martes, 22 de febrero de 2011

UN INMIGRANTE DE LA LUNA.

Una entrevista al pintor, nativo de La Luna, Cristóbal Ruíz.


Cristóbal Ruíz. Fotografía de José Antonio Rosales

Hoy le obsequiamos este texto de Vielsi Arias que nos muestra aún mas sobre Cristóbal Ruíz, (La Luna, 6/02/1950- Naguanagua, 5/02/ 2005) nuestro pintor selenita. El texto fue tomado de la revista La Tuna de oro, número 42, correspondiente al lapso julio-diciembre de 2005.

*******



Cristóbal Ruiz, bohemio en lo contemporáneo. Partió de La Luna bajo el sedante de su propio sueño, manteniéndolo despierto, hasta volver la mirada, llorar ante el altar de los recuerdos y nuevamente seguir caminando, sonreír ante la ironía de la existencia misma intuyendo lo que quería decirle el viento para luego salir desnudo detrás del pincel y pedirle a la tinta, casi suplicando que le confiese. Entonces y estando de rodillas nace el engendro, que es a veces más grande y más valioso que el artista mismo. 

En su andar solitario, cuántas pisadas, cuántas manos habrán despreciado su presencia,. Sin prejuicios sigue caminando por instinto, los sentidos le son suficientes para estar de pie. Aunque se duerma en la calle, se flagele entre los escombros de la acera, se minimice en cada trazo dibujado en la ciudad. Continua aún más sólido que las vitrinas de los salones, quienes viven peregrinando profecías de las que no están seguros. Su vida un paradigma contrario, burlado en todos los espacios. Tantas veces ha dejado sus heces, su cuerpo desnudo y sus sinceras palabras como síntesis de la obra misma, en rincones de esta ciudad, que se siente pequeña y acorralada, cada vez que Cristóbal hace referencia. Como perfecta unión de los opuestos, esta ciudad (Valencia) y Cristóbal han convivido juntos, sin estar cada uno al margen del otro. El rechazo, tal vez el repudio de la elitesca valencianidad, han alimentado al artista, el sarcasmo, lo inadecuado que siempre se le critica a la obra hecha carne y que tanto gusta a la obra hecha metáfora y símbolo. Una dualidad que a la vez se conjuga y se divorcia. 

La Tuna de Oro. Número 42.

En su andar solitario, bajo los escombros de la noche. Cristóbal vive una batalla, angustiado, nervioso, inseguro, ante el vacío que deja la hipocresía del oportunista, los llamados amigos, espera paciente, a que el hombro de la tarde llegue a recogerle. Señala Dickinson (1986): "Sabré el por qué cuando termine el tiempo, no me pregunte ya a mí misma; nos explicará Cristo toda angustia en el aula del cielo, clara y linda".

Cristóbal Ruiz

Tal vez pasará el peligro y su muerte muy de cerca, pero sólo rozará, su brazo jamás estará tranquilo hasta haberlo encontrado todo. Por su parte el mecenas intentará despertar, vestir su razón. Sin embargo la intención resultará inútil, porque al fin y al cabo para Cristóbal estar poseído es lo más importante. Su cuerpo es apenas un instrumento para crear, un vehículo que se toma, se usa y es dado al olvido. Su ser es dadivoso, es en serio un compro­miso consigo. Plantea Rilke (1903): "Para los creadores no hay pobreza, ni lugares pobres, comunes incluso si estuviera en una cárcel cuyas paredes no dejaran llegar los ruidos del mundo hasta sus sentidos. ¿No tendría usted aún su niñez, esa deliciosa, magnífica posesión que son los recuerdos? Vuelva hacia allá su intención, intente recuperar las sensaciones hundidas de ese amplio pasado: su personalidad se consolidará, su soledad se ampliará y se convertirá en una habitación a media luz frente a la cual pasa, a lo lejos el ruido de los demás".

