viernes, 28 de diciembre de 2012

UNA REVOLUCIÓN SILENCIOSA:

LA LECTURA COMO UN ACTO DE REBELDÍA






Estimados Amigos

Todo gobierno que se precie siempre promueve la lectura a pesar de que en la actualidad en Venezuela uno de los grupos sociales que menos lee y que peor uso del lenguaje tienen sean los políticos.  Siempre les escuchas decir lo importante que es leer pero todo el mundo sabe que la lectura para ellos y para gran parte de la población es el peor de lo suplicios. En este país es más fácil ver a un político lanzar la bola inicial de un partido de beisbol que inaugurando una biblioteca.

En Venezuela  donde la lectura (y la escritura) no te garantiza prácticamente nada, si no estas conectado con algún grupo de poder, las familias prefieren sacar a ese muchacho ensimismado que le gusta leer de su cuarto y ponerlo a practicar béisbol a la fuerza. Con la esperanza de que se convierta en un grandeliga, para que gane en dolares y obtenga mucho centimetraje de prensa, para que resuelva la vida de la familia y se convierta en orgullo nacional.

Por eso nos pareció curioso el planteamiento de este escrito  y decidimos compartirlo con ustedes.

Esperamos disfruten del texto



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LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA: LEER COMO ACTO DE REBELDÍA


Artículo publicado en el Boletín de la Red de Bibliotecas Municipales de Salamanca (su web aquí), en el nº 55 de su 2ª época (diciembre 2011). Excelentes bibliotecas. Bibliotecarias estupendas y profesionales maravillosas. Y comparto tribuna con Antonio Muñoz Molina. Os podéis imaginar que me siento feliz feliz y muy honrado.

Espero que el artículo os interese (y os guste, claro).









LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA: LEER COMO ACTO DE REBELDÍA






Podría decir que leo por costumbre, pues leer es un hábito que arraigó en mí desde bien niño y que he seguido cultivando a lo largo de mi vida.


También podría asegurar que leo por placer: son muchas las páginas que disfruto intensamente, muchas las que me han dado un gozo inolvidable.


Incluso podría afirmar que leo por puro egoísmo, porque leer es una experiencia honda, íntima, que me alimenta y calma mi sed.


En verdad todo esto podría decir. Y decirlo sin mentir: porque leo por hábito, leo por placer, leo por egoísmo.


Pero pienso que el motivo último de mi militancia en el equipo de los lectores recalcitrantes es porque leer, hoy en día, se ha convertido en una actividad revolucionaria. Leer es un modo de rebeldía, un frente abierto contra el conformismo, una guerra de guerrillas contra los días grises y las noches frías.




Leer frente al ritmo.


Vivimos de manera trepidante, con los bofes fuera, siempre a la carrera y sin un instante para recuperar el resuello. Estos son los días que dicen que nos han tocado: días de frenético tejer/destejer, de agotamiento crónico y de velocidad sin tregua.


Días en los que no hay tiempo para el cese del movimiento, la parada, la quietud: mirar cómo las hojas amarillean y caen de los árboles, ver cómo el viento las arrastra, palpitar con el atardecer, sentarse en la calle y sentir cómo el frío se clava en la piel. Sentir, mirar, parar.




Frente al ritmo atropellado de los días leer se convierte en un acto de rebeldía: sentarse y abrir un libro es detener el reloj, es abrir una puerta que da a otro tiempo, a otros días, a otras vidas.


Leer es un insólito acto de rebeldía, un palo entre las ruedas del engranaje incesante, un torpedo en la línea de flotación de la maquinaria que alimenta la cinta sinfín bajo nuestros pies.


Leer es romper el espejo, hacerlo añicos, y cruzar al otro lado.



Leer frente al ruido.


Estos días que vivimos no tienen cabida para el silencio: el ruido, todo él, habita entre nosotros. Ruido en la calle, ruido en las casas, ruido en los corazones; pantallas que hablan, motores que suenan, ascensores que desafinan... no hay un hueco de silencio entre la mañana y la noche ni entre la noche y la mañana.


