martes, 29 de agosto de 2017

N. K. Jemisin: Negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votaron a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.




Queridos amigos de la página:
                                      
Tengo el gusto de anunciar la publicación la siguiente entrevista con la escritora norteamericana Nora una escritora de éxito que además es psicóloga y ha sido galardonada recientemente con premios importantes. No he leído aun su obra, pero sin duda buscaré sus libros. La entrevista nos deja percibir una brillante posibilidad: la de tener entre manos y ante los ojos una obra que narre la realidad de los jóvenes en la actualidad, sus luchas, sus relaciones fallidas o exitosas con sus padres y tutores y la otra parte, la que no vemos pero igualmente es importante, la de un misticismo mezclado con magia que nos hace tener esperanzas incluso en los peores momentos.

Algo bueno pasará que lo cambiará todo para bien. Yo lo creo. Me alegro de saber que pronto leeré un libro que esté de acuerdo conmigo.

No importa el lugar donde se desarrolle la acción. Es real y es actual. Leamos!

Graciela Bonnet


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Lo que tiene que hacer un escritor es escribir. La frase parece hasta tonta, de lo lógica que es. Pues claro que lo que tiene que hacer es escribir; y a ser posible, escribir bien. Y contar historias que nos maravillen, nos emocionen o nos impacten de alguna manera. Pero hay algo más que puede hacer un escritor; tener conciencia social y trasladarla a su obra. Eso es precisamente lo que hace la estadounidense Nora K. Jemisin, ganadora de dos premios Hugo consecutivos, en sus libros.

            Jemisin nació en 1972, en Iowa, y creció en Brooklyn (New York). Es psicóloga de formación y escribe novela fantástica, género en el que ha sido nominada en varias ocasiones a los premios más importantes. Acaba de ganar el premio Hugo 2017 a la mejor novela por “The Obelisk Gate”, continuación de “La quinta Estación”, con la que también ganó el Hugo 2016 en la misma categoría. Su condición de mujer negra la ha llevado, según sus propias palabras, a explorar en sus escritos los diferentes conflictos raciales y de género que ha detectado a lo largo de su vida. Jemisin aboga por una fantasía reivindicativa, en la que abunde la diversidad racial y no se mantengan las estructuras patriarcales tradicionales; aboga, en resumidas cuentas, por enseñarnos una parte de la realidad que no estamos muy dispuestos a ver y transformarla en mundos que nos sugieran lo que sí podría ser. Y en ese camino de visibilización, no está ni mucho menos sola.

            Hay una polémica, relativamente reciente, establecida en el mundo de la literatura a propósito de estos temas. En ella, hay quien defiende que introducir mensajes sociales o políticos en las obras fantásticas es desvirtuar el género, e introducir personajes no normativos, panfletario. Para este sector, los colectivos históricamente discriminados que alzan la voz para reivindicar su presencia, son grupos de presión que ponen sus intereses identitarios por delante de la “esencia” del género fantástico. Este punto de vista presupone, por un lado, una estructura rígida para ese género literario y, por otro, una visión también rígida del mundo. Si la introducción de diversidad es panfletaria, se deduce bajo esta visión que es necesario justificar la presencia de personajes no normativos, lo cual a su vez los señala como “no normales” o “raros”, como si no tuvieran derecho propio a transitar por las ficciones creadas por los humanos. Se les pide, en resumen, que justifiquen su propia existencia.  




            Este tipo de argumentos suele ir de la mano del argumento “de realidad”, según el cual todo aquello que no se corresponde con la estructura social imperante o es minoritario dentro de ella, no resulta creíble. Así, sus defensores pueden ver con total naturalidad historias en las que haya dragones, extraterrestres o cualquier tipo de seres mágicos, pero no admiten la presencia de mujeres empoderadas o guerreros homosexuales, por poner un ejemplo. Y hago especial hincapié en que hablamos de género fantástico, en el que no hay más normas que las que el propio autor imponga. Todo esto parece señalar a que no es precisamente la esencia de un género literario lo que defienden estos grupos.     

            Pero algo está cambiando. Los premios Hugo de este año han sido toda una fiesta para los sectores más reivindicativos, ya que en catorce de las dieciocho categorías las obras ganadoras fueron escritas por mujeres. Jemisin ha declarado al respecto que “Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas”, en un gesto de activismo que, una vez más, le ha regalado unas cuantas críticas. Sin embargo, son muchas también las voces que la aplauden (la aplaudimos) por dar un paso adelante y atreverse a decir lo que sentimos; que ser mujer en un entorno masculinizado es un duro camino y que abrirse paso y llegar hasta lo más alto contra todas las adversidades es precisamente lo que hacen los héroes en las fantasías épicas.

