sábado, 3 de noviembre de 2012

"Ya no estamos escribiendo sobre el futuro": La última entrevista de Philip K. Dick



Philip K. Dick.

Y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

 Arthur Rimbaud





Por Sebastián Antezana - La Prensa - 11/03/2012



Poco antes de morir, uno de los mayores exponentes de la ciencia ficción dio una última y entrañable entrevista en la que se refirió a su carrera y al entonces próximo estreno de Blade Runner, película basada en una de sus novelas.

Sueñan los andorides con ovejas electricas, novela de Philip K. Dick sobre la que se basó el guión de Blade Runner

Cuando John Boonstra le hizo la siguiente entrevista al escritor estadounidense de ciencia ficción Philip K. Dick (a fines de 1981), nunca pensó que sería la última del autor. Dick, entonces de 53 años, estaba de excelente ánimo y expectante por la próxima premier de la película Blade Runner, basada en una de sus más exitosas novelas (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?). A fines de febrero, sin embargo, sufrió un derrame cerebral y posteriormente murió en un hospital de California la mañana del 2 de marzo de 1982. Su muerte hace la siguiente entrevista tanto más nostálgica y entrañable, especialmente por la nota de optimismo con la que finaliza.




*******
Portada del número de junio de 1982 de la revista The Twilight Zone en donde fue publicada originalmente esta entrevista.Pueden observar que se le da mas enfasis a la entrevista a Harrison Ford.


Algunas veces parece que el mundo en general es como una novela de ciencia ficción, y no necesariamente una apacible. En ocasiones tengo la sensación de que estoy viviendo en el futuro sobre el que leía quince años atrás. Me pregunto cómo se siente esto desde tu punto de vista…

—¡Jesús! Concuerdo del todo. Es como si el mundo le hubiera dado alcance a la ciencia ficción. Los años pasaron y la disparidad, la brecha temporal, comenzaron a cerrarse hasta que dejaron de existir. Ya no estamos escribiendo sobre el futuro. En algún sentido, el concepto mismo de la proyección hacia adelante no tiene sentido porque ya estamos allí, literalmente. En 1955, cuando escribía una novela de ciencia ficción, la situaba en el año 2000. Y en 1977 me di cuenta de que la realidad estaba tornándose exactamente en como era en esas novelas. Todo está volviéndose real…



¿Qué te hizo ser escritor? Dijiste que no fue por dinero, pero, ¿cuándo hiciste tus primeras ventas y cuánto tiempo antes empezaste a escribir?

—Empecé mi primera novela cuando tenía trece años. Me enseñé a escribir a máquina y comencé mi primera novela cuando estaba en el octavo grado. Se llamaba El retorno a Liliputh. En ese momento me graduaba de la secundaria y escribía regularmente, una novela tras otra, ninguna de las que se vendió, por supuesto. Después, hice mi primera venta en 1951 y mis primeras historias fueron publicadas en 1952. Entonces vivía en Berkeley, conocí a un montón de gente que escribía novelas muy literarias y a algunos de los mejores poetas avant-garde del área. Todos me impulsaron a escribir, pero no había ningún impulso para vender nada. Sin embargo, yo quería vender y quería escribir ciencia ficción. Mi mayor sueño era poder escribir ambas cosas, textos literarios y ciencia ficción. 



¿Por qué dejaste de escribir temporalmente a fines de la década del cincuenta?

—Para 1959, el campo de la ciencia ficción había colapsado del todo. Los lectores se habían reducido drásticamente a 100.000 individuos en total. Y para mostrarte cuán pequeño es ese número, baste decir que sólo una novela mía, la primera, La lotería solar, vendió 300.000 copias en 1955. Pero a fines de la década, muchos escritores habían abandonado el campo. No podíamos ya vivir de escribir ciencia ficción. Yo había ido a trabajar de joyero con mi esposa. No era feliz, no me gustaba hacerlo. No tenía para ello ningún talento. Es un hermoso arte, pero yo no podía hacer nada, sino pulir lo que mi esposa hacía. Entonces decidí que era mejor que me pusiera a escribir para no tener que hacerlo más. Teníamos una pequeña cabaña a la que fui con una máquina de escribir portátil de 65 dólares, hecha en Hong Kong —su letra “e” estaba hundida. Allí comencé con casi nada, sólo el nombre de Mister Tagomi escrito en un pedazo de papel. En esos días estaba leyendo mucho de filosofía oriental, mucho de budismo zen, leyendo también el I Ching. Era un poco para seguir el zeitgeist, el espíritu de la época. Entonces, a partir de ese nombre y con esas influencias, comencé a transcurrir una senda. Era eso, o volver a pulir joyería. Cuando tuve el manuscrito terminado, se lo mostré a mi esposa, que dijo: “Está muy bien, pero nunca conseguirás más de 750 dólares por él. No estoy ni siquiera segura de que valga la pena que se lo muestres a tu agente”. Yo le dije que eso no me importaba y, así, El hombre en el castillo fue comprado por una editorial por 1.500 dólares, más o menos lo que ella había predicho.