El perpetuo ruido se ha incrustado en nuestra cabeza, como un taladro ha llegado al centro de todo y allí se ha convertido en un zumbido constante, severo, contumaz.


Es más: el ruido que hemos tragado y tragado y tragado ahora nos habita y mana, incluso, de nosotros. Ni siquiera bajo el agua es uno capaz de sentir la blanca estepa del silencio, de percibir la sólida presencia del silencio, de dejarse acariciar por el teciopelo suavísimo del silencio.



El ruido es el rey de nuestros días.


Y frente al ruido incontenible leer se convierte en un acto de rebeldía: sentarse y abrir un libro es acallar todas las voces estridentes, es quebrar la continuidad del ruido, meterlo en un saco y lanzarlo al fondo del pozo y entonces permitir que, de nuevo, aparezca el silencio. Abrir un libro es tumbarse en una pradera en calma, territorio fértil para soñar historias, para imaginar, para escuchar y escucharnos.

Abrir un libro es llenar el mundo de silencios, de esos silencios imprescindibles para la emoción, para sentir que respiramos, que cerramos los ojos, que somos.



Leer frente al dogma.


Son tiempos de uniforme, son tiempos de globalizar(nos), son tiempos de cáscaras brillantes y fondos someros. Son tiempos de pocas preguntas y mucho dogma: este es el mundo que nos ha tocado vivir, resignación.


Y estos son los días que vivimos, días de idénticos gustos, de idénticos deseos, de idénticos pensamientos, días en los que la fábrica de ideas alumbra eslóganes futiles y vistosos para alimentar nuestras bocas y rellenar de palabras prefabricadas nuestros sueños. El deseo, nuestro deseo, está en manos del mercado y en este teatrillo nosotros somos los títeres que habitan en un sueño. O en una pesadilla.


La doctrina entra por el ojo y la oreja y se agarra firme adentro. El mercado nos hace iguales: somos carne de tarjeta visa.

The Shop Around the Corner



Y frente al adoctrinamiento exitoso leer se convierte en un acto de rebeldía: sentarse y abrir un libro es alimentarse de palabras, es rumiar ideas, es discutir y reflexionar y pensar y crecer y criticar.


Así pues, leer es un enorme acto de rebeldía que nos hace críticos, inconformistas, diferentes, preguntones, inquietos... Leer es romper la maquinaria de los moldes iguales, de las identidades manipulables, de la carne de mercado. En especial leer esos libros que no alimentan las calderas de ese mercado.

¡Si hasta se pueden leer libros gratis cogidos en préstamo en las bibliotecas públicas! ¡Dónde se ha visto acción tan revolucionaria en el reinado del consumismo y la globalización!



Leer frente a la inacción.


Son tiempos incomprensibles, nos dicen. Pasan cosas inevitables, insisten. Nada podemos hacer, afirman. Y mientras tanto nos invitan a sentarnos y ver pasar los días: resiste, aguanta, agacha la cabeza, un poco más, resiste, aguanta, mira la televisión... tú aún eres de los afortunados, te recuerdan. Resiste. Aguanta.


Y quieto, no vayas a mover ni un dedo, ni pestañees, no sea que se altere el universo, se rompa el equilibrio, se abran las compuertas y te arrastre la corriente hasta lo hondo.


Sasha Grey leyendo


Frente a la quietud humillante leer un libro se convierte en un acto de rebeldía: coger un libro activa el músculo, activa el ojo, activa el cerebro, activa la voluntad de ser partícipe, la responsabilidad, la implicación de quien lee. El libro exige al lector, da por ciento lo que exige pero exige. Pide ¡calla!, pide ¡escucha!, pide ¡atento!... y el lector participa y se hace responsable de eso que sucede en ese instante de lectura. Ser responsables y protagonistas de lo que nos sucede es, sin lugar a dudas, la mayor de todas las rebeldías imputables al libro.



Sí, podría decir que leo por hábito, que leo por placer, que leo por egoísmo.