Es la misma constancia, que aun seca, permanece colgando, la del revolucionario que da su vida por el proceso de transformación, el que deja a un lado familia, academia, por la lucha incansable. Ese que muere de pie con la frente en alto, sin sentirse pequeño. Se erige aun en sus debilidades, porque definitivamente se siente seguro, aunque no sepa donde terminará, aunque intuya y de pronto dude, aún descalzo sigue caminando.

Caricatura de Carlos Tovar

Tendrá Cristóbal que esperar la muerte, para que la memoria tenga consideraciones consigo, después de todo será grato recordarlo, entre las anécdotas de los amigos, cuando sus trazos hayan desaparecido en manos de los hipócritas, donde más allá de su talento, son atributos lo que le hace mantenerse de pie. Señala Ernesto Sábato: "El coraje para decir la verdad, su tenacidad para seguir adelante, junto a esa fe en lo que tiene que decir y de una combinación de modestia ante los gigantes y arrogancia ante los imbéciles, una necesidad de afecto y una valentía para estar solo rehaciendo la tentación y el peligro de los grupitos de galerías de espejos". El porvenir en cualquier caso será siempre incierto, trágico, si se fracasa, solitario si se triunfa en medio de los malentendidos y manoseos. Cristóbal siempre está preparado para dar su testimonio, aunque no esté seguro su porvenir. Sábato plantea: "Pero para colmo nadie te podrá garantizar lo porvenir convir­tiéndolo en esa asquerosidad que se llama hombre público y con derecho (¿derecho?) un chico como vos mismo eras. Al comienzo te podrás escapar y también deberás aguantar esa injusticia, agacha el lomo y sigue produciendo obras como quien levanta una estatua en un chiquero". 

Cristóbal el transeúnte que se cuela, en las líneas de esta ciudad, no ha dejado nada por dentro, se ha vacunado de sí mismo, en medio de sus fantasmas, su embrujada vida, sostenida en fatiga y tensión, admitiendo que no vale nada si no lo acoge un signo, una palabra, una presencia, hasta morir de frió, solo.  

Autorretrato

Entrevista (Febrero 2004)

Vielsi Arias. -¿Qué piensa tu familia de Cristóbal el pintor? 

Cristóbal Ruiz. - Creo que no piensa nada, mi hermana cuando yo le digo, me voy porque tengo que trabajar, me dice - ¿conseguiste trabajo?- ella no cree que esto sea un trabajo, que me puede generar beneficios económicos.




¿Qué fue lo que te impactó cuando estabas niño, qué te hace pintar? 

—Yo allá en el pueblo de La Luna no pintaba, lo que hacía era la carte­lera, no tenía ni idea de lo que era pintar. Eso me surgió muy posterior­mente. Mi mamá hacía bordados, incluso mi hermana la que vive en el pueblo, borda, yo hacía muy precariamente las fundas.

¿En qué momento de tu vida decides comenzar a pintar? 

—En Caracas, por encontrarme con amigos, veía a personas pintando en las calles y empecé a hacer dibujos, a ir a la escuela de artes plásticas Cristóbal Rojas, mientras trabajaba en tiendas.

LA Monalisa pide fiao. Cristóbal Ruíz

¿A qué edad te vienes a Valencia? 

—Yo me vengo a casa de mi hermana, quería estudiar bachillerato pero se me fue muy difícil estudiar aquí y me fui a Caracas, empecé bachillerato allá y trabajaba en una tienda que se llamaba El Africano, mudando ropa de un sitio a otro.

¿Es cierto que estudiaste en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena? 

—Sí, yo estudié, pero no en la Arturo Michelena, es un caso atípico, porque yo expuse sin estudiar, fue como en 1977, estudiaba en la Cristóbal Rojas, allí seguí como por dos años y no fui más, eran clases de pintura libre.

Tomasa llora. Cristóbal Ruíz

¿Cómo conoces a Yolanda  Moreno ? 

—Por amigos, yo siempre tuve esa inquietud por ser artista, incluso en una oportunidad fui a una radio a cantar en Morón. En Cararañas estudie canto con una Argentina, pagábamos 35 Bs. la hora.

¿Qué sentiste cuando logras expo­ner por primera vez? 

