domingo, 2 de octubre de 2016

La Poesía es el lenguaje del universo

Entrevista al poeta Sergio Quitral




QUITRAL Y OLIVEROS ENTRE PALABRAS


**Alberto Hernández**


Una entrevista bien vale un café, un estado de ánimo en el que la gracia, esa confirmación benigna de la divinidad, sea parte de las palabras que esgrime, tanto el entrevistado como el que hace las preguntas. Lúcidas, a tiempo, el clima de la conversación ahonda en el poema. En la poesía, en la hondura de su aparición o en el arraigo de sus sonidos y silencios, pero también en la crítica, en la rozadura de quien emerge y agita las aguas para buscar en el fondo la precisión en quienes –de un modo u otro- se zambullen a buscar imágenes.

En este atado de alusiones, en este revelador encuentro, el poeta venezolano nacido en Chile, Sergio Quitral, hace de las respuestas un balance de la vida de la poesía que trabaja y el origen de su tránsito por estas tierras, pero más ese hacer inteligente y bien enhebrado de lo que podría significar entrarle de lleno a la imaginación y verterla sonidos, silencios, atascos, salidas. En fin, una entrevista en la que Quitral se pasea por su intelecto y lo vacía sin ambages en la conciencia de los lectores. Pero más, en las de los que escriben poesía.

Cuatro preguntas que se convierten en respuestas conceptuales, cotidianas, personales y ajenas: la poesía viaja en este trabajo a dúo.



Queda una huella, un “rastro” que edifica la conciencia de quien lee. Hacer posible el tiempo, la estética y la ética de quien ha asumido el reto de ser poeta, de haber sido marcado por el imago de esa perpetración tan delicada.

Un poeta podría ser un santo o un demonio. Ambas condiciones revelan el momento en que alguien es poseído por la poesía. La literatura sublima el encuentro, lo matiza, permite que las aguas no se queden quietas.

He aquí entonces que Quitral hable de la ciencia y de la poesía. Y que resuelva el asunto de una manera en la que quien lo lee sale dispuesto a no atenerse a descuidos. Habla para decirnos que el ser humano es un paisaje que se borra, pero que tiene la capacidad de adquirir la conciencia del poema si la poesía lo atrapa.

Habla en primera persona sobre sus asuntos. Habla en plural también desde lo que atañe al otro. Y así, hasta el final de estas dos voces, entrevistado y entrevistador, anudadas en el progreso de una conversación enriquecedora.

Cierra el palabreo con “consejos” a los jóvenes que se arriesgan a escribir poesía.

Una buena ocasión para seguir envuelto por las palabras, por las buenas palabras que exigen adentrarse en la lectura, en la escritura. En la aventura de vivir en poesía.


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Daniel Oliveros


El poema es el rastro de un estado de conciencia.

Entrevista al poeta Sergio Quitral, por Daniel Oliveros

Tu poesía resalta algunas de las preocupaciones modernas: el tiempo y la trascendencia, el deseo y la belleza, la vejez y la muerte, todo, a través de espacios en donde habitualmente no transita la mirada descuidada, espacios con los que mantenemos relación y en los cuales permanecemos extranjeros a la experiencia de habitarlos. Tu poesía los destaca, dándoles otra relevancia mediante el lenguaje que obedece a una poética al servicio de la exposición de una intrarealidad a través de lo común y corriente. ¿Cómo se origina y cómo desarrollas ese proceso creativo?

La poesía no ha hecho más que ayudarme a recordar y constatar. Para mí la pregunta en torno al origen de la poesía no es únicamente de carácter literario, si fuese así, la poesía sería un acto intrascendente. Tampoco se trata de mí, como una partícula aislada. El germen de la poesía se origina en la escala de la totalidad. Esa totalidad se encuentra conectada con esta particularidad y viceversa, haciendo un todo. Quiero decir con esto, que la poesía es expresión de una verdad trascendente y no un asunto de palabras estéticas. La conciencia de que no estoy separado de las cosas me hace escribir.


