miércoles, 14 de diciembre de 2016

BUEN PASTOR: Una navidad con sabor a Far West



                                                           
Estimados amigos


Hoy es miércoles., el día de los estrenos cinematográficos en Venezuela y el día de colocar material inédito en el blog.

Hoy tendrán el gusto de leer un texto que nuestro amigo Freddy Ordáz tuvo la gentileza de obsequiarnos para que lo compartiéramos con todos ustedes.

Deseamos disfruten de la entrada.




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Serian como la una de la tarde cuando llegue por primera vez al barrio Buen Pastor, de escasos medios de transporte, enclavado en la periferia de la ciudad; habitados por gente de manos trabajadoras que tejen cedazos y bozales llenos de esperanzas. Fui invitado por Teodoro Chirinos, fundador de la comunidad; un falconiano corpulento, de ojos rayados, albañil, jornalero y caletero, o sea un “to'ero”; que en tiempos de mozo laboro en algunas haciendas de su estado natal. Nos abrimos paso entre la gente que empezaban a aglomerarse en la “San Esteban” ruidosa calle  y principal del sector, todos saludaban a Teo como se le conoce a este hijo de tierras Caquetíos, admirado, querido y respetado, hombre hábil con el machete “cola'gallo”. Después de atravesar la agridulce barriada, de fiesta, con ritmos estridentes, vallenatos y el son del tambor santero que perfora el aire, llegamos a la humilde y modesta vivienda construida a fuerza de sudor y
sacrificios,- como dice él- desde la cocina se puede observar La Fogonera, Quebrada que cruza parte del patio, rodeada por arbustos y rocas anaranjadas, refugio de zancudos, sapos resecos, trastes viejos y cauchos cansados de rodar. En la puerta fijado un cartelito muy curioso que reza “se venden tetas”*.   



           

En el interior de su dulce hogar – en tono bromista dice- hoy cenaremos como los ricos mientras iba colocando sobre la mesa vestida con adornos propia de la época navideña, un fino escoses; un apetitoso pernil le hacía compañía, las uvas, manzanas y nueces se asomaban en la infaltable cesta. Desde el rincón una mesita de tres patas descansaba un artificial pino el cual pendía una tarjeta electrónica emitiendo el cursi fragmento musical,..Noche de paz...noche de paz. Se empezaba a congregar el grupo familiar en la cálida sala; Magdalena, su mujer con sonrisa de seda, acariciada por un sutil perfume, esponjada de amor y dulzura, nos ordeno ponernos cómodos, seguidamente ocupamos las sillas de mimbres recién adquiridas, acate al mandato, posándome en una de ellas, para sentirme como Santo de Feria, lleno de sueños, lleno de música, además era su huésped familiar ; Josué Manuel, su menor hijo con risa sonora exhibiendo el regalo favorito; una metralleta con luces intermitentes con su respectivo estuche de balines plásticos, al estilo Robocop, María Tomasa, su comadre, una mulata en forma que da miedo perderse en su espesura, que despierta ritmo de frescura, Esther y Julián el bodeguero ambos vecinos, y el maquillador que le da los toques de belleza a las féminas de la barriada: conocido por todos como “Violeta”. Frente a mí lucia en la pared una “Ultima Cena” y un paisaje con una atmósfera xerófila comprados a un comerciante de economía informal en pleno centro de la ciudad; en la repisa una imagen de Nicanor Ochoa y María Lionza, bien alumbradito, a su lado un florero sin flores, también una foto enmarcada cuando Teo cumplía el servicio militar. Empezamos a compartir y degustar tan deliciosa y costosa bebida, en la casa de color verde que vibra un ambiente festivo; conversa larga de cuentos que narraba el anfitrión -recién incorporado- de sus hazañas, vivencias por las que él paso, nos refrescaban las melodías de los Corraleros del Majagual, que a cada rato se escapaba la estrofa “noss fuimoosss”, salidas desde el vistoso aparato de sonido, última generación.





