viernes, 10 de junio de 2011

Játa mákuta jájia wakúleni wéjla

(Nunca olvidaremos nuestra lengua)



Revista Feriado. 9 de agosto de 1998. Nº 788

Los hermanos Mosonyi han dedicado sus vidas a recorrer el país tras el rastro de los indígenas venezolanos. El resultado de sus investigaciones será publicado en breve por la Fundación Bigott: Manual de lenguas indígenas de Venezuela, obra monumental que registra las voces y estructuras de 11 idiomas de nuestras etnias 

Lina Canelón

Hace tiempo lo hemos estado repitiendo, casi en son de estribillo: en la cuestión del mestizaje y la formación de nuestra cultura, el legado de los indígenas es tan importante como el de los europeos. Lo escuchamos y lo reiteramos a cada momento, sí, pero a la hora de los recuentos encontramos con que cada vez nos seduce más el discurso de la globalización, y en esa misma medida tendemos a considerar desechable —y deleznable— lo que tiene que ver con el elemento indígena. Ni modo: o nos plegamos ante la fuerza de la era de las telecomunicaciones o nos aplicamos el harakiri que representa seguir buscando raíces. Es tiempo de ramas y frutos; la idea de raíz sugiere, de alguna forma, la de sepulcro.

En semejante contexto no puede verse sino con asombro el gesto de un par de antropólogos y lingüistas, los her­manos Esteban Emilio y Jorge Carlos Mosonyi, cuyo esfuerzo cobrará forma en un libro que será editado por la Fundación Bigott. Su título es la presentación más eficaz posible, si no la única, para justificar la atención que merece el (aparentemente) pequeño suceso editorial: Manual de lenguas indígenas de Venezuela.

  Los her­manos Esteban Emilio y Jorge Carlos Mosonyi

La vergüenza étnica
Hablábamos de asombro ante el anuncio de este libro. Un buen punto de partida para explicarnos el porqué de la extrañeza puede ser el origen de los investigadores: los Mosonyi nacieron en Hungría, así que es preciso realizar más de una cabriola para entender cómo nació su interés por las etnias venezolanas. "Pero nos formamos aquí", se apresuran a responder, y la aclaratoria vale; ambos se graduaron de antropólogos en la UCV, en la década de los 60, y posteriormente han realizado diversos doctorados en esa misma universidad. Además, reconocen haber contado en sus investigaciones con personal venezolano; en la obra que está por salir a la luz, contaron con el apoyo de Gisela Jackson, antropóloga nacida en estas tierras a pesar del apellido.

El libro recoge, sistematiza y hace digerible para el hablante común del idioma castellano (no sólo para el especialista en lingüística) la estructura y las voces de 11 lenguas indígenas; son más de 400 páginas las que abarca este registro. La existencia de muchas de estas lenguas es desconocida para el venezolano medio: baniva, yavitero, ñengatú; otras quizá han sonado un poco más en ciertos círculos, pero son igualmente un misterio: guajiro, warao, yaruro, cuiba, piaroa, kariña, pemón. Los Mosonyi se encargaron, pues, de organizar sus códigos y sonidos; con alegría de científicos que exploran objetos ma­ravillosos, comentan y detallan la riqueza de unas lenguas que, como el yaruro, tienen 15 vocales, sonidos cuya pronunciación es una música ubicada entre nuestras letras E, I, O y A. En total, la cantidad de hablantes representados en esas 11 lenguas no llegan a 500 mil. Lo cual es un dato central para comenzar a indagar en aspectos concretos sobre el libro: su pertinencia, su utilidad, su trascendencia.





Hay una reflexión quizá cruel pero inevitable en casos como éste: el libro que nos ocupa es un trabajo monumental que tendrá utilidad para un universo de personas muy reducido.

—Es verdad, los primeros interesados, los primeros beneficiarios de este manual son los indígenas, los pocos hablantes que hay de esos idiomas —responde Esteban Emilio Mosonyi—. Pero todos los habitantes no indígenas del país y del mundo tienen derecho a estar enterados de la existencia de estos idiomas, de su valor intrínseco. Hay un hecho indiscutible y es que cualquier lengua del mundo es un patrimonio de la humanidad.

-¿Es un libro pensado sólo para espe­cialistas? La reflexión de cualquier estudiante o cualquier venezolano común podría ser: "Si voy a dedicar tiempo y esfuerzo a aprender otro idioma, prefiero que sea el inglés". O, en todo caso, reforzar el aprendizaje del castellano.

