martes, 16 de junio de 2026

Se cierra el círculo de traición inaugurado por Chávez


 

Delcy Rodríguez pasando frente a los retratos de Chávez y el Bolívar chavista. Fotografía de Ariana Cubillos


Se cierra el círculo
 

El chavismo nació de hecho el 4 de febrero con una traición, algunos militares se levantaron contra un gobierno electo traicionando su juramento (odiaban la subordinación al poder civil) y nada más querían el poder y no el gobierno. 



Se apoyaban en la izquierda militarista de esa llamada leninista (civiles con su dosis militarista) con aquello de “un frente, un ejército, un partido”. Todos los demás salimos sobrando, algunos se dieron cuenta mucho antes y otros nos dimos cuenta cuando Chavez cambió su propia constitución. Teodoro Petkoff fue premonitorio y nos agarró en la “bajaita”.


Como dicen “Lo que mal comienza mal acaba”. Algunos militares comenzaron traicionando a Carlos Andrés Pérez y a la constitución de esos días, luego traicionarían a Chávez (Cuba abrió su embajada en USA y viceversa, el presidente de Estados Unidos visitó Cuba). Viento en popa comandante Raul, el otrora líder llanero ya no estaba en el horizonte, los cubanos habían realizado un extraordinario trabajo, ahora estaba el grandote de la escuela Ñico López, pero por cosas de como alguna vez la calificó Alfredo Maneiro” La atlética democracia norteamericana” se interpuso el catire Trump y todo se desdibujó. Y el plan preconcebido ya no servía de nada.

Vinieron los días de la acumulación de riqueza, los cuentos de camino, la huida de millones, el militarismo civil, los presos y más presos, la invención de leyes al vapor para acabar con cualquier opositor, elecciones que no elegían, el lumpen convertido en brigadas de asalto, las consignas fabricadas, los antiguos secuestradores de algún industrial gringo “era devorado por los puercos” según dijo un fiscal que como Tarek solo le creeremos si se le coloca un polígrafo.

Ese órgano cargado de militarismo civil, de viejos ñangaras con chapa de agentes, de viejos irreductibles reducidos al papel de infiltrados, delatores, torturadores, maestros del seguimiento, de la persecución y de la intriga. Dignos discípulos de Fouche. Pero sin su educación y tampoco sin su cultura, claro tampoco había un Napoleon en Miraflores, quizás un Calígula, quizás un Nerón con todo y corte, con sus Guardia Pretoriana (dispuesta a traicionarlo por muchos denarios) Ya lo habían hecho en 1992 y el 2002 y también antes, la lealtad estaba en papel verde impreso.

Todo desde el principio estaba podrido, eran ramas aún verdes de un árbol ya muerto, no había frutos que buscar quizás alguna guayaba envenenada, cada uno movia sus hilos, se perseguían, se denunciaban, se delataban, gritaban consignas con vehemencia inusual, se percibían a sí mismos como generales vietnamitas derrotando a imperios, se fotografiaban con maquetas de ciudades como si fueran las tropas del Ejército Rojo dispuestos a defender a Stalingrado. Nada era cierto, los cañonazos en moneda extranjera borraron las defensas, acabaron con los puntos de resistencia, destronaron a nuestro Nerón tropical, que ya se había vuelto muy goloso y no repartía entre su “fiel” jauría.  

Todo terminó como empezó, como tenía que terminar una oda a los Procesos de Moscú, el tres de enero fue el acabose no hubo una rendición, no hubo capitulación, los bocones se rindieron y quien sabe que le hicieron a los 32 sacrificados, tan tenebrosos como a quien protegían, los pretorianos fueron sacrificados por los centuriones.

Ahora viene el tiempo de los diputados o “cenadores” cada uno con sus togas o sus trajes de sastre, cada uno haciendo apología de Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, personificando hasta en los detalles más pequeños a sus iguales de hace XX siglos. Cada uno soñando con treinta monedas de plata, cada uno esperando que el gallo cante para negar su pasado y sus juntas.




El horizonte nacido en un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992, terminó igual, claro con tropas más capaces y que esta ocasión y sí lograron los objetivos planteados. Parafraseando aquello del golpista fracasado el 4 de febrero. Lo nacido con violencia y traición finalizó en su propia ley “violencia y traiciones esta vez en plural”

Yuri Valecillo


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Yuri Valecillo, fotógrafo nacido en Valencia, la de Venezuela dándose lo que ahora es un gusto mantuano en Venezuela en el 2019: Tomarse un café. Hace algún tiempo el café era sumamente costoso en Venezuela, en esta tierra los alimentos alcanzan precios que rozan las nubes aunque últimamente los precios han bajado un poco.

Yuri Valecillo nació en Valencia en 1961. Desarrolla su actividad de manera continua en el diseño gráfico. Publica actualmente en más de veinte medios de Europa y América Latina, cuenta con 41 exposiciones individuales de fotografía y más de cincuenta portadas de revistas y libros, colaborador incesante en medios de Venezuela y América Latina, habla y lee francés, expositor de la Cátedra de Fotografía para la Revista Generación (México). Ha impartido cursos y talleres de fotografía en la Universidad de Carabobo (Venezuela). Coordinador de Fotografía de la revista Rino (México), Colaborador de la revista El Cotidiano (UAM), Cofundador de la Revista Generación, cuenta con varios escritos publicados.




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