viernes, 4 de diciembre de 2009

"Venezuela, me desespera por ella misma, por nuestra incapacidad de hacer y de ser, por las frustraciones reiteradas"

Juan Liscano: el escritor Olvidado.

Entrevista al poeta venezolano publicada en la Revista Cabala


 



Aqui le dejamos una entrevista a Juan Liscano realizada por Rafael José Muñoz para la revista Cabala en 1980

Juan Liscano el escritor Olvidado



Por Rafael José Muñoz

El autor de Espiritualidad y Literatura; Una Relación Tormentosa, nos dice en una entrevista exclusiva y especial: 
—Sin duda, me atrae el ocultismo y las vías de realización interior espiritual.
—Nada me aburre tanto como el estructuralismo y el textualismo literarios, y desconfío de los santones que profetizan.
—El ocultismo y el esoterismo, como la magia, persiguen muchas veces un objetivo de poder sobre la naturaleza, y no la revelación de la divinidad.
—La chismografía, constituye, a diversos niveles, la principal actividad de los venezolanos.
—He perdido mucho tiempo en actuaciones públicas sin importancia. No dediqué mi entera energía a la realización literaria ni a la espiritual.




Juan Liscano es un escritor venezolano nacido en Caracas en 1915. Durante muchos años estuvo radicado en Europa, donde hizo sus principales estudios.

Un año antes de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, regresó a Venezuela, donde se dedicó a la lucha política, y a una labor intelectual que cada día se torna más fecunda. Juan Liscano es un escritor prolifico. Tanto en el campo de la poesía —está considerado como uno de nuestros principales poetas—, como en el campo del folklore y de la prosa. Ha brillado con obras que abarcan los siguientes títulos: Poesía popular venezolana (1945). Folklore y cultura (1950), 150 años de cultura venezolana (1962), etc. En poesía destacan es tas obras: Contienda (1941), Del alba al alba (1943), Del mar (1948), Humano destino (1949), Rito de sombra (1961), Cármenes (1966), Edad oscura (1969), Los nuevos días (1972), entre otros. Como ensayista ha publicado: Caminos de la prosa (1953), Ciclo y constantes galleguianos (1954), Tiempo desandado (1964), Rómulo Gallegos (1969), Panorama de la literatura venezolana actual, etc.

Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa, es su última publicación. En ella se propone "esclarecer la confusión frecuente entre ética y estética, entre espiritualidad y arte, entre progreso exterior y progreso interior".

Los caminos de la espiritualidad y la literatura, para Liscano, "se bifurcan a partir del momento en que se persiguen la realización plena de alguna de estas realidades". En base a ese criterio, Juan Liscano se acercó a algunos escritores y a héroes de novela, para desentrañar la médula de sus planteamientos. A través de esas experiencias, el autor, con extraordinaria penetración, logra encontrar ciertos mecanismos ocultos de la creación literaria, "ciertos temas y motivos reiterados cuyo origen hay que buscar en los rituales de muerte y renacimiento de la antigüedad, ciertas unidades de mitos y estructuras mitológicas que persisten en las letras". En ese recorrido, "indaga el espíritu de la literatura, las ascesis que propone, por las vías respectivamente de la gracia, la imaginación o la rebeldía su situación tenebrosa actual, alude a las tensiones de nuestro tiempo y religa, finalmente, el arte y la escritura con la esperanza en un renacimiento interior del ser humano, liberado de las alienaciones que lo convierten hoy en día en un nauseado o en un enajenado. La literatura puede servir de intermediaria entre un más acá y un más allá al cual debe acceder el hombre".

Tales juicios son los que nos han impulsado a leer y releer esta obra de Juan Liscano, que, más que ensayos, son meditaciones y definiciones y a hacerle una entrevista sobre preguntas y respuestas muy especiales para nosotros.

¿Cómo sitúa usted en su obra, este libro de ensayos que abordan el tema del desarrollo espiritual y del desarrollo literario, como formas excluyentes de realización humana?

