martes, 7 de julio de 2015

Acerca de Juan Liscano, una aproximación personal



Juan Liscano en 1980



Duración



La memoria sorprende en la blancura

de corredores enfilados

y es un salto la sombra;

precisa, ahondando los lugares,

en esta mansión tan diurna,

tan joven y ya ausente.

No hay ruido

y el pasar de la doncella única,

dura, todo se agita, las palmas,

el agua de la pila, los destellos en el piso,

la luz en las vidrieras,

las cortinas de paño leve.

Ella sigue pasando inmóvil,

no asienta los pies, se desvanece,

avanza, mientras el silencio de los relojes

confunde o apaga las horas.

Fue ayer.

No fue nunca.

Sigue siendo.







Hoy es el cumpleaños número cien de Juan Liscano (7 de Julio de 1914 - 17 de Febrero de 2001), uno de los intelectuales más relevantes en la historia de Venezuela. “Poeta de amplio registro”, como él mismo gustaba definirse, también fue un apasionado promotor cultural, que trabajó por rescatar de las manifestaciones folclóricas nacionales, un diletante y un mecenas, entre otras muchas actividades.  



Contar, mencionar cifras para referirnos a la existencia, es sólo válido para los que razonamos con el tiempo, es decir, desde la posibilidad finita de nuestras vidas. La persona que conocimos como Juan Liscano fue un prolífico poeta y crítico, además de editor. Director del suplemento literario del diario El Nacional, de la legendaria revista de arte y literatura Zona Franca y de la editorial estatal Monte Ávila, también tuvo su propia colección editorial, una magnífica selección de textos editados lujosamente, Mandorla. Bajo su dirección y por diversos caminos, la literatura venezolana alcanzó una justa difusión y lectura en todo el ámbito hispanoamericano.  



Tengo algunos ejemplares de Mandorla,  no he conseguido reunir más que unos pocos. Eso es el tiempo, supongo. Esa es una de las señales de que el tiempo existe, que una colección como Mandorla no sea tangible en ninguna parte, que un venerable intelectual, insólitamente generoso como fue don Juan, tampoco se encuentre en parte alguna, son señales inequívocas de que ha ocurrido un movimiento desde la abundancia a la carencia, una gran diferencia vital que podríamos llamar tiempo.  




Cuando se me sugirió la idea de escribir algunas palabras como homenaje a Liscano, me sentí incapacitada. Abordar una figura de creación tan vasta, así infinita, me llenó de temor. Estoy segura de que no podré describir a don Juan en la verdadera dimensión en la que él transcurrió, sin embargo, puedo  intentar rendirle mi homenaje, decirle mi agradecimiento. Insistir en la biografía no creo que aporte nada, sin embargo, algunas impresiones, ciertas memorias precisas, podrían significar un acercamiento desde otra perspectiva, tal vez no necesariamente formal. 

Juan Liscano en 1990. Fotografía de Yuri Valecillo.


Como él escribe en el poema Duración, con que se abre esta nota, las cosas que recordamos fueron ayer, no fueron nunca y siguen siendo. Las tres opciones son ciertas y constatables a cada momento. Conocí a Juan Liscano por mediación de otro importante poeta de Venezuela, Santos López, en tiempos en que la Casa de la Poesía cumplía sus importantes funciones en el Celarg. Don Juan ya era un hombre retirado, una figura asaz importante como para pensar en discurrir unas palabras con él. Sin embargo se interesó en mi trabajo, lo leyó cuidadosamente y me entregó una carta que aún conservo, por supuesto, con veneración. 



Me parece que buena parte de su grandeza radicaba en su deseo de aprender, de mantenerse atento a lo que le llegara y en su generosidad, imposible de mostrarse indiferente. En aquel tiempo estaba impactado por la cultura africana, recuerdo una pintura que nos enseñó al entrar a su casa, estaba muy feliz de haberla adquirido. Era azul, de madera, con tres figuras humanas en acción de caminar. No sé dónde habrá ido a parar esa pintura, precisamente ese hecho es parte de sus obsesiones. Está allí, como están otras cosas, libros y poemas que él escribió y en los que dejó su huella.  Es importante y trascendente volver sobre sus trabajos, todos implican una indagación de la realidad, de la memoria, el momento presente como consecuencia perfecta de los hechos pasados. La rueda de la fortuna que va girando incansable y produciendo los hechos de la vida. Veamos que Liscano comenzó una búsqueda indagatoria sobre muchos temas trascendentes. ¨Los recuerdos salen del corazón y no de los cálculos



Don Juan fue un incansable inquisidor acerca del futuro. A lo largo de su obra tanto poética como ensayística, se repite la angustia de la incertidumbre ante lo que es imposible descifrar fuera de su momento.



La física mide y proyecta el futuro

lo arcaico se vuelve a sumergir

en el alma, a su vez, insondable.

Desde allí otea al universo

de la incertidumbre compuesto

por oposiciones drásticas y remotas.



El lenguaje, hecho de palabras,  es una de las herramientaseficaces para expresar lo que está en nuestro pensamiento, para traer a la realidad material aquello que vive en la idea. Lo que realmente no puede ocurrir es que dejemos de nombrar los momentos importantes que nos tocó vivir. Si no los nombramos, desaparecerán para siempre, como una multitud cosas y personas idas a través de la historia, mucho antes de que pudiésemos ser testigos de nada.   



Y dejar de nombrar entre otros recuerdos, la trascendencia de este intelectual que discurrió entre nosotros no hace tanto tiempo, es un acto que no concuerda con la abundancia de su obra. Manifestar nuestra gratitud hacia lo que nos dejó voluntariamente, lo que fue positivo para nuestra alma, es de fundamental necesidad.  Angustiado por la incertidumbre del futuro, estuvo describiéndolo hasta su momento final:





Celebrar el barullo sempiterno

Efímeras criaturas, casi imperceptibles,

Se embriagan, se apiñan, se desnudan,

Se enguerrillan, golpean, matan, poblaciones

De todas las razas corren entre sismos

E inundaciones, entre templos y burdeles,



Se habla de un lugar inmóvil y feliz.

La muchedumbre crecida aúlla hacia el cielo

Globos dentro de otros globos mayores,

Temporal de globos

Hasta ser globo único.



Vaivén (Eclepsidra, 1999)




Graciela Bonnet

 


 *******  

Graciela Bonnet


 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.








 

2 comentarios:

  1. Qué bello homenaje al querido y recordado maestro Lescano

    ResponderEliminar
  2. Gracias Santos López por tu comentario. Bienvenido al blog

    ResponderEliminar