martes, 21 de octubre de 2014

Es el amor el destinado a salvar la poesía en todas las épocas.

Una conversación con el poeta venezolano Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008)



Un joven Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008). Fotografía de Héctor López Orihuela. Tomada del libro "Rostro y Poesía". 1996

Estimados Amigos

El  19 de Octubre fue el cumpleaños del desaparecido poeta venezolano Eugenio Montejo. Por esta razón decidimos compartir con ustedes esta entrevista como una forma de hacerle un pequeño homenaje a Montejo y de hacerles un obsequio a ustedes.

Deseamos disfruten de la entrevista.


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Pavana para una dama egipcia

Yo sé que un día aquí sobre la tierra
     no estaré nunca más. Habré partido
     como los viejos árboles del bosque
     cuando los llama el viento. Y esto que escribo
     no me lo dicta apenas una idea
     pues ya se ha hecho sangre de mis venas.

También sin meditar suelen los árboles
     tener claro su fin. Como toda materia
     guarda memoria de su nada póstuma.
     No es preciso pensar para decirse
     —cada quien a sí mismo— adiós por dentro.
     Con ver las hojas en otoño basta;
     con ver la tierra allá a lo lejos, roja,
     flotando en el abismo, sin nosotros,
     se aprende casi todo...

Yo sé que un día con tus egipcios ojos
     me buscarás sin verme aquí en la tierra,
     y no estaré ya más.
     Y no es la mente quien me lo dice ahora,
     sino tu cuerpo donde puedo leerlo;
     aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume,
     porque lo eterno vive de lo efímero
     como en nosotros el dios que nos custodia
     con tanto enigma en su perfil de pájaro
     y su vuelo que siempre está a la puerta. -

 

 Eugenio Montejo

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Wendolyn Lozano Tovar

Lo eterno vive de lo efímero. Una conversación con Eugenio Montejo

Eugenio Montejo nació en Caracas, Venezuela, en 1938. Ha sido editor y diplomático. Es autor de los siguientes libros de poesía: Élegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), Trópico absoluto (1982), Alfabeto del mundo (1986), Adiós al siglo XX (1992), Partitura de la cigarra (1999) y Papiros amorosos (2002). Asimismo, ha publicado dos colecciones de ensayos: La ventana oblicua (1974) y El taller blanco (1983), así como varios cuadernos de escritura heteronímica, entre los que figuran: El cuaderno de Blas Coll (1981), Guitarra del horizonte por Sergio Sandoval (1992), El hacha de seda por Tomás Linden (1996) y Chamario por Eduardo Polo (2004). Antologías de su obra poética han sido publicadas en Brasil, España, México, Bogotá, Londres, Caracas y Valencia. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura en Venezuela y en 2004 el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en México. Los poemas que acompañan a esta entrevista pertenecen a Geometría de las horas, antología realizada por Adolfo Castañón, recientemente publicada por la Universidad Veracruzana.


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Wendolyn Lozano Tovar: La musicalidad cobra importancia en su poesía, con mayor énfasis en La partitura de la cigarra (1999). Me comentaba antes que ha experimentado cierto jamais vu con música que lo lleva a recordar cosas que en verdad no le han sucedido. ¿Cómo lo acompaña la música en su quehacer poético?

Eugenio Montejo: Creo que el poema debe partir de una música que, por así decirlo, guíe la significación de las palabras, que interfiera en el significado de éstas y lo modifique hasta crear una representación distinta. En todo verdadero logro poético la música cumple una parte importante. Tal vez sea necesario repetirlo ahora pues desde comienzos del pasado siglo se acentuó cierta “cerebración progresiva”, que ha antepuesto las deducciones del intelecto a la necesidad de una armonía verbal. Ahora bien, rozamos aquí un asunto que no se deja simplificar fácilmente. Una música estereotipada basta para matar un verso. El aporte musical de un poema ha de ser parte indiscernible de su hallazgo, al punto que no se pueda hablar de una música y un significado en solitario, sino que ambos resulten ser, por obra del poema mismo, una misma cosa. Mi maestro Blas Coll decía que “la poesía no es verdad ni es mentira, sino lo que diga su ritmo”. Cuando se comprueba el hallazgo, sea en un poema propio o ajeno, puede ocurrir que su lectura nos induzca a acordarnos de cosas que nunca nos han sucedido.


WLT: Su poesía es una celebración de la vida y del instante presente. ¿Hacia dónde torna los ojos Eugenio Montejo, hacia lo eterno o hacia lo efímero? ¿De dónde surge su “Pavana para una dama egipcia”?

