viernes, 23 de octubre de 2026

Los escritores y delirios de Igor Delgado Senior

 




De escritores y delirios


Crónicas y delirios | Escritores, huellas y sombras

07/06/2024.-


I


Alberto Olmos: terrible ojo sapiens de nuestro tiempo

Alberto Olmos 


Una amiga, de esas que ya casi no quedan por motivo de cualquier razón —el exilio a-dorado, el ingrato síndrome económico o el ocaso generacional—, me escribe desde su apartamento en Madrid con vista repetida hacia otros pisos idénticos, para enviarme las sagaces crónicas del periodista y novelista español Alberto Olmos (1975), recogidas en el volumen Cuando el Vips era la mejor librería de la ciudad.




Como soy un eterno articulador de artículos de prensa, aprovecho la ocasión para expresarle a la amiga, mediante esta vía digital, mi beneplácito por haberme permitido el disfrute de la mordaz inteligencia olmosiana y su agudo ojo sapiens como testigo de nuestro tiempo. Y a la vez, en dicho cumplimiento periodístico, reproducir una muestra de sus opiniones.


 



Sobre ciertos escritores españoles


Ya va para varios años que los escritores dejaron de interesarse por conseguir que los lean y se centraron en un objetivo mucho más noble: conseguir que les paguen. Cobrar por un libro las horas exactas que has empleado en escribirlo es algo que casi nunca se da. Por eso, la literatura era un arte, porque ponía a la gente a trabajar contra todo sentido práctico.


El logro de un escritor medio en nuestros días, sin embargo, es hacerse con muchas becas y residencias; esto es, con patrocinios y manutenciones. Y hasta se lucen estos subsidios en la biografía del autor, muy orgulloso de que su escritura haya estado subvencionada y florezca, por tanto, en invernadero.


 


Ser analfabetos no impide triunfar


Ser analfabeto no impide triunfar en este mundo nuestro (…) No hay ningún tuitstar o youtuber de éxito que sea capaz de escribir una sola frase sin faltas de ortografía. Son ricos. Los futbolistas, los cantantes y los presentadores de televisión, que también son ricos, necesitan dos videotutoriales para los acentos: uno, para ponerlos; y otro, para no ponerlos. No pocos columnistas de renombre serían incapaces de reconocer sus propios artículos si se los dieran a leer sin firma, de tanto que se los corrige el redactor de turno.


 


De cómo la autoficción se convirtió en autopromoción


Para el logro de un enorme éxito, lo necesario sería narrar no la batalla, sino cómo se documentó el autor sobre la dichosa batalla.


Es lo que hacen —un libro sobre cómo escribo el propio libro— muchos autores. Sin embargo, lo cierto es que la autoficción se encuentra en un momento crítico. El grado de narcisismo de los autores hace tiempo que superó la categoría de ridículo y se dirige hacia el diagnóstico de demencia.


La obra literaria se ha visto contaminada por las redes sociales y los autores se dedican diariamente a autopromocionarse en Facebook o Twitter, y a la hora de escribir novelas también creen que deben vendernos su éxito literario: Escribo para que te creas que soy escritor, y para creérmelo yo mismo.



 

Roberto Bolaño por MarcoVillar



Bolaño y yo: la historia jamás contada


Dicen los ganadores que nunca ganan, pero casi, que del subcampeón no se acuerda nadie. Y yo fui subcampeón del premio Herralde que se llevó Roberto Bolaño con Los detectives salvajes. Mi obra se titulaba A bordo del naufragio. Tenía yo veintitrés años. Roberto Bolaño y un servidor iniciamos entonces trayectorias paralelas, y mientras él se ha convertido en un mito literario, yo tengo una columna periodística.


Lo que nunca he olvidado de Bolaño es su jersey desgastado que se volvió mítico. Quiero decir que Bolaño, en la Barcelona de 1998, era un señor que lo tenía todo para fracasar: eminentemente aquel jersey, amén del resto de su indumentaria, vieja y ajada, el rostro magullado por las carencias dentales y la desazón, las gafas desequilibradas y el andar raquítico.


