jueves, 23 de mayo de 2013

"No debemos intentar ser como Thoreau, ni como Jesucristo, sino lo que en verdad somos, en nuestra sociedad"

THOREAU: UN HOMBRE EN CUERPO Y ALMA,

por Henry Miller






“Una condición ideal de vida no existe jamás en ningún lugar. Vivir nuestra propia vida sigue siendo el mejor modo de vivir, siempre lo ha sido y siempre lo será. La trampa, el mayor desengaño está en renunciar a vivir a nuestro aire hasta el día que se cree una forma ideal de gobierno que nos permita llevar una vida mejor. Llevad una vida ejemplar, enseguida, en cada instante, al máximo de vuestras capacidades, e indirectamente, inconscientemente, lograréis la forma de gobierno más cercana a lo ideal. No debemos intentar ser como Thoreau, ni como Jesucristo, sino lo que en verdad somos, en nuestra sociedad. Este es el mensaje de todo gran individuo, este es el significado intrínseco de ser individuo. Ser algo menos significa acercarse a nada.”

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Tan sólo hay cinco o seis hombres en la historia de América, que para mí tienen un significado. Uno de ellos es Thoreau. Pienso en él como en un verdadero representante de América, un carácter que, por desgracia, hemos dejado de forjar. De ninguna manera es un demócrata, tal como hoy lo entendemos. Es lo que Lawrence llamaría “un aristócrata del espíritu”, o sea, lo más raro de encontrar sobre la faz de la tierra: un individuo. Está más cerca de un anarquista que de un demócrata, un socialista o un comunista.



De todos modos, no le interesaba la política; era un tipo de persona que, de haber proliferado, hubiera provocado la no existencia de los gobiernos. Esta es, a mi parecer, la mejor clase de hombre que una comunidad puede producir. Y es por eso que siento hacia Thoreau un respeto y una admiración desmesurados.

LOS HOMBRES ÍNTEGROS SIEMPRE ELIGEN EL CAMINO DIFÍCIL

El secreto de su influencia, todavía latente, es muy simple. El fue un hombre en cuerpo y alma, con un pensamiento y una conducta en perfecto acuerdo. Asumió la responsabilidad de sus acciones y de sus afirmaciones. La palabra compromiso no existía en su vocabulario.

América, a pesar de todos sus privilegios, apenas ha producido un puñado de hombres de este calibre. La razón es obvia: los hombres como Thoreau nunca estuvieron de acuerdo con el sistema de su tiempo. Ellos escogieron el camino arduo, no el fácil. Creyeron, ante todo y sobre todo, en sí mismos, no se preocuparon de lo que podían pensar de ellos sus vecinos, y no titubearon en desafiar al gobierno cuando estaba en juego la justicia. No hubo inclinación en sus concesiones: se les podía adular o seducir, jamás intimidar.


Una vista de la cabaña de Thoreau

Los ensayos que recoge este volumen fueron en su origen discursos, hecho bastante importante, si se piensa lo difícil que sería hoy, sí, el dar una expresión pública a semejantes sentimientos. La noción misma de “desobediencia civil” es hoy día impensable. (Menos quizá en India, donde en su campaña de resistencia pasiva Gandhi usaba este discurso como texto). En nuestro país un hombre que se atreviera a imitar la conducta de Thoreau, con referencia a cualquier problema crucial de nuestro tiempo, sería, sin duda, condenado a cadena perpetua. Es más: nadie movería un dedo para defenderlo como, en su día Thoreau defendió el nombre y la reputación de John Brown.

Como siempre ocurre con las afirmaciones francas y originales, estos ensayos se han convertido en clásicos. Y esto significa que, a pesar de tener la potencia de forjar un carácter, ya no influyen en los hombres que gobiernan nuestro destino. Se recomienda su lectura a los estudiantes, son fuente perpetua para el pensador y el rebelde, pero para gran parte de los lectores ya no tienen importancia, no contienen un mensaje.

La imagen de Thoreau ha sido fijada para el público por educadores y “hombres de gusto”: es la imagen del eremita, del excéntrico, de la broma de la naturaleza. Como Emerson y Whitman, él indicó el justo camino, el camino difícil, como ya he dicho. Como pueblo nosotros hicimos una elección diferente. Y ahora estamos recogiendo los frutos de nuestra elección.

En la oscuridad de los hechos cotidianos los nombres de Thoreau, Whitman, Emerson se elevan como faros. Pagamos un vago tributo verbal a su memoria, pero seguimos ignorando su sabiduría. Nos hemos convertido en víctimas del tiempo, miramos el pasado con aflicción y queja. Es demasiado tarde para cambiar, pensamos. Pues no. Como individuos, como hombres nunca es demasiado tarde para cambiar. Y es esto exactamente lo que estos obstinados precursores afirmaron toda su vida.


Nunca, como hoy, nos hizo menos falta el Estado, así como nunca nos ha tiranizado tanto. En todas partes el ciudadano tiene un código moral muy superior al del gobierno al que debe fidelidad. La falsa idea de que el Estado existe para protegernos se ha desintegrado mil veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo, el Estado prosperará; él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus miembros.

THOREAU VIVIÓ, NOSOTROS SÓLO EXISTIMOS

Viviendo su vida de un modo “excéntrico” Thoreau demostró la futilidad y la absurdidad de la vida de las llamadas masas. Fue una vida profunda y rica, que le dio todas las satisfacciones. “Las ocasiones de vivir -afirmaba- disminuyen en la medida en la que crecen los llamados medios”. Era feliz con el contacto de la naturaleza, a la cual pertenece el hombre. Comulgaba con el pájaro y con la bestia, con la planta y con la flor, con la estrella y con la corriente. No era un ser asocial, todo lo contrario. Tenía amigos tanto entre las mujeres como entre los hombres.

