martes, 29 de mayo de 2007

"FARENHEIT 451":

CUANDO LA LITERATURA ES UN CRIMEN DEL QUE SÓLO NOS SALVA LA MEMORIA"

Por Andrés Cerceau


Ray Bradbury en los 50s


Cuando la lectura es un crimen del que sólo nos salva la memoria.








Ray Bradbury nace el 22 de agosto de 1920 en Illinois, en el Medio Oste de los Estados Unidos. Conocido como uno de los maestros de la ciencia ficción científica, el propio Bradbury afirmó repetidas veces no pertenecer a dicho género, a excepción, claro está, de la novela Fahrenheit 451, de la que hablamos hoy, y que prefería más bien ser conocido como un autor de literatura fantástica con propósitos morales, como le decía él.

 En su juventud no pudo ingresar a la universidad por motivos de dinero, y comenzó a escribir seriamente, más por necesidad que por otra cosa, a principio de la década de los 40, aunque desde niño siempre le interesó la lectura y la escritura.

Portada de la revista Playboy donde se publicó la primera parte de la novela

En la mayoría de su obra se saborea un delicado estilo poético al servicio de historias que reflejan, por lo general, atmósferas desoladas y angustiantes.


Entre sus trabajos más conocidos se destacan, El Hombre Ilustrado de 1951, una colección de cuentos estructurada alrededor de un enigmático hombre tatuado cuyos motivos corporales sirven de inspiración a diferentes relatos.

Portada de la revista Playboy donde se publicó la segunda parte de la novela 

Está también Crónicas Marcianas, de un año antes que el ya mencionado título e, igualmente, un colección de relatos breves acerca de una futura invasión y conquista del plantea Marte, en la que se critica abiertamente el desenfreno de la humanidad por conquistar lo que no es suyo.

Nos referiremos a Fahrenheit 451, su más celebre obra, publicada en 1953 y llevada al cine por François Truffaut en 1966.

Portada de la revista Playboy donde se publicó la tercera parte de la novela 


Montag, el protagonista de la novela, es un hombre simple, contento con su trabajo y su modesto matrimonio. No es la clase de personas que se pregunta mucho sobre su condición, o sobre la condición del mundo; él es, como toda la gente que conoce, un buen ciudadano, conforme con su realidad y servil con sus amos.
Ray Bradbury en 1966

Para Guy Montag constituye un verdadero placer ver las cosas consumidas, ennegrecidas y cambiadas por el fuego. Este mediocre bombero vive en un país muy extraño, un país en donde los bomberos no se dedican apagar incendios, sino a crearlos, para destruir libros.


Sin embargo, su manera de pensar no permanece inmutable durante toda la historia. Progresivamente su personalidad cambia al darse cuenta de que existe otro tipo de personas, que no siempre aceptan lo que se les dice porque sí, y que formulan sus propias preguntas.

Portada de la edición más popular en Venezuela de la novela de Bradbury.  Ediciones Orbis, 1985
Son los llamados “antisociales”, a los que el gobierno combate, alegando que lo único que logran con su pensamiento critico es hacer a los hombres diferentes entre si, lo mismo que los libros, que siempre intentan hacernos creer que tienen la razón.

Montag conoce a una chica de 17 años, Clarisse McClellan, en una de sus mañanas rumbo al trabajo. Clarisse es soñadora y su familia es constantemente investigada por la policía, por considerarla sospechosa de ser “diferente”. Ella cuestiona el pensamiento oficial de Montag y a este, al no poder responder con ninguna de sus frases pre-hechas, se le despierta la curiosidad acerca del verdadero sentido de su trabajo y de los libros.


Fotograma de la película de 1966 Farenheit 451


A lo largo de la trama, la personalidad de Montag cambia hasta convertirse en la de un hombre amante y protector de los textos prohibidos, fugitivo de la policía y deseoso de libertad individual.

Su fuga lo lleva a descubrir, en las páginas finales de la historia, una secta secreta de “hombres-libro”, personas que se dedican a memorizar las obras de la literatura y a transmitirlas oralmente de padres a hijos con la esperanza de que, algún día en el futuro, los mismos puedan volver a ser impresos.

