viernes, 27 de septiembre de 2013

“Quería entender lo que dice la gente, no lo que la literatura dice que dice”.

Entrevista a al escritora canadiense Sheila Heti






  • Sheila Heti publica '¿Cómo debería ser una persona?', una rara celebración de la amistad femenina


  • La autora ha utilizado transcripciones de conversaciones y correos reales de sus amigos


  • El libro ha sido una sorprendente sensación editorial en Canadá y Estados Unidos

 

 

Virginia Collera 27 ABR 2013 



El arte y la amistad se alimentan mutuamente. Yo siempre quise crear con amigos, como los surrealistas. Cuando estudiaba y leía sobre ellos me daban verdadera envidia porque la amistad ocupaba un lugar muy importante en su arte”, explica Sheila Heti (Toronto, 1976), recién levantada pero locuaz —y en pijama— en conversación vía Skype. A ella, que ese París de los surrealistas le quedaba muy lejos en el tiempo y el espacio, no le quedaría más remedio que crear en soledad, concluyó con resignación. Pero ¿Cómo debería ser una persona? (Alpha Decay), el cuarto libro de su excéntrica bibliografía y toda una sensación editorial en Canadá y Estados Unidos, vuelve a demostrar que se equivocaba.



¿Cómo debería ser una persona? se completa con el subtítulo Una novela desde la vida porque parte de las de Heti y su círculo de amigos. En 2005 la canadiense acababa de publicar su segundo libro, Ticknor, y lo último que necesitaba era volver a encerrarse a escribir otra novela. “Cuando llegas al final de un proyecto todo lo que formó parte de él está agotado. Es como romper con tu novio, ¿a que no tendría ningún sentido volver con él? Buscaba algo nuevo”. Mientras pensaba qué hacer, Heti decidió grabar las conversaciones de sus amigos “porque quería entender lo que dice la gente y no lo que la literatura dice que dice la gente”. No fue una “decisión premeditada”, insiste, pero con el tiempo se dio cuenta de que en esas transcripciones —y en algunos correos electrónicos reales que también copia y pega— estaba su siguiente libro. Las protagonistas son la propia Sheila y su amiga, la pintora y cineasta Margaux Williamson. Los secundarios, el escritor y filósofo Misha Glouberman, y el crítico y artista Sholem Krishtalka. “Me gustó tanto lo que escuché en las grabaciones que cuando traté de escribir a partir de ellas me di cuenta de que no tenía sentido inventar personajes de ficción. Además, por esa época Margaux no paraba de decir que había que ser económico y utilizar los recursos que tienes a tu alrededor”. Es decir, a los amigos. La propia Heti posó junto al diseñador gráfico Paul Sahre para Important Artifacts and Personal Property from the Collection of Lenore Doolan and Harold Morris, Including Books, Street Fashion, and Jewelry (2009) de Leanne Shapton, un libro de ficción disfrazado de catálogo de subastas que narraba la historia de una pareja a través de sus objetos personales, y en 2010 protagonizó la película experimental Teenage Hamlet dirigida por Williamson. Así pues, con ¿Cómo debería ser una persona? había llegado su turno. “Es como volver a la infancia y jugar con tus amigos. Hoy los míos son artistas: a veces jugamos con sus reglas y otras con las mías”.



“Un chapuzón realmente extraño, pero divertido, en la búsqueda de la autenticidad”. Eso es para la también escritora —y también canadiense— Margaret Atwood ¿Cómo debería ser una persona? Para Lena Dunham, la creadora de la serie Girls con quien se compara continuamente a Heti, “es una novela increíble en la que la metaficción se cruza con la no ficción. Es divertida y rara”. Para la artista y cineasta Miranda July es “un libro que lo arriesga todo y pulveriza todas esas normas que las mujeres seguimos para que nos tomen en serio”.

 La obra se presta a estas definiciones y a muchas otras porque en ella hay ficción, no ficción e intencionada confusión. “A mí me encanta no comprender del todo las reglas que un artista ha seguido a la hora de crear una obra de arte. Ahí tienes a Agnès Varda. Ves sus películas y piensas ‘¿qué? ¿cómo?’. Sin embargo, en la ficción no hay misterio porque el lector entiende que el escritor ha imaginado a los personajes”, razona Heti. Y dado que el libro había nacido como un experimento, ¿por qué no tratar de desorientar al lector y recuperar parte de ese misterio perdido?



