sábado, 12 de enero de 2019

Dos Libros de Juan Liscano: CÁRMENES Y RESURGENCIAS





Crónicas del Olvido

Dos Libros de Juan Liscano

CÁRMENES

Alberto Hernández

1.-


¿De qué noche extrajo Juan Liscano la imagen de la pareja constelada, cuando dejan de sobrar los instantes, el canto fluido y la estación para sacudir la carne y los deseos?

Uno mira los cuerpos agitarse en medio de las sombras, en medio de una luz que corrobora la intimidad y las apetencias. El poeta saborea el tiempo, que digamos cuerpo, pasa por el sexo misterioso, por la segura penumbra de vulvas y relámpagos.

2.-


El cuerpo asciende. Baja mitigado. Del silencio que el placer entrega salen los textos, amigados con los extremos, con las células y el alma, con la voz y el grito. Con la humedad del lecho y la caída del día.

Juan Liscano, uno de los poetas más resaltantes y jóvenes de América, nos descubre un libro “viejo” que contiene las líneas de una contemporaneidad viva y densa. Cármenes, dejado en el olvido por mucho tiempo, renace gracias a Fundarte (Caracas, 1993) y nos descubre desnudos, abandonados de este hermoso muestrario de asombros.

El cuerpo vuelve, regresa lozano y deseoso. A la casa que se destina hembra por sus olores. Desde la piel que fue ciega hasta que la mano inventó la caricia. Desde el salto espumoso del sexo hasta la felicidad exultante. Todo en un inicio que atrapa una lectura y celebra calor, cuerpo, dejando a la palabra como un simple avance hacia la espera, la voz en susurro de la vecina de lecho, de la pérdida en el sueño.

3.-

Con el calor de los cuerpos aparece Dios. El fuego, el sudor, la soledad del placer. El deseo asomado a tu alma. Juego, fruto y laberinto de un misterio que no se agota: “El juego no es nada si no mantiene un desafío abierto y sin reservas de todo lo que se opone al juego”, afirma George Bataille, y Liscano nos ofrece esta aproximación. Como en la “Summa Ateológica”: “La experiencia interior es la única autoridad”. La fuerza de aquellos adentros que se hacen cuerpos, luchas a muerte, agotamiento y mirada hacia el próximo amanecer.

4.-

¿Hasta qué punto ataja el poeta la lucidez, la vuelta de tuerca de una pasión que se hace texto, ludismo y manantial? Los pliegues, las junturas propensas al jadeo, al juego peligroso en un sitio donde nadie puede adivinar nada. Sólo el brote líquido y silente. Entonces sonamos: húmedos terrígenos aéreos/ entonces ardemos con gemidos florales/ somos ecos del espacio vibrante/ zumbido de aerolitos azules/ ramajes de estrellas que se desgajan/ raíces que se descubren alas/ susurros de ondeantes vegetaciones acuáticas/ simientes de brillantes vellos. Árbol cósmico, cuerpo interior, unidad unívoca del sexo. La Unidad.

5.-
La celebración del comienzo, carne y verbo. De allí en adelante la palabra sobra. Sólo la sangre, el semen y la dulzura de los sudores, la muerte de la realidad, el canto a coro.

Juan Liscano


RESURGENCIAS

1.-

Viajamos en el Otro, en los tropiezos y miradas de alguien que nos revela en la inesperada resurgencia del tiempo. Viajamos con el que se quedó atrás. La revelación está en voltear hacia el espejismo, hacia el reflejo donde habitan aún la luz y la sombra, y en medio de ellas lo desconocido. Todos los reflejos son gérmenes de falsedad, ¿qué cosa más frágil que un espejo? ¿Qué espasmo más sutil que una mirada oculta en su cruel dualidad? Liscano lo sintetiza en “Cuando impere el desasimiento/ ¿advendrá la resurgencia?” Rasgo ético ese de borrar en estos tiempos “los gallos empinados en el amanecer”. Necesario es que nos borren del camino, de la mirada que sólo recorre la carencia, la muerte ya anunciada en el más absoluto ruido del silencio.