Todo eso, hoy en día, no hay foto que lo recoja. Ves una foto de Roberto Bolaño y siempre observas a un galán de las letras; bohemia y no miseria, intención y no dejadez, estilo y no abandono. La fama debida a esto de la literatura vuelve apolínea toda vulgaridad.


 


II


Franz Kafka, a la derecha, con su amigo y editor Max Brod, en el balneario de Marielyst (Dinamarca). Tomada de El País.


Rememorando a Kafka en los cien años de su nacimiento


Existe entre los creadores el espíritu tánico de destruir su propia obra, en un arrebato de inconformidad extrema frente a lo que han generado; es el círculo ancestral de vida/muerte o de huidiza afirmación ante el dilema de la duda. Los casos abundan y el de Franz Kafka encarna uno de los más representativos, aunque con final inesperado.


Fue así como, a escasos meses antes de morir de tuberculosis, Kafka le escribe a Max Brod, su leal amigo y editor:


Queridísimo Max, mi último ruego: quema sin leerlos absolutamente todos los manuscritos, dibujos, cartas propias y ajenas, que se encuentren en mi legado (es decir, en cajas de libros, roperos, escritorios de casa y de la oficina, o cualquier otro sitio donde pueda encontrarse algo y te llame la atención), así como todos los escritos y dibujos que tú u otros tengáis en vuestro poder. Tuyo, Franz Kafka.


Como recordarán los lectores, el fraterno Max Brod nunca quemó los manuscritos y dibujos de Kafka, conservándolos para la eterna memoria de la humanidad.


 


III

Rómulo Gallegos. Imagen tomada de Escritores Mexicanos Unam.


Gallegos quiso lanzar al mar los originales de Doña Bárbara


Durante la "Entrevista irreal a Rómulo Gallegos", en esta misma columna, la insigne transparencia del escritor tuvo a bien revelarnos:


Le contaré algo personal que pocas veces he referido. En 1929, debimos viajar a Europa para que mi esposa Teotiste se sometiese a una operación quirúrgica, y durante la travesía en el barco me dediqué a la revisión de los originales de Doña Bárbara, pero al terminar la lectura entré en una especie de angustia autocrítica y tanto desvaloricé la obra que me dije: "¡Esto no sirve!", y traté de tirarla al océano. Por fortuna, Teotiste me la arrebató de las manos; y al llegar a Madrid establecí contacto con la editorial Araluce, que auspiciosamente decidió publicarla. La acogida fue total.


 


IV

José Antonio Ramos Sucre (Cumaná, 9 de junio de 1890-Ginebra, Suiza, 13 de junio de 1930)

El insomnio agónico de Ramos Sucre


Nuestro gran poeta José Antonio Ramos Sucre tuvo una existencia lejana de las clasificaciones: fue un creador de luces originales y recónditas, mezcla personal de simbolismo y vanguardismo, cuya prosa poética resultaba de ardua aceptación para sus contemporáneos. Escribió, además, narraciones breves que hoy figurarían como minicuentos avant la lettre, artículos de opinión y un conjunto de notables aforismos ("El tiempo es una invención de los relojeros"; "La aristocracia de nacimiento es una autosugestión, por eso nadie cree en el linaje de otro"…).


En el año 1929, Ramos Sucre es nombrado cónsul de Venezuela en Ginebra y comienza su eterna búsqueda de una cura para el insomnio y la depresión. El 9 de junio de 1930, cuando cumplía cuarenta años, se envenena, muriendo pocos días después. ¡Paz eterna, poeta!