Es una suma de inquietudes que he tenido a lo largo de mi vida intelectual, como la de tantos otros, como la suya misma, atraída por la creación artística y por lecturas que asoman a la realización espiritual. Ventilé esas inquietudes a lo largo de los siete ensayos que componen el libro y ofrecen en algunos casos, ejemplos de esa tirantez, de esa dualidad que, en un Rimbaud se convierte en dramático malentendido, y en un Hesse, en un intento de armonizar los contrarios. Estudié a través de determinadas aventuras vitales y obras, esa pugna entre la alta experiencia espiritual que, llevada a sus últimos términos, persigue la visión de la unidad, el sentimiento de la esencia y la elocuencia del silencio, y la plena realización literaria que exige nutrirse de la multiplicidad, de la existencia y de las palabras. Entre otros términos: las vías de la literatura y de la espiritualidad, como categorías de destino, pueden cruzarse en algún punto, pero son bifurcantes. La equivocación conduce al fracaso o a la superchería. En la actualidad hay movimientos literarios aberrantes que mezclan en una confusión de fin de mundo, en un barroquismo asfixiante: Zen y palabrería, Budismo y sensualidad, drogas y visiones, sexo y espíritu, tecnología y presunto despojamiento, violencia y exaltación de vidas ascéticas. Como la confusión de lenguas, de objetivos, de formas y de realizaciones es lo propio de nuestra época caótica y finisecular, esos engendros gustan mucho, sobre todo en los Estados Unidos, donde resulta usual hablar del Conocimiento, entre sesiones de marihuana o haschich, vestidos de hindú y jugando con efectos de luces psicodélicas, estroboscópicas y pulsatorias. En este caso, se trata de burdas parodias; pero cuando el problema afecta la entera vida de un hombre, de un creador, como sería el caso de Rimbaud, hay que plantearse el problema con seriedad. Es lo que traté de hacer. Mi opción resultó ser la literatura.

Si, como dice usted, las vias de la experiencia espiritual y de la literatura se bifurcan, ¿cómo explica usted una realidad tan perfecta coma el cántico espiritual de San Juan de la Cruz y la maravillosa poesía de los místicos sufi de la antigua Persia, como Al-Hallaj y Al Din Rumi, como los poemas Zen?

—Es cierto, pero en esos casos la finalidad no es propiamente literaria, sino espiritual, y la letra no mata al pensamiento, sino lo transparenta. Cuando la literatura se pone al exclusivo servicio de sí misma, es cuando se apartan las vías de realización de la escritura y de la meditación. San Juan de la Cruz no se planteó escribir poesía para la fama, sino como apoyo a la experiencia de alta espiritualidad que llevaba a efecto. La poesía Zen es gimnasia del espíritu, y no de la escritura. Pero su observación resulta válida e implica admitir que, en determinadas circunstancias, la escritura puede ayudar a la realización espiritual. Eso sí, plegada por entero a la tensión de la experiencia espiritual, despojada de hedonismo.

—¿A qué atribuye la poca resonancia que tuvo en nuestro medio su libro Espiritualidad y 1iteratura: una relación tormentosa?

—Mis libros, que yo sepa o recuerde, nunca han obtenido resonancia en Venezuela, ni siquiera cuando refieren la biografía de Gallegos, y eso que nuestro país cuenta, según se dice, con millón y pico de militantes de Acción Democrática. Un libro como Espiritualidad y literatura, inserto en un contexto de preocupaciones y dilucidaciones bastantes ajenas a la mayoría de los lectores y escritores, con mayor razón debía no ser leído ni comentado. Sin embargo debo reconocer que Francisco Rivera, Armando Duran y Luis Alberto Crespo escribieron sobre esa obra, con generosidad gratuita.



¿Considera usted que su obra tiene un carácter esotérico?

—No, no lo tiene, es una obra esotérica, fundada en valores de psicología, referencias literarias y culturales, personajes reales, biografías públicas, historicidad, critica.

¿Cómo explicarla usted que en sus poemas y ensayos aparezcan frecuentemente alusiones a la astrologia, a temas ocultistas, a formas de pensamiento oriental, a símbolos esotéricos? Por otra parte, se advierte fascinación por hurgar en los umbrales de una dimensión metafísica.

