lunes, 28 de mayo de 2007

"PASIÓN POR LO MARGINAL" Por Marisol Pradas





Pasión por lo marginal

Marisol Pradas S.


Los datos biográficos son más o menos parecidos: Diane Nemerov nació en Nueva York, hija de acaudalados padres judíos. A los 18 años se casó con Allan Arbus, adoptando el apellido. En los años 40' el matrimonio Arbus se dedicó a la fotografía de moda en revistas como Esquire, Vogue y Harper's Bazar. Entre 1955 a 1957, Diane Arbus toma clases con la fotógrafa austríaca Lisette Model, ejerciendo influencia en la fotografía que más tarde asumiría como arte logrando romper las barreras estéticas que la mantuvieron presa por muchos años. Al divorciarse de Allan se independiza y fue la década del 70' sus años más productivos.


Transitaba los barrios de Nueva York para escoger a los personajes que retrataría, en su mayoría marginados y apartados. Sus personajes miraban simplemente a la cámara para enfatizar más sus defectos. Su intención era producir reacciones. Ver lo monstruoso como normal y lo estereotipado como monstruoso. Provocó que la gente sospechosamente corriente aparezca como anormal. Rompió la composición, instaló al personaje en el centro. De forma valiente todos debieron asumir que iban a ser retratados para ser juzgados por el mundo entero. "New sensations" en 1967 fue la muestra con la que se dio a conocer ante el mundo. Continuó trabajando para revistas importantes retratando a celebridades como Norman Mailer, Mae West, Jorge Luis Borges.


En 1971, después de una larga depresión, Diane Arbus se suicidó. Un año más tarde su trabajo fue seleccionado para participar en la Bienal de Venecia, siendo la primera fotógrafa estadounidense en ser distinguida, y el MOMA, de Nueva York, organizó su primera gran retrospectiva. Como sucede muchas veces, después de su partida es que el mundo despertó a su singular mirada. Ha sido considerada una de las mejores artistas del siglo XX.


La película "Fur: An Imaginary Protrait of Diane Arbus" (2006) presentada como "Retrato de una Obsesión" aunque está basada en ella no es una biografía histórica como muy bien se deduce del título en inglés. El guión se inicia con Diane trabajando como asistente de su esposo Allan, fotógrafo de anuncios publicitarios. Este anima a su esposa a que empiece a tomar fotos por su cuenta, pero no es sino hasta que la curiosidad por conocer a su nuevo vecino la vence, que decide tomar ese rumbo hasta ahora inexpresivo de su arte. El personaje, Lionel Sweeny, quien usa una variedad de máscaras para ocultar su rostro, es la pieza perfecta para iniciar el viaje que se muestra en esta dimensión fantástica de su perspectiva como creadora. Muchos fueron los que destrozaron a "Fur", obra que además no tuvo tampoco buenos comentarios del público. Aunque los críticos aplaudieron a La secretaria (Secretary, 2002), el segundo film de Steven Shainberg, atrevida historia de amor con toques de humor negro protagonizada por James Spader y Maggie Gyllenhaal, ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance y otros prestigiosos galardones como el Independent Spirit, además de una nominación al Globo de Oro. La película fue ambientada en 1958, año en el cual la artista decidió emprender su camino en solitario.