Por ejemplo repentinamente me doy cuenta de que todo ya sucedió, este lugar, este instante, el jardín donde me encuentro. Este momento es sólo un recuerdo pero simultáneamente está sucediendo. No soy yo quien lo perpetúa como individuo, es el tiempo mismo quien lo recuerda. Viajar en esta visión me ayuda a escribir y descubrir poéticamente. Así que el poema comienza con un grado de conciencia que las palabras tratan de plasmar y es en este momento donde ocurre lo literario. Con esta idea viene una segunda conciencia, que me dice que no sólo este momento sucedió, sino que el resto de toda la historia humana y del tiempo también están sucediendo justo ahora, la historia del tiempo fue, y a la vez, sigue siendo en el momento en que estoy solo en mi jardín. Esta experiencia ocurre en pocos segundos, y la poesía nivelada con esta conciencia, lo convierte en elevado, yendo incluso donde la experiencia no puede ir.

Así saboreo algo que puede o no, estar en el poema, pero que el poema me ayudará a recordar sucesivamente. El poema es la aproximación a una certeza, una constatación verbal pero que ocurre en otro plano. Podríamos decir que el poema es el rastro de un estado de conciencia. Así, para mí, la poesía al igual que el mito, es el recuerdo de la experiencia. Una fotografía del instante que logra o no comunicar la experiencia real o incluso trascenderla. Es como un símbolo, todo arte lo es. Nuestro error viene de interpretar el símbolo por la cosa a la que simboliza. El arte está continuamente recordando lo trascendente, pero la trivialidad humana confunde el recuerdo de lo trascendente con lo trascendente en sí mismo.



¿Puede darme la ciencia una idea más poderosa del sentido de la totalidad que aquella que estoy experimentando como poeta? En el libro sobre la naturaleza Spinoza dice lo siguiente: los esfuerzos que hace el hombre por conocer la naturaleza son los esfuerzos que hace la naturaleza por conocerse a sí misma. El filósofo, el poeta, nuestros sueños, son también naturaleza, ¿Qué es la naturaleza? Mucho más que el hombre, mucho más que el pensamiento, deberíamos pensar en esto todos los días porque es asombroso.

El arte ha venido muriendo debido a la trivialización y esto daña lo sagrado. Una mente trivial es peligrosa. No solamente duerme para sí misma sino que simultáneamente mata al mundo. Ya no sabemos lo que es la belleza de los tigres o la presencia subyacente con que fueron construidos los templos, miramos, pero se nos ofrece algo ya extinto, pues el mundo va continuamente desapareciendo. Ha muerto también la poesía por exceso de banalidad. Cuando leo sobre los cultos religiosos antiguos percibo cómo se ha apagado la esencia del culto a los osos y al alma de los animales salvajes, que son nuestras primeras manifestaciones de lo misterioso y numínico.


Junto al encuentro con el alma de todas las criaturas salvajes está el alma universal. Habría que preguntarse ¿Por qué?, ¿dónde está ahora el alma de la naturaleza?, ¿encerrada en parques y zoológicos?

Uno olvida, y el olvido es peor que el sueño. Esta ingente banalización del espíritu es expresión de una sociedad depredadora que sólo vive para la automatización. Marcha como esas botas brillantes en los desfiles que simbolizan el culto a lo que hay de máquina en el hombre. Es como el empleado que pone las etiquetas en el supermercado. Nombrar los objetos, etiquetarlos. Así el poeta nombrando al mundo también se ha vuelto banal y ha perdido su sentido.

Un poeta para mí, está a medio camino entre dos mundos, no alcanza a es un ser espiritual, pero tampoco es del todo un ser terrenal, así el poeta con su intuición salvadora puede liberarse del mundo pero sigue atrapado en él. Es un chamán que olvidó algo, cree que el poder se encuentra en las palabras y no es así.


Naciste en Chile, donde transcurrió tu infancia hasta el golpe militar que te movilizó junto a tu familia a Venezuela, país en el que has publicado toda tu obra hasta hoy. El concepto del viaje no escapa a tu poesía; observamos, además del traslado de sentidos y significados a través de la construcción de tu lenguaje poético, un traslado del cuerpo y las emociones. Un viaje real, personal, podríamos decir. ¿El movimiento constante entre ambos países ha afectado el desarrollo de tu poesía?

La separación para mí tiene importancia en varios planos, después de todo la poesía se compone de este único tema. El poeta está enajenado, separado de lo que ama, y también por extensión de la realidad que invoca. De otra manera no habría nada que decir.