Sin embargo, tuvo un gran éxito de crítica, en parte porque tuvo la buena fortuna de ser elegida por el Club del Libro de Ciencia Ficción. Si no lo hubiera sido, seguramente no habría ganado el Premio Hugo.

Tengo que admitir que por años quise escribir una novela sobre un mundo alternativo, en la que el Eje haya ganado la Segunda Guerra Mundial. Tuve que pasar por siete años de investigación en la Universidad de California-Berkeley antes de escribirla. Y también, porque podía leer alemán, revisé documentos de la Gestapo reservados exclusivamente “para los altos rangos de la Policía”. 


En la planificación de la novela tuve que estructurar las decisiones que los nazis habrían tenido que tomar de haber ganado la guerra y los cambios históricos que les hubieran permitido ganarla, aunque, por supuesto, no todas están en El hombre en el castillo. Por ejemplo, España tendría que haberle dado a Alemania el derecho a atravesar su territorio, desde sus límites con Francia hasta Gibraltar y el Mediterráneo. Sin embargo ese escenario —que está en la novela y que nosotros pensamos, por un momento, que podría suceder— no estuvo cercano. Es que, simplemente, no es tan fácil derrotar a Rusia, como alguna gente lo ha comprobado en el transcurso de la historia. Espero que a nosotros, como país, no nos toque comprobarlo también.


Has mencionado a una esposa. Sé que has estado casado un par de veces…

—Por lo menos. Odio decir cuántas veces realmente, una sucesión de divorcios sinfín, todos generados por matrimonios descuidados y anquilosados. Aunque todavía mantengo buenas relaciones con mis exesposas. De hecho, mi más reciente exesposa —hay tantas, que tengo que listarlas numéricamente— y yo somos buenos amigos. Tengo tres hijos, el menor tiene siete años, y ella lo trae todo el tiempo para que lo vea. Pero la razón de todos mis divorcios es que soy demasiado autoritario cuando escribo. Me transformo en una especie de Beethoven: completamente belicoso y a la defensiva en lo que respecta a guardar mi privacidad. Es muy difícil vivir conmigo cuando estoy escribiendo.

Ridley Scott y Philip K. Dick.


Hablemos de Blade Runner, la película (dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford) basada en tu muy exitosa novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Cómo has visto su desarrollo?


—Mira, al principio, Hollywood me decepcionó mucho y yo decepcioné mucho a Hollywood. Se pusieron furiosos con mi insistencia en poner de relieve la novela y no el guion adaptado. Fui tan crítico, tan ruidosamente crítico del guion de Hampton Francher, que el estudio se dio cuenta de que era sincero. Estaba realmente asqueado. Pasó como en la historia de la señora mayor que lleva uno de sus anillos de piedra a un joyero para que lo pula. Entonces, cuando el joyero lo hace, elimina la pátina que se ha formado por años sobre la piedra, la señora dice: ¡Dios, eso era precisamente lo que yo amaba del anillo, la pátina! Fue más o menos así. Los guionistas y el estudio limpiaron mi novela de todas sus sutilezas y, con ello, lamentablemente, del significado. El significado se perdió en el guion adaptado. Quedó como simplemente una pelea entre un cazador de recompensas y unos androides. Entonces, al ver eso, comencé a imaginar un escenario: iría al sitio de filmación y sería presentado a Ridley Scott y Harrison Ford. Mis ojos serían tan grandes como platos soperos y estaría parado allí, completamente mareado, hipnotizado, mientras vería la filmación de una escena. Entonces, Harrison Ford diría: “¡Baja esa arma, androide, o pronto estarás muerto!”, y yo perdería el control. Saltaría sobre la consola de efectos especiales como una gacela, lo tomaría por el cuello y lo empezaría a golpear contra la pared. El estudio tendría que llamar a los guardias de seguridad y arrojarme una frazada encima antes de darme un fuerte calmante. Y yo estaría gritando: “¡Han destruido mi libro!”. Eso generaría una pequeña nota en el periódico: “Autor desconocido se vuelve loco en Hollywood. El set sufrió daños menores, los mayores los sufrió el propio autor”. Finalmente, me mandarían de vuelta a Orange County en una gran caja con pequeños agujeros para la respiración, como a un animal. Y yo seguiría gritando.

Harrison Ford diría: “¡Baja esa arma, androide, o pronto estarás muerto!”, y yo perdería el control.