            La realidad es que aún queda mucho camino por recorrer, que hay bastantes pruebas de que las mujeres todavía no gozan de una igualdad real de oportunidades (no hay más que entrar en Google y buscar los datos; número de publicaciones, reseñas, premios…); que el “Yo no miro el género del autor, solo la calidad de la obra” sigue estando a la orden el día, dicho casi siempre por personas cuya biblioteca está formada en un 90% por títulos firmados por hombres y que no se dan cuenta de que eso, según sus propias palabras, significa que las mujeres escriben objetivamente peor que los hombres. Y, lo que es peor todavía, que las iniciativas de visibilización siguen siendo recibidas en algunos ámbitos con una gran desconfianza, cuando no abierta hostilidad. Hay quien no quiere entender que los espacios femeninos no mixtos no son un ejercicio de discriminación, sino una consecuencia de la misma; que durante cientos de años el mundo entero fue un espacio que excluía a las mujeres y que eso no se equilibra sin un esfuerzo activo y consciente; y que uno de los mayores deseos de las mujeres es que no sea necesaria la existencia de dichos espacios, porque eso significará que la igualdad real se ha alcanzado.


              En resumen, que ojalá llegue un momento en que catorce premios Hugo ganados por mujeres sean tan noticia como catorce ganados por hombres. En ese momento, las mujeres dejarán de ser heroínas por el simple hecho de ser reconocidas al mismo nivel que los hombres. Mientras tanto, figuras como N. K. Jemisin siguen siendo muy necesarias porque necesitamos referentes femeninos. Heroínas que se expongan ante la tormenta de un mundo adverso con el único escudo de sus ideas.


Nieves Delgado 

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N. K. Jemisin. Foto: Llibert Teixidó


“He sufrido amenazas por ser mujer, negra, escritora y con éxito”


IMA SANCHÍS

26/07/2017 


Siempre quise ser escritora, pero daba por hecho que ser mujer y negra me impediría triunfar en la literatura fantástica y de ciencia ficción, que es mi género.

En su novela una mujer negra, cuarentona y grandota lucha contra el mal.

Sin duda se parece a mí: tiene mi edad, lleva rastas como yo..., pero ella tiene hijos, está mucho más enfadada y ha pasado por más traumas.




¿Por qué la escogió?

Porque mujeres negras de mediana edad cuya principal preocupación son sus hijos no aparecen en las novelas de ciencia ficción. Cuando murió mi madre reflexioné mucho sobre los problemas entre madres e hijas.

¿A qué problemas se refiere?

En EE.UU. los padres afroamericanos disciplinan a los hijos con castigos físicos, una especie de legado del esclavismo, pero la idea es enseñar a los hijos a sobrevivir en esta sociedad, porque si un adolescente se porta mal en la calle, la paliza de la policía va a ser mucho peor.

¿Cómo afecta a la relación madres e hijas?

En el segundo libro de mi trilogía, La puerta del obelisco, que aparecerá en el 2018, la madre es una mujer con mucho poder personal que entiende que la sociedad es injusta y peligrosa y quiere que su hija sobreviva, pero la relación choca porque no está siendo cariñosa y dulce.

¿Eso le ocurrió a usted?

La hija de la protagonista es la única que sobrevive de los tres hermanos, la más dura, pero salva la vida a costa de su alma. Es un tema con el que se enfrenta toda madre, y yo no pude hablarlo ni solucionarlo con la mía. Escribir sobre ello es la única manera que tengo de afrontarlo.




Como psicóloga, usted ha trabajado con adolescentes.

Sí, con la primera generación norteamericana de jóvenes que pertenecen a minorías –mujeres y negros de entornos pobres–, en especial en carreras de ingeniería, que han accedido a la universidad: a un entorno patriarcal y blanco.


¿Se sienten desubicados?

Totalmente. Yo me enfrentaba a problemas de identidad y estereotipos castrantes.




¿Hoy contra qué lucha?

Como especie, podríamos llegar muchísimo más lejos si dejáramos de aplastarnos unos a otros. Hay demasiada energía dedicada a la opresión: los opresores a oprimir y los oprimidos a sobrevivir.

