martes, 11 de febrero de 2014

Stephen Hawkings y el misterio de sus agujeros negros inexistentes,

Disney y el 'horizonte aparente' de los titulares noticiosos



Cartel del filme de Disney The Black Hole de 1979. Una película de su etapa Weird


Vivimos en un mundo vertiginoso salpicado de noticias impactantes, un mundo donde cualquier certeza científica —si es que existe tal cosa— puede desmoronarse de la noche a la mañana a golpe de titular. El último nos viene de la mano de uno de los grandes sabios y referentes del gran público en el campo de la física teórica, Stephen Hawking, según el cual, "no hay agujeros negros". Así de categórico se muestra el titular.

Un fotograma del filme de Disney The Black Hole  de 1979

Vivimos en un mundo tan vertiginoso, decía, que uno no tiene tiempo de leer este tipo de noticias en la profundidad que un análisis mínimamente crítico de la realidad exigiría. Ojeamos en diagonal el periódico o el historial de Twitter, tanto da, nos sorprendemos de que algo que creíamos cierto ya no lo sea, hacemos clic —pongamos que la mayoría— en el enlace, abrimos bien los ojos al ver el titular, anotamos que es, nada más y nada menos, Stephen Hawking quien lo dice, lo compartimos con nuestras amistades, aún perplejos, y dejamos que nuestra atención fluya hacia otros asuntos con la corriente del río caprichoso y superficial en que se ha convertido nuestra relación con internet (meses después, eso sí, negaremos encarnizadamente que los agujeros negros que hemos "observado" existan, porque "no lo digo yo, lo dice Stephen Hawking". Y santas pascuas).

Un fotograma del filme de Disney The Black Hole de  1979

En cierto modo es como si, movidos por el ritmo frenético de nuestras cibervidas, exigiéramos devorar suculentos descubrimientos científicos un día sí y otro también. Es, al menos, lo que nos da cierto tipo de periodismo, ávido de titulares y motivado exclusivamente por las ventas y no por la responsabilidad de transmitir correctamente el mensaje del científico a la sociedad. Así, no es de extrañar que un día descubramos neutrinos superlumínicos —que luego resultan no serlo, pero eso no genera tanto eco informativo— y concluyamos, claro, que Einstein estaba equivocado; al siguiente quedemos ojipláticos ante un experimento que abre la puerta a la alteración del pasado, pero no; y al otro aparezcan unas bacterias capaces de incorporar arsénico en su ADN —o no, en realidad— y las bases de la biología se nos pongan patas arriba.

No es Miguel Santander, es el inolvidable  Maximilian Schell interpretando al Doctor Hans Reinhardt

Y miren, la Ciencia no funciona así. No es tan rápida como para poder proclamar la revolución del siglo cada trimestre; y no es tan infalible como para que un solo estudio que promueva un nuevo paradigma —muchas veces sin pasar el filtro de la revisión por pares tan absolutamente vital en Ciencia— baste para echar por tierra, de la noche a la mañana y sin pruebas y corroboraciones posteriores, los modelos por los que nos guiábamos hasta ahora. 
 
Otro fotograma  del filme de Disney  The Black Hole de 1979

 Pero vuelvo al tema, que desvarío: semejante titular me parece irresponsable por parte del periodista. Podría argumentarse que Hawking dice explícitamente en su artículo que no hay agujeros negros, y de hecho así es, pero —y esto es fundamental— a esto le sigue una acotación que reza así: "en el sentido de regímenes de los cuáles la luz no puede escapar hasta el infinito". La responsabilidad del periodista es traducir adecuadamente esto también al lenguaje "profano científico", cosa que podría haber hecho con un titular parecido a éste: "Hawking sostiene que los agujeros negros no serían tan negros como se piensa", sin dar pie a que pensemos que los objetos compactos y oscuros que la astrofísica observacional ha bautizado como "agujeros negros" existen tanto como existe el éter, es decir, sean mentira de repente. Y no es así. Porque si de lo que se trata es de encontrar otro nombre mejor para ellos, entonces el debate es otro y el titular sigue siendo erróneo. 

