viernes, 24 de diciembre de 2010

"Era lo más cercano a conseguirse, en una aburrida calle de la ciudad, a un Nijinsky de luna llena"

"Cristóbal Ruíz: Hijo de La Luna "


Cristóbal Ruíz. Fotografía de José Antonio Rosales


Estimados Amigos

Este día le obsequiamos este texto de Richard Montenegro dedicado al pintor Cristóbal Ruíz.  Inicialmente este texto fue publicado en el blog Salmos Compulsivos el 10 de septiembre de 2010. Luego fue publicado en el semanario Tiempo Universitario el 4 de octubre de 2010, en Muestra sin retoques el espacio regentado por Rafael Simón Hurtado.

Aprovechamos esta entrada para desearle a nuestros silenciosos lectores unas felices fiestas y un próspero año nuevo 2011. Quizás este nuevo año nos bendiga con nutridos comentarios por parte de ustedes.

Sin mas que agregar los dejamos con el texto. Esperemos le sea  de provecho.

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Hijo de La Luna
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En los valles altos del estado Carabobo (Venezuela) en Urama hay una población rural llamada La Luna. A pesar de ser pequeña tiene cierto encanto. Hay una peculiar y bella combinación entre cielo, tierra, frondosa vegetación y las, a veces toscas pero con personalidad, construcciones tradicionales. La disposición de las casas pareciera irregular pero esconde un orden secreto que invita al forastero a que lo descifre.

Este poblado, para muchos insignificante, posee una pequeña biblioteca “pública” ubicada en una casa vieja hecha de añejos adobes. Al revisar los estantes podrán darse cuenta de que el tema primordial es la Luna, desde libros especializados en astronomía hasta novelas de anticipación. Desde Julio Verne hasta Francisco Aniceto Lugo, un ingeniero venezolano autor  de “El primer Viaje a la Luna”. Novela que para muchos es la primera de Ciencia ficción venezolana. En un rincón podrán ver las clásicas estampas de El Libertador, Andrés Bello y el presidente de turno pero hay una fotografía que normalmente no se ve en bibliotecas públicas ni universitarias. Un retrato del insigne científico Humberto Fernández Morán (Zulia, Venezuela, 18/02/1924  Estocolmo, Suecia, 17/03/1999). Esa imagen esta allí; supuestamente porque poco tiempo antes de abandonar, decepcionado, Venezuela. El científico casualmente visitó este poblado donde lo trataron tan bien que años más tarde, después del regreso del Apolo XI, le obsequió a este caserío un trozo de piedra lunar en agradecimiento. ¡Que mejor lugar para custodiar un pedazo de nuestro satélite! Ahí guardan ese pequeño tesoro y a muy pocos le dan el privilegio de ver el obsequio. Justo en ese lugar, cruce de extrañas circunstancias, nació un personaje muy querido en Valencia, a pesar de sus salidas extremas, el pintor Cristóbal Ruíz (6/02/1950- Naguanagua, 5/02/ 2005)


Conocí a Cristóbal Ruíz  bajo la sombra de una mata de guayaba y mi conversación inaugural con él se centró en mi aversión al olor de esta fruta y de cómo este podía enmascarar otros olores. Le comenté que el patio de mi casa estaba tapizado de guayabas caídas del árbol más alto que he visto hasta ahora. Cristóbal, atento escucha, hizo referencia, entre otras cosas, a ese libro sobre García Márquez titulado “El olor de la guayaba”. Luego diversificamos el tema hasta que cada quien tomó la ruta de su preferencia después de horas de agradable parloteo. Después se hizo habitual encontrarnos en la calle, plazas, exposiciones y pasillos de tortura educativos. A veces andaba irascible buscando atención; esa que normalmente le negábamos, otras era un oasis dadivoso de historias, afortunado aquel que tuviese sed de cuentos en ese momento.

Todavía puedo verlo bailando sobre el asfalto dando giros, al atardecer, más hermosos y ligeros que cualquier discípulo de Nina Nikanorova. Casi me atrevería a decir que era lo más cercano a conseguirse, en una aburrida calle de la ciudad, a un Nijinsky de luna llena.

A veces, cuando la obscuridad reinaba con la Luna de acompañante, caminábamos desde Naguanagua hasta algún lugar del centro de Valencia, la de Venezuela y en la caminata surgían ninfas, cíclopes y fantasmas lunares al hablar. No faltaban por supuesto amores o desamores, sin distingo de género, cantados con fino encaje. Y siempre hacía hincapié en lo fugaz de la vida y de la belleza.

Era fácil ver como cambiaba con regularidad y después de un tiempo podías percibir sus fases: Cristóbal Lleno, menguante, nuevo y creciente. Y cada quien podía escoger la fase de su preferencia. También había momentos de Cristóbal con halo, ensangrentado y sus periódicos eclipses. Con paciencia quizás habríamos descifrado sus ciclos y a la manera de los Aztecas tendríamos una Piedra Lunar donde se mostraría el ascenso y caída de Cristóbal. Si la hubiese tenido quizás me habría dado cuenta de que aquella vez cuando volvimos a estar bajo la mata de guayaba y me invitó a su casa, en Trincheras, para su cumpleaños, iba a ser la última  vez que charlaríamos. Nunca sabremos que cargas soportaba en ese momento ni que pasó esa noche. Pero esa noche; la Quinta Luna cayó, quizás mañana la Luna renazca de nuevo.

Richard Montenegro


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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.

10 comentarios:

  1. Gracias por permitirme conocer más sobre este maravilloso pintor, hijo de la Luna. Conmovedor y bello tu texto, Richard.

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  2. Lo recuerdo girando en una danza alocada, con los brazos abiertos y mirando hacia el cielo. La Luna siempre renace, aunque nunca es igual en cada regreso.

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  3. estoy interesada en eso de aplicar la hermenéutica en la poesía, pues mi proyecto doctoral trata de poemas didacticos

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  4. ¡Bravo, Richard! ¡Qué gran historia!

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  5. Tuve la oportunidad de conocerle, un dia me dijo:"En mi familia todos están locos, se la pasan jugando números de lotería que escogen según los sueños que hayan tenido la noche anterior, y me llaman loco a mi!!". Gracias por compartir tu historia.

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  6. Gracias Lester Martinez por compartir tu vivencia con nosotros

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  7. tuve la oportunidad de compartir mucho con el de sus comentario sobre los beatles cuando estuvo en londres en los 60 y sobre el decameron de bocaccio, por alli tengo un cuadro que pinto mientras tocabamos guitarra un rato tremendo tipo

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  10. Hermoso texto, quede complacida y gratamente sorprendida con la historia sobre la Luna lugar de nacimiento de Cristóbal,a quien
    de niña lo vi danzar con Taborda un bailarín de la Escuela de Ballet Nina Nikanorova. Años después sorprendida por su frase sobre mis ojos. Felicitaciones Richard. Y gran labor grupo Li Po.

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