Esos días comencé a beber mucho whisky. Pasé de apenas un sorbo a un pequeño vaso y finalmente dos grandes vasos cada noche. Hace poco pasé un feriado con una fuerte hemorragia gastrointestinal. Y fue porque había estado bebiendo y tomando muchas aspirinas, y preocupándome constantemente por todo este maldito asunto. De verdad pensaba que Hollywood iba a matarme a control remoto.

El guionista David Peoples en el 2010

¿Eso cambió en algo cuando viste la nueva versión del guion?

—Vi un segmento del nuevo guion y los nuevos efectos especiales en las noticias y los reconocí de inmediato. Eran como mi propio mundo interior. Esta vez lo hicieron perfectamente. Después, el estudio me envió la nueva versión del guion y me di cuenta de que lo estaba trabajando otra persona, ya no Hampton Francher. No podía creer lo que estaba leyendo, era simplemente sensacional —era todavía el guion de Francher, pero milagrosamente transfigurado. Todo el asunto parecía haber rejuvenecido de manera fundamental. Después de leerlo, revisé la novela y me di cuenta de que ambos se refuerzan, de manera que si alguien empezó con el libro podrá disfrutar de la película, y si alguien comenzó por la película podrá sin problemas ir después a la novela. Me maravilló el que David Peoples —el nuevo guionista— pudiera hacer que funcionen algunas de las escenas complicadas del libro. Eso me enseñó algunas cosas sobre escribir que no había descubierto.


Lo que yo tenía en mente durante todo este proceso, desde el principio hasta el final, era El hombre que cayó a la tierra (filme británico de ciencia ficción de 1976 dirigido por Nicolas Roeg y protagonizado por David Bowie). Ese era el paradigma. Es por eso que me sentí tan decepcionado cuando leí el primer guion de Blade Runner, porque era la antítesis absoluta de El hombre que cayó a la tierra. En otras palabras, era la destrucción de la novela. Pero las cosas han cambiado. Uno lee ahora el guion y luego pasa a la novela, y los siente como las dos mitades de un trabajo meta-artístico, un meta-artefacto. Es emocionante. Como dice mi agente: “Cada vez que una adaptación de Hollywood de un libro funciona, es un milagro”. Porque algo así no puede suceder realmente. Aunque sucedió con El hombre que cayó a la tierra (filme adaptado de la novela del mismo nombre de Walter Tevis) y ahora está sucediendo con Blade Runner.


Es genial escuchar eso

—Sí, ha sido algo excelente para mí. En un momento me sentí devastado por esta cosa monstruosa que le había sucedido a mi trabajo, pero el nuevo guion de David Peoples cambió del todo mi actitud. Él había estado trabajando en la tercera entrega de la saga Star Wars, la venganza del Jedi, cuando la gente a cargo de Blade Runner lo contrató. Ahora trabajo muy de cerca con el estudio y estoy tranquilo. Según he escuchado, la película tendrá una premier de estilo anticuado, lo que significa que tendré que comprarme, o alquilar, un smoking negro. Aunque ese no es mi estilo, realmente. Soy mucho más feliz con una simple camiseta.







*******

*Revista The Twilight Zone, Vol. 2, No. 3, June 1982.

53 años tenía Dick cuando murió, tras una vida de escritura, abuso de drogas, esquizofrenia y genialidad.


1982 fue el año en que se estrenó Blade Runner y, coincidentemente, en el que murió Philip Dick.

Dick escribió 36 novelas y 121 relatos, y pasó la mayor parte de su carrera en una relativa pobreza. Después de su muerte, sin embargo, la exitosa adaptación al cine de varias de sus novelas le dio a conocer al gran público. Su obra es hoy una de las más importantes de la ciencia ficción y Dick se ha ganado la preferencia del público, el aplauso de la crítica y el reconocimiento de la Academia.


Tomado de La Prensa

*******


Como lágrimas... en la lluvia.

I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die.
Traducción (Doblaje España)

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Traducción (Doblaje Latinoamérica)

He visto cosas que los humanos ni se imaginan: naves de ataque incendiándose más allá del hombro de Orión. He visto rayos C centellando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas... en la lluvia. Es hora... de morir.



Traducción (Doblaje Latinoamérica) 2003

He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar: naves de combate en llamas en  el hombro de Orión. He visto relampagos  resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... igual que... lágrimas... en la lluvia. Llegó la hora... de morir.


Ahora podran disfrutar un fragmento de una entrevista a Philip K. Dick  realizada por Paul M. Sammon in 1981




Enlace Relacionados:

Philip K. Dick: el hombre que soñaba dioses eléctricos y que murió sin un dolar antes del estreno de Blade runner
 
 

1 comentario:

  1. P.K.Dick, fue un excelente narrador, y un personaje fuera de serie, como la mayoría de escritores pioneros como el, murió con poco dinero, por supuesto muchos se enriquecieron con el, asi es la vida, asi es el mundo...........Bravo Dick.

    ResponderEliminar