No se perdió nada evitando mezclarse entre la muchedumbre, devorar los periódicos, consumir radio y cinematógrafo, tener el automóvil, el frigorífico, el aspirador. No sólo no se perdió nada por la falta de estas cosas, sino que encima se enriqueció mucho más de lo que lo pueda hacer el hombre moderno, atolondrado por estos dudosos lujos y comodidades. Thoreau vivió, mientras nosotros se puede decir que sólo existimos.


Debemos asegurar a los jóvenes que todo lo posible entonces es posible ahora. No es necesario pensar, no hace falta llevar una vida bondadosa, sino crearse una vida bondadosa. Los hombres sabios vuelven siempre a la tierra; nos basta con pensar en los grandes hombres de la India, China y Francia, en sus poetas, en sus sabios, en sus artistas, para comprender cuán profunda es esta necesidad en el ser humano. Pienso, naturalmente, en los individuos creativos, pues los demás gravitarán en su propio nivel, sin imaginación, sin sospechar siquiera que la vida promete algo mejor. Pienso en todos los que se preguntan, ingenuamente, cómo vivirán sin venderse a ningún dueño; más aún, se preguntan, una vez hecho esto, cómo encontrar tiempo para llevar a cabo sus vocaciones.
Henry Miller en su casa en Big Sur

Ya no piensan en ir a cualquier desierto o lugar salvaje, en ganarse la vida cultivando la tierra o trabajando a salto de mata, en vivir con lo mínimo indispensable. Se quedan en las ciudades, en las metrópolis, revoloteando de una casa a otra, inquietos, miserables, frustrados, buscando en vano el encontrar una salida. Deberíamos decirles enseguida que la sociedad, tal como está constituida, no presenta salidas, que la solución está en sus manos y usándolas podrán obtenerla.

Tenemos que abrirnos camino con el hacha. La verdadera jungla no está fuera, quién sabe dónde, sino en la ciudad, en la capital, en aquella compleja telaraña en que hemos transformado la vida, y que sólo sirve para limitar, estorbar o inhibir a los espíritus libres. Basta que un hombre crea en sí mismo y encontrará el camino de la existencia, a pesar de las barreras y de las tradiciones que lo aprisionan.

LLEVAD UNA VIDA EJEMPLAR Y HALLARÉIS LA FORMA DE GOBIERNO IDEAL

Para gran parte de nosotros, no importa donde vivamos, es posible recorrer pocos kilómetros y encontrarnos con la naturaleza. Claro está, es casi imposible salir del camino trazado sin invadir una propiedad privada. Pero este absurdo acabaría si la gente empezara a levantarse sobre las patas traseras y desertara de las ciudades. John Brown y un reducido grupo de hombres derrotaron virtualmente a toda la población de América. Los abolicionistas liberaron a los esclavos, no las armadas de Grant y Sherman, no Lincoln.


Una condición ideal de vida no existe jamás en ningún lugar. Todo es difícil y se vuelve más difícil, incluso cuando decidimos vivir a nuestro aire. Vivir nuestra propia vida sigue siendo el mejor modo de vivir, siempre lo ha sido y siempre lo será. La trampa, el mayor desengaño está en renunciar a vivir a nuestro aire hasta el día que se cree una forma ideal de gobierno que nos permita llevar una vida mejor. Llevad una vida ejemplar, enseguida, en cada instante, al máximo de vuestras capacidades, e indirectamente, inconscientemente, lograréis la forma de gobierno más cercana a lo ideal.

Ya que Thoreau insistió tanto sobre la conciencia y la resistencia activa, podríamos pensar que su vida fue vacía y triste. No olvidemos que era un hombre que evitaba el trabajo lo más posible, sabía dedicar su tiempo al ocio. Moralista severo, no tenía nada en común con el moralista profesional. Era demasiado religioso para tener algo que ver con la iglesia y demasiado hombre de acción para tomar parte activa en la política. Era de una riqueza espiritual tan grande que no pensó en amontonar bienes, tan valiente, tan seguro de sí mismo, que no se preocupó de la seguridad, de la protección. Abriendo los ojos descubrió que la vida proporciona todo lo necesario para la paz y la felicidad del hombre; solamente hace falta usar lo que tenemos al alcance de la mano. “La vida es generosa”, parece repetir a cada momento.

Encontró Walden. Pero Walden está en cada lugar donde hay un hombre. Walden se ha convertido en un símbolo. Debería convertirse en una realidad. También Thoreau se ha convertido en un símbolo. Pero sólo fue un hombre, no lo olvidemos. Transformándolo en un símbolo, construyéndole monumentos, destruimos la finalidad de su vida. Sólo viviendo a tope, lograremos honrar su memoria. No intentemos imitarlo, superémoslo. Cada uno de nosotros debe llevar una vida completamente diferente. No debemos intentar ser como Thoreau, ni como Jesucristo, sino lo que en verdad somos, en nuestra sociedad. Este es el mensaje de todo gran individuo, este es el significado intrínseco de ser individuo. Ser algo menos significa acercarse a nada.

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HENRY MILLER, prólogo a Walden, de Henry David Thoreau. Ediciones del Cotal, 1976. [FD, 06/11/2006

Tomado de Filosofía Digital







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