viernes, 25 de diciembre de 2015

Belén.

Un poema navideño de Andrés Eloy Blanco



Santuario El Tisure. Mérida. Venezuela.  Fotografía tomada de aquí



Estimados Amigos


Hoy 25 de Diciembre compartimos con todos ustedes el poema navideño de 1946 del poeta del pueblo venezolano Andrés Eloy Blanco (Cumaná, Venezuela, 6 de agosto de 1896 – Ciudad de México, 21 de mayo de 1955) titulado Belén. Ahora tendrán el gustó de disfrutar ese texto inédito en la red hasta hoy. 


Andrés Eloy Blanco

La norma para el internauta venezolano es que tenga grandes dificultades para conseguir material sobre la literatura venezolana en la red. Mejor aclaramos nuestro punto, el material reciente es relativamente fácil de conseguir, los mismos escritores se encargan de mantener el interés por sus obras y a través de la redes sociales es común que se reseñen entre ellos y se celebren mutuamente. Pero la mayoría de las veces es cuesta arriba tener acceso al material original de los grandes escritores venezolanos, esos que algunos llaman escritores de siempre, que todo el mundo nombra pero que pocos leen. Y los escritores venezolanos actuales,  maestros en la divulgación de su material y el de su entorno en la red generalmente no colocan al alcance de un mouse el material de esos maravillosos autores que los antecedieron en  el tiempo.


Jají. Mérida. Venezuela

Esperemos que esa actitud cambie este año que se inicia y que todos los escritores venezolanos pongan su grano de arena para aumentar la presencia venezolana en la red  de redes. Pero no es necesario ser escritor para aumentar el caudal de obras venezolanas en la web, solo se necesita tener amor por lo nuestro y destinar un poco de trabajo y tiempo transcribiendo o digitalizando aunque sea un solo poema o un cuento de un autor venezolano que no exista en la red y de esta forma poner al alcance de todos un poco de las buenas cosas que hacemos los venezolanos. 

Disfruten del poema y tengan una Feliz Navidad.


Richard Montenegro



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Belén


Para nacer otra vez
me fui detrás del pastor
que hace viajes a Belén.


Era de estarse dos días
viendo aquel día tan fresco,
aquel día de nacer
que siempre estaba naciendo.


Era de colgarse al cuello
la medalla de aquel día
que nunca se pone negro.


Pero yo dejé al pastor
y me fui con una oveja
y llegamos a una casa
y estaba una niña enferma.


    Y a su lado, una mujer
me miró con unos ojos
que venían de Belén.


    Con unos ojos cansados
de trasnochar maravillas,
con unos ojos con hilos
de luz entre las pupilas.


    No habló sino con los ojos,
para contarme la historia.
Sus ojos eran tan bellos,
que no pudo abrir la boca.


   En un belén de Belenes,
a las pascuas de los ojos
se le asomaba el pesebre.


    Y   me dijo que la estrella
era gemela del niño.
La oveja se me marchó
detrás de lo que me dijo.


    Cuando le dolió en los ojos
un dolor de nacimiento,
se formó un aire de palmas
y un canto de carpintero.


     Y   yo me encontré conmigo,
que venía de sus ojos,
anciano y recién nacido.


     Así le nací de nuevo,
y nacieron otra vez
el hombre que viaja en mula
y el que va detrás del buey
y el mundo, que va de pascua
detrás del Belén de amor
que ella amanece en las marchas.


     Era el día de querer
y a querer se puso el mundo,
entre la mula y el buey;
y estoy llegando de lejos,
con mi rebaño de ovejas;
y el cordero de la nube
trae un balido de estrella.


     Ella me tiende las manos
y en el portal de su casa
desagua la voz del hijo
que le puse en la mirada.


      Y al punto en que con los ojos
vamos estrenando a Dios
una alondra siembra un canto
 en la estrella del pastor.


Caracas, 1946


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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.

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Un poema de Julio Cortazar



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  • "Navidad en Ganímedes".

