miércoles, 8 de enero de 2014

"Aquel que vivió intensamente su infancia tiene una riqueza que lo acompañará de por vida".

Una entrevista a Antonia Palacios realizada por Ida Gramcko



Antonia Palacios


Esta pequeña entrevista realizada en Octubre de 1943 reune a dos escritoras venezolanas con diferencias en el desarrollo de su trabajo literario, Ida Gramcko quien precozmente ganó su primer premio de poesía a los trece años y Antonia Palacios cuya primera novela "Ana Isabel una niña decente" fue publicada en 1949, con el adelanto del cual se habla en esta entrevista. Esperamos la disfruten en esta reedicion del aniversario número 69 del diario El Nacional.


Jesús Sansonetti





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ANTONIA PALACIOS | 24 DE OCTUBRE DE 1943 

La personalidad literaria de Antonia Palacios



Si hay alguna verdad, honda y terrible, sostenida con el corazón y las venas abiertas, es la verdad de un poeta. Nadie como él, cabal y entero, sabe ahondar en las personas y en las cosas, encontrarles su más encendida y clara sangre. Y por eso, la otra tarde fui a ver a la escritora Antonia Palacios, a conversar con ella y a conocer toda su esperanza verdecida.

Desde aquí, desde el lugar donde nos hallamos y que es el salón particular de la novelista, calamos los poros del horizonte, los cabellos de la arboleda, el perfil de las montañas. Conversamos en sincera camaradería, contestándonos a una inquietud con otra. También charlamos de la superficialidad, que es un buen motivo de prosa, aunque no lo sea de arte. El paisaje de arte lo comentamos en el presente. Pero es ella, Antonia Palacios, quien da su valioso pregón, la que enjuicia panorámicamente y en conjunto el ensayo de la novela.

“La novela es mi género preferido. Porque la novela es vida, un hermoso y palpitante trozo de vida. Los personajes se nos escapan, abandonan nuestro pequeño y estrecho mundo donde queremos aprisionarlos y echan a andar, seguros de sí mismos, forjando su propio destino”.



—¿Y no estima usted una buena hazaña eso de haber llevado el lirismo a la prosa?

—No creo que adrede pueda llevar el lirismo a la prosa. Es indispensable poseer un temperamento lírico. Miramos y sentimos nuestra realidad y la pasamos a través del tamiz de nuestra sensibilidad. En resumen, eso viene a ser siempre el proceso de toda obra de arte, la realidad filtrada a través de un temperamento.

—¿Con amor?

—Con amor, volviendo la vista hacia atrás, y si se quiere seguir adelante. Extrayendo del pasado toda su riqueza vital y su experiencia para proyectarla siempre hacia el futuro.

—El seguir adelante es la única forma de sostenerse. El saber acerca del pasado no es ya una curiosidad lujosa, sino una urgentísima necesidad.

Antonia Palacios tiene ocultas, en una caja de cartón que ha debido ser de pañuelos o bombones, las cuartillas de una novela inédita.

“Ana Isabel, una niña decente” es vecina, hace varios años, de unas cartas de amigos y unas postales de París, de Berlín, de Venecia… La caja tiene para mí ese secreto de lo desconocido y esa ilusión que inspiran las puertas cerradas y los cofres herméticos”.

Tuvo el valor de escribir su novela, pero no la quiere publicar. Hace unas semanas cedió un capítulo para las páginas literarias dominicales de El Nacional. Los otros los tiene en la caja, atados con una cinta desvaída.

“El arte debe responder a su época. Pero espontáneamente, nunca de una manera premeditada, dejaría de ser arte”, dice la escritora.



—El arte nace y no se hace. Y dígame, ¿de cuáles otras obras nos priva usted?

—Mi única obra, si quiere llamarla así, es la novela. Fue escrita como si dijésemos, por casualidad. Ocurre que recordaba insistentemente mi infancia. Un amigo, que aun cuando no es escritor ni se las da de literato, posee una aguda y fina inteligencia, me insinuó la idea de agrupar mis recuerdos en un libro. Después de dudas y vacilaciones me senté en la máquina y comencé a recordar…

—¿Por qué se dedicó precisamente a escribir su infancia y no otra época de su vida?

—Porque creo que la infancia es la etapa más definitiva y la que marca con más precisión el rumbo de nuestra vida. Aquel que vivió intensamente su infancia tiene una riqueza que lo acompañará de por vida. En los días de mayor desaliento cuando uno de esos estados depresivos por los que atravesamos enturbie nuestras horas mejores no hay más que abrir el maravilloso cofre donde duermen nuestros recuerdos de infancia. Extraerlos delicadamente, ponerlos a vivir y echarlos a andar por el país de nuestros sueños.

Ida Gramcko


Tomado de El Nacional



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