EM: Creo que el sentimiento del tiempo ha marcado todo lo que he intentado escribir. Me refiero a la percepción de nuestra efímera y frágil existencia y a la impermanencia de cuanto nos rodea. Nada existe aquí que al momento siguiente no pueda ser distinto. Siempre he pensado que el sentido de percepción del tiempo varía de un ser a otro, y que en algunos se aguza con un registro casi superior al de sus sentidos naturales. Los místicos resaltan siempre la importancia del ahora como lo único nuestro, el ahora, esa palabra que más que cualquiera otra de nuestra lengua debería ser monosilábica.


El poema “Pavana para una dama egipcia”, como otros que he escrito, se confronta con estas afirmaciones que apunto arriba. Se nutre de una visión circular del tiempo, por eso afirma que “con ver la tierra allá a lo lejos, roja, / flotando en el abismo sin nosotros / se aprende casi todo”. El tiempo de nuestras postrimerías, en que erramos desasidos de todo, ya parece haberse vivido o soñado y las palabras lo anticipan. El poema cierra con una alusión a ese dios que espera siempre a la puerta con su cara de pájaro, el venerado Toth, el dios egipcio de la escritura.

WLT: Cavafis, el “poeta de la historia” como usted lo ha llamado, además de rescatar la memoria va en pos del conocimiento como va Ulises hacia Ítaca. ¿Podría decirse que Eugenio Montejo es un poeta que viaja hacia sí mismo?

Toth, el dios egipcio de la escritura.

EM: Cavafis es un gran poeta, un creador que ciertamente dialoga poéticamente con la historia, lo cual viene a ser un recurso para acentuar su devoción por la memoria. Es también, como se ha dicho, un poeta de la vejez, un hombre que madura plenamente antes de manifestarse, y que desconfía casi maniáticamente de cualquier intento precipitado de publicación. Todos estos son rasgos que lo definen, pero que no nos explican sus hallazgos, me refiero a la escritura de algunos poemas que se han vuelto símbolos definitivos de toda una época. Finalmente, en cuanto a mí, guardando las proporciones, no sé a cuál Ítaca viajo, ni si ésta se encuentre dentro o fuera de mí mismo. El caso es que vivimos tiempos de mayor peligro que los de Cavafis, tiempos de amenaza atómica, y ello cambia el sentido del viaje y hasta la brújula de que nos valgamos. Como dice Álvaro Mutis, la verdadera brújula es el dolor y el sufrimiento para poder orientarse ante las situaciones y los acontecimientos.

De izquierda a derecha: J. M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero

WLT: Si nuestro cuerpo es furtivo y “es a medias tuyo, a medias mío y de la tierra”, considera usted que estamos hechos de lo que el Cosmos está hecho?

EM: Sí, ya los antiguos hablaban de la correspondencia entre el macro y el microcosmo. Sin embargo, el poema dialoga con otra verdad, aquella que afirma que “una parte de la vida está en nuestras manos y la otra no”, como decía Epicteto. La poesía viene a ser un diálogo entre la parte de la vida que poseemos y aquella que no sabemos dónde se encuentra, un diálogo con el misterio. Y ese misterio se comprueba en el amor, los asombros, la memoria, la muerte y en todos los hechos de nuestra vida.

WLT: Ese duende que lo ha acompañado en su juventud, ¿qué le decía? ¿Qué le sigue diciendo usted a ese joven Montejo que de noche escribía poemas?

EM: Su pregunta se refiere al poema “El duende”, el mismo que abre mi último libro y que ha sido publicado y leído en México en forma anticipada. El poema nació de un encuentro con una vieja calle donde ciertamente viví un tiempo. Desde el balcón de un edificio que entonces habitaba solía escribir por las noches. Sentí que, con el paso de las cuatro décadas transcurridas ya no era yo ciertamente el mismo que regresaba, sino el viejo duende de aquel muchacho, el que estaba con él entonces agazapado en los pliegues del futuro. ¿Qué le decía? Los duendes, más que hablar, miran siempre en silencio, aunque algo delata su invisible presencia. Por lo demás, el poema tiene tres partes, aunque allí se haya dado a conocer sólo la primera. En la tercera parte la voz del poema la asume el duende directamente.

 
Epicteto
 El Duende   Esta misma calle, pero antes,

a bordo de mis veinte,

de noche en noche, con tabaco y lámpara,

escribía poemas.

Alrededor la multitud dormida

soñaba con dinero

y alguna que otra estatua recosía

el azul de su sombra.

Nunca supe qué duende a mis espaldas

–volátil e insistente–

fijos los ojos me seguía

frase por frase y letra a letra.

No, no era aquel azul casi corpóreo

arrancado del mármol,

ni mi ángel de la guarda anochecido

y en ardua vela,

ni tampoco un espectro hamletiano,

veraz hasta el misterio,

ni ninguna presencia subitánea

de aquella época.