Afuera se dejaba escuchar la algarabía, otra música; hombres, mujeres y niños dialogan, bailan; Diciembre les regalo ese día su cielo, su luz donde todos en medio de vítores se deseaban Buenaventura para recibir un pesebre viviente, actividad ofrecida por la comuna como regalo a los habitantes del populoso sector, hasta caer la tarde. Los fuegos pirotécnicos se hicieron presentes juntos a las gaitas, parrandas y villancicos, mientras los ca-cri -léase perros callejeros- Tarzán, Dominó  y Conuco viejo, ladraban y retozan alrededor del escenario cristiano, algunos practicando “la grúa”, dando la nota bullanguera. La fatalidad se filtro derramando un destino inmediato, todo estaba listo para comenzar la esperada cena y degustar las famosas exquisitas hallacas de la Doña, la noche transcurría sin darme cuenta, desde afuera la brisa nos trae una canción con versos, una canción con palabras, cuando de repente interrumpieron la velada dos hombres de rostros pálidos y nerviosos preguntando por el jefe de la casa, quien inmediatamente se les acerco con amabilidad y los interpeló, ¡ca rajo que pasa..! un grupo de forajidos – dijeron- de la banda de Juan Pistola desenfundaron armas y dispararon en contra los espectadores que se encontraban en el acto religioso, resultando algunos heridos entre ellos Ramoncito que fingía de ángel y Policarpo Santoral, mejor conocido como “Chiriguare” ex-recluso que encarnaba al “San José”, mientras que Pedro Corredor alias “Bembon”, hacía de “Baltasar” quien saco a relucir un revolver con seriales limados  y disparo desde su caballo dando muerte a José la Paz, hombre vestido a la usanza bíblica que repelió el ataque con un chopo recortado que ocultaba debajo de su vestimenta, sacando la peor parte; la oveja que llevaba entre sus brazos salvo milagrosamente, salto y huyo despavoridamente a lugar desconocido. Igual algunos presentes que se fueron tras las voces como primer anuncio de la noche.       



 

Se conoció que era un interno del penal, el cual gozaba de un permiso especial de salida. Al poco rato se escucharon otras detonaciones. El párroco invitado por la comisión para los oficios sacramentales, informo a la madre del joven Lucas Bello que había sido herido al resistirse a entregar la mula y el buey que estaba bajo su custodia. Según versión policial que se hizo presente en el lugar de los acontecimientos, dijeron que todo se debía a un ajuste de cuentas.              

En ese momento, al escuchar las primeras detonaciones, y enterarme de lo acontecido; mi rasca universal me hizo ver la luz de caña amarga, logre sentarme, estaba atolondrado, unos dolores estomacales me invadieron, me golpeaban los huesos, buscaba acomodo en mi alrededor para hacer respirar mi alma. ¿Qué has hecho Dios mío?. Puedes sacarme de mi loco destino, Señor tu que eres claro y luminoso, ahuyenta esos demonios discípulos del odio y de la tormenta -me decía-. Buscaba el cuartucho de Josué Manuel, para guarecerme, elevando plegarias. El silencio se balanceaba  lentamente por el aire, mientras el vendedor de belleza salió como tambora de la alegría internándose por la parte trasera de la Fogonera, desapareciendo por el paraíso oculto, donde los lagartos danzan al son del verano inclemente.  Julián cobijado por la sombra nocturnal, atino a decir... !Coño donde salieron esos diablos..!. Desde adentro oigo rumores, gritos, el aire huele a pólvora, mis zapatos aplastan cascaras de nueces.   



    

El sueño me venció con los gritos nocturnos derramados. Cuando todo dormía el alba trajo por encima del techo, el dorado sol, con brisa silenciosa, que sepulto en el aire los fugitivos sin sombras. La calma devolvió el polvo a los residentes confundidos, desde los más conocidos y extraños. Se observaba caras trasnochadas. Un tambor solitario y abandonado se dejaba ver sobre el capó de un recién vehículo desmantelado con algunas perforaciones, producto de la balacera de esa noche; después que el viento borro la música !. En ciertas chiveras deben andar los accesorios...!         

Saboreando un café mañanero, la rodaja de torta negra, todavía tembloroso, me despedí, el adiós de la fiesta me quedo impregnado para mover en ciertos momentos los recuerdo que no marchitan. Recorrí su larga y vasta calle;  iba dejando las casas de ignorada arquitectura con  sus paredes heridas de balas, mi sombra también llevaba prisa, borrando rastros. Atrás deje ese fatídico y triste domingo,  trasnochado y extraviado camine sumergido en una cruzada entre lo amado y lo ausente; un vecino amablemente me indico la salida. Detrás de mi  me acompaño un famélico y lastimoso perro hasta el polvoriento y culebroso camino Real, mal llamado “La Misericordia” por los residentes, que por allí algunos, transitan para acortar distancias. Sembrado sobre la ardiente tierra  canta en silencio un viejo y oxidado container repleto de desechos y de miserias; a su alrededor  pernoctan fósiles caninos de reciente data, víctimas de encuentros  trágicos.





Llevándome sembrado en mi corazón, la huella fresca de la peregrinación que recorrió las maltrechas y angostas callejuelas. Los tiernos rostros de los inocentes niños que presenciaron el evento se notaban felices y alegres, antes del tristemente espectáculo. Lo vivido allí me recordó, la jungla de la película vaquera Far West, rodada en los cines de los años '50. Verdaderamente fue como una página arrancada de la vida real, una historia para no olvidarse nunca.             


Todos los personajes que se presentan aquí son imaginarios, igual el barrio cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.            

freddyordaz@yahoo.com

* es una helado casero que se hace usando como envase una bolsa de plástico a la que se anuda la boca.


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