jueves, 24 de marzo de 2016

Yuri Valecillo y la cacería de brujas en la escenografía de las ciudades





Estimados Amigos

Cuando hablamos de la cacería de brujas no nos referimos a la que se realizaba en la edad media, si nos a una mas cercana. Aquella realizada por el no gratamente recordado Joseph McCarthy. Recordemos que McCarthy aupó un proceso en contra de los simpatizantes del partido Comunista en los Estados Unidos de los años 50, utilizando los recursos del estado y violando la constitución estadounidense. Todo el proceso fue una consecuencia del miedo exacerbado generado por el inicio de la guerra fría que hizo una gran mella en la sociedad estadounidense. Durante esta cacería de brujas se instituyeron las listas negras basándose en delaciones y otros procesos irregulares que buscaban coartar la libertad de trabajo y de expresión de aquellas personas. 



Algunos productos culturales que reflejan el ambiente opresivo de esa época son: Las brujas de Salem (1953) una obra de teatro escrita por Arthur Miller durante el McCarthysmo y la película El testaferro (1976).



Este fenómeno de la historia estadounidense es sumamente vergonzoso y constantemente es invocado como una forma fascista de perseguir a los oponentes políticos de un gobierno. Por esta razón es común que la izquierda latinoamericana y  venezolana cite es suceso como la verdadera faz del gobierno estadounidense. Sin embargo estos procesos no han sido utilizados únicamente por los Estados Unidos. En Venezuela podemos recordar la infausta lista Tascón, donde recogían los nombres de aquellos que firmaron para activar el referéndum revocatorio en contra del presidente Hugo Chavez. Esta lista fue creada por solicitud del mismo presidente de la república  y se convirtió en una lista negra que permitía la represalia contra trabajadores públicos o en un impedimento para laborar en ese sector. Esta lista posteriormente se convirtió en la Lista Maisanta. Aunque  mucha gente no lo vea así esta lista no es mas que un ejemplo criollo de Mccarthismo. Es una gran mancha en un proceso que se autodenomina democrático y que discriminaba a los ciudadanos que se atrevieron a ejercer un derecho constitucional.

Carlos Yusti, en el texto que leerán a continuación nos dará su particular visión del trabajo del fotógrafo valenciano Yuri Valecillo, muy diestro en el manejo del obturador, que a pesar de no cabalgar escobas sufrió el señalamiento de los factores de poder. En particular podrán leer, al final del texto de Carlos Yusti, íntegramente la carta que el embajador Yoel Pérez Marcano, que por cierto fue el defensor del pueblo del estado Carabobo, envió a Edgardo Parra uno de los peores alcaldes que ha tenido Valencia y que fue defenestrado de las mieles del poder y encarcelado debido a la evidente corrupción administrativa.

Siempre hemos de recordar que la sinceridad, ese bien tan añorado, es perseguido siempre por los factores que buscan el poder siempre como fin y no como un medio para a mejora de a colectividad.

Casualmente hoy es el cumpleaños de Yuri Valecillo y desde aquí le cantamos Las mañanitas:



y cerramos esta entradilla con Billos Caracas Boys y su tema En mi Cumpleaños:




Deseamos disfruten de la entrada y recuerde que mañana es el día de Valencia, la de Venezuela.


Richard Montenegro



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En las escenografía de las ciudades




Carlos Yusti


Las ciudades son las escenografías ideales para esos fotógrafos que se pierden en la estética de lo cotidiano, que buscan en la calle ese grito silencioso de la vida que se echa a andar en el día a día. La ciudad como un gran tinglado teatral en la cual se escenifica a diario un drama, una comedia, un amorío de enredos, un sueño tejidos de mucho hilos y que escribe cartas, telegramas y mensajes en sus paredes. La ciudad con sus calles y sus personajes de siempre (el vendedor callejero, el borrachín, la señora de las loterías, etc.) formando ese cuadro de costumbre, esa imagen que para muchos pasa como un celaje, mientras cada cual se pierde en el vibrato de hiperactividad que a fin de cuentas son las ciudades.