El titulo de la novela hace referencia a “la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”. Escrita durante el reinado de terror del senador McCarthy y su cacería de brujas en contra de los comunistas norteamericanos, la historia es, principalmente, un texto de crítica social, a los ojos de sus contemporáneos.

Cartel original de la película de 1966

Pero este particular librito no se limita a su función de propaganda política (con la indulgencia debida al término) sino que trasciende su papel histórico inmediato y se convierte en un recordatorio de algo mucho más importante, más humano.

Primo Levi

En la década de los cuarenta, en Polonia, Primo Levi padecía el cautiverio en Auschwitz. La inclemencia de sus captores, y los castigos kafkianos a los que eran sometidos los prisioneros, sembraron en el alma de Levi, la necesidad de relatar lo que veía. Del otro lado de la guerra, Alexander Solschenitzin, prisionero de un campo de concentración estalinista, afirmaba que: “el arte es lo único que puede reemplazar a la experiencia humana, ya que el arte permite que un hombre viva la experiencia de otro”.


Resulta curioso que estos dos seres, Primo Levi, por un lado, y Solschenitzin del otro, que debieron enfrentar las fases más terribles (contrastantes en la ideología, similares en la práctica) del totalitarismo europeo, mantuvieran la misma reacción ante la atrocidad vivida. Ambos, a su modo, decidieron escribir .

La memoria, como sustento mismo de la vida humana, es lo que hace posible nuestra relación con el mundo. Es, tal vez, lo único que de verdad nos pertenece. A través de la memoria, la humanidad ha resistido (no siempre de la mejor manera posible) a la opresión, y eso los poderosos lo entienden muy bien.



Ya en el pasado, la memoria colectiva ha sido el blanco de ataque de numerosas campañas de dominación. Me vienen a la memoria dos episodios. Uno es la gran quema de libros que en China significó un antes y un después en la historia del continente. En Palestina, por otra parte, los romanos asesinaron sistemáticamente a los ancianos que recitaban las viejas leyendas, y en ambos casos, lo que salvó a los libros, que solo existían en la memoria, fue la escritura.

Ray Bradbury en 1975
La novela de Bradbury nos plantea un escenario opuesto. No se trata ya de poner por escrito relatos orales para preservarlos, sino de memorizar libros para permitir que sobrevivan a su destrucción física, y es aquí en donde yace la grandeza de la obra.

Es una novela que retrata, no solo un universo distópico y terrible, sino la capacidad innata que tiene el hombre de sobreponerse y luchar por su libertad. Ejemplos históricos hay muchos. Es una obra que nos habla,como señala uno de los afiches publicitarios de la película, del terror del futuro, pero también de su esperanza, y nos recuerda lo importante que es contar, leer, registrar y escribir, para que, como propuso una vez Heródoto, no se pierdan de la memoria los hechos de los hombres.



Corto promocional de la película Farenheit 451 de 1966



Conferencia pronunciada el sábado 12 de mayo de 2007 en la Librería del Sur, Valencia.

Enlaces Relacionados:






DOS RAYS Y SUS CRÓNICAS DINOSAÚRICAS






El Prólogo de Ray Bradbury a Fahrenheit 451 en 1993






por Ray Bradbury










El decálogo de un amante de la vida:

Ray Bradbury




Prologo de Jorge Luis Borges al libro Crónicas marcianas de Ray Bradbury




Una carta de Ray Bradbury a William Stanhope





2 comentarios:

  1. Sin duda alguna uno de los mejores libros que he tenido entre mis dedos.
    Como sería el mundo si estuvieran invertidos los papeles y existieran más "antisociales"y "hombres-libro" donde los opresores fueran minoría??. Sólo queda hacer nuestra tarea de vivir, sentir y expresar lo que somos y no lo que los medios quieren que seamos.
    Gracias Ray Bradbury

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  2. Gracias Syria Félix por compartir tus palabras con nosotros y con el resto de los internautas asiduos de este sitio. Bienvenida al blog.

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