 


Igor Delgado Senior 


 https://www.ciudadccs.info/publicacion/18625-cronicas-y-delirios-escritores-huellas-y-sombras












Caracas, 1942. Abogado y Licenciado en Letras, egresado de la U.C.V. Mantuvo la columna  Fuegos de Palabras en el diario El Nacional, de Caracas, desde 1979 hasta 2003 y ha sido facilitador de talleres de narrativa en el Celarg. Desempeñó diversos cargos de dirección en el área universitaria y en el ámbito de la cultura pública. Fue diplomático en nuestra Embajada en México y en la Delegación Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante la UNESCO (Francia).

Ha publicado los siguientes títulos: Tres mensajes publicitarios. Aproximación semiótica (Ensayo. Caracas. Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, 1979). Ephphetae (cuentos. Editorial El Mendrugo México, D.F., 1979), Relatos de tropicalia (cuentos. Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1985), Sexo sentido y otros cuentos (cuentos. Contexto Audiovisual 3, Caracas, 1988), Fuegos de palabras (artículos y crónicas. Contexto Audiovisual 3, Caracas, 1991), Sub-América (cuentos. Monte  Ávila  Editores, Caracas, 1992), Si me han de matar mañana (cuentos, Monte  Ávila  Editores, Caracas, 1999), Cuentos completos I (Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2010), Cuentos completos II (Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2010), Fuegos de palabras: crónicas de un cronista crónico (Monte Avila Editores, Caracas, 2011), Cronicuentos de última página (Editorial Lector Cómplice, Caracas, 2016) entre otros.

Ha obtenido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Premio de Ensayo Edoardo Crema otorgado por la Universidad Central de Venezuela por la obra Tres mensajes publicitarios (1975); Premio de Narrativa de la Asociación de Escritores de Venezuela por Ephphetae (1975); Premio de Literatura Humorística Pedro León Zapata por Ephphetae (1975); Finalista del Concurso Casa de las Américas, mención narrativa (s.d., 1988); Premio Municipal de Narrativa por Sexo sentido y otros cuentos (1988); Premio de Cuentos de El Nacional con Gloria del traspatio (1990); Mención en el Concurso de Cuentos Juan Rulfo de París (s.d, 1991); Premio del Concurso de Cuentos de la revista Plural, del diario Excélsior de México (s.d., 1991); Premio Municipal de Narrativa de Caracas (s.d., 1998),  entre otros.

https://ficcionbreve.org/autor/igor-delgado-senior/


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jueves, 22 de octubre de 2026

ESDRAS PARRA, ESCRITORA VENEZOLANA A JOSÉ PULIDO: YO BUSCO LA DISLOCACIÓN DEL POEMA MANTENIENDO LA COHERENCIA INTERNA

 


Fotografía coloreada

Esta entrevista la publiqué en El Nacional en el año 2001. La fotografía que pongo hoy es del poeta y fotógrafo Vasco Szinetar



 

ESDRAS PARRA (Santa Cruz de Mora, 13 de julio de 1939 - Caracas, 18 de noviembre de 2004): MI POESÍA ES SUBVERSIVA

José Pulido  

Desde hace unos seis años la poeta Esdras Parra acude al Círculo del Dibujo, que se realiza en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber. 


Su poemario más reciente, Antigüedad del frío, publicado por Ediciones Mucuglifo, de Mérida y la Dirección de Literatura del Conac, muestra un dibujo suyo en la portada. En la presentación, Víctor Bravo habla sobre la plasticidad implícita en los poemas de Esdras Parra.

“Para mí, la pintura tiene mucho que ver con la poesía. Yo estoy muy cerca de la pintura, la siento con mucha fuerza”, dice la poeta.

Sin embargo, el logro predominante en Antigüedad del frío es el empeño puesto por Parra en la búsqueda de una manera de decir las cosas, sin contarlas.

―Su amor por el lenguaje ¿no es lo que la ha salvado de una vida común?