Pero cada vez estoy más convencido de que leo porque pertenezco a la Resistencia, porque soy un rebelde. Y pienso que hay muchas cosas todavía que deben cambiar. Con un libro en la mano soy peligroso: pienso, sueño, hago preguntas, soy responsable, habito el tiempo... inicio la revolución silenciosa que hará otro mundo mejor.


Seguro.











PD: meses después de su publicación y difusión en español, el texto ha sido traducido al italiano y publicado en (bicizen.it) por mediación de Tiziana Cristiani y con traducción de Simona Fiscale. Podéis leerlo aquí.






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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films Neutrón, Alfa Eridiani, Valinor, miNatura, Tiempos Oscuros, Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.



Enlaces relacionados:




07/03/2026

jueves, 27 de diciembre de 2012

Claudio Magris: Ni pesimismo ante el futuro ni nostalgia del pasado





El escritor Claudio Magris. / SAMUEL SÁNCHEZ





  • El escritor italiano Claudio Magris inaugura las actividades culturales de la Feria del Libro
  • Asegura que hay "una guerra mundial económica"



JUAN CRUZ 


 Madrid 25 MAY 2012






Claudio Magris (Trieste, 1939) es una potencia intelectual, una inteligencia que comprende literatura, historia y política y "un verdadero europeo", como dijo de él su amigo Jorge Semprún. Ayer llegó a Madrid poco antes de la hora en que debía inaugurar, con un discurso, la Feria del Libro de Madrid que este año tiene a Italia como huésped de honor. Cuando todavía se recuperaba de los estragos del viaje junto a los directivos del Instituto Italiano de Cultura que lo agasajaron, el autor de Danubio glosó los versos que Bertolt Brecht escribió sobre su versión de Antígona, de Sófocles, que fue el tema de su disertación en la fiesta del libro. Dijo Brecht: "Por los sacrificios bárbaros/ de un gris tiempo primordial, la humanidad/ se levantó grande".

Se puede decir ahora de Europa, está en un tiempo gris, ¿es posible que se levante grande? Él cree que los tiempos de Brecht (que también dijo que se podía cantar en los tiempos oscuros) estaban las cosas mucho peor. "Yo no hubiera querido vivir en aquellos tiempos. Estoy contento de vivir ahora. Es evidente que la literatura no es una crónica, pero debe contar los tiempos tristes que estamos pasando, ha de reflejar nuestras preocupaciones. Pero a largo plazo yo no me siento pesimista".

Ha superado Europa muchas barreras. La segunda guerra mundial; la tercera (que ganó el bloque occidental en 1989). Y ahora estamos en la cuarta, dice Magris, "que es una guerra mundial económica" en la que el dólar quiere derribar el euro, "y en la que se juega el predominio económico del mundo". Pero la idea de Europa, que él ha defendido en libros, en declaraciones, en conferencias, y hasta caminando para deshacer fronteras, se diluye, como si tuviera un gusano dentro que se la come. "Y sólo se levantará y se hará grande si se convierte Europa en unos verdaderos Estados Unidos de Europa, se acaba con la unanimidad, que no es un proceso democrático, se proyecta una auténtica soberanía y se ocupa de todos los problemas de los países desde una sola perspectiva, la perspectiva europea".

La crisis económica lo ha desorientado, "pero como a cualquier ciudadano", y como cualquier ciudadano del común "yo no me siento un individuo especializado capaz de lanzar juicios indecorosos sobre lo que sucede. No entiendo la situación de Europa, no la conozco. Sé, por lo que ha pasado en Italia, que las viejas formas políticas están en crisis y que se ha creado un clima inquietante en las instituciones europeas".

Le inquieta a Magris cómo se está resquebrajando el sistema tradicional y siente "como si se estuviera acabando una época". Pero se resiste a hablar de ello como un experto. "Los cirujanos se dedican a intervenir a los enfermos que necesitan ser operados, y saben de ello. Si un cirujano se pone a contar historia de la medicina es posible que el enfermo no resista… Y lo mismo pasa con las ideas que estoy diciendo: soy un hombre que hace historia, no entiendo de veras qué debe hacerse".