La separación hace posible el verbo, el grito, la expresión. Esto se relaciona con la religión y el éxodo bíblico, los cantos épicos del destierro del Cid o las miserias de Troya. ¿Que sería Ulises sin el viaje interminable o Dante que fue capaz de atravesar sin daño el Infierno o el viaje alucinado que se vuelve un viaje hacia la razón en Don Quijote? He allí que un estado de separación es la fuente de todos los mitos. Así que el héroe sin el despliegue de fuerzas que dan inicio a la adversidad y por ende a su crecimiento, quedaría sin ningún desarrollo.

Respecto al viaje, un poeta para mí es la encarnación de la paradoja, porque no pertenece ni a este ni a otro mundo, diría que su naturaleza es estar en medio de un mundo que no es ni terrestre ni celestial. Su viaje es circular sin pertenecer a nada. Un mundo que no le permite ser del todo aéreo como en el caso de los mártires y santos, pero que tampoco pertenece al mundo terrestre de origen. Así la poesía es también una prisión cercana a la locura. Sin embargo sólo al poeta le es dado contemplar la realidad desnuda en un momento dado, al igual que Set el hijo de Adán y regresar al principio galvanizado y transformado.
Set. Icono de Zhdan Dementiev
Por último un poeta no tiene lugar, no tiene nacionalidad, ni es pertenece a ningún estado a menos que él tome una nacionalidad de su preferencia. Es el individuo el que escoge a dónde pertenece y no la sociedad.

En Venezuela, después de la aparición de los grupos literarios y las llamadas vanguardias a mediados de los años 60, la crítica parece haber sufrido una condición de nulidad al momento de definir con precisión la delimitación generacional de sus poetas. Un vacilante apego a lo etario, fechas de publicaciones, incluso la casualidad o las relaciones públicas han determinado de manera poco clara los conjuntos de autores de nuestra tradición. Dentro de ese complejo panorama, ¿dónde ubicas tu trabajo poético?

La crítica es un corpus complejo y variado que ayuda a comprender qué es lo que pasa en un país, hacia dónde dirige sus fuerzas, cuáles son sus pulsiones internas, qué es lo que crea y finalmente qué es ella misma. Dicho corpus muestra un grado de salud, de vitalidad frente a sí misma, de la misma manera que la de los artistas se expresan a través de su arte, pues nos dice que hay intelectuales que se ocupan del tema crítico. Nos recuerda que hay periodistas, sociólogos, escritores y humanistas alrededor de una sociedad que produce riqueza artística. La ausencia de crítica es un mal síntoma que nos habla claramente de una crisis. En muchos países el sistema crítico es resultado de un largo periodo de silencio impuesto por una prohibición: guerras, ostracismo, dictaduras. Así la literatura y la crítica que la acompaña es resultado de una necesidad cultural. Siendo la crítica tan importante como el arte, debiendo ser fundamentalmente histórica, constante, exigente, monográfica, menuda y profunda.

Eugenio Montejo

En Venezuela los años para la génesis literaria se ubica mucho antes de aparecer una generación de escritores, en un proceso de formación que la antecede. Esta génesis es la década del treinta, es decir, al concluir una de las más largas y atroces dictaduras en el país. A esta génesis pertenecen Rafael Cadenas, Ramón Palomares, Eugenio Montejo, Salvador Garmendia, Adriano González León y un sin número de voces que eclosionan y son la generación del 50 y 60. Lo mejor de esa generación nacida en los ’30 y ’40 es que vienen de una sociedad atormentada. Es el efecto del siglo más turbulento de la historia, de un estado militar mundial cuyo grito se apaga finalmente en los ’80.

Así el siglo XX parece concluir en los ’80 y terminar antes de tiempo. Hay un fenómeno en todo el mundo que es el fin de los absolutos, el término de una era y esto se produce en los ’80 con la aparición real de la posmodernidad. Es decir, un nuevo principio que no cree en los mandatos de la gran historia ni en los patriarcados ideológicos como Jung, Freud, Nieszche o Marx, sino que comienza un nuevo período conformado por los conjuntos y no por individualidades, los micro-relatos de la historia y no una única historia. Es el período de la variedad racial y sexual de la que deviene la nueva era. En otras palabras, no está conformada por los valores que concluyen con la guerra fría, sino que corresponde a un tiempo de una nueva génesis. Se ha apagado el grito del siglo XX y comienza a construirse el siglo XXI.