A finales de los 50, Arbus lidió por vivir de su arte, diferente de cualquier otro tipo de fotografía, especialmente los retratos de personas apartadas o repudiadas por la sociedad convencional. Arbus sentía fascinación y admiración por estos personas con anormalidades físicas o psíquicas, artistas de circo, travestis y con "pelajes" especiales como lo recrean en "Fur" Al parecer la admiración del director, Steven Shainberg, por esta fotógrafa surgió porque vivió rodeado de sus imágenes pues un tío de él era amigo de la artista, a quien le compraba sus fotos o ella se las regalaba. En 1984 se publicó "Diane Arbus: Una Biografía" de Patricia Bosworth, el primero y hasta la fecha única exploración de la vida de la fotógrafa. Sin embargo es oportuno reseñar lo que escribe Rafael Lemus en su blog sobre las dos Diane Arbus: "Una, de carne y hueso, nace en Manhattan, Nueva York, en 1923... Más tarde, en los años sesenta, ya separada de Allan y con una Rolleiflex entre sus manos, aprende el arte con Richard Avedon y deviene una cotizada fotógrafa periodística. Su celebridad es breve: en 1971 ingiere barbitúricos hasta eclipsarse. Su celebridad es póstuma: en 1972 el MoMa le dedica una sonada retrospectiva y el público neoyorquino -es decir, el mundo- se topa con el torturado talento de Arbus. Se descubre: al lado de su trabajo ya conocido existe otro, más oscuro e incluso grotesco. Se repite: Arbus persigue y fotografía sin piedad ni dolo a los habitantes más marginales de Nueva York. Se enumeran sus imágenes: unas tétricas gemelas, un gigante con sus padres, un niño con una granada de juguete en Central Park... La otra Diane Arbus, de ficción, nace en Hollywood, California. Aunque carga una cámara, no es fotógrafa. Aunque ingiere un frasco de barbitúricos, no fallece. Su rostro -hermoso, acaso demasiado hermoso- nos resulta raramente familiar. Jamás conocimos a Arbus y sin embargo -podemos asegurarlo- hemos visto más de una vez este rostro. No en Nueva York sino en la pantalla. Es Nicole Kidman y así está bien: es buena cosa ver a Nicole Kidman (en la pantalla o en Nueva York). Es buena cosa, también, atender por una vez los créditos y leer el nombre del director, Steven Shainberg, responsable de la estupenda La secretaria (2002).

Aunque sabemos que las películas sobre artistas no suelen convocar otra cosa que bostezos, no es insensato conservar alguna esperanza con Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus: es bueno el reparto y es bueno el director. Más aún: no debe ser difícil reproducir la estética de Arbus en el cine. Antes que fácil, debe ser natural: ella copió del cine -de la película Freaks (1932), particularmente- su gusto por lo grotesco y ahora el cine puede copiar de ella su perturbador realismo. Una propuesta redonda. Eso se piensa.... En el cine, como en la novela, todo es falsamente sencillo: un personaje llega al tercer rollo de película sólo porque antes pasó por el segundo. En el mundo pasa lo contrario: no podríamos decir qué cosa nos ha arrastrado a estar leyendo, aquí y ahora, estas palabras.


Está, al final, el problema de la moral: reducidas a su esqueleto, vueltas un fácil mecanismo, las biografías contadas por el cine son aleccionantes. Si el personaje asciende, tú mira y aprende. Si el personaje desciende, mira y no imites. ¿Es necesario decir que nuestras vidas son todo salvo ejemplares? Aléjate de las películas biográficas. Aléjate de las películas sobre artistas. El cine ha infamado, una y otra vez, a pintores, escritores, fotógrafos. Con el pretexto de celebrar su arte se ha ensañado con mucho de ellos y ha compuesto repetidos himnos al lugar común. Es un hecho: como el cine sufre a la hora de representar el acto creativo, exagera los elementos circunstanciales del artista. Su disfraz. Su gesto. Su pretendida bohemia. Incapaz de retratar el genio, construye insidiosas caricaturas. Son tantos y tan falaces estos esperpentos que ellos componen, de hecho, la verdadera galería del cine de horror. Si uno se abandona a la oscuridad, no hay monstruos más siniestros que estos: el escritor sin escritura, el pintor sin lienzo, la fotógrafa sin arte" (www.rafaellemus.net). Recomendación oportuna o no en nuestra nación marcada por la efervescencia consumista hay mucho que retratar y una nueva estética en este sentido haría mucho bien por la verdad y la justicia.



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