—En 1975 tenía 25 años, no sentí nada por mi inseguridad, después de eso es que empiezo a fumar, me sentía muy libre, ahora es que me siento como cohibido, con timidez. Imagínate que yo saludaba a todo el mundo como si estaba en el pueblo y lo mis­mo me sucedía en Caracas yo creía que no había salido del pueblo.

Pueblo. Cristóbal Ruíz-

¿No extrañas tu pueblo? 

—Sí, porque yo soy una cosa desarraigada, no soy campesino, ni citadino. hay un desarraigo, yo creo que eso le pasa a mucha gente, el desarraigo social no son de allá ni de acá. creo que esas son las mudanzas que yo tengo; por ejemplo el no haber aprovechado los estudios es parte de eso. 

¿Qué impacto tiene la ciudad en tu obra?
 
—Yo creo que el desarraigo es algo que mete miedo, en mis cuadros siempre como que escondo algo, la ciudad produce miedo tanto como produce el mismo campo, el pueblo en la noche, los espantos, le meten a uno que salen muertos.

Siete mas siete. Cristóbal Ruíz

¿Que leyendas puede tener la noche en la ciudad? 

—La noche en la ciudad tiene el miedo de los vivos, y el campo tiene el miedo de los muertos y de los fantasmas. Por ejemplo en esa región aparece el Diablo Lópe de Aguirre a media noche envuelto en llamas, como cuenta la leyenda. 

¿Todos esos relatos, ese ambiente que te bordea, cómo se refleja en tu obra? 

—Yo nunca acepté que la muerte de mi madre me distrajera, eso me sensibilizó mucho en lo que hago, el haber quedado huérfano tan joven, tan niño, parte de ello ha contribuido al hecho creativo.
El Libertador. Cristóbal Ruíz

¿Existe en ti un tema específico dentro de tu obra que retomes constantemente? 

—A mí me gusta por ejemplo los iconos, todas esas cosas que he querido, María Lionza, Bolívar.

¿ Te consideras un pintor de la calle? 

—Sí, todos somos de la calle. Como dicen las mujeres callejeras, yo vivo caminando.

¿Te consideras un pintor  antisalón? 

—Sí. Siempre me he... cuando yo estudie en Caracas no quería saber nada de los salones. Nunca me preocupé por mandar a los salones. ahora es que me preocupo, no sé si por el instinto de conservación que me da por meterme, a estas alturas, no creo en la historia ni nada de eso.

Los caballos de la Luna. Cristóbal Ruíz

¿Qué piensas de la soledad? 

—La soledad es muy creativa, uno se va cuestionando.

Hay personas que dicen que pintan para vivir y otras que viven  para pintar ¿Dónde te ubicas tú?. 

—Yo pinto para vivir y viví para pintar, las dos cosas, ese es mi trabajo. Hay personas que dicen que eso es comercial Hay pintores como un Carlos Cruz Diez que andan cobrando mucho por un cuadro aunque sea muy feo, pero es más comercial un Soto, un Cruz.

¿Por qué le das valor económico accesible a tus cuadros? 

—Porque pienso que no deben costar tan caros.

Mujer sentada. Cristóbal Ruíz

¿Qué diferencia tiene el valor económico del valor estético? 

—El gusto estético, el placer está parcelado por clases sociales, personas que tienen más sensibilidades y son más sensibles a una imagen.

¿Podemos decir que tú eres un pintor popular? 

—Sí, bueno popular porque me conoce mucha gente. Yo soy incapaz de hacer una abstracción, no llegaría a digerirlo plásticamente, es decir, en la plástica no podría plasmar algo que yo diga esto es abstracto, tiene que tener figuras, la abstracción carece totalmente.

¿Cómo estudias en la academia si vas en contra de ella? 

—Fíjate, en una oportunidad; en una entrevista que me hicieron en Caracas; en la plaza El Venezolano, yo pintaba en esa zona porque ahí vendía, bueno yo decía que no había estudiado.




No hay comentarios:

Publicar un comentario