viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Es cierto que Venezuela tiene el salario mínimo más alto de América latina?






Es un verdadero placer presentar el ejercicio de economía aplicada que Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar han realizado con el salario mínimo venezolano en comparación con los salarios mínimo de los países vecinos. Más aún cuando este se incrementará un 15% este próximo 1 de Diciembre. Pero el salario mínimo per se, no es un dato interesante, lo realmente interesante es cuanto se puede comprar con él; su poder de compra, lo que los economistas medimos con el salario mínimo real. 

Tomado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)


Lo que nos reporta más información es su evolución en el tiempo. La siguiente tabla nos permite hacernos una clara idea de como han ido evolucionando los salarios mínimos reales a lo largo de estos diez últimos años. 

Tomado de Panorama Laboral 2013 – América Latina y el Caribe (OIT)
Sin embargo la comparabilidad entre los salarios mínimos reales de los países se reduce a comparar sus distintas tasas de variación anual, es decir si ha crecido o disminuido más o menos que el de otro país. Aquí, el uso de números índice sólo facilita el cálculo de las variaciones anuales.

Para realizar una verdadera comparación entre países es necesaria su conversión a una única moneda, siendo el dólar el mejor candidato.

Convertir los salarios mínimos de los distintos países a dólares permite comparar los importes, pero no su poder de compra. Para eso tendríamos que fijar una cesta de consumo, como por ejemplo la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) que mide el INE venezolano. Obviaremos los problemas que aparecen al establecer una única cesta de consumo para distintos países: productos que en algunos países no existen o no se comercializan por distintos motivos. 

Una verdadera comparación del poder de compra del salario mínimo, nos obligaría a calcular, para cada uno de los países, cuántas de estas cestas de consumo se pueden comprar con el salario mínimo. Obviamente para ello deberíamos usar los precios de estos productos en cada uno de los países analizados.  Así si habríamos tenido en cuenta los distintos costos de la vida en los distintos países.


En el artículo de Oliveros y Villamizar no se realiza ese último análisis, sin duda por falta de información tan desagregada. Por lo que nos tendremos que contentar con una lista de salarios mínimos expresados en dólares.

La cuestión del tipo de cambio que permita pasar de las monedas nacionales al dólar se evidencia fundamental. Más aún cuando este tipo de cambio es fijo, como por ejemplo el tipo de cambio del Bolívar (VEB) está fijado por el gobierno venezolano, y la compra o venta de las divisas se deben realizar en una agencia gubernamental. Si a todo esto le añadimos que existe más de un tipo de cambio oficial, la problemática se convierte en exponencial. Afortunadamente Oliveros y Villamizar nos explican con facilidad estas cuestiones en su artículo. Cabe comentar que en el resto de países comparados la situación respecto al tipo de cambio es bien dispar: desde Argentina, donde también el tipo de cambio está fijado por el gobierno, existiendo hasta 15 tipos distintos. Cuestión que exigiría un tratamiento similar al Peso (ARS) argentino realizado por los autores al Bolívar. Perú tiene un sistema de flotación sucia, es decir el Banco Central de Reserva del Perú fija una bandas de cotización del Nuevo Sol y en caso que el tipo de cambio fijado libremente en el mercado las sobrepasara, obligaría al Banco a actuar en el mercado de divisas (vendiendo o comprando dólares) para que el tipo de cambio volviera al interior de la banda de fluctuación fijada. La mayoría de los países tienen un tipo de cambio flotante, es decir fijado más o menos libremente en los mercados de divisas, lo que plantea el problema de que valor del tipo de cambio tomar: el de un día concreto, una media mensual, anual... Y por último el caso de Ecuador que no requiere su conversión, pues su moneda es directamente el dólar. 

La conclusión de los autores, expresada en el último párrafo del presente artículo es demoledora: el gobierno influye directamente en el bienestar de sus ciudadanos mediante la fijación de distintos tipos de cambios a las distintas importaciones. 


La primera condición necesaria para el cumplimiento de esta afirmación es que la economía venezolana sea absolutamente dependiente del exterior, es decir se importa todo (o casi). Merece la pena hacer hincapié en cómo ha llegado la economía venezolana a esta absoluta dependencia exterior. La explicación más sencilla (y muy simplificada) es que la economía venezolana padeció el mal holandés hace tiempo y ahora se encuentra con sus secuelas. Las exportaciones de petróleo venezolanas produjeron una fuerte entrada de divisas, fruto de lo cual revalorizó el tipo de cambio (se hizo más barato el dólar), abaratando los productos importados frente a los productos venezolanos. La consecuencia a medio plazo fue la desaparición de las empresas productoras venezolana. Pasado el tiempo, las importaciones han llegado a ser tan importantes que es probable que hayan superado el efecto positivo de las exportaciones de petróleo, sobre todo si el precio del crudo ha caído o lo ha hecho la producción de este oro negro. Pudiéndose producir la rocambolesca situación que ahora las brutales importaciones obliguen a una devaluación del tipo de cambio (encarecimiento del dólar) que hipotéticamente favorecería las ventas de los productos venezolanos frente a los importados, pero ya no queda industria autóctona que los pueda producir. 