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por Aquiles Nazoa


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por Aquiles Nazoa

4 comentarios:

  1. Richard ¿a qué libro de Andrés Eloy Blanco pertenece el poema Belén que publicas?

    ResponderEliminar
  2. NACER Y RENACER
    VIVIR NUEVAMENTE LOS MILAGROS MAS SIMPLES
    QUE NOS HACEN VALORAR LA VIDA
    LA MEMORIA SE EDITA EN LA CONGRUENCIA DE LA HUMANIDAD EN LO ETÉREO Y MAGICO SUCITADO BELÉN Y QUE PUEDE POSECIONARSE EN NUESTRAS RETINAS CON UNA SOLA INTERPRETACION...
    QUE SE REPITE INTACTA

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  3. El bombillo del carnicero



    Cuando le tocó el turno a Marco, ya habían pasado tres de los cinco que jugaban. El sonido del tambor al girar —esa era la única regla del juego: que cada uno lo hiciera girar antes de ponérselo en la cabeza—, le recordaba el del rache de su bicicleta cuando le daba a los pedales hacia atrás. A Marco siempre le había gustado correr riesgos: pequeños, grandes o extremos, pero siempre en riesgo. Le pasaron el arma —ni pesada ni liviana, en ese momento eso no se percibe— y le dio con fuerza al tambor. La levantó y se la colocó sobre la sien derecha. Al alzar la cabeza vio el bombillo que mal iluminaba la habitación con su luz amarillenta, y recordó cuando le robaba el bombillo de la casa al carnicero. Fue así como comenzó este vicio por el riesgo y el peligro. “¡A que no le robas el bombillo al carnicero!” le dijeron sus amigos. “A qué sí” les respondió Marco. En la noche, muy tarde, se reunieron frente a la casa del carnicero. Marco salió de entre las sombras y, sigilosamente, se dirigió hacia el porchecito de la vivienda. Unos perros ladraron desde el interior. Marco se detuvo y esperó. Los perros se callaron. Con mucho cuidado y lentamente Marco abrió la pequeña reja de hierro, pero de todas maneras chirrió en sus goznes. Los perros volvieron a ladrar. Esta vez más fuerte y durante más tiempo. El semáforo de silencio le dio luz verde a Marco de nuevo. Se detuvo frente a la puerta de madera y miró hacia abajo: “Bienvenido” decía la alfombra iluminada por la luz que salía a través de la rendija inferior de la puerta. Y pudo escuchar las voces del carnicero y su mujer que se mezclaban con las de la televisión. Respiró profundo y se santiguó. Luego se ensalivó los dedos y aflojó el bombillo. Al apagarse, los perros volvieron a ladrar. Incluso, algunos aullaron. Se detuvo y permaneció así, congelado e inmóvil como una estatua viviente, un largo rato. Lo terminó de sacar y echó el candente bulbo en la especie de hamaca que se formó a la altura de su abdomen al levantarse el borde inferior de la franela. Retrocedió y salió de espaldas, con la luz del bombillo en la sonrisa y el trofeo, ya frío, entre sus manos.
    Al siguiente día Marco tuvo que ir a la carnicería a comprarle unas costillas a su madre. El carnicero estaba furioso. Todo ensangrentado vociferaba y maldecía mientras descuartizaba una res que colgaba del techo. “Si lo llego a atrapar lo despellejo” y hundía el afilado cuchillo y rasgaba la insensible carne. “¡Lo voy a cazar! ¡Sí, lo voy a cazar! ¡Ese vuelve! Pero yo lo voy a estar esperando” Entonces la situación se convirtió en un reto para Marco: el juego del gato y el ratón. Marco esperó un tiempo prudencial, quince o veinte días, y volvió a robarle el bombillo al carnicero. Al otro día se acercó a la carnicería para ver su reacción. Y lo escuchó rabiar: “¡Maldito ladrón! ¡Me volvió a robar el bombillo!” le decía a un cliente mientras le cercenaba la cabeza a un cerdo de un hachazo. Así estuvieron hasta que Marco se cansó de robarle el bombillo al carnicero. Y un día, en la noche, se los dejó todos en una caja de cartón junto a la puerta.
    Los cuatro jugadores, alrededor de la mesa, veían a Marco expectantes. Con el cañón descansando sobre su sien, Marco veía el bombillo —y pensó en la lotería de Babilonia, donde el ganador pierde—, y de repente se apagó.

    Pedro Querales. Del libro "Sol rosado"

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