¿Dónde se ubica mi poesía? En la búsqueda y continuidad estética que se aleja de la poesía agresiva, como bomba incendiaria o política, para adentrarse en un escenario más profundo, donde el poeta es un acechador de la realidad con un profundo sentido de lo sagrado. Somos una línea muy fina de la poesía subjetiva que escapa a los rastros de la generación beat, que está presente en casi toda la mala poesía urbana.



Históricamente nacemos al final de un período y al comienzo de otro, caracterizado por un anhelo de perfección formal que viene de los ’70 bajo una imperiosa necesidad de escape de lo tóxico. A este grupo que nos antecede lo llamaremos sencillamente grupo de los cinco, que es en realidad una antítesis del Techo de la ballena y de otros grupos surreales e incendiarios, y se diferencia por su aislamiento, su individualismo y un gusto sublimado. No nos formamos copiándolos a ellos, pero fuimos los continuadores de un principio de belleza básico que este grupo valenciano se planteo como eje. ¿Cómo lo hicieron? a través de una revista llamada Poesía.


Quiere decir que la revista fue un modelo estético de nuestra juventud. Luego seguimos nuestro rumbo, se acabó todo, nos liberamos de los talleres y de la mentalidad de taller. Los talleres son dañinos a la larga y su continuidad es nefasta para un poeta, tanto para el que dicta como el que asiste, pues conforma una monotonía temática de tipo profesoral y sobretodo subraya un modelo de tipo estético y moral que en poesía no debe existir.

No fuimos una eclosión grupal, por el contrario gozamos de una larga preparación. Fuimos el resultado de un imperativo estético pero también de auto realizarnos interiormente, o podríamos también decir, espiritualmente.

Adehely Rivero, Carlos Osorio y Reynaldo pérez So en la entrada de la sala de revistas del Departamento de literatura de la Universidad de Carabobo.
Esta condición moral y sagrada figura fuertemente en poetas como Carlos Osorio Granado y Adhely Rivero. Para este nivel de auto exigencia no hay más que halagos. En esta primera generación está presente el sello que impone el modelo de influencia y se hace reconocible a través de ellos. Mi poesía conscientemente escapa a este modelo. Este modelo es la forma. El contenedor, pero creo personalmente que Osorio y Rivero son poetas extraordinarios y profundamente subvaluados. El tema de lo sagrado, del yo sagrado, es un distintivo de la poesía mística y está presente en la poesía venezolana de muchos autores. Creo que este es el signo de mi generación, aunque no es el único distintivo, está el gusto por la palabra táctil, la interioridad como paisaje, las atmósferas, los objetos, etc.

Adhely Rivero
Los poetas de los 80-90 son en general posmodernos y pragmáticos. Ofrecen el pequeño discurso a granel, se agrupan, se antologan a sí mismos y se promocionan, como sucede aún en Caracas. Los poetas de provincia, nos quedamos tras el bastión de una revista, no como la novia embarcada en la iglesia pero sí fuera del eje. Esto fue producto del carácter egoísta de nuestro propio vecindario literario. Pero, por otra parte, obtuvimos lentamente un reconocimiento discreto de artistas y poetas capaces de entender el paradigma de nuestro trabajo.

Azul Urdaneta

Lo que caracteriza a mi generación es el camino hacia la interiorización como vía espiritual, y eso es único. Cintia de Santis, Azul Urdaneta, Luis Alberto Angulo en una vertiente más cínica y beat, Enrique (el gallo) Mujica con temas ya planteados por la generación del 60, como era el desarraigo, la vida rural en la mente del hombre urbano (para nombrar sólo algunos de nuestros poetas que aún siendo de otras regiones pasan a ser valencianos), conforman nuevas líneas de poesía, la sagrada, la rural, la femenina y corporal, también como autodescubrimiento. Todo esto tiene que ver con el desarraigo que genera la ciudad. La apertura de los marginados es propia de los ’80 y no sólo ocurre en Venezuela, es un fenómeno global donde las universidades juegan un papel preponderante. Corporeidad poética y sensualidad, y una interiorización como lugar y paisaje fueron líneas matrices de este nuevo tiempo.

