domingo, 19 de abril de 2015

Chucenita:

Píldoras de libros, cine, música y pintura en viñetas




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Estimados Amigos

Hoy, 19 de Abril de 2015, tenemos el gusto de presentarles a Chucenita, un curioso personaje creado por los lápices de la escritora venezolana Sol Linares. Es un  verdadero gusto para nosotros compartir con todos los Liponautas, habituales y los que están por venir, el trabajo de nuestra amiga Sol Linares y desde esta tribuna virtual le agradecemos su buena voluntad al sumarse como una tripulante más de esta nave de la imaginación. Le participamos a todos nuestro lectores que Chucenita nos visitará todos los domingos para seguir la añeja tradición de los periodico de insertar dominicalmente el suplemento de comiquitas (en Venezuela esta palabra engloba tanto a los comics o historietas como a los dibujos animados). Y solo por hoy insertaremos dos tiras de Chucena como una forma de hacer un homenaje doble a Gunter Grass y a Eduardo Galeano, escritores que hace pocos días partieron a los Puertos Grises .

 

Agradecemos nuevamente a Sol Linares su participación en el blog y deseamos a todos los Liponautas que disfruten de Chucenita tanto como nosotros lo hemos hecho y recuerden que Chucenita volverá  el próximo domingo a la misma batihora y por el mismo baticanal.

Disfruten del banquete, de viñetas y palabras, que les ofrece Sol Linares.


La Gerencia.
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¿Por qué Chucena?


María Chucena techaba su choza
y un techador que por allí pasaba le dijo:
María Chucena, ¿techas tu choza
o techas la ajena?
Ni techo mi choza ni techo la ajena,
que techo la choza de María Chucena.




Chucena es más la continuidad de un personaje literario que ideé en el 2006. Me habían ofrecido una columna en el semanario “Siete colinas” del diario regional Los Andes. La columna se llamaba María Chucena y podríamos definirla  como un personaje cuya característica más relevante era su propensión a pensar en tonterías y añadirle grandezas, minucias psicológicas, y convertir lo cotidiano en una ocasión para esclarecernos algunas necedades. O al menos esa fue la intención. Para ese momento, varios escritores jóvenes eran vecinos de página, y aunque se trató de un proyecto efímero, dejó fundado un personajito para futuros cuentos. No se creerá que se trataba de una risa alegre. Desde el inicio, la risa de María Chucena era una risa triste. Total que desapareció el semanario y me gustó tanto el personaje, estaba tan familiarizada con él, y la realidad me seguía mostrando cosas a lo María Chucena, que mucho después decidí escribir varios cuentos sobre ella. Es quien cierra el libro Cuentafarsas.  
 


Pasaron los años y María Chucena se perdió. Quién sabe si, aburrida, se fue a otro libro de otro escritor. Me quedó su ritmo, su perfume, y esa necesidad de darle continuidad al enfoque de su filosofía sencilla. Durante algún tiempo hice varios intentos de comenzar un libro centrado en ella, un poco ganada por esa genialidad de Cortázar llamada “Un tal Lucas”.  Era el momento de plagiar una forma, una estructura. Pero otras ideas fueron ganando espacio y desplazaron mi obsesión. Un buen día, por las enaguas del 2013, sentada en un café de lo más aburrida, comencé a dibujar a una niña pelirroja. Salió casi sola, sentada en un puff. Me quedé sorprendida. La puse a dialogar. Y me gustó más. Dije: aquí hay algo. Pero ese tipo de algos de consumo privado, para uno mismo. Además percibí un toque familiar. Ese día se lo mostré a mi hija y le gustó. Me preguntó: ¿cómo se llama? Dije: Chucena. Y otra vez me sorprendí. Me pidió que dibujara otras. Lo hice varias veces y Manuela se volvió seguidora de Chucena. No soy caricaturista, y quisiera aclararlo porque respeto mucho este oficio y este arte. Sólo que, cuando niña, dibujaba historietas para divertir a mi hermano. Recuerdo un personaje que llamé Rino Ovocitos Mesocarpio. Parecía un frijol con anteojos. Un óvulo macho. Así. Un óvulo macho, tal cual la contradicción. Con él hacía reír a mi hermano y a mamá, y se volvió más una forma de dejar mensajes en la nevera que un oficio serio. Con los años, me publicaron en el periódico estudiantil de la universidad una tira que se llamaba Cansino. En fin, Chucena me dejó la impresión de que había sido demasiado floja para darle un espacio exclusivo en un libro, y que el dibujo era una trampa para huir de un compromiso interior. Pero quedó. El año pasado se la mostré a un amigo, el ensayista y poeta José Manuel Hermoso, y se emocionó. Pronunció estas palabrotas: vamos a buscar quien la publique. Al “tas loco” lo acompañó mi risa, pero en el fondo lo deseé. A las semanas me llamó el editor de El Correo del Orinoco, Carlos Ortiz, interesado en un asunto totalmente alejado de la historieta. Aproveché la oportunidad y me atreví a mostrarle la tira, muerta de miedo. Imaginé algunos comentarios: “¿Sol dibuja esto? ¡Ay, por dios!”. Total que Carlos se arriesgó y yo me lancé de ese benji. Y fin. Son como pastillitas culturales que me divierten… Tal vez sea una forma muy simple de sintetizar los libros, el cine, la música, la pintura que me gusta. 

Sol Linares
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Sol Linares:

Trujillo, Venezuela. Cuentista, novelista. En el año 2004 su cuento Bitácora de ti recibe la Mención Especial en el concurso Cuento, ensayo, y poesía organizado por la ULA. Más tarde gana la III Bienal de Literatura “Ramón Palomares” con su libro de relatos Cuentafarsas (Fondo Editorial Arturo Cardozo 2007; FUNDARTE 2010). Ganadora del Premio Internacional de Novela ALBA Narrativa 2010 con Percusión y tomate (Fundación Editorial El Perro y la Rana 2010; Fondo Cultural del ALBA 2010). También ha publicado La circuncisa (Monte Ávila, 2012) y Canción de la aguja (FUNDARTE, 2013) novela que recibe el Premio Municipal de literatura Luis Britto García en el 2014. Sus cuentos aparecen reseñados en varias revistas y antologías, como De qué va el cuento (Alfaguara, 2013), Antología sin fin (Escuela literaria del Sur). Colabora en varios periódicos nacionales con artículos literarios y de opinión. 



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