Para lograrlo, Sheila Heti sembró desconcierto en el fondo y en la forma de la novela, para la que ha empleado —le recriminan algunos— un lenguaje extremadamente sencillo para reflexionar sobre cuestiones —éxito, fama, arte, amistad, relaciones de pareja— extremadamente complejas. “Mi anterior libro era tan denso, tan difícil de leer, tan literario. Así que para este me inspiré en Andy Warhol: quería que la novela fuera pop, que cualquiera pudiera leerla, que pareciera fácil”.

 ¿Cómo debería ser una persona? le han preguntado insistente y previsiblemente a Heti en lecturas, en ruedas de prensa, en entrevistas, y ella sigue encogiéndose de hombros. “Era una pregunta que me preocupaba. Cómo ser una persona, cómo ser mejor, pero no buscaba una respuesta. Además, la pregunta también se refiere a otra cuestión: no solo a cómo deberíamos ser o actuar, sino a cómo ser como objetos. En el libro hay pasajes sobre la veneración y la idea de convertirse en un ídolo. Yo creo que la pregunta es tan legítima como falsa porque no puedes mirarte a ti mismo como a algo que creas, como a una obra de arte. El ser humano no es eso, pero, al mismo tiempo, es inevitable y todos nos planteamos este tipo de preguntas”.



La Sheila del libro no tuvo amigos hasta los 25 años. Ese detalle biográfico, aclara Heti, no se corresponde con su vida. Otros, sí: la Sheila de ficción, como ella, vive en Toronto, ha pasado por un reciente divorcio, es escritora y sus amigos son, en su mayoría, artistas. En la vida de ambas, la amistad es fundamental. Y, al menos en la obra de la Sheila real, también. ¿Cómo debería ser una persona? es una celebración de la amistad entre dos mujeres. En Ticknor, su segunda obra, noveló la amistad entre dos hispanistas norteamericanos del siglo XIX, George Ticknor y William Prescott, y en la tercera, The chairs are where the people go, un peculiar libro de ensayo, escribió al dictado de su buen amigo Misha Glouberman: él hablaba sobre improvisación, activismo o monogamia y Heti se limitaba a transcribir. “Creo que, en general, se pone demasiado énfasis en el amor romántico y hay mucho más. Para mí la amistad siempre ha sido muy importante, pero a medida que me hago mayor valoro cada vez más mi relación con otras mujeres. Cuando era más joven me interesaban más los hombres, era con ellos con quien tenía unos vínculos más fuertes, pero ahora estoy fascinada con las mujeres”.



Como su amiga Margaux Williamson. “En este libro he ido contra todos mis instintos gracias a ella. Por primera vez no he pensado, ¿cómo puedo hacer que este libro sea perfecto? Me he limitado a escuchar a Margaux, a tratar de ver el mundo a través de sus ojos y de crear arte a su manera. Escribir este libro apoyándome en ella es lo mejor que me podía haber pasado. Ha sido totalmente liberador. A veces me pregunto: ‘¿Y si nunca la hubiera conocido? Y llego a la conclusión de que sería una pesadilla. ¡Solo escribiría novelas estúpidas!”.



¿Cómo debería ser una persona? Una novela desde la vida de Sheila Heti. Traducción de Regina López Muñoz. Alpha Decay. Barcelona, 2013. 312 páginas. 20,90 euros.

Tomado de El país







1 comentario:

  1. La literatura cuenta de la gente lo que el libro lee de la gente. Porque es el libro quien lee de la gente lo que luego la literatura cuenta de la gente, y la gente sólo cuenta lo que el libro le ha contado. Y cuando el libro leyó al primer mentiroso dejó de hacer el amor para follar mintiendo como un bellaco sobre el amor que leen los libros de la gente que luego cuenta la literatura de la gente. O sea, lo mismo da que da lo mismo.

    ResponderEliminar