¿Hay escapatoria?

En mi primera novela la respuesta es destruir el mundo.


No parece una respuesta muy positiva.

Es el sentimiento de una persona llevada al extremo: destruyendo el mundo consigue que todos compartan su sufrimiento. La opresión y los problemas de violencia que esta genera sólo acabará cuando los opresores entiendan que oprimir también les daña a ellos.

¿Por qué soportamos la opresión?

La opresión es sistémica: las leyes, las costumbres y las creencias la promueven y protegen. Se supone que los oprimidos están donde tienen que estar y los opresores son los que tienen que ser porque son superiores.




¿Los oprimidos se sienten inferiores?

...Por eso negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votan a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.

Es triste.

Uno de los problemas es que los norteamericanos no viajan, no ven todo el dinero que ustedes invierten en transporte público, sanidad, en la limpieza de las calles... ¡Alucino con lo limpias que están las calles en Barcelona!


Presentación de La Quinta estación en la librería Gigamesh

¿...?

Nueva York está asquerosa, y los propios republicanos pobres rechazan destinar dinero a la sanidad, es decir: se están hiriendo a sí mismos.

¿Decepcionada del género humano?

Yo creo que tenemos capacidad de cambiar, quizá en un par de siglos...


Calle Joaquín Costa. Barcelona

En su literatura la gente recurre a la magia para salir de la opresión. ¿Cree en la magia?

Con el tiempo, la ciencia explicará cosas hoy inexplicables. Pero la magia es una buena metáfora del poder personal: no es suficiente para combatir la opresión, un solo héroe no puede cambiar el mundo, necesitamos la comunidad, ahí está el poder útil.

¿Conoce a personas con magia?

Mi bisabuela podía ver el futuro y curar a la gente, pero mi familia sigue siendo igual de pobre.


Calle de Nueva York


Dígame algo positivo...

Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas, y eso es algo importantísimo.

¿Ya no nos matan en el primer capítulo para que el héroe nos vengue?

La literatura es un microcosmos que refleja esas dinámicas de opresión de las que hablamos, y hay gente blanca que se está sintiendo amenazada por esa irrupción de escritoras negras. Yo he sufrido amenazas de muerte.




¿Por escribir novelas de ciencia ficción?

Sí, por ser mujer, escritora, negra, y con éxito. Es una manera de decir: “Tú no perteneces a esta comunidad, vete”, en lugar de competir sanamente. Que se jodan.

¡...!

He recibido tuits terribles y diatribas sobre por qué los negros o las mujeres somos inferiores. En una ocasión, supremacistas blancos me amenazaron públicamente: “Zorra, te va a pasar un tren por encima”, que significa: vas a ser violada en grupo. A pesar de ello, gané el premio Hugo que votan los lectores.

Activismo literario


Sus novelas no transcurren en la Tierra, pero van cargaditas de reflexiones sobre lo humano, la justicia social, la opresión sistémica, el cambio climático, el machismo, la política y todas las complejidades de nuestro comportamiento. De entrada, las protagonistas de su trilogía La tierra fragmentada, que arranca con La quinta estación (Nova), son una negra cuarentona con rastas y su hija, algo insólito en el mundo de la ciencia ficción. Ha sido galardonada con el premio Hugo 2016 a la mejor novela, primera voz afroamericana con tal reconocimiento. La segunda entrega, The obelisk gate, ha sido nominada al Hugo y al Nebula 2017, premio este último que ya recibió en el 2010 por Los cien mil reinos.


Tomado de La Vanguardia


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Graciela Bonnet


 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.






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Nieves Delgado (Coruña) Estudió astrofísica y actualmente ejerce como profesora de educación secundaria en la comunidad autónoma de Galicia. Escribe relatos de ciencia ficción y terror que han sido publicados en las revistas digitales “Portalycienciaficción” , “Ianua Mystica” y “Los zombis no saben leer”, así como en la web “Sitio de Ciencia-Ficción”. Así mismo, su relato La Condena formó parte de la Antología SdCF de Relatos de Ciencia Ficción 2012. En el año 2014 su cuento Casas Rojas fue incluído en  la antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres Alucinadas.

Podéis leer algunos de sus relatos en su perfil de Wattpad:


La ficha bioliteraria de Nieves Delgado fue tomada de Ficción científica.

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