―El lenguaje es esencial en la vida cotidiana, pero el enfoque que el poeta hace de ese lenguaje común es, por supuesto, una elección muy personal y el trabajo que el poeta hace del lenguaje constituye como la esencia de su trabajo poético. El lenguaje en poesía lo es absolutamente todo, es casi un mundo en sí mismo.

―¿Qué es la verdad a la hora de la muchedumbre? dice un poema suyo. Eso hace pensar en que por mucho que se refugie en su escritura tiene que vivir la realidad dura y cruda. ¿Cómo se lleva con la realidad y con la ciudad?

―La poesía tiene que ser verdad antes que nada: no hay trucos, no hay engaños en la poesía. El mensaje que encierra el poema tiene que ir directo al lector y él es quien debe captar si la verdad está ahí.

Yo pienso que la verdad de la poesía se apoya en la realidad, surge de ella, porque la realidad tal como la vemos y la aceptamos no es en esencia engañosa. Lo que sucede es que nosotros creamos nuestra propia realidad a partir de la realidad en la que estamos sumergidos. Es decir, el elemento esencial para captar esa realidad es nuestra percepción. El hombre percibe. Y el poeta que tiene una sensibilidad más aguda percibe con mayor intensidad, de modo que esa percepción es la base de su trabajo poético, incluyendo aquí la experiencia que el poeta va ganando a través de su existir.

―¿Y la ciudad?

―Para mí la ciudad es el ámbito perfecto del hombre, que necesita del contacto con los otros. A mí particularmente me gustan las ciudades grandes, porque como soy una persona solitaria las ciudades grandes, populosas, me proporcionan eso que siempre he buscado que es el anonimato.

―La poesía ¿es una manera de vivir?

―Me encanta esa pregunta. Porque pienso que uno vive a través de las propias acciones. Las acciones son como el resultado de las decisiones que uno toma constantemente en la vida y, por supuesto, esas acciones se expresan a través del lenguaje.

De modo que la poesía viene siendo una acción del ser humano, una manera de proyectarse hacia afuera, hacia los otros, en la misma forma como uno interviene en la vida de los otros y si tienes el don de la poesía, tú vives a través de ese hacer que es la poesía. Es como una manera de vivir, quizás más intensa, más cargada de fuego interior y hasta cierto punto más real.

Alfredo Silva Estrada


Los primeros libros de Esdras Parra fueron de relatos. En una ocasión dijo que había llegado tarde a la poesía. Sin embargo, a los veinte años de edad escribía poemas. El poeta Alfredo Silva Estrada conoció esos poemas y aún conserva alguno, según Parra. “Yo me establecía una limitación, que era una traba mental”, dice Esdras Parra. Pero en 1987 comenzó a escribir poemas de nuevo y la primera versión del poemario Este suelo secreto apareció. Ganó la Segunda Bienal Mariano Picón Salas y en 1995 fue publicado por Monte Ávila Editores.

Reedición de la editorial El Perro y la Rana



―La primera versión de Antigüedad del frío la escribí inmediatamente después de Este suelo secreto. La mantuve varios años sin leerla y en algún momento volví a esos poemas y comencé a descartar, a corregir. Todavía fue necesaria una tercera versión, después de todas esas correcciones, el resultado es este libro que quizás no se parece mucho al libro original.

―¿Qué representa Antigüedad del frío?

―Este libro representa un avance en el proceso de crear una obra. Lo que me interesa en este libro es un trabajo dentro del lenguaje, un trabajo de transformación y de búsqueda de una sintaxis que exprese lo que intento hacer con mi poesía. Yo creo que mi poesía es una poesía subversiva. Yo intento dislocar el orden común del lenguaje, por eso hablo de una poesía subversiva, que vaya a contracorriente de cualquier otra búsqueda.

Esto puede observarse, de manera muy imperfecta, en mi primer libro. Libro que no gustó a los lectores, por lo menos a una mayoría. Porque lo que yo me proponía en esos poemas, como en los de este nuevo libro, no era contar historias. No niego que la poesía tenga un propósito narrativo, yo siempre leo poemas donde hay cuentos, historias, y no me siento molesta para nada, es más: los disfruto, los acepto.

