miércoles, 17 de junio de 2015

La Gaveta Cortáziana

Un libro tridimensional de ensayos





Estimados Amigos

Existe en la vida la posibilidad de ejercer muchos oficios, en Venezuela los oficios más deseados son el de beisbolista y político. La preferencia por estos se debe a la posibilidad de hacer mucho dinero si estás en el sitio indicado en el momento justo.
Uno de los oficios menos cotizados en Venezuela y en el mundo es el de la escritura. Es una labor dura la de escoger las palabras adecuadas para hilvanar un discurso sin saber si alguien  más alla de tí lo leera. Noches insomnes provocadas por la búsqueda del adjetivo certero que podría pasar desapercibido por el lector, que muchas veces envolvera tu trabajo con una expresión similar a esta:

-¡Ay, pero que bonito!




Escribir con cierto grado de calidad en Venezuela es duro, aunque para ser sinceros un país donde debes hacer fila para comprar papel higiénico y las calles están desoladas a las 7:30 pm debe ser duro hacer cualquier cosa. En general en nuestro país publicar un libro es costoso y en esta época lo es aún más. Pero estas dificultades favorecen la creación de formas alternativas a la publicación tradicional. Hoy veremos un ejemplo de esas apuestas a la esperanza en una tierra donde las condiciones sociopolíticas se empeñan en machacarte día a día. Carlos Yusti es un escritor valenciano que no se deja amilanar ni por el alto costo del papel o de la tinta (ambos insumos importados, al igual que el resto de los recursos necesarios para impresión) y que nos obsequia su ultimo libro: La Gaveta Cortaziana. El título es un guiño al autor de esa novela con manual de instrucciones llamada Rayuela. ¿Recuerdan esos libros que nos encantaban de niños? Esos donde podías despegar un personaje o un paisaje del plano papel y que profesionalmente se llaman libros tridimensionales o pop ups, pues Yusti siguiendo los pasos de Ramón Llul nos regala un libro tridimensional de ensayos. Si, como leyeron es un libro de ensayos tridimensional. Donde podrán disfrutar la aquilatada escritura de nuestro amigo mientras manipulan literalmente cada texto. Saludamos la iniciativa de Carlos Yusti que no se deja amilanar por las dificultades editoriales de esta tierra de Gracia y armándose con paciencia y mucho trabajo manual él confeciona su libro como un reclamos al cielo. Más de uno verá este obra como un objeto irónico y dirán:





-Un libro tridimensional de ensayos. ¿Acaso nos dice que la ensayística venezolana es plana y aburrida?

Estimado y caritativo lector, que gastas vuestro tiempo leyéndonos, eso es algo que deberás responder por ti mismo.



Yusti en silencio, sin pausa y con gran voluntad de trabajo arma su obra, de esa misma forma nosotros deberíamos armar este país, que cada cierto tiempo los políticos ambidiestros (usan la izquierda y la derecha a su conveniencia) se empeñan en desarmar.

Disfruten de la presentación y del video de La Gaveta Cortaziana 

Richard  Montenegro

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La gaveta cortáziana a modo de explicación/expiación



Carlos YUSTI




Sería una situación conmovedora imaginarse a alguien que se quedara ciego a media noche y creyera que la noche continúa. Coge su mechero y lo acciona, más no consigue arrancarle una sola chispa, y cosas por el estilo”.




Georg Christoph Lichtenberg







La escritura en algunas enrevesadas circunstancias se rige por leyes más afines con el azar que con la lógica, madre de todas las desdichas. Los libros que se escriben de igual modo están sujetos a determinados códigos donde el rigor combate de forma encarnizada con el abandono, el fracaso o el deseo impulsivo de abandonarlo todo, de no terminar la obra emprendida y dejarse ir por ese camino sinuoso que no te lleva a ninguna parte y que algunos llaman bloqueo, síndrome Bartleby, falta de inspiración o la fuga de la musa con el que reparte las pizzas. No obstante en algunos escritores la obstinación toma las riendas y los libros logran concretarse en un punto final. 


En mi caso personal los pocos libros que he escrito han surgido casi por inercia. Salvo mi primer libro los otros se han ido armando sobre la marcha como si se tratara de rompecabezas.