El efecto del tipo de cambio en el bolsillo de los venezolanos es evidente si estos consumen un producto importado, a mejor tipo de cambio aplicado en su importación más barato es adquirirlo. ¿Cómo afecta a los productos producidos en Venezuela? La economía es tan dependiente del exterior que incluso la producción de bienes locales requiere de la importación de algún factor productivo clave o fundamental: materias primas, maquinaria, trabajo cualificado… De tal suerte que un tipo de cambio desfavorable encarezca el coste de producción, incremento que se traslada al precio final que paga el consumidor. Por esta razón, si el gobierno aplica un tipo de cambio más favorable a la importación de estos inputs productivos estratégico, puede reducir el coste de producción. Bajo estas premisas ahora si es comprensible la importante capacidad del gobierno de abaratar aquellos productos que desee  (y con ello incrementar el bienestar de los venezolanos que los consuman). Simplemente tiene que aplicar un tipo de cambio más favorable a las importaciones de los productos (o insumos) pertinentes. 

La segunda condición necesaria: todo lo anterior será cierto SI Y SÓLO SI la reducción de los costes de producción (vía mejora del tipo de cambio) se traslada completamente al precio final de venta: el que paga el consumidor. Es decir que los empresarios no intenten mantener los precios (en lugar de reducirlos) para incrementar su beneficio, los trabajadores no intenten incrementar sus salarios aprovechando el “hueco” dejado por la reducción de costes o que el gobierno no intente incrementar los impuestos indirectos que graban estos productos aprovechando el menor coste de producción.


by PacoMan


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¿Tiene Venezuela el salario mínimo más alto de América Latina?; por Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar



En reiteradas oportunidades voceros del Gobierno han defendido como un logro social importante el incremento del poder de compra del trabajador venezolano. Tras el aumento del salario mínimo decretado en mayo, el presidente de la República, Nicolás Maduro, aseguró que el salario mínimo de los trabajadores venezolanos se posicionó como el mayor de América Latina (algo negativo si se ve desde la óptica de la competitividad de la industria nacional).


Calculado a la tasa oficial de VEB 6,3/US$ (una de las tres tasas oficiales existentes en la actualidad), el salario de VEB 4.251 equivale a US$674 al mes, lo que hace que las aseveraciones del Presidente se cumplan. Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué se calcula el salario a ese tipo de cambio y no a otro?

¿Un costo de vida a VEB 6,30/US$? Por lo general, el Gobierno calcula el costo de vida de los trabajadores (y por lo tanto su poder de compra) a la tasa de cambio de importación (o de producción) de los bienes usados en el cálculo de la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) que mide el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).


La CAN es un indicador estadístico que mide el costo mensual de un conjunto de alimentos que “cubren la totalidad de los requerimientos nutricionales” de una familia de cinco miembros, y que sirve de referencia para la fijación del salario mínimo, las mediciones de pobreza y la formulación de políticas de subsidios.

Hay que señalar que la CAN toma en cuenta el menor costo posible al que se pueden adquirir los alimentos en cuestión, que representan apenas 19,1% de los bienes medidos en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).



Sacando cuentas. El problema surge cuando toca asignar uno de los cuatro tipos de cambio que actualmente coexisten en nuestra economía al 80,9% restante de la canasta INPC que no toma en cuenta el Gobierno al momento de fijar la política salarial. La multiplicidad de rubros (13 en total) y de tipos de cambio hace que el cálculo del salario en dólares de los trabajadores venezolanos sea todo un reto.


De esta forma, nos hemos dado a la tarea de calcular un tipo de cambio ponderado que refleje el costo en dólares de los bienes consumidos por el venezolano promedio. El primer paso consiste en tomar en cuenta la manera en que se financian las empresas que producen bienes y servicios en cada uno de los 13 rubros (alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, vestido y calzado, alquiler de viviendas, servicios de la vivienda, equipamiento del hogar, salud, transporte, comunicaciones, servicios de educación, restaurantes y hoteles, y bienes y servicios diversos), es decir, cuantos dólares adquieren a través de Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad I), Sistema Cambiario Alternativo de Divisas (Sicad II) y paralelo, de manera de determinar el tipo de cambio ponderado por rubro.