Un arte original inspirado en la pelicual de Disney The Black Hole. 1979

 Y es que, para colmo, dicha idea no es nueva: los físicos teóricos llevan ya un tiempo trabajando con esa hipótesis; la aportación novedosa del artículo de Hawking es otra distinta, que los agujeros negros —o no tan negros— estarían regidos por una dinámica tan caótica como la del tiempo meteorológico que tan difícil es de predecir. Algo que la comunidad científica, siguiendo su habitual modo de proceder, debatirá ahora, y que si ustedes quieren comprender —y me aceptan la recomendación—, mejor harán en leer una buena explicación como ésta en lugar del artículo que sigue y cuyo titular me ha hecho desbarrar esta entradilla (en fin, no se me preocupen, gajes del oficio).



Investigador en el Observatorio Astronómico Nacional de Madrid.

Escritor de Ciencia Ficción ganador del Premio UPC en 2012 y con dos libros editados:


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Una representacion artística de un agujero negro

Stephen Hawking: «No existen los agujeros negros»


  27/01/2014

El físico apunta a que el «horizonte de sucesos» que según la teoría clásica mantiene prisionera a la materia en realidad es un «horizonte aparente» que acaba liberándola de forma caótica

 

Los misteriosos agujeros negros, esas «cárceles» del espacio que en lugar de barrotes se bastan con el fuerte campo gravitatorio que generan para atrapar en su interior cualquier partícula sin que pueda escapar de ella, no existen. Al menos, no según la concepción que teníamos de ellos hasta ahora.
 

Stephen Hawkings niño
Lo dice el prestigioso Stephen Hawkings, uno de los científicos que más ha contribuido a explicar el fenómeno de la aparición de estas regiones infinitas del espacio, sobre las que él mismo conjeturó que podían emitir radiación.


En un estudio publicado Hawking, pendiente aún de revisión por los expertos para su publicación oficial, bajo el título «Conservación de la información y predicción meteorológica para los agujeros negros» ataca una de las creencias más extendidas sobre este fenómeno. Hawking sostiene que el llamado 'horizonte de sucesos' —la frontera invisible que retiene en su interior cualquier tipo de materia, incluso la luz— no existe como tal. El científico sustituye esta barrera por lo que llama un 'horizonte aparente', que mantendría prisionera la materia sólo temporalmente.

Visión de un artista de un agujero negro con disco de acreción. Fuente Wikipedia

«No se puede salir de un agujero negro en la teoría clásica, pero la teoría cuántica permite que la energía y la información puedan escapar de él», ha explicado el propio Hawking a la revista Nature.


El físico admite que una explicación completa del proceso requeriría una teoría que combine con éxito la gravedad con las otras fuerzas fundamentales de la naturaleza. Pero esa es una meta que a la que los físicos llevan intentando llegar, sin éxito, casi un siglo. «El tratamiento correcto —explica Hawking — sigue siendo un misterio».
Imagen simulada de como se vería un agujero negro con una masa de diez soles, a una distancia de 600 kilómetros, con la vía láctea al fondo (ángulo horizontal de la abertura de la cámara fotográfica: 90°). Fuente Wikipedia

El 'horizonte aparente' de Hawking aprisionaría la materia y energía solo temporalmente, y luego la emitiría de nuevo pero en una forma caótica, según explica Zeeya Merali en la revista Nature. La idea de Hawking es que los efectos cuánticos alrededor del agujero negro provocan fluctuaciones demasiado violentas para que pueda existir esa frontera definida.


El estudio de Hawking se basa en una charla que dio a través de Skype, en una reunión en el Instituto Kavli de Física Teórica en Santa Barbara, California, en agosto de 2013. 

Simulación del efecto lente gravitacional provocado por un agujero negro, que distorsiona la imagen de la galaxia al fondo. Fuente Wikipedia

Tomado de ABC

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