viernes, 10 de diciembre de 2010

"“Ya no creo en los chicos malos vs. los buenos….sólo hay muchos Estados que actúan según su interés personal….con distinta ética pero en interés propio"

"Todos seremos espías"

Gustavo Valle sobre Bradley Manning, la fuente de Wikileaks y el espionaje


 

Por Gustavo Valle

Meses atrás la revista Wired anunciaba lo que ocurriría: la filtración masiva de centenares de miles de cables diplomáticos del gobierno de los Estados Unidos. Al parecer el responsable de esto fue el soldado Bradley Manning, Analista de Inteligencia del Ejército americano emplazado al este de Bagdad. Pero además de los 260 mil cables, Manning filtró aquel famoso video de la matanza en Irak filmado desde un helicóptero (“Asesinato colateral”) donde soldados americanos asesinaban desde el aire a 18 personas, incluidos dos fotógrafos de la agencia Reuters. No contento con esto también filtró un aproximado de 400 mil documentos relativos a la guerra en Irak y Afganistán. Manning se encuentra detenido desde el mes de mayo, a la espera de un juicio cuya sentencia podría llevarlo cincuenta y dos años a la cárcel.

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Si efectivamente Manning es el responsable, se trataría de la mayor cantidad de información filtrada por una persona en la historia mundial del espionaje, y la mayor cantidad de documentos secretos publicada por Julian Assange en Wikileaks. Todo gracias a este soldado nacido hace 23 años en el pueblo de Crescent, en el estado de Oklahoma.


Manning consigue entrar al ejército de los Estados Unidos después de un largo periplo laboral que incluyó una empresa de software, un holding de trabajo basura, una empresa de entretenimiento y una cadena de pizzerías. Amparado por la ley antidiscriminatoria DADT (Don´t Ask, Don´t Tell), que obliga al ejército norteamericano a no preguntar acerca de las preferencias sexuales de sus voluntarios, Manning ingresa a la institución militar, y gracias a sus destrezas intelectuales y sus habilidades con la informática, consigue pronto ser promovido a Analista de Inteligencia.

Nacido y criado en un pequeño y conservador pueblo de la América profunda, su homosexualidad motivó un sin fin de circunstancias que fueron enmascaradas bajo los eufemismos de “conflictos de adaptación”, “problemas” en la escuela, e infancia “turbulenta”. No es de extrañar que estos rasgos “problemáticos” hayan continuado tras su ingreso en el Ejército, donde incluso debieron acentuarse por tratarse de un espacio tradicionalmente homofóbico, con el añadido de una cruel circunstancia: la guerra.

Como sabemos, en una conversación de chat, Manning confesó al famoso ex hacker americano-colombiano, Adrian Lamo, los detalles acerca de la fuga masiva de información que él mismo había efectuado poco antes hacia el sitio de Julian Assange, Wikileaks. Y también sabemos que Lamo lo delató ante el gobierno de los Estados Unidos bajo el argumento (sospechoso, por demás) de hacerle un bien a la humanidad y contribuir con la seguridad mundial. Lo cierto es que Lamo y Manning no se conocían y jamás habían establecido contacto alguno antes de aquella conversación vía chat. ¿A cuenta de qué, entonces, Manning confió en Lamo su avalancha de secretos?


A riesgo de ser chismoso debo echar mano de algunas informaciones para entender este enredo. Una es la mención de Adrian Lamo en la famosa lista Famous gay, lesbian, bisexual, and transgender people, donde aparece como “Hacker, journalist, writer” de orientación bisexual. Como sabemos Lamo forma parte de la generación de destacados hackers de finales del siglo pasado y principios de este, y su ataque más celebrado fue el que realizó a las páginas del The New York Times, alterando sus titulares. Quienes conocen de cerca a Lamo hablan de una persona inteligente, adicta al reconocimiento y a la aparición de su imagen en los medios de comunicación; alguien sumamente hábil en las relaciones sociales, incluso con una tendencia a la “promiscuidad social”. Y siendo él un poderoso hacker, o ex hacker, no es descabellado pensar que esa promiscuidad se haya manifiestado en su medio natural: Internet.