Lo que pasa es que yo camino en sentido contrario, no me interesa escribir una poesía erótica, social, histórica, sociológica, porque de cierta manera yo sigo el dictado de Wallace Stevens que dice “La poesía es el sujeto del poema”. Es decir, el poema crea su propio mundo y ese mundo depende del lenguaje que el poeta ha elegido de manera deliberada para dar curso a sus ideas.

Wallace Stevens. Imagen tomada de Dreamstime.


―Hay un efecto mágico en el acto de colocar una palabra al lado de otra, sobre todo si comúnmente no son vecinas…

―Eso tiene que ver con lo que intento hacer en mi trabajo. Es decir, desquiciar el orden natural de las palabras buscando asociaciones nuevas, como quiso Rimbaud.

Darle a cada palabra un significado diferente y esto se logra cuando tú estableces relaciones inéditas en las palabras. Aquí en esta pregunta que me haces está la esencia de mi trabajo, y lo que quiero realizar con los poemas. Por supuesto, no hay nada nuevo en ese intento, lo único novedoso (si pudiera hablarse de ese modo), es el enfoque personal que le imprimo a los poemas. Busco que el poema se disloque, pero sin perder jamás la coherencia interna que lo sostiene.

―¿Está desarrollando ese propósito?

―Estoy trabajando en tres libros que vengo corrigiendo simultáneamente. El último de ellos me interesa mucho porque intento eso que decía, de dislocar el poema, de hacer la búsqueda más radical. No me propongo hacer una poesía abstracta, pero de alguna manera el hecho de desintegrar la imagen dentro del poema, como buscando una discontinuidad deliberada, podría hacer incomprensible el poema.

Pero yo pienso que el lector debe hacer un esfuerzo. Un poema y por extensión un libro, no se da tan fácilmente, requiere de muchas lecturas y cada lectura agrega algo más a esa comprensión. El riesgo de la poesía es doble: es del poeta que estructura su lenguaje según su preferencia, y del lector que debe descubrir ese mensaje.






BUSCANDO PALABRAS

Camisa de bluyín, cabellera gris, ojos andinos.
El agua del té está hirviendo.
“Voy a buscar una palabra en el diccionario”.   
La tetera silba. Las manos largas pasan páginas.
Esdras Parra murmura “es un té de hierbas”.
Malojillo y naranja.  
Quizás le recuerde
cuando moneaba los naranjos
de Santa Cruz de Mora,
desafiando espinas,
oteando el fin del mundo que es morado.
Ahora trepa sus rumas de libros y revistas.
Cosechando voces. Fuerte en el verbo, frágil en el té.
Solitaria ante la página en blanco.
Y multitudinaria al mirar por la ventana,
como todas las personas que se asoman para ver si escampó.

(Terminé la entrevista con este poema para Esdras)






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(Santa Cruz de Mora, 1939 – Caracas, 2004)
Narradora, crítica de cine, traductora y redactora de importantes revistas literarias. Estudio Filosofía en Caracas (UCV) y en Roma. Directora-fundadora de la revista Imagen (Caracas). Fue Jefe de Redacción del Papel Literario de El Nacional.

DISTINCIONES: Mención Especial de Cuento en el V Concurso de Literatura de la Facultad de Humanidades de LUZ (1966) con “El insurgente”. Primer Premio de Poesía de la II Bienal “Mariano Picón Salas” (1993) con su libro Este suelo secreto. Premio Nacional de Literatura (1998).

OBRA NARRATIVA: El insurgente (1967); Juego limpio (1968, novela); Por el norte el Mar de las Antillas (1968). OBRA POÉTICA: Este suelo secreto (1995); Antigüedad del frío (2000); Aún no (2004). Lo que trae el relámpago (2021, póstumo).




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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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