miércoles, 27 de junio de 2007

AFICHES EQUÍVOCOS DE GUILLERMO CERCEAU & LUIS MAVILLA.






AFICHES EQUÍVOCOS DE GUILLERMO CERCEAU Y LUIS MAVILLA


José Carlos De Nóbrega




 

Los afiches se dirigen, por lo general, a satisfacer necesidades propagandísticas: las vinculadas a la divulgación de ideologías o a la comercialización de productos y cachivaches de toda especie (desde fármacos que combaten la disfunción eréctil hasta sucedáneos filosóficos tales como Pare de Sufrir o El Mapa del Tesoro). Confieso, a tal respecto, haber estado a punto de comunicarme telefónicamente con la bombera en hilo dental: me dispongo a pagar el precio de apagar su fuego, por supuesto, manguera –perdón, celular- en mano. De algo si estoy seguro: no hay ninguna diferencia entre embriagarse musitando incansablemente tres o cuatro consignas políticas y recibir la gracia del agua bendita de o rio Jordan: hacen más llevadera la vida, pues el círculo de poder correspondiente piensa y modifica el mundo por nosotros. En esta exhibición de afiches, Guillermo Cerceau y Luis Mavilla persisten en convocar las Letras & Formas en un descarado e impune acto de provocación. Solamente para que no nos demos cuenta de que la alienación urbana nos impide reírnos de la precariedad del mundo. Las manchas multicolores vomitan papel periódico idiota que obstruye la sensibilidad poética y carnal del plexo solar: Todo es blanco excepto la muerte, las huellas tan sólo conducen a sepulcros blanqueados que resguardan la carroña y la putrefacción de la humanidad guiada en una cadena bovina y enceguecida. Los aforismos, soportados por las imágenes caóticas, retan en su simplicidad formal –en una imaginería que apunta a lo originario y lo elemental- el abstruso y manierista discurso de la estupidez de las academias, los mass media y los púlpitos político-consolatorios. El Último Llamado se vale del humorismo negro y descarnado de ojos solitarios -¿se trata de un guiño cómplice o de un Polifemo atribulado?- que horadan puertas y quesos manchegos, en la lectura de un antidecálogo que triza las solemnidades bobas del formalismo religioso, filosófico, ético y estético. El conjunto de afiches se presta a las más variadas y descocadas lecturas: se puede asumir como diez aforismos ilustrados, o una décima en verso libre sin importar que su abordaje sea hecho y derecho o torcido; mejor aún, se nos antoja una parodia de esas presentaciones en Power Point que atiborran nuestro buzón electrónico: se trata entonces de leer en esa risa que no es de locos para luego remitir siete copias a otros amigos, de manera que obtengamos la gracia y la venia de la Fortuna: reconocernos en nuestra ridícula majestad ante el monitor.


Valencia de San Simeón el Estilita, 27 de junio de 2007. 




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