Si echamos un vistazo a las conversaciones de chat entre Lamo y Manning (censuradas, por cierto, por lo revista Wired o por el Departamento de Estado) encontraremos alusiones directas a la mayor fuga de información de la historia: cómo se hizo, en qué formato se extrajo la información, con qué facilidad, etc. Pero también hallaremos señales del estado de ánimo de Manning y su particular situación en el ejército:

Hola –se presenta ante Lamo–, soy analista de inteligencia del Ejército, emplazado en el este de Bagdad, a la espera de mi baja por “trastorno de adaptación”.

(…) Estuve tanto tiempo aislado…sólo quería ser amable y llevar una vida normal….pero los hechos me obligaban siempre a imaginar formas para sobrevivir….lo suficientemente inteligente como para saber lo que está pasando, pero incapaz de hacer nada….nadie me prestaba atención.

(…) Me auto medico como loco cuando no estoy trabajando en la oficina de suministro (mi nuevo lugar, como me van a dar de baja ya no soy de inteligencia).

(…) Ya no creo en los chicos malos vs. los buenos….sólo hay muchos Estados que actúan según su interés personal….con distinta ética pero en interés propio. Supongo que soy demasiado idealista.
(…) En general me ignoraban (sus superiores)…salvo cuando tenía algo importante…entonces me decían “traeme café y después barré el piso”.

Lo publicado por Wired el 10 de junio de 2010 representa, según su editor Kevin Poulsen, sólo el 25% de la totalidad de los chat logs entre Manning y Lamo, y de inmediato advierte que el 75 % restante incluye información “profundamente” personal de Manning (y sin duda también de Lamo), junto con todo lo relativo a asuntos militares de carácter sensible. La pregunta es ¿cómo Wired supo que faltaba un 75% de los chat logs? Muy sencillo: Adrian Lamo es desde hace años amigo y colaborador de Kevin Poulsen, célebre ex Hacker, actual editor senior de la revista.

No sería arriesgado pensar que esas partes que faltan de los chat logs, referidos al universo de la intimidad de Manning, fueron las que permitieron que naciera una amistad virtual entre él y Lamo, pues la única forma de verter tal avalancha de secretos es hacerlo ante un “amigo”. Pero igual resulta sospechoso que Manning haya escogido a Lamo como confidente, cuando sabemos que Lamo, al igual que Poulsen y muchos otros ex hackers, tras haber sido castigados por sus delitos, son ahora, entre otras cosas, colaboradores de organismos de inteligencia y seguridad, en mucho casos vinculados con el gobierno.


Según Ariel Garbarzs, experto en seguridad informática, “se ha corroborado que el envase en el cual viajaron los 250 mil cables proviene de una red militar norteamericana llamada Secret Internet Protocol Network. Es una red muy grande, pertenece al Departamento de Defensa de los Estados Unidos”. Es muy poco probable –piensa Garbarzs– que una sola persona haya podido filtrar tal cantidad de información secreta. Y se arriesga a especular que el mismo Departamento de Defensa de los Estados Unidos, quizás un ala contraria a la administración de Barack Obama, colocó esta bomba cibernética para desprestigiarlo, y buscaron en Manning y Julian Assange chivos expiatorios. Teorías conspirativas como estas y muchas otras ya comienzan a circular bajo diversos tamaños y colores, y con seguridad asistiremos a su propagación paranoica en los próximos días. A pesar de la apariencia descabellada de estas hipótesis, no debemos olvidar que muchos gobiernos filtran informaciones a los medios de comunicación para incidir, medir o alterar las diferentes percepciones de la opinión pública, según lo ha confirmado recientemente un tipo de la talla de John Lee Anderson.