Juan Liscano, eso que “somos” en su palabra (también lo que fuimos), nos entrega Resurgencias editado por el Conac, Dirección de Publicaciones, 1995. Poemario que atañe a la distancia, al texto del tiempo hilado sin saltos, porque todo el libro es el poema, una voz “reflexiva a desgano”, como él mismo deja ver en el resguardo de una confirmación pesimista, terriblemente posesionado de preguntas cuyas respuestas podrían ser objeto de otro texto donde el Otro, el que nos espía desde dentro y desde fuera, rompa con todos los moldes.

2.-

El humano ser es la fuente de la obra de Juan Liscano. En este espacio, un hombre que ha vivido dentro de la palabra tiene peso específico. Textualidad del cansancio, de la fragua por las cosas que pasan por esta pantalla inmensa que es la realidad (esa “imaginación de la semejanza”, como reza Foucault), concepto atávico, mítico, porque la labor del escritor es reinventarla, o crearla a través de interrogantes, como las que nos hace Liscano en un violento descifrar de sombras, egos desfigurados, tiempos idos y “desgastes continuos del presente”.

Pero el “pesimismo” de Liscano, no la sensual espacialidad de Cármenes, se ase de lo último que nos queda, la indagación acerca del hombre, de sus memorias (de las muchas que arrastra en otros), reflejos, costumbres y órdenes, cada cosa en su lugar, incluyendo la sombra del hombre que ha perdido el afán de encontrarse él y su sombra. ¿Qué nos pesa a todos? Nuestro propio alejamiento, esa distancia que nos marca de silencios, ruidos, agrios “progresos” y vestiduras sucias. El poeta, entonces, Liscano, no se deja aturdir por el espejismo, aunque pareciera él mismo serlo en sus palabras, en el encuentro con el asombro: recurre al hombre, al texto que lo escribe en su babélica exultación.

3.-


¿Asalto onírico? ¿Memoria que resurge para implantar la seguridad de que se puede reconstruir el cosmos partiendo de ella? El Liscano de este libro se inicia con la indagación sobre lo que fuimos (lo que somos allá en la objetivación de lo subjetivo), un pedazo de tiempo, el desgaste, una porción de momentos: y avanza -el retorno- hacia el niño extraviado en el paisaje reveroniano de Macuto. Limpia la madurez, la imagen de una canoa que sirve “para navegar” “bueno y sano”, la senectud de un camión, el armatoste (el desgaste), el tiempo. La canoa es un espíritu que flota en el mar de todas las infancias, incluyendo la infancia de la vejez, en la resurgencia de la luz de las aguas, en el brillo envolvente de ese peregrino de la costa, el del pincel y los arrebatos cromáticos. El de la pesca en su “cruenta violencia”. Mientras, existe un tiempo que “sube la avenida”. 

Un círculo toca el acento de Liscano, vestigios de tiempo, alfa que desata la mirada a través de una ventana, que no se detiene y sin embargo sigue siendo palabra, voz que recorre la sierpe enroscada como signo mítico de sus adentros.

4.-

“En mil novecientos cuarentiuno/ los muertos de la guerra de España/ habían muerto para siempre...”, escribe Liscano en el comienzo de una biografía “angelada”, en la que la muerte es otro yo, otro reflejo, otra resurgencia porque la muerte no es para siempre si ya la estamos viviendo en imágenes, aunque ésta se haya desdibujado, como el tiempo. Largo texto que nos revela parte de la travesía de un escritor -el hombre- envejecido “una y otra vez, y más” con su protector Angel de la Guarda, al lado.

La estructura del libro -inventario de imágenes y “miradas imponderables”- nos permite, la poesía lo permite todo, hacer un recorrido por toda la distancia de una voz que no se cansa de entregarnos sus ofrendas. Liscano posee la virtud de escribir con la juventud que muchos desean. Cada texto pasea por sí mismo, es en sí mismo, por el poema como “utensilio” del decir, del hacer promover la “fuerza maligna del pensamiento”.