Con este libro, La gaveta cortáziana, sucedió que los textos surgieron por separado, tanto en tiempo como en los estímulos que me impulsaron para escribirlos. Lo único en común que parecían tener era su naturaleza singular por no decir rara. Los ensayos abordaban temas literarios y de arte un tanto extraños, pero de esa extrañeza como cotidiana y a veces un poco inesperada y la cual irrumpe de improviso y coloca todo de cabeza. Por ejemplo está el artículo sobre Henry Darger, que era portero en un hospital, el St. Joseph de Chicago, pero secretamente tenía años trabajado en un libro ilustrado. Residía en una habitación alquilada.  La obra está formada por 15.154 páginas y el libro se titula La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los Niños Esclavos. Escrito a máquina (y sin espacios interlineados) relata las aventuras de las 7 hermanitas Vivian, especie de princesas de Abbiennia, cuyas edades oscilan de los 5 a 8 años, que liberan una guerra contra el maligno planeta habitado por Glandelianos, hombres que esclavizan a los niños, los torturan y le infligen castigos atroces. La parte gráfica ilustra toscamente las aventuras y desventuras de las hermanitas Vivian y su ejercito infantil. Al morir Darger, su casera y uno de los pocos amigos del portero solitario se consiguió con aquella obra producto de una locura sistematizada y autodidacta. También está el texto sobre el pintor Richard Dadd, que pasó 42 años confinado en varios centros siquiátricos. Mató a su padre y en el manicomio pasó 10 años pintando un pequeño cuadro (del tamaño de una hoja carta) lleno de gnomos, hadas y otros seres sélficos de un bosque mágico donde un leñador blande una hacha a punto de dar un golpe. El cuadro está tan lleno de detalles que tratar de enumérarlos todos quizás conduzca al que lo haga a la locura. También está el texto sobre esa bella espía conocida como Mata-Hari o el texto sobre Marcel Duchamp que un buen día dejó de pintar debido a que se le acabaron las ideas. Lo cierto es que archivé los ensayos en mi computadora, especie de gaveta virtual.



Releyendo a Julio Cortázar, sobre todos sus libros como “La vuelta al día en ochenta mundos”, “Último round” y “Territorios”, llegué directo a los ensayos engavetados para comprobar que los temas tocaban a distintos autores que Cortázar citaba con algún epígrafe, homenajeaba con una nota o nombraba de refilón en algún escrito. Volví a dejar a Cortázar y me olvidé del asunto diluyéndome en esos incidentes colaterales del día a día ajenos a la literatura.


Navegando por la Internet encontré la noticia que anunciaba que en una gaveta olvidada de un escritorio perteneciente a Cortázar aparecieron algunos manuscritos, cartas y otros textos escritos a máquina. Los textos fueron agrupados lo que dio como resultado un libro póstumo titulado “Papeles inesperados”.





Lo de la gaveta de Julio Cortázar no me dejaba tranquilo y pasaron varias días hasta que surgió, como flotando, el título La gaveta cortáziana. El libro sería un homenaje a Cortázar, pero a su vez al ensayo desde ese costado festivo y empantanado con lo anómalo y extravagante cotidiano. Tenía claro que sería ilustrado.


Revisé de nuevo los textos archivados en mi computadora y deseché aquellos que no tenían ningún vínculo con el escritor argentino. El tono gráfico trataría de buscar ese tono de Último round o La vuelta al día en ochenta mundos. Lo que no me convencía mucho era la ilustración convencional. Opté por girar un poco más la tuerca y revisando por casualidad un libro infantil en tres dimensiones (o pop up) surgió la idea de que la ilustración saltara de la página. Con todas estas nociones, más o menos vislumbradas, armé todo el tinglado del libro.  







El resultado final fue un libro de ensayos inusual que trata de convertir el ensayo en un género espontáneo e imprevisible, aparte de no tener en lo absoluto ese fastidioso almidón académico. Sin mencionar que una frase de Cortázar no dejaba en paz: “…hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio”. Quería que el libro fuese inesperado, que el lector abriera sus páginas como si de una gaveta se tratara y fuese capaz de ver al unicornio pastando en ese prado luminoso como si todo se tratara de un sueño.







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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal.



2 comentarios:

  1. Se me han abierto unas ganas terribles de leer el libro, pero sospecho que sólo hay un ejemplar... y por más que agrando las imágenes del video no me da para leerlo.

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    1. Gracias PacoMan por dejar tu comentario. Quizás pueda arregalarse una edició extra. ¿Sera posible multiplicar este libro con una impresora 3D?

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