Pero es optimista a largo plazo. ¿Y con respecto a la cultura del libro? Está aquí en una feria que lo celebra. ¿Comparte la inquietud de Mario Vargas Llosa sobre la banalización de la cultura escrita y de la cultura en general? "Creo que el criterio de evaluación cultural ha cambiado. Nadie pensaba que un día se iba a equiparar cantidad con valores, y eso lo está poniendo en pie lo que yo llamo ´la lumpenbourgeoisie`…, que no es sino una burguesía de las formas y que ha decidido que mucho es igual a interesante. Pero no, no estoy preocupado por la cultura, y no estoy tampoco preocupado por la cultura del libro. Y sobre todo, no tengo nostalgia del pasado. ¡Nada de nostalgia del pasado!" 


Tomado de El país   






miércoles, 26 de diciembre de 2012

"Confesiones de un poeta" por Ledo Ivo. Una traducción de José Carlos de Nóbrega


 




En un humilde homenaje al poeta Ledo Ivo (Maceió, Brasil, 1924-Sevilla, 23 de diciembre de 2012), les ofrecemos la  traducción de este texto maravilloso tomado de su autobiografía "Confesiones de un Poeta" realizada por José Carlos de Nóbrega.




Confesiones de un poeta  

Ledo Ivo

I

El viento vagabundo



No estimo a los analistas, ni a los psicoanalistas ni a todos aquellos que, movidos por intenciones terapéuticas, se abalanzan sobre los males de las almas, despojando a las criaturas de lo que ellas poseen en lo más secreto y substancial de su ser, que son sus neurosis y obsesiones, sueños y obstinaciones, reduciéndolos a piscinas vacías. Pero, aquella noche en Portland, Oregon, la conversación, en la acogedora casa extranjera, ennoblecida de observaciones y confidencias respecto a la variada naturaleza humana. Un viento proveniente de Alaska me olfateaba como un perro glacial. Entonces, conté a un especialista atento el sueño que me sigue, o persigue, desde la infancia.


Conté mi sueño con la salvedad de ignorar si naciera de la realidad o pasara de la ensoñación a la vida abierta. En ese sueño, que se repite bajo incontables variaciones, como un motivo conductor de una composición musical, soy un niño o un hombre en procura de algo que jamás será encontrado, una vez que despierto siempre en los alrededores del descubrimiento. Un episodio de la infancia, por cierto real, lo nutre: aquella noche en que, en una feria, me le extravié a mi padre y, en medio del llanto, viví minutos de aflicción, por cuanto a mi vuelta los carruseles corrían y las luces de la rueda gigante fulguraban entre lágrimas. El instante dramático se multiplica en la memoria adúltera que la guarda y reinventa. Pequeño, más de una vez me encuentro perdido en la fiesta ruidosa, entre rostros permutables que me miran fijamente o pasan sin prestarme atención. Estoy en un chorro, sobrevolando Nueva York, pero Nueva York no existe. Vago entre calles barrocas; contemplo palacios de vidrio que protegen los gestos infantiles de burócratas diáfanos; me acerco a dos navíos podridos en las lagunas natales, bajo la imprecación de gaviotas perturbadas por mi curiosidad; subo escaleras en espiral que me conducen a la torre truncada del farol que iluminó mi infancia. Pero cuando creo estar cerca de distinguir lo que busco —un lugar, una mujer, una concha, la metáfora que consagra la abolición de la muerte— mi mano levantada es la de alguien que despierta, en el gesto desconsolado de apartar una oscuridad prematura.

El Doctor en almas humanas acogió mi sueño y me sorprendió con su diagnóstico. Al contrario de eventuales pasantes, siempre inclinados a interpretarlo como un parto reiterado de la incertidumbre y la inseguridad, vio en él el obsesivo síntoma íntimo de una búsqueda.