Luis Alberto Angulo. Fotografía de Yuri Valecillo

Para ese momento Venezuela era una sociedad con más de treinta años de democracia. Es una generación entera. Yo nací después de los ’60 y entronco con el lado más estético de una sociedad culta de clase media que todavía existe. Así mi poesía está regida por las vicisitudes psicológicas del miedo y la persecución y, por otro lado, con la estética detenida, visual, permenidiana del puro deleite sensible a una cultura hecha para los ojos. Mi visión estética se origina íntegramente como inmigrante, al contacto con el pasto que se traga todo, con las monstruosas cortinas de lluvia tropical y la selva que acecha los pueblos. Formo parte de una estética que se rige por una mayor preocupación formal y una constante introspección que ha venido evolucionando hacia una menor rigidez, absorta en lo inmediato y trascendente.
Enrique (el gallo) Mujica. Fotografía de Yuri Valecillo

Hoy día, frente al caos social generado por varios sistemas económicos y políticos, podría considerarse absurdo e ingenuo dedicarse a la escritura de poesía sin esperar algo a cambio: reconocimiento oficial, publicidad, lucro; esto se hace más evidente cuando observamos que los productos editoriales de la industria cultural intentan disimular su condición y meta natural de mercancía, una mercancía “reguladora del gusto”. ¿Cómo crees que esta convulsión sociocultural afecta el trabajo del poeta actualmente?

Cada escritor se verá acariciado por estos dilemas y angustias del trabajo, incluso donde su campo de compromiso es la poesía y lo que hace es realmente lo que ama. Sin embargo este poeta no debe descuidar aquí el sentido de lo grande en relación consigo mismo.

Casi todo lo que existe está expresado en lenguaje poético. Es fundamentalmente el lenguaje del universo, pertenece asimismo a las ciencias y matemáticas como a los poetas en una dimensión tanto de orden como de caos y misterio. Está en las visiones del cielo y del infierno y en las profecías. No está ausente de los mitos de todos los pueblos, ni en el amor y dolor o en lo religioso. Fluye con el sentido de lo eterno y lo efímero que acontece con la desaparición y la muerte. Goza de una variedad de formas infinitas que subyacen en la música, los cuentos, el teatro y las danzas pero también está presente donde no existe lo humano.

Esto quiere decir que lo poético es nuestro lenguaje primordial y no pertenece a una profesión u oficio particularmente. No pertenece a un país en el primer o en el tercer mundo. No es propiedad de una cultura, país o individuo. La poesía jamás desaparecerá y las dificultades no hacen más que fortalecerla. No nos quedaremos tampoco sin trabajo, ya que la poesía está antes que nosotros y que el trabajo. Ella es también un guía que disipa la oscuridad y estará presente en el grito del último ser humano en la tierra.


Con esto quiero decir que no vale la pena preocuparse por el destino de la poesía. Ahora, en los términos en que está planteada la pregunta ¿Es absurda la poesía porque no paga o no garantiza los frutos del prestigio y el esfuerzo? Es aquí un asunto del individuo y no de la poesía. Mi opinión frente a la poesía como trabajo es que tiene fundamentalmente tres maneras de realizarse:

1. Como oficio y por lo meramente literario. 

2. Para otros, es decir para el reconocimiento social vivo o después de muerto. 

3. Desde la trascendencia de la escritura, por algo que se propaga más allá de lo literariamente poético, donde las palabras no siempre alcanzan la experiencia.

Un poeta cree trabajar simultáneamente por las tres cosas, pero para llegar a entender esto no hay que esperar nada de nadie, sólo allí la vida aparece despojada de toda mentira. Si el ser profundo del poeta es banal e inmediato, no podrá escribir desde la muerte. Así, la primera manera es para cubrir los gastos, la segunda por amor a sí mismo buscando el reconocimiento social, y en la tercera se está solo. Se trata del descubrimiento real de la muerte y esto es algo individual, solitario, como la muerte de un perro. En esta muerte de perro, el poeta puede lograr verse a sí mismo totalmente desnudo. La poca y verdadera poesía, se escribe desde allí y eso sucede raras veces.

Hay muchos espacios digitales destinados a la promoción y difusión del trabajo literario de autores jóvenes, así como una efervescencia de movimientos editoriales independientes que, más temprano que tarde, darán testimonio de la claridad o no de sus visiones. ¿Qué le dirías a esos jóvenes, qué les recomiendas?