El segundo paso es considerar los tipos de cambio estimados y el peso de cada rubro sobre la canasta INPC, de manera de poder calcular el tipo de cambio que enfrenta el consumidor venezolano.


Estimamos que para 2014 el consumidor venezolano enfrente un tipo de cambio cercano a VEB 26,7/US$, como resultado principalmente de un tipo de cambio de VEB 14,7/US$ para los alimentos y las bebidas no alcohólicas, un tipo de cambio de VEB 33,7/US$ para el vestido y calzado y de VEB 10,2/US$ para los servicios de transporte.



Como siempre, los cálculos dejan factores sin considerar que se deben mencionar: no se incluyen los efectos de la escasez, muy elevada en algunos rubros alimenticios, factor que pudiera en algunos casos modificar levemente las ponderaciones de la canasta; no se toma en cuenta el sobreprecio al que deben enfrentarse los consumidores cuando adquieren productos en comercios informales; y por último no se toman en cuenta los costos de transacción (tiempo perdido en averiguar dónde se encuentran los productos y en la espera por obtenerlos), que pueden ser medidos en tiempo de horas de trabajo perdidas. A pesar de ello, la estimación de tipos de cambio ponderado permite identificar rubros que por su peso en la canasta de consumo o por el elevado tipo de cambio al que se transan pudieran estar causando una pérdida del poder de compra del salario en dólares.


Dime un tipo de cambio y te diré cuanto ganas. 

 Como se mencionó con anterioridad, a un tipo de cambio de VEB 6,3/US$ el salario mínimo del trabador venezolano se acerca a los US$674 mensuales, monto que comienza a disminuir a medida que se utiliza un tipo de cambio mayor. Es así como US$674 al mes se convierten en US$354, al usar un tipo de cambio Sicad I (actualmente de VEB 12,0/US$), lo que se traduce en una pérdida de 46,2% de poder de compra; se convierten en US$85 al usar un tipo de cambio de Sicad II (VEB 50,0/US$), una pérdida de 87,4%; o en tan sólo US$43 al usar el tipo de cambio paralelo al momento de escribir estas líneas, una pérdida de poder de compra de 93,7%.


Ahora, al usar un tipo de cambio ponderado de VEB 26,7/US$, el salario del trabajador se cifra en US$157 al mes, un monto que está 76,7% por debajo del estimado por voceros gubernamentales.



De primeros a últimos.  

Así como el sueldo se desinfla a medida que se toman en cuenta tipos de cambio más altos o tipos de cambio que consideran toda la canasta de consumo, los “logros” sociales se disuelven y las posiciones en las clasificaciones internacionales se pierden.


Si se toma en cuenta el tipo de cambio de VEB 6,3/US$, Venezuela se ubica como el país con el mayor sueldo mínimo de América latina con US$647 al mes, superando por US$197 (43,7%) a Argentina, y por US$439 (211,1%) a Bolivia, país que ocupa el último lugar.


Si se toma en cuenta el tipo de cambio que enfrenta el consumidor venezolano, de VEB 26,7/US$ para este año, Venezuela se ubica con un sueldo mínimo de US$157, colocándose de último entre estos países.




Un ancla selectiva puede más que un aumento de sueldos. 

 El aumento del salario mínimo ha sido una de las medidas utilizadas por el Gobierno para mitigar el incremento del costo de vida de los trabajadores, producto en parte del incumplimiento en las metas de inflación, lo cual no constituye una opción viable en vista de la indexación de los costos laborales (mayores salarios se traducen en mayores costos laborales y por lo tanto en mayores precios de los bienes).


Consideramos que siendo el Gobierno quien controla el flujo de divisas hacia el sector privado y, por lo tanto, hacia los distintos sectores industriales cuenta con el poder para abaratar el costo de vida de los trabajadores venezolanos si redirige recursos o implementa programas que ayuden a incrementar la productividad hacia los rubros que enfrentan un mayor tipo de cambio ponderado como equipamiento del hogar y vestido y calzado o hacía aquellos que tienen un mayor peso sobre la canasta de consumo como alimentos y bebidas no alcohólicas, transporte o alquiler de viviendas. Esto contribuiría enormemente a apreciar el tipo de cambio que enfrentan los trabajadores y a aumentar así su poder de compra externo.


Tomado de Prodavinci


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En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.


Y colabora con el blog de Grupo Li Po



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