Denver Nick, quien escribió uno de los mejores perfiles de Manning, publicado en www.countercurrentes.com, destaca su personalidad, su inteligencia y su temperamento, así como también su creciente vinculación con el activismo LGBT, y su abierta simpatía por el Partido Demócrata. Manning además era el tipo de americano promedio que se enorgullecía de ser ciudadano de los Estados Unidos, y desde su adolescencia quería prestar sus servicios a la Nación alistándose en el ejército. Según su amigo personal, Jordan Davis, Manning estaba orgulloso de los éxitos de su país, valoraba la libertad americana, sobre todo económica, aunque era un opositor al DADT (Don´t Ask, Don´t Tell), la norma que le permitido entrar al ejército pero que le prohibía declarar abiertamente su condición sexual. A pesar de todo esto Manning veía, concluye Davis, “a los Estados Unidos como una fuerza del bien en el mundo”.


Si revisamos los chats logs intercambiados con Lamo, veremos que esta imagen idealizada de su propia patria parece caérsele a pedazos: “Ya no creo en los chicos malos vs. los buenos….sólo hay muchos Estados que actúan según su interés personal….con distinta ética pero en interés propio. Supongo que soy demasiado idealista”.

Tras realizar un seguimiento de los estados de ánimo de Manning a través de sus publicaciones en su perfil de Facebook, Denver Nick concluye que el soldado entró en contacto con Lamo justo después de la ruptura con su más reciente pareja, Tyler. Es decir –sugiere Nick–, en un momento de particular depresión emocional.

¿Desilusión amorosa? ¿Idealismo herido? ¿Venganza contra quienes lo humillaron en el ejército? ¿Oscuro entramado de célebres ex hackers? ¿Acto heroico, según lo ha calificado el propio Julian Assange, o simplemente la locura de un soldado en la guerra de Irak que se “automedica como loco”? ¿Acaso ganas de aparecer en los medios y hacerse famoso, o el chivo expiatorio de una red de mayor complejidad conspirativa? Quizás también una cortina de humo que coloca a un soldado homosexual (y demócrata) como traidor a la patria.

En medio de este sorprendente e inagotable caso, Julian Assange, el personaje que todos tienen en la mira, parece jugar el confuso papel de temerario activista al borde de la ilegalidad, mezcla de hacker y periodista francamente inclasificable que se dedicó a sonsacar, recibir y editar (según sus propios criterios, claro está) y además compartir la información con sus socios: The New York Times, Der Spiegel, The Guardian, Le Monde y El País, sin duda los diarios de mayor credibilidad en Occidente, y de los que sería muy interesante conocer los términos en que se asociaron con Assange.

Mientras todo el mundo apunta contra este criptógrafo paranoico de nacionalidad australiana, mientras lo buscan como a un criminal que ha puesto en peligro la paz de los pueblos, o como a un terrorista que hay que eliminar cuanto antes, el verdadero tema central, es decir, quién filtró la información, y por qué, y con qué objetivo, y si acaso esto tuvo un precio y quién se vio beneficiado, me parece que está siendo convenientemente relegado a un segundo lugar.

Y en cuanto a Wikileaks, ese mayorista de la información que ha tomado por asalto al mundo entero, esa especie de trinchera de espionaje multitudinario en estado de crecimiento desordenado, tendrá que decidir entre morir o evolucionar desde la anarquía que es hoy en día, hacia una estructura que le otorgue una mayor estabilidad de operación, con reglas editoriales mucho más claras, que no necesariamente permitan la inclusión de la chismografía del alto gobierno, sino que colabore con la publicación de materiales fundamentales para la administración de justicia.

De ocurrir esta evolución, veo en un futuro no lejano a Wikileaks como una especie de Facebook de la información confidencial. Un centro de acopio de denuncias documentadas y globalizadas alimentado por una gigantesca comunidad de soplones. No pensemos que las masivas filtraciones de Manning serán la medida a seguir de ahora en adelante. Wikileaks viene operando desde hace cuatro años y jamás había recibido tal catarata de secretos, o seudo secretos. La osadía de Manning y su carácter masivo (en caso de que efectivamente haya sido él el responsable), constituyen sin duda un episodio excepcional. Aunque esta excepcionalidad no evitará que un evento de características similares, o aún más explosivo, vuelva a captar la atención de todos en el futuro.


Tomado de Prodavinci

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