jueves, 3 de febrero de 2011

INSERCIÓN DE LA REVISTA “POESÍA” EN EL PANORAMA POÉTICO VENEZOLANO DE LOS ÚLTIMOS TREINTA AÑOS por JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA.



Estimados Amigos

Hoy le obsequiamos otro ensayo de José Carlos de Nóbrega dedicado a la revista Poesía, Patrimonio cultural de Naguanagua y de la Universidad de Carabobo. Originalmente este texto fue publicado en la revista Laberinto de Papel Nº 4 correspondiente al mes de octubre de 2006.



De izquierda a derecha aparecen J.M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero





     Cuando en 1971 se funda la revista “Poesía”, estaba abriéndose un espacio de transición en el devenir poético venezolano de aquel entonces. Ya era evidente el agotamiento del vanguardismo y el compromiso político-social que habían marcado a la literatura de los sesenta. Era urgente superar los aportes de la Generación del 58, a como diese lugar. Son ilustrativas estas palabras de SILVA (1989):

     “Lo importante, para esa generación de poetas, es saber que hoy está muerta como generación. Hay una generación de 1968. Hay nuevos poetas y nuevas actitudes, no tan audaces y comprometidas, pero distintas. También hay unos cuantos poetas que se quedaron sin generación. Y otros tantos que la perdieron, y que siguen escribiendo a pesar de los años.
     “Y no te digo adiós, sino hasta luego, como dice el tango” (p. 16).

     La referencia de Ludovico Silva, más allá de la nostalgia, apunta no sólo a la subversión política y literaria que afrontaría, en primera instancia, la administración de Rómulo Betancourt, manifiesta en la guerra de guerrillas y en la trinchera poética de publicaciones tales como Sardio, Tabla Redonda, Rayado sobre el Techo, En Háa, Sol Cuello Cortado y En letra roja; sino también a poetas tales como Rafael Cadenas, Alfredo Silva Estrada, Juan Sánchez Peláez, Juan Calzadilla y Rafael José Muñoz, cuya obra superó en calidad y continuidad el sepelio de dicha generación. Por supuesto, la generación del 68 implica nombrar a poetas como Teófilo Tortolero, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros, Eugenio Montejo y Luis Alberto Crespo, quienes habían levantado tienda aparte, en una actitud esclarecida y un afán renovador de nuestra poesía.



     Derrotada o “pacificada” la insurgencia guerrillera en Venezuela, se notaba un dejo de desilusión ideológica y estética en el corpus literario nacional. El espíritu de la comuna se quebrantó al igual que la realización de la utopía revolucionaria, tanto en lo político como en lo artístico. Tal sensación encuadra en este verso de Rafael Cadenas, una de las voces mayores y sobrevivientes de la referida década: “Cuanto he tomado por victoria es sólo humo”. Ante este escenario desolador, el grupo de poetas fundadores de “Poesía” asumía, por el contrario, una actitud de desconfianza y prudencia. PÉREZ SÓ (1994) resume esta posición: 

     “Esta década del antirromulismo, el rojismo, el cubanismo fue quizá la más pedante, engreída, de la historia reciente hasta entonces. La fórmula maniquea política asesinaba con un solo grito de salón político-teórico a Vicente Gerbasi, Andrés Eloy Blanco, Juan Liscano; dejaron de existir poetas como Rodolfo Moleiro, Ana E. Terán, Enriqueta Arvelo L.. Todo aquello que sonara a no “compromiso” queda desterrado, ahora se pertenecía a la pre-historia, pues la historia se inicia con los intelectuales desvaríos del surrealismo, o las imitaciones del desparpajo beatnick, la poesía “coloquial” cubana, el romanticismo, el neo de Hikmet e incluso no pocos alababan el triste papel colombiano de los nadaístas” (p. 112).

