógeno, oxígeno, carbono y nitrógeno que forman el cuerpo humano se mantengan juntos. En 2004, Wilczek ganó el premio Nobel de Física por este hallazgo. De paso por Valencia para participar como jurado en los Premios Rey Jaime I, el investigador estadounidense habla de su voracidad intelectual, que le hace meter la cuchara en campos muy alejados de la física teórica, como la inteligencia artificial y la gobernanza del planeta Tierra. Y, con una sonrisa, este profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts reconoce que, de momento, ha sido incapaz de descifrar el sentido de la vida.


Frank Wilczek

Pregunta. Usted escribió en 2016 una carta abierta junto a otros premios Nobel, lamentando que nadie represente a la humanidad en general en nuestro sistema global de gobernanza, dominado por los estados nación. “El gobierno de cada país representa sus propios intereses nacionales”, criticaban.

Respuesta. Es un gran problema. El mundo está muy interconectado, de muchas formas: económicamente, a través de la información… Y unos países pueden hacer mucho daño a otros. Creo que el concepto de estados nación compitiendo entre sí es cada vez más difícil de justificar y se está convirtiendo en algo extremadamente peligroso.

P. Ustedes subrayaban que la mayoría de las personas que ahora están tomando las decisiones sobre nuestro futuro —como las políticas de reducción de emisiones de CO2— no estarán aquí dentro de 30 años.

"Que solo se eduquen bien las personas ricas, dejando una educación de segundo nivel para el resto del mundo, es un desperdicio"

R. Es un hecho.

P. Defiende que ha llegado el momento de crear un país simbólico de gente joven, de millennials, para participar, por ejemplo, en las cumbres internacionales sobre cambio climático.

R. Creo que podría ser buena idea. Es un poco idealista, no sé cómo funcionaría en la práctica, pero creo que merece la pena reflexionar sobre ello.

P. ¿Para qué serviría tener un país simbólico de millennials?

R. Podrían ser una fuente de inspiración. Mostrarían su opinión, tendrían discusiones y, con suerte, influirían en las personas que toman las decisiones. Aunque no tomen decisiones por sí mismos, el hecho de tener una especie de autoridad que pueda darles voz y pueda reflejar sus intereses a largo plazo puede ser una fuerza positiva. Inicialmente, se suponía que Naciones Unidas iba a ser una organización internacional que hablase en nombre del mundo. Supongo que lo es en cierto grado, pero por muchas razones nunca ha estado a la altura de su potencial.

P. A menudo se habla de los millennials como si fueran personas muy jóvenes que no tienen mucha idea de cómo funciona el mundo. Pero usted, por ejemplo, con 21 años hizo los descubrimientos por los que ganaría el premio Nobel.



R. Es un hecho fisiológico. El pico de capacidades de la gente, no solo físicas sino mentales en algunos aspectos, se alcanza al principio de la edad adulta. Estamos muy familiarizados con esta idea en el deporte. Es raro ver deportistas de más de 40 años en deportes olímpicos o jugando al fútbol o al rugby. Supongo que sí pueden jugar al golf [Risas].

P. Sus abuelos, procedentes de Polonia e Italia, emigraron a EE UU sin un dólar y sin saber inglés en tiempos de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué piensa ahora cuando ve a personas en una barca intentando llegar a Europa desde África?

R. Siento que hay un potencial humano enorme ahí. Y lo que desde luego no siento es que sean algo diferente a lo que soy yo, otra especie. Podría ser yo. Espero que podamos ayudarles a ser felices.

P. Usted estudió en colegios públicos del distrito de Queens, en Nueva York. ¿Qué piensa de la educación privada?

R. Creo que la educación pública es por la que deberíamos apostar, porque es la que realmente sirve a todo el mundo. Que solo se eduquen bien las personas ricas, dejando una educación de segundo nivel para el resto del mundo, es un desperdicio, además de algo moralmente cuestionable. Desde luego, no es eficiente, porque no solo los ricos tienen hijos con talento. Y además no es justo.



P. El físico Stephen Hawking y usted alertaron en 2014 de que la creación de inteligencia artificial puede ser el mayor logro de la historia de la humanidad. Y el último.

R. Lo que a mí me preocupa es que una gran parte del trabajo actual en inteligencia artificial está dirigido a fabricar armas: drones autónomos, ejércitos de robots… La máquina del fin del mundo que aparece en la película ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú es inteligencia artificial. Siente cuándo pasa algo y actúa, sin que intervenga la inteligencia humana. Creo que hay posibilidades muy alarmantes de que una inteligencia artificial potente se utilice con fines militares o para terrorismo. Si un programa de inteligencia artificial está dedicado a fabricar soldados, entonces su objetivo será lograr que sean muy agresivos y desconfiados. No es necesariamente el tipo de seres que quieres que tengan un poder enorme. Esto es lo que más me preocupa, especialmente cuando se está investigando mucho en secreto y en países que compiten entre ellos.

P. Habla de los riesgos de la tecnología. Hoy en día vemos, en algunos sectores de la sociedad, un rechazo a la biotecnología. Usted fue uno de los firmantes del manifiesto de más de un centenar de premios Nobel contra las campañas antitransgénicos de Greenpeace. Hablaban de "crimen contra la humanidad". Son palabras muy duras. ¿Lo piensa?

R. Sí. Pensar que una tecnología solo es buena o solo es mala es una manera muy rudimentaria de analizar el tema. Creo que hay muchísimos matices que surgen en función de las diferentes tecnologías y de sus aplicaciones. Unas están llenas de peligro y dan miedo, pero otras no. Es muy importante distinguir. Y, en el caso de los organismos modificados genéticamente, gran parte de las campañas para sembrar miedo son estúpidas y destructivas. Todo lo que comemos está modificado genéticamente. Los animales domesticados son muy diferentes a cómo eran hace unos pocos miles de años. Han sido modificados genéticamente mediante cruzamientos para ser lo que son hoy, en beneficio de la humanidad. Por supuesto que hay que tener cuidado, porque hay riesgos, pero no creo que sea una tecnología especialmente peligrosa. Y, desde luego, tiene un enorme potencial para hacer el bien, para obtener más alimentos, más baratos y más nutritivos.

Tomado de El país 



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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


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