Vivimos una era de variadas paradojas. Por un lado la sociedad humana nunca experimentó un control hegemónico tan total de los carteles de precios y mercancías, en manos de unas pocas corporaciones con el suficiente poder económico para adueñarse y controlar todo el mundo físico. Esto es más que la obra de todos los imperios del pasado juntos, y por otro, la humanidad nunca gozó de la posibilidad de equilibrar ese poder devorador con el potente poder individual que ofrece el internet como medio masivo. Así, un individuo sentado frente a su computador puede interactuar literalmente con el mundo, sin los intermediarios del orbe físico sometido a otras leyes.

Reynaldo Pérez So. 

La segunda paradoja, es que hay demasiados libros, poetas y voces circulando en un mundo ya contaminado de libros, poetas y voces. Este aspecto tiene consecuencias que ahondan en la trivialización. En un medio plagado de frases, clichés, publicidad, venta de objetos y un grupo de poder mundial que controla los deseos y las mentes, el poeta y sus palabras ya son parte de la basura que produce la sociedad a gran escala, de la misma manera en que el mundo ha terminado por ser un gran mercado mundial de objetos y chatarra. No se puede lavar la sangre con sangre dice un viejo proverbio que tomaremos en sentido literal… Imagina a las ranas y sapos cantando de noche, todos diciendo: yo, yo, yo, yo… Esto es la sociedad contemporánea. No podemos cambiar el escenario, ni el ruido. La única posibilidad para un poeta, es hacerse amigo íntimo del silencio. Aprender de él. Es la única manera.

Me pides hablar con los jóvenes y doy siete consejos:

1. Que escapen al modelo existente, el contenedor de su propia poesía los matará si escriben por ejemplo como Reynaldo Perez Só y lo tienen a él por modelo, porque el futuro leerá a Reynaldo a través de ustedes.

2. Sean autocríticos, la poesía no brota por voluntad de su autor, se requiere respirar, en medio de las palabras hay una respiración desesperada. Esa respiración es más importante que lo que se dice. Ese es el principio de la autenticidad.

3. Buscar la originalidad no es más importante que crear un buen poema. Por el deseo de diferenciarse se pierde el sentido del trabajo, es como el amor o la música, no puede ser más importante la manera que el fin. ¿Qué queda de Trilce? Es original pero es mala poesía. En cambio un poeta tan retrógrado y conservador como Martín Adán sigue interesando, lo mismo Lope, Santillana y otros. No se ha perdido la esencia.

4. La originalidad aparece con los propios hallazgos, auto-descubriendo, como el trabajo de un arqueólogo en sí mismo. Pero ten en cuenta que si la originalidad puede crearse artificialmente, el buen poema no.

5. Ser demasiado macabro o soez, no te hará mejor poeta, de otro modo los periódicos amarillistas serian buena poesía y no lo son. No te parezcas a diarios, revistas y cosas que existen .No te parezcas a nada que siendo lo que es, es mejor que tu poema.

6. Un consejo moral: No intentes sobresalir por ganar el aprecio de alguien, la admiración de los otros puede ser una droga que te convertirá al final en alguien vacío y miserable.

7. Busca lo sublime que se encuentra en tu propia experiencia actual y pasada. Conéctate con este momento porque la poesía que emana de estar vivo ahora, se termina en este instante, y este momento no volverá a repetirse jamás.


Tomado de Poesía UC

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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».

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Sergio Quitral nació en 1964, en Chile, residenciado en Venezuela desde 1980. Profesor egresado de la Universidad de Carabobo en Ciencias Sociales. Ensayista en temas de arte y poesía, colaborador de "Tuna de Oro" y revista "Poesía" en la UC. Profesor de Arte del Centro Piloto Luis Eduardo Chávez, del Ateneo de Valencia. Libros publicados: "La promesa que nos hace la Noche", 1er. Premio Bienal "Roque Muñoz", editado por Secretaria de Cultura Gobierno de Carabobo, en la colección María Clemencia Camarán (2002). "La balsa de Medusa" Colección Primer Libro Poesía de la Universidad de Carabobo (2002). "Aquel Viento sin Nombre", edición personal Hermana Poesía (2004). "Sobre tigres, hombres y sueños" Premio Conac, Poesía Concurso Nacional de las Artes, edición "Cada día un libro" (2006)  “El reino del pájaro silencioso”, Colección Breves Contemporáneos, editorial El Perro y la Rana, 2009.Caracas. El fuego protector", editorial El Perro y la Rana, 2013,Caracas.

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