—Es una lástima pensar que con el castellano y sus variantes ya agotamos todo nuestro repertorio lingüístico y expresivo. Desde hace miles de años se están hablando lenguas muy bellas y sonoras, con gramáticas sumamente difíciles de describir, con una oralidad, una mitología muy ricas. Eso forma parte de nuestro patrimonio, un patrimonio milenario, y va más allá que la cuestión de la utilidad de una lengua.

La reacción de muchos indígenas podría ser: "¿Para qué necesito mi idioma original, si al salir a las ciudades tengo que comunicarme en castellano?". ¿Se puede luchar contra eso?

 —Por supuesto que lo más difícil de erradicar es la vergüenza étnica. Es comprensible que muchos indígenas es­tén condicionados por 500 años de coloniaje. A ellos se les ha bombardeado con una información según la cual ningún elemento de la cultura indígena sirve. El gentilicio indígena está sujeto a la discriminación, al maltrato físico y moral; ha sido tan intenso el lavado de cerebro que han sufrido, que hoy se avergüenzan de cualquier elemento propio de su ser colectivo. Cuando los indígenas descubran que su historia y su cultura contienen elementos interesantes, que su lengua tiene una gramática, que su tradición oral es riquísima, retomarán el orgullo de su identidad.


EL ÚLTIMO HABLANTE 

Pocas personas en el mundo tienen en su haber el poseer un objeto único, sea éste cultural o natural. Jorge Carlos Mosonyi es uno de esos seres elegidos. La cosa le llegó durante su investigación de campo para elaborar el capítulo correspondiente al idioma yavitero. Luego veremos de qué forma.
Ya se ha dicho que el número de hablantes representados en el manual de los hermanos Mosonyi no llega a 500 mil. De ellos, casi 400 mil son guajiros o wayuu, la etnia más numerosa del país; los demás, rara vez sobrepasan el millar de hablantes. Los baniva, por ejemplo, son una comunidad de mil personas que quizá cuenten con 50 hablantes, a lo sumo. Al final de esa lista se sitúan los hablantes del idioma yavitero (en el cual se escribió el título de este trabajo: Játa mákuta jájia wa-kúleni wéjla). Para recopilar las voces y estructura de esa lengua, Jorge Carlos Mosonyi contaba con una única fuente, una anciana de más de 70 años que, para la fecha de la investigación, era la única hablante de ese idioma. Años después, la mujer falleció, legándole el honor indiscutible de ser el único humano capaz de hablar y entender esa lengua. "El proceso de recopilación de información fue muy lento y difícil", cuenta Mosonyi. "La única forma de encontrar voces y sonidos análogos fue comunicándonos en la lengua baniva, que se le parece en muchos aspectos".

¿Esperan que la recepción de esta obra sea masiva, o al menos entusiasta?

—Bueno, ya el hecho de que el libro vaya a ser publicado, después de tan­tos años, es una señal de que hay inte­rés en algunas instituciones. El libro fue en principio aprobado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, y debió ser editado en 1993; la investigación se realizó mucho antes. Ahora es una ocasión más que propicia para que salga a la luz, y así lo ha entendido la Fundación Bigott, pues se están cumpliendo 500 años de la llegada de Colón a Venezuela.

-¿No temen que se subestime la importancia de la obra?

—En principio, contamos con que es­te material sirva de apoyo al programa de Educación Intercultural Bilingüe que, como sabemos, ha tenido muchos altibajos. Y en segundo lugar, tenemos claro que importancia es lo que más tiene. Preguntarse para qué sirve una lengua que sólo hablan 10 personas en el mundo es como preguntarse para qué sirven las pirámides de Egipto, si ya cumplieron su función. O para qué salvar una especie en extinción de la cual sólo quedan 10 ejemplares, si ahí están las vacas, de las cuales quedan millones. En todo caso, habrá que ver a esas lenguas como joyas: mientras menos ejemplares quedan, más valor tienen para la humanidad.


2 comentarios:

  1. Buenas, me gustaria aprender el idioma Kariña, principalmente porque yo soy Kariña y no hablo el idioma, tambien por el liceo me pidieron hacer un discurso de 5to año ya que es elcierre de la mencion humanidades

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    1. Me pueden escribir por: lachinita.6@hotmail.com

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