Nada de nada ni de nadie,

sino yo mismo, yo mismísimo.

Pero no aquél de entonces: –éste

que cifra ya sesenta,

–éste era el duende…

El que aquí vuelve buscándome de joven,

en esta misma calle, a medianoche,

y me llama

y no es sueño.



WLT: Su poesía del ser y renacer de vidas antepasadas y futuras convergen en una (“luz al fondo de sus ojos”). Si su mayor deseo fue nacer y cada vez aumenta ese deseo, ¿de dónde proviene su motivación vital?

EM: La primera parte de su pregunta concierne a la visión circular del tiempo, por oposición al tiempo lineal que ha prevalecido en la cultura de Occidente. En cuanto a la segunda, la remitiría a unos versos de otra Pavana, donde se lee: “Pavana para mi vida aquí en la tierra / en esta tierra que no atormenta tanto con la muerte, / sino con la belleza.”

Dicho en otras palabras, el asombro ante la belleza del mundo es el que retiene al hombre sobre la tierra y le estimula todos sus emprendimientos. De una tierra más bien lóbrega, sin colores, sin árboles ni pájaros, sería más fácil desprenderse.

WLT: Si “un solo amor puede salvarlo todo”, ¿podría la poesía salvar al amor?

EM: El penúltimo poema de mi libro Papiros amorosos abre con ese verso. El poema se llama “Anillo”, pues comienza y termina por el mismo verso. Cierta vez, un periodista, al interrogarme, me dijo si no me parecía demasiado obvia la afirmación allí contenida. Le dije que reparara en que abre y termina la secuencia del poema; puede parecer al principio una trivialidad, como casi todas las palabras que convoca el amor, pero está escrito de modo que el lector se interrogue al término de su lectura si aún le parece trivial. Me pregunta finalmente si la poesía puede salvar al amor. Pues creo todo lo contrario: es el amor el destinado a salvar la poesía en todas las épocas. Y aún en la difícil e incierta época que vivimos.



 Tomado de Literal








En la pelicula de 2003 21 Gramos escrita por Guillermo Arriaga y dirigida por Alejandro González Iñárritu leen el trozo inicial de un poema de Eugenio Montejo, especificamente  La tierra giro para acercarnos. Aqui lo tienen completo:  



La tierra giró para acercarnos

La tierra giró para acercarnos
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño
como fue escrito en el Simposio.

Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiempo en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.

Un gallo cantó lejos del mundo,
en la previda a menos mil de nuestros padres.

La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante,
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito
entre las partituras del Simposio.







A continuación el dialogo de la película donde se recita el fragmento del poema: 
 

Paul Rivers (Sean Penn) Cristina Peck (Naomi Watts)
 


Paul Rivers: -Hay un número oculto en cada acto de la vida, en cada aspecto del universo, fractales, materia… hay un número que clama por decirnos algo…. te estoy aburriendo.

Cristina Peck: -No, no, yo…, lo siento.

Paul: -Lo se, lo que intento explicar es que los números son una puerta para entender un misterio que es mayor que nosotros. El modo en que dos personas desconocidas llegan a conocerse. Hay un poema de un escritor venezolano que empieza: “La tierra giró para acercarnos más, giró sobre si misma y en nuestro interior hasta que por fin nos reunió en este sueño”

 

Cristina: -Muy bonito

Paul: -Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan. En el fondo, eso son las matemáticas.



La transcripcion del dialogo fue tomada de Jaquemate


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Wendolyn Lozano Tovar

 

Egresada de la Licenciatura en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Ha colaborado en despachos corporativos, así como en el sector público, en la Secretaría de Educación del Distrito Federal. Ha pertenecido a talleres de Creación Literaria dirigidos por maestros como Antonio Tenorio Muñoz Cota, Maricruz Patiño y Andrés Acosta. Asimismo, ha participado en diversos cursos literarios ofrecidos por Casa Lamm- México, dirigidos por Hugo Gutiérrez Vega e Iván Portela.

Ha impartido clases de Derecho Positivo Mexicano, así como Talleres de Expresión y Apreciación Literaria en el Instituto Cultural México-norteamericano y el Colegio Hebreo Magen David. Actualmente reside en Toronto, Canadá, donde ha impartido talleres literarios para maestros de español en la Universidad de Toronto, así como en la Universidad de York. Recientemente, su primera novela en inglés fue seleccionada por el Muskoka Novel Marathon 2004. Su mayor interés reside en la expresión poética. Evocación Poética (1995), Tiempo de Agua (2002) y Poesía eres Mujer (2004) constituyen sus primeros trabajos poéticos.

Esta reseña fue tomada de Toronto Hispano



2 comentarios:

  1. gracias por regalarnos este contenido.

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    1. Gracias mahassine por tu visita y por tu comentario. :)

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