—Sin duda me atrae el ocultismo y las vías de realización interior espiritual, pero como simple diletante, sin verdadero conocimiento, sin profundizar, sin transponer esos umbrales que usted dice. Soy el hombre del zaguán, del vestíbulo, del primer poema de Edad Obscura, "buscando entrar a la casa", "queriendo salir al mundo", "salir a la casa". "entrar al mundo", "pasar hacia adentro", "andar hacia afuera".
"cruzar umbrales, calles, alcobas, urbes,
países, desvanes, continentes, galerías,
solo y perdido de antemano el hombre,
el hombre del zaguán
frente a todas las entradas libres,
frente a todas las salidas vivas".



¿No se minimiza? Yo mismo le debo cierto aliento en un tipo de búsqueda ocultista.

—No me minimizo, me sincerizo. He rondado ese mundo resplandeciente sin entrar en él, de verdad. Por eso dije cuando contesté a la primera pregunta, que lo mío era la escritura literaria, que había optado por la literatura, es decir, por una forma de meditación con base a la escritura, aunque tenga que confesarle que tampoco me interesa la textualidad literaria pura, el culto semiótico, las disquisiciones estructuralistas, los despliegues verbales sustentados sobre la sola verbalidad. Por eso le digo que estoy siempre en el vestíbulo, presto a huir del encierro, negado a perderme en la exterioridad. Nada me aburre tanto como el estructuralismo y el textualismo literarios y desconfío de los santones que profetizan. Mi actitud es la de la espera, una expectación en el umbral de esa dimensión metafísica que usted dijo. Comparto plenamente la actitud de un poeta como Girri cuando define su arte poética como "Una teología creadora de objetos que se negarán a ser hostiles a Dios; o con Alain Bosquet cuando en su último libro, dice: "Dios no será tan grande, sino cuando es necesidad de Dios".

—Pero el problema de la divinidad, el ocultismo y el esoterismo no tienen, obligatoriamente, una vinculación clara. El ocultismo y el esoterismo, como la magia, persiguen muchas veces un objetivo de poder sobre la naturaleza, y no la revelación de la divinidad o la liberación de la angustia, por la vacuidad espiritual.


—¿Piensa usted que Espiritualidad y literatura aporta algo al desarrollo espiritual posible de nuestra colectividad?

—El propósito del libro no es ése, sino el de esclarecer las frecuentes confusiones entre la espiritualidad, esoterismo y literatura. A través del recorrido efectuado, me liberé en parte de ciertas confusiones que me atormentaban. Y puse en el tapete de la discusión posible, esas confusiones padecidas por mí.

Ahora bien, el hecho mismo de plantear ese tipo de esclarecimiento descorre ciertos velos sobre otras instancias de la realidad que aquellas a las que nos acostumbran el culto de la historia, la pasión subalterna de la política, el hedonismo literario, el bajo utilitarismo mercantil, la chismografía que constituye a diversos niveles, la principal actividad de los venezolanos. Pero descarto enteramente que dichos planteamientos obtengan una audiencia mínima. Interesarán a una minoría dentro de la minoría que puede interesarse por la literatura, o por las búsquedas de vida interior espiritual.

Entonces ¿se siente solo? Ese desconocimiento de un libro tan importante desde mi punto de vista, y de su poesía en general, ¿no le afecta profundamente? ¿Hay rencor en usted? ¿Sus reacciones contra el país no tendrán que ver con esa suerte de marginalidad literaria a la que se le condena?


—Es posible. Sin embargo, siento que yo mismo he actuado para que advenga esa marginalidad. Con los años me importa cada vez menos. Tomo conciencia también de mis fallas, de las fallas de lo que escribo. He perdido mucho tiempo en actuaciones públicas sin importancia, en el articuleo de periódico, en acciones vitales desencuadernadas. Uno recoge el fruto de lo que siembra. Quizás dejé de sembrar o sembré mal. En todo caso, no dediqué mi entera energía a la realización literaria ni a la espiritual. En cuanto a Venezuela, me desespera por ella misma, por nuestra incapacidad de hacer y de ser, por las frustraciones reiteradas. Es un país que sufro sin amarlo demasiado, hoy en día. Déjeme en el vestíbulo amigo de muchos años. Adiós.

 Rafael José Muñoz

 Revista Cabala. Nº 33-Enero 1980. Año III.



1 comentario:

  1. Estupenda entrevista. Si no me equivoco, Juan Liscano es entrevistado por otro gran poeta venezolano, Rafael José Muñoz, autor de El Círculo de los tres soles y Los Pasos de la Muerte.

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