Ledo Ivo. Caricatura tomada de aquí

Mi sueño significaba la lucha de un hombre en procura de su personalidad. A su entender, yo no era una criatura perdida o insegura, o extraviada del Padre Celestial (hipótesis de un amigo católico), y sí el ser que se busca a sí mismo. La sentencia exacta o falaz, esclarecía uno de los problemas que más me perturbaran, desde la adolescencia hasta la madurez: el de mis límites.

Al llegar a Recife, para las primeras aventuras literarias, lo que más me impresionó fue la limpidez de las señales estéticas de un principiante que habría de ser uno de los más grandes poetas de nuestra lengua. Joao Cabral de Melo Neto comenzaba y terminaba nítidamente. Todo, en él, ostentaba la exactitud de un cuchillo. Con certeza en el cuchillo sólo la lámina de su lucidez contundente tenía el brillo de una locura mallarmeliana, que lo obligó, cierta fecha, a un aislamiento en el que contemplaba “jardines enfurecidos”. (Es sorprendente, también, que sus incontables críticos y exégetas no se hayan detenido, todavía, delante de esa arista visionaria de poeta que celebró “la servidumbre de las ideas fijas”, prefiriendo navegar sólo una de sus dos aguas). Mas regresemos un momento de aquel primer encuentro de dos jóvenes poetas que, precisamente porque eran diferentes y antagónicos, con sus estéticas que se repelían y se desencontraban, podían caminar juntos. En cuanto Joao Cabral mantenía sus alucinaciones bajo el control de un albo sol de aspirina, automedicándose al punto, y conocía la extensión de sus tesoros, produciendo poemas como el molino produce agua, yo era todo incertidumbre y torbellino, abundancia y desperdicio, secuestrado por una turbulencia de mí mismo desprovista de flechas y contornos.

Yo temía que mis dones eventuales me extraviasen. A mi rueda, no eran pocos los que me etiquetaban de esparcido y veían con mal ojo mi futuro poético. Era necesario contestar el canto matinal, vigilar al importuno visitante nativo, represando las aguas tumultuosas de la vocación y convirtiendo el torrente en el andén —o lo mismo, ¿quién sabe?— de una estación central.

Hoy, acostumbro preguntarme si lo conseguí, ya que los críticos más juiciosos, semejantes a los exploradores que se conforman con la punta del iceberg, aman aludir en mí el virtuosismo y la pericia formal. Y me pregunto si esa proeza —tal vez guiada menos por la voluntad sedienta de la afirmación de que por el instinto creador que, a lo largo de la vida, va mutando de lo abstracto a lo concreto— no tendrá erradicada algunos segmentos valiosos o, estancando fuentes vivas, impuso silencio a una alta verdad que sólo podría ser dicha a través del abuso o del exceso. Pienso, a veces, que en la flor invisible seguro faltan algunos pétalos, que yo no supe proteger de la intemperie. Tengo pesares de lo que no fui, de lo que dejé de ser.


Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable. Yo era el llamado a establecer el espacio de mi entereza sin el sacrificio de las máscaras deseosas de exhibirse, de todos los yoes que se suceden con sus imprecisiones prestigiosas y metafísicas engendradas por la brisa, de todas las letras del amor y de la alegría.
Ledo Ivo leyendo. Imagen tomada de aquí

¿Habré cumplido mi promesa? Es lo que pregunto a las estatuas de la noche, al viento vagabundo y las colinas, a los emblemas del día, a la vaga transgresora que desafía el desorden bellísimo del mar.


En vez de calmarme, con sus preguntas, me tupió de interrogantes. Así, no pertenezco al linaje de los que tienen respuesta para sus semejantes. Antes bien, soy de la familia espiritual de los que sólo tienen preguntas y, con su constelación de incertidumbres íntimas, sólo saben indagar y sembrar dudas.

En la fiesta bullente de las letras y la vida, soy de nuevo el niño perdido y reencontrado que se busca a sí mismo entre rostros indiferentes, cierto que sólo esa búsqueda tendrá el poder de transformarlo en lenguaje.


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José Carlos De Nóbrega. Ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.


Actualizada el