     Dado el relativo vacío en la literatura venezolana al inicio del setenta, el mal llamado Grupo de Valencia decide agruparse fuera de la colmena del trasnocho político y estético de los sesenta. Cabe citar en este instante a Jorge Luis Borges: “La única manera de hacer una revista es que unos jóvenes amen u odien algo con pasión. Lo otro es una antología”. Si bien el punto de encuentro es la universidad, nuevo bastión de los despojos de la izquierda radical que la terminaría de sepultar en el clientelismo, el ámbito es propicio para desarrollar una empresa poética que implique una vuelta de tuerca que sacudiera en silencio las entumecidas letras venezolanas. La revista “Poesía”, desde su fundación, se mostró en contra del exhibicionismo vanguardista para replegarse o concentrarse en una poesía de densa interioridad, austera y despojada en la forma. Es la vindicación del verso breve, cónsona con tradiciones poéticas ajenas al tono declamatorio y dilatado de la época, tales como la japonesa o  de olvidadas voces nacionales como la de Enriqueta Arvelo Larriva. Revisando el índice de los cien primeros números de la revista, no hay ningún poema de Neruda publicado allí. Tan sólo un texto necrófilo, en la última página del número 15,  que se nos antoja más un epitafio poético:

                                           
                                            PABLO NERUDA
                                                 (1904 -1973)

                        “Acudí al fondo de ella, sumergiéndome
                          cada tarde en sus aguas, agarrando impalpables
                          estímulos, gaviotas de un mar abandonado,
                          hasta cerrar sus ojos y naufragar en medio
                          de mi propia sustancia.”

     Leyendo entre líneas, se deduce, más que el parricidio, la muerte natural del poema-padre que había subyugado al continente. Ello en la atmósfera neofascista del Chile posterior al golpe del once de septiembre de 1973. Por supuesto, la generación del 58, muy a pesar de sus faltas, “opuso un dique” a la nociva influencia del nerudismo de la primera etapa, recargado de grandes imágenes y metáforas totalizadoras, amén de un verbalismo de sesgo taxonómico y bellista en la descripción del paisaje americano. Después del sepelio, poco valían las lágrimas ancladas en el despecho y la nostalgia. Los tiempos ameritaban una posición sobria pero atenta respecto al quehacer poético, más apegado a la subjetividad, al trabajo interior y responsable para con la palabra misma. Precisamente, la fundación de la revista “Poesía”, según Alejandro Oliveros (su primer director), descansaría en desdecir los manifiestos y las piadosas intenciones de redención social, los excesos patentes en el barroquismo y el tenor surrealistoide del discurso poético, y  la longa versificación que escondía tras de sí la precariedad del fondo y la entenebrecida percepción del mundo y del oficio poético como tal. Permítase al mismo OLIVEROS (1998) develar la política editorial de la publicación:

   “Me proponía, sin tenerlo muy claro, la difusión de un formalismo que quería llamar “naturalista”, es decir, sin el hermetismo y la abstracción furiosa de los poetas formalistas de la década anterior. Quería promover, a nivel formal, una estética de la poesía breve y esmerada, una palabra concentrada y necesaria. Nunca entendida como balbuceo, refugio para la incapacidad expresiva, santuario de segundones. Debo añadir que para nada fui el único en promover las posibilidades del poema breve. Otros poetas, en otros grupos o aislados, y antes que yo, habían dedicado sus desvelos a una escritura breve y brillante. Teófilo Tortolero y Luis Alberto Crespo son apenas dos de ellos” (p. A-11).
       
     Octavio Paz manifiesta que en el poema corto se sacrifica el cuadro variopinto en la consolidación de la unidad y “llámese jarcha, hai-ku, epigrama, chu-che, o copla, se omiten los antecedentes y la mayoría de las circunstancias que son la causa o el objeto del canto”. La voz poética, entonces, se ampara a la sombra de la miniatura o bonsái. Gaston Bachelard aduce en su favor la contención que lleva a “vivir lo que hay de grande en lo pequeño”. Curiosamente, Jesús de Nazareth reprobaba la ampulosa retórica farisaica para vindicar la poesía breve de las parábolas: el que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho. Adolfo Castañón en su ensayo titulado “Magnitudes del Jíbaro”, nos aclara el quid de la cuestión:

     “Las diversas ideas acerca de la brevedad en la literatura nos conducen a “una idea de la literatura –para citar a Calvino en su ensayo sobre Borges– como un mundo construido y gobernado por el intelecto”, una idea de la palabra concebida como acto. Pero si el único acto que está verdaderamente al alcance del hombre es el suicidio como lo sabían Novalis y entre nosotros, Jorge Cuesta y José Antonio Ramos Sucre, una literatura deseosa de definirse en cuanto acto sólo puede definirse en relación con su propio suicidio, el silencio. Esto explicaría la importancia de las alusiones, omisiones, enunciados implícitos y sobre todo de los blancos en los géneros breves. Los espacios en blanco transforman el espacio en escritura, prefiguran el vacío e invitan al lector a una comunicación que pasa y pausa por la higiene del silencio” (CASTAÑÓN, 1996: 85).

