lunes, 20 de julio de 2009

REVISITA AL CÓMIC, LA CIENCIA FICCIÓN Y LA FANTASÍA EN VALENCIA:

NOSTROMO Y OJOS DE PERRO AZUL.

Parte I/III



Sean Young




Consejo aeronáutico

Más seguro que volar es caminar.
Pero, si puedes, arrástrate.


Sin duda alguna que el cómic es un género plástico y literario de iniciación. Recuerdo la lectura preadolescente y simultánea de La Hojarasca de Gabriel García Márquez y Santo, el enmascarado de plata de Don José G. Cruz: ambos textos me marcaron como lector y creador, pues no creo que haya un divorcio entre lo culto y lo popular. Fueron impresionantes la atmósfera opresiva y abúlica de Macondo proferida en tres monólogos maravillosos, además de los combates en sepia del Santo contra vampiros, incendiarios y  Dianas cazadoras en gasas vaporosas o casi en cueros. 


La Hojarasca de Gabriel García Márquez
Son instancias contiguas en la configuración de mi personalidad bifronte o frontera y bípeda o de a pie: como lo ha observado en mí Guillermo Cerceau, es la convivencia simbiótica y cómplice entre el ensayista y el malandro. No quiero polemizar con Octavio Paz, pero el pachuco Tin-Tan nos hace más soportable nuestro extravío en el laberinto de la soledad. Me parece insuperable el Batman parodiado en la T.V. por los aires iconoclastas del pop art –con todo y los letreros onomatopéyicos a la hora de la ruidosa coñaza con los bandidos-, muy a pesar de la versión gótica y lánguida de Tim Burton.


Aprovecho la oportunidad para recomendar a los opinadores de oficio y promotores culturales, de lado y lado, la lectura de Fantomas contra los vampiros multinacionales / Una utopía realizable de Julio Cortázar, para elevar –en la medida posible de la estupidez propia y ajena- el nivel y la creatividad del debate político y cultural en el país (no obstante el despropósito y la acefalia que exhibe hoy con impunidad). 


Por otra parte, no soy asiduo lector de la Ciencia Ficción, pero de un modo u otro este género también urbano lo toca a uno: por ejemplo, la prosa apocalíptica y de extraño misticismo religioso de Phillip K. Dick, la cual absorbí en la versión fílmica de Ridley Scott (Blade Runner y el contraste habido entre la sucia ciudad laberíntica y el rostro de porcelana de Sean Young)  y la del cómic psicodélico y contracultural de Robert Crumb. Confieso mi predilección por Alien, el octavo pasajero del mismo Scott y 2001, Odisea Espacial de Stanley Kubrick, amén de mi indiferencia absoluta respecto a la saga de La Guerra de las Galaxias en la que se empantana la filmografía de George Lucas (Isaac Asimov fue mucho más compasivo y contundente: “Stars Wars me gustó. Es deliberadamente frívola y completamente tonta, pero sus efectos especiales son divertidos y a veces descansa dejar el cerebro de uno estacionado afuera”).


El Santo. El enmascado de plata

Estas líneas caóticas y compulsivas pretenden, a continuación, introducir una crónica válida (¿o desvalida?) que registre un homenaje solidario a unos héroes particulares e ignorados de Valencia, la de Venezuela: los editores y colaboradores de las revistas Nostromo y Ojos de Perro Azul, referencias obligatorias del cómic, la ciencia ficción y la fantasía en nuestra ciudad abatida y sobreviviente, gobernada por no sabemos quién (¿la derecha y/o la izquierda?; ¿El Trigal o Miguel Peña?; ¿Bonchona FM o Radio América?; incertidumbre compartida con el camarada Yuri Valecillo).



2 comentarios:

  1. Tremenda entrada... me voy corriendo a leer las otras dos entregas

    ;-D

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  2. Gracias por comentar la entrada pacoMan. Esperamos que el resto se ade tu agrado :)

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