La respiración de la segunda parte nos lleva al “cubículo urbano”. De lo telúrico del alma a una ventana donde Dios es la lluvia, vista a través del árbol silencioso, ahogado por la ciudad, y esta misma monstruosa anticipación, una lluvia anunciada sin permiso, “desaparece la ciudad”. De volver de las últimas páginas para encontrar las primeras, este poeta de larguísima y buena presencia nos extrema en las posibilidades de una poesía cuyo perfil es ser círculo, regreso, lectura de fantasmas que conforman un hormiguero de pieles y pasos, Caracas. La ciudad alberga todos los destinos, hasta la muerte como palmada seca.


Resurgencias es el borde del silencio. Un mar agitado anuncia la tarde y sus sonidos, las noches que nos quedan; la memoria y los sueños. Libro escrito a la distancia del yo, a pesar de estar el yo presente. De varias lecturas, de muchas posibles entradas y salidas este trabajo de Juan Liscano nos reclama la resurrección, los “instantes de vivir” para conseguir el origen.

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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



viernes, 11 de enero de 2019

Deng Xiaoping dijo ‘La pobreza no es el socialismo’: JU YIJIE, embajador de la república Popular China en Venzuela





JU YIJIE :"La economía del socialismo necesita un mercado"

23 DE ABRIL DE 2007
Por Gloria Bastidas


Ju Yijie habla en esta entrevista de un tema controversial en la Venezuela de hoy: el socialismo. ¿Le queda algo de materialismo histórico al dragón chino? El embajador de la República Popular China, casi en acto reflejo, parece salir en defensa de Marx: “Nos queda la justicia social”. Pero, como si se balanceara entre el yin y el yang, apunta que sin mercado no hay socialismo.

“Deberíamos recordar una frase de Deng Xiaoping. En un discurso, él planteó una gran pregunta: ¿qué es el socialismo y cómo hacerlo? Y dijo: ‘La pobreza no es el socialismo’. El socialismo debe obtener una productividad mucho más alta que el capitalismo. Deng Xiaoping también señaló que la economía del socialismo necesita un mercado, así como el capitalismo necesita planificación del Estado. El socialismo no puede divorciarse del mercado: tiene que vivir con la economía. Y la economía tiene sus propias leyes de funcionamiento”.




—¿Cómo ve la propuesta del socialismo del siglo XXI formulada por el presidente Chávez?

 
—En un Aló, Presidente él declaró que no es marxista. Y luego me preguntó: “Embajador, ¿cuál es su comentario?”, le dije: “Si un sistema político quiere arraigarse tiene que tomar en cuenta la cultura local. A usted lo veo como un gran bolivariano”.



 
Tomado de El Nacional


jueves, 10 de enero de 2019

Amós Oz: Si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo.





Discurso del escritor Amos Oz, premio a las letras 2007 en la ceremonia de apertura de los premios Príncipe de Asturias



Estimados Liponautas 

El pasado 28 de diciembre de 2018 falleció el escritor israelí Amós Oz . po esta razón decidimos compartir con ustedes el discurso que leyó al ganar el premio Príncipe de Asturias en el año 2007.

A continuación podrán leer el discurso en una presentación o en formato texto a secas.




La mujer de la ventana

Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.

Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo.


La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas.

Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.

Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.

Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.

Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo.

La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.

Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad.

Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa.

Los árabes han sido víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la humillación.

Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío.

Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor.

Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse necesariamente.

Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor.

Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente Medio: mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados, la nueva reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven en los árabes la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los responsables de los pogroms y los nazis.

Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro- íes o pro-palestinos. Deben estar a favor de la paz.

La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.

Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza.

No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas necesitan urgentemente la paz.

Quiero agradecer a los miembros del jurado del premio Príncipe de Asturias que me hayan otorgado este maravilloso premio.