          El silencio tomaría por asalto al texto poético, sin ningún tipo de concesiones al tremendismo de la forma y al esquematismo ramplón del pasquín ideológico. Valga esta cita de SUCRE (1985):

     “El silencio, por una parte, sería el regreso a las fuentes mismas de la palabra. Ese regreso es un punto de partida; lo original, en efecto, es el silencio. Escribimos con palabras, pero lo hacemos desde el silencio. Aun Rimbaud proponía que había que escribir silencios (y fijar vértigos, añadía) y me parece que lo hacía como una disciplina para llegar a ese verbo poético “accesible a todos los sentidos”, que él mismo buscaba” (p. 293).

     Esta virtud es fácilmente observable en la poesía de Reynaldo Pérez Só. Él mismo denominaba a su despacho en el Departamento de Literatura con el mote de bunker. Se sobrentiende una postura de contemplación interior  volcada en la alba superficie del papel y en la brevedad del verso. Desde su primer poemario, Para morirnos de otro sueño (1972), hasta el más reciente, Solonbra(1998), persiste en la desnudez estilística y lo fragmentario e inmediato de la expresión poética en la recreación del discurso de voces disímiles que habitan su interior. SUCRE (1985) lo ratifica:

Reynaldo Pérez Só. Fotografía de José Antonio Rosales


miércoles, 2 de febrero de 2011

HOMENAJE A CRISTÓBAL RUIZ: NUESTRO HOMBRE DE LA LUNA (SÁBADO 5/2/2011, 10 AM, LIBRERÍAS DEL SUR VALENCIA)




Estimados amigos: El Grupo Li Po y el Grupo Literario Enriqueta Arvelo Larriva les invita al "Homenaje a Cristóbal Ruiz: Nuestro Hombre de La Luna", el cual estará coordinado por los escritores Richard Montenegro y José Carlos De Nóbrega. Este festejo poético y plástico se llevará a cabo en Librerías del Sur Valencia el sábado 5 de febrero de 2011, 10 am. El espíritu de Cristóbal Ruiz, artista y pintor selenita de nuestra ciudad, los espera para que todos participemos en el bochinche.

Caricatura de Carlos Tovar


martes, 1 de febrero de 2011

Ciberactivistas esquivan la censura de Internet en Egipto







¿Hasta que punto puede quedar aislado del resto del mundo un país que corta sus conexiones a Internet? Por lo visto no lo suficiente, al menos para Egipto.

El gobierno de Mubarak ordenó a todos los proveedores de Red que operan en el país que cortaran el acceso, pero eso no ha parado ni a los usuarios egipcios ni a los activistas que desde el exterior apoyan la rebelión ciudadana.

Primero fue Anonymous, que apoyó una campaña  para seguir informando a los egipcios de los casos de violaciones de derechos en su país filtrados por WikiLeaks mediante el envío de esas informaciones vía fax.
Un modo sorprendente de saltarse la censura que también está siendo ahora utilizado por  Telecomix para remitir una serie de teléfonos internacionales bajo los cuales es posible conectarse a Internet con un modem.

No es la única manera, y a través de la organización Access Now se está llevando a cabo una campaña internacional para que los usuarios usen Tor (un sistema de cifrado que protege la seguridad y privacidad de la navegación por Internet) y “cedan” parte de su banda ancha a fin de que cuando el acceso a la Red se restablezca en Egipto sus internautas puedan acceder a sitios prohibidos como Facebook o Twitter.

Si finalmente se producen cambios políticos en Egipto y continúa la extensión de la rebelión ciudadana por el resto del mundo árabe y magrebí estaríamos asistiendo al que quizá sea el primer gran fenómeno revolucionario masivo que ha utilizado Internet como medio difusor.

Link: Sortear la censura a golpe de fax (El País)