Yuri Valecillo es un fotógrafo que recorre la calle intentando ver la poesía, a pesar de la aceleración de la ciudad, en su conjunto, y con este grupo de fotografías trata de capturar ese sentido plástico que exhiben las ciudades, como si de ropa tendida al sol se tratara. Yuri busca con estas fotos de puertas, ventanas y grafitis subrayar una particular poética.




El ciudadano de a pie, y que por la misma agitación de la ciudad se vuelve ciego y sordo, pasa en ocasiones sin la capacidad para captar la música, la escritura y el arte de la ciudad. Estas fotos van a la pesquisa de esa belleza inusual que puede tener un grafiti, una puerta o una ventana carcomida por el tiempo.




Yuri Valecillo va siempre a contracorriente. Los admiradores y detractores de su trabajo fotográfico son muchos, pero sus enemigos se los gana a pulso y en buena lid. Como le ocurrió con un amigo mutuo que escribió una carta punzopenetrante contra Yuri a un alcalde, que meses después sería encarcelado por malversar los dineros públicos. Valgan aquí unas líneas textuales (con todos sus gazapos) para destacar la virulencia pasionaria que desata Yuri Valecillo:

Señor Alcalde, dirá usted que de lo que conoce de esta persona no lo condice a las mismas conclusiones a las que yo he llegado y estoy lamentando. La verdad de los hechos es que se trata de una persona muy inteligente e ingeniosa. (“La virtud sin probidad es un azote”, S. Bolívar) que utiliza esos atributos de la condición humana como artista de la simulación, experto de la lisonja, oficial del doblez, que apela a su sonrisa fácil, a sus historias bien elaboradas, a las anécdotas de hechos ajenos o no comprobados o que él épicamente se los atribuye, a sus refinamientos franceses y sus paseos por el mundo de la cultura y el poder que como tuvo sartreano debería aborrecer, con el fin de construir una aureola de personaje magnifico fácilmente aceptable en escenarios que, como el de usted y yo, esta dado para valorar la valentía, imitar la irreverencia, agraciar la rebeldía y disfrutar delos cuentos que hacen de nuestros sueños y utopías, algo mas importante que nuestras vidas ordinarias. Es un mitómano, ególatra, resentido por sus fracasos de artista, cuyo referente revolucionario no es la revolución popular y antiimperialista del Negro Chávez sino el mundo del existencialista de Jean Paul Sartre y, que no forma ni formará parte de nuestro partido porque ese personaje no esta hecho para el equipo, el respeto a las decisiones superiores y a las jerarquías, por lo que, en el momento menos esperado sacará a relucir todo su resentimiento pequeñoburgués para verterlo no contra la oligarquía valenciana ni la burguesía carabobeña, sino contra los revolucionarios, a quienes no les reconoce virtudes superiores a las que el mismo se atribuye sin fundamento.


Edgardo Parra

Todo lo que se diga a favor o contra de Yuri es verdad y es mentira. Detrás de todo artista se teje una mitología que de alguna manera se va anexando a su trabajo, subrayando lo que sus fotos, con cierta descarnada estética, van desnudando: la pequeñez humana, el desmoronamiento espiritual en todos sus estamentos y la insolidaridad galopante de globalidad.


Yuri Valecillo

Que el trabajo de Yuri Valecillo es sugerente y a contracorriente de alto impacto es innegable, incluso cuando sus fotos se deslizan sólo hacia lo estético. Su trabajo fotográfico puede no gustar, lo cierto es que el espectador de sus fotos afinará su mirada hacia nuestro entorno, hacia esa realidad nunca aburrida y con esa estética despiadada que no aboga por la tibia indiferencia ni la verborrea del poder político o religioso.


Tomado de Letralia